Mi cuñado Ricardo

En estos últimos días ha sucedido algo que ha cambiado radicalmente mi relación con Andrés. Sé que no es fruto de los relatos publicados porque mi novio ya lo tenía planificado y decidido dese hace más tiempo. La verdad es que desde que publiqué el relato de como perdí mi virginidad anal, mi novio se convirtió de repente en un visitante asiduo de la página y me hacía reenviarle a su correo, de forma obsesiva los correos más obscenos de mis lectores. Los lee y relee pero le gustan especialmente aquellos en los que, verbalmente, me follan, derraman su leche en mis tetas, y cosas así.

-¿Te acostarías con alguno de ellos?- Me preguntó el otro día.

No me digné a contestarle.

-Tania- insistió al poco rato- tengo una fantasía recurrente en la que te imagino con otro tío-

-¿No pretenderás que te ponga cuernos, verdad?-

Nunca me he acostado con otro hombre desde que salgo con Andrés, aunque sí es cierto que antes de eso he llevado una vida sexual bastante promiscua. Él lo sabía cuando comenzamos a salir, sabía que había follado con un buen puñado de hombres y que mi boquita había comido todos aquellos sexos masculinos. Alguna vez me confesó que eso era algo importante para él y que lejos de ser un dato en mi contra lo era a mi favor.

Siempre he sabido que le excitan mis historias pasadas, me ha pedido innumerables veces mientras hacemos el amor que le cuente detalles de encuentros con otro tío, como me la metía o qué me decía. Y le gusta tener su orgasmo cuando le estoy relatando esos episodios.

Los hechos que incluyen este relato, creo que son la consecuencia lógica, por un lado, de que estén haciéndose públicos mis sentimientos más íntimos, mis vivencias sexuales, y por otro, de ese deseo de Andrés. El verme o imaginarme follada por otro falo distinto al suyo.

A pesar de mis dudas he decidido publicar los hechos sucedidos con Ricardo, sin saber si todo esto servirá para afianzar mi noviazgo con Andrés o si, por el contrario, desembocará en nuestra separación.

No os he hablado, porque tan solo llevo tres relatos, de mi familia o la de mi novio.

Ricardo, le llamamos Richi, es hermano de Andrés. Trabaja como creativo, no sé muy bien qué cosa es eso de creativo, en una empresa informática. Pero yo voy más lejos, no me trago lo de creativo, Ricardo debe estar ocupándose de otro tipo de temas más lucrativos, pero no voy a hacer aquí públicas mis sospechas. Sus emolumentos corresponden a un cargo de alta dirección, más incentivos cuando consigue colocar un nuevo producto. Sé que hay meses en los que ha superado los quince mil euros. Y eso es sólo lo que nos cuenta. Vete tú a saber la pasta que tiene. Mucha, eso sí lo sé.

Desde que fuimos presentados, Ricardo no ha disimulado su atracción por mí. No se molesta en ocultarla, es más, yo diría que alardea de su flirteo conmigo ante Andrés. Mi novio, en todo momento se ríe, sin dar importancia a esos detalles. Algo me dice que el mismo Andrés ha incitado a Richi a ir a por mí.

Hace unos pocos días, al encontrarnos los tres, Ricardo me plantó un beso en los labios delante de Andrés, sin que este le dijese nada. Después de las últimas propuestas de mi novio he empezado a comprender su falta de reacción. Y sobre todo las frases que me ha ido diciendo:

-Me gustaría que fueses más cariñosa con mi hermano- Me sorprendió Andrés al final de aquel día, el del beso, cuando nos quedamos a solas.

-¿Más cariñosa? ¿A qué te refieres?- Le contesté haciéndome la tonta y fingiendo estar sorprendida por su petición.

-Hoy Richi te ha besado en los labios y te has quedado como si nada, fría y distante. Tania, me gustaría que cedieses a este capricho, mi amor. Sé que Ricardo te resulta atractivo. No lo niegues-

-¿Y….? Aunque eso fuese así….- le pregunté como si me sintiese anonadada. Había llegado el momento en el que Andrés me estaba pidiendo que me follase a Richi. Sinceramente, siempre guardé dudas de que fuese a ser capaz de proponerme tal cosa.

