Madura, casada y con muchas ganas…

Después de esa estupenda noche con Marialis y su marido. De camino a mi casa fui pensando que estuvo muy bien, mejor de lo que yo esperaba. También pensaba en Montse y lo bien que podría ir todo con esas dos fabulosas mujeres. Llegué a casa y después de darme una ducha, me fui a tomar un vaso de leche porque no es el motivo tenia cierto malestar. Pero no le di importancia y me acosté.

Por la mañana cuando me desperté me seguía notando raro y con un pequeño dolor de cabeza, lo achaqué todo a algo que me pudiera haber sentado mal. Fui a la universidad y luego pasé por el bufete a dejar el resto de cosas que me quedaban por llevar. Cuando deje todo, pase a ver a Begoña, que nada más verme me sonrió muy amablemente y me pregunto si me encontraba bien, porque tenía mala cara. Le dije que dormí poco y que era muy dormilón, que seguro que se me pasaba en cuanto durmiera un poco.

Mientras hablábamos salió Montse, que se e noto alegría al verme, me hizo pasar a su despacho y nada más cerrar la puerta nos besamos, ella se quitó rápidamente y me toco la frente, diciéndome que yo tenía fiebre, el malestar seguía teniéndolo, pero fiebre no creía, fue hacia su mesa y saco un termómetro y efectivamente tenía 38 grados. L dije lo del malestar, dolor de cabeza y molestias en el oído, ella enseguida me dijo que era un enfriamiento, que me fuera para casa y me metiera en la cama. Incluso se ofreció a visitarme por la tarde, quedamos en que me llamaría.

En vez de irme para mi casa me fui a hacer varias cosas que tenía pendientes. Pero según pasaba la mañana me iba poniendo peor por momentos. Me llegue a sentir tan mal, que cogí un taxi y me fui a urgencias de un centro sanitario (que no diré cual) una vez que llegue, al rato me pasaron a una consulta y me atendió un médico. Le explique lo que me pasaba, me mando tumbar en la camilla y después de examinarme y la temperatura estar a casi 40, me dijo que me tenía que ingresar, lo que me preocupo mucho.

Di el número de mi tía y la llamaron. A mí me explicaron que era parotiditis llamado vulgarmente papera. Que por lo que se ve se me habían complicado mucho por ser adulto. Ya me quedé un poco más tranquilo, pero se me había complicado más de lo que yo entendí, me enteré cuando mi tía dijo lo que le habían dicho los médicos. Cuando me entere también que el contagio sobre todo era por la saliva, automáticamente pensé en Montse y Marialis, que les llame rápidamente y se lo conté, ellas me dijeron que tranquilo, ambas las habían pasado ya.

Se me inflamaron los testículos, uno bastante más que el otro, fue todo un número, estuve dos semanas. Mucho suero, porque además perdí el apetito. Al final perdí varios kilos y salí como si me hubieran dado una paliza. Durante mi hospitalización, desde que un día dos enfermeras vinieron a ayudarme y vieron mis partes “nobles” hubo cachondeito el resto de los días, sobre todos los últimos en los que ya me encontraba mejor. Hasta el punto que le di mi número a un par de ellas, diciéndoles que me llamaran un día, pero sin expectativas de que lo hicieran.

Mi tía quiso que me quedara en su casa, pero prefería irme a la mía y continuar con mi vida, mis entrenamientos y mis estudios. Poco a poco fui recuperándome y una semana después estaba ya haciendo mis ejercicios de forma normal. También empezaba a recuperar mis apetencias sexuales, que durante este tiempo estuvieron a mínimos. Por eso llame a Montse y se alegró mucho de saber que ya estaba bien del todo. Me dijo que tenía muchas noticias y que quería contármelas, yo le conteste que esa noche sería un buen momento, pero por una serie de motivos era imposible, pero me dijo que al día siguiente sería perfecto. Yo le dije que se preparara que le llevaría nuevamente al local de parejas, que se pusiera muy… como ella sabía. Y ella en plan provocativo me pregunto cómo tenía que ser ese “MUY” diciéndole que lo dejaba en sus manos.

Llego la noche y como otras veces ella me recogió en la salida de su garaje, ya le importaba menos. Fuimos en dirección al local, ella nada más subir empezó a hablar y no paro, notaba que estaba nerviosa, pero cuando le metí la mano entre las piernas, pude comprobar que además estaba completamente excitada, saqué dos dedos totalmente mojados y se los puse en la boca, que los devoro de una forma lujuriosa, sin dejar de conducir.

