Mi jefe y su leche escurriendo en mis piernas

No hay mujer a la que no le guste sentirse deseada. Y tampoco hay hombre que se resista a un poco de competencia. Así que por qué no jugar un poco?

Elías, mi jefe, había estado un poco distante conmigo. Lo que antes eran tardes de sexo en su oficina se habían convertido en besos y discretos toqueteos; la presión de un nuevo negocio lo tenía muy distraido y a mi muy aburrida.

Hasta que un día logré recuperar su atención. Eran como las 10 de la mañana, estabamos esperando a un cliente en la sala de juntas, él estaba sumamente concentrado, no notaba mi falda negra bien ajustada a mi cintura y a mis piernas, mi blusa blanca ceñida que marcaba mi escote y mostraba algunas de mis pecas. En esa sala solo se escuchaban mis tacones, hasta que una de las secretarias anunció a Horacio, el cliente.

Horacio resultó un hombre mucho más grande que Elías, le calculé unos 40 años. Muy bien vestido, alto y algo robusto fue directo a saludarme,me dio la mano y con la otra me tomó de la cintura para saludarme con un beso en la mejilla, Elías solo se quedó mirandonos y se presentó. Empezamos la junta entre miradas, algunas bromas y el negocio terminó cerrandose.

-Para celebrar, qué te parece si te invito a comer Sofía. Claro, tú también estás invitado Elías- dijo Horacio.

– Nos encantaría. Verdad, Elías?- Le respondí de inmediato.

– Gracias por la invitación, deja que nosotros nos hagamos cargo de la comida. En unos minutos el auto de la empresa estará disponible para nosotros.- Respondió Elías sin mucho entusiasmo.

– Voy a arreglarlo todo- Dije mientras me paraba de la silla pero Horacio me tomó del brazo y se puso de pie también.

-Seguro hay alguien más que puede encargarse de eso- Dijo Horacio.

-Permíteme arreglarlo personalmente- le respondí mientras caminaba apretando mi culito y moviéndolo sensualmente.

Regrese a la sala de juntas y Horacio no se apartó de mi ni un momento. Mientras salíamos de la oficina y en el camino me tomaba del antebrazo y pasaba discretamente su mano por mi cintura. Ya en el restaurante, al paso de las copas perdía su mirada en mi escote y yo respiraba más profundamente para provocarlo, sentía su mirada en mis labios y de pronto comenzó a llmarme Sofi. Elías estaba notablemente irritado, no decía nada pero yo me portaba más amigable con Horacio.

-Sofi, fue un placer conocerte. Espero sigas muy de cerca este proyecto, pocas veces se puede unir el negocio con el placer de tratar a alguien como tú- dijo Horacio para después darme un abrazo de despedida.

– Horacio, tu chofer te está esperando. Si necesitas algo no dudes en contactarte conmigo- Le respondió Elías.

El auto de la empresa también nos estaba esperando pero en el caminio Elías no cruzó palabra conmigo. Llegamos, tomamos el elevador y cuando llegamos a nuestro piso él me dijo que me esperaba en la sala de juntas más pequeña en 5 minutos.

Antes de llegar a la volví a pintar mis labios de rojo y me desabroche un botón de mi blusa para dejar ver un poco más de mis tetas.

-Qué necesitas Elías?

-Cierra las persianas

-Ya están cerradas, qué pasa?

-Pon atención porque solamente lo voy a decir una sola vez- me dijo en un tono entre enojado y serio- Nunca me vuelvas a poner en esta situación, no juegues con el trabajo Sofía. No tenías por qué coquetear con un cliente, no voy a tolerar que un pendejo te vea como un posible acostón.

-Nadie estaba coqueteando- Respondí

-No me trates de tu pendejo!- Replicó. Eres una mujer demasiado inteligente como para recurrir a esas bajezas- Mientras me lo decía me agarraba del brazo y me llevaba hacia él.

-Calmate, no es para tanto!

-No es para tanto? Lo dejaste tocarte! Lo dejaste acercarse a lo que es mío!

-No soy tuya! No te confundas!

-Aquí y donde sea, eres para mí! Esto es mío- me decía mientras me agarraba de las nalgas.

-Y esto?- Lo reté poniendo sus manos en mis tetas.

Sin dejar de tocarme me llevó hasta la mesa, me sentó en ella y me besó como hacía tiempo no lo hacía. Me comía la boca, mordía mi labio inferior, clavaba sus dedos en mis senos, subió mi ajustada falda para meterse entre mis piernas y entonces sentí su erección.

-Vamos a tu oficina

-Eres mía y yo decido dónde, cómo y cuándo cogerte

-Estamos frente a un pasillo. Por lo menos asegura la puerta- Insistí pero desistí cuando sentí sus dedos penetrándome. Tuve que besarlo para no gemir. Estaba muy mojada, sus manos, su olor, la adrenalina poder ser descubiertos, su forma de hablarme, sus celos y su rudeza, todo me ponía más y más caliente.

-No, sigue por favor. Por qué te detienes?- Le pregunté cuando sacó sus dedos de mí.

Sin decirme nada me bajó de la mesa y me inclinó sobre ella. Subió toda mi falda y me dio dos nalgadas.

-No! Puden escucharnos.

-Te dije que era yo el que mandaba- Respondió agarrándome del cuello para levantarme y besarme. Tomé una de sus manos y la puse en mi vagina mojadita, no pedió tiempo para meterme los dedos otra vez. Y yo pegaba mis nalguitas a su paquete.

-Cógeme de una vez- Le suplique

-Ahora si quieres?

-Siempre he querido! Vamos, necesito sentirte dentro!

-Cuándo y como yo quiera!

-Elías métemela ya!

En ese momento me tapó la boca y al mismo tiempo me la metió hasta el fondo y me dio estocadas fuertes, profudas y rápidas. Sus huevos chocaban en mis nalguitas, mis rodillas se debilitaban y no paraba de metermela con mucha intensidad, una vez tras otra.

-Te gusta mi putita? Creías que el otro pendejo te iba a hacer lo mismo que yo?

No podía responder porque seguía tapando mi boca per mi espalda estaba arqueada para recibirlo mejor, mis pezones estaban completamente duros, chorreaba y sentir sus besos en mi cuello y mi espalda erizaban mi piel.

A punto del orgasmo me abrazó desde atrás, disminuyó la rapidez de las estocadas pero las hacía más profundas, sentía como me empujaba más y más.

– Que rico aprietas, Sofi- me decía al oído – Todo lo que quería era tenerte así, dejandote hacer.

Y sentí cómo se vino dentro de mí. Su leche caliente inundó mi vagina, quitó su mano de mi boca y la bajó a mis senos, me apretó mientras recuperaba la respiración. Cuando sacó su verga sentí como su semen se resbaló por mis piernas. Me quite la tanga, me limpié con ella y la metí a su saco. Me arreglé un poco y salí de la sala de juntas.

Esa noche no paramos de coger.

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