Mi colega es transexual

Mi nombre es Carlos, tengo 20 años y vivo en un pueblo de Barcelona a unos 20 minutos en tren de la ciudad. Soy moreno (o castaño oscuro, pero es más rápido decir “moreno”), ojos azules y pestañas largas, mido 1.67 y peso unos 74kg. Estoy un poco gordito aunque mis amigos siempre me dicen que estoy normal.

Estoy en las vacaciones de verano del primer año de un ciclo superior de informática y tengo la suerte de haber entrado a trabajar recientemente en un bar/cafetería a 5 minutos andando de mi casa. La paga no era un chollo pero me permitiría costear la mayoría de mis gastos y ahorrar para viajes. Mi prima me había conseguido enchufar para hacer una prueba y al parecer les gusté, ya que me volvieron a llamar para empezar el periodo de pruebas el mismo día de la final del mundial (cosa que me jodió un poco bastante). Pero bueno… tenía una oportunidad de trabajo y ya llevábamos dos años en crisis, por lo que me aguanté y lo hice lo mejor que pude. No fue nada mal: me dijeron de seguir la semana próxima y encima llegué justo para ver a Iniesta marcar EL gol.

Creo que me he ido un poco del tema… Acabo de entrar en la cafetería a trabajar, normalmente a tiempo partido por lo que tengo la suerte de coincidir con dos camareros por la mañana y otros dos por la tarde que van enseñándome sobre la marcha lo que necesito aprender (Ah, lo de suerte es ironía, no tengo nada de tiempo libre y acabo reventado todoslos días). Uno de mis compañeros se llama Alejandro, uruguayo de 28 años, moreno y ojos oscuros, que es el que se queda conmigo para el cierre de la caja y del bar. El cabrón es un tiarrón de 1.85m que, sin ser ningún bellezón, se sabe atractivo y levanta cierto interés entre las mujeres en general. Además tiene mucha labia y siempre tiene algo de qué hablar.

Me cae bastante bien porque además de ser mi compañero en el trabajo y que me estaba ayudando en todo lo que podía, es simpático y más o menos compartimos gustos similares. Las jornadas con él son más fáciles, se pasaban más rápidas cuando hablábamos de fútbol, sucesos de las noticias, de los Simpson y hasta de cosas sin relevancias que se me quedan en la cabeza mejor que lecciones del curso o del trabajo (¿Alguien sabe cómo se llama la mosca por la cual se conocen algunas enfermedades humanas? Drosophila melanogaster. Luego no soy capaz de recordar en qué estante está el vodka o cómo se prepara un café bombón).

Otro punto a favor de Alejandro: a veces me invita a fumar marihuana con él. Vale, puedo imaginar qué es lo que pensáis, pero para empezar cuando yo tengo también le doy y además del colocón, también me gustan las charlas intranscendentemente profundas de la fumada que tenemos él y yo. Él me cuenta sus vivencias y experiencias que, aunque solo me saca 8 años, son muchas más de las que probablemente yo tendré en la vida. No es del todo extrañar, habiéndose mudado de continente a los 18. Las conversaciones con él son interesantes.

Uno de estos días en los que cerramos el bar por la noche y nos quedamos solos en el interior, fregando y fumando un peta, empezamos a hablar del tema de ligues. Bueno, digo “empezamos” a hablar en el sentido abstracto de la palabra, porque más bien él es quien habla:

– A mí como más me gustan son las que tienen cara de inocente y luego son muy putas. Me encanta cogerlas así y follarlas duro, pidiendo más -dice, mientras hace el gesto universal de la postura del perrito.

Yo no tengo mucho que contar: mi primer y único “rollo” fue a los 17 años mientras estaba de campamento en Inglaterra y casi no hubo más que morreos come-hocicos. Por gustarme, me gustan casi todas, otra cosa es que yo le guste a ellas, ¿no?

Y entonces me hace la pregunta:

– Por cierto, ¿te gustan los hombres o las mujeres?

