Mi jefe, su mujer y un viaje a Alicante.

Me encanta que me follen a cuatro patas. Me pone a cien ser sometida mientras un macho me parte en dos, ver como mis tetas se mueven al compas de las embestidas, mira para abajo y ver los huevos de mi amante moverse al compas y notar como me aprietan las caderas mientras me follan con fuerza.

No fui la más adelantada de mis amigas en aquella época en la que una a una íbamos perdiendo la virginidad. En aquellos tiempos solo le chupaba la polla a mi entonces novio Pablo mientras mi amiga Lucia, la más adelantada de nosotras, nos relataba en aquellas tarde cotilleo lo mucho que le ponían cuando le daban en mi ahora posición favorita.

Fue una tarde de mucho alcohol y estando en casa de Pablo. Mi novio me había masturbado a fondo, me había comido el chumino, yo le había comido la polla y no podía más. Sabía que había llegado el momento y le susurré al oído el esperado “follame”. A Pablo le cambió la cara, corrió hacia su cartera y sacó un condón poniéndoselo torpemente en su durísima polla, dulcemente me abrió las piernas y cuando se disponía a endiñármela se me pasó por la cabeza la imagen de Laura y me di la vuelta.

– Tómame así. Pero despacio.

Pablo me fue metiendo la polla poco a poco y aunque me dolió que no lo podéis imaginar, no habían pasado ni cinco minutos de bombeo cuando me di cuenta que aquello era lo mío. Pablo torpemente me daba con su polla, torpemente me agarraba por las caderas y como podía me agarraba las tetas. Cuando se corrió y quitó el condón le exigí que me comiese el coño para poder correrme como él.

Ese año, antes de irme a Madrid a estudiar, me follé a Pablo como si lo fuesen a prohibir. No tarde mucho en correrme a base de pollazos y desde ese momento un mundo nuevo se abrió para mi.

Llegue a Madrid y ante mi sorpresa el colegio mayor donde me aloje nos hacia llegar a las 12 de la noche. Me lo tomé con calma al principio hasta que me di cuenta que mis compañeras de colegio eran igual de putas que yo, me las imaginaba a todas vírgenes teniendo en cuenta que yo y mis amigas éramos las lanzadas de mi ciudad. Todas las chicas habían tenido sus historias y a un mes de haber empezado el curso estábamos todas como locas por recibir polla. Nuestra vida cambió cuando una veterana del colegio nos informo que las puertas se cerraban a las 12, pero que se volvían a abrir a las 9, las monjas no decían nada.

Ese primer año fue muy loco, salimos como leonas, bebimos como posesas y cada una de nosotras follamos como conejas. Aún recuerdo la cara de más de uno a las seis de la mañana en Snobisimo cuando me entraban para invitarme a una copa.

– hola, ¿como te llamas?

– Gemma.

– ¿Te puedo invitar a una copa?

– Solo si es en tu casa y después me follas a cuatro patas.

Había descubierto lo inútil de perder el tiempo mareando la perdiz cuando los dos sabíamos lo que queríamos. A esas horas yo no quería pelar la paba, quería follar y luego irme a dormir al colegio. Sus caras eran un poema cuando me corría, cogía su camiseta o camisa, me limpiaba el coño, me ponía las bragas, el “suti”, mi ropa y lanzándole un beso al aire salía por la puerta. Nunca cogí un teléfono.

Al acabar el segundo año mis padres decidieron por mi que tenía que dejar Empresariales y matricularme en secretariado internacional. La verdad es que viéndolo ahora la cosa era más que lógica. Durante los dos años pasados no había aprobado ninguna, eso si, me lo había pasado como los enanos, había salido, bebido y follado medio Madrid.

Como es lógico tuve que dejar el colegio mayor, no estudiaba una carrera, no podía vivir allí.

Realmente durante los dos años de secretariado no abrí un libro, la cosa era más que fácil por lo que con la ley del mínimo esfuerzo logré aprobar todas las asignatura. Ni que decir tiene que aquel primer año viviendo sola fue mi despertar sexual definitivo. Durante el curso escolar convertir mi casa como un autentico lupanar. Raro era el día que un tío no pasaba por casa para ser usado. Pocas eran las ocasiones que no salía por la noche y acababa con un desconocido dándome desde detrás conmigo mirando hacia el espejo y viendo como mis tetas se balanceaban. Nunca acabe de comprender como mis vecinos nunca se quejaron de los gemidos y gritos de placer que desde mi casa salían.

