Mi gran desgracia .. mi polla

Tener una polla grande puede ser una ventaja, pero si es gigante, es una desgracia.

Estoy acostado, boca arriba, los ojos cerrados, no necesito abrirlos para saber lo que podría ver, paredes blancas, cama blanca, puertas blancas, armario blanco… estoy acostado en un hospital desde hace 72 días, y lo que me queda, tengo la pierna izquierda toda escayolada hasta arriba del muslo, la pierna sujeta con unos hierros a un soporte desde la cama, estoy inmovilizado, pero por lo menos tengo los brazos y la otra pierna libre.

Son las cuatro de la madrugada, hace días que no duermo más de dos horas, estoy pensando, desvelado, es lo único que puedo hacer por mi cuenta.

Apenas recuerdo el accidente, tengo una moto pequeña y vi por el rabillo del ojo que un coche a mi lado giraba de golpe y me lanzó al suelo.

Tengo varios huesos rotos en la pierna, me operaron e igual me tienen que volver a operar.

El problema aquí empezó cuando salí del quirófano y me subieron a planta todavía adormilado,

Cuando me instalaron en la habitación, recuerdo entre nubes que vinieron varias enfermeras, mientras me colocaban bien la ropa para que estuviera cómodo, todas estaban admiradas y murmuraban entre ellas.

El problema que tengo es grave, todo el mundo se burla, pero si conocieran a fondo mi situación me entenderían.

Mi caso es que tengo una polla de un tamaño enorme, y cuando digo enorme es enorme, dicho así da hasta risa, pero no, es una desgracia.

Soy un chico normal, tengo 32 años y un tipo corriente, incluso perdí mucho pelo siendo demasiado joven y me tengo que afeitar la cabeza para disimular, he hecho un poco deporte pero lo tuve que dejar. Solo tengo de familia un hermano casado y es como si no lo tuviera.

Me llamo Enrique, y soy informático, trabajo en una empresa con otros 7 compañeros en una sala con cubículos separados por mamparas, por lo que no nos vemos si no nos levantamos.

Cuando llegue al hospital se corrió el rumor rápidamente, porque desde el quirófano avisaron a planta, venían a visitarme de todas las salas, incluso vinieron médicas de pediatría, todas levantaban la sabana y se quedaban asombradas, al tener la pierna enyesada hasta la ingle no me pueden poner pantalones, por lo que llevo un camisón corto atado detrás.

Desde joven siempre he sido retraído, nunca he podido hacer una vida normal, no he podido ir a la playa, ni ponerme pantalones vaqueros, ni pantalones cortos, incluso me tengo que vestir siempre de traje con chaqueta, me los hacen a medida pues los de confección me tiran.

El primer día se quedó a cuidarme mi cuñada, se ofreció gentilmente y le agradecí mucho el detalle, no nos veíamos demasiado. Estuve toda la tarde molesto y casi todo el rato durmiendo, por la noche ya me despabilé, si me dolía me daban calmantes, como tenía que orinar para despejarme de la anestesia, aunque me daba reparo, le dije a mi cuñada que me pusiera el vaso, por supuesto me lo trajo, pero cuando pensó que me lo tenía que poner ella, se quedó quieta, pero no le quedó otro remedio, me levanto la sabana y la oí decir…

— Dios santo…

No sabía cómo hacerlo pero sabiendo que lo necesitaba y que se había ofrecido para eso, me cogió la polla y la metió en el vaso, casi no cabía pero lo intento hasta que descargué, le di las gracias y mirándome me sonrió nerviosa, al final estuvo casi toda la noche poniéndome el vaso, de madrugada note como me cambiaban de sitio la polla, la tenia caída a lo largo de la pierna, tengo que decir abochornado que me mide cuando esta blanda 27 cm. de larga y de gruesa como una botella de medio litro de coca cola, es una pesadilla, la cogió con las dos manos y levantándola la dejo sobre mi vientre, me pasaba del ombligo y apenas la podía abarcar con las dos manos. Después de tres o cuatro meadas, ya mi cuñada me cogió la polla y le bajo la piel dejando la cabeza al aire, estaba hipnotizada viendo que tamaño de polla, entró en el servicio, mojo con agua tibia una toalla, me limpió cuidadosamente el glande y el tronco, mientras con una mano la sostenía con la otra la limpiaba. La anestesia ya se había pasado por lo que no tardo en ponerse dura y levantarse, separando sus manos para hacerse sitio, estaba como una estatua viendo la trasformación que tenia, pese a lo enorme que era ya blanda, se quedó vertical, balanceándose en el aire, con las dos manos a la vez estiró a fondo el pellejo, brillaba el glande rosado, aunque estábamos solos, miró alrededor y acercando la boca lamió el capullo, por supuesto no podía meterla en la boca por lo que se contentó con hacerme una paja suavemente, creyendo que estaba dormido, continuamente ponía su antebrazo para asegurarse la medida que tenía y para recordarlo luego, sus manos fueron cogiendo velocidad, mis venas hinchadas denotaban que estaba a punto de estallar, por lo que lió la toalla en la punta y siguió moviéndola de arriba abajo hasta que salió gran cantidad de leche, ella intentaba que no se saliera pero por todos los pliegues de la toalla salía leche, cuando terminé se guardó la toalla por no dejarla a la vista y con otra me limpió.

A la mañana siguiente se marchó dándome un beso, yo le guiñe un ojo.

A los dos días me llamó por teléfono, se excusó que no volvería a cuidarme, me contó que mi hermano lo primero que le pregunto, era si tenía la polla grande como le habían dicho, después de insistir, le tuvo que decir que un poco sí, mi hermano le dijo que si quería que me cuidaran, prefería que llamara a una enfermera por horas. Por supuesto no le contó lo de la paja.

Las auxiliares pasaban todas las mañanas y me lavaban, venían de dos en dos y se disputaban mi habitación, me lavaban con esponjas jabonosas y me secaban cuidadosamente procurando que se me pusiera dura, la acariciaban como si fuera un talismán. Cuando se iban estaban las otras esperando para que les contaran como la tenía,

Las enfermeras siempre tenían una escusa para revisarme los vendajes hasta la ingle, por lo que apartaban la polla de una pierna a otra, se alternaban con las manos.

Había unas chicas auxiliares que eran más lanzadas que las demás, cuando estaban en el turno, yo sabía lo que me tocaba, me ponían un empapador bajo el culo y me lavaban todos los huevos y la polla minuciosamente, la primera vez me pusieron la polla vertical y me estuvieron acariciando con las manos hasta que me corrí, no habían calculado bien, pues mis huevos hacen juego a mi polla, por lo que con el empapador no hubo bastante y como no podían detener los chorros de leche la soltaron y moje hasta el suelo.

Al siguiente día que vinieron, hicieron la misma operación para hacerme una paja, pero me pusieron un guante de látex en el glande para cuando eyaculara, cuando estaban a cuatro manos con mi polla, no pude aguantar y le pasé la mano bajo el uniforme de una de ellas, metí la mano bajo sus bragas y estuve acariciando sus labios hasta que me mojó la mano, las suya seguían conmigo y me incliné sobre la otra o por debajo del uniforme le estiré el sujetador y le dejé las tetas colgando para luego acariciárselas, no me dieron mucho tiempo pues ya me iba a correr, sujetaron el guante alrededor de mi polla y lo llene de leche, los dedos del guante estaban hinchados.

Al principio lo pasé un poco mal con las comidas pero luego eran ellas las que me traían de su casa bocadillos o tapers con alguna cerveza que guardaban en su nevera, luego me invitaban a cenar, por supuesto, siempre que me traían algo, tenían que meter la mano y cogerme la polla hasta ponerla dura, después le pasaban la mano por encima de la sabana y decían…

— Hasta mañana chiquitin.

Las horas pasaban lentas, estaba esperando que empezara a amanecer como todas las mañanas, miré el reloj, las cinco de la mañana, me di cuenta de lo bonito que era el reloj, su esfera y manecillas tenían fosforo y se veían en la oscuridad, era deportivo, me acordé de su procedencia, fue un regalo.

Cuando estaba un año trabajando en mi empresa, las chicas sentían curiosidad por mí, no salía con nadie aunque se insinuaban y me iba a casa nada más salir. Un compañero me convenció para que fuera a un gimnasio que iba el también, me apunté y empecé a ir, yo procuraba guardarme y me ponía por los rincones, en las duchas me escondía cara a la pared.

Una tarde mi compañero se despidió de mi y al volverme sin pensar, me vio la polla, se quedó pasmado, entonces lo cogí de los brazos y le hice jurar que no se lo diría a nadie, me lo juró, y la verdad lo cumplió, yo seguí en el gimnasio hasta que una tarde se me arrimaron dos chicos gay y me dijeron…

— Chico, quieres ver lo que es una polla? Mira la de mi amigo.

Se estuvieron riendo mientras le cogía la polla al amigo, que la tenía bastante grande, ya me habría gustado a mi tenerla así, la tenía empinada 45º y de unos 20 cm, yo sin hacer comentarios me volví y les enseñe la mía que descansaba a lo largo de mi pierna hasta casi la rodilla, se volvieron locos y se fueron chillando, a partir de ese día ya no volví al gimnasio.

Mi compañero no pudo guardar el secreto mucho tiempo, a los pocos días oí exclamaciones de asombro y risitas entre los cubículos, no le di importancia hasta que se fue extendiendo y una mañana se presentaron todos en mi puesto de trabajo.

Entre las chicas habían muchas muy monas, casi todas, pero había una que era caso aparte, era una pantera, ella lo sabía y presumía de ello, siempre iba vestida con grandes escotes, las tetas medio fuera, las faldas estrechas, muy bien peinada y pintada, de ella decían que era una come hombres, ella no lo desmentía.

Con todos los compañeros detrás se presentó mi compañera Elisa y sentándose sobre mi mesa cruzo las piernas despacio, me puso sus muslos frente a mi cara, mirándome fijamente y me dijo…

— Hola Quique, ha llegado a mis oídos un rumor sobre ti, me intriga un poco porque sé que exageran mucho, yo no quiero presumir, pero me he tragado pollas más grandes de lo que puedas imaginar, he apostado con todas las chicas que te follaré sin enterarme, la apuesta es una cena para todos, aceptas o sales corriendo ya?

— Elisa, la verdad es que no me gusta apostar, si crees que vas a ganar, me doy por perdido desde ya.

— Como, es que te rajas, no tienes narices de apostar? Ya pueden pagar la cena.

Las demás chicas empezaron a animarme, que no las dejara mal, que ellas me pagarían el hotel, en fin me empujaron a los brazos de Elisa.

Cuando por fin acepte, sonrió socarrona cuando fijamos una cita.

Cuando llegamos al hotel, estaba preciosa, vestía si cabe más provocativa, cualquiera se hubiera corrido nada más verla, yo me reprimía, quería verla en la habitación.

Lo primero que hizo fue desnudarse lentamente hasta quedarse en dos piezas, aproveché para ir a darme una ducha fría, cuando salí estaba tumbada sobre la cama completamente desnuda, era una diosa, su cara bellísima, ojos, boca, cutis, cuello, todo una belleza, los pechos, grandes, turgentes, altos, con unas areolas como galletas y unos pezones como cerezas, sin vientre, con un monte de Venus depilado totalmente y unos labios perfectos, parecían modelados por un escultor, el culo perfecto, redondo, alto, nalgas separadas y unas piernas con unos muslos suaves torneados y que dejaban ver a través de ellos los labios de su vagina.

