Mi cuñada

Me encaminaba a casa e iba muy risueño y satisfecho. Nada más entrar mi hermano me pregunto que si había sido mucho trabajo, con normalidad le conteste que varias cajas y me conto el tipo de trabajos que hacia Olalla. Yo escuchaba a mi hermano, aunque me daba algo igual. Se asomó mi cuñada a donde estábamos mi hermano y yo, dio un pequeño rodeo hasta que quedo a espaladas de mi hermano y me preguntaba con un gesto, sabía que quería saber si había pasado algo, cuando pude le dije que si con la cabeza. Se marchó de golpe y se fue con rabia, llevaba furia en sus andares. Me disculpe con mi hermano para poder ir por agua, en la cocina estaba Paula cortando unas zanahorias, hablé con ella y lo que salió de su boca fue vete a tomar por culo. Me quede como desorientado ante esa respuesta. La cena fue algo tensa. Se notaba de tal manera que Ignacio le pregunto qué le sucedía y ella abruptamente le contesto si es que no podía tener un día malo. Mi hermano y yo nos miramos y callamos.

Por la noche decidí espiar, pero solo por saber que le contaba Paula a Ignacio. Estaba claro que esa noche no pasaría nada, porque Paula se lo dejo claro a mi hermano. Ignacio no quiso insistir, la conocía bien.

Ignacio – Paula ya se te ha ocurrido que regalar a mi hermano por su cumple.

Paula – Pues no, piénsalo tú, que para eso es tu hermano.

Ignacio – Si fuiste tú la que quisiste encargarte de comprarle el regalo, que yo seguro que le compraría una porquería.

Paula – Pues ahora digo que no quiero comprar yo el regalo. ¿pasa algo?

Ignacio – No, no ya le preguntare que es lo que quiere de regalo y así no comprare una porquería como tú dices. Ala que duermas bien.

Lo último que oí a mi hermano era de mucho enfado y lo dijo con mucho desagrado. A mí me enfado porque era como si yo fuese de su posesión. Eso me asusto y me preocupo.

Paula – Ignacio, perdóname, me he pasado mucho. Dime algo.

Ignacio – Durmamos que será mejor.

Paula – No, que ahora no me puedo dormir así.

Ignacio – Lo que más me ha molestado es las voces que has dado, salvo que Rober sea sordo, tiene que haber oído todo. Que ha dado la sensación que lo decías para que él lo oyera.

Paula – Mañana hablo yo con él, ya veré como lo hago. Y compro yo el regalo.

Ignacio – De eso nada, como tú has dicho es mi hermano y no quiero seguir con esta conversación.

Antes de que se levantaran yo ya me había ido. No quise desayunar ni ahí. En el autobús recibí una llamada de mi hermano, extrañado porque me había ido sin desayunar y sin esperar a mi hermano que me solía llevar por las mañanas. Le conteste que me había levantado pronto y que así me daba más el aire. Luego te recojo y regresamos juntos, yo le dije que de acuerdo. Había pasado muy mala noche, no entendía a mi cuñada, sobraba en esa casa. No quería que, aunque fuera un matrimonio peculiar, se estropeara su convivencia. Me informaría sobre los colegios mayores o como buscarme la vida, lo que tenía claro que dejaría la casa de mi hermano.

Mi hermano me recogió y ni me pregunto, directamente me pidió disculpas por las palabras de Paula. Estuvo un rato con argumentos muy particulares disculpándola, cuando termino solo le dije que lo entendía todo, pero que ya había empezado a buscar sitio para marcharme de su casa, incidiendo que eso no quería decir que estuviera enfadado. Que era porque ellos siguieran en su forma de vida habitual, hasta que llegue yo. Vi tristeza en la cara de mi hermano, pero se calló el resto del camino. Una vez que llegamos cuando entre en la casa salude cordialmente a mi cuñada y más calurosamente al niño. No me pare más y me fui a mi habitación. Suponía que mi hermano estaría hablando con ella, pero esta vez no me intereso saber que hablaban. Mi hermano subió a su habitación y después de ponerse cómodo volvió a bajar. Yo estaba en el ordenador entretenido, viendo sobre todo correos que me llegaron, había de todo, borrando algunos directamente y releyendo los que me parecían más interesantes. Suenan unos leves golpes en la puerta y cuando pregunto, era mi cuñada, que abrió con dudas y me avisaba de que estaba la cena y que, si antes podía hablar conmigo, me levanté y salí de la habitación, diciéndola que en otro momento. La cena fue irrespirable. Terminé y me volví a subir a mi habitación. Me iba a poner el pijama cuando entro de forma enérgica pero compungida en la habitación.

Paula – Quiero hablar contigo y lo voy hacer, aunque no me escuches. De cómo me comporte ayer, no tiene nombre, no sé qué me paso. Me dio como un ataque de celos. Me da rabia y no lo comprendo. Solo puedo pedirte que me perdones y que reconsideres lo de marcharte. Que de verdad mi vida es mejor ahora.

Yo – Paula lo que te dio fue un ataque de cuernos. Yo no tengo nada que perdonarte, porque no estoy enfadado, me disguste, pero ya se me paso. Lo de irme, creo que es lo mejor.