– Las mujeres -digo, aunque no es del todo verdad. Hace unos meses que estoy sintiendo curiosidad por los tíos y, de hecho, en el viaje de fin de curso de secundaria, recuerdo hacerle una paja a un compañero de clase… aunque no me moló mucho. Así que qué va, yo no soy gay. No me veo en una relación con otro tío. Aunque sí es cierto que ahora siento más curiosidad que cuando experimentaba a los 16. A veces veo vídeos de tíos chupándola y no me dice gran cosa, aunque en alguna que otra ocasión me he visto pensando en la mamada.

– También podría ser que te gustasen los hombres y las mujeres.

Ups.

– Que va, que va, solo tías. Si hasta los 8 años solo daba besos a mi padre y a mi abuelo, y porque mira, eran ellos. Y con mi padre me costaba más.

No es mentir, es decir la verdad a medias. De verdad que no daba besos ni a mis tíos, manía de niño. Vale, soy un mentiroso y un cobarde.

– ¿Eres virgen?

¡Eh, eh, eh, eeeeh! ¡Un momento! Cierto es que mi “biblioteca de ligues” está más bien vacía. Soy muy tímido y reservado, pero eso NO implica que sea virgen. Lo peor es la forma que lo dice, una pregunta para no ofender pero con una afirmación entre líneas que flipas, dando a entender que no me imagina en la cama con ninguna chica. Perdí la virginidad a los 19 años y mantuve una relación de follaamigos durante 6 meses con una chica que conocía de una afición online en común, que en realidad no me gustaba pero era inteligente y parecía interesada en mí, aunque creo que estaba un poco loca. No soy un Casanova, vale, pero tampoco soy virgen, joder. Bueno… no del todo, ya que desde entonces, sequía total y una capacidad cada vez menor para hablar con las mujeres sin parecer un idiota. Y ya va para un año y dos meses. Y así se lo hago saber… omitiendo cosas, claro.

– Que vaa, si hasta hace poco (14 meses dividido entre todos los meses sexualmente disponible se acepta como “poco”) estaba con una con derecho a roce.

– A ti lo que te falta es pasar un par de semanas en la montaña con un poco de agua y comida para hacerte un hombre.

– Quita, yo sin internet no sobrevivo jajaja ¿Has acabado con los lavabos? Yo me encargo de la plancha.

Y así, es como corto con una conversación que puede acabar mal. ¿Yo de acampada con él? Ja. Ya demasiado que un chaval introvertido y vago como yo esté trabajando de cara al público, no pidas tanto como volverme aventurero.

Los días van pasando y con ellos 9 meses que se esfuman casi sin darme cuenta, entre el trabajo y el ciclo. Mi confianza con Alejandro es cada vez mayor, cosa normal dado que pasamos mucho tiempo juntos. No lo llamaría amigo, porque solo alguien con el 100% de mi confianza es mi amigo, pero sí es un buen colega al que escucho lo que me tenga que decir y hasta le dejo juegos de la play (solo vips). Incluso he de decir que alguna vez me he excitado pensando en él y he tenido que ver porno gay para aliviarme, ya que últimamente me pone más que el sexo heterosexual.

Las fumadas cada vez son más asiduas, casi casi uno cada día que trabajamos juntos. Digo “casi casi” porque a veces caen dos. Él a veces también se bebe uno o dos lingotazos de whisky. Yo no bebo casi nunca, que soy sano y me sienta mal, odio la resaca y luego necesito 2 días para recuperarme. Alguien tan torpe como yo no debe perjudicar aún más su dudosa agilidad, además de que cuando estoy muy perjudicado hablo más de la cuenta y a lo mejor la cago. Si por eso soy tan introvertido: menos hablas, menos la cagas.

Unos días después de mi cumple, a principios de febrero, en el cambio de turno no había nadie salvo la del turno de mañana, Alejandro y yo. Ah, y 4 borrachos en la terraza que me tocó ir a echarlos a mí. A mí. Es gracioso, porque hasta esos explotados que casi no se tienen en pie son más intimidantes que yo, así que no entiendo la lógica de mandarme a mí cuando uno de nosotros es un tío alto.