-Pues eso- me dijo- no soy celoso y no es la primera chica que compartiríamos-

-¡¿Cómo?!- le regañe. -¿Es que yo soy “otra chica”- Mi enfado era fingido. El atractivo por Richi había ido creciendo en mi interior y yo lo deseaba más que el mismo Andrés – De eso ni hablar, yo sólo te quiero a ti-

-No te hablo de amor Tania. Tu amor lo quiero enterito para mí. Pero ya has contado en todorelatos cuando compartiste a Santiago con Vanesa.

Sexo, sólo te hablo de sexo. Debes entender eso-

-De aquello han pasado años- le objeté -Ahora soy tu novia. Vamos creo-

-Sí, nena- me dijo- pero eso no borra el placer que sentiste, ¿No?-

Yo me esperaba desde tiempo atrás todo lo que estaba pasando. El interés de Andrés para que publicara en todorelatos era premeditado. Estaba segura.

-Andrés- le dije, contradiciendo mis secretas ganas por tirarme a mi cuñado- si queremos una relación estable, es mejor que no entren terceras personas. Eso acaba llevando al traste cualquier pareja. Una cosa es publicar y entretenernos leyendo los correos guarros que me escriben, o viendo las fotos de los hombres desnudos a los que tienen enamorados mis relatos y que me envía fotos de sus penes erectos. Y otra muy distinta es que me acueste con Richi, o con cualquier otro. Nuestra relación se iría a la mierda. Todo esto es ficción, puro morbo. Llevar a la realidad las fantasías creo que no nos conviene-

-No Tania- me aseguró- nuestro amor no se vería alterado. Te lo juro-

Me abrazó y me beso tan apasionadamente que nuestros cuerpos quedaron sellados y nuestras lenguas enredadas. Me di cuenta de la tremenda erección que le había crecido bajo el calzón. Le excitaba tan solo hablar, tan solo imaginarse siendo un cornudito. Comprendí que el que Andrés me viese en brazos de otro, en la cama con otro, era sólo cuestión de tiempo. Soy débil, una mujer demasiado atraída por el sexo, demasiado débil.

Sin yo saberlo, aunque algo me olía raro, Andrés y su hermano planificaron durante días el primer encuentro entre Richi y yo. Y la cosa sucedió asi:

Mi novio y yo fuimos invitados a casa de su hermano. -Veniros- le dijo a Andrés por teléfono- he amueblado y redecorado el salón. Vamos a inaugurarlo-

Llegamos a la exclusiva urbanización. Una caseta con vigilante, con su correspondiente barrera bajada que nos impedía el paso.

El vigilante con un uniforme parecido al de los grises de Franco, se acercó a la ventanilla.-El señor Andrés y la Señora Tania, ¿Supongo?- Preguntó.

Asentimos.

-Pasen. Tenía aviso del señor Ricardo de su visita. ¿Saben llegar?- preguntó- tenemos follow me-

¡Tiene cojones! Pensé. ¿Tenemos folomi, ha dicho?. Andrés responde al conserje:

-Sabemos llegar. Ya hemos venido otras veces-

Hay un silencio en el que mi chico escudriña las facciones del conserje. -No estaba usted la otra vez que vinimos- le dice.

El vigilante resulta algo arrogante cuando contesta: -No, señor. Seguro que yo no estaba, me acordaría- le he visto mirarme las piernas y las tetas al decir “me acordaría”.

La barrera se abre y nuestro coche se adentra en la maraña de calles anchas flanqueadas de setos impenetrables y árboles grandes que sombrean el verano y hacen invisibles las mansiones del interior. Hay residencias de embajadores y mi imaginación me dice que algún futbolista famoso y algún que otro jeque viven allí.

-¿Qué coño ha dicho que tienen?- Le pregunto a Andrés cuando pone en marcha el coche.

Andrés se ríe con mi pregunta. -Follow me- responde. -En inglés quiere decir sigueme. Es un coche que te acompaña delante, indicándote el camino hasta el chalet al que vas-

-¡Joder con tu hermanito! vaya nivel! ¿Nos venimos a vivir con él?

-Quien sabe- me dice. Le miro sin comprender nada. Debe estar vacilándome. Lo he dicho en broma, pero ese “quien sabe” no ha sonado a broma.

Ricardo y Andrés son escandalosos cuando se saludan. Saltan abrazados y se pegan tales palmadas en la espalda que casi se desmontan. Luego Richi me toma de la cintura con una mano y del cuello con la otra. Por segunda vez me saluda con un beso en los labios.

