Me encontré con Marta en una fiesta

No tenía muchas ganas de salir esa noche, pero me había invitado un cliente a la inauguración de su nueva casa y no me quedaba más cojones que ir.

Me duché, me puse guapo y para allí me fui. Una copa y a casa, pensaba.

La fiesta estaba a parir de gente, y sinceramente no conocía a nadie. Busqué con la vista a mi anfitrión el cual según me vio vino a saludarme. Hablamos un rato, me presentó a un par de personas y en cosa de media hora volvía a estar más solo que la una.

Pensé en tomarme la copa que tenía en la mano e irme a casa cuando dos manos cubrieron mis ojos.

– Cucu – oí a mi espalda.

Cogí las manos y separándolas dulcemente me di la vuelta. Detrás mía una impresionante Marta me sonreía.

Siempre me he llevado muy bien con mis exnovias por lo que encontrarme a una era un motivo de alegría. En particular a Marta no la había vuelto a ver desde el día que me llevé las cosas de su casa. No hubo malos rollos, simplemente se nos rompió el amor de tanto usarlo. Marta no había cambiado mucho en cinco años, estaba igual de buena y esa sonrisa seguía rompiendo corazones.

Me acogió de la mano y me llevó al mueble bar. Nos pusimos unas copas y empezamos a hablar de todo y nada.

Dos copas después de habernos encontrado, Marta me propuso irnos a algún bar a rememorar los tiempos pasados.

Dejamos mi coche aparcado y cogimos el suyo. Empezando tomando una copa en el Moloko, un bar mod al que solíamos ir en nuestros tiempos. Los camareros se alegraron sinceramente de vernos, incluso alguno preguntó si seguíamos juntos. Un par de copas cayeron.

Después de eso fuimos al Honky Tonk. Como si el destino nos estuviese esperando nada más entrar nos encontramos con tres amigas de aquella época. De nuevo besos, de nuevo preguntas, de nuevo risas, de nuevo copas, de nuevo diversión. La verdad es que aparte de chorradas no llegamos a hablar demasiado.

El Honky cerró a eso de las cinco de la mañana. Salimos a la fría noche madrileña sin saber muy bien a donde ir o incluso despedirnos.

– oye Paco, al final entre una cosa y otra no hemos hablado mucho de lo que hemos hecho estos años.

– Bueno, pues a estas horas no creo que encontremos un sitio tranquilo para poder hablar mucho.

– Vamos a mi casa y ahí nos tomamos la última – mi polla se puso como un mástil, por un momento recordé esa misma frase salida de sus labios hace más de diez años, la primera noche que salimos a cenar.

Entramos en un piso espacioso y céntrico. Subimos en el ascensor desde el garaje como sin saber muy bien que decir, parecía mentira pero a pesar del alcohol estábamos un poco cortados.

Cuando entramos Marta pasó por el baño, sirvió unas copas y nos sentamos en el sofá. Nos contamos de todo, de cómo habían ido nuestras carreras profesionales, nuestra vida personal, nuestros viajes, los nuevos amigos, las nueva experiencias. Llevábamos dos copas cuando Marta, directa como era, lo soltó sin más.

– me imagino que te quedaras a dormir conmigo, ¿no?

Mi contestación fue un largo morreo y mi mano entrando entre su camisa y haciendo a un lado su sujetador llegando a sus tetas. Marta soltó un gemido muy delicado.

Nos levantamos sin dejar de besarnos y ella me guió a su habitación donde casi llegamos desnudos.

Marta seguía teniendo un tipo estupendo, unas tetas increíbles que en cinco años casi no se habían caído y un coño con cuatro pelos que como de costumbre lo llevaba poco arreglado, ventajas de tener poco pelo.

Como hacíamos hacia cinco años Marta dejó de besarme y poniendo mirada de zorra se puso de rodillas en la cama, abrió sus piernas y me mostró su raja y ano. Joder mira que había disfrutado yo con aquellos dos agujeros. Me puse de rodillas a su espalda y metiendo mi cabeza entre sus piernas empecé a lamer aquellos dos agujeros. Marta empezó a suspirar y a disfrutar del jugueteo de mi lengua en su zona más rosada.

Le chupé el coño y el ano durante un buen rato hasta que Marta demandó nuevas cosas.

– méteme la polla joder – dijo a modo de petición, orden o incluso ruego.

Saqué mi chorreante cara de su chorreante culo, me levanté y cogiendo mi polla se la ensarté en aquel maravilloso coño. Marta dio un largo gemido y empezó a soltar un fuerte suspiro que casi había olvidado cada vez que se la metía hasta el fondo.

