Mi madre y el negro VII: Regalo

Cuando Alicia llegó a casa con su madre, estaba vacía.

– No se donde estarán Frank y tu hermana. Habrán salido a tomar algo. – Dijo Elena.

– ¿Frank? ¿Frank está aquí?

– Si, es un chico majisimo. Se ofreció a hacernos compañía mientras estábamos contigo en el hospital. El también estaba muy preocupado por ti.

Alicia sabía perfectamente el tipo de compañía que le había hecho a su madre, sólo esperaba que con su hermana se hubiera comportado…

La chica subió a su habitación y se dio una ducha, necesitaba despejarse y aclarar sus ideas. Mientras se enjabonaba, le molestaban todavía las magulladuras, pero estaba realmente mucho mejor ya.

Sus pensamientos volaban hacia lo que había vivido los últimos días. Frank, su madre, Gonzalo, su hermana, Rebeca… Pero siempre acababan en Frank. Su visión sobre el había cambiado mucho, primero no le aguantaba, después le odió por lo que le vio hacer a su madre, