Los tres mil euros mejor gastados de mi vida

A nadie le gusta tirar el dinero, pero cuando leas esta historia verás por qué puedo afirmar: los tres mil euros mejor gastados de mi vida.

Y es que cuando recibí el wassap de Mónica, una de las amigas de mi mujer, no supe qué pensar. ¡Si no le hubiera hecho caso…!

– “Marcos tu mujer es una zorrita. Te los pone y puedo demostrartelo”

Me quedé helado. Carmen, mi mujer, siempre había tenido unas amigas que no me terminaron de gustar, en particualr Mónica y Andrea, siempre muy juerguistas, sin tomarse la vida en serio, que se habían follado a medio pueblo según comentaban las voces.

Sin embargo Carmen no era así o no había sido nunca como sus amigas, o yo no lo supe, esa es la verdad.

Quizás no debería haber contestado al mensaje de Mónica, haberlo dejado pasar pero me movía más la curiosidad que el miedo a que fuese cierto y le contesté:

– “No me lo creo, pero si dices que puedes demostrarlo adelante”

Tan solo pasaron unos segundos antes de recibir respuesta

– “Comprueba tu correo y entonces me dices”

La notificación de correo entrante sonó en el móvil simultáneamente.

Accedí a la cuenta de correo y efectivamente uno remitido por Mónica con el asunto “Los tienes bien puestos y esto es solo el principio” estaba en cabecera de la bandeja de entrada.

Abrí el contenido y tras unas cariñosas palabras en las que Mónica me llamaba cornudos gilipollas y otras lindeces aparecía tan solo un enlace.

Cliqué encima y se abrió otra solapa con una página de contenido temporal donde empezó a cargarse video.

Tras unos momentos de desenfoque apareció Mónica y Andrea en mi propia casa, en el salón donde ahora mismo estaba sentado, las dos con sus risitas y en plan juerga.

– “Hoy es el gran día…” decía Andrea sonriendo a la cámara que viajaba de su cara a la de Mónica.

– “Si, hoy vamos a comprobar si después de que tantas veces nos hayas llamado zorras, tantas veces te hayas metido con nosotras por haber aprovechado el momento y habernos tirado a quien nos ha apetecido, si tú, querida amiga Carmen, estás hecha de otra pasta o eres otra zorrita, si debajo de esa pinta de puritana escondes una calentorra” – Mónica parecía no callar, aunque yo estaba alucinado, según estaba entendiendo ambas tramaban hacer algo que avergonzaría a Carmen, su querida Carmen.

Continué viendo el video, cada vez más intrigado. Se producían algunos cortes entre la sucesión de escenas. Después de la charla aparecían bailando, y ya se había unido Carmen a las dos, en el salon de casa, mientras bebían y hacían el indio, saltando y cantando. Diversas escenas reflejaban como se iban emborrachando y el control de los bailes iniciales y las risas y frases bien dichas daba paso a trastabilleos, risas desenfrenadas y demás.

Pude fijarme en Carmen, tan borracha que se había sentado en el sofá mientras Mónica la grababa tanto a ella como a Andrea, que bailaba vaso en mano una música más bien lenta. Carmen la miraba como embelesada y brindaba por la fiesta con una frase que recordaré siempre:

– “Por el capullo y pichacorta de mi marido, que no sabe follar bien a su mujer.”

¿Así que yo era un pichacorta y un capullo? Nunca había tenido reclamación alguna, siempre había supuesto que Carmen estaba contenta con nuestra relación sexual y que si no eramos más imaginativos se debía a ella, a que no quería experimentar, pues a mi se me habían pasado muchas posturas por la cabeza que no había puesto en práctica, como el sexo anal que Carmen no quiso desde el momento uno de la propuesta.

– “Si, por esta noche loca donde eres libre”- grito Andrea.

El video fundió a negro y cuando la imagen regresó Carmen estaba grabando, pues la cámara enfocaba a Andrea y Mónica bailando lento, pegadas, dándose besos y jugando con sus lenguas, rozándose una con la otra.

– “He aquí por qué digo que mis amigas son una buenas zorras, jiji” – hoy comentar a Carmen.