Esta vez lo mantengo más rato, le dejo disfrutar del contacto con mi boca. Y el cabrón se empalma. Sé que el que más goza con la demora en el beso es mi novio.

El nuevo salón de la mansión de Ricardo, es simplemente la sublimación de una estancia. Modernamente decorado e inmenso. Un gran sofá tapizado en piel italiana de color negro, cuero de vaca, con una chaise longue a la izquierda, preside la habitación. El armazón es de acero cromado. Yo diría que el sofá mide unos tres metros de ancho, o tal vez más. La chaise longue tiene no menos de dos metros. Todos estos detalles los enumera uno a uno Ricardo, sin pudor, ni humildad alguna. Se pavonea de la posición que ha adquirido, de su nivelazo de vida.

Imagino que en aquel precioso sofá, al que complementan tres inmensos cojines blancos, rellenos de suave plumón de ganso, se va a producir más de un encuentro amoroso. Es un sofá para follar o para dormir, más que para estar sentado.

Nos sentamos en él y nuestros pies pisan una alfombra anudada a mano, empenachada y totalmente artesanal. Esta confeccionada con lana y seda, creada sobre una base de tejido de tela, en la que, con un instrumento parecido a una pistola, se insertan manualmente y a presión cada uno de los mechones del vellón. Así nos lo explica Ricardo de nuevo, mientras descalza elegantemente uno de mis pies. Después lo acaricia dulcemente, pasa sus dedos por los de mi pie y acaricia con la otra mano la planta. Todo ante la mirada de su hermano, que no hace el más mínimo gesto de contrariedad. Más bien yo diría que está disfrutando de como evoluciona la escena.

Creo que Andrés sospecha mi “sí quiero” a sus insinuaciones. Ricardo continua tomándome del tobillo, y conduce el pie descalzo por la alfombra. Lo desliza por la superficie de la lana blanca. Me rio sin remedio, me hace cosquillas el deslizar de la lana en la epidermis sensible.

-Perdona- se disculpa galante Ricardo- Es suave ¿Verdad?- Aquellas caricias insinuantes me han dejado receptiva, han sensibilizado mi resorte para el sexo. No me sorprende que Andrés se muestre relajado y feliz con lo que contemplan sus ojos. Sabe que la cosa va por buen camino.

Richi pasa a describirnos el suelo. La tarima de madera de haya se mecaniza y se clava bien. Sometida a un tratamiento de secado y vaporizado a 90-100º C durante uno o dos días, adquiere ese tono rosado o rojizo que luce, más uniforme que el color natural de la madera. Ricardo disfruta contándonos estos detalles del lujo que viste cada rincón de su casa. Yo no acabo de saber muy bien de qué coño habla.

Mi cuñado es cuatro años mayor que Andrés. El tiene 35 y mi novio 31. Mi chico ha quedado en un segundo plano, como un simple espectador. No habla ni interviene desde que llegamos. Se deja llevar, sumiso corderito, a lo que Ricardo inventa.

-Tráele a Tania algo de beber Andrés- Ordena Ricardo, y mi novio desaparece camino del mueble bar.

-Siéntate Tania. Estás más que bellísima hoy- me dice Richi. Después, descaradísimamente, me recorre con la vista desnudándome, casi follándome- Sublime Tania, eres una diosa caída del Olimpo-

Le miro a los ojos para intentar discernir cuanto de rollo, cuanto de flirteo y cuanto de verdad hay en sus palabras. Pero lo cierto es que me da igual. Ricardo es un hombre fascinante, no sólo por su dinero. Te cautiva desde que lo ves, desde el primer saludo, desde la primera mirada de esos ojos azules.. Y, al hablar es un don Juan, embaucador, seductor. Sus palabras sueltan unas amarras que te atrapan, de las que no quieres escapar.

-Gracias, tú siempre tan cumplido-

-¡No me jodas Tania! ¿Qué coño cumplido?- me mira a los ojos con una mirada tan cercana tan profunda que me taladra el corazón, me siento desnuda, como si supiera todo lo que pienso y siento. Como si adivinase que me atrae, que deseo sexo con él tanto o más que con su propio hermano. Intuyo que sabe mis ganas de hacerlo, de sentir nuestras pieles desnudas en contacto.

