Me gustan más los maduros

Hola. Me llamo Sandra. Tengo 23 años, soy rubia y, por lo que dicen y noto, debo estar bastante bien. Me gusta hacer el amor, pero me gusta más follar, ceo que entenderás la diferencia. No soy virgen desde los 18. Algunas mujeres dicen que el dia que perdieron la virginidad fué un día maravilloso que nunca olvidarán. Yo tampoco lo olvidaré, pero por lo malo que fué. Fué con un medio novio, no tenía ni idea, se corrió a los dos minutos, me dejó en blanco y, encima, me hizo daño. Menos mal que la virginidad solo se pierde una vez porque si no me hago lesbiana (que, por mi experiencia posterior, tampoco está mal. Aunque sigo prefiriendo a los hombres, las mujeres son maravillosas. Si saben, claro). Posteriormente, he tenido bastantes experiencias sexuales, la mayoria buenas. Pero eso no es el objeto de mi relato, sino contarte el cambio en mis preferencias y por qué.

Todo cambió el verano pasado. Nos fuimos a Mallorca cuatro amigas, nos íbamos a divertir, reirnos y, por supuesto, follar. Playa, turismo, cena, alguna copa en el hotel para coger un puntito y, después, a cazar o ser cazadas. Pero ocurrió algo inesperado. El camarero del bar del hotel (un negro de la pinta de Morgan Freeman, de cuerpo y de edad, bromista y vacilón con todo el mundo y en especial con las chicas jóvenes) nos oía cada día contarnos entre risas nuestras conquistas y aventuras y nos gastaba bromas. Su broma favorita era “Qué tal va la cacería?”, con mirada socarrona. También nos piropeba mucho y muy atrevido. Tomamos confianza con las bromas y un día, solas con él en el bar, le preguntamos si era verdad que los negros la tenían más grande. El nos miro sonriente y dijo “Los negros no sé, yo sí”. Nos echamos a reir y bromearle pero, yo al menos, con curiosidad y algo de excitación. “La queremos ver, seguro que es un farol!”. Pero él, sonriendo, nos dijo: “Señoritas, eso les costará una buena propina, solo la enseño en privado y de una en una”.

Muchas risas y muchas bromas, pero nos dejó cachondas y curiosas. Un poquito de alcohol y el chochito humedo, dan mucha arrojo. Nos quedamos hablando del tema. Al final, juntamos 60 euros y echamos a suertes quién probaba y luego contaba. Este relato existe porque gané yo. Le preguntamos a qué hora salia y que si seguía la”oferta en pié. Por supuesto, dijo, a qué habitación voy a las 12?.

Estaba en la habitación excitada y un poco nerviosa. Tampoco estaba segura si era una broma y no aparecía. Cuando llamó a la puerta con los nudillos, casi me temblaban las piernas, estaba deseando pero no sabía qué hacer. No hizo falta, porque él si sabía qué hacer. Cerro la puerta, me atrajo hacia él y me beso en la boca. Era más alto que yo, cuando me pegó a su cuerpo, sentí su polla en mi vientre, no parecia tan grande. Sin dejar de comerme la boca me quitó la bata y la dejo caer al suelo. Me quedé con el sujetador y el tanga. Me apartó un poco y me miró. Sonriendo me dijo: ¿Así que tu eres la ganadora del espectaculo de la gran polla de negro, y la que les contará a las amigas cómo es de grande?. No sé cómo sabía eso, no nos había oido. Ahí es donde empecé a notar, a senti, que aquello iba a ser distinto, este no era un jovencito inexperto ni iba a ir a “remolque”, ya sabía que iba a ir yo.

Me cogió en brazos y me tumbó en la cama. Mientras se desnudaba, mirándome, yo no quitaba mis ojos de su entrepierna, estaba expectante de su polla y no podía evitar acariciarme el chochito, estaba excitada, ansiosa por verle la polla. Cuando se quedó desnudo me miró sonriendo. Yo le miraba la polla. Era grande, pero no parecía exagerada. . Pero aquello era el prólogo. Cuando la cogió en su mano y empezo a tocarse, la polla pareció tomar vida propia. Ese era el espectáculo y yo estaba en la primera fila. Era enorme, brillante, con venitas hinchadas y un capullo que parecía una enorme fresa.

“Ven, muñeca, me dijo, ven ver de cerca tu premio”. Se acercó a la cama. Yo no podía apartar mis ojos de la polla. La cogí con las manos. No tengo las manos muy grandes, pero con mis dos manos no podía cubrir ni la mitad. Estaba como borracha de excitación, deseando chuparla, pero no podía evitar pensar que su polla no me cabría en la boca, y en el chochito menos. Pero eso me excitaba aún más. Quería comprobar las dos cosas. Una locura.

Si me cabía en la boca, al menos de gorda, de larga no porque a la mitad me ahogaba, me llegaba a la garganta. Estuve un rato mamando, lamiendo, besando aquél pedazo de carne. Latía en mis manos, que la recorrían, la apretaban, la acariciaban. Latía en mis manos y estaba caliente al tocarla. Subía mi mirada para encontrame con la suya. Me gustaba mirarlo mientras se la chupaba, su cara satisfecha, su sonrisa de verme desatada con su polla en mis manos, en mi boca orgulloso de que no pudiera abarcarla.