Yo llevaba una toalla a la cintura, se notaba un poco el bulto de mi polla pero como tenía dos vueltas no destacaba mucho.

Me señaló el lado suyo y me dijo un poco displicente que subiera y le enseñara lo que tenía.

Subí lentamente a su lado y me solté lentamente la toalla, hasta quedar mi polla colgando, la vi tragar saliva, pero aunque era mayor de lo que había pensado me dijo…

— No estás mal de polla, pero yo tengo un arma secreta que no se me resiste ninguna y las he metido de grandes.

Sacó de su bolso un frasco grande con crema, se iba a untar el coño, cuando le dije…

— Pero no me vas a dejar que te coma al coño antes?

— Bien, puedes hacer lo que quieras, pero vas a perder la apuesta.

Me puse a su lado y le cogí las tetas duras que apenas las podía abarcar, los pezones salieron duros y ásperos, los chupé hasta que le dolieron, el coño fue víctima de mis labios y mis manos, sus labios quedaron rojos de irritación e hinchados de las lamidas que les di, el clítoris me lo fui comiendo con los dientes levantando su piel hasta dejarlo brillante y duro, hasta su culo lo lamí, sabía que no lo iba a catar pero quise aprovechar la ocasión.

Aunque muy caliente, Elisa estaba impaciente de ganar la apuesta, por lo que se untó el coño con mucha crema y cogiéndome, a mi la polla hizo le mismo, todavía colgaba, solo un poco morcillona,

Sin esperar más, me acostó en la cama y se sentó sobre mí, le entró un poco la punta y se bajo toda eufórica, había ganado, pero no me conformé, tenía que meterla hasta dentro, por lo que la puse a cuatro patas en la orilla y antes de meterla me la menee un poco, se levanto un poco pero aun no estaba bien, ella se impacientó y me dijo…

— Venga, la metes o qué?, que es para hoy.

Me acerque y se la fui metiendo, al principio se iba colando, ella presumiendo, culeaba para que se la metiera más, cuando la había metido bastante, ya soplaba y se estaba quieta, gemía de gusto y tragaba saliva de dolor, pero cuando la tuve toda dentro y aprecié la tía tan buena que tenía delante empecé a meterla y sacarla rápido, mi polla empezó a crecer de verdad y ella ya no podía aguantar, no paraba de ponerse más dura y gorda, ya me gritaba que no podía más, continué metiendo y mi polla alcanzó los 32 cm. habituales cuando estaba empalmada, ya el dolor era insoportable la vagina no dilataba más y Elisa ya no podía resistir, me urgió…

— Quique por Dios, sácala ya, me estás destrozando por dentro, sácala, sácala ya.

Yo seguía metiendo hasta que me dolía a mí también, la tenía más dura que nunca.

Fui a sacarla y no pude, estaba tan gorda que el glande no salía por donde había entrado cuando estaba más blanda, me seguía gritando…

— Sácala Quique, sácala ya.

— No puedo sacarla, es más gorda que tu coño.

— No puede ser, tú sácala.

— Te voy a hacer mucho daño, no puedo sacarla.

— No puedo resistir más esa polla, sácala como sea.

Intenté otra vez y le salía por entre las nalgas un bulto con mi polla y su vagina bloqueados, le hice que se volviera y se viera en el espejo y se asustó, le dije…

— Vamos a calmarnos Elisa, la única manera que veo para que salga, es correrme yo y cuando se baje saldrá ella sola.

Se quedó pensativa y reconoció que era lo mejor.

— Vale pues, córrete y sal de una vez.

— Pero para correrme, te tengo que follar más, así que aguanta un poco y procura hacerme correr.

— Bien, que quieres que haga?

— Pasa la mano entre tus piernas y me acaricias los huevos.

— Así?….Los tienes llenos de leche.

— Los tengo repletos, prepárate cuando me corra. Déjame las tetas, te las quiero pellizcar,

— Haz lo que quieras.

Le estuve apretando las tetas y sacándole los pezones hasta que le llegaban a las sabanas, seguí metiendo la polla despacio, estaba muy lubricada pero no salía aun, le unte el culo con la crema que me salía con la polla, ella protestó, pero le di un empujón fuerte y le dolió, así que se estuvo quieta cuando entro todo el dedo y el otro además, ya estaba sudando, por la espalda le corría el sudor, cuando empecé a sentir que me iba a correr y empecé a acelerar, me gritaba…

— Quique por tu madre, córrete ya, reconozco que he perdido, pagaré la cena pero quítame la polla de dentro.

Aceleré aun más y cuando me vino el chorro me apreté contra ella y lo solté de golpe, su vagina se hinchó de una manera exagerada, en un momento parecía que iba a explotar, pero de golpe salió un chorro de leche entre mi polla y las paredes de su vagina, hasta que salió mi polla como el tapón del champan.

Se quedó desmadejada sobre la cama. No podía ni hablar, cuando se repuso, aun tenía yo la polla un poco dura, la señalé y le dije si quería seguir, ella me miro suplicante y me dijo…

— Prométeme que no vas a decir nada a nadie de lo que ha pasado aquí hoy,

— Te lo prometo Elisa, te doy mi palabra.

Cuando al día siguiente llego a la oficina, un poco tarde, con la cabeza baja, solo murmuró…

— Ya podéis elegir día y restaurante para la cena, pago yo.

Mis compañeros el día de la cena me felicitaron sin nombrar nada y las chicas dándome cada una un beso me regalaron el reloj que llevo ahora.

Nunca antes he contado esto a nadie.

