Me folle a papá

Mi nombre es María, pero desde pequeña siempre me han llamado Marieta, primero mis padres y mis hermanos y después todo el mundo conocido.

Sé que esta historia puede parecer fuerte, pero es cierta, por casualidad, o cosa del destino, tuve relaciones sexuales con mi propio padre, y eso hizo que comenzase una relación llena de sexo y pasión con él.

Yo siempre había sido una chica liberal, en cuanto mi cuerpo comenzó a experimentar cambios me sentí atraída por el sexo opuesto, por el placer que significaba el tener relaciones con alguien, y pronto me convertí en una activa de la masturbación, a los 16 años perdí la virginidad, no fue nada que merezca la pena recordar, pero después mejoró y también fui una activa en lo que a follar se refería.

Os puedo asegurar que, lo que más excita a mis ligues, es mi cuerpo, curiosamente, a pesar de tener 18 años recién cumplidos, mi cuerpo es de niña, pechos pequeños pero turgentes, caderas estrechas y un culito también estrecho, mi boca de labios gruesos vuelve loco a los hombres cuando practico mis mamadas, pues yo pronto decidí ser abierta, nunca mejor dicho, en lo que se refería sexualmente, mi coño, boca y culo ya habían sido follados muchas veces la noche que sucedió lo que voy a contaros.

Hacía meses que, quizás por casualidad, no follaba con nadie, y todo hay que decirlo estaba más que cachonda, dispuesta a follarme a quien fuera, a pesar de que tengo muchas amigas, solamente mi amiga Maite es de mi total confianza, mi mejor amiga, y no tardé en contarle lo que me sucedía.

–Si no follas es porque no quieres—me dijo.

–Ya lo sé—dije yo—Pero los niñatos de nuestra edad no sabes hacérmelo como yo quiero. ¡Yo quiero a un hombre que sepa darme lo mío!

Mi amiga se acercó a mí y bajó la voz, pues estábamos en un parque.

–Yo conozco un sitio—me dijo–Donde se practican orgías toda la noche.

Yo me quedé estupefacta.

–¿Si?—pregunté–¿Dónde?

–Que conste que yo nunca he estado—me dijo Maite—Pero dicen que entras y puedes follar con quien quieras.

–Pero no sabes donde es…

–Dicen que es en esta dirección.

Me dio la dirección, yo no dije nada, por mucho que me apeteciera follar no estaba dispuesta a entrar allí. ¿Y si me pegaban algo? ¿Y si era mentira y era un truco para atraer a chicas inocentes?

Pasaron varios días y tampoco conseguí follar, a pesar de que me masturbé de lo lindo, quería más, extrañaba el tacto de un pene dentro de todos mis agujeros follados, así que, una noche, me lié la manta a la cabeza y decidí al menos acercarme al lugar.

Mi madre trabajaba de enfermera y aquella noche tenía el turno de noche, mi padre dijo que iba a salir con unos amigos así que podía decirles que iba a quedarme en casa y después salir, averiguar de ese sitio y volver antes de que regresasen, y así lo hice.

Me puse un vestido corto, pues era un verano caluroso, llevaba unas braguitas blancas de encaje, muy sexys, y decidí no ponerme sujetador, pues mis tetitas podían ir libres al ser pequeñas.

Dentro de un pequeño bolso llevaba mis cosas, además de una caja de seis condones, algo que siempre llevaba allí, pues nunca se iba a presentar un polvo.

El lugar estaba muy lejos de casa, en un pueblo vecino, cruzando una carretera que atravesaba el campo en un polígono, en un barrio bastante peligroso, estuve a punto de echarme atrás. ¿Cómo podía ir? Todavía estaba sacándome el carnet de conducir y no tenía coche, fui a la estación de autobuses y pregunté si había un autobús que fuera a ese pueblo, por suerte, en media hora salía uno.

Vio el autobús, subí y veinte minutos después me dejó en la plaza del pueblo, durante todo ese tiempo estuve muy nerviosa, intentando no pensar en que haría al llegar allí.

No me fue difícil llegar al polígono desde donde me dejó el autobús, a pesar de que el barrio era peligroso, pronto llegué a una cola de gente que estaba reunida ante un almacén, sin duda ese era el lugar.

Me hice la remolona, no queriendo acercarme mucho, una puerta se abrió y salió un segurata, era fornido y atractivo, fue pidiendo el carnet a todos, seguramente no querían que entrasen menores y verse en un lío, cuando había entrado toda la gente, que por lo menos eran unos veinticinco, me miró, yo le miré y casi me muero de vergüenza, entonces él me hizo un gesto para que fuera, yo me acerqué.