Noté algo en su polla que creía era el anuncio de correrse. Pero no lo hizo. Ma apartó la cabeza y las manos, yo me rebelaba, quería seguir. No me dejó, me echó sobre la cama y me puso a cuatro patitas. Yo estaba muy excitada, pero un poco asustada pensando cómo iba a entra eso em mí cuerpo, en mi coño, y pensar que me la quisiera meter por el culo era una mezcla de deseo y casi terror.

Pero n la metió todavía. Me abrió las nalguitas con sus manos y acercó su boca, notaba sua liento en la raja. Cuando noté su lengua recorrer todo despacio, desde mi botón hasta el agujero del culo, casi me derrito. Me lamía despacio, notaba su lengua acariciarme, movía mi cuerpo hacia atrás buscando su pboca, su lengua, que notaba como se detenía en mis agujeritos, parecía querer follarme con la lengua, metrela en mi culo. No me habian hecho eso nunca, era una delicia, una guarrería, pero no sabía si jadeaba o me corría al sentirlo.

Proteté un pco cuando dejó de lamer. ¡Quiero más!!, le decía suplicante. Espera, princesa, ya lo tienes suave. Me puso boca arriba y se puso encima, no sobre mí, se sujetaba con los brazos. Me puso su polla sobre el chocho, sobre el vientre, y la movía despacio, la frotaba sobre mí. Yo levantaba el cuerpo, para sentirla más, le cogía del cuello y lo atraía para comerle la boca, le pellizcaba los pezones y los pelos blancos de alrededor. ¡Métemela!, le suplicaba, no puedo más. ¡Por favor!. El sonreía y apoyaba su capullo en la entrada de mi chochito, disfrutaba haciéndome sufrir, verme suplicar polla.

Cuando empezó a introducirla, notaba como si me desgarrara. Cuando me desvirgaron noté un desgarro, pero aquello era otra cosa, quería sentir su polla dentro, hasta donde llegara, lo más dentro que pudiera.. Notaba mi coño abirse, notaba algo de dolor, peo quería más. Cuando llegó hasta donde yo creía que más era imposible, intentaba levantarme para ver cuanta polla quedaba, no logré verlo, pero creo que no entro ni la mitad. Cuando me acomode un poco al intruso, empezó a moverse, despacio, suave, ritmicamente, la movía un poco hacia dentro y hacia fuera. Yo le abrazaba con los muslos el cuerpo, intentaba levantar mis caderas, pero no conseguía nada. Él marcaba el ritmo, el suyo y el mío. Mis jadeos y casi mis chillidos aumentaron cuando sentí su polla dar como un espasme, se ponía más dura parecía. Hasta que note su jadeo, sus ojos semicerrados. Era el anuncio de su corrida. Sentía sus espasmos al descargarse, al llenarme de su semen, en cada espasmo nootaba un chorro, aunque creo que era más mental que físico. Me corro varias veces cuando follo, alguno sería junto al suyo. Cuando acabó se derrumbó sobre mí. Sentía su polla, ya menos dura, húmeda sobre mi vientre. Pesaba mucho pero no me impotaba, le acariciaba la espalda, el culo, lo abrazaba con mis muslos, mientras me besaba el cuello.

Estuvimos follando una semana. Todos los días. Yo estaba loca por verlo cada noche. Nunca me habían follado así. Aquello era otra cosa. Él era el que sabía, quién decidía que hacer cada día. A veces me preguntaba, pero le decía que no hacía falta, iba por delante de mí. Intentamos que me la metiera por el culo, pero no pudimos, era imposible, aunque yo lo deseaba. Mamé durante horas. Y bebí su semen, suave, tibio. Me acordaré toda la vida.

Aquello cambió mi vida, al menos en el sexo. Saqué varias conclusiones. Follar con maduros expertos es otra cosa que con chicos de mi edad, que no saben, no se atreven o no te quieren “ofender”. Los jóvenes son menos morbosos, menos guarros y monocordes. Ya no te digo cuando se enamoran, que te ven como a una princesa y te miran con ojos de corderito y quieren hacer el amor. Si les dijeras que tu lo que quieres es follar y que te laman el culo, saldrían corriendo la mayoría. La otra conclusión es que me gustan las pollas grandes, las de coger con las dos manos y qye sobre. Pero, sinceramente, no son las que más gusto dan. Quitada la curiosidad y vivida la experiencia, son mejores más pequeñas. Te hacen menos daño, las sientes entera (y los huevitos golpearte) y te entran por el culito, si te apetece. De hecho, con un taxista que me tiró los tejos y acabé follando en un motel, cuando le dije que follábamos si no la tenía muy grande, se quedó sorprendidísimo y se rió. “Yo creía que era al revés”, me dijo. Acabamos follando, luego se lo expliqué y lo entendió. Me la metió por el culo, claro, pero eso lo contaré otro día, esto ya es muy largo

Es el primer relato que escribo, me he excitado reviviendo mis cosas y me ha gustado la experiencia. Si, de, paso, he conseguido ponértela dura la experiencia es doblemente satisfactoria. Si me animaras seguiría contándote mis cosas. Me agradaría algún comentario. Si es buenos, para seguir y, si es malo, para dejarlo. No aspiro a ser escritora. Solo quiero excitarme y excitarte. Si los comentarios son un poco subidos de tono o quieres darme alguna inspiración, idea o contarme tus fantasías, no lo hagas por un comentario, mejor dímelo a mi correo personal [email protected]

Un beso por leerme

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