Ese verano le deje las llaves a mi amiga Elsa pues se quedaba en Madrid a estudiar y su residencia de estudiantes cerraba.

El verano fue un continuar con mis experiencias sexuales. Seguía reacia a echarme novio, lo cual no era un obstáculo para pasarme por la piedra a todo chico que se cruzaba conmigo. Ese verano incluso me folle a Pablo, el chico que me desvirgo. La verdad es que había mejorado mucho y me dio un placer increíble volver a ser penetrada por él. Me lo volví a encontrar un par de noches después en un bar de copas, el inocente de él pretendía volver a la playa conmigo, la verdad es que tal y como estaba de alcohol me lo hubiese vuelto a follar, pero como no quería que se acostumbrase por lo que me folle a su amigo.

Casi me dio un ataque de risa cuando volví a Madrid cargada de maletas dispuesta a retomar mis clases, abrir la puerta y encontrarme a Elsa botando sobre un negro no era para menos, los dos se quedaron súper cortados y pararon de golpe.

– Seguir, seguir. Yo me meto en la habitación a colocar las cosas y ahora os veo – cogí mis maletas y pasando al lado de ellos entré en mi habitación.

Era realmente difícil colocar camisas y pantalones mientras oía a Elsa derretirse a pollazos. Era cuestión de tiempo que yo dejase mis cosas y me dedicase a oír lo que pasaba en la sala de al lado.

Elsa gemía, yo me excitaba, Elsa gritaba, yo me tocaba, Elsa se lamentaba, yo me metía un dedo, Elsa se corría, yo me corrí.

Elsa me confeso que no era el primer chico que se traía a casa, de hecho había perdido la cuenta de los tíos que incluso pasaban por allí sin ser invitados.

Fue una suerte pues aunque aparecían por casa muchos palomos buscando a Elsa y yo los rechazaba, gracias a Elsa pude hacérmelo con un par de negritos que llegaron buscando a mi amiga y acabaron dándome para el pelo.

Ese último año de estudios fue una locura. “Si me viese Pablo ahora” – pensé el primer día en que un rubio me martilleaba el coño a la vez que yo se la chupaba a uno moreno, zipi y zape pensé cuando me entraron en aquel bar, desde luego después de un par de rondas me di cuenta que a esos dos no los podía dejar escapar. Aquella, que sería la primera de muchas, me pusieron mirando a Toledo., follé como una descosida. Me di cuenta que por qué dejar huecos libres cuando siempre hay voluntarios para llenarlos.

Después de un curso agitado, fue un descanso volver a Alicante, a casa de mis padres ese verano y ser follada de uno en uno. En ningún momento pensé que me estaba pasando, nunca le di importancia a follar con un desconocido, dos desconocidos o incluso compartir macho con alguna de mis amigas.

Empecé a trabajar en Kapa Comunicación, al poco tiempo de volver a Madrid. Era secretaria y secretarias siempre hacían falta.

Cuando entre por primera vez en mi oficina y empecé a ver a los que iban a ser mis compañeros y se me iba haciendo la boca agua, todos hombres, todos jóvenes y todos estaban buenísimos. Me los hubiera follado a todos en ese mismo momento, pero esa idea se me quitó de la cabeza cuando vi aparece en la puerta de su despacho a Raúl. Raúl era el director general y mi jefe directo.

– Hola Gemma, bienvenida a Kapa.

– Hola, Gemma Fernández, un placer.

– Soy Raúl, encantado – Raúl me presentó a la gente, me contó en que iba a consistir mi trabajo y mis horarios – era realmente difícil atenderle con las bragas empapadas.

El trabajo no estaba nada mal, bastante interesante, bien pagado para ser mi primer sueldo y encima entrada tarde, aunque también es verdad que salíamos muy tarde, muchas veces bastante pasada la hora de cenar.

Raúl me cogió bajo su manto y se puede decir que cuido de mi, tanto haciendo mi trabajo, a pesar de la responsabilidad, lo más llevadero posible. Intercedió ante recursos humanos por mi, consiguiendo unas mejores condiciones. Ocultaba mis fallos, resaltaba mis aciertos y me insistía que saliese lo antes posible del trabajo si no teníamos mucho lio.

