Los vestuarios son mi perdición

Me llamo Marc Clements, vivo en Barcelona, tengo 22 años y soy gay. Mido un 1.85, estoy algo en forma, soy rubio de pelo largo y ojos verde/azules. He decidido contar este sucedo por lo increíble que resultó vivirlo y porque creo que calentaría a cualquiera (o a cualquier persona lista, debería decir).

Todo empezó hace dos meses, cuando unos compañeros de la universidad y yo empezamos a bromear sobre hacer deporte (sobre todo yo, que no voy al gimnasio, ya que no estoy gordo y me gusta mi cuerpo, como explicaré más tarde). Mis compañeros en cuestión eran tres: Raúl, Sergio e Ivano. Raul es un chico madrileño, algo bajito, pelo castaño y melena, con ojos verdes y una gran y preciosa sonrisa. Es bastante bromista y un poco bruto, llegando a decir cosas como ”Eso es tío” o ”Joder tío, que hijo puta!” con frecuencia. Sergio es de pelo corto rubio oscuro, está muy musculoso, blanco de tez y ojos azules. Tiene una sonrisa de chulazo que, aunque en el día a día no me impresiona, suele aparecerse en mis fantasías más lascivas. Ivano es italiano, del sur de Italia, moreno de cabello y piel, algo de barbita negra, mandibula cuadrada y cuerpazo innegable (aunque nunca le hubiera visto sin ropa). Es importante subrayar que, aunque los cuatro ibamos juntos a la universidad, no eramos grandes amigos, ya que nos conocimos el pasado septiembre al iniciar el curso.

– ¿Quién se anima a ir a la piscina?¿A que no hay cojones, eh? soltó Raul en plan gamberro.

En ese momento el estómago me dio una sacudida: siempre me han encantado los vestuarios, incluso antes de saber que soy gay. Ver a chicos guapos, cuerpazos, a veces bien dotados…¡Y qué decir del momento en que, al salir de la piscina e ir al vestuario, los tios se bajan los bañadores! Cuántas miradas se me habran escapado…

– ¡Yo! le retó Sergio, haciéndose el duro una vez más.

– Al lado de mi casa hay una piscina, cerca de las Ramblas. Esta bien de precio y podríamos probar,¿no? propuso Ivano con indiferencia.

Yo asentí con la misma indiferencia, la cual quedó muy bien (¡menos mal!)

Ahí estabamos el viernes a las siete de la tarde, en la piscina del barrio de Ivano. No hace falta decir que mientras me dirigía allí, intentaba controlar mis instintos y frenar las imágenes que se iban formando en mi cabeza. ¡Cuántas veces había pensado en estar en un vestuario con esos tres!

Al llegar se me heló la sangre: recibí un mensaje de los tres diciendo que llegarían algo tarde. Asi que me cambié en uno de los vestuarios, cerca de varios chicos a los que apenas miré….menudo disgusto tenía encima.

Mientras nadaba unos largos (con furia, hay que reconocerlo), llegaron mis compañeros entre risas y se echaron a la piscina. Cada uno se colocó en una ”calle” y estuvimos nadando cerca de una hora, lo cual era bastante para ser nuestra primera vez…

Yo había recobrado la esperanza y me habia prometido a mi mismo que saldriamos todos juntos de la piscina, para coincidir de una vez por todas en el puto vestuario. Mientras nadaba, miraba de reojo la calle de Ivano. Nunca habia visto su torso al desnudo: musculos marcadisimos, un moreno perfecto, pecho depilado….qué bueno estaba el cabrón.

Al cabo de una hora llegó el momento, Raúl dijo:

-¿Salimos ya? ¡Joder que estoy reventado! se quejó con su habitual risa.

Salimos de la piscina mientras se me aceleraba el corazón. Nos dirigíamos al vestuario mientras empecé a notar como me empalmaba….era normal…la situación me ponía tan cachondo que hasta me costaba respirar… Opté por tomarme un respiro, a pesar de que ello podía echar mi plan por tierra:

-Tíos, voy al baño un segundo.

Fuí al baño mientras me tranquilizaba, intentando que bajara mi polla, que ya había empezado a marcar el bañador. Ah, por cierto: me mide casi 20 cm, por lo que se podría decir que estoy bien dotado y que me conviene evitar ese tipo de situaciones en una piscina. Además es bastante gruesa y de buen aspecto, es proporcionada y me siento muy, muy orgulloso de ella. De hecho, cuando era adolescente y me cambiaba delante de otros chicos, disfrutaba paseandome en pelotas delante de todos, viendo las miradas de reojo y la cara de acomplejado que se les ponia a todos. Y eso que ni sabia que era gay, pero esa sensación de poder me ponía demasiado cachondo.

Me puse a mear en uno de los meaderos del baño, mientras mi rabo seguía crecido y algo erecto.

