Luisa, la amiga de mi madre

La situación había cambiado. Los encuentros entre Luisa y Paco se hacían cada vez más frecuentes y en sitios más insospechados. Algunas veces con Marisa en la casa. Las tres personas andaban todo el día calientes por casa. Marisa no perdía ocasión de espiar a Luisa y su hijo sin que estos se enteraran. Solía decir que iba a su habitación a echarse largas siestas o se levantaba a media noche para pillarlos en el salón.

Un día que pilló a Paco solo, buscando algo en el ordenador de su habitación, le preguntó, haciéndose la ignorante:

– Y, al final, ¿hiciste como te dije cuando os dejé solos?

Pacó se sonrojó. Su madre lo tomó por el sí que ya conocía.

– ¿Y qué tal es? – dijo golpeando suavemente con el codo a su hijo.

– Muy… efusiva – dijo bajito Paco.

– ¿Y habéis repetido? – Marisa se estaba poniendo cachonda sólo con la conversación.

– Alguna vez – Paco hablaba avergonzado.

– Quiero veros – dijo sentándose en la cama, frente a él.

Esa respuesta pilló a Paco desprevenido. Miró a su madre extrañado.

– ¿Cómo?

– Que quiero ver follar a mi amiga y a mi hijo – la cara de Marisa se había transformado en la de una madura ávida de sexo. Su hijo no sabía que decir.

La mano de Marisa se situó sobre la cremallera de los pantalones de Paco y tocó por encima. Sintió como su pene respondía a sus caricias.

– No le debe quedar mucho para volver de su entrevista. ¿Quieres que te tenga listo para ella?

Paco no respondió. Sólo miró a su madre, sin creerse aún del todo lo que estaba pasando.

Marisa bajó la bragueta del chaval y le sacó su miembro. Debido a los roces ya estaba casi en todo su esplendor.

– Vaya aparato que te gastas, hijo. Hacía años que no te veía.

La madre no masturbaba a su hijo. Sujetaba el pene y lo miraba desde todos los ángulos. Pasó suavemente sus dedos por la punta, restregando por su glande todo el líquido preseminal. Paco bajó sus pantalones y calzoncillos para estar más cómodo.

La mano de Marisa bajó a acariciar sus depilados testículos y continuó por su muslo. El pene del chaval ya mostraba su máximo tamaño.

Marisa deslizó completamente el prepucio dejando el hinchado glande completamente a la vista. Se relamió.

– Con razón lleva unos días tan contenta – dijo para sí.

Oyeron la puerta y Marisa se inclinó besando la punta de la polla de su hijo.

– Luisa, ven aquí, por favor – gritó desde su sitio.

Luisa apareció al poco y se quedó en la puerta, con los ojos abiertos de par en par.

– Pasa, mujer, no te quedes ahí. Será que no la tienes vista… y saboreada.

Luisa pasó, despacio.

– Mira, Marisa, lo que ha pasado…

– Fui yo la que se lo dije – señaló con la cabeza a su hijo, sin soltar su pene -. Te veía muy mal y quería darte un subidón – se levantó de la cama -. Pero ahora quiero me lo agradezcáis follando para mí – e hizo un gesto invitándola a la cama.

Luisa se quedó parada.

– Hijo, ayúdale.

Paco se levantó, con la polla dura y se terminó de quitar los pantalones. Se acercó a su amante y la besó. Ella le correspondió. Marisa se sentó sonriendo en la silla del ordenador que su hijo acababa de dejar.

Los dos amantes se besaron. Las manos de Luisa bajaban a la entrepierna del chaval mientras las de este sobaban sus pechos.

Paco se sentó y Luisa se puso de rodillas, quitándose la camiseta y dejando a la vista el sujetador. Mirando a su amiga, cogió la polla de Paco y se la metió en la boca. Despacito fue bajando hasta tenerla dentro en todo su esplendor. Una vez que llegó hasta abajo, repitió varias veces, sin dejar de mirar a su amiga.

Cuando la sacó, lamió un par de veces el glande y se levantó. Se bajó los pantalones y las bragas y se tumbó junto a su amante.