Por lo que se ve llegamos pronto, porque había muy poca gente. Aprovechamos para sentarnos y que Montse me contara todo eso que tenía que contarme.

– ¿Bueno, ya te la has ligado?

-Ni si ni no.

-Como puede ser eso.

-Yo creo que sí, que está más que dispuesta, pero…

-Cuéntame, que yo me aclare.

-Pues poco a poco he ido entrándola. Nos hicimos muchas confidencias. Empecé yo diciéndole para provocarla, que ella no se podía quejar, que llevaba poco casada, que a partir del quinto año más o menos entra la monotonía, que una se acuerda de otros novios, amigos… y añora viejos tiempos. Ella me contesto, que yo por lo menos había “probado” con otros novios, pero que ella llevaba ya mucho con el mismo.

– ¿Y?

-Que no es que no quiera a su marido, que lo adora, pero que su cabeza y lo que no es su cabeza va por un sitio, pero que su corazón va por otro. Le pregunte que como era eso y casi se le saltaron las lágrimas, lo que aproveche para abrazarla, para consolarla y se rindió, creo que si hubiera intentado algo… lo habría conseguido. Pero no me atreví.

– ¿Por qué no?

-No lo sé, por miedo, supongo. Y eso que me puso muy caliente la situación. Me encanta seducir y a una mujer es mucho más difícil. Varias veces y por distintos motivos le abracé, me sentí… bufff indescriptible.

-No entiendo porque no remataste. Date cuenta de que será muy difícil que ella sea quien dé el paso, casi imposible,

-No sé porque no.

-Tu eres su jefa, mujer casada, todo eso hará que ella tenga muchas dudas y que se frene. Lo que tienes que tener claro si ella está “necesitada” de tener sexo fuera de su matrimonio. ¿Me entiendes?

-Claro que te entiendo, que no soy tonta. Y de eso estoy segura, porque en estos días le he preguntado por ti, al final le he sonsacado que le gustaste. Primero empezó por tu sonrisa, por tus ojos… pero al final después de mucho hablar, que estabas muy bien y tenía curiosidad por tu “dotación” no perdí la oportunidad y le conté que Juanma te había visto desnudo en las duchas del club, que me dijo que estabas súper dotado, a ella sus ojos le hicieron chiribitas.

-Pues no sé porque no te lanzaste.

-He pensado que sería mejor, que tú te liaras con ella y luego aparecer yo. Que no sea yo de forma directa, que más o menos ocurra como las otras veces, me sería más fácil… (sonriéndome)

-No se trata de que te sea más fácil, se trata de que la seduzcas tú y luego follárnosla los dos. Ahí está la gracia.

-Jooooo… podías ayudarme (con cara de mimosa)

-Si quieres estamos los tres, pero tu inicias todo. Yo puedo calentarla, pero tu rematas.

– ¿Cómo sería?

-Pues un sábado de los que tengo que ir, que ella sea la que me abra, me das un tiempo prudencial, luego llegas tú y…

-No te aseguro de que sea capaz, pero lo intentare.

-Eso no me vale, o lo haces o no, pero yo no perderé el tiempo, tú decides. Es más, nos tomamos la copa ahora y nos vamos. Te dije que hasta que no cumplieras tú con lo acordado no tendríamos nada. Por lo que me contaste pensé que ya había ocurrido y por eso estamos aquí, pero no haremos nada. (se lo dije para provocarla)

-Eso no me lo puedes hacer, llevo esperando mucho este momento, lo necesito.

-Aaaahhhhhhhh….

-Y si te prometo que lo hare, aunque no sepa como reaccionara ella, ¿nos quedamos ahora?

-Si me lo prometes, me fiare de ti.

-Pues prometido esta.

Nos besamos con pasión como para sellar nuestro acuerdo. Me encantaba y excitaba esa situación, Montse era con diferencia la mujer más cachonda que conocía, aunque ella todavía no se había dado cuenta, su potencial en querer gozar era ilimitado por lo que estaba viendo. Esta noche lo podría comprobar, no creía que me equivocara. Dije que iba al servicio y me fui a la zona de los chicos, esperaba encontrarme a alguno de los que conocía de haber compartido la misma zona, porque había tres o cuatro, que además de estar bien y dotados, tenían buena “reputación” entre las parejas que allí iban.