Raúl era maravilloso, guapo, simpático, educado, inteligente, viajado, leído, muy culto, cuerpazo, en fin. Una joya. Cada mañana cuando lo veía suspiraba en bajo, era algo instantáneo, pero desde luego se repetía cada mañana. Aunque mi interés por Raúl era más que obvio para mi, él no me hacia ningún caso o al menos no daba muestras de ello, al fin de cuentas estaba casado con una chica de muy buena y religiosa familia.

Algunos días comiendo me preguntaba por mi novio, pregunta que o siempre evadí.

Me quedé de piedra cuando me lo encontré en un restaurante un sábado cenando. Yo había quedado con Bernardo, un amante que venia montándome discontinuamente desde los tiempos del colegio mayor. Quedar con Bernardo para mi era un placer. El chico era guapo, simpático y desde luego hacia mucho que ambos habíamos perdido la vergüenza en la cama por lo que cada vez que quedábamos nos daban la uvas follando hasta el amanecer. Reconozco que hay con muchos de mis fijos discontinuos que quedo con ellos directamente a follar, ósea una copa en su casa o la mía y directos a la cama. Con Bernardo la cosa era distinta, con Bernardo me gustaba mucho salir a cenar, tomarnos una copa en la mesa, pasear cogidos del brazo hasta su casa y follar como bestias según cruzabamos la puerta.

Como digo estábamos cenando en un restaurante de moda contándonos cosas en voz baja. Bernardo había apagado la vela y me tenía cogida de las manos y me hacía morirme de risa con sus anécdotas.

– Ósea que definitivamente no haces vida monacal – me di la vuelta boquiabierta, aunque conocía esa voz no daba crédito ver a Raúl al lado de mi mesa sonriendo. A su lado estaba su mujer – y me imagino que este es el chico del que nunca quieres hablar.

– Hola Raúl, un placer verte, ¿Cómo tu por aquí? – le dije.

– Pues nada, que hoy cumplimos Marta y yo 10 años de casados y hemos salido a celebrarlo, por cierto, no la conoces. Mira esta es Marta, Marta, esta es Gemma, mi asistente – Marta era una monada. Rubia, delgada, simpática y monísima. Yo la besé y les presenté a Bernardo. Cruzamos un par de frases y quedamos en tomarnos una copa al acabar juntos.

Raúl y Marta se retiraron a su mesa.

– Joder Gemma, ¿pero le hablas de mi a tu jefe?

– Que coño, nunca le he hablado de tíos, ya sabes como son estos tíos tan comerciales.

Acabamos la cena y pedimos unas copas. Acabando la copa Raúl y Marta se vinieron a nuestra mesa. Otras dos rondas de copas cayeron antes de levantarnos y despedirnos. Había sido una noche muy agradable. Marta resultó ser una mujer muy encantadora, accesible y mucho más guapa según ibas pasando tiempo con ella.

Bernardo y yo salimos del restaurante y caminamos cogidos de la mano.

– encantadores los dos – me dijo

– si, a su mujer no la conocía, pero él es la bomba.

– Si, además esta buenísima. Esa debe de ser una leona en la cama.

– Tu crees.

– Estoy seguro.

– Pero si no es tu tipo de mujer.

– Ya, poca teta, pero para eso te tengo a ti.

Hablamos del tema hasta que llegamos a su portal. Subimos en el ascensor, Bernardo abrió la puerta y me beso.

– Espera aquí. – me dijo tapándome los ojos con una bandana que llevaba al cuello, dejándome sola en el hall de su casa.

Oí los pasos de Bernardo volver hasta donde yo estaba. Me desnudó poco a poco. Primero mis zapatos, medias, falda, camisa, sujetador y finalmente bragas. Me agarró mis brazos y me hizo extenderlos. Pasó una cuerda por mis muñecas cerrando un nudo dejando mis manos atadas. Pasó la cuerda por encima de una barra de hacer flexiones que había justo encima nuestra y tensó la cuerda quedando yo con los brazos extendidos hacía arriba. Me ajustó una barra separadora en mis tobillos dejando mis piernas abiertas más o menos un metro entre pie y pie.

Durante unos segundos nada pasó. Sentí como un vibrador empezaba a resbalar por mi dilatado clítoris, el placer era inmenso. Era maravilloso pasar de la nada al placer en unos segundos. Bernardo se lo curro de lo lindo y me hizo retorcerme de placer con el falo vibrante. Estaba todavía resoplando del placer cuando se situó a mi espalda y de estacazo me clavó su dura polla en todo mi culo. A una señorita le debería haber matado una penetración así pero yo soy de las que el culo se le dilatan según les tocan el coño.

