Mi jefe burak khan, su apartamento y yo

Era una locura, pero aquella mañana de inicios de este verano, cuando mi jefe, el dueño del supermercado en el que he entrado a trabajar de interina por primera vez, el viejo turco Burak Khan, me dijo que me invitaba a comer aquel mediodía y a visitar su apartamento en un edificio de la playa de Castelldefels, no supe decirle que no.

Hacía dos semanas que él me había aceptado para cubrir las vacaciones de verano de las dependientas del negocio, aprovechando mis vacaciones en el instituto, y, desde el primer día, como no soy tonta, me di cuenta de las encendidas miradas que el hombre constantemente me dirigía, sin apenas disimulo. Ya me conocía desde hace años, abrió este gran supermercado como franquicia de una conocida cadena muy cerca de mi casa, y mi familia y yo entramos frecuentemente a hacer compras. En el negocio tiene también en la dirección a su hija mayor, Bahar, que hace poco ha sido madre de su primer hijo, el primer nieto de Burak. Es ella la que se queda a cargo del supermercado cuando él se ausenta, como ha hecho hoy.

Precisamente, cuando me he quitado la bata de trabajo y me he dirigido al ascensor que baja al estacionamiento del edificio, Bahar me ha dirigido una mirada sonriente e irónica, he imaginado que ella sabía quién me esperaba en su auto y que probablemente yo no vendría a trabajar aquella tarde.

Mi jefe ha estado muy atento y amable, mirándome con más intensidad que nunca, especialmente, cuando me he sentado en su auto, mis muslos, al descubierto por llevar los pantaloncitos muy cortos de moda actualmente.

Hemos pasado en un área de servicio de la autovía, poco antes del desvío hacia Castelldefels, y ha solicitado una bandeja de mariscos, que estaba muy buena. Él quería que yo bebiese vino blanco, pero sólo he tomado refrescos, no me gusta beber alcohol. Eso sí, cuando hemos acabado, después de un helado, ha ido a la barra él solo y ha venido con un vasito, un chupito, que no he podido despreciarle porque ha querido brindar, y, bueno, la verdad es que estaba bueno, aunque con un gusto un poco raro, le he preguntado que era y no lo he entendido, ha dicho un complicado nombre alemán, creo.

Hemos llegado enseguida a un edificio de apartamentos, muy cerca de la playa, con un estacionamiento en un patio interior, al otro lado de una piscina privada del edificio.

Su apartamento está en el primer piso, justo delante de la piscina. Es de una sola pieza, no muy grande. Hay una cama de matrimonio en uno de los extremos del apartamento, una especie de cocina en el otro, una nevera, un televisor con un video, un sofá, unas sillas, un armario y un lavabo con taza de wáter y ducha.

Burak Khan me dijo que íbamos a bañarnos en la piscina del jardín, que nos cambiásemos. Yo me sentí parada, nerviosa, intuía una amenaza en desnudarme ahora delante del viejo turco. Él lo notó, y se puso a reír.

Se quitó la camisa, las sandalias y los pantalones, y se quedó sólo en un bañador de color negro, me sorprendió ver los numerosos tatuajes, con signos incomprensibles, repartidos por su cuerpo.

Se le veía grueso, bien dotado de barriga y pecho, el cuerpo cubierto por un abundante vello, ya blanco por la edad, y un bulto considerable en el bajo vientre. Sentí que mi cara enrojecía al darme cuenta de que mi jefe, el dueño del supermercado del barrio, parecía tener un pene y unos testículos muy grandes…

Se cruzó de brazos, con cara burlona, esperando que yo me desnudase.

Yo no sabía qué hacer, estaba mareada sin saber por qué, en la comida en el área de servicio de la autopista yo sólo había bebido un refresco, en realidad lo que me habría gustado hacer era acostarme en aquella cama y dormir un rato, o por lo menos cerrar los ojos y estar tranquila, pero hice lo único que me pareció lógico para no parecer una chica tonta miedosa o maleducada.

Me quité la camiseta y me bajé los shorts, y quedé desnuda, con sólo el mini sujetador y el tanga de mi bikini tapando partes mínimas de mis pechos y mi sexo.

Estábamos al inicio del verano, y yo estaba todavía muy blanca y mis ojos supongo que mostraban mi desconcierto.