–¿Vas a entrar o cierro?—me dijo.

Ese momento fue decisivo en mi vida. ¿Por qué no dije que no? Fácil, estaba súper cachonda, tanto que me hubiera tirado al nardo de ese gorila.

–Si—dije.

Le di mi carnet y entré mientras me preguntaba que cojones había hecho, caminé por un pasillo hasta un mostrador donde había una mujer.

–Son cincuenta euros—me dijo.

Me pareció súper caro, pero accedí como una persona hipnotizada, todo fuera por aliviar mi salvaje lívido, cuando le di el dinero ella me dio una máscara que cubría toda la cara y que serviría para mantener el anonimato, y una llave pequeña con un número, el 3, que después descubrí era de una taquilla.

–¿La tengo que llevar todo el tiempo?—pregunté.

–Haz lo que quieras—me dijo—Mientras pagues…

Entré por la única puerta que había y vi unos vestuarios, estaban separados por sexo pues solo había mujeres, me acerque a mi taquilla y la abrí, comencé a desnudarme.

Mientras lo hacía las mujeres hablaban a mi alrededor, allí descubrí que en ese lugar no había regla ninguna.

–Pienso follarme a cinco—dijo una—Batiré mi record.

–¿Te apetece enrollarte conmigo en un rato?—le pregunto una a otra.

–Claro—dijo ella.

Curiosamente esas palabras me excitaron. ¡Qué lugar! Las mujeres salieron por una puerta doble y yo, ya desnuda completamente, metí mi ropa en la taquilla, la cerré y dejé la llave puerta, era lo que todas habían hecho, las seguí y todas salimos a una gran sala que estaba en penumbras, había grandes sillones pegados a las paredes y música longue, muchos ya estaban follando, las mujeres sin decir nada, se acercaron a varios hombres y comenzaron a manosearse mutuamente, en ese momento supe que iba a follar todo lo que pudiera y más, pues mi coño se excitó nada más poner un pie allí.

Miles de hombres desnudos follaban, yo me quedé quiete. ¿Era acercarse a uno y follar sin más? No me atrevía a hacerlo.

Entonces alguien me tocó el culo, me volví, un hombre alto, algo grueso y calvo, me miraba a través de su máscara.

Era fornido, musculoso, miré su nardo, era grueso y lleno de venas, suficientemente gordo, me sorprendió, pues tan solo había probado las pollas de mis ligues, que no estaban mal pero tampoco bien, aquel pollón me hizo desearlo nada más verlo.

–¿Eres nueva?—me preguntó.

–Si—dije yo.

–Eres muy sexy.

–Y tú—dije yo sin saber muy bien que decir.

El no dijo nada más, cogió mi mano derecha y la llevó a su rabo, yo lo palpé, caliente, latía entre mis dedos, nada más sentirlo así, como un animal vivo, mi coño comenzó a mojarse por sí solo, entonces él llevó la mano hacia este y sentí sus dedos acariciando mi coñete, comencé a gemir, sintiendo sus dedos frotando mi vulva, con la otra mano comenzó a frótame mi pecho izquierdo, apretando el pezón y frotándolo.

–Que buena estás—dijo–¿Te gusta mi rabo?

–Me gusta mucho—dije yo casi sin poder pronunciar palabra—Que gordo es.

El dejó de tocarme y me trajo de repente hacia él.

–Ven aquí—dijo—No aguanto más, voy a follarte.

Me abrazó con fuerza y me frotó el culo, yo sentí su cuerpo caliente, deseoso de penetrarte.

Me alzó con fuerza y yo me aferré a él con los brazos y las piernas, allí, de pie, me abrió el coño con sus dedos y yo busqué su polla con la mano, la puse dispuesta n mi coñete húmedo y él me dejó caer.

Ambos gritamos de placer como dos cerdos en celo. La polla entró en mi coñete casi obligándolo, pues jamás había entrado allí un nardo de ese tamaño.

–Ahaaaa—grité—Que gorda, joder, me rompes mi coño.

Pero él no se detuvo, sino que comenzó a moverme a la vez que se movía, sin duda sabía cómo follar a una mujercita inexperta como yo, yo me deshacía de dolor, pero me gustaba estar ahí y no hubiera querido estar e otro lado, allí comenzó la mejor noche, sexualmente hablando, de mi vida.