– Perdonad, que aquí no podéis estar -Digo, con total autoridad hasta que los 4 me miran (después del “perdonad”). Son 3 tíos y una tía, todos muy demacrados y con un aspecto tal que no los tocaba ni con un palo, por respeto al palo. Uno de ellos ya lo tenemos muy visto y es “inofensivo”. Inofensivo, sí, claro, hasta que no lo sea. Y si no lo es conmigo, pues vaya putada.

– Que tenemos dinero -dice ella, sacando 20 euros.

– Lo siento, pero aquí no os servimos.

Dan mala imagen aunque paguen, palabras del jefe, que no es que yo también los quiera lo más lejos posibles.

– ¿Qué dice? -dice uno de ellos. Como si no lo hubiera escuchado, estás al lado.

– Dice que no nos ponen nuestras birras los payasos estos.

– Buenooo… -se me escapa. No sé qué es lo que pasa a continuación, porque de verdad no recuerdo que fue lo que pasó para que la tía de repente se liase a decir:

– Tú lo que pasa es que quieres follarme y no tienes polla.

Entre el asco que me estaba dando la imagen (imagino demasiado las cosas) y que flipaba en colores, me quedé callado hasta que sentí a Alejandro acercarse a la mesa.

– ¿Qué pasa?

– Que este quiere follarme pero no tiene polla -repite la tía.

– Uff, ni aunque fueras la última de la tierra, qué asco.

Que valiente cuando hay un tío de metro ochenta y pico al lado, ¿eh? Total, los yonkis se van y nosotros dos volvemos adentro. Le explico lo sucedido a la chica de la mañana, cuando sin comerlo ni beberlo escucho:

– Es que Carlos es como delicada y necesita que le protejan. Si no puede ni abrir los botes de cristal sin ayuda.

Wo, wo, ¿he escuchado bien? ¿Delicada? ¿-da? Mejor finjo no haber escuchado nada, pero ya van varias veces que hace unos comentarios… no sé cómo tomármelo.

Las horas pasan, ya habíamos cerrado y estábamos en lo de siempre (no lo repetiré porque anti-drogas vendrá a por mí al final). Limpio los vasos y platos mientras Alejandro friega el suelo y da la última pasada a los lavabos, pasando de aquí para allá y de allá para aquí. En una de esas idas y venidas, Alejandro me coge de la cintura y pasa por detrás de mí. No restriega su paquete contra mí ni se para más tiempo del necesario, pero igual me pongo algo nervioso, aunque todo tiene una clara explicación: la barra es en forma de L con una columna en medio, dentro de la barra hay poco espacio y el exterior ya debe estar fregado, así que ha pasado por dentro y no ha tenido más remedio que pasar pegado a mí.

Terminada la limpieza, me siento en la silla que me ofrece Alejandro mientras él se enciende el peta. Es viernes por la noche a las 23:30, hora típica de cenar para ir luego de fiesta, por lo que me parece extraño ver a Alejandro con un gran vaso de agua en la mesa.

– Ah, ¿esto? -se sonríe y, la verdad, es que me parece una sonrisa bonita. Un poco pícara bajo la sonrisa falsamente inocente. – ¿Recuerdas las veces que te he contado que salía de fiesta con colegas y que flotaba mientras bailaba con todos los de mi alrededor? Pues como regalo de cumpleaños, he traído para que la pruebes.

Y como siempre hacía cuando traía algún tipo diferente de yerba, me empezó a explicar en qué consistía: era MDMA, cristal, y que te dejaba en una “agustera” increíble sin llegar a impedirte pensar, que no hay que tomarla seguido porque es muy fuerte, pero que de vez en cuando estaba bien para disfrutar al máximo.