Acerca su cara a la mía, de tal forma, que por un momento creo que va a besarme. Pero sus labios se acercan al oído y me susurra:

-Tania si no estuvieses con mi hermano, serías mía- confusa, no sé qué responder, y la aparición de Andrés me libra de hacerlo. Aparece con unas cervezas. Richi se lo va a quitar de encima en un santiamén.

-Andrés- le pregunta -¿Te acuerdas de las nuevas ranitas tropicales que pedí hace unos meses al vivero para nuestro paludario?-

-¿Ya han llegado?- Pregunta mi novio interesadísimo. No conocía esa afición de mi chico por los batracios.

-Por supuesto-contesta Ricardo. Me dejaron aviso en el washap ayer. El problema es que están en la tienda aún. No he tenido tiempo para recogerlas y no hacen portes-

Teclea en la pantalla un washap y en dos segundos prosigue:

-Andrés, mira en el aparador- le pide Ricardo- hay unas llaves- Mi chico obedece como perrito faldero.

-¿Estas?- pregunta Andrés mostrando un elegante llavero con el cabalino rampante en oro sobre fondo negro.

-Eeesas.

Son las del Ferrari amarillo. Ese que tanto te gusta. Cógelas, está aparcado abajo en el jardín de la entrada. El mando de la cancela está en la guantera-

Del bolsillo del pantalón extrae una tarjeta y se la alarga a Andrés

-Es la dirección de la tienda- le dicie – Sé que te gusta el Ferrari. Vete a por las ranitas. Ten cuidado son unas “phyllobates terribilis”, con solo rozarles la piel, estás listo.Y sobre todo ten cuidado con el carro. No me lo traigas abolllado. Por si no lo sabes es un 458.

Andrés le demuestra que conoce bien el modelo: -¿Me lo dices o me lo cuentas?- le contesta- es un biplaza con tracción trasera y motor central atmosférico de 8 cilindros en V y 578 CV . Diseñado por Pininfarina.

-¡Joder con mi hermanito!. Sabes más del carro que yo. Bueno, que tengas cuidado con él. Esos 600 caballos no son fáciles de manejar. Yo, mientras tú vuelves, entretengo a mi cuñadita. Tengo un asunto que no quiero que oigas, es una sorpresa que os va a gustar-

-Me encantan las sorpresas, Richi- Dice mi novio.

Lo dicho, Andrés se comporta como un pelele en presencia de Ricardo. Desaparece obediente. Y, según se va, Ricardo le da una nueva orden:

-No tengas prisa. ¿Me entiendes?. Entretente lo que haga falta-

-Siiiiiiiiiiiii, lo entiendo. Que no vuelva pronto. ¿Una hora estaría bien?-

-Mejor dos- Le responde Ricardo – Date una vuelta con el Ferrari, vete al barrio y vacila con los amigos. Toma- dice sacando dos billete de cien pavos- hace tiempo que no los veo, invítales a unas cervezas y dales recuerdos de mi parte-

Cuando Andrés se da la vuelta para desaparecer Richi me dedica una mirada taimada y cómplice, esboza una sonrisa cínica, de niño malo, en un atractivo gesto que me encanta. Procuro disimular mi anonadamiento por él. Me tiene hipnotizada y creo que lo sabe. Pero me importa un bledo demostrarle mi rendición. Es un tema cerrado y decidido.

-Cuñadita- me dice – tú y yo vamos a hacer un gran equipo- ¡Cómo domina la situación el muy cabrón! es todo un artista. Y está tan guapo con esa camisa italiana de color blanco. Le cae genial.

-¿De qué me hablas?- le respondo- ¿Qué te traes entre manos Richi?-

-Me encanta que seas la novia de Andrés- Dice, con un tono totalmente sincero. Después guarda silencio durante un momento largo, pero se acerca hacia mí. Estamos de pie en el salón, muy cerca de la ventana. Se me aproxima mucho, casi hasta el contacto. Puedo oler el aroma a Armani Privé, sus esencias masculinas que recuerdan a la canela. Me vuelve loca.

Ricardo pone su mano en mi cintura. Le dejo hacerlo. Aprieta el contacto. Nota la tira del tanga bajo el fino tejido de mi vestidito de verano. Me he dado cuenta de la situación y la he aceptado. Y eso él lo sabe. Es demasiado listo. Sabe que va a salirse con la suya. Tan solo ese contacto electriza mis pezones que reaccionan bajo lel vestidito, creciendo como minúsculas setitas, pujantes y duras.