Encima de aquel desconocido, comencé a gemir sin ninguna vergüenza, pues a nuestro alrededor también gemían y gritaban de placer, todas las mujeres eran folladas por los hombres como vulgares putas, yo incluida, y esa idea me excitaba, junto con aquella polla que me follaba sin parar, sin detenerse, llegando hasta el fondo de mi ser, mientras me follaba tan salvajemente yo gritaba bajo mi máscara, el roce de su nardo con el interior de mi coñete me hacía tener orgasmos casi seguidos, mi coño chorreaba de gusto.

–Ahaaa, Ahaaa—gritaba yo.

Estaba casi desmayada de placer, el tipo gritaba mientras se penetraba, moviéndome con sus manos que apretaban mi culo.

Entre todos los gemidos y grito de extraños, se escuchaban barbaridades, que hubiera excitado al papa de Roma, entre ellas las mías y las de mi amante.

–Ohooo, siii—decía él—Siente mi polla, que gusto da follarte, cacho puta.

–Oh—gritaba yo—No pares, no pares y me correré contigo, vamos, follame, follame más.

Por fin sentí que iba a llegarme un orgasmo increíble, mejor que todos los pequeños que había tenido siendo abierta por ese pollón, casi exhausta, mi vergüenza se había marchado, muchas mujeres y hombres se habían quitado sus máscaras, algo que estorbaba a la hora de hacer una mamada, sabía que quería comerme un buen manubrio así que me quité la máscara, el tipo se la quitó también, esto sin dejar de follarnos como animales.

Cuando vi quien era, no supe cómo reaccionar.

–¡Papa!

Mi padre me miró, sudoroso, ¡me estaba follando! Sentía su rabo abrirme deprisa, la casualidad había hecho que me trincara a mi propio padre.

–¡Marieta!—exclamó.

Quizás lo digno hubiera sido separarnos en ese momento, pero no lo hicimos, ¿Quién podía interrumpir un polvazo asi?

Intenté separarme, pero mi padre no estaba por la labor de soltarme, me atrajo hacia él con fuerz, nos miramos a la cara, dejó de moverse y yo también, parecía que me estaba preguntando o pidiendo permiso, yo entonces comencé a moverme sin saber muy bien la razón, aunque ahora la sé, quería su polla, su corrida dentro de mí.

Mi padre entonces volvió a moverme a la vez que se movía él, de nuevo estábamos follando como animales.

El verle allí, con esa mirada de deseo hacia mí, hacia su propia hija, me excitó como nunca. ¿Por qué me ponía tan cachonda? No lo se, pero la idea de que el rabo de mi padre estaba rompiéndome mi coñete me hizo subir al cielo.

–Nooo, ahaaa–gemí yo mientras sentía s nardo taladrarme—No pares ahora, no pares….

Me sujeté a él sabiendo que iba a rellenarme de su esperma, mirándonos a la cara nos corrimos a la vez, yo con la boca abierta y toda sudada, él no despegaba la mirada de mi.

–¡Siii!—grité–¡Me corrooooo!

–¡Ahaaaa! ¡Siii! ¡Marieta!

Un gran chorro de semen me rellenó, me aferré a él casi desmayada, incluso se me saltaban las lágrimas de gusto, después sentí otro chorro, tan violento como el anterior, y otro más.

Después continuó moviéndome, dándome las últimas gotas de su corrida, mi coño goteaba manchando el suelo.

—Fóllame—le susurré al oído, deseosa de más sexo.

–Que no nos descubran—dijo él—O la liamos.

En volandas y con su miembro todavía dentro de mí, me llevó a uno de los futones, allí había dos parejas follando, mi padre me dejó caer boca arriba en medio de ellas y se tumbó sobre mí, su nabo necesitaba un rato para volver a estar tieso así que comenzó a acariciarme mis pechos, yo no pude más y le besé, quería probar la saliva de papa, sentir su lengua con la mía, y así lo hice, papi respondió gustoso al beso, nuestras bocas babeaban una contra la otra y su lengua jugaba con la mía, jamás me habían besado de una forma tan profesional.

Llevé mi mano hacia su polla y la sentí caliente y pegajosa, comencé a acariciarla, sintiendo cada una de sus venas, su glande coronando el tronco de carne, sentí deseos de volver a metérmela dentro.

Papi me detuvo y bajó la cabeza, comenzó a besarme el pecho y después lamió mi pezón derecho, haciéndome sentir un calambre de placer.