Mi gran desgracia… es mi polla. (2)

Estoy esperando, como siempre inmóvil, a que empiecen el servicio las enfermeras, apenas puedo moverme para cambiar de postura, me pica la espalda y no me puedo ni rascar, apenas puedo llegar a mitad de mi polla y cambiarla de postura, los huevos los tengo gordos como una naranja y pegados a la polla, solo puedo separar la pierna derecha, a la primera que venga le pediré que me ponga el vaso de orinar y que me lave la polla entera y los huevos. Reconozco que me miman las chicas, procuran no poner a nadie en mi habitación, saben que mi problema es especial, aunque yo he buscado muchas veces soluciones, he visitado muchos médicos, en la seguridad social no me daban solución y en la privada encontré unos médicos que sí me daban soluciones pero sin garantías y a la pregunta del millón me decían…

— Si usted estuviera en mi lugar, se operaría?

— Pues francamente, no me haría nada, hay personas con verdaderos problemas, ciegos, mancos cojos, etc. que se adaptan su vida, usted con más motivo lo tendrá que hacer.

— Ya se oye ajetreo por los pasillos, no tardarán en venir.

En efecto, vinieron esa la pareja de auxiliares que me tenían que cambiar, las recibí con los brazos abiertos.

— Hola Quique, como estas?

— No puedo estar quieto, además sin dormir casi.

— Tranquilo, no te preocupes hoy le vamos a dejar suave como un bebé.

De un tirón me quitaron la sabana y después me aflojaron el camisón, quedé completamente desnudo, como siempre las manos se les fueron primero a mi polla y me la pusieron dura, después de verla en su esplendor, me enjabonaron todo el cuerpo y dándome la vuelta un poco me lavaron la espalda, Ana, la más alta, me separó las piernas y me pasó la esponja por las nalgas y entre los huevos y a lo largo de toda la polla, descapullándola, toda.

Después me secaron y me pusieron crema, por todo el cuerpo, yo estaba en el cielo, Ana me ladeó un poco y me pasó la mano llena de crema entre las nalgas, se entretuvo un poco en mi ano, metiendo un dedo dentro, di una encogida, pero me dijo con el dedo que me callara, al notar el dedo dentro de mi rozándome la próstata sentí un placer interno, cuando notó que me relajaba metió otro dedo, yo le miraba preguntando, pero seguía diciendo que callara, lo cierto es que la polla se me ponía dura de una forma espectacular, Ana me cogió la mano y me la puso entre sus piernas y comprobé que no llevaba bragas, fue como pisar fuerte el acelerador, la polla se me puso recta al cielo y mi mano exploraba el coño de Ana que ponía la pierna en el chasis de mi cama facilitándome la entrada, sus labios se abrían entre mis dedos y llegaban a entrar en la vagina, al mirar a Fina que estaba al otro lado de la cama vi que se había desabrochado la camisa y enseñaba las tetas sin sujetador y que pugnaban por salir, me cogió la otra mano y me la acercó a sus tetas duras que colgaban con los pezones brillantes, con una mano puso el sillón del acompañante detrás de la puerta bloqueándola, Ana se subió sobre mí poniendo cuidado de no mover mi pierna rota, se sentó sobre mi polla a lo largo de mi pelvis, estaba sobre el comienzo y le sobraba más de media por delante de su coño, tenía al coño casi depilado, solo un triangulo, el clítoris se frotaba con la vena gruesa a lo largo de mi polla hasta llegar al glande, después retrocedía. Fina por su parte se había quitado la camisa y me dejaba sobre la boca sus tetas y las iba cambiando según se ponían duros los pezones, bajaron la cama dejándola horizontal y Fina se sentó sobre mi boca, yo le iba guiando los muslos para lamer todo su coño, estaba mojado y sus jugos me goteaban en la cara, con mis manos tenia las tetas de las dos a mi alcance, estaban encaradas y los clítoris también bajo mi alcance, tuvieron un orgasmo casi al mismo tiempo, se abrazaron, empezando a agitarse sobre mí, les llegó el éxtasis con grandes espasmos, yo tenía a Ana cabalgado mi polla y quiso cambiarse para que Fina la probara, note la diferencia, sus labios eran más carnosos y su clítoris mas salido, lo atrapé y lo estuve mordiendo hasta sacarlo pelado. Otro orgasmo las sacudió cuando ya estaban esperando otro les anuncié que me iba a correr, se bajaron muy a su pesar y apoyaron sus caras en mi pecho mirando al glande tumbado sobre mi vientre, lo vieron palpitar y se prepararon, los chorros les pillaron desprevenidas pese a estar atentas y les llene el rostro de leche, el pelo tenía girones de semen espeso y los labios llenos de espuma, los relamieron, se quitaron una a la otra los chorros de la cabeza, me lavaron y se asearon ellas antes de salir, cuando cerraban la puerta me dieron un beso al aire.

Mi gran desgracia… es mi polla. (2)

Hace unos días me llamó mi cuñada, me sorprendió mucho, a la vez que me alegró, ya que la última vez que hablé con ella le noté un poco triste, me preguntó si podía venir a verme, pues su hermana se había enterado del accidente y quería visitarme.

Por supuesto que me encantó, una tarde asomó la cara bonita de mi cuñada y saludando entró en la habitación, le seguía su hermana pequeña, se llama Ángela, les pedí que se sentaran, mi cuñada se sentó en mi cama, su hermana en una silla.

Me preguntaron cómo estaba y demás, estuvimos hablando de todo un poco, me contó el enfado de mi hermano, lo que le costó llamar y decirme que no iba a venir más, le quité importancia, parece que se tranquilizo, estuvieron hasta tarde, me dieron la cena y Ángela se empeño en quedarse esa noche conmigo para cuidarme, le dije que no hacía falta que si por casualidad necesitaba algo, llamaba a las enfermeras que venían enseguida, pero se empeñó y se quedó, mi cuñada se fue a una hora prudente.