El me dijo que bueno, que fuésemos a la piscina. Me acerqué a la puerta del apartamento, donde estaba él, en medio, sonriéndome de una manera que ya no me gustaba.

Se apartó para que me acercase a la puerta. Fui a abrirla, cuando él, a mi lado, de pronto, me agarró por la cintura y la cadera, me giró hacia él, y me apretó contra la puerta.

Como yo no esperaba eso, me tomó por sorpresa, y, sin poder evitarlo, noté su cara en la mía, sus bigotes en mi nariz, sus labios apretando los míos –era la primera vez que un hombre me besaba- y su lengua luchando con mis dientes para introducirse en mi boca y unirse a mía…

Yo grité…

Él me tapó la boca, y con un zarpazo de su otra mano, me quitó el sujetador del bikini. Se abalanzó sobre mí y me volvió a apretar contra la puerta, besándome y abrazándome con toda su fuerza.

Yo me resistía, y me di cuenta de que me estaba bajando la braguita, el tanga, que acabó cayendo al suelo. Noté una cosa rara en mi vientre, y, dando en grito, me aparté, retrocediendo hacia el único lugar que podía, la cama.

Entonces le vi…

Vi el horror, el horror por primera vez…

Burak Khan se había quitado el bañador, y estaba completamente desnudo…

Un pene enorme, con unos grandes testículos cubiertos de pelo blanco, estaba erecto, apuntando hacia mí…

Me quedé paralizada de terror… Quería gritar pero no me salía la voz… Y cada vez estaba más mareada…

El viejo turco se movió de un salto y se lanzó sobre mí.

Intenté apartarme, separarme, pero no pude… Burak Khan era mucho más fuerte de lo que parecía… El hombre agarró mis dos pechos con sus manos y los apretó como si fuesen pelotitas de goma. Y me pellizcó con fuerza los pezones, grité de dolor y de sorpresa… Pero los pezones se me pusieron muy duros y aumentaron su tamaño…

Me agarró, me apretó contra su cuerpo, me volvió a besar, y, con un movimiento muy violento, me arrojó encima de la cama del apartamento.

Y, saltando con sorprendente agilidad, se lanzó sobre mí y me cubrió con su cuerpo. Noté todo su cuerpo encima del mío… Fue como si un gran animal me aplastase…

El hombre sudaba, jadeaba como un animal, parecía una extraña fiera furiosa, yo me sentía tan abandonada, tan débil, sabía lo que él me iba a hacer… No hacía nada por evitarlo… No podía resistirme, moverme…

Una especie de enorme serpiente serpenteaba por encima de mi vientre… Yo sabía que pronto querría meterse dentro de mi cuerpo…

No sé si lo soñé, pero por un momento me pareció ver que una especie de cámara de televisión que había encima de la nevera se había movido… Y recordé un objeto, como un mando de televisión, que el turco tenía en la mano antes de soltarlo y abalanzarse sobre mí…

El viejo me besaba en la boca, el cuello, me lamía, me chupaba los pezones de los pechos – ¡qué sensación más rara sentía yo cuando lo hacía!-, todo aquello me alarmaba porque gustaba mucho, parecía que el hombre sabía lo que tenía que hacer para que yo me lo pasase bien, se le notaba muy seguro, a mi me gustaba y espantaba mucho sentir su peso encima de mí, su vientre aplastado en él, su pecho oprimiendo el mío…

Noté que sudaba, que yo también me movía aunque su cuerpo pesaba bastante encima del mío…

Y sentí, de golpe, que algo se metía en mi sexo, algo se metía en mi vientre…. Algo empezaba a entrar en mi cuerpo…

Pensé que eran los dedos del turco, pero, no, no podía ser, claro, sus dos manos estaban en mi cuerpo, aquello que se metía, aquello que se metía, sí, claro, aquello que se metía en mi vientre, no era ningún dedo, era mucho más grande, era, era, ¡sí!, ¡era aquella enorme cosa que salía del vientre del anciano!… ¡Oh, sí, claro!, ¡Era su pene!

