Maduras “PELIGROSAS” e infieles (I)

Ya estaba en casa de Ray, subí a buscarle y me abrió la puerta su padre (Raimundo, unos 55 años, como máximo) luego apareció su madre (Rosa de no más de 50 años) apareciendo el ultimo Ray, que caminaba lentamente con dos muletas y con cara de haber dormido poco, sus ojeras lo decían todo. El padre me dijo que ya había metido el equipaje de Ray en su coche, que no me preocupara. Que ahora les siguiera cuando salieran del garaje.

Nos bajamos a los coches, Ray se sentó en los asientos traseros, porque decía que iría más cómodo. Yo esperaba ver salir el coche de los padres, que ya lo conocía, pero salió un Toyota todoterreno muy grande y Ray me aviso que era ese. Además, llevaba un pequeño trasportín, donde por lo que se ve llevaba dos perros.

Ray me dijo que eran dos perros de caza un setter inglés y un braco alemán, que eran para su padre dos tesoros. Eran sus perros de caza y por lo que decía Ray muy buenos, bien preparado, que su padre les quería casi más que a ellos, nos reímos los dos. Me aviso de que no se me ocurriera darles nada de comer, porque su padre no lo permitía.

Durante el viaje, Ray me conto cosas de las personas que estarían allí. Eran todos cazadores. Una cosa que me llamo siempre la atención del padre de Ray, es que era como muy rustico, siempre decía que se había hecho así mismo. Tenía una empresa y él era un currante, nadie podía decir lo contrario. Yo como lo veía era que él trabajaba todas las horas del mundo, para que su familia, viviesen como reyes.

Su única diversión era la caza. Que a Ray por ejemplo no le gustaba nada y el padre se empeñaba en que cazara, me decía que este viaje se libraría. La madre era una mujer normalita, por lo que podía ver. Ya que con ella no había coincidido nunca. Iba en chándal y era holgado, no sabría decir como era físicamente de cuerpo.

Fuimos los primeros en llegar, una vez abrió la casa, se sentía mucha humedad, el padre de Ray me dijo que tenía que ayudarle, porque los dormitorios estaban todos en la planta de arriba y había que bajar una cama para Ray y en un cuarto de los que había abajo, prepararle una habitación. Cuando salto Ray y dijo que, de eso nada, que él estaría en su habitación. Después de una breve discusión entre padres e hijo, Ray se salió con la suya.

Nos costó ayudarle a subir, pero al final el muy cabezón se quedó en su habitación. Para quitar la humedad, el padre se fue y encendió la caldera para que se calentase la casa. Yo dese que llegamos ni hable. Estaba en la habitación de Ray, que estaba como disgustado, me dijo, bueno me rogo, que yo tenía que entretener a la gente, cuando estuviera con la amiga de su madre, que quería aprovechar para intentar algo más con ella, quedamos en eso y que ya me diría quien era. Como yo le veía muy verde le dije…

-Ray, pero sobre todo ten cuidado, no vayas a meter la pata. Que los tíos muchas veces nos equivocamos en las señales que vemos, ya me entiendes.

-Estoy convencido de que no me equivoco. Además, que son todas muy “golfas” que les va mucho la jodienda.

-Cuidado, que te veo muy lanzado. No vaya a ser que te fastidien la otra pierna. Jajaja.

-Jajaja, la del medio. Pero que, aunque me equivoque, esa no diría nada. Que yo les he oído de todo cuando están juntas.

-Uy, qué te vas a confundir. Que cuando hay un grupo de mujeres u hombres, se dicen muchas tonterías, para hace y luego no quiere decir nada de nada.

-Que lo he comprobado. La primera mi madre, hablan de lo desatendidas que están, de los artilugios que se compran para solucionarlo… y mucho más. Rebusqué en la habitación de mi madre y no veas las cosas que tiene, pues ellas igual.

-Pero hombre eso tampoco es nada malo.

-Bueno tu déjame a mí, si me equivoco será mi problema. Lo único que tienes que hacer es ayudarme a que nadie moleste, me entiendes ¿Verdad?

-OK, no te preocupes.

Tuvimos que terminar la conversación, porque llegó la madre, para saber cómo se encontraba su hijo y para decirme cual sería mi habitación. Le acompañe y me llevo a la habitación, que acababa de ponerle sabanas y mantas. Me enseño donde estaba el baño y otras dependencias de la casa. Era una casa bastante antigua, una reforma no le vendría nada mal.