No me equivoque había uno solo con una toalla, era más bajo que yo, pero se le veía el torso y abdomen muy cuidados, también sabía que estaba bastante bien dotado. Nos saludamos y nos pusimos a hablar, le conté mis intenciones y lo que quería, él estaba dispuesto, así que ya estaba todo claro, le tuba que preguntar el nombre porque no me acordaba, me dijo que se llamaba Miguel. Pero antes de irme a mi sitio otra vez, salió de la zona del agujero, uno que se llama Antonio y que con el ya he hecho tríos con otras parejas. Los dos tendrían unos seis años más que yo, mi mente urdió un nuevo plan y se lo explique a los dos, Miguel se quedó como dudando, pero cuando oyó a Antonio decir que si, él también se animó.

Montse y yo, fuimos a las taquillas y nos desnudamos, poniéndonos una toalla. Luego fui llevándola por distintos sitios, para que viera como se lo pasaban algunas de las pocas parejas que había. Notaba como se iba excitando cada vez más, como se pegaba a mí, buscando algún roce y provocándome para que le hiciera algo, pero yo seguía con mi plan, no había llegado todavía el momento.

Ella ya me insinuaba cada vez más veladamente, que nos fuéramos a una de las habitaciones, pero yo le decía que más tarde, que en un rato… la cara de ella cuando me oía era de resignación. Nos fuimos nuevamente a los asientos que había junto a la barra y pude comprobar que ya iba llegando más parejas, era el momento de espabilarse y hacer algo. Empecé besándola y ella se animó al momento. Nos metíamos manos, sabía que estaba ya en su punto de no retorno, era el momento.

Nos fuimos al cuarto oscuro, entre mis manoseos y el de otras parejas, Montse estaba que se derretía y me lo decía al oído que necesitaba follar con desesperación, pero no me salí del cuarto oscuro aguanté un poco más, hasta que noté como su respiración se iba disparando. Cogí su mano y nos fuimos afuera. Nada más salir y cuando se paró a colocarse la toalla bien, le di otro morreo muy ardiente y ella me dijo que ya estaba bien, tiro de mi mano encaminándose a una de las habitaciones, pero cuando pasábamos por la habitación del sado, me pare y le metí dentro.

No protesto, estaba tan desesperada que cualquier sitio era bueno. Le ate en la cruceta de la pared y le quite la toalla. Una vez desnuda y sin poder hacer nada, fui comiéndole las tetas, mordisqueando sus pezones, mientras le metía los dedos en su coñito. Ella solo gemía, cada vez más fuerte, la iba notando cada vez más desinhibida. Pero en un momento dado entro una pareja y él quiso participar, poniéndose en tensión Montse, que no quería, me decía que tenía bastante conmigo, que no quería a nadie más, el hombre lo entendió y tanto el cómo su pareja, se fueron. Como tardaran en venir los dos chicos poco íbamos a hacer. Imagine que tendrían algún problema para entrar, porque para poder hacerlo al estar solos, tenían que entrar acompañados de una pareja. Pero esperaba que Antonio que era muy conocido en el local, lograse conseguirlo.

Mientras tanto desate a Montse y la tumbe sobre una mesa tipo camilla. Volviéndola a atar, aceptaba todo de buen grado, solo quería disfrutar. Ahora tomé un frasco de aceite y empecé a embadurnarla por todos los sitios, sobre todo en la zona de su culito, que los dedos iban entrando con facilidad, también porque ella estaba relajada y no era como la primera vez.

Estando en lo más interesante y con Montse retorciéndose, vi como aparecieron Miguel y Antonio. Les hice una seña de que se acercaran y empezaran, cuando Montse noto sus manos abrió los ojos, que hasta entonces los tubo cerrados prácticamente todo el tiempo y al verlos fue a protestar, como hizo con el otro hombre. Pero esta vez me agaché y le metí la lengua en la boca, dándole un profundo e intenso beso. Al notar como ella me correspondía con la misma calentura, sabía que era difícil que dijera nada más.

Cuando pare de besarla vi cómo me miraba directamente a los ojos, como queriéndome decir algo, mientras le estaban metiendo mano por todos los sitios. Me volví a agachar y le dije al oído, que disfrutara y dejara salir la puta que había en ella. Montse cerro los ojos y se mordía los labios, conteniéndose para que no se le oyeran sus gemidos.