-Tania. Me dice dulcemente, casi en un susurro- mi hermanito te quiere y no quiero estropear lo vuestro- guarda silencio un segundo y comienza a acariciar mi barbilla con el dedo índice- Sé que estáis pensando lo de la compra del piso y las dificultades que os plantea. Y he pensado que para qué coño está un hermano. Y más si tu hermano tiene pasta-

Es cierto que no tenemos mucho dinero pero el muy cabrón sabe administrar las frases y los gestos. Baja la mano de mi barbilla al escote del vestidito y comienza a jugar con el borde. Estoy muy nerviosa y excitada. Él lo ha notado en mi timidez, en mi respiración pesada, en mis ojos gachos. Noto como me sudan las ingles. Uff.

-Me gustaría ayudaros, Tania- Dice Richi. Mis pezones han crecido más y se nota terriblemente que no llevo sujetador.

No sé porqué, pero lo sé, va a tocarme un pezón.

-Tania, para mí un pisito en las afueras de Madrid no es un gasto significativo. Lo sabéis. Y lo que tampoco sabes es como quiero a ese condenado Andrés

No quiero que penséis que es una limosna ni nada por el estilo. Cuando os vaya mejor me devolvéis la pasta. Simplemente somos parientes ¿verdad?- Su mirada seductora se clava en mis ojos mientras con un dedo recorre mi seno sobre la seda y aterriza en el pezón con el que comienza a juguetear.

-No hagas eso Ricardo, te lo suplico, por favor no lo hagas-

Miento como una condenada. Me encanta ese dedo travieso rozando el botón redondo de mi teta.

-¿No te gusta?- Pregunta el cabrón, sabiendo que me vuelve loca. Que no quiero que deje de hacerlo. Respiro profundo y mi pecho sube y baja con el dedito de Ricardo dando vueltas y vueltas.

-¿Os gustaría que os comprase el pisito como presente de bodas?- Me da un pellizquito dulce en la tetilla –

Miro hacia abajo y noto la verga tremendamente crecida de mi cuñado bajo el pantalón.

Me pongo seria.

-No voy a ponerle los cuernos a tu hermano por un piso. Imagínate el palo para él si se entera. Si tanto le quieres como dices. ¿Tú que crrees que diria sin nos viese en este instante?-

La respuesta de Ricardo es demoledora: -Mi hermano ya lo sabe, Tania. Sabe lo que está pasando en este mismo instante. ¿No te diste cuenta cuando le di las llaves del coche?

Tania. Arriba en mi dormitorio hay una ropa que ha comprado Andrés, por encargo mío. Vas a ponertela ahora mismo- aquello a sonado a orden. No sé que ropa será, pero estoy dispuesta.- Lee la notita que te ha dejado escrita Andrés, y sabrás porqué te digo que él lo sabe ya-

Me gira en dirección a las escaleras, me pone la mano en el culo y me empuja hacia ellas. No quiero mirarle.

Subo al dormitorio. Sobre la cama hay una especie de disfraz de empleada del hogar, con una falda ridículamente corta. Encima del modelito un sobre con la letra de Andrés junto a una rosa roja:

De Andrés para Tania

Lo abro y desdoblo el papel que contiene.

Tania, si quieres, este es el momento.

Mi hermano muestra su generosidad al comprar ese piso. Te pido que seas generosa con él.

Ponte el uniforme y baja al salón. Si lo haces as,í será signo de tu aceptación. Si bajas con tu propio vestido significará que renuncias a tenernos a los dos.

Ricardo me ha jurado aceptar lo que decidas.

PDT: Hagas lo que hagas estoy orgulloso y enamoradísimo de ti.

ANDRÉS

Por extraño que parezca no me sorprende la nota. Es un cheque en blanco para Ricardo y para mí. Una carta blanca para poder follar con el hermanito de mi novio, un consentimiento explícito a convertirse en un cornudo, con todas las letras. Ricardo me follará cuando, como y donde quiera de ahí en adelante. He de sopesarlo bien. Sé que Andrés no lo hace solo por el dinero. Intuyo desde hace mucho tiempo esa debilidad, su tendencia al cornudismo.

No me lo pienso más. Si Andrés está de acuerdo y sé que lo está……… ¡Adelante!