Una vez subí mi maleta y coloqué mi ropa, me fui de nuevo con Ray que estaba con su portátil jugando. Hablábamos también de cosas que no tienen importancia, cuando oímos varios cláxones. Ray me miro y dijo que por lo que se ve ya llegan los demás. Desde la ventana de la habitación se veían llegar los vehículos, pero luego no se podía ver quienes venían, porque no se veía desde allí la entrada.

Al rato se oía como una multitud, por las voces que iban dando. Para mi gusto hablaban demasiado alto. También porque no teníamos la puerta cerrada del todo. Entraron en la habitación como una avalancha. Primero entraron los hombres cinco sin contar al padre de Ray, todos le saludaron e hicieron bromas sobre su pierna. Se les veía campechanos, buena gente. Salieron y entraron las mujeres, todas eran maduritas entre los 40 y los 55 calculaba yo, las vi detenidamente y entraban dentro de mis parámetros de gusto. Me fijé también en los saludos con Ray, pero no pude descubrir cuál de ellas era la que le gustaba a Ray y eso que soy bastante buen observador.

Luego me las presentaron y las fui saludando una a una. Marian (unos 40 años, bajita, muy tetona y culito respingón), Loreto (que no sabía de qué nombre venia, unos 45 años, estatura normal y más bien delgada, lo más destacable unos ojos azules tremendos), Irene (46-48 años, estatura normal, entrada en kilitos, buen culo, muy buenas tetas y una boca de pecado), Flor (48-50 años, la más espectacular de todas, un tipazo, pero pocas tetas) y por ultimo Mari (unos 55 años, la que menos me gusto, las más fea, por lo menos de cara, difícil de definir). Ellas también hicieron bromas, tal vez un poco más atrevidas que sus maridos, comentarios subiditos de tono. Se las veía simpáticas.

Una vez que se fueron, como las oíamos por fuera, Ray y yo hablábamos de varias cosas, pero sabía que estaba tan impaciente como yo por hablar de ellas, eso si los dos por diferentes motivos. Una vez que se notó silencio, cerré bien la puerta y le pregunté…

-Bueno Ray, ¿Quién es la afortunada?

-No, no, no… jajaja… contéstame tú, ¿Cuál es la que más te ha gustado?

-Ahora mismo no sabría qué contestarte, espera que por lo menos pase esta noche y cuando las trate te diré. Bueno, dime sus edades.

-Marian tiene 44, Mari tiene 51, Irene 49 como mi madre, Loreto 48, Flor también 48.

-Y como son, tu que las conoces.

-Las conozco bien, desde niños y todas son muy putas. Bueno pero cuando digo putas, lo digo en el buen sentido.

-Jajaja… pues no sé lo que quieres decir, que no se si te refieres también a tu madre.

-Pues que están más “salidas” que el pico de una plancha. Ya lo podrás comprobar cuando estén solas. Empiezan a hablar de cualquier cosa y al rato están hablando de folleteo. No tardan ni cinco minutos.

-Como te pasa, ya será menos, que exagerado que eres (Esto se lo dije para picarle)

– ¿Exagerado? Se lo poco que follan, lo que aguantan todos los maridos, su tamaño. Las dos que les han puesto los cuernos a sus maridos. Que, aunque todas menos a una les han dado por culo, con el resto de las amigas lo niegan y la que dice que no, tengo mis dudas. Y para que veas que soy buen colega, te hice propaganda.

-No jodas, que has contado…

-Tranquilo que no les he dicho nada de tu tamaño, solo que das muy buenos masajes, que trabajas en eso.

-Que morro que tienes.

-Lo mismo luego me lo tienes que agradecer.

-Me extrañaría y menos teniendo a los maridos rodando.

-Por eso no te preocupes, que esos se van temprano de caza y vuelven prácticamente de noche. No perdonan ni un día, ni el domingo.

Subió el padre de Ray y me dijo de ayudarle a bajar a su hijo, él fue con sus muletas hasta la escalera, pero no sabíamos cómo bajarlo, hasta que a mí se me ocurrió, que Ray se cogiera a mi cuello, como si lo llevara a caballito y bajarlo así. Una vez que se me agarro al cuello, nada más pude cogerle una pierna y así lo bajé, despacio, pero sin problemas. Cuando el resto lo vio, hicieron todo tipo de comentarios. Una vez Ray cogió las muletas oí como preguntaban a Rosa, la madre de Ray por mí, ella les dijo que era compañero de universidad y que en el verano nos iríamos juntos a trabajar.