– Yo lo he mezclado con agua, pero se puede con birra o cubatas, o puedes chuparla como con la coca aunque sabe bastante mal. Pero luego hay que tener agua a mano porque deshidrata, ¿vale?

– Vale.

Tras mezclarla en el vaso de agua, empezamos a beber tragos cortos y pasárnoslo hasta que estuvo vacío. La verdad es que sí estaba malo de cojones, muy amargo… creo. A la media hora ya puedo sentir algo: las piernas como muy ligeras, pero sin el descontrol de ir borracho, es solo que floto y tengo la sensación de que podría correr por horas; tranquilidad mental con ninguna preocupación encima, sin poder pensar en nada más que en “hmmm qué a gustito estoy”.

– Eh, tienes el culito duro como una mina -me dice Alejandro, palpándome la nalga derecha después de haberme levantado a recoger un par de cosas. – ¿Estuviste ejercitando?

– No mucho, a veces salgo a correr o con bici, pero es que siempre he jugado al futbol.

En ese momento alguien llama a la persiana de metal, por lo que corro a bajar el volumen de la música y a echar un poco de spray perfumado para disimular el olor a marihuana, pero Alejandro me detiene.

– Es un amigo mío, no te preocupes. He quedado aquí con él porque luego nos vamos de fiesta. Podrías apuntarte loco. Daleee -me dice, zarandeándome.

– Que va, gracias, no me gusta salir de fiesta. A mí dame un sofá donde ver pelis y fumar y ya estoy servido.

Al subir la persiana, entra un chico de unos 175cm de altura, pelo castaño claro corto, ojos verdes y barba espesa. Cuando nos ve y detecta el olor a yerba, se echa a reír mientras se acerca a abrazar a Alejandro. Entonces me mira y se queda unos segundos en silencio, haciéndome sentir incómodo al ver el escrutinio al que me somete, por lo que desvío la mirada por un momento.

– Debes de ser Carlitos, ¿verdad? Mucho gusto, me llamo David -se acerca a mí y me da la mano. Yo, casi temblando, le doy la mano con timidez (a veces me dicen que la doy sin fuerza). Pasado un momento, me doy cuenta de que no me ha soltado aún y en vez de ser el gesto típico de dos hombres dándose la mano, parece como cuando un chico agarra la mano de la chica para darle un beso en el dorso.

– Hmm.. ¿te pongo una birra?

– Venga -sonríe, soltándome.

Nos sentamos los tres a seguir relajándonos fumando y bebiendo (sí, yo también y mañana lo lamentaré). Yo voy por mi segundo cubata y, sumado a lo demás, ya empiezo a estar totalmente pedo, por lo que ni siquiera me doy cuenta de que a veces me quedo mirando a David más de la cuenta y que él, por contra, también me mantiene la mirada. Tampoco sigo mucho el hilo de la conversación ya que parecen ser recuerdos comunes entre amigos y yo ni pincho ni corto, aunque sí capto un par de veces mi nombre dentro de la conversación, aunque no sé si por mí o por algún otro Carlos.

Alejandro recibe una llamada al móvil.

– Eh, salgo un momento, que me ha llamado un colega. No tardo. No fuméis todo, ¿eh?

Se ríe y se va, dejando la persiana casi bajada del todo. Me quedo a solas con David y sin saber qué decir, así que me dedico a seguir fumando y esquivando nervioso su mirada. Éste se sienta más cerca de mí, de modo que aunque la mesa es circular y hay una silla a izquierda, derecha y delante de ésta, sus piernas rozan constantemente las mías. Empiezo a pensar que igual David es gay y está interesado en mí.

– ¿Por qué estás tan nervioso? Relájate, no pienso morderte -se ríe David.

– Ya, ya -respondo yo, temblándome un poco la voz y notando calor en la cara. – Es que me cuesta conocer gente nueva.

– Pues qué pena. Conociendo gente es como las personas crecemos, obteniendo puntos de vista distintos para aprender y enseñar entre todos. -Otro abierto al mundo y a las novedades como Alejandro. Normal que se lleven bien: se lían a fumar petas y a hablar sobre las infinitas conexiones de situaciones en el mundo. – Me ha dicho Ale que estudias. ¿Qué haces?