Me pruebo el uniforme de sirvienta. Está comprado en un sex shop con toda seguridad. Es negro, de tirantes, con un delantalito blanco cosido en la parte frontal. El escote es ta grande que se me ve todo el sujetador, pero lo dejo, porque es negro y le da elegancia. Encima de la cama hay también un plumerito, de esos para quitar el polvo, un tanga, y en el suelo, unos tacones negros. Me pongo los tacones pero dejo el tanga en la cama. Voy a bajar sin bragas. Ahí es donde le voy a sorprenderle a Richi. Eso no se lo espera. Voy a ejercer de puta. Ya lo he decidido. Sólo la idea de mostrarle mi coño desnudo sin maniobras prévias a Richi me moja la entrepierna.

Bajo las escaleras y entro en el salón. Ricardo tiene los pies cruzados en la chaise longe. Oye mis pasos por el pasillo y me mira de reojo. Sonríe al ver el uniforme, ya sabe que he aceptado el juego. Soy su empleada del hogar, una putita que va a dejarse…………..hacer de todo.

Paso junto a él gatuna contoneando mis curvas, moviendo el culo. Me sonrío. Estoy tan excitada como una niña a la que fuesen por primera vez a subirle la falda con su consentimiento. Le doy la espalda y me dispongo a limpiar la mesa de cristal con el plumerito. Lenta muy lentamente, me agacho, sin dejar que lo vea todo. Haciéndole sufrir. Agacho y subo, agacho y subo, cada vez un poco más abajo. Finalmente, pero mucho más lentamente, me agacho definitivamente. Tengo la certeza de que Ricardo me está viendo la raja que parte en dos el suculento manjar.

-Sigue dándole. Por ahí está algo sucio- Me dice con sorna. Me sonrío al comprobar que no pierde detalle del espectáculo- Más allá, dale más allá- repite.

Quiere que me incline más sobre la mesa, que mejore la prespectiva del coño que contempla. ¡Me siento tan puta así, con el chichi desnudo ante mi cuñado! Pongo una rodilla sobre la mesa y me inclino hacia delante sacando el culito, ofreciendo mi ano y mi chochito de forma total.

¿Desde cuándo tendrá planeado este momento? Es fácil, cuando se tiene tanto dinero cumplir tus deseos. Pero me es indiferente. Andrés está de acuerdo en esta historia y él sabrá por qué lo hace.

Repaso y repaso la mesa con el plumero. Muevo mi culito, arqueo la cintura mostrando el coño desnudo, dos minutos, tal vez tres. Ricardo se acaricia sobre el pantalón una tremenda erección que ha sufrido nada más verme aparecer con el disfraz. Pero no se inmuta. No dice nada. Tan solo me contempla en silencio.

Decido incorporarme y le miro descaradamente. Su mirada es seria, de deseo. Está condenadamente atractivo así sentado como un rey. Durante el largo instante que mantenemos las pupilas el uno en el otro, el único gesto de Richi son las caricias que le sigue regalando a su erección.

Me giro y echo a andar hacia el pasillo, me voy a esconder allí a ver qué pasa. Voy a jugar un poquito con mi niño. Doblo la esquinita que da a las escaleras y espero de pie. Sé que no va a poder resistirse ni dos segundos.

Efectivamente, casi antes de llegar, oigo sus pasos tras de mí.

No hay preámbulos amorosos, no hay besos previos ni abrazos.

-¿Tú te crees que puedes ir por ahí, sin bragas, impunemente, sin que haya consecuencias , Tania?- Se desabrocha el pantalón mientras habla.

-¡Qué he hecho mal?- le pregunto malignamente. -Sólo ha sido un pequeño despiste, no me había dado cuenta de las bragas, las he olvidado arriba. ¿Quieres que suba y me las pongo, Richi?-

Levanto mi faldita mostrándole el chochito – Se me olvidaron- digo con voz de niña tonta. Me encanta hacerme la tontita, inocente y perversa a la vez. Él se quita la camisa con el falo duro desnudo y los pantalones ha caído y descansan sobre los tobillos.

-Sí, Tania, vas sin bragas. Eres muy mala y tienes que pagar una prenda. Vas a hacer que esto- se mira el rabo- vuelva a su tamaño normal. Se me ha puesto grande y quiero que vuelva a estar pequeñita-

-¿Y qué debo hacer?- Le pregunto mimosa.

Nos miramos sabiéndonos los personajes de un juego privado, enervante y envolvente. Mi coño esta mojando mucho. Pongo la voz de zorrita:

-¿Cómo lo hago, mi vida?¿Como la pongo pequeñita otra vez?