Oí a mis espaldas, sin saber quién fue, que le preguntaron si éramos de la misma edad. Oí como Rosa decía que sí y la misma mujer decía, que me habían alimentado muy bien, oyendo reírse a todas, porque el comentario fue con segundas, lo que no pude ver fue sus caras.

La temperatura del lugar iba subiendo, la calefacción debía estar a tope. Estaban preparando una comida fría, a base de embutidos y diversas latas de conservas. Era normal no había dado tiempo de preparar una comida en condiciones. Yo escuchaba como fanfarroneaban los mayores, sobre lo bien que cazaban, era divertido oírlos. Las mujeres se metían con ellos por sus proezas en sus batidas de caza.

Yo miraba por un ventanal, se veían un terreno muy bueno para correr. Que es lo que haría para ejercitarme un poco, ya que no tendría mis días de gym. Ray me pregunto que miraba con tanta atención y cuando se lo conté, me comento que me tenía una sorpresa. Llamo a su madre y Rosa vino muy rápido. Le dijo que me llevara a ver el sótano. La madre no perdió tiempo y me llevo. Cuando bajamos se veía un poco de luz, era de unos ventanucos que había. Cuando llegamos abajo, había cuatro puertas, ella me dijo que era una despensa, el cuarto de la lavadora, plancha, un baño y… abrió la puerta. Era un gimnasio perfectamente montado. Ella me dijo que era el capricho de sus hijos, aunque luego no lo usaban mucho.

Subí más contento de lo que había bajado. Su padre nada más subir, me dijo, que le diera el uso que hasta entonces nadie le había dado, riéndose todos. Porque dijo también, que era bajar, verlo y se fatigaba al momento. Paso el resto del día de una manera normal, sin nada relevante.

Pero llego la cena y eso fue distinto. Habían preparado una buena cena, un poco exagerada por la cantidad, pero todo muy bien. El padre de Ray trajo en un capazo varias botellas de vino, llenas de polvo. Las abrió para que se orearan un poco y las pudieron en la mesa. Empezamos a cenar y tuve que beber vino, de lo pesado que se puso el padre. Pero reconozco que estaba buenísimo el vino.

En la cena fui fijándome más detalladamente en las personas, pero sobre todo y como no podía ser de otra manera, en aquellas mujeres. Mari aun siendo la más fea y la mayor de todas, tenía una mirada que penetraba, una mirada provocadora, insinuante. Me dio la sensación de que era una “fiera”, no me quitaba el ojo de encima y me sonreía de una manera especial.

La otra que me atraía más que ninguna, era Marian. Sus tetas eran exageradas y según fue bebiendo el vino, se le iban marcando unos pezones que no eran normales. Además, le dio por la risa tonta. Era muy graciosa. Y en un momento dado, tal como la miraba Ray, deduje que sería la “amiga” de él.

Luego nos tocó a Ray y a mí. Preguntas incisivas por todos los lados. Pero según respondíamos, se volvieron un poco más personales. Saliendo también el trabajo del verano. Ray fue el que llevo la voz cantante en esas respuestas. Los dos íbamos como monitores de ocio y tiempo libre. Pero él dijo que yo iba de masajista.

Hubo mucho cachondeo por parte de todo el mundo. Los hombres que me tendrían que vigilar los maridos y las mujeres que se darían masajes todos los días. Risas y bromas. Yo las encaje bien, por lo que la noche fue divertida. Ray ya estaba bastante fastidiado de llevar tanto tiempo ahí, que lo subí de la misma manera que lo bajé. Una vez en la habitación.

-Ahora que estamos solos, ¿Cuál es la que te gusta más?

-No, primero te toca a ti decir quién es la afortunada (No quería responder yo primero, por si metía la pata, además que no quería decirle que su madre estaba potente también)

-Tu dime.

-La que más me gusta Marian y la que más me intriga Mari.

-Como que te intriga.

-Sí, que será fea, pero tiene una mirada… que me seduce, me pone cachondo.

-Jajaja… pues a mí la que me gusta es Flor.

-Menuda tía, esta buenísima.

-Ni la mires. Jajaja… y vete que ya estoy totalmente agotado.

-Quieres que mañana venga a alguna hora para ayudarte a lavarte o a lo que necesites.

-Gracias, pero no hace falta, mañana viene temprano una persona para todo eso.