Sin sacarse la polla Marta se dio la vuelta me rodeo con sus piernas como pidiéndome que la penetrase lo más profundo posible. Me ponía mucho verla abierta de piernas con sus grandes tetas cayendo a cada lado de su tronco, suspirando con mis envestidas y mirándome sonriente.

– joder Paco, me resulta raro estar follando contigo.

– Antes no te resultaba raro.

– Si pero antes no me habías dejado, es más creo que es la primera vez que follamos sin que me preguntes que ibas a hacer cuando dejase de follar contigo – me dijo entre jadeos.

– Hombre la primera…

– La primera no, pero no creo que hayamos follado muchas veces sin provocarnos el uno al otro

– Si, hay que ver como nos gustaba ponernos.

– Si me volvía loca ponerte malo diciéndote a los tíos que me iba a follar en cuanto me dejases.

– Si, pero jamás me mandaste una foto tuya follando como prometías hace cinco años.

– Pues no veas las veces que estuve a punto de hacerlo.

– ¿Y tardaste mucho en follarte a uno?

– Al fin de semana siguiente de que te fueses.

– ¿Cómo fue? – le pregunté fuera de mi.

– Salí con Raquel, conocimos a dos tíos en Pacha y cada uno nos fuimos con el que le tocó, nos fuimos a que nos follasen.

– ¿Y no te acordaste de mi?

– Mientras me tocaba el coño en el taxi pensaba que eras tu quien me lo tocaba. Pensaba que era tu mano la que me acariciaba el clítoris.

– ¿Y cuando te la metió?

– Cuando me la metí yo. Lo tumbé, le saqué la polla del pantalón y me senté en ella. Tuve suerte, el tío follaba bien. Me jodió como me hacía falta, aunque en toda la noche no dejé de pensar en ti.

– ¿Y la foto?

– Estaba sin batería, sino te juro que te la hubiese mandado. ¿Y tu?

– ¿Yo que?

– Que tardaste en follarte a una.

– La tarde en que me fui.

– Que hijo de puta eres.

– Ya sabes un clavo quita otro.

– ¿A quien fue?

– A tu amiga Bárbara

– ¿A Bárbara?, pero menudo zorrón. ¿cómo fue?

– Vino a verme a intentar convencerme que no te dejase y una cosa por otra se quedó a cenar y al acabar me la follé.

– ¿Se desmayó?

– ¿Cómo lo sabes?

– Esa zorra es famosa por desmayarse cuando tiene un orgasmo profundo. Le pasa poco porque se la follan bien más bien poco.

– Cambia de postura – le pedí.

Y Marta me dejo que me tumbase en la cama y se subió encima mía metiéndose mi dura polla en su maravilloso coño empezando a botar cuando la tuvo dentro.

– no sabes las veces que estuve a punto de hacer realidad las fantasías que teníamos en la cama y llamarte para que ayudases a algún inútil que me estaba follándo y que no me llegaba como lo hacía. ¿Te hubiese gustado que te llamase cabrón de mierda?

– No.

– ¿No te hubiese gustado ver como me follaban mal y ser tu el que me hicieses llegar a un orgasmo?

– ¿Y a ti te hubiese gustado ver como me follaba a otra?

– Le hubiese arrancado los pelos, le hubiese sacado los ojos. Ciega y calva se quedaría la zorra.

– ¿No te hubiese puesto?

– Calla mamón sabes que no. Dame por el culo porfa que lo estarás deseando.

– ¿Te dan mucho?

– Ufff últimamente muy poco.

– Pues te va a doler.

– Que me duela, me gusta sentir como me desgarran.

Y metiendo mi mano entre sus piernas y las mías cogí mi polla y la coloqué como pude a la entrada de su ano. Marta acomodó su ano pero no hubo manera de meterse con ella encima.

Cambió de posición y tumbándose en la cama y abriendo las piernas me dejó su ojete a mi disposición. Aproveché su postura para meter mi polla en su ano con cuidado al principio. Marta dio un respingó.

– dame fuerte, sabes lo que me gusta – la tía no había cambiado en la cama un ápice.

– ¿Y por el culo?, ¿cuánto tardaron en darte por el culo?

– ¿Lo quieres sabes no cerdo?

– Si me lo cuentas…

– No debería, pero te lo voy a contar, que veo que te jode.

– ¿Qué me jode?, más bien me pone.