De pronto, oí varias voces, de tres hombres que reían. Al instante entraron Raúl, Sergio e Ivano en el baño. Por lo visto, también les había entrado ganas de ir al baño antes de vestirse, lo que de repente me dió esperanzas, a lo que me volvi a poner cachondo. Pero lo que pasó a continuación me hizo flipar…

-¡Joder! Qué gorda la tienes tío, dijo Ivano riéndose, refiriéndose a la de Raúl.

Los tres estaban meando detrás de mí, en tres meaderos contiguos. Ivano y Sergio se acercaron a Raúl, mirando hacia su entrepierna, viendo como meaba. Una escena que me puso la polla dura como nunca la había tenido. A continuación y tras retarse mutuamente, Ivano (si, el buenisimo de Ivano con ese cuerpazo tan follable) hizo lo propio mientras los otros dos miraban y exclamaban.

-¡Qué cabrón Ivano! Menudo pollón…alucinó Sergio lentamente, con rostro muy serio.

Lo que me ponia no era ver a tres tios buenos mirandose la polla, sino cómo envidiaban la polla de Ivano, y que no parecian encontrar nada malo o vergonzoso en hacerlo. Algo que Ivano confirmó con unas palabras:

– Cuántas y cuántos habran chupado esta polla hasta ponermela enorme de verdad.

¡¿Qué?! A Ivano se la habian mamado chicos?! Eso fue demasiado para mí, aunque a los otros dos no pareció molestarles.

– En serio? pues a mi nunca, no habrá surgido, supongo! Dijo entre risas Raúl…

Ivano no iba en broma, le gustaban los chicos o, al menos, jugar con ellos. Para mí fue suficiente.

Caminé hasta ellos, me coloqué entre Ivano y Raúl y dije mientras me la sacaba, poniendo la linea del bañador bajo mis cojones:

– Pues aqui viene una buena polla.

Los tres abrieron los ojos y miraron descaradamente a la polla, impresionados por su tamaño. Estaba durisima, empinada al máximo, como pocas veces me había pasado. Quería que la miraran, que la desearan, que me hicieran sentir como tantas veces me han hecho sentir los cabrones que paseaban descaradamente su mirada desde mi prepucio hasta mis enormes huevos.

Acto seguido, miré a los ojos a Ivano y, sin dudarlo, le bajé el bañador hasta las rodillas, viendo así su gran trabuco moreno y sus muslos musculados. Su polla era un poco más gruesa que la mia y de igual tamaño, y tenia unos huevos enormes con alguno de vello que le sentaban tan bien. Le pajeé lentamente al tiempo que se le levantaba, mientras los otros dos surraban algo así como ”Ala, tío…”, sorprendidos ante mi osadia.

Pero la escena era realmente demasiado. Me puse de rodillas y me comí la polla de Ivano como un condenado. Con ansia, a toda velocidad, moviendo la lengua como un puto asqueroso, agarrando su rabo duro con mi mano y apretandolo con fuerza, mientras salia liquido preseminar de la punta. Él abrió las piernas al instante y gimió con mi primera mamada. Mientras le comia la polla a ese hijo de puta le miraba desde abajo, veía como sacaba los labios hacia fuera, en una mueca de placer. Ivano me agarro de la cabeza y me folló la boca….cómo me pone que un tío me folle la boca, notar que tiene ganas de sentir placer, sentir su agresividad y sus embestidas hasta el fondo de mi garganta…

Ví que el paquete de Raúl se abultaba, por lo que empecé a masajearlo por encima del bañador. El hizo el resto, bajandose el bañador hasta los tobillos y poniendo la mano que yo tenia libre en su miembro, que era bastante gordo y duro. Así seguí, mamandole la polla en todos los sentidos a Ivano, mientras pajeaba con fuerza a un Raúl super excitado y sin atisbo de intentar bromear. Todo lo contrario. Nadie se ríe mientras le doy caña. Empecé a alternar, ya que Sergio habia avanzado con su sonrisa de chulo putas y me habia metido la polla en la boca, mientras agitaba los trabucos de Ivano y Raúl. Estuvimos asi durante minutos, gimiendo los cuatro, yo espcialmente imaginándome que alguien entrase por la puerta y nos viera en ese estado. Al cabo de unos cinco minutos, Ivano empezó a gemir sin control:

– Ahhhh, me corro Marc….AHHHHHH!!!!!! soltó mientras le machacaba ese pollón italiano y derramaba su leche en mi boca. Mientras le masajeé los huevos con la otra mano, para que sintiera más placer. Me la saqué mientras me inundaba con su corrida y dejé que me echara su semen por toda la cara. Los otros dos se corrieron casi de inmediato, mientras pasaba mi lengua por una y otra polla. Menudo festín…esas pollas tan duras, esos musclos de infarto, esa leche caliente cayendo sobre mí.

¿Os gustan los vestuarios tanto como a mí?

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