– Ciclo superior de informática. Programador.

Me encojo de hombros. No es una ocupación sexy ni interesante, de hecho la mayoría somos unos frikis a los que las mujeres no ven, pero es divertido programar, es casi como un juego.

– Ah, yo ahora estoy parado pero me entretengo cada día jugando a tenis. ¿Has jugado alguna vez?

– No, yo soy más de fútbol… de portero, que tengo reflejos rápidos y no hay que correr jajaja

– Ah, es que a mí los deportes de equipo nunca me han gustado. Soy más de juegos individuales.

– ¿Es que te gusta acaparar un vestuario para ti solo o qué?

– Que va, pero la gente se incomoda cuando se entera de que soy transexual.

Si disimulo la reacción a la sorpresa que me he llevado, es porque estoy en shock. Supongo que él.. ella.. él encuentra graciosa mi cara, por lo que sonríe pero no dice nada, mirándome fijamente. Por más que lo miro, no le veo en apariencia de mujer. ¿Tal vez con pelo largo y tetas..?

– O sea… ¿antes eras chica?

– Sí.

– ¿Y por qué..?

– ¿Por qué me operé? Porque quiero ser feliz y estaba en un cuerpo que no era el mío y empezaba a amargarme. La vida es corta como para vivir mal conmigo mismo, ¿no crees?

– Ya… ¿y tus padres?

– Se acabaron acostumbrando, supongo que no toca otra que aceptarlo, ¿no?

– Supongo… esto… ¿tienes…?

Ahora sí que David se ríe, poniendo el codo en la mesa y su barbilla en la palma de su mano. Diría que ahora sí que he visto algún pequeño rasgo femenino, pero aún me sigue pareciendo muy fuerte. Si él es el doble de hombre que yo.

– No tuve polla hasta los 19.

– Aaah…

Todo esto me hacía pensar mucho. En él siendo ella. En ella dándole la noticia a sus padres y amigos. En él con vagina…

– No hay nada como mear de pie. -dice con su sonrisa.

Esto me hace sonreír, porque en esa situación me hace gracia. Aún sigo dándole vueltas al hecho de que David hubiese sido una chica. Voy a hacerle unas preguntas más por curiosidad cuando me suelta:

– Vaya ojazos tienes, supongo que te lo dirán a menudo, ¿no? -Como toda respuesta, le sonrío tímidamente y me encojo de hombros, quitándole importancia. Nadie se folla unos ojos. – Y qué sonrisa tan dulce.. debes llevártelas a todas de calle, ¿eh?

Esta vez sí me río y, no sé por qué, le cuento que soy invisible para las mujeres, que parece que solo atraigo a hombres cuarentones.

– ¿Y lo pasas bien con ellos?

– ¿Qué? Bueno, he dicho que ligo con ellos, pero no que haga nada.

Y es verdad, aunque conozca por chat a tíos interesantes que me ponen muy a tono durante la conversación, cuando la cosa se calma me asusto y no vuelvo a hablarles.

– Pero te pones con las pollas de cuarentones. ¿Lo ves? Lo sabía -dice con seguridad, sabiendo que me ha atrapado. Para el póker no sirvo, no. – ¿Y las pollas de chicos de tu edad no te gustan?

Por gustarme sí que me gustan, pero mi timidez y complejo de inferioridad me lleva a esperar que sean ellos los que me hablen y, normalmente, son los maduros.

– Por ejemplo, la mía. ¿Quieres verla? -se sonríe y sin decir nada se levanta y empieza a bajarse el cierre del pantalón.

– No, no, no hace falta -Digo deprisa, aunque él no me escucha y se saca una polla gorda no demasiado larga, aún algo morcillona.

