Mi amigo de paseos

Esta historia comenzó en la mañana de un día cualquiera. Una de aquellas mañanas en las que yo salía a caminar, como cada día, alrededor de la ciudad.
Había coincidido alguna otra vez con un señor, un poco más jóven que yo, que solía caminar a mi lado. Alguna vez él había hecho algún comentario sobre el tiempo, y poco más… Pero aquella mañana inició una conversación un poco más profunda…

-Hola amigo, veo que siempre haces el mismo recorrido…
-Si, es que tengo que caminar cada día, al menos una hora, para mantenerme en forma y tratar de perder algunos kilos…
-Pues si no te importa, podemos caminar juntos, y así vamos hablando. De esta forma el camino se nos hará más ameno…

A mi me pareció una buena idea, aunque ellos me impedia escuchar las tertulias de la radio. Pero no me importó, porque siempre es bueno hacer nuevos amigos.

Así fuimos profundizando en nuestra amistad. Yo le dije que había enviudado hacía algunos años, y él me contó que se había jubilado anticipadamente por una incapacidad física. Me dijo que había sido profesor de educación física en un conocido colegio de la ciudad, y que ahora se dedicaba a vivir su vida.

Estaba casado con una conocida abogada en ejercicio, aunque me confió que estaban atravesando una crisis de pareja. Yo traté de quitarle importancia a sus problemas, diciéndole que todas las parejas tienen problemas, pero que lo importante es saber solucionarlos.

Me dijo que tenían un hijo, ya mayor, que todavía vivía con ellos, aunque él hacía su vida y se ausentaba con frecuencia de su casa, para hacer su vida. En fin, una familia española como tantas otras…

El hombre me parecía bastante atractivo, con una inmejorable forma física; un cuerpo, cuidado, como buen profesional de educación física. Yo imaginaba un cuerpo excelente, bajo aquel chandal azul. Un cuerpo que, algunas veces, desee poder abrazar y sentir en la intimidad.

Pero nada hacía presagiar que aquel hombre “entendiera”. Era un hombre apuesto, varonil y de aspecto muy masculino. Por eso, en ningún momento llegué a pensar que nuestra relación pudiera ir más allá de la simple amistad…

Pero un día me invitó a ir a su casa. Entonces pensé que me iba a proponer algo de sexo. Sin embargo, llegamos a su casa y me pasó al salón, diciéndome que su esposa estaba durmiendo en la habitación de al lado. Así que descarté inmediatamente los pensamientos de sexo. Era demasiado atrevido pensar en sexo, teniendo a su mujer durmiendo al otro lado del tabique…

Estuvimos un rato en la casa y me obsequió con un trozo de pastel que él mismo había hecho. Luego volvimos a la calle y seguimos con nuestro paseo habitual.

Yo le había comentado que tenía una gran colección de películas, poniéndolas a su disposición. Entonces él me propuso ir a mi casa para que le prestase algunos títulos… Así que, nuevamente pensé que podríamos tener sexo en mi casa. Pero una vez allí, no encontré ningún motivo que me permitise abordar el tema. En mi casa nos sentamos en el sofá de mi salón, uno junto al otro, pero no se dio la oportunidad de ninguna proposición sexual. Así que, nuevamente, nos despedimos hasta el dia siguiente.

Seguimos viéndonos, como cada día, y un día me pidió que le acompañara a la casa de un amigo suyo, escultor, unos años mayor que él. Llamamos a la puerta y una voz contestó a través del telefonillo diciendo que bajaba inmediatamente.

A los dos minutos apareció un señor, bastante apuerto, con un perrito caniche. El escultor tenía un tufillo gay que se notaba a dos leguas. Yo no entendía nada, aunque se me iban aclarando las ideas. Resulta que este señor era muy amigo del matrimonio, y muchos días lo invitaban a comer en su casa. Pero seguían sin cuadrarme las cuentas… O quizás ellos se entendían con la aprobación de la mujer de mi amigo, o tal vez los tres se las apañaban en un consentido trio amoroso… Para mi nada estaba claro.

Un día no coincidimos en nuestro paseo, y un poco más tarde la esposa me llamó por teléfono. Yo no había hablado nunca con ella, y por eso me extrañó tanto que ella me telefoneara. Entonces entendí algunas cosas.

La señora me contó que su marido tenía una minusvalía mental, por la cual había sido jubilado anticipadamente. También me dijo que muchas veces desaparecía y ella no sabía cómo localizarlo, porque él se negaba a usar teléfono móvil… En resúmen, ella me alertó de que su marido no estaba mentalmente bien, y que tenía un gran desequilibrio emocional…

La verdad, aquella llamada me alarmó bastante, porque me vi involucrado en una rara historia en la que no deseaba participar. ¿Porqué le había dado él mi número de móvil? ¿Qué tenía que ver yo con sus historias? ¿Qué necesidad tenía yo de verme en medio de estas desavenencias familiares?