Sí, había empezado a meterme el pene…

Noté, asustada, horrorizada, que se abría paso, que estaba entrando en mi sexo, que era algo grande y muy caliente y duro que se estaba introduciendo en mi cuerpo, cada vez más, estaba impresionada, paralizada, si, el momento que miles de veces me había imaginado sin saber cómo sería había llegado, el viejo me la estaba metiendo, me estaba penetrando, aquella enorme morcilla se estaba metiendo, me abría, apretaba…

Me quedé paralizada, sin respirar, abrí los ojos, a punto de gritar, noté que me llegaba el pánico, el miedo, que debía de huir, pero no podía moverme, estaba quieta, le dejaba hacer, no sé qué me pasaba, estaba como inmovilizada…

Y, cuando me di cuenta de aquello, de que me la estaba metiendo, , de pronto, sin que pudiese pensar en nada, sin poder reaccionar, un pinchazo, un corte en mi vientre, como si una tijera me hubiera cortado algo, como si una aguja se hubiese clavado dentro de mí.

Dejé ir una especie un grito que se transformó en un gemido prolongado, mi cuerpo se estremeció, tiré la cabeza hacia atrás, apreté mis labios, volví a quejarme y gemir un poco, y noté como el pene de mi jefe seguía metiéndose en mi vientre hasta lo más hondo de mi sexo, y me hacía daño, era como si una navaja me estuviese cortando por dentro, dejé ir varios gritos que el viejo silenció tapándome la boca con una mano mientras con la otra agarraba mi culo y lo apretaba contra su sexo, como ayudándose a meter su pene hasta lo más profundo de mi vientre, y yo sentía dolor…

Sí, era seguro, no había ninguna duda, Burak Khan acababa de meter toda su verga, todo aquel gran miembro, dentro de mí, me l0 había clavado hasta lo más hondo, ya me había roto el himen…

Ahora el viejo turco también se aprovechó a fondo, naturalmente, del momento en que me acababa de desvirgar, me besó en la boca, buscó mi lengua hasta morderla, me lamió la cara, me mordió el cuello, me chupó los pechos, me hizo todo aquello que le proporcionaba placer, y empezó a moverse arriba y abajo, y yo notaba que aquello, que yo veía como una trompa de elefante y que era su pene, entraba y casi salía de mi sexo, entraba y salía, entraba y salía, penetraba más profundamente y casi volvía a salir…

Y aunque todavía notaba dolor cuando volvía a meterla hasta el fondo, me di cuenta de algo espantoso: a mí me gustaba sentir su pene dentro de mi vagina, era como un picor muy agradable notar el pene del viejo turco moverse adelante y atrás dentro de mi vientre, especialmente cuando parecía llegar al fondo, el dolor se mezclaba con algo muy placentero que me dejaba sin respiración, yo notaba todo el peso de su cuerpo encima del mío, moviéndose arriba y abajo, sacudiéndome a mí al moverse él, se aplastaba contra mí, se movía, me continuaba besando, mordiendo, me gustaba, y yo, y yo…

Me apretó el brazo y me soltó. De pronto, sin darme cuenta, como en un sueño, me encontré pasando una mano por su espalda y apretando el culo del viejo contra mi vientre con la otra, al tiempo que lo besaba y seguía como gimiendo o jadeando.

La verdad era que aquello era muy bueno, y que nunca me había sentido tan excitada como sintiendo el pene de mi jefe moverse dentro de mi cuerpo…

Me abracé a Burak Khan, que continuaba moviendo su verga dentro de mi vientre cada vez más salvajemente, respiraba como si le faltase aire, le besé, le mordí el cuello, apreté su culo contra mi vientre, casi hasta hacerme más daño cuando me metía el pene hasta lo más profundo, me moví arriba y abajo, arriba y abajo, adelante y atrás, adelante y atrás, acompasando mis movimientos a los suyos.

Era inesperado, sí, sorprendentemente aquello me gustaba, la gran morcilla no dejaba de moverse dentro de mí, frotándose contra las paredes de la vagina, entrando y saliendo, entrando y saliendo, Burak Khan jadeaba, me miraba, cerraba los ojos, me bañaba con su sudor, yo también sudaba, me gustaba mucho, no puedo explicar bien con palabras lo que sentía…

Inesperadamente, de golpe, como un relámpago, el viejo turco dejó ir un gemido más alto, casi como una queja desesperada, como si algo explotase dentro de él…