-Ricardo pone sus manos en mis hombros y me obliga a bajar en cuclillas. Mi mano izquierda agarra su muslo poderoso bajo el glúteo redondo y duro. Ricardo tiene un trasero divino.Con la derecha cojo el pene que se sacude involuntariamente al sentir mi tierna manita aferrarse a su tremendo placer.

No hay preámbulos amorosos, no hay besos ni abrazos.

Mamo la verga y la masturbo a la vez. Le follo el pene con la boca unos instantes y noto que la dureza es máxima ya.

-Prueba a ver si te cabe entera- me dice mirando desde arriba.

-¿Entera?- pregunto con voz de niñita. Jugando a niñita tonta, a niñita mala y juguetona. – La tienes muy grande Richi- le digo con voz mimosona.

¡Cómo le gusta a un tío que le digas eso!, que la tiene grande.

Meto el falo entero hasta sentir los testículos en mi barbilla y el glande en mi garganta. He aprendido, a base de mamar polla, a controlar las ansias y arcadas que tienes cuando la metes tanto. Ya no se me nota.

-¡Joder Tania! ¿Y se la comes así a mi hermanito también?- Me dice moviendo lateralmente la polla engullida, como si mi boquita no tuviese fondo.

No contesto preguntas tontas, y menos si tengo la boca ocupada, así que me callo y sigo mamando.

Aferrada a sus muslos, justo por debajo de un culo varonil y soberbio. Muevo los hocicos con el pene tragado hasta el límite. A ese movimiento yo le llamo follar con la garganta.

-¡Joder que gusto, mi vida!- grita Richi en el éxtasis que le inunda. No se esperaba aquella mamada tan profesional de su cuñadita. Lo sé.

Entonces saca su pene, al que le siguen unas hileras de baba que lo unen a mi boca, baba densa que sólo sale tras una mamada tan profunda.

-¡Tania eres la hostia!- me dice – supongo que lo de lamer los huevos tampoco se te dará mal.-

Antes de que haya acabado, mi lengua se lo demuestra. Él se coge el pene y me golpea con él en la cara. Me encanta sentir los vergazos en la naricita y en la frente y los ojos.

Abro la boca y el golpea con su pene en la lengua plana y extendida. Pienso por un momento en Andrés con su ferrari amarillo. ¿Imaginará que tengo la vergota de su hermano ahora mimsmo en la boca?¿Sabrá que estoy dispuesta a lo que Richi me pida?. Intuyo que mi novio quiere leerlo con tetalle y ahora, según lo escribo, me concentro en no perder un solo gesto para que sepa tal y como fue. No me he sentido tan satisfecha de una mamada en mi vida. Cada gemido de placer de Richci me transporta al éxtasis.

-Levanta- me dice- arranca de dos tirones el modelito de empleada y me quedo en pelota viva, totalmente desnuda. Tiro los tacones escaleras abajo. Richi me gira poniéndome de espaldas a él y eleva mi pierna hasta apoyar mi pie en el pasamanos de la escalera. Mi coñito empapado queda abierto y el se agacha un instante para verlo, olerlo. Mete su lengua en él un segundo y juguetea con todo el derrame que destila. Me enloquece tenerlo lamiendo mis jugos, no quiero correrme aún.

-Me vas a tener siempre Tania. Tú y Andrés me vais a tener siempre. ¡Oh Dios mio, qué cosa más bonita!- Y deposita un beso en el bigotito de pelos que me he dejado adornando mi sexo.

-Fóllame Richi- le digo con vehemencia- Fóllame mi amor. Te necesito dentro-

Sé que habré de describir estos instantes a Andrés cuando follemos, para que él tenga su orgasmo imaginandome empalada por Ricardo. Memorizo cada gesto y cada envite del falo en mi interior.

-¿Te gusta?- me pregunta mientras bombea de puntillas en el escalón. Giro la cabeza y le tiro un beso.

-Sigue amor. No pares- y muevo mi culo de arriba abajo follándole yo.

Es todo un artista mi cuñadito, alterna envites cortos y rápidos con paradas en las que me veo obligada a ser yo la que mueva el coño, la que lo folle a él. De repente arrea con toda la fuerza, provocando un movimiento brusco hacia la pared. Grito y jadeo según son sus acometidas. Siempre gatuna, Siempre provocativa.