Así que decidí cortar con aquella amistad y trataba de no coincidir con el. Cambié el itinerario de mis paseos, y evitaba encontrarme con él. Pero, a pesar de esto, alguna vez coincidimos, y yo siempre buscaba algún pretexto…

Sin embargo muchas veces me acordaba de él, porque realmente era un hombre muy apuesto. Yo me había forjado muchas fantasías pensando en él. Me imaginaba revolcándome en la cama con este hombre, y cada vez que pasaba esto, me excitaba mucho, habiendo llegado a masturbarme con estos pensamientos…

Recuerdo que él tenía un problema de diabetes, que le ocasionaba un deseo constante de orinar. Muchas veces tenía que entrar en cualquier cafetería, porque no podía aguantarse la orina. En estos pensamientos estaba cuando hace poco tuve unos deseos incontrolables de volver a encontrarme con él, después de unoa años sin saber el uno del otro…

Volví a caminar por el mismo recorrido que cuando le encontré. Deseaba tener una relación con este hombre. Quería verlo desnudo, disfrutar de él, sentir aquel cuerpo abrazado al mío… Sentir sus besos y sus caricias… Y lamentaba mucho haber reaccionado como lo hice, cuando su esposa me llamó aquel día…

Yo me había propuesto llevármelo a la cama, y para eso me preparé un plan para cuando me lo encontrara…

Y la ocasión no tardó en llegar… Una mañana nos encontramos. El, como siempre, con su chandal azul, y yo con mi pantalón corto deportivo…

-Hombre Manuel, cuanto tiempo sin vernos…
-Hola, Juan; es cierto. ¡Cuánto me alegra verte!
-¿Qué es de tu vida? ¿Has vuelto a caminar como antaño?
-Si; es que tengo algo elevadas las cifras de glucosa en sangre y tengo que caminar. Lo que sea para evitar una medicación para la diabetes…

Comenzamos a andar como si nos hubiésemos visto el dia anterior… Y aquí puse en práctica mi plan para tener más intimidad con él…

-Cuando quieras alguna película te vienes a mi casa y te llevas las que quieras…
-Pues, si te parece, al regreso paso por tu casa y escojo unas cuantas…

Así lo hicimos, y al regreso de nuestro paseo, nos dirigimos a mi casa. Yo me las prometía muy buenas, pensando en que, por fin, le iba a ver desnudo…

Llegamos a mi casa y comencé con mi plan:

-Juan, me han dicho que tener sexo con frecuencia hace descender los niveles de glucosa en sangre…
-¿De verdad?, dijo él…
-Eso he leido… je je, Claro que como tu estas casado lo tienes más facil que yo… Yo como no sea con la “alemana” no tengo otro tipo de sexo.

Mientras yo le decía esto, me echaba mano a la bragueta… Y fue entonces cuando me di cuenta de que su pantalón se había abultado en esa zona… O sea, que se había empalmado…

Entonces él me dijo:

-Hace mucho tiempo que no tengo relación sexual con mi mujer. Es más; dormimos en habitaciones separadas… Lo máximo que hago es masturbarme…

Yo también me estaba excitando por momentos, haciéndose más que evidente lo abultado de mi bragueta… A todo esto yo seguía tocándome el paquete, pero ya lo hacía descaradamente…

El me dijo:

-Pues yo no he oido eso, pero een todo caso, el sexo siempre es muy gratificante… je je…

Ambos estábamos descaradamente excitados, lo que evidenciaba que estábamos ansiosos por sacar nuestras vergas y masturbarnos…

Pero yo insistía:

-No parece demasiado descabellado que una buena actividad sexual contribuya a que desciendan las cifras de glucosa en sangre…

-En todo caso, masturbarse siempre es saludable…

-Oye, ¿te parece normal que alguien de mi edad tenga ganas de masturbarse con frecuencia?

-Pues creo que si, amigo, porque yo tambien estoy igual. Me la meneo más que los monos… je je

Yo no pude aguantar más tiempo y decidi jugármelo todo. Así que, por debajo de la pata de mi pantalón deportivo, (pantalón corto), dejé asomar la punta de mi polla. Exactamente mi capullo… El no sabía qué hacer ni que decir, pero de pronto se bajó el pantalón de su chandal, dejando ver un hermoso falo. Aquel falo que yo tanto había deseado ver y tocar. Y no solo eso; yo deseaba tenerlo en mi boca…

De este modo, ambos comenzamos a manosearnos nuestras vergas, pero ninguno de los dos se atrevía a coger la polla del otro… Solo nos mirábamos nuestras vergas muy complacidos, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso…

Una vez más, yo me lancé hacia él, agarrando aquel “tronco del brasil”, acariciándolo con mimo y llevándolo a mi boca… Mi amigo tenía la polla para reventar, y yo le pasaba la lengua muy complacido, hurgando con mi lengua dentro del hoyito de su capullo… El suspiraba y gemía, mientras su mano buscaba mi polla para masturbarla…

Ya, sin el menor disimulo, nos desnudamos y nos dirigimos a mi habitación. Ambos estábamos locos de deseo, y por fin se iban a cumplir mis deseos…

(continuará)

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