Mi cuñada es puta

Esta es la historia de cómo descubrí que mi cuñada, realmente la cuñada de mi mujer (la esposa de su hermano) era prostituta y cómo me aproveché de ello.

Mi cuñado Andrés, el hermano de mi mujer, es un hombre de 40 años, de aspecto normal, que se cuida haciendo deporte de vez en cuando, tiene un buen trabajo con un buen sueldo que le permite vivir una buena vida: piso en una buena urbanización, un coche para él (un bmw serie 5) y uno para su mujer (vw golf), viajes por vacaciones varias veces al año, ropa de marca, etc… no es millonario pero vive muy bien y le sobra dinero, es un poco pijo, aunque no tanto como su mujer. Está casado con Marta, que es una mujer de 38 años, alta, guapa, delgada, morena, con el pelo largo y rizado, y unas tetas magníficas. Es cierto que tras tener dos hijos, esas tetazas no son lo que eran, pero siguen siendo estupendas. Me he hecho infinidad de pajas pensando en sus tetas, y me corrido montones de veces en las tetas de mi mujer imaginando que eran las suyas.

Yo trabajo en una zona industrial de Madrid, en el extrarradio. Entro a trabajar a las 8 de la mañana y salgo a las 17. Uso mi vehículo propio para llegar al trabajo ya que me gusta ir volver lo más rápido posible y además mi trabajo está justo en la entrada del polígono por lo que evito los atascos que se suelen formar para entrar y salir todos los días. Esta zona industrial es bastante grande, también un poco triste porque no hay nada, sólo empresas, fábricas, etc… por lo que hasta para salir a tomar algo, hay que coger el coche.

Lo bueno que tienen este tipo de zonas al no haber viviendas, comercios, etc… es que es una zona ideal para ejercer el oficio más antiguo del mundo, por lo que hay decenas de prostitutas en los alrededores.

Yo no soy cliente de prostitutas, ya que mi mujer es una cerda en la cama y me satisface todas mis necesidades, además ellas están en la parte final del polígono por lo que no suelo verlas en el trayecto que realizo habitualmente. Únicamente las veo cuando tengo que echar gasolina al coche en una gasolinera que hay en el otro lado del polígono. La verdad es que cuando hace buen tiempo me paso por las calles en las que están, ya que hay muchas que están en tetas y tanga, y te alegran la vista bastante. Aunque intento no hacerlo mucho para no caer en la tentación…

Vamos al tema. Una día normal de mayo, eran ya las 17 y salí del trabajo y me monté en el coche. Puse la radio, arranqué y saltó la alarma de la gasolina.

– Joder, tengo que echar gasolina otra vez, me cago en dios. Venga voy rápido a ver si no me como el atasco.

Total, que empecé a conducir a través del polígono. Empezaban a aparecer prostitutas que estaban esperando clientes. Algunos de los coches que tenía delante iban parando a su lado para preguntar precios y tontear un poco. Yo me iba fijando en esas hembras y había de todo, algunos orcos, que no sé cómo podían tener algún cliente, otras que estaban bien, la mayoría, y luego había auténticos pivones que podían estar en cualquier sitio haciendo lo que quisieran con quien quisieran…. pero ahí andaban.

A medida que me iba acercando al final del polígono, había mas chicas. En la calle principal había muchas, pero también por las calles perpendiculares. En las calles paralelas más alejadas también había, pero ya era otro rollo: yonkis, travestis y algún marica.

Iba conduciendo y estaba a punto de llegar a la gasolinera, cuando mire a una de las calles perpendiculares, y a unos 100 metros, vi a una chica que me resultaba familiar. Frené un poco para mirar con más detalle, pero un coche que iba detrás me pitó y me dio un susto. –Ostias, dije- y me fui a la gasolinera.

Tras echar los 20 euros de rigor, sentía curiosidad por ver si conocía a la chica que me había llamado la atención. Así que arranqué, y salí de la gasolinera. Me dirigí a la calle principal y giré a la izquierda, justo en la calle donde la había visto. Me fui acercando despacio y con la mano apoyada en la cara para que no me reconociese, era un poco tontería porque yo ni estaba haciendo nada malo y seguro que no la conocería…

Cuando estaba llegando a su altura estaba hablando con un coche que había parado a su lado. Ella estaba en la acera apoyada en la ventanilla con el culo en pompa y la cabeza dentro del coche, supongo que intentando camelarse al cliente. Justo al ponerme en paralelo al coche parado me giré para ver su cara y me quedé totalmente flipado: ¡Era mi cuñada! ¡No me lo podía creer!. Afortunadamente estaba hablando y no se dio cuenta de que la vi.