-Quiero a tu hermano, cielo. Pero tu le ganas follando. No se lo digas- Sé que esas palabras lo van a erotizar más.

Richi casi se corre con mi adulación. Para no volcar su leche tan pronto, saca su pene y se agacha para besarme el culo. Sé que le estoy haciendo muy muy feliz. Me deja y sube los escalones que faltan para el descasillo. Veo como se sienta y como me llama.

-Ven amor- El condenado esta tan atractivo con el pene apunto de estallar. Me siento dominadora de la situación. La luz blanca rebota en las paredes y cuando llego a su altura me giro para tomar asiento en el cipodte de Ricardo, De espaldas a él.

Creo que no he estado tan mojada en mi vida. A pesar del tamaño del falo de Richi, nada pequeño, me entra como mantequilla. Imagino la visión que tiene de mi espalda y mi culo sentada sobre su entrepierna.

Ahora soy yo la que me voy a mover. Roto las caderas para rozar todas las paredes de mi gruta con el misil. En círculos, lateralmente, de alante hacia atrás.

-Tania-

-Dime amor-

-¡Me muero! ¿Vas a matarme zorra!-

Es la primera vez que me llama zorra y casi me corro. Me ha encantado. Restriego mi culo contra sus huevos, con el pene totalmente dentro, sintiendo la verga a punto de estallar. Y entonces subo mis pies en sus poderosos muslos. Se nota que el cabrón se cuida, los muslos duros como piedras, ni se inmutan con el peso de mi cuerpo. Le follo así en la misma postura durante mucho tiempo.

Él no habla, solo jadea y suspira, pero sus sonidos me guían en los movimientos y me concentro como jamás lo he hecho en hacer gozar a un tío.

-Ven- me dice.

Toma mi mano con dulzura y me lleva a la segunda habitación de la planta alta. Tan solo hay una especie de edredon nórdico inmenso en el suelo de madera. Es un rinconcito para follar.

Se tumba boca arriba.

-Vas a seguir follándome- me dice- ninguna mujer se mueve como tú.

Esta vez me situo frente a él y me arrodillo dejando que la verga entre de nuevo. Vuelvo a danzar las caderas y el culo en su honor. Juego a poner caras, caras de placer, boquitas abiertas. Reaccionando a cada gesto de Richi, a sus pellizcos en mis pechos a sus lametones en las tetillas rojas y duras, a sus besos apasionados en mi boca. Me muerde el cuello. Me susurra “te quieros” “puta” “fóllame”. Susurros que me excitan hasta el éxtasis. No dejo de follarle. Me cansa, porque lo normal es que sean ellos los que hagan esto. Pero esta vez soy yo la que jode, la que bombea con las caderas, la que decide el ritmo. Desearía ver la reacción de Andres si viese a su hermano cogido de esta forma por su novia.

Cabiamos de postura. Esta vez los dos tumbados, yo ofreciéndole la trasera. Levanto la pierna derecha y apoyo el pie en su musculado muslamen. Para abrirme más, para que me entre toda.

Agradezco el descanso. El que sea él quien folla ahora. Pero eso es peligroso. Acelera tanto que sé, soy consciente de que viene el final. Me masturbo el clítoris y tengo el orgasmo. Un orgásmo como descarga que mueve cada músculo y cada tendón de mi anatomía.

Al notarlo se le viene la leche a mi amante. La saca, me tumba y acerca el pene a mi cara.

Nunca me ha importado recibir el esperma en la cara. Sé que a ellos les gusta y para mí no reviste importancia. Abro la boca.

Richi es un escandaloso. Si en vez de un chalet estuviésemos en un piso, los vecinos habrían avisado a la policía. Los alaridos retumban al ritmo de las sacudidas de su frenesí orgásmico. Me cae leche en la boca y en el ojo. Alguna gota más potente viaja a mi pelo y al edredón nórdico.

Todavían le quedan ganas de meterla en mi boca. Todavía me quedan ganas de lamer el falo pringoso de esperma como una auténtica zorra.

-Tania- me dice con el cigarrillo recien encendido. Aún los dos desnudos, mientras me limpia el semen con el edredón. -Andrés es muy afortunado. Y yo más aún-

Deposita un beso con sabor a tabaco en mis labios y yo retengo el beso e introduzco mi lengua en su boca.

-Ricardo. No sé cómo va a acabar todo esto-

-No te preocupes, Tania. Jamás os haría daño-

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