Se quedó quieto un momento, su cuerpo se puso como rígido, como duro, y luego empezó a moverse encima de mi frenéticamente, muy acelerado, a mi me gustaba mucho, parecía que él ya no podía respirar, su polla entraba y salía de mi sexo a gran velocidad, él me movía y me aplastaba como si veinte caballos estuviesen galopando furiosos encima de mí, pero a mi cada vez me sorprendía que me gustaba más, a pesar del dolor…

Me maltrataba pero era excitante, y el hombre empezó a gemir más alto, casi a gritar, como si se ahogase, y yo noté entonces, sorprendida, que cada vez que ahora él pegaba el salto hacia adelante, clavándome la verga hasta lo más profundo, un líquido me entraba a borbotones, como si brotase de una fuente que estaba inundando el interior de mi vientre, me notaba mojada, su semen me mojaba el interior de mi cuerpo…

Me di cuenta de que Burak Khan se estaba “corriendo” -como decían los chicos-, dentro de mí, que había llegado al “orgasmo”, y que yo, y que yo, no puedo explicarlo, no puedo decir lo que sentí, clavé mis uñas en el cuerpo del viejo turco y también exploté, gemí, me quejé, me puse a jadear, me moví tan rápidamente como él, le besé, le mordí…

Era como si mil caballos explotasen dentro de mí, no podía respirar, y aquello seguía, seguía, que ahora era yo quien sacudía a mi jefe al moverme yo,… hasta que me di cuenta de que estaba empezando a quedarme quieta, en reposo, poco a poco, que casi yo ya no me movía, que Burak Khan ya estaba quieto encima de mí, aplastando mi cuerpo con el peso del suyo, que a los dos nos costaba respirar, que estábamos bañados en sudor…

Yo le estaba acariciando la cabeza, me notaba mojada por dentro, un líquido caliente se escapaba de mi sexo y corría por mis muslos y mi cuerpo, él estaba como dormido, como muerto, encima de mí, pero no me molestaba, me gustaba sentir el peso de su cuerpo encima del mío…

Todo fue quedando en silencio, ya no se oían ruidos, se oía nuestra respiración, el viejo turco estaba medio dormido, yo casi también, pasó un tiempo, tal vez un cuarto de hora, y lo aparté un poco, hice que se pusiese de lado para poder respirar mejor, su peso me aplastaba, sentí como su pene salía de mi sexo al moverse de encima de mí…

Se quedó pegado a mí, puso su mano en mi sexo y se dedicó a chuparme el pecho que le quedaba más cerca de la boca, después el otro, yo me atreví -¿por qué no? a- a coger su pene con la mano, a palpar sus pelotas…

A él pareció gustarle porque dejó ir una especie de ronroneo, pero cuando me fui a dar cuenta se había quedado quieto, giré mi cara para buscar la suya y vi que se había acabado de dormir totalmente, su aliento daba en mi cuello, el calor de su cuerpo cubría de lado el mío, llevé su mano a mi sexo y la dejé allí, me toqué, me toqué allí y en los pechos…

Todo parecía irreal… Si no fuese porque de verdad estaba allí, en la aquella cama, con mi jefe, el viejo turco, desnudo durmiendo a mi lado, y con una especie de dolor o escozor en mi sexo, todo hubiese sido como una fantasía, como un sueño…

Pero todo era real, bien real. Todo había ocurrido de verdad… Yo estaba desnuda, con el hombre que me acababa de desvirgar abrazado a mi cuerpo…

Estaba mareada, dolorida, pero al mismo tiempo muy excitada… Era terrible, notaba que lo que me acababa de pasar me había acabado gustando, que volvía a atreverme a colocar mi mano en el pene del viejo…

Me di cuenta de que encima de la nevera aquella cámara de video continuaba enfocando la cama en la que estábamos Burak Khan y yo… Tal vez mi jefe se había grabado todo lo que había hecho conmigo…

Y me dormí…

No recuerdo nada más, sólo que Burak me despertó y me dijo que ya era muy tarde…

Habían pasado tres horas… Yo había dormido tres horas…

Mi jefe estaba vestido y me miraba burlón…

Media hora después, mientras volvíamos a Barcelona en su auto, yo intuía que aquello había sido sólo la primera vez, que habría muchas más en las que el viejo turco penetraría en mi cuerpo…

Y esa intuición se ha cumplido ya plenamente…

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