Paco se quitó la camiseta que aún llevaba y se lanzó a devorar ese coño como le había enseñado la amiga de su madre.

Primero, lamió su clítoris de arriba abajo varias veces y después hizo leves incursiones con su lengua al interior de la madura.

Marisa, desde la silla, se tocaba por encima de los pantalones con una mano y, con la otra, acariciaba sus senos. Debido al tamaño de estos, no solía llevar sujetador, y sus pezones se marcaban ampliamente en la camiseta.

Paco acompañaba sus lamidos con dos dedos que entraban y salían de la húmeda cavidad de Luisa.

Los gemidos de las dos mujeres se hacían patentes, casi sincronizados. Paco se abalanzó sobre la mujer y la besó. Se besaron dando vueltas por la cama y, Paco aprovechó cuando tenía encima a su amante para desabrochar su suetador.

Su delantera cayó sobre el pecho del joven, que la acogió con entusiasmo, besando y mordiendo.

Ambos se pusieron de rodillas en la cama mientras seguían besándose y se colocaron, tal y como los había visto la primera noche Marisa.

Luisa se puso a cuatro patas mirando a su amiga y Paco, detrás, sujetándose el pene, listo para entrar.

– Espera, espera – dijo Marisa levantándose. Agarró sus pantalones y se los quitó. Arrastró con ellos sus bragas dejando un coño depiladito a la vista y volvió a sentarse.

– Ahora.

Paco entró despacio en Luisa, a la par que Marisa se penetraba lentamente con su dedo índice. Las dos maduras gimieron al unísono, sintiendo ambas que habían sido penetradas por el mismo hombre a la vez.

El joven embestía una y otra vez a la mujer, sin quitar ojo al húmedo coño de su madre que era penetrado por sus dedos a la vez.

Luisa estaba muy cachonda de ver cómo su amiga imitaba la penetración frente a ellos.

– Marisa, prueba a tu hijo, de verdad. Vas a ver el cielo.

– Ah, ah, ah… No, disfrútalo tú, yo tengo suficiente con estos… Ah, ah – entre gemidos, Marisa respondía a su amiga.

Todavía no era capaz de follarse a su hijo, no estaba preparada para ello.

Paco hizo a Luisa darse la vuelta y colocarse al borde de la cama. Paco se bajó de la cama y agachándose un poco, puso los pies de Luisa a los lados de su cuello. Así, busco su coño y la penetró poco a poco.

Marisa saltó sobre la cama y se acostó junto a su amiga. Se abrió de piernas y se masturbaba, metiéndose ahora dos dedos, al compás con su hijo se follaba a su amiga.

Metió una mano por debajo de su camiseta y pellizcó uno de sus pezones. Una lágrima corría por sus mejillas. Estaba llorando de placer.

Esto puso muy cachondo a Paco, que aumentó la velocidad de la follada.

– ¡Oh, joder, sí, sí, sí! – el aumento de la velocidad hizo que la madura se corriera antes que el joven.

Paco aprovechó la excusa, para sacarla y conseguir, sin gesticular siquiera que la amiga de su madre se agachara a recoger con su boca el joven esperma.

Marisa se quitó la camiseta dejando ver dos tetas pequeñas con unos pezones oscuros, sin dejar de masturbarse, aumentando el ritmo.

Así quedaron, madre e hijo masturbándose mientras se miraban el uno al otro mientras al amiga de la madre se encontraba de rodillas frente al hijo esperando recibir su corrida.

La masturbación de Paco y de Luisa iba ya todo lo rápido que podía ir y ambos de miraban con gesto de placer extremo.

Paco paró en seco y bajó su prepucio lo que pudo, apuntando a la boca de Luisa, que le acariciaba con las manos los muslos y el culo.

Marisa se corrió entre fuertes gemidos y chapoteo de sus dedos.

El chorro de semen salió derecho a la boca de Luisa. Se continuaron dos más y un último chorro sin potencia. Luisa lo tragó todo y se metió la polla del joven en la boca para limpiarla.

El trío quedó exhausto, sofocado. ¿Qué pasaría ahora?

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