Yo comencé a gemir mientras me comía las tetas.

–Ahaaa, si, cómemelas.

Me retorcía mientras mi padre hacía maravillas con mis tetitas, como jugaba con el pezón, como besaba el seno y acariciaba con dos dedos la aureola rosada, sin duda sabía cómo hacerlo, no pude evitar imaginármelo follándose a mi madre, ¿Le comería a ella las tetas como a mí? No cabía duda, pues estaba claro que era todo un profesional.

–Ohoo, si, son para ti—gemí yo.

Los besos bajaron por mi vientre despacio y pronto sentí los labios en mi pubis, este era algo peludito, pero no lo suficiente para resultar desagradable, le miré impresionada.

–¿Qué… que vas a hacer?—pregunté confusa.

Mi padre me miró desde mi coño, sonrió y abrió la boca, sentí un lengüetazo en toda mi rajita y un escalofrío me recorrió de arriba abajo, a pesar de que nadie podía enseñarme ya nada en el tema del sexo, jamás me habían comido el coño.

–Ahaa—gemía aferrándome a las sábanas—Mi coño.

Inmediatamente papa comenzó a comérmelo, lo rodeaba con sus labios, metía su lengua dentro de mí y la movía, haciendo que sintiera pequeños calambres orgásmicos, lamía mi clítoris mientras sus manos apretaban mis tetas, yo no hacía más que gemir.

–Ahaaaa, ssiiiiii, Ohoooo.

Durante varios minutos estuve en aquella gloria sexual, los mejores de mi vida, sintiendo pequeños orgasmos mientras la lengua de mi padre devoraba mi sexo mojado, apenas era capaz de pronunciar palabra alguna del placer que sentía.

Hasta que por fin me vino un inmenso orgasmo.

–Oh—le miré—Si, me correré, me corro en tu boca.

Mi papa, en vez de detenerse aceleró aquel cunnilingus, llevó sus manos a mi culo y apretó mi coño contra su boca, yo comencé a gritar de placer mientras me corría.

–Siii, Ahaaaaa.

Mi líquido se esparció por la barbilla de papá, seguro que mucho se lo tragó y saboreó, después se incorporó y me miró, su rabo ya estaba erecto de nuevo, yo abrí las piernas todo lo que pude y él vino hacia mí, a pesar de que me había corrido, mis muslos estaban empapados de mi orgasmo, quería más y más sexo, no reconocía a la puta en la que me había convertido.

Papa se tumbó sobre mí y yo cogí su nardo caliente y palpitante, lo puse a la entrada de mi coño y él empujó de golpe, de nuevo sentí el glande abriendo mi chochito, sin dejar de mirarnos a la cara me penetró de nuevo.

–Ahaaaa—grité—Si, métemela hasta el fondo.

–Siii, toma, nena—gimió él.

Comenzó una nueva follada, en medio de esas dos parejas, que como nosotros gemía de placer, mi padre me follaba de una forma bestial, sin importarle si me gustaba o no, y curiosamente eso me excitaba de una forma increíble, su nardo llegaba hasta el fondo de mi sexo, entrando a toda velocidad, yo intentaba gemir, pero con cada golpe este gemido era interrumpido, me empujaba hacia delante y nuestros cuerpos chocaban en aquella salvaje cópula. “Chop, chop”.

–Ahaaaa–grité entrecortada—Para, que me destrozas.

Pero papá no paraba, y esas palabras quizás le excitaban más.

Yo estaba casi desmayada, él empujó una última vez y se detuvo, el gran chorro de semen me rellenó de nuevo, lo sentí profundo, me gustó, le miré a la cara y nos besamos de nuevo mientras otro chorro, y después otro, me llenaban.

Después nos quedamos así, quietos, unos minutos, besándoos y acariciándonos.

–Escucha—oímos de repente.

Los dos miramos a la pareja que follaba al lado, eran jóvenes, el chico tenía el pelo rubio y era bastante guapo, la mujer tenía, he de reconocerlo, su cuerpo mejor que el mío, con tetas más grandes y mejor culo.

–¿Cambiamos un poco?

–Si—dijo mi padre sin pensárselo.

Se apartó de mí y yo me quedé tumbada, casi desfallecida, la mujer fue hacia él y mi padre la puso a cuatro patas en el suelo a apenas un metro de mi y desde donde podía verles perfectamente, tanto yo como el chico rubio, la mujer se dejó hacer, pues estaba claro que como yo había aceptado ser un objeto sexual.