Ángela me estuvo contando cosas del trabajo y yo de la vida tan aburrida del hospital aunque me trataban como a un rey.

Cuando apagaron las luces, dejaron la de ambiente, se acercó a mi cama, apoyo los brazos a mi lado y me dijo…

— Quique, quisiera hablar contigo, me he quedado entre otras cosa para poder hacerlo, ya que mi hermana no puede.

— Qué pasa Ángela? hay algún problema?

— Bueno todavía no es un gran problema pero podría serlo.

Me cogió de la mano y en la oscuridad noté que me miraba.

— Cuéntame, por favor.

— Quique, tú conoces bien a tu hermano?

— Mujer, creo que sí, él es mayor que yo cuatro años y aunque el siempre iba con sus amigos, nunca hemos tenido mayores problemas.

— Veo que no lo conoces bien, me sabe muy mal decírtelo, pero tu hermano es un cabrón.

— Es algo que no me esperaba, pero creo que si tú lo dices es porque sabes más que yo.

— Mi hermana es una chica que como ves, siempre está en su casa y no hace nada si su marido no se lo dice, pero él la tiene en un puño, es celoso enfermizo y violento, bastante violento.

— No me lo puedo creer.

— El día que se quedó contigo cuando llegó por la mañana la estuvo interrogando, hasta que con golpes le hizo decirle que tú tienes una polla enorme y que te la había cogido para ponerte a orinar.

— Que horror…

— Al día siguiente me llamó y fui a verla, me contó lo que había pasado, me enseño los moratones que le había dejado, tenía las tetas negras, los muslos y el estómago, tuvo mucho cuidado de no darle en la cara.

— Me dejas de piedra.

— Me pidió que me quedara esa noche con ella, tu hermano cuando vino, se metió en su habitación y cuando yo me había acostado entró en mi cuarto y me insultó, me dijo de todo y quitándome el camisón de un tirón intento violarme, como no me dejaba me cogió del pelo, se sacó la polla y me obligó a que le hiciera una mamada, se corrió en mi boca y se fue riendo se nosotras. Mi hermana lo había visto todo desde fuera, lloramos las dos juntas, me contó la diferencia que hay entre tú y el, en un momento de sinceridad, me contó con detalle la noche que estuvo contigo aquí.

Ángela se puso a llorar sobre mi mano, yo estaba muy violento, por un lado no quería admitir que mi hermano fuera así y por otro me ponía en el lado de las chicas y me indignaba. No sabía cómo consolar a las chicas y menos darle una solución, Intenté demostrarle que estaba con ella y tirando de su brazo la subí sobre mi pecho, la besé en la frente, ella agradeció el gesto cariñoso, se recostó sobre mí pecho, sus tetas estaban sobre mí, separados solo por el pijama hospitalario, me abrazó y la atraje más acariciándole la cabeza, su aroma me envolvía y su melena se enredaba entre mi cara, le separé el pelo de la cara y buscando sus labios se los besé, fue un beso suave, un roce de labios, me lo devolvió posando los suyos con la cara ladeada, estaban buscándose con ardor, queriendo aspirar el aliento del otro, mi lengua le rozó sus labios entreabiertos que se abrieron para darme paso, me recibió con dulzura y juntamos nuestras bocas abiertas alocadamente, en ese momento mi polla ya estaba casi al cien por cien, estaba sobre mi vientre y subía hasta interponerse entre los dos, ella notó como entre sus piernas y las mías algo estaba creciendo, se acomodó mejor y quitando la sabana descubrió mi polla en pleno crecimiento, fue bajando por mi cuerpo y al llegar a mi polla su boca la besó suavemente, yo desde arriba vi como se despasaba el sujetador y quitándose la camisa, abrazó mi polla con sus pechos colgantes, subía y bajaba sobre el falo y cuando le llegaba a la altura de su boca la besaba. Me dijo…

— Como se podría callar mi hermana que había besado esta maravilla?, aun a costa de golpes.

— Es una gran mujer tu hermana y muy bella.

— Me confesó que habría querido que la follaras tú, en vez que la tocara tu hermano.

— Si te soy sincero, a mí también me habría gustado metérsela, pero estoy condenado a no poder meterla en ningún coño, no cabe en ninguno.

— A mi me gustaría probar, creo que es imposible, pero el tenerla entre las piernas, me haría sentirme respetada.

— Mi polla es tuya, esta a tu disposición igual que yo.

Se quitó la falda y las bragas, en la oscuridad de la habitación apenas podía ver sus labios del coño, pero lo note abrazándome el tronco de la polla con ellos completamente mojados, estuvo cabalgándolo con suavidad, su clítoris frotaba mi frenillo, y cuando se aproximaba su orgasmo aceleró sus movimientos, se lo dije, se levanto en cuclillas y se apoyó con su vagina sobre mi glande y apretó hasta que no pudo meterse más, solo le había cabido el glande y con un gran esfuerzo, no podía respirar apenas, pero esperó a que yo eyaculara para correrse conmigo, notó como se llenaba a presión su vagina de leche caliente y cuando no pudo recibir más, se salió entre sus muslos.

Cuando estaba tumbada junto a mí se me ocurrió una idea, por la mañana le dicté una lista de cosas que debería comprar y le dije que viniera con su hermana.

A los pocos días vinieron las dos, estaban guapísimas, sobre todo con un semblante radiante, Ángela le había contado también con detalle nuestra noche.