– ¿Ves? Es de verdad, como la tuya y la de Ale. Vamos, tócala, no pasa nada, no se me va a caer ni nada jajaja

– Que va, tío, gracias pero me fío jeje (risa falsa powah).

– ¿Qué? ¿Por qué? Tío, no me digas que piensas que por tocarla eres gay. Ya sé que no eres gay, se nota que eres hetero. Va tío, que no quiero que pienses que tengo un trozo de plástico jajaja

Me coge de la mano y la lleva hacia su polla. Quiero apartar la mano, pero es la segunda vez en mi vida que tengo una polla ajena en la mano y la verdad es que es curioso notar el calor que desprende y el tacto no es desagradable. Además de que sí pensaba que quizá era plástico o se notaría falsa, como los pechos operados.

– ¿Ves? Como cualquier otra…

Con su mano sobre la mía, empieza a masturbarse lentamente y a coger firmeza. Noto incluso las venas bajo mi mano. Hipnotizado, miro como mi mano sigue masturbándole después de que él haya apartado la suya. Ya hacía tiempo que sentía curiosidad y ahora la estoy saciando un poquito. A él no parece importarle, así que a mí tampoco debería.

– Buena chica… -susurra.

Veo asomar su glande cuando su polla acaba de ponerse totalmente dura, apuntando hacia arriba. La mano de David empieza a acariciarme la cabeza, la cara y los labios. Le miro fijamente, sorprendido porque sus simples caricias consiguen que se me ponga totalmente dura y los pocos pensamientos negativos de estar tocándole la polla a otro hombre, se esfuman.

– Vamos, ven -me dice, levantándose y alargando sus dos manos hacia mí. Estira hacia él y me abraza fuerte, deslizando sus manos por mi espalda, una hacia mi culo y otra en mi nuca. Noto su aliento a whisky y tabaco cuando sus labios abren los míos e introduce su lengua en mi boca. Me aprieta el culo y noto su polla contra mi vientre.

– No eres gay, porque una chica que está con un chico es hetero, ¿verdad?

Vuelve a meter su lengua dentro de mi boca antes de que pueda pensar en lo que quiere decir o en responder algo. A pesar de mi pasividad y mi torpeza besando, mi lengua empieza a buscar la suya y mis brazos rodean su cuello instintivamente, para ponerme de puntillas y poder besar más cómodamente. Jadeo cuando sus labios se separan de los míos y van a parar a mi cuello, lamiéndome, mordisqueándome y besando la zona después. Esto me enciende como nunca, escapándoseme un pequeño suspiro de placer. Sus manos recorren mi culo, mi cintura, mi espalda y hasta mis tetas.

Dios, no sabía que por simplemente tener dos manos recorriéndome el cuerpo, podría llegar a ponerme así.

Quiero más.

Él debe notarlo, ya que su boca vuelve a fundirse con la mía y, después de un rato, pone sus manos en mis hombros y empuja hacia abajo.

– Va, nena, métetela en la boca.

Me arrodillo en el suelo y, aunque tengo mucha curiosidad y ganas, desde esta posición puedo ver la polla claramente y empiezo a tener reticencias. Miro a David y él me guiña un ojo, acariciándome el pelo. Vuelvo a mirar la polla y, cogiendo un poco de aire, me acerco y le doy un beso tímido a la punta. Hm, pues no está mal. Quiero decir, no me han dado ganas de vomitar ni nada, ¿no?

Abro la boca y me trago todo el glande, teniendo cuidado con los dientes (no hay que ser un experto en sexo para imaginar que dientes + polla = dolor). El tacto del glande es… curioso. Está mojado y lo noto suave bajo mi lengua, que torpemente empiezo a mover. A veces me paro y miro a David, pero ya no son por los prejuicios, sino por saber si lo estoy haciendo bien. Escucho un suspiro de placer que me anima a tragarme un poco más, aunque tengo que abrir más la boca y me duele la mandíbula del esfuerzo. Su polla está caliente y se pone un poco más dura dentro de mi boca, haciéndome más difícil que siga engullendo. Noto una arcada y paro de meterme más adentro, por lo que la saco un poco y vuelvo a tragar, moviendo la lengua y apretando con los labios con cuidado de no dar con los dientes.