Bernardo me follo durante un tiempo indefinido, yo me corría y me corría mientras Bernardo me daba y daba. La verdad es que se lo estaba currando de verdad pero yo no me podía quitar de la cabeza la cara de Raúl y pensaba que era él quien me bombeaba sin piedad.

Bernardo se corrió entre gritos en mi culo haciendo que yo me corriese a la vez gimiendo el nombre de mi jefe.

Mi amante me desató y me llevó a la cama. Sabía por experiencias anteriores que la noche no acababa allí. Bernardo me hizo ponerme a cuatro patas y empezó a comerme el coño y culo. Esto era un clásico en mi amigo, después de una buena comida de mis bajos el chico siempre se recuperaba y me lo dejaba saber perforando mi coño sin avisar.

– Estas muy mojada hoy

– Si, estoy muy cachonda.

– Veo que te pone tu jefe.

– Me pone mucho y llevo toda la noche pensando que es él quien me folla.

– Hombre gracias.

– Es solo una fantasía, no me digas que nunca piensas en otra cuando me follas.

– Contigo no

– Pues ya sabes campeón dame duro, muy duro y hazme que piense solo en ti y tu polla.

Bernardo me jodió hasta el amanecer. Grité el nombre de Raúl cada vez que me corría. Aquel nombre hacía endurecerse la polla de mi amante y darme aún más duro.

El lunes a la hora de comer Raúl me estuvo vacilando.

– Ósea que la señorita tenía novio y no dijo nada.

– Es un buen amigo, no es un novio

– Pero amigo con derecho a roce.

– Un poco, bueno va por épocas.

Los meses siguieron pasando y la verdad es que el ambiente del trabajo no podía ir mejor. La relación con mi jefe era excelente, el me veía a mi como su protegida, yo como mi amor platónico.

Raúl no hablaba mucho de su vida sentimental, yo evidentemente tampoco de la mía. Sabía que Marta era de una familia muy conservadora, los domingos iban los dos a misa y aun estaban esperando tener críos.

Cada vez que Raúl me ponía cachonda yo acababa llamando a uno de mis discontinuos y hacía que me montasen con dureza pensando que era él quien me daba. Algo que veía imposible. Raúl parecía tan enamorado, tan conservador, tan de su casa…

Estaba a punto de volver a casa un día de lluvia cuando Raúl paso por mi mesa.

– Perdona Gemma. ¿Trajiste coche?

– Si

– ¿Me puedes llevas hasta casa?, tengo el coche en el taller y llueve a mares. Además te viene de camino.

– Por supuesto. Quería salir pronto por que tengo colada que hacer y aquí no hay mucho.

Salimos 5 minutos después. Ya había dejado a Raúl cuando cinco minutos después de llegar a casa y a punto de aparcar sonó mi móvil.

– ¿Si?

– Gemma. Me he dejado el portátil en tu coche.

– Ainsss, espera que te lo llevo.

– ¿Tu estas loca?, súbelos a tu casa, no te lo dejes en el coche y mañana lo llevas a la ofi.

Eso hice. Ya en bragas por mi casa y a punto de ponerme con la colada, volvió a sonar mi móvil.

– ¿Si?

– Gemma, soy yo otra vez. Necesito un archivo de mi portátil. Me lo puedes pasar.

– Si claro, un segundo – abrí el ordenador y me perdía la clave – ¿la clave?

– Martaysulatex – me dijo un poco por lo bajini – por favor no digas que te la he dado por que sino acabamos dos en la calle.

– Tranquilo.

– ¿cómo se llama?

– Cifras2015primertrimestre.xls

– Ok, te lo mando desde tu cuenta de mail.

– Perfecto. Ya esta aquí. Te veo mañana. Mil gracias Gemmita.

Iba a cerrar el ordenador cuando me quede mirando a la pantalla. Era mi jefe y no debería atreverme a tanto, pero era una ocasión única de cotillear.

Evidentemente lo primero que hice fue buscar mails con mi nombre. Eran demasiados y no tenía toda la noche para buscar, por lo que me puse a ver su fotos. Poca cosa, fotos de viajes, fotos de trabajos, fotos de familia pero nada especial. Busqué videos, había unas cuantos. Pulsé el primero.