Cuando se sentaron a mi lado, quise saber más detalles del comportamiento de mi hermano, mi cuñada se subió la blusa y quitándose el sujetador me enseño un par de tetas hermosas, redondas y duras, sus pezones estaban elevados y brillantes, pero también tenía varios moratones de los golpes de mi hermano, para reafirmar los hechos, se levanto la falda y bajándose las bragas me enseñó su pubis que aún cubierto de vello rizado tenía varios moratones hasta en las ingles.

No supe que decir, solo que ella al ver que me los ojos se me humedecían, me cogió la mano, se la metió entre las piernas y las cerró atrapándome entre sus labios.

Ángela saco los artículos que había comprado y les explique mi plan, era una cámara digital, la configuré para que grabara cuando hubiera movimiento delante de ella y se la di, le explique cómo podía reproducirla en un pc y grabar su contenido en un pen.

Les expliqué que debían grabar los malos tratos, y que una vez grabados, se los enseñaran a mi hermano y le amenazaran denunciarlo a su empresa y a la policía, y que tuvieran varias copias en lugar seguro. Si se avenía a no volver a tocarte, bien pero si no…

Se fueron muy contentas y esperanzadas, cuando se iban saliendo metieron las manos bajo la sabana y me cogieron la polla entre las dos, me pasaron la mano suavemente y me dijeron…

— Hasta pronto, Quique.

Estuve esperando varios días para conocer noticias, pero no debería ir mal la cosa.

Una mañana entraron en la habitación tres mujeres, dos llevaban bata de médico la otra iba de calle y muy elegante, se presentaron, a una la conocía de sobra, era mi doctora de trauma, las otras dos eran Marcela la uróloga, luego se presento la otra Susana como la directora del banco de semen del hospital.

Se sentaron las dos sobre la cama a mi lado, la de trauma una vez hechas las presentaciones me dijo…

— Quique, estas doctoras son amigas mías y quieren ayudarte, hasta luego.

La doctora de urología me dijo que conocía de referencias mi “problemilla”, y que vería de ayudarme en lo posible, la otra escuchaba atenta.

Me dijo que si podía enseñarle mi pene, lo hice y las dos exclamaron un Oh! a la vez, pero aparentando indiferencia me lo cogió, lo sostuvo en el aire, lo descapullo y apretó el glande y los huevos, me dijo que estaba perfectamente y que no tenía que preocuparme de nada, tenía una polla la mar de sana.

— Si pero no me sirve de nada, no la puedo meter en ningún coño, estoy condenado a hacerme pajas toda la vida?

—Pues… piensa que el problema no es tuyo, imagina que nadie tiene una vagina que le quepa esto.

— Pues viene a ser lo mismo, pero yo sin follar.

— Ten en cuenta que hay mucha gente que te envidiaría, los hay quien la tienen tan pequeña que no la pueden meter, tienen una mini polla, y también es un problema.

La otra señora asintió con la cabeza y dijo…

— Es cierto, yo “conozco” un caso muy cercano.

— No me digas que tú…?

— Si hija, si, mi marido tiene un pene de casi 10 cm. cuando lo tiene duro, apenas me lo puede meter dos centímetros, aunque yo grito como si me estuviera partiendo en dos, es un drama, llevo sin correrme con una polla 10 años. Si yo tuviera una polla así cerca le buscaría una solución como fuera.

— Quique, cuando salgas de aquí, localíceme y ya le daré alguna utilidad.

La señora le cogió a la uróloga mi polla y la sostuvo con las dos manos y sacándome el glande la puso dura, cuando vio el tozo de carne que tenía entre sus manos, dijo…

— La verdad es hermoso, ya veré como me las apaño, pero entrará.

Sin soltarla y sin dejarle que se relajara me propuso el motivo de su visita.

— Como le he dicho soy la directora del banco de semen del hospital, estamos bastante escasos de semen por los embarazos inducidos que hacemos, hemos oído hablar de ti y queremos ofrecerte un trato, tu nos proporcionas semen y nosotros te lo agradeceremos con algo de tu gusto a cambio, la doctora ya nos ha dicho que estas sano y con eso nos basta, solo quisiera ver de cuanta cantidad podemos disponer.

Sus manos lubricadas me estaban recorriendo la polla pero no llegaba a ponerse del todo dura.

— Que te pasa? No se te empina?

— Necesitaría un pequeño estimulo.

— Ah no había pensado en esto, lo siento no he traído ninguna revista erótica.

— No hace falta, le puedo decir algo al oído?

— Claro, cómo no!

Sentada como estaba se inclinó sobre mí y rápidamente metí la mano en su escote y soltándole un tirante del sujetador, le saqué una teta fuera, se sorprendió como me cambió la polla y la uróloga exclamo…

— Que polla más hermosa, que envidia.

Mi mano derecha pasó entre los muslos de la uróloga que abriendo su bata dejó al descubierto unas bragas de tul blancas con muy poca tela, metí dos dedos por un lado y separé los labios ya húmedos, las dos medicas gemían a la vez, las tetas de la directora estaban duras y con los pezones salidos, y el coño de la uróloga abierto y chorreando de jugos, el primer orgasmo fue de la uróloga que me cogió del brazo y me lo sostuvo para que no lo sacara de entre sus muslos, la directora le siguió con tan poca diferencia del mío, que estando agachada vio en primerísimo plano como de mi polla salían chorros intermitentes de leche que le cayeron entre las tetas.

Cuando se recompuso la ropa me dijo…

— Estoy impresionada, con esta cantidad en una corrida podríamos fecundar a muchas mujeres.

Puse otra condición inapelable, que la leche me la sacaría una chica y en el hospital, nada de pajas mías.

— No hay problema, y procuraré que sea la más buena de todas.

Mi gran desgracia… es mi polla. (3)

Se marcharon muy contentas, yo me quedé descansando con las tres piernas en reposo.