Mi padre se la metió por el culo de una vez, haciéndola gemir.

–Ahhu.

El chico rubio se puso sobre mí, yo miré su rostro y sentí su cuerpo sudado contra el mío y no pude evitar excitarme, ninguno de los cuatro dijimos nada, sentía el pene ajeno abriéndome, era más largo, que no más gordo que el papa.

Comenzamos a follar, yo, cuando no miraba y besaba a aquel hombre, miraba a papa, el cual penetraba con violencia a aquella mujer mientras me miraba.

–Ahaaa–gemía yo—Siii, más, no pares.

Todo eran gemidos en aquella sala, donde no existía la vergüenza, yo no tardé en correrme de nuevo, aunque aquel orgasmo no era nada comparado con los que mi padre me había dado, el chico rubio se corrió dentro de mi después y se apartó, la mujer comenzó a gritar a coro con papá.

–Toma, siiii—gritó papa.

–Sii,–gritó la mujer—Relléname mi culo.

Ambos vimos como se corrían, después la pareja se fue a la otra punta de la habitación, donde había otras parejas.

Yo no me moví, estaba dolorida, exhausta, sudada, follada y bien follada, mi padre se marchó, comenzó a hablar con una mujer algo mayor que estaba sola.

Dos hombres vinieron hacia mí y me pusieron de pie, yo me dejaba llevar, ambos ya no tenían máscaras, no era muy guapos , sus cuerpos eran normales y sus penes también, pero allí no existían gustos ni reglas, aquella orgía era una anarquía de sexo y sudor.

Ambos comenzaron a tocarme por todo el cuerpo, uno se puso detrás de mí y comenzó a tocarme el culo y las tetas, yo cogí sus pollas, erectas y calientes, y comencé a acariciarlos y masturbarlas, sintiendo sus venas y sus latidos deseoso de entrar en mí. El que estaba delante de mi me tocaba el coño, frotándomelo con fuerza, yo gemía de gusto, mi padre continuaba follando a aquella mujer mientras no separaba la vista de mi.

El tipo que me tocaba el coño me atrajo hacia él, yo salté y me abracé a su torso desnudo, él me sujetó el culo con las manos y me dejó caer, me la metió de golpe al igual que antes lo había hecho mi padre, yo di un grito de placer al sentirme de nuevo abierta.

–Ahaaaa.

Comenzó a follarme violentamente, yo gemía abrazada a su cuello, sumida en un intenso placer, mi padre continuaba penetrando con fuerza a aquella mujer, empujándola con violencia hacia delante.

No había mejor excitación que vernos follar.

El otro tipo se acercó a mi por detrás y me separó los glúteos con las manos, yo adiviné que iba a romperme el ano con su nardo excitado, por supuesto no era la primera vez que me abrían el culo, pero temí que me hiciera daño.

Sentí la punta de la polla en mi agujerito, estaba pegajosa, empujó y me abrió sin titubeos, me dolió como siempre duele cuanto te entran por detrás.

Me aferré todavía más el hombre y sentía la polla entrándome por el culo, abriendo las paredes de mi ano hasta que no entró más y pude sentir los pelos de su sexo contra mi entrada.

–Ahaaa–gemí—Mi culo, mi culete, que daño.

Los dos tipos empezaron a follarme rítmicamente, sus pollas entraban a la vez y me hacía sentir calambres de dolor, pero también de placer, era un dolor que me excitaba, como cuando me daban alguna palmada en el culo antes de follar y me tiraban del pelo para que chupara una polla.

–Ugh, ugh—gemía—Si, más, más.

La mujer a la que mi padre follaba se corrió, gritando bajo su máscara, después se levantó y se fue, seguramente en busca de otro nardo, mi padre se levantó sin dejar de mirarme, yo le miraba mientras era follada por mis dos agujeros.

Me follaban con tanta violencia que sus cuerpos golpeaban contra el mío, tenía la sensación de que sus pollas iban a encontrarse dentro de mí, rompiéndome las barredas entre mis tripas y mi útero.

–Ohoo—gemía—Ohoo, ahaa.

Sentí un sublime orgasmo mientras aquellos nardos me follaban deprisa, mi coño goteó hasta el suelo como si me hubiera meado y mi boca babeó de placer.

–Ahaaa, siiiiii.