En la pantalla ante mi asombrados ojos apareció un culo abierto. Mis ojos vieron llegar un mango de fusta desde detrás de la cámara y entrar poco a poco en ese ano. El mango iba entrando mientras el culo se iba retorciendo. La toma se abrió y se pudo ver a una mujer subía a cuatro patas con las piernas bien abiertas y el mango que entraba y salía. La rubia iba con una correa en el cuello, un corpiño de cuero y un ligero de cuero que suelto pues no tenía medias puestas – joder con el conservador este, le mola el porno duro amateur- seguí viendo. Me quedé con la boca abierta cuando la rubia se giró y vi su cara. Era Marta, por lo que el de la cámara debía de ser Raúl, joder con Raúl, mira que cosas le van. Seguí mirando ya con mi mano en mi coño. La rubia disfrutaba en la pantalla y yo con un dedo en mi coño. Un golpe de placer recorrió mi espalda cuando vi a aparecer desnudo a Raúl por delante de la cara de Marta con la polla en la mano. Le metió la polla aparentemente en la boca y la agarró por la cabeza en los laterales de la cabeza. La fusta seguía moviéndose en el culo por lo que obviamente el que la movía no era Raúl.

El de la cámara movió la cámara y lo puso en un lateral de Marta. Rápidamente el que la manejaba se dirigió a la parte de detrás penetrando a la mujer de mi jefe de un golpe seco. Marta se retorcía de placer a la vez que yo con tres dedos en mi coño, mientras a ella le machaban el coño y la boca en excitante baile sexual yo vibraba dándome placer con la mano.

Evidentemente no toque la colada en toda la noche, copie todos los videos para evitar que se diese cuenta que los había abierto. Uno hasta podría justificarlo, pero todos…

Me masturbé como una enana toda la noche. Use todo lo que tenía a mi mano, me jodí el culo, coño, clítoris, pezones, boca. Estaba fuera de mi, pero los videos lo merecían. Los videos eran de lo más variados. Desde luego ninguno de sexo convencional. Todos era una pasada, y en todos se veían como se follaba Raúl salvajemente a su mujer o bien como los dos se follaban a otros hombres o mujeres. En varios de ellos Marta era reventada con todo tipo de juguetes mientras permanecía atada a un potro con dos pinzas en sus pezones.

Las siguientes semanas fueron un escandalo, no podía esperar a que acabase el trabajo para poder masturbarme viendo como esos dos en teoría conservadores se daban placer uno al otro. Llegaba muerta a trabajar pues las horas masturbatorias eran largas.

Me volví a encontrar a Marta y Raúl en un restaurante un par de meses después. En esta ocasión estaba con Andrés, un follaamigo de los que me daban según verme. Estaba cenando con él por que tenía mesa reservada y mi cita de esa noche me había fallado. Tuve que convencer a Andrés que cenase conmigo esa noche pues el tío solo quería que fuese a su casa a montarme.

De nuevo los saludos de rigor, de nuevo se reunieron con nosotros para la sobre mesa y de nuevo nos tomamos un par de rondas. Andrés desde luego es otro tipo de hombre que Bernardo. Bernardo es un tío culto, simpático y educado, Andrés es un fucker, sin más, un musculitos insulso que solo sirve para lo que sirve.

Desde luego no di la mejor opinión estando con él cenando, pero Raúl y Marta se comportaron con muchas tablas e hicieron como si no se diesen cuenta de quien me acompañaba.

Aquella noche André me folló como solo él sabía, desde luego que no pude quitar de mi cabeza la escena de mi jefe y su mujer follando de todas las maneras en sus videos. De cualquier forma la polla del descerebrado me hizo a ratos volver a la realidad y correrme como siempre me hacía correrme.

– muy simpático tu amigo ¿pero cuantos novios tienes? – me dijo Raúl sonriendo.

– Ya te dije que no tengo novio – le dije sonriendo – Andrés es solo un amigo, ya sabes uno conoce a todo tipo de gente.

Raúl me vaciló lo mínimo y seguimos trabajando. Aquella semana se volvió a dejar su ordenador en mi coche un día lluvioso, y como es de suponer no pude hacer otra cosa que buscar nuevos videos y descargarme los que no tenía.

Me masturbé como una loca las siguientes semana, llegue incluso a rechazar ofertas para salir pues no podía dejar de ver aquello videos y correrme con ellos.

– Gemma, el jueves necesito que me acompañes a Alicante.

– ¿Por lo del simposium?.

– Si, quiero supervisar, el hotel, el restaurante, la comida y la sala de congresos.