La escena continuó y empecé a sentir la exitación de verlas, lengua con lengua, pasándose la una a la otra, las manos por la cintura ahora, por el culo después, subiendo luego para atrapar el pelo y acercar de nuevo las bocas. Cuando se separaron Mónica dijo:

– “Carmen, nosotras vamos a llamar a Juanjo y Manu, si tu no quieres pues a dormir, pero esta tonta de Andrea me ha puesto tan caliente que necesito la polla de un buen macho”

Carmen respondió:

– “Haced lo que queráis pero recordad que esta era una fiesta solo para nosotras, que no liéis mucho que estamos en mi casa y que todo para vosotras, a mi no me metáis en esto”

Respiré tranquilo porque si había pensado que Carmen me iba a poner los cuernos su último comentario dejaba clarito que hasta aquí habían llegado.

El video fundió a negro, por espacio como de diez segundos se perdió la imagen. Después, dos chicos un poco más jovenes que ellas acababan de llegar y estaban tomando copas y conversando.

Empezaron a bailar en parejas, Mónica con el más alto, moreno y de complexión atlética; Andrea con el más bajo, de barba y algo calvo. Carmen grababa. Enseguida la situación cambió y cada pareja comenzó a besarse, a sobarse, mientras contoneaban sus cuerpos.

Yo no sabía donde llevar mis ojos, unas manos que apretaban el pecho de Andrea, otro agarrando fuertemente el trasero de Mónica. Así estuvieron un minuto antes de que Andrea desabrochase el pantalón a su pareja y sacándole la polla empezó a pasarle la lengua en toda su longitud. Carmen no dejaba de grabar, lo que me daba idea de lo borracha que podía estar, además de que la imagen se movía como si estuviese en un barco.

Después de otro corte la cámara había cambiado de manos, ahora era la pareja de Andrea quien tomaba la imagen de Mónica, su chico y, !sorpresa! Carmen bailando entre ambos. Tan solo unos segundos porque la cámara bajó enfocando a Andrea mientras una polla entraba y salía de su boquita.

Estaba tan pendiente de lo que pasaba que ni siquiera me di cuenta que el video había llegado a su fin.

Mi cuerpo había reaccionado, tenía una erección enorme, pero era mayor la sensación de vacío, de incertidumbre por saber qué pasaba a continuación, si Carmen participaba, o no lo hacía.

Mi cabeza no paraba de girar, tenía que saber qué había ocurrido, si Carmen me había hecho cornudo o por el contrario me era fiel.

Mandé un wassap a Mónica:

– “Quiero saber que paso despues”

Pero no hubo respuesta en un largo rato. Decidí ver el correo y el video en el ordenador. Todavía faltaba un buen rato para que Carmen regresara a casa del gimnasio y necesitaba retener en la memoria cada fotograma. Ahora, sabiendo el final, cada momento me dolía de una manera diferente, dando interpretaciones diferentes, alternativas, tratando de no pensar mal. Pero no dejaba de decirme ¿y luego qué? ¿qué pasó?

Cuando entró el mensaje en el móvil me lancé de cabeza.

– “Si quieres saber como continua tendrás que darme algo a cambio”

– “Que?” – contesté

– “Quisiera hacer un viaje, pero ando floja de pasta”

– “Joder, que quieres? dinero?”

– “Mañana paso por tu oficina y me invitas a un cafe, pero llevame algo que me convenza, juego fuerte.”

– “Y si no te sigo el juego”

– “Bueno, eso tu mismo, hay muchos sitios donde colgar el video y que todo el mundo pueda verlo”

– “Pero quiero saber si Carmen me los puso”

– “Mañana nos vemos” – fue su contestación

– “ok” – sabía que la conversación ya no conduciría a ningún puerto, para que seguir insistiendo.

Cuando Carmen apareció por casa intuyó por mi mirada que algo no iba bien. Me preguntó pero yo achaqué al trabajo mi estado de ánimo y, haciendo un gran esfuerzo, logré sobrellevar la situación hasta que Carmen se acostó, antes que yo. Claro, ¡quién iba a dormir con lo que tenía en mi cabeza!

Tenía un día por delante muy complicado…

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