Después comenzaron a follarme, si cabía, más fuerte, como si fuera una puta a la que estaban usando, como animales, ¡jamás me habían follado de aquella forma! Mi padre miraba atento como penetraban a su hija, su pene continuaba erecto y supe que estaba reservándose para mí, se masturbaba mientras observaba el espectáculo.

El verle allí, deseándome follarme de nuevo, hizo que me excitase todavía más si cabía, cuando los dos tipos tuvieron un orgasmo sentí yo otro mucho más potente que el anterior, esta vez casi me desmayo de placer.

–Ohoooo, siii—grité como una auténtica zorra–¡Me corrooooo! ¡Siii! Folladme más, más.

Los hombres gimieron casi al mismo tiempo y primero sentí como mi coño se rellenaba de esperma desconocida, caliente y violenta, después mis tripas fueron sorprendidas por otra corrida, no acabaron allí, pues después continuaron penetrándome, dejando sus últimos restos dentro de mí, cuando se separaron se marcharon, ya me habían usado, no les hacía falta.

Yo quedé sentada en el suelo, atontada y con semen escapando de mis podres agujeros, estaba sudada y saciada como nunca, mi padre me miró y yo le miré a él, le sonreí, su pene latía erecto y yo entendí lo que quería, lo que queríamos ambos, yo quería que el primer rabo que comiese allí fuera el de papa y él quería darme una buena ración de lefa.

Gateé hacia él y me puse de rodillas, le miré mientras cogía su polla y la masturbaba, estaba ardiente, era dura, gorda y venosa, erecta, se mantenía casi en horizontal, su sola visión me excitó.

Abrí la boca y me la comí de una y decididamente, la rodeé con mis labios y escuché gemir a papá.

–Ohoo.

Comencé a comerla, a mamarla, había mamado muchos rabos y me consideraba buena haciéndolo, sentí la mano de papa en mi nuca, me empujó y tragué del todo la polla, me llegaba hasta el final, me gustaba, papa comenzó a marcarme el ritmo, busqué los testículos y los acaricié despacio, gemía deliciosamente.

–Mmmhmmm, mammmamm.

–Me correré en tu boca—me dijo papa.

Me sentía privilegiada por estar allí, comiéndole el rabo a mi padre, quería darle un buen placer, que estuviera orgulloso de mí.

Chorreones de saliva escapaban de aquella mamada, manchándome la barbilla y la mano, el nardo de papa era gordo y sabroso, invadiendo cada rincón de mi boca sedienta de semen.

Sentí como la verja se hinchaba y me la metí hasta el fondo de mi boca, pude sentí el precum saliendo en mi garganta, goteó dentro de mí, después aceleré la mamada todo lo que pude y escuché el gemido que me avisaba de que iba a comerme su semen.

–Aquí llega, ahaaa.

El semen salió a borbotones, violentamente, jamás había probado una corrida tan rápida, me llenó la boca y tragué gustosa, su sabor era dulzón, gelatinoso, casi me corro al sentirlo, después otro chorro escapó de mis labios, otro salió al mismo tiempo que sacaba la polla de mi boca y me mojó los labios, la barbilla, le miré mientras masturbaba el nardo y otro chorro me mojó la cara, después otro, con cada uno de ellos papa gemía.

–Ahaa, Ohoo.

Cuando ya no le quedaba más semen me aparté de él, relamiéndome su corrida, papa me miraba gustoso.

Me puse de pie con las piernas temblorosas por el placer sentido, salí de la sala y entré en el vestuario, done había unas duchas, allí, algunas personas se duchaban, como yo, ya no querían más sexo, era tarde y supe que tenía que irme a casa para que mi madre no sospechase nada.

Me duché y en el vestuario me puse mi ropa, devolvía la llave y, salí a la calle, todo parecía desierto, iba a marcharme hasta la estación de cuando alguien me chistó. ¿Papa?, no, era el gorila, el segurata, estaba a pocos pasos de la puerta.

Caminé hacia él y mientras lo hacía vi que me miraba de arriba abajo con una mirada que solo podía significar quien pudiera follarte.

Nada más llegar e él se abalanzó sobre mí y me alzó en el aire, yo grité, vi como se metía en un callejón lateral donde había unos cubos de basura y me soltó de golpe sobre algo blando, era un colchón.

Yo me quedé estupefacta, sin decir nada, él me miraba con una excitación que le hacía resoplar, allí, de pie, llevó sus manos a su bragueta y se sacó el nardo, yo me quedé boquiabierta ante tal badajo supe que iba a metérmela por todos mis agujeros.

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