– ¿salimos por la mañana temprano?

– No salimos por la tarde. Cenamos en el hotel mismo, y por la mañana vamos a ver el resto. Por la mañana no puedo pues tengo que ver al presidente.

– Como digas.

Follé con Juanlu el día antes de salir, iba a estar demasiadas horas con Raúl y no quería llegar caliente del todo. Me corrí a gritos suspirando el nombre de mi jefe.

Después de currar todo el día nos fuimos a Atocha. El viaje fue maravilloso. Hablamos de arte, viajes y cocina.

El hotel era maravilloso, mi habitación increíble.

Cenamos en el hotel, en el mismo restaurante y mismo menú que en el simposium. La cena no estaba mal, hubiésemos cenado fuera mejor, pero sin duda la cena no estaba mal y la compañía mejor.

Pedimos unas copas y empezamos a hablar de todo un poco. A la tercera ronda estábamos hablando de sexo por primera vez en nuestra vida. Nos contamos de todo, sin pasarnos, pero insinuando mucho más de lo que jefe y subordinaba deberían saber.

– Juguemos a los chinos

– Nuca he jugado dije yo.

– Yo te explico.

– Adelante

– Es muy fácil, tu tienes tres monedas, yo otras tres. Eliges las monedas que quieras y yo las que yo quiera. Sin enseñarme las que llevas extiendes las tuyas con el puño cerrado. Por turnos debes de adivinar las que suman los dos puños.

– Parece fácil

– Es muy fácil

– Probemos.

– Cinco – dije

– Cuatro – abrimos y era tres, dos yo y una él – ¿ves?, es muy fácil

– Si, tirado. ¿qué nos jugamos?

– ¿qué nos jugamos?

– Si, algo tenemos que jugarnos.

– Bien, jugamos a tres aciertos, al primero que llegue se acaba. Cada vez que uno gane puede preguntar al otro lo que quiera. Hay que ser sinceros.

– Me parece bien. ¿Pero se puede preguntar cualquier cosa?

– Desde luego – dije yo envalentonada.

– Cero – dijo

– Cuatro – dije, abrimos y eran dos.

– Tres – dijo

– Cinco – eran tres. Dos míos y uno suyo. Bueno… primera pregunta.

– Dime

– En la cama te gusta ser modosita o el sexo creativo.

– Ummmm – me quedé un poco cortada, pero soy tonta yo había abierto la caja de pandora – la verdad es que me gusta el sexo imaginativo, duro diría yo.

– Tenias pinta, me lo imaginaba – me dijo mientras yo le daba con la servilleta con la cara un poco roja. – Cero – dijo.

– Tres – abrimos y eran dos, y otras dos que tenía el en la suya las que yo tenía en la mano – dos

– Tres – abrimos y eran tres. En ese momento me di cuenta que el cabrón decía cero por para que yo me confiase en que él no tenía ninguna y así cambiar el turno y tener ventaja. Se iba a enterar – ¿Cuándo a ha sido la última vez que te has masturbado?

– Bueno, masturbarme, hace dos días.

– ¿Y te gusto?

– Esas son dos preguntas.

– Cero – dijo

– Tres – dije y acerté. Raúl me miró divertido.- A ver, ¿cómo te gusta follar?

– La verdad es que me gusta follar duro.

– No tienes pinta.

– Ja ja, no me cuentes batallas, estoy seguro que hasta lo sabías.

– Cuatro –dije

– Cinco – dijo. Yo había vuelto a acertar.

– ¿Eres fiel?

– Depende de lo que llames fiel – me dijo mientras a mi se me hacia agua el coño. Pedimos una nueva ronda – bueno dos a dos. El último que gane finaliza la partida.

– Esta bien. Seis – dije.

– J aja ja, se nota que es tu primera vez. Tres, las tuyas por que yo no tengo ninguna – abrimos las manos y efectivamente – Bueno, preparada para la última pregunta.

– Que remedió.

– Pues ahí vamos. ¿Qué es lo que más te gusta hacer en la cama?

– Joooo – dije a modo de protesta – ummmm. Me gusta el sexo anal – dije todo lo rápido y bajo que pude.

– ¿Cómo?

– Me gusta el sexo anal – volví a decir rápido y bajo

– ¿Cómo?

– Me gusta que me den por el culo, joder, a cuatro patas, sin piedad, que me rompan el culo, que me la saquen por la boca. Que me reviente y se corran en mis intestinos – solté sin siquiera pensar.