Antonio y Miguel ya se habían quitado las toallas, pudiendo ver como Montse agarraba como podía la polla de Antonio, que más o menos era como la mía, ya nos habíamos visto desnudos anteriormente, por lo que su tamaño no me pillo de sorpresa. Pero sin embargo la sorpresa me la llevé con Miguel, no era por su tamaño, que como dicen por ahí, estaba en la media, lo que llamaba enormemente la atención, era el grosor, algo exagerado, nunca vi nada igual, lo que hacía parecer que era más pequeña en longitud. Los dos también llevaban depilados los genitales como yo.

Viendo los movimientos de Montse, vi que ya estaba preparada, le desaté y cogiéndole en brazos, nos fuimos para una de las habitaciones, una vez tumbada, cerramos la puerta para que no nos molestasen y nos pusimos alrededor de ella. Pidió que apagáramos la luz y no lo hice, quería verla y que ella nos viera también. Estaba con un poco de vergüenza, se le notaba. Pero al rato de volverá tocarla por todo su cuerpo, se le paso todo y ella también empezó a participar poniendo todo el interés del mundo.

Miguel se colocó entre sus piernas y empezó a comerle el coño. Ella se mordía los labios y daba como pequeños bufidos. Se retorcía y movía sin parar. Mientras Antonio y yo, nos comíamos una teta cada uno y ella de vez en cuando nos acariciaba las cabezas. Cuando me di cuenta Antonio no estaba comiéndole la teta, me incorporé y vi como Montse sin ningún remilgo se comía la polla de Antonio, que solo me decía que era una buena mamona. Me acerque yo también y Montse al verme se quitó la polla de Antonio para comerme la mía, eso sí, sin dejar de pajear a Antonio. Ahora se las iba intercalando, se la veía disfrutar totalmente. Dejo de comérnosla para disfrutar la corrida gracias a la comida de coño que le hacía Miguel. Lo debía de haber hecho muy bien, porque sus espasmos fueron exagerados.

Miguel se levantó y se dieron un buen beso, pero lo mejor fue la cara de sorpresa de Montse cuando vio la polla de Miguel, por lo que se ve no se dio cuenta antes, se le noto tanto que Antonio y yo nos reímos. Ella se puso colorada, pero retomamos rápidamente la jodienda que se dice. Ella quería follar y así mirándome me lo hizo saber, quería, bueno más bien necesitaba ser follada. Hicimos tumbar a Miguel que ya se había colocado un condón y mientras ella se sentaba sobre semejante polla gorda, que lo fue haciendo muy despacio y mirándome me decía, si la tuya se nota, no te digo esta, que exageración. Pero no se quejaba, su cara era de gozo total.

Mientras Antonio se había colocado ya un condón también. Estaba a la espera de que ella se acostumbrara a la polla de Miguel, que no tardo mucho. Porque mucho decir, pero al rato se estaba moviendo sin problemas. Lo único que colocaba sus labios como si fuera a silbar, tirando aire por ellos. Antonio se acercó por detrás y con mucha suavidad la fue empujando y no le hizo falta mucho más, porque ella ya sabía lo que venía, así que se colocó en posición facilitando la acción de Antonio.

Que coloco su polla en la entrada de su culito y sin pausa se la metió toda, ella resoplo más, pero su cara era de vicio total y eso que “no quería” una vez follando ya con tranquilidad, yo me coloque de por delante de ella, agachándome un poco, de tal manera que mi polla quedara a la altura de su boca y ella cuando la vio, se engancho bien a ella, metiéndosela en la boca. Nos costó, sobre todo por ella, coger el ritmo adecuado, pero pasado un rato, el ritmo era perfecto, como una coreografía.

Montse fue la primera en correrse y si antes fue exagerada, ahora lo fue más. Luego se corrió Antonio y lo hizo como yo ya le había visto antes, en plan bruto, con unas arremetidas rápidas y fuertes, lo que provoco ante el propio asombro de Montse, que ella se volviera a correr. Una vez que se corrió Antonio se salió de su culo, quedándose ahora follando sola con Miguel, que también se meneaba con fuerza y ella ponía de vez en cuando cara como de dolor, pero no paraba y pedía más. Hasta que noto que Miguel estaba a punto, entonces ella se empezó a masturbar, alcanzando el clímax a la vez que Miguel.