David me saca la polla de la boca para darme tiempo a respirar, aunque no es eso lo que necesito. Veo que un par de hilillos de saliva conectan mi boca con su polla, así que entiendo que debo volver a metérmela en la boca para acabar con ellos.

– Hmmm -gimo sin darme cuenta, acercándome a mamar con ansias.

David me coge de las axilas y me levanta, dándome un beso con lengua que me deja al borde del desmayo. Se aparta y con una sonrisita me mira a los ojos. Yo también le miro y me doy cuenta de que también sonrío.

– Quiero seguir… -le digo, poniéndome un poco rojo.

– Sí, dale, es toda tuya.

Vuelvo a arrodillarme y pongo las manos en sus piernas mientras le devoro la polla con ganas. Al cabo de unos minutos, noto como las venas de su polla se hinchan, hasta diría que lo que noto es el semen siendo transportado y aumento el ritmo de mi lengua que, para ese momento, ya empezaba a notarla insensible. De pronto, un latigazo de semen va a parar a mi garganta. Sus manos cogen mi cabeza y me obliga a mantenerme con la boca pegada a su polla, recibiendo todo el lefazo que ese macho deja para mí.

¿Que qué opino? Que me ha gustado el semen. Sabe bien y el hecho de estar tragándomelo me pone a mil. No aguanto más y tengo que apartarme para toser, haciendo que escupa parte de la corrida. Encima, David sigue corriéndose, dándome de lleno en la cara y en el pelo. Sus piernas tiemblan y sus ojos están cerrados, con la boca medio abierta, cuando termina de correrse. Suelta un suspiro largo y se sienta en la silla, jadeando.

Gateo hasta que mi boca vuelve a estar alrededor de la polla de David, quien se sorprende y suelta una exclamación.

– Hmmm joder que rico. Que boca tienes, niña. Ven.

Sentándome en su regazo, empieza a comerme la boca durante un rato hasta que me sugiere ir a lavarme la cara antes de que llegue Alejandro.

– Vaya carita de vicio tienes mientras la chupas jajaja Me encanta.

Me muerdo el labio, aunque no consigo parar una sonrisita un poco tímida a la vez que halagada. Acabo de hacer algo que llevo mucho tiempo queriendo hacer pero que me daba miedo y resulta que me ha encantado. Hasta seguiría chupándosela un ratito más, la verdad..

Después de media hora, ya aseado y habiendo recogido todo, Alejandro llama a la persiana y entra disculpándose por el retraso, que se había parado a hablar con una clienta que le tira los tejos y a la cual quiere tirarse.

– ¿Y vosotros qué? -su sonrisa me indica que esperaba una buena noticia, pero David le responde:

– Aquí, fumando y hablando. Tenías razón, Carlos es buena persona.

– A que sí -dice él, un poco decepcionado. ¿A lo mejor esperaba que yo le comiese la polla a su amigo David, el buenorro transexual, para demostrar que él tenía razón cuando decía que me gustaban los tíos? Sí hombre, ¿qué más?

Cuando Alejandro no mira, David me guiña un ojo y me soba el culo, apretándolo un poco. Parece estar pensando en desvirgarme. O tal vez soy yo quien está pensando en que me desvirgue pronto, porque si es la mitad de guay que una mamada…

A la puerta del bar, nos despedimos dándonos la mano y cada uno se va por su lado. Mi cabeza me da vueltas y empiezo a notar el bajón de las drogas y de la situación. ¿Que tengo muchas dudas? Sí. ¿Me arrepiento? Ni un poquito. Acabo de descubrir que me gustan las pollas, probablemente desde siempre ya que no había disfrutado tanto, ni la mitad, con las chicas. Eso sí… no me había corrido y todo indicaba que cuando llegase a casa, me iba a tener que hacer una buena paja.

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