Me fui a mi habitación a dormir, pero antes bajé a dar las buenas noches. No es que estuviera cansado, pero abajo yo solo con todos ellos, me encontraba fuera de sitio, sin estar Ray, en los siguientes días, imagino que la cosa seria distinta o eso esperaba. Pero una vez que me metí en la cama increíblemente me quedé dormido al instante.

Unas voces y bastante ruido me despertaron de golpe, todo por no haber cerrado la puerta del todo, no me di cuenta. Me levante y escuche, algo pasaba abajo. Me vestí y bajé, por si había pasado algo. Cuando bajé, me encontré a todos los hombres vestidos de cazadores, no eran ni las seis de la mañana. Estaban desayunando, bueno, más bien parecía una comida, por la cantidad de comida que había. Rosa, que me vio llegar y por mi cara, me dijo… “Seguro que estos chillones te han despertado, es que mira que les digo que no hagan ruido. Esto es la caza, madrugón y se van”

Con rosa estaban también Marian y Loreto, preparándoles de todo. Es algo que me llamo bastante la atención. Me dijeron que me volviera a acostar. Yo dije y era verdad, que ya se me había pasado el sueño, que desayunaría y aprovecharía para hacer un poco de ejercicio.

Los hombres cogieron mochilas preparadas por las tres mujeres, las escopetas y se marcharon, se oyó ladrar a los perros y motores de dos vehículos. Me puse a desayunar y las tres mujeres hicieron lo mismo. Me estuvieron explicando los pormenores del mundo de la caza, a mí me daba igual, lo único que hacía era mover la cabeza, como si las estuviese escuchando. Pero lo que hacía era mirarlas detenidamente. No estaban vestidas, iban con batas. Si Marian antes la veía buena, ahora la veía espectacular. A Loreto la seguía viendo igual. Pero la que me descoloco fue Rosa, la madre de Ray. Menudos 49 años, la bata la tenía medio abierta y se veía su escote, donde se podía apreciar un señor canalillo, buenas tetas tenia, como engañaba con el chándal.

Yo dije que me iba a cambiar para bajar a hacer ejercicio, ya que había pasado más de una hora desde que baje. Marian me pregunto… “¿Podría hacer ejercicio contigo y me dices como utilizar todos los aparatos adecuadamente?” yo le conteste que sin ningún problema. Loreto dijo que ella se apuntaba también y Rosa dijo que ella no iba a ser menos.

Me cambie rápido y baje hasta el gimnasio. Calenté un poco y cuando me iba a oponer a hacer ejercicios, las oí bajar. Mi corazón no infarto de milagro. Venían en mallas, cada una de un color, pero colores chillones. Lo de Marian no era normal, lo digo por su culo y sus tetas. Y las otras dos igual. Les dije que antes de hacer nada, tenían que calentar para no tener ningún problema. Les expliqué unos ejercicios y mientras me puse en la elíptica.

Enseguida me di cuenta, de que estaban de cachondeo. No sé si lo habían planeado, pero trataban de provocarme, excitarme… yo al principio hacia como si no me diese la cuenta. Pero las posiciones que cogían, no eran muy normales. Trataba de distraer mi mente, para que no se me notara nada. Para que dejaran de hacer esas “tonterías” les dije que ya habían calentado suficiente.

Marian quiso hacer elíptica, Rosa bicicleta y Loreto se empeñó en hacer remo. Les explique cómo empezar y que fueran poco a poco. Mientras yo hacía pesas. El movimiento del culo de Marian en la elíptica me traía a mal traer, pero Rosa tampoco se quedaba atrás. Pero Loreto, se veía que era una mujer acostumbrada a hacer deporte, no había que enseñarla nada, se notaba que dominaba el remo y pude observar con detenimiento, que estaba fuerte.

Trataba de no mirar, pero para donde miraba tenía la visión de alguna, pero miraba más a Marian y a Rosa. Me estaba costando no empalmarme. Pero lograba distraer mi mente. Hasta que Marian dio un chillido y se paró. Se agarró uno de sus muslos y se quejaba, con cara de dolor. En un principio parecía un tirón. Nos paramos todos y con su permiso le toque el muslo, le costaba mover hasta la rodilla. Le dije que se tumbara y trate de ayudarla. Le dije de subir, para que se pusiese más cómoda y darle un masaje en la pierna afectada.

Le ayude a subir las escaleras, como era tan bajita, al cogerla con mi brazo para ayudarle, le toque sin querer una teta, pero seguí, no por querer abusar y sobrepasarme, es que era la única manera de ayudarla. Una vez que se tumbó en uno de los sillones grandes, dije que iba a por unos productos que llevo en mi equipaje y que mientras tratase de ponerse un pantalón corto o algo, porque con las mallas no podría hacer nada en el muslo, cuando subía a mi habitación iba pensando por la cara de las otras dos, que todo era un montaje para provocarme, pero estaba dispuesto a seguir el juego.

Hice un poco de tiempo para que ella pudiese ponerse un pantaloncito. Cuando baje, ella estaba con una falda, ya que pantalones cortos no tenía. Yo llevaba todo lo que suelo tener siempre para hacer deportes. Distintos tipos de linimento y otras cosas. Yo ya estaba dispuesto para “jugar” pero cuando llegué y vi el muslo, se notaba que no era broma, su cara no era de estar de broma. Al tocarle el muslo casi me da un tortazo, del dolor que tenía.

Me fui al arcón del congelador y enrollé un par de bolsas de guisantes congelados. Luego con una toalla grande se lo puse alrededor del muslo. Fue un sustituto al hielo o gel congelado. Todas se me quedaron mirando. Así estuvo 20 minutos. Luego con linimento de romero y clavo, que me lo preparaban en un herbolario, procedí a darle un masaje en el muslo. Ya estaba más tranquila. Era menos de lo que yo pensaba. También le fui moviendo la pierna, le hice doblar la rodilla varias veces y parecía que todo iba mejor.

Mientras hacíamos esto una vez más, no lo pude evitar. Al levantar su pierna, se le veía toda la braguita. Me había empalmado, ya veríamos como me las apañaba para levantarme sin que se notara. Estuve más tiempo del necesario dándole el masaje y pensaba si esta sería una de las que Ray me dijo que habían puesto los cuernos a su marido.

Le dije que se levantara y tratara de andar un poco, así lo hizo y dijo que se encontraba mucho mejor. Le avise que luego tendría que darle otro masaje para verificar que todo estaba bien. Yo creía que no era necesario, pero quería aprovechar. Dije que me marcharía a correr un poco por el campo. Me levanté rápido y a pesar del fresco que hacia me puse a correr.

Estuve además de corriendo, paseando y viendo todo lo que había por allí. Estuve bastante rato. Cuando llegue ya se había levantado todo el mundo y Ray estaba en la planta baja también. Al entrar todo el mundo ya sabía lo que había pasado. Y empezaron otra vez con el cachondeito de que les diera un masaje. Yo les seguí el rollo. Me subí a ducharme y cuando acabe baje.

Traté de hablar con Ray para preguntarle si Marian era una de las infieles, pero no hubo manera, siempre había alguien por medio y no pude. Después de comer Marian me pregunto si le podía dar otro masaje que le empezaba a molestar. Algo que me extraño mucho, porque la vi andar y no observe nada. Pero le dije que sí. Nos fuimos hacia un sillón grande, mientras tomaban el café el resto. En la posición que estábamos, nada más me podían ver a mí, ya que el respaldo tapaba la visión de ella tumbada. Pero seguía hablando con el resto de la gente.

Nada más tumbarse me recordó a mi tía y quien no era mi tía. Estaba indeciso, no sabía que podría pasar, pero estaba dispuesto a intentarlo. Era verla tumbada boca abajo y tener claro que iba a por todas. Esta vez el masaje se lo daba con un aceite mineral, entra las bromas de las demás por el masaje, yo no decía nada, pero ellas se reían. Luego pasaron a hablar de sus maridos, si cazarían algo o se irían a comprar a una carnicería. Eran todo risas y bromas.

Como según daba el masaje, me di cuenta de que ella había abierto un poco más sus piernas, no era descarado. También intervenía menos en la conversación. Me dio la impresión de algún movimiento involuntario. Como no podía estar toda la tarde así, decidí arriesgarme. Subí más mis manos, la punta de mis dedos, prácticamente rozaron sus braguitas. Como ella no dijo nada, ni hizo ningún ademan de quitarse o protestar, seguí y mis dedos tocaban sus braguitas ya.

Muy decidido le dije con voz normal, que, si colocaba mejor la pierna, podría darle el masaje mejor. Según le dije esto, con las manos indicaba que abriera más las piernas. Ella se incorporó un poco sobre sus brazos, giro la cabeza me miro desafiante, me dio un escalofrió, porque pensé que había metido la pata. Pero se volvió a tumbar y abrió más sus piernas.

Ya no me anduve con tonterías. Aparte sus braguitas y empecé a tocar sus labios vaginales, que estaban húmedos. Ella agarro un cojín y puso su cabeza sobre él. Me unte un dedo de aceite y lo lleve hasta su clítoris, haciéndole una paja estupenda y con la ayuda de ella, que de vez en cuando levantaba levemente su gran culo. Aproveche para acariciar la entrada de su culito, se resistía, pero de aquella manera, un NO pero que era un SI. Se hacia la dura.

Mis dedos entraban en su coño sin ningún tipo de problemas. Cuando estaba mejor la cosa, Rosa y Flor, preguntaron algo y Marian no contesto, entonces se acercaron y yo me puse a dar el masaje normal. Cuando miraron, se rieron y dijeron… “Si se ha quedado dormida… jajaja” todos se rieron y ya era hora de cavar con el masaje, que si no cantaría mucho.

Cuando ella se dio cuenta de que había acabado, se giró y vi sus pezones que rompían la tela, para decirme que no la podía dejar así. Me lo dijo muy bajito. Yo hice que se me cayó la bolsa y me agache, diciéndole al oído todo decidido y sin ningún tipo de tacto… “Si quieres luego acabamos, pero te aviso que también te follare ese culo, solo tendrás que pedirme el masaje nuevamente” su cara era de estar cachonda como también lo estaba yo.

El resto de la tarde fue bastante aburrido. En más de un momento me dio el sueño. Se me iban a hacer muy largos los días allí. Salí a despejarme y detrás apareció Marian.

-Es que es imposible que aquí, con toda esta gente, podamos hacer algo. (Me miro intrigada)

-Querer es poder. Tú ya eres habitual aquí, sabes mejor las costumbres y conoces mejor el sitio.

-Pero es que lo llevo pensando toda la tarde y no veo la manera.

-Es muy fácil, pásate a mi habitación por la noche.

-Tu estas majara. ¿Qué hago con mi marido?

-Ves, ese es tu problema. Pero vamos que también puede ser por el día.

-Pero… ¿Dónde?

-Tú conoces mejor la casa y la propiedad. Yo, salvo mi habitación o el gimnasio… Pero también hay una solución. Habla con la anfitriona y que te ayude. (Se quedó muda, pero tampoco le sorprendió)

-En otras circunstancias lo mismo, pero aquí…

Esto último, más que a mí se lo dijo a ella misma mientras volvía al interior de la casa. Si lo contado por Ray era verdad, que no lo dudaba, Rosa lo mismo si le ayudaba. Todo era cuestión de preguntar. Tendría que esperar acontecimientos. Quedaban muchos días por delante.

Estando fuera y ya habiendo anochecido, llegaban los maridos. Bajaron todos fanfarroneando, habían cazado un par de jabalíes. Una vez dentro no paraban de contar todo lo que tuvieron que andar para poder pillarlos. Rosa dijo que en la cocina no metieran los animales. Que los dejaran fuera y que mañana los bajaran al pueblo, para que los preparasen. Su marido le dijo que mañana por la mañana vendría alguien el pueblo por ellos, que ya estaban avisados.

La cena esa noche fue mucho más rápida, ellos se acostaron rápido para salir temprano al día siguiente. Lo que me extraño fue la mirada de Marian. Todos nos íbamos a ir a dormir, cuando Rosa le dijo a Marian que si le ayudaba a recoger. Marian dijo que, si y Mari se ofreció también, pero Rosa dijo que no hacía falta y se fue. Marian me dijo antes de subirme que me esperaba en el gimnasio.

Cuando bajaba iba pensando como entrarla, como encaminar la situación, estaba Rosa y con una mirada extraña me dijo… “Estáis locos, pero baja y no pierdas el tiempo, que el putón ese te está esperando” me dejo descolocado el comentario. Cuando llegué al gimnasio, recibí la primera sorpresa, Marian desnuda a cuatro patas y enseñando ese culo soberbio, eso no me había sucedido nunca y tampoco lo llegue a pensar, porque creí que se cortaría un poco, por lo menos al principio. No se cortaba, era del tipo de mujeres que me gustaban, o muy tímidas o muy “putas”

Me quede desnudo de cintura para arriba y me descalce quitándome los calcetines también. Me agaché y sin que ella se lo esperase, comencé a comerle su coñito y su culo. Ella solo gemía, me decía que buena lengua tenia y que bien lo hacía. Me pedía que se la metiera ya, que no aguantaba más. Que llevaba ya muchas horas esperando el momento. Pero yo no le hacía caso, quería que se corriera en mi boca.