– Me dio por el culo el primero que me volvió a follar. ¿O crees que me iba a esperar?

– ¿Y como fue?

– ¿La primera o la segunda vez que me dio?

– Ah, ¿te echó dos?.

– No, es que estuvimos follando toda la semana. Luego me enteré que estaba casado y lo mandé a la mierda, pero en esa semana me dio mucho y bien por el culo.

– Hay que ser muy puta.

– Pues no haberme dejado.

– Puta.

– ¿Y tu?, ¿cuando le diste por el culo a la primera?

– Pregúntale a Bárbara.

– Menuda zorra es esa, ya la pillaré por banda.

– ¿Y ahora me vas a llamar cuando estés caliente?

– No, te voy a dejar que te masturbes pensando si me están dando duro.

– Tu veras.

Seguí follándole duro el culo. La puse a cuatro patas y volví a profanar su ya muy dilatado ano. Siempre me había gustado ver como mi polla entraba y salía en ese culo perfecto y ahora lo esta disfrutando como un loco. Marta estaba a tope.

– Ósea, ¿qué no te has pajeado mucho pensando en mi en estos años?, no te ha carcomido la curiosidad de saber si estaba sexualmente bien atendida o te necesitaba para llenarme los agujeros?, ¿no te has preguntado nunca que era de mi?

– ¿Y tu de mi?

– Me ha corroído las carnes el pensar que te has follado a toda la que has tenido a tiro, no he dejado de pensar en ti cada vez que una polla entraba por uno de mis agujero, pero me he sentido la reina del mundo cada vez que he hecho que un hombre se corriese dentro de mi o sobre mi después de haberme hecho correrme como una loca.

– ¿Qué prefieres?¿que me corra en tu culo o en tu boca? – le dije cuando notaba que se acercaba mi orgasmo.

– Sabes que en mi boca – me dijo ella.

Saqué la polla de el ojete de Marta, ambos habíamos perdido la cuenta de sus orgasmos y yo quería el mío. Me fui a levantar para ir al baño-

– ¿a dónde vas?

– A limpiármela.

– ¿Y desde cuando has necesitado limpiártela para metérmela en mi boca?, anda ven aquí y no me dejes sola.

Mire a mi polla aún con trazas del interior del culo de Marta y no lo dudé, la puse delante como a ella le gustaba y dejé que acercase su lengua a mi prepucio. Al principio se dedicó a juguetear con ella por todo el tronco de mi rabo, pasaba la lengua y le daba besitos, joder cuanto me gustaba que me la chupase. Después simplemente abrió su boca y empezó a metérsela hasta la garganta metiendo y sacándola con tranquilidad y haciendo presión con sus labios. Me llevó al orgasmo agitando con fuerza mi dura polla mientras su boca mortificaba mi polla y con ella mi alma.

Me corrí como hacía años que no lo hacía, como no lo había vuelto a hacer desde que me follé por última vez a Marta. Ella mantuvo mi lefa en su boca y me sonrió. Dio un largó trago y me beso como si el mundo se fuese acabar.

Caímos rendidos en la cama quedando dormidos abrazados y felices.

Era más del mediodía cuando abrí el ojo. Marta dormía desnuda a mi lado, su precioso cuerpo descansaba sobre su pecho y su culo quedaba respingón apuntando al techo. Ni lo pensé. Mi polla ya estaba como una roca, había pasado demasiado tiempo sin follármela y quien sabía cuando volvería a pasar.

Abrí con cuidado sus cachas y empecé a jugar con su ano. Marta ronroneaba aun dormida. Cuando un dedo entraba sin problemas empecé a meter mi rabo. Marta empezaba a despertar y a su subir su cadera para facilitar mis penetraciones. La agarré por las caderas cuando estas estuvieron totalmente levantadas y aceleré mis envestidas metiéndosela rápido y hasta el fondo. Marta empezó a gemir como una loca.

Un hombre de traje nos miraba boquiabierto desde la puerta de la habitación. Su bolsa de viaje cayó de su mano sin poder articular palabra. Marta seguía gimiendo hasta que en uno de sus movimientos de cabeza vio lo mismo que estaba viendo yo. Su cuerpo se contrajo.

– cariño, no es lo que parece.

Esa tarde a última hora Marta se trasladó a mi casa, su marido la había echado de la suya. Esa noche acabé lo empezado por la mañana. Sinceramente no sé el tiempo que se quedará en piso, pero estoy seguro que vamos a recuperar el tiempo perdido en las próximas semanas.

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