– Vale, vale, vale. ¿Y eso es desde hace mucho?

– Desde la primera vez que lo probé. Me encanta y casi siempre lo exijo. No sé por que te cuento esto. Malditas copas.

Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al ascensor. Cuando estaba a punto de parar en mi cuarto, Raúl me invito a tomarnos las última en su cuarto.

La verdad el cuarto estaba fenomenal, más grande y lujoso que él mío. Ni hizo ademán de poner la copa. No había pasado ni 10 segundos en ese cuarto cuando me encontraba desnuda a cuatro patas y con los brazos atada a la espalda con su corbata. Aún no me la había metido pero yo estaba que me moría por notar esa pollas que notaba en su pantalón dentro de mi coño o culo, sabiendo de sobra que iba a profanar mi culo hablado lo hablado.

Sentí como me realizaba a nivel sexual cuando note como su polla entraba de un golpe en mi coño

– luego te daré por el culo Gemma, ahora déjame disfrutar de tu coño – me dijo dándome con fuerza.

– Nos ha jodido que me vas a dar – dije yo segura de mi mismo.

Me moría de gusto mientras con mucha pericia Raúl me rompía el coño. No es que me diese con mucha fuerza, pero tenia un buen rabo y sabia meterlo en el ángulo adecuado.

Me corrí un par de veces sin que Raúl hiciese ningún gesto de ir a correrse cuando oí la puerta abriese. Intenté desencajarme y taparme, pero Raúl tiro de mi coleta y me la clavo con más fuerza. Me quedé helada cuando vi entrar a Marta en la habitación con una gabardina por la que se podía ver unos zapatos de tacón hasta el cielo y unas medias de malla. Raúl no dejaba de follarme mientras yo miraba aterrorizada a Marta que se acercaba poco a poco. Sin dejar de mirarme dejó algo encima de la tele de la habitación, se acercó a mi, me acarició la cara, cogió la coleta de mano de su marido y aprendo su puño y por tanto mi pelo me dijo.

– ósea que esta es la zorrita que le gusta ver videos nuestros follando…

– Si, esta es mi amor. Creo que no deja de menearse el clítoris viéndonos – le dijo su marido.

– Cómeme el chocho zorra – me dijo Marta mientras con su puño bajaba mi cabeza hacia su rubio pubis ya a abierto al subir una pierna en la cama. No me quedó más remedio que meter mi cabeza entre esas piernas mientras su marido no paraba de darme por el coño, No voy a decir que me estaba matando de placer por que en ese momento ni sentía ni parecía.

– ¿qué tal lo come?

– No ha comido muchos, pero es muy voluntariosa – dijo Marta mientras se soltaba el sujetador y empezaba a tocarse su pequeños pechos con un pezón prominente – ¿que tal folla?

– Para la edad que tiene, tiene el coño dado de si, esta ya a follado mucho. LA cadera la acompaña bastante bien.

Le estuve comiendo el coño en esa incomoda posición mientras su marido seguía dándome. Ya había pasado del terror al placer hacía ya un buen rato.

Marta se corrió, lo cual hizo que cambiásemos de posiciones. Raúl me tumbo en la cama. Abrió mis piernas y colocó la cabeza de su mujer entre ellas. Raúl se colocó detrás de ella y se la metió.

– joder por el culo. Que gusto – la había enculado.

– No querrás que solo sodomice a esta mocosa.

– Dame, pero dame duro. Le voy a dar una comida que no va a olvidar.

Y ciertamente que no olvidaré, pues la tía era una autentica chupadora. Jamás me había comida nadie el coño así me corría una y otra vez

– ¿Te gusta Gemma? – se interesó Raúl

– Me esta matando.

– ¿Le digo que pare?

– De gusto, me esta matando de gusto.

Raúl sodomizaba a su mujer, la cual no dejaba de chupar mi almeja a pesar de jadear como una posesa, y mientras agarraba los pezones de su mujer metiéndoselos entre los dedos índice y corazón, los cual cerraba con fuerza para dejar apretados. Parecía que a la chica le gustaba, y mucho.

Raúl se corrió en el culo de su mujer. Marta se sacó la polla del culo y tumbándolo en la cama, me puso a chuparle la polla mientras él le besaba suavemente en los labios. Me estaba volviendo loca chupar aquella polla que poco a poco crecía en mi boca. Cuando ya estaba dura, subí el tronco y lamí sus cojones algo que me encantaba hacer y que nunca siquiera había soñado con hacérselo a él.