Al final lo conseguí y como apretó su culo contra mi boca cuando se corría, que salvaje la “pequeñita” Marian. Se giró y me hizo tumbar, se puso a horcajadas sobre mis muslos, cuando la vi de frente me quede anonadado, menudas tetas tenia, algo caídas, pero más que por la edad, yo diría que, por su volumen y unos pezones de color oscuro, como el café, muy oscuros y grandes.

Ella se afanaba en desabrocharme el cinturón, que como tenía unos enganches distintos a lo normal, no sabía muy bien, así que con una mano lo solté. Ella se la veía nerviosa, desabrocho el botón del pantalón y abrió la cremallera… No puede ser dijo, al ver sobre el boxers la erección que tenía, los bajo un poco y salió mi polla, mirando hacia arriba. Me dijo… “Lo de mi culito… ya veremos, que esto… no sé, no se…” pero no acababa de terminar de decir las palabras, cuando la tenía dentro de su boca. Que con lo pequeñita que era, parecía mentira que le pudiera entrar tanto en esa boquita.

Le hice para un momento y me termine de desnudar, la hice que se colocara encima y mientras ella me la comía, como una autentica maestra, yo le comía nuevamente su coñito y “jugaba” con mis dedos en su culito. Ella además de no quejarse, me dejaba hacerle lo que quería, se notaba que disfrutaba y que no era su primera vez.

Yo no quería que fuese tan deprisa, quería que se lo tomara con más tranquilidad. Cuando de pronto, dejo de comerme la polla y se colocó encima de mi polla, metiéndosela poco a poco, pero con mucha decisión. Me daba la espalda y podía ver perfectamente como desaparecía mi polla dentro de su coño.

Una vez que la tuvo dentro, giro su cabeza y mirándome me dijo con voz temblona… “Menuda joya que tienes, espero que folles, como comes el coño” y se inclinó un poco, apoyándose sobre mis piernas. Era una delicia y muy excitante ver como se movía, cada vez con más decisión. Mientras yo seguía haciéndome el dueño de su culito, que ya entraban tres dedos y ella lo único que hacia cuando los notaba entrar era resoplar.

Notaba que estaba muy cerquita de “explotar” se dio la vuelta despacio, sin sacarse la polla, su cara era de vicio total, sus pezones estaban totalmente hinchados. Me incorporé un poco y se los comí, mientras ella se movía prácticamente sin sacársela y haciéndose una paja. De pronto chillando me decía… “POR FAVOR… NO PARES, NO PARES… APRIETALO CON TUS LABIOS… MAS FUERRRRRTTTEEEEE…” y se corrió salvajemente.

Se quedó recostada sobre mi pecho. Notaba su respiración, como se iba relajando. Pero ya cuando estaba casi relajada del todo. Yo inicie un leve movimiento de mis caderas, para que notara el roce de mi polla dentro de su coño. Poco a poco fui aumentando el movimiento y noté como ella, ronroneaba volvía coger ritmo. Algunas veces bajaba la intensidad de mis movimientos y nota como ella se movía más, para notarla.

Se volvió a levantar y a cabalgar de una manera frenética, estaba otra vez en forma, con ganas de correrse. Pero esta vez no iba a ser como ella quería, le quiete y me levante, ella me miro desconcertada, pero le tendí una mano y la levante. Le lleve a donde estaban las tres espalderas, le di la vuelta y ella se agarró a una de ellas, ya sabía lo que la esperaba, aunque con falsa “ignorancia” me pregunto…” ¿Para qué quieres que me ponga así?” y yo le conteste… “Agáchate un poco más y saca ese culo tan precioso que tienes, que te voy a dar por culo” no me equivoque cuando utilice esos términos ya que lo único que hizo fue decir “Uuuuuhhhmmm” y puso su culo en pompa.

Para luego decirme… “Pero Carlos, si te digo que pares, te lo aviso para” Mientras me lo decía yo metía desde atrás mis dedos en su coño, que estaba totalmente mojado y luego los metí en su culito, que con la follada de mis dedos ya estaba preparado. Me puse detrás de ella y me fijé bien en su culo, era perfecto, blanquito por falta de sol. Yo sabía o por lo menos intuía que no sería su primera vez.

No dije nada más, acerque mi polla a su culo y aunque note su nerviosismo, también note su calentura. Le dije que nadie te ha follado el culo, como te lo voy a follar. Ella no dijo nada, solo estaba expectante. Cuando noto mi capullo, en la entrada de su culo, se quedó totalmente parada, en tensión.