Una vez se corrieron, ella con mucho cuidado y por lo que pude ver tal vez con cierto temor, se fue quitando muy lentamente, hasta quedar libre de la polla de Miguel. Se quedó tumbada y se medió tapo con una tolla, está totalmente sudada, no se había visto nunca en otra igual. Miguel y Antonio, le dijeron que había sido fabulosa, que lo habían pasado muy bien y que había sido un auténtico placer, despidiéndose de ella.

Nos quedamos solos y ella solo me decía, que la habíamos “reventado” que eso había sido una encerrona por mi parte, la tuve que cortar y le dije que sabía que le había gustado, que había sido una nueva experiencia que tenía que vivir, pero que, si no le había gustado, que no volvería a pasar. Ella riéndose se limitó a decirme que no fuera malo, que sabía que le había gustado mucho y que por eso… se agacho y me hizo una mamada de campeonato, haciéndome correr de una manera fabulosa, tragándose todo y no dejando escapar nada, una vez que termino y relamiéndose los labios de una forma voluptuosa, me dijo… ¿A que cada vez lo hago mejor? ¿A que no se me escapa ya ni una gota? Sonriéndome después de forma provocadora.

Salimos nos vestimos y antes de irnos nos fuimos a la barra tomándonos la última consumición que teníamos con la entrada. Aprovechamos y hablamos de cómo hacer con Begoña y ella dijo que lo mismo este sábado sería un buen día, nos reímos los dos y yo dije que por mí no había ningún problema, ella solo me dijo que sondearía que no hubiera ningún impedimento “físico” entendiéndole perfectamente.

De camino a casa, ella se quejaba un poco de cómo le había quedado su coñito, yo estiraba mi mano y le tocaba mientras conducía, ella solo me decía que un día tendríamos un accidente por mi culpa. Cuando tomo la carretera de la cantera, que tiene varias curvas, ahí la paja que le hacía se notaba al tomarlas, es más en una de ellas tubo que frenar un poco, por lo que modere mi calentura y la tocaba a ratos.

Cuando llegamos a donde vivíamos, fue aminorando la marcha para dejarme y yo le dije si no me invitaba a una última copa, ella un poco dudosa me dijo, pero que solo eso, que estaban sus hijos en casa, que tonterías… ninguna. Que se podía mosquear Juanma. Yo le dije que tranquila que me portaría bien. Cuando ya subíamos en el ascensor y después de morrearnos bien, ella me insistió en lo de sus hijos y que por si casualidad se levantaba alguno, ella había estado en una cena de trabajo. Yo me reí y le dije que con las pintas que llevaba… respondiéndome, que en un segundo se cambiaba.

Abrió la puerta de su casa con una lentitud total, para no hacer nada de ruido. Nada más entrar nos fuimos para el salón, encendió una lámpara de mesa con una luz muy tenue diciéndome que ahora venía, antes de salir del salón apareció Juanma en pijama, se hacia el recién despertado, pero su cara era de haber estado esperando. Ella ni se sorprendió ni se cortó, le dio un piquito en los labios y dijo que ahora venía.

Juanma hablo de cosas intrascendentes, hasta que se atrevió a preguntar qué tal había sido la noche. Se le notaba más cortado que a Nicolás, este sí que era claro. Le conteste que quien mejor se lo podía decir era su mujer. Fue verdad en poco tiempo apareció Montse, que venía con un pijama de pantalón corto, que realzaba su imponente culo y una camiseta, que al no llevar sujetador debajo, le salían dos pitones como a un toro de miura.

Nos preguntó que queríamos de tomar, yo pedí un refresco como siempre y Juanma una copa. Al girase para preparar la copa, su culo quedaba prácticamente a la altura de mi cara, me daban ganas de mordérselo. Eso me hacía que me revolviera inquieto en mi asiento. Luego dijo que iba por mi refresco y por hielo. Cuando salió, Juanma más lanzado de lo habitual me dijo, “Joder parecía que era la primera vez que le veías el culo, se te salían los ojos” me lo dijo chulescamente y yo no me corte en contestarle… “Porque están tus hijos, que si no me follaba ese culito aquí mismo” ahora el que se cortó o así me lo pareció fue el. Ya trajo mi refresco y el hielo. Se sentó y pregunto, eso sí, siempre en voz baja…

MONTSE- ¿De qué hablabais?

YO-Nada, tu marido que me preguntaba que como lo habíamos pasado y yo le he dicho que mejor que te preguntara a ti.

MONTSE-Pues de todo este tiempo, el mejor día.