No podía creerlo, no podía ser que mi cuñada fuera puta. La misma que no bebe agua del grifo, sólo embotellada, la que pone papeles en los bancos del parque para no mancharse el vestido y cosas así, resulta que se dedica ¡a comer pollas a desconocidos dentro de un coche! Como no me lo creía tenía que volver a comprobarlo, así que seguí por la calle, giré a la derecha y di la vuelta a la manzana. Cuando pasé a su altura estaba sola. Me tapé la cara con la mano, como cubriéndome del sol y la mire: ¡Era ella! Ella se quedó mirando hacia donde yo estaba. No sé si reconoció mi coche o a mí. No creo, es un coche muy común y no puso ninguna cara de sorpresa, pero no estaba seguro.

Seguí conduciendo, volví a girar a la derecha y aparque el coche en un lado de la calle. Estaba nerviosísimo y no sabía qué hacer.

– ¿Voy y le digo algo? – pensé.

– ¿y qué coño le voy a decir?Hola,¿ qué haces aquí?

Si le digo algo pueda que se ponga nerviosa por haberla descubierto y me amenace con decir que voy de putas. Puedo irme sin decir nada pero ¿y si me ha reconocido? Estaría en la misma situación, y cuando nos viésemos me diría algo.

Decidí cubrirme las espaldas y pensé que si le hacía fotografías allí y con algún cliente no podría ponerme en ningún apuro, ya que no es lo mismo tener pruebas que no tenerlas, y estaría en una posición dominante. Así que arranqué el coche, encendí el teléfono, lo puse en modo vídeo y me dirigí hacia donde estaba ella. Cuando giré hacia la calle donde estaba ella, me detuve a un lado. Justo un coche se estaba parando a su lado así que cogí el móvil y me puse a grabar. El sol le daba de cara así que no podía ver si había alguien dentro de mi coche. Le di al zoom lo bastante como para que la imagen fuera nítida y se le pudiera reconocer. Parece ser que hicieron el trato ya que se subió en el coche. Se quedaron allí mismo, lo único que hizo el hombre fue aparcar bien, salirse del coche y meterse por la puerta trasera.

Con esto ya tenía pruebas de que mi cuñada era una auténtica zorra. Se me estaba poniendo durísima pensando que se iba a follar a ese gordo dentro del coche. Decidí salir del coche y acercarme andando para ver si podía ver algo… y grabarlo. Miré hacia los lados, para ver si había alguna puta que me pudiera ver husmeando y montarme una escena. Vi a una, pero estaba a unos cien metros, por lo que no había problema. Crucé la calle dando un pequeño rodeo para que no me viesen desde el coche. Me acerqué por detrás , el hombre estaba en el asiento trasero, en la parte del conductor, así que me acerqué por el otro lado teniendo cuidado de que no me viesen.

Cuando me acerqué a la ventanilla, vi a mi cuñada agachada en el asiento con la cabecera sobre el hombre, que estaba sentado. Movía la cabeza de manera rítmica, por lo que deduje enseguida que se la estaba comiendo. Saqué el móvil, lo acerqué a la ventanilla y empecé a grabar. El hombre miraba hacia arriba y resoplaba, le tenía que estar haciendo un buen trabajo. Mientras le comía el rabo, el hombre le tocaba el culo y empezó subirle la falda, así que pude ver su culazo con el tanga puesto. El hombre apartó el tanga a un lado y empezó a tocarle el coño. Le metía un dedo despacio, y la zorra de mi cuñada movía el culo como buscando más. El hombre sacó el dedo y empezó a acariciar el ojete del culo, hacía pequeños movimientos circulares metiéndolo poco a poco. Desde el otro lado de la ventanilla podía ver perfectamente como le entraba el dedo en el culo. Yo estaba tan cachondo que estuve a punto de sacarme la polla y empezar a cascármela allí mismo. De repente, el hombre cogió de la cabeza a Marta y empezó a follarle la boca mientras le metía el dedo corazón hasta el fondo del culo. Podía escuchar los gemidos del hombre desde fuera del coche mientras se corría en la boca de mi cuñada.

Decidí volver a mi coche antes de que me vieran. Paré la grabación del móvil y di un último vistazo dentro del coche. Pude ver cómo se estaba sacando el condón mientras mi cuñada se limpiaba la boca con un pañuelo. Parece ser que era cerda pero no tanto como para comérsela a un desconocido sin condón. Eso sí me pareció más propio de ella.

Me metí en mi coche. Estaba muy nervioso e infinitamente cachondo. En ese momento decidí que iba a follarme a mi cuñada allí mismo y en ese momento. Eso sí, sin pagar, que yo no pago por sexo y además tenía un video en el móvil que me iba a dar muchas alegrías.

Espere a que Marta se bajara del coche. Cuando el cliente se fue, arranqué el motor y me dirigí a su lugar de trabajo. Paré a su lado y bajé la ventanilla. Al verme se quedó en shock, me alegré, en ese momento supe que iba a hacer con ella lo que quisiera:

– Hola Marta, ¡qué sorpresa! ¿qué haces por aquí? Ella estaba bloqueada y no me contestaba.

– ¡Marta!¿estás bien?

– Sí, sí, perdona, es que me he sorprendido al verte.

– Sí, yo también, ¿qué haces aquí?

– Esperando a alguien, ¿y tú?

La muy zorra sabía de sobra que le había visto bajar del coche del gordo e intentaba disimular e inventarse una excusa:

– Yo trabajo aquí al lado y al ir a echar gasolina te he visto. ¿Y a quién esperas? Aquí sólo hay “señoritas de compañía” y te pueden confundir con una…

– A una amiga, que me ha traído a una entrevista de trabajo y ahora viene a recogerme.

– Si quieres te llevo yo y no tienes que esperar aquí…

– Ehhh no hace falta, pero gracias de todas formas, ya está a punto de llegar.

– Bueno, pues espero contigo hasta que llegue.

– No hace falta, de verdad, no te molestes.

Al ver que no tenía salida, me dijo que vale, que se vendría conmigo. Dijo que iba a mandar un mensaje a su amiga para que no la recogiese. A continuación, se subió al coche. La falda se le remango y dejaba ver el liguero. Joder, tenía la polla a punto de reventar. No aguanté más y le dije:

– Te he visto bajar del coche de un hombre, ¿eres prostituta?

Ella, ofendida, me dijo: ¡Pero que estás diciendo gilipollas! Le voy a decir a tu mujer que eres un putero asqueroso. Directamente saqué el móvil y le puse el video que había grabado. Su primera reacción fue intentar quitármelo, pero le agarré de la muñeca y no lo cogió. Después se puso a llorar:

– Por favor, no se lo digas a nadie. Me han surgido problemas y necesito dinero.

– ¿Qué problemas? Pero si tenéis dinero de sobra…

– Ya, pero Andrés no lo sabe.

– ¿Y por qué no?

– Porque no quiero que se entere.

– ¿Qué problemas son?

– Llevo meses jugando en el casino. Me gasto todo el dinero del mes, y tiro de tarjeta de crédito. Con unas iba pagando los intereses de otras, luego pedí crédito al consumo… y ahora tengo una deuda de 12000 euros. No puedo decírselo a Andrés, porque llevamos una época mala en la relación y si se entera me dejaría inmediatamente

– Entiendo- le dije.

– No se lo dirás a nadie, ¿verdad?

– Claro que no, pero tú te vas a portar bien conmigo, le dije recorriendo su cuerpo con la mirada desde las rodillas hasta sus tetas.

Ella sabía a lo que me refería y me preguntó que qué quería:

– Quiero follarte.

– Eres un cabrón. Soy tu cuñada, tu familia ¡tu esposa y mi marido son hermanos!

– Tú y yo no somos nada, no tenemos la misma sangre y tengo una ganas de follarte espantosas. Siempre que querido follarte y ahora lo voy a hacer.

Marta se lo estaba pensando: -Está bien, pero follamos ahora, borras el vídeo y nos olvidamos de todo. Yo le dije: -De eso nada. Voy a follarte, cómo y cuando quiera. El vídeo no se borra. Ella dijo: Está bien.

Nos fuimos a un lugar más apartado y nos pusimos en el asiento trasero. Le dije: – Quítate todo, excepto el tanga y liguero. Ella obedeció. Comencé a acariciarle las tetas, esas tetazas con las que había soñado cientos de veces. La puse encima de mí y comenzamos a besarnos. Le metía la lengua en su boca y ella me correspondía. Le sobaba las tetas como un poseso y se las chupaba. Iba alternando boca y tetas, mientras le sobaba el culo y el coño.

Estaba excitadísimo. Tenía la polla como nunca la había tenido:

– Venga, chúpamela.

– Vale-. Dijo mientras cogía un condón del bolso.

– ¿Qué haces?

– Coger un condón.

– ¿Estás de coña? Me la vas a chupar sin goma ahora mismo. Y luego te follaré sin goma y me correré donde me apetezca. ¿Lo entiendes?

– No puede ser, porque… – De un bofetón le cerré la boca.

Le cogí del pelo y la baje a mi polla. Comenzó a chupármela. Le dije que se pusiera delante de mí, me gusta sentir las tetas en mis piernas cuando me comen la polla. La verdad es que lo hacía bastante bien. Subía y bajaba metiéndosela casi entera, me chupaba el tronco de arriba abajo jugueteando con su lengua en mi capullo. Le dije que me chupara los huevos, y empezó a hacerlo, mientras con la mano subía y bajaba.

Estaba a punto de correrme. Le dije que le diera a la lengua sobre mi capullo. Ella recorría todo capullo con una habilidad asombrosa. Era un auténtico zorrón, el cabrón de mi cuñado se lo tenía que pasar pipa con ella. Comencé a correrme y le dije que siguiera chupando. Le saltaban los lefazos en su nariz, boca y mofletes. Me estaba corriendo como nunca. Cuando terminé le dije que me limpiara la polla y se tragara todo. Así lo hizo.

Acaba de echar la corrida más grande de mi vida, pero seguía con un empalme y unas ganas de follar tremendas. Ella hizo amago de vestirse, pero se lo impedí:

– Todavía no hemos terminado. Ahora vamos a follar.

– ¡Pero si ya te la he chupado y te has corrido!

– Sí, pero quiero más, ¿no lo ves? Dije señalando mi polla dura.

Ella aceptó. Me puse en el centro del asiento, y le dije que se pusiera mirando hacia adelante dándome el culo. Ella se inclinó hacia adelante y comencé a chuparle el coño por atrás. Empezaba a gustarle porque está muy mojada. Comencé a subir mi lengua hasta masajearle el culo. Ella dio un sobresalto y me miró, parece que mi cuñado no le tocaba por ahí nunca…

Yo seguí con lo mío, iba pasando la lengua del culo al coño y viceversa, y la muy zorra empezaba a gemir. Cuando le chupaba el culo, le acariciaba el clítoris con el dedo, y cuando le chupaba el coño, le metía un dedo en el culo. Estaba tan lubricada que casi ni se enteraba.

Le dije:

– Date la vuelta y siéntate encima.

– Ponte un condón, por favor. No quiero quedarme embarazada.

– Te voy follar sin condón, y voy a correrme dentro de ti. – Le dije mientras le agarraba de la mandíbula.

Se dio cuenta de que no tenía opción, así que se sentó lentamente sobre mí, metiéndose la polla poco a poco en su interior. Tenía el coño muy estrecho, impropio de una mujer de su edad, me estaba encantando. Ella empezó a botar moviendo las tetas en mi cara. No podía creer lo que estaba viviendo, era un sueño hecho realidad. Con lo excitado que estaba sabía que no iba a durar mucho.

Cuando noté que me iba a correr, le agarré de las caderas y le ayudaba a moverse más rápido. Empecé a gemir: –

– Venga… venga… sigue… sigue…. Me voy a correr, ¿quieres que la saque?

– Nooooooo, no pares cabrónnnn. Correteeeee dentrooooo

Empecé a mover las caderas yo también a lo bestia, mientras movía las suyas con mis manos. Noté como empecé a correrme dentro de su coño. Era una sensación increíble. Esa jamona con la que había soñado, una de las musas de mis pajas, la tenía follando como una cerda encima de mí, y me acababa de correr en su coño.

Cuando terminamos, se inclinó hacia atrás, apoyándose en los asientos delanteros. Podía ver su espectacular cuerpo. Mi polla dentro de su coño peludo, como me gustan, por el cual empezaba a rebosar el semen. Las tetazas hacia los lados, mientras las acariciaba. Y su cara de zorra viciosa, sudando y roja del esfuerzo realizado.

– Ha estado muy bien. Seguro que tienes mucho éxito entre tus clientes.

– Eres un cabrón. Aunque la verdad es que sí ha estado bien.

– Bueno, pues tu secreto está a salvo conmigo. Pero claro, esto lo tendremos que repetir.

Ella me miró y sonrió. Yo le cogí de la cabeza y le metía la lengua en la boca. Mientras nos vestíamos le pregunté que cómo le iba en su nuevo trabajo. Me dijo que llevaba dos días, y que sólo chupaba y follaba por el coño, siempre con goma, y que se sacaba un buen dinero. Los clientes le decían que una española con esas tetas escaseaban mucho, por lo que tenía éxito.

Yo le dije, que me parecía estupendo. Que su culo me lo tendría que reservar para mí, y que el único semen que se comería sería el mío. Ella volvió a sonreír. Menuda zorra.

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