Un domingo me dieron una sorpresa mis compañeras de la oficina, hacía mucho que no sabía de ellas, solo había una que no vino, era una chica muy retraída, de las últimas en entrar y aunque tenía muy buen tipo, siempre iba muy discreta.

Los chicos vendrían otro día que no hubiese partido.

Las chicas alborotaban mucho y querían a toda costa que les contara lo sucedido en el hotel con la apuesta, yo me escurrí lo que pude y pensé que si Elisa no les había contado nada, yo tampoco. Me hicieron bromas y alguna se aventuró a tocarme la polla, pero la escondí como pude.

Cuando se fueron respiré tranquilo.

A la semana siguiente vino la otra compañera, Elvira cuando la vi me alegré mucho, pues no la veía mucho y en la cena apenas habló.

Como siempre y a pesar de ser domingo vestía muy decorosa, con una rebeca abrochada hasta el cuello y una falda plisada, me dio la mano y se sentó en la silla, estuvo contando cosas del trabajo y como se entendía con los compañeros, me dijo que no le interesaban muchos los chicos como los de la oficina y las chicas menos si eran como las de la oficina, poco a poco me fue diciendo, como de paso, que la única chica que le simpatizaba era Elisa y que se sentía muy cómoda en su compañía, que había ido a su casa algún día a cenar y a dormir, en alguna ocasión incluso habían bebido mucho y le había contado como perdió la apuesta.

Yo cerré los ojos y me dije, si lo ha contado, las otras se me echaran encima, es cuestión de tiempo.

Siguió contándome que le gustaba mucho el cuerpo de Elisa porque se cuidaba mucho y lo lucía, mejor que ella que no valía casi, le dije que ella era muy guapa y dijo que no se gustaba nada.

Bajo la rebeca de ella apenas se notaba nada, además andaba un poco encogida, acomplejada, le pedí que se acercara y le levanté un poco la barbilla y le empecé a desabotonarla rebeca, habían un montón de botones, pero cuando iba por la mitad ya vi el nacimiento de sus tetas y me parecieron ideales, de piel muy blanca, pero abultadas y sobre todo sueltas, cuando llegué bajo y separé la rebeca, vi dos hermosas tetas blancas como la porcelana pero con dos pezones negros y anchos, no llevaba sujetador, le dije que se sentara en el respaldo y entonces se ofrecieron altas, con un canalillo estrecho y que le nacían desde bajo de la axila, redondas por bajo y con los pezones un poco separados, se los cogí y se retiró un poco, le pregunté porque dejaba que se los viera y no que se los acariciara, me dijo que había venido porque Elisa se lo había pedido, dijo que me quería, pero que tenía que ver una polla de verdad y decidir.

Pensé con Elisa, por una parte le agradecía que me mandara esta hermosura de mujer, pero me molestaba que me utilizara de conejo de laboratorio. Le pregunté que si sabía la historia del hotel, en que podría ayudarle, me dijo que quería demostrarle a Elisa que ella también la quería y quería probar mi polla hasta que pudiera resistir…

— Es una gran demostración de amor, pero creo que has apostado muy alto, ella lo sabe bien.

— Me sacrificaré por ella, tan grande la tienes?

— Has visto muchas pollas?

— Si, hasta que conocí a Elisa, me follaba a los tíos y a las tías, pero con Elisa tengo bastante con ella, tiene un cuerpo divino, verdad?

— Es cierto, pero usa a las personas y la tira luego, como los pañuelos, deberías saberlo.

— La quiero y me quiere.

— Ya te lo advertí, que quieres que hagamos?

— Quiero meterme tu polla y follar contigo, cuando la tenga dentro me haré una foto y se la enseñaré.

Quité la sabana con cuidado y descubrí la polla en descanso, llegaba casi a la rodilla y como una botella de gorda, la chica la miró fijamente y al fin se decidió.

— Hasta que pueda, susurro.

La cogió y empezó a subir las manos por ella y bajarlas, metí una mano bajo su falda y descubrí que no llevaba bragas, le levanté la falda y tenía el culo como la nieve, fui pasando el dedo por los labios y noté la humedad que tenía y lo grandes y descolgados que tenía los labios menores, cuando me la había puesto al 90% decidió que ya estaba bien para probar, sacó del bolso un tubo de vaselina, me untó la polla e hizo lo propio en su coño cuando se sentó frente a mi encima de mi polla descubrí que la entrada a la vagina estaba súper dilatada, ella se dio cuenta y me dijo…

— No tienes idea de las cosas que me he metido en el coño, cuando tenía una polla me parecía un dedo de lo dilatado que está.

— La verdad es que te cabe de todo, parece una boca abierta.

— Las berenjenas me entran bien pero los calabacines son mejor, pues son más largos y me llenan más, los botes de cerveza son corrientes y las botellas de champan ya me dejan más relajada, me han metido un puño cerrado y dos pollas a la vez muchas veces, incluso teniendo otra en el culo y otra en la boca, se me han corrido cuatro pollas a la vez en todos los huecos, tu polla será más difícil pero entrará, ya lo verás.

— Me encantaría que lo lograras, sería la primera follada que tengo en la vida, la de Elisa no cuenta, casi la reviento.

— No me digas que no has follado nunca?

— Pues no, nunca.

— Y tus novias?

— He salido con cuatro chicas, pero cuando han visto el tamaño de la polla, una se fue sin decir nada, otra que quería formar una familia y tener hijos y otras lo intentaron pero no pudieron aguantar.

— Que faena no?, te prometo hacer lo posible por follarte, será por Elisa y por ti.

— Te lo agradeceré.