Cuando Raúl se vio con la polla de nuevo como un tótem me tumbó en la cama. Marta sentó su coño en mi cara. Raúl levantó las piernas, pasó un dedo por la raja de mi culo y notando que mi ojete estaba dilatado simplemente agarró su polla y de un golpe la metió hasta los huevos. Yo dejé de mamar el chocho de su mujer quedándome con la boca abierta, volví a lamérsela un segundo después cuando Marta me dio un golpecito en la cabeza como diciéndome “adelante”.

Jamás me habían jodido el culo con tanta fuerza, tantas ganas y tanto saber hacer. Me estaba matando de gusto, el tío sabía lo que hacia y yo lo disfrutaba. Marta se retiró de mi boca después de un par de húmedos y prolongados orgasmos muerta de placer mientras su marido me daba y daba sin parar.

Marta se tumbó en el sillón a ver como su marido acababa de follarme.

Raúl clavaba sus dedos en mis piernas mientras sin dar muestras de cansancio hundía una y otra vez su polla en mi ano. Yo por momentos perdía el conocimiento por el placer y lo recuperaba cuando nuevos orgasmos llegaban a mi cuerpo.

Raúl se corría en mi culo contrayendo su cuerpo dejando al descubierto todos sus músculos. Miré hacía marta quien en ese momento se sobaba el coño y entraba en un nuevo orgasmo arqueando la espalda para darle la bienvenida.

Caímos rendidos.

Después de 20 minutos de no poder moverme Raúl habló;

– Gemma, cielo. Ve a tu habitación que mañana tenemos mucho trabajo y Marta y yo tenemos que dormir algo– yo bajé de la cámara, recogí mi vestido y me lo puse y con los zapatos y bolso en una mano saludé a Marta quien a duras penas pudo despedirse con un gesto de la mano. No volví a saber de mis bragas y sujetador hasta que me los devolvió Raúl en la oficina días despues

Caí muerta en la cama. Me desperté temprano. Me duche quitándome toda la lefa de mi cuerpo, Me arreglé y bajé a desayunar.

Raúl tardo en llegar.

– perdona, pero quise acompañar a Marta al tren. Lo cogía a los 7 de la mañana.

– Ah – solo pude decir.

No dijimos mucho, desayunamos, visitamos la sala del auditórium, comimos en un precioso restaurante y nos dirigimos a la estación de tren.

Ya sentados en el tren, Raúl rompió el hielo.

– ¿Qué te pareció lo de ayer?

– Uffff, mezcla de emociones. Me gustó mucho, me cortó mucho, me cortó mucho más y me cortó mucho mucho más.

– Explícate.

– Bueno creo que es claro que me pones mucho, intento que no se note, pero siempre te vi como un hombre serio y a mi como una cría recién licenciada.

– Bueno, ya tienes 24 años, ya no eres tan cría.

– Pero tu tienes 40

– Ya, pero no me veo tan mayor.

– Pues eso, me encantó follar contigo, me encantó incluso ser compartida con Marta, pero casi me muero cuando la vi. Y casi me da un ataque cuando oí lo de los videos.

– Ja ja ja, ¿lo de los videos?, ya sabes. Me di cuenta cuando abrí el ordenador, aquello no estaba como yo lo dejé. Miré el historia de uso y pude ver que habías visto un video y copiado el resto. Al principio me preocupó pero esa noche montando a Marta nos pusimos como motos pensando que estarías masturbándote viéndonos follar. Nos puso tanto, que pensamos en pasarte novedades y me volví a olvidar el ordenador en tu coche.

– Ósea que los sabíais.

– Si, ver que te bajabas la segunda entrega me confirmo o que eras muy caliente o que ibas a hacerme chantaje, lo que no pegaba contigo.

– Joder que vergüenza.

– ¿Te gustaron?

– Casi me desgasto el clítoris de tanto masturbarme viéndolos. Me volvían loca.

– Bueno, en la próxima entrega podrás bajarte el que has protagonizado tu – yo sonreí – por cierto, la próxima vez que nos encontremos con un patán como Andrés déjale plantado y vente. Si es con uno como Bernardo, tráetelo.

La vida volvió a la normalidad en la oficina, Raúl siguió siendo el hombre encantador de todos los días y yo la eficaz secretaria que siempre fui.

Continuara.

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