JUANMA-Pues para Carlos no habrá sido el mejor día seguro. (Me quede sin entender de que iba)

MONTSE- ¿Por? (mirándonos a los dos con cara de sorpresa)

JUANMA-Pues porque te ha mirado el culo de forma “escandalosa” y luego me ha dicho que, porque están nuestros hijos que, si no, te follaba el culo aquí mismo. (Pensé, será cabrón, no sabía a qué venia esto)

MONTSE-No me lo puedo creer, os estáis quedando conmigo (sonriendo)

YO-No, es verdad, pero no entiendo porque lo ha contado, salvo que este cornudo quiera verlo. (Ahora el que se quedó callado fue él y Montse le miraba)

MONTSE-Estas equivocado Carlos. Como dices tú este cornudo no es que quiera verlo, no. Lo que quiere es que te corras bien corrido dentro de mí, para luego lamerme el ¿Verdad? (El no dijo nada)

YO- (Atraje a Montse hacia mí y la senté en mis piernas) Mujer lo mismo somos injustos, lo hemos pasado bien y él también tiene derecho (Mientras se lo decía ya le estaba metiendo mano en el coñito)

El miraba atentamente como tocaba a su mujer por todos los lados, como metía una mano por debajo de la camiseta y agarraba su pezón. Ella me decía que no, pero de una forma suave, su coñito estaba mojado y su clítoris otra vez bien duro. Ella notaba ya mi polla toda dura debajo de ella y empezó a moverse para notarla más. Hasta que pego un salto se puso de pie, yo pensé que ahí se había acabado ya la noche, pero me equivoqué, mirando a su marido le dijo, tú lo has querido, pero estate pendiente de los niños y se desnudó a continuación.

Juanma se fue hacia la puerta que permanecía cerrada, pero atento a cualquier contingencia. Ella mirándole y de espaldas a mí se fue sentando sobre mi polla, que, al estar sin nada de lubricación, fue la vez que más costo, pero ella fue la que marco el ritmo hasta que estuvo toda dentro y estuvo bien sentada.

Mientras yo le hacia una paja con mis dedos masajeando bien su clítoris, según lo hacia ella empezó a moverse. Subía y bajaba poquito a poco. Cuando bajaba, aprovechaba para moverse en medio círculos, lo que hacía que me pusiese más cachondo, que manera de mover el culo sin apenas moverse. Yo tampoco perdía el tiempo y con mis dos manos, atrape bien su clítoris con sus labios vaginales. Cuando lo tenía bien atrapado y ya con una sola mano, le hacia una paja fabulosa y que yo ya sabía que de esa manera se volvía loca.

Pellizcándole con la mano libre un pezón, subiendo y bajando la intensidad, sin un dolor excesivo, pero si con el suficiente para que sintiera placer. Juanma miraba anonadado a su mujer, la trasformación que tenía cuando follaba, miraba con incredulidad. Montse se echó para atrás, eso lo hacía cuando estaba cerca de correrse, volví a utilizar las dos manos con su clítoris y sus labios vaginales, para encontrar el punto perfecto. Moviendo yo ahora mi culo hacia arriba, para que notara el movimiento de mi polla en su culo.

Toso eso hizo que empezara su respiración a acelerase y como apretaba sus mandíbulas, sus labios, toda su boca, para que no se le oyera nada, fue una auténtica explosión lo que se produjo, que barbaridad. Pero yo no me había corrido, agarre sus caderas y sin soltarla, sin sacársela, nos pusimos de pie, como si fuéramos un solo cuerpo. Se apoyó en el respaldo de otro sillón y en esa posición, tal vez bruscamente como hizo antes Antonio, me dedique a embestirla con pasión, con furia, con algo de rabia. Ella en ningún momento protesto y nos corrimos los dos juntos.

Cuando terminamos, como yo no me había desnudado, rápidamente estuve arreglado y me dispuse a irme, ya me asearía ahora en casa tranquilamente. Ella me dio un buen morreo pegados cerquita de su marido y cuando acabamos dijo… “Que voy a hacer contigo cornudito mío, quien te ha visto y quién te ve. Pero ya me ha llenado nuestro macho para que me comas ahora y te lleves tu ración” Montse cada vez estaba más lanzada, sobre todo cuando estábamos follando o cuando acaba de terminar, así me gustaba más. Juanma no dijo nada de nada, se limitó a darme la mano y yo con sorna le dije que esperaba que lo pasara bien, para mi sorpresa me dio las gracias.

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