La chica se subió sobre mi polla y después de rodear su vagina con mi glande, fue dejándose caer moviendo las caderas hasta que le entró la cabeza, lo noté enseguida por los pliegues de la vagina, siguió bajando, mientras miraba al techo y se cogía al cabezal de mi cama, cuando llevaba por la mitad, por la frente le caían gruesas gotas de sudor que le resbalaban por las tetas, yo le ayudaba apretando suavemente el clítoris, que tenia duro y brillante, a su lado el tronco iba pasando lentamente hacia dentro, yo sufra de verla, se estaba exigiendo demasiado, cuando habrían dentro más de 25 cm. consideré que yo me daba por follado y que debía parar, el útero se lo iba a romper, le dije que ya bastaba, se le vio en la cara una expresión de alivio, le pedí el móvil y le dije que se quitara la falda, estaba desnuda frente a mí, el coño abierto y lleno casi todo, lo puse en modo video y le dije que me cabalgara, ella empezó a saltar sobre mi polla sacando y metiendo carne, aún así hacía por que le entrara mas, el video iba registrando la gran follada hasta que le llego el orgasmo y se dejó caer, yo me asusté pero no deje de grabar, mi polla casi desapareció totalmente y de momento me corrí, sin avisar, en su vagina se apreció un abultamiento hasta que reventó un chorro de leche que empapó lo que quedaba de polla por entrar y mis huevos, cuando se levantó y le salió toda del coño, pulsé Stop.

Cuando se fue me dio las gracias y me dijo que había disfrutado mucho.

Una mañana vino una chica delgadita, estaba prácticamente plana aunque muy guapa de cara, vestía una bata blanca con su nombre, Chelo, y llevaba una cartera con el logo del banco de semen, me dijo que venía a coger una muestra de semen mía, aunque me pareció muy simpática, quedé un poco decepcionado pues Susana me había prometido una súper hembra para coger la muestra, la chica muy profesionalmente preparó un paño empapador y depositó sobre él unos frasquitos asépticos dentro de un vaso, se puso unos guantes de látex y con una esponja jabonosa me estuvo limpiando a fondo el glande que después de dejarlo descubierto siguió hasta llegar a los huevos, luego secó todo, con las dos manos, intentó poner dura la polla pero como no se ponía cambio de postura varias veces acelerando o cambiando de mano, pues se cansaba, me preguntó si estaba seguro de poder ponerla en condiciones, le dije que era problema suyo, hasta que después de intentarlo varios minutos, se rindió y me dijo que por favor le ayudara, le dije que tenía que poner algo de su parte, y me dijo…

— No sé cómo, no tengo el cuerpo lo voluptuoso que quisiera, a ti te gustarán con tetas grande y culo respingón.

— A mí me gustan todas las mujeres, cada una tiene su misterio, tú eres muy guapa y si no tienes muchas tetas, tendrás otras cosas.

— Si quieres me quito la bata y me tocas donde quieras, igual te animas.

— Como quieras, pero creo que si le das unos besos, se animará.

— Como quieras.

Con la mano que tenía el glande lo acercó a sus labios y le dio un beso amoroso, como vi que esto no tenía futuro, le pasé la mano por la espalda y comprobé que no tenía apenas culo, por lo que la metí bajo la bata, por lo menos tenía piernas y no muy delgadas, al final de sus piernas tenía unas nalgas finas y entre ellas se adivinaba un culo apretado y rugoso, se quedó parada al notar mi dedo, pero como siguió adelante abrió las piernas para dejar que le explorara más, tenía unos labios tibios y suaves, con los muslos tan delgados acunaban mis manos, mi polla empezó a agrandarse y la chica apenas podía sostenerla vertical, ya tenía los dedos dentro de su vagina cuando se subió a mí cama después de quitarse la bata, por supuesto no llevaba sujetador, se le habría caído, apenas tenía solo pezón, dándome la espalda se puso de rodillas a mi lado y con las manos abrazadas a mi polla contra sus pechos, o mejor pezones, estuvo haciéndome una cubana imaginaria hacia arriba y abajo al agacharse sacaba el culo hacia mí y entonces yo le estaba esperando con dos dedos que se metía en el coño, el ritmo se iba acelerando según ella culeaba y le iba a llegar el orgasmo, no le veía la cara pero la oía gemir, cuando se corrió mi polla estaba al máximo y notando como palpitaba el glande morado, preparó las cubetas para la muestra, las dejó abiertas dentro del vaso,

Casi en el momento que me leche iba a salir apretó la boquita del glande para que cayera dentro de la cubeta.

El chorro de leche salió a tal presión que le quitó el tubito de la mano, soltó la polla y queriendo poner otro tubito, no acertaba a encararlo en el glande, al fin aún consiguió poner el vaso grande frente a mi polla que se llenó hasta la mitad.

Se bajó de la cama con el vaso en la mano como un trofeo, aunque iba llena de leche por todas partes, limpió todo y dándome las gracias, se fue con el vaso en la mano como si fuera un zumo.

Al día siguiente me llamó Susana y me pidió perdón por no haberme dicho nada, la chica que había venido era su hija Chelo, trabajaba con ella en el banco de semen como administrativa y quiso que viera mi polla gigante y se empachara de leche, pero que tenía grandes planes para mí, había analizado mi semen y era riquísimo en bichitos, muchas mujeres se quedarían preñadas por mí.

Me dijo que estaba pensando en un nuevo sistema de fecundación, para los casos de mujeres con maridos con el semen pobre, les daría una inyección de leche en directo en el coño, y contaba conmigo.

Además estaba esperando el día que saliera del hospital para meterse en el coño mi polla entera, me lo prometió.

Al día siguiente mi doctora de trauma me dijo que me iban a quitar los hierros, me dejarían solo con un vendaje suave, por fin me podría mover.

Leave a Reply

*