Me costó más de lo que yo esperaba en meter la cabeza de mi polla, ella dio un respingo y un quejido. Vi sus manos agarradas a la espaldera, le debía de hacer daño, porque apretó tus manos, de tal manera que sus nudillos estaban blancos. Cuando metí un poco más, la cosa cambio, dio un gritito y dijo… “Coño como duele, me quema, para, sácala” no le hice caso, la tenía bien acogida por sus caderas.

Me había quedado quieto, para que se adaptara, ya no decía nada, pero su respiración era muy agitada. Cuando inicié nuevamente el movimiento, embestí un poco más de la cuenta, prácticamente la tenía toda dentro, pero ella que no lo sabía gritando dijo… “Para, para, para… ¡¡PAAAAARA!!” le terminé de meter lo poco que quedaba y le dije… “Ya estaba toda dentro” otra vez me quede quieto, ella estaba con la cabeza gacha, pero ya no decía nada. Si seguía doliéndole, no me quedaría más remedio que sacarla.

Poco a poco fui moviéndome, un movimiento imperceptible. Muy suave. Aprovechaba y le acariciaba las tetas, pellizcaba esos enormes pezones. Note que ella también de una manera suave, empezó a acompañar mis movimientos. Cuando llevábamos unos minutos ya a ese ritmo, me pareció que se quejaba, que decía algo. Me pare y ella me dijo, que ahora no era momento de pararse.

Aumente el ritmo y ella solo gemía, me decía que bruto que era, que tenía buena polla, que no parase, cada vez me decía más cosas, estaba totalmente fuera de sí. Yo le decía que nunca me había encontrado a una mujer tan zorra y ella solo me contesto que no lo sabía yo bien. Yo ya estaba a punto de correrme y se lo dije, ella me dijo que esperase muy poquito, estuve aguantando hasta que ella me dijo…. “ME COOOORROOOO” lo que fue como una orden a mi polla, que se empezó a correr dentro de ella.

Gritamos, gemimos, nos dijimos de todo, fue una corrida muy salvaje, muy primitiva. Ella me dijo que había notado bien mi corrida, no como con su marido. Fui a sacarla y ella me dijo, que esperase un momento. Hasta que me dijo que ya. La fui sacando lentamente y ella solo decía “ooohhhhhh, uuuhhhmmmmmm. Que placer” Manchamos el suelo nada más sacarla. Una vez que ya estaba fuera, ella sigue en la misma posición, algo que me extraño.

-Marian, ¿Te encuentras bien?

– ¿Qué si me encuentro bien?

-Si (Dije preocupado)

-Estoy en la gloria, pero cabreada, porque me gustaría seguir toda la noche. (Ya se incorporó)

-Que susto.

-Pero que sepas que me ha sabido a poco. Esto lo tenemos que mejorar.

-Jajaja… cuando tú digas.

-Pero por favor, espero que no seas un “fantasma” y lo vayas contando por ahí. Pero tampoco ninguna insinuación, ni tan siquiera a Ray.

-En eso estate tranquila. Pero y… ¿Rosa?

-Rosa es mi problema, pero ya te digo que será muda.

-Perfecto.

-Ahora ven y dame un beso.

Nos volvimos a besar muy efusivamente y ella fue quien lo corto, porque dijo que no se quería poner otra vez en canción. También me dijo que me fuese yo primero, que ella limpiaría y recogería todo. Nos despedimos hasta el día siguiente y yo me fui.

Cuando llegue a la planta de arriba, estaba Rosa. Que me miraba con cara de pocos amigos. Le di las buenas noches y murmullo algo, pero que no supe si era unas buenas noches o que. Cuando llegué a mi habitación, encendí el teléfono, que lo haba apagado por si Ray me llamaba. Y efectivamente me había llamado varias veces. Me acerqué a su habitación, que cuando subí había visto luz por debajo de la puerta.

Le puse la excusa de que me había quedado sin batería y que ahora que se había cargado un poco, había visto sus llamadas. Estaba un poco triste porque no lograba ningún avance con Flor. Yo para animarle le dije que llevábamos poco tiempo, que algunas cosas, no es llegar y besar el santo, que había que dar tiempo al tiempo. Yo no le conté nada de lo sucedido y estuvimos hablando hasta altas horas de la madrugada. Hasta que ya no podía aguantar más y le dije que me iba a dormir y así hice.

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