Paula – No me fastidies. Hazlo por mí. Si vuelve a suceder, haz lo que quieras, que ya verás como no volverá a pasar. Si te puse a huevo a Rosalía, recuérdalo. Pide lo que quieras o pon las condiciones que quieras, que las aceptare.

Yo – Suena bien. Acepto todo lo que me dices.

Paula – Bien, bien, bien. Y ahora dime o dame una pista de que comprarte para tu cumpleaños.

Yo – Lo que quiero no se puede comprar, porque no tiene precio.

Paula – Eso es muy complicado. Dame una pista más clara.

Yo – Depende de ti.

Paula – Dime algo más.

Yo – Me lo pensare.

Paula – Tienes tiempo hasta que bajes a darme clase. Que me pongo cómoda y bajo.

Yo me baje mientras Paula se metía en su habitación. Cuando mi hermano me vio bajar con todo para dar las clases, se quedó más tranquilo y me pregunto si ya estaba todo arreglado y le respondí afirmativamente. Él se fue a una estancia pegada al salón, que era donde tenía su mesa de trabajo, una televisión y su ordenador. Yo me apoye en el marco de la puerta mientras hablaba con mi hermano, cuando llego mi cuñada y nos dejó mudos a mi hermano y a mí, venia sin bata, con un pantalón ancho corto de pijama y con la camiseta del pijama, se veía que no llevaba nada debajo.

Me marche al salón a la mesa, que esta vez cambie las sillas, quedando estas de cara a la puerta, para poder controlar mejor a mi hermano, por lo que pudiera suceder. Ya estaba sentado cuando dejo Paula de hablar con Ignacio y vino, en la misma puerta se paró y se dio media vuelta, empinando su culo para provocarme y lo consiguió mi rabo ya estaba empalmado. No hablamos porque mi hermano nos oiría. Cuando se sentó me escribió en un papel si me gustaba su modelito y le puse que sí. Luego escribió preguntando que cual era el regalo. Con mi mano tape lo que escribía y luego se lo pase, parecía que se conmocionaba al leerlo, le había puesto que quería un trio con una amiga suya. Me puso el trio ya lo hiciste o con quien quieres. Le puse tú, yo y quien tu elijas.

Se quedó pensativa, estaba confundida. Mientras se aclaraba, empecé a acariciar sus piernas, mi mano llego a su coño sin problemas, la holgura del pijama lo permitía. Ahora solo miraba a la puerta controlando si mi hermano venia, estaba afanado haciéndole una paja a mi cuñada. Ella se olvidó ya del papel y de todo, estaba regocijándose. Sus manos sacaron mi rabo del pijama. Me hacia una buena paja. Me dijo vigila y se agacho para mamarme el rabo. Aunque me costaba un poco más, yo seguía tocando su coño y su culo por todos los sitios. Levanto su cabeza miro intrigantemente y sin esperármelo, se apartó un poco parte del pantalón corto y sin más se fue sentando sobre mi rabo, mirando los dos la puerta. Dio como un gemido tos, de tal manera que mi hermano pregunto.

Ignacio – ¿Decías algo Paula?

Paula – No nada, Ignacio. Un problema que tenia que no me entraba en la cabeza y luego era más sencillo de lo que parecía.

Ignacio – Pero te gusta cómo te enseña mi hermano.

Ella con mucha desfachatez le dijo a mi hermano, que sí, que le gustaba como la enseñaba, porque todo le entraba muy bien. Lo decía moviéndose a la vez sobre mi rabo. Mientras follábamos, levante la camisa del pijama, magreando bien sus tetas y apretando sus pezones, si alguien entrara por esa puerta lo primero que vería serían las tetas de mi cuñada atrapadas por mis dedos. Ella echo su cabeza para atrás y casi en mi oído me pidió que le tocara el coño. Llevé un par de dedos a su clítoris y fui tocándosele hasta que tuvo un orgasmo muy contenido pero suculento, por la forma en que se sacudió todo su cuerpo. Avise a Paula de que me corría, para que se quitase y ella me dijo que lo quería todo dentro, que quería sentirlo. Pues si ella lo quería, que lo tuviera y me corrí dentro de su coño. Una vez terminamos ella se levantó y se fue para arriba. Bajando al rato.

Cuando mi rabo ya estaba normal, me despedí de mi hermano porque tenía sueño. Mi cuñada hizo lo mismo y le pregunto si tardaría mucho en irse a dormir y mi hermano después de pensárselo nos dijo que tenía para una hora. Nos subimos los dos a la vez y mi cuñada en vez de irse a dormir arriba de la escalera se puso de rodillas y me saco el rabo. Estaba flácido, pero esa boca hacia milagros, una vez que me puso el rabo otra vez como ella quería, se dio la vuelta, se bajó el pantalón corto y se apoyó en el pasamanos. Estuvimos follando durante un rato hasta que ella tuvo un orgasmo, yo quería seguir, pero esta vez se quitó se puso de rodillas y me la estuvo chupando hasta que la avise de que me corría, abrió su boca y saco la lengua todo lo que pudo, ver cómo me corría, que esa corrida entraba dentro de su boca y sobre su lengua, me dio un gustazo sin igual, como cuando mirándome se metió la lengua dentro y se lo trago todo. Es anoche me fui bien a gusto y bien descargado a dormir y una vez en la cama me di cuenta de que al final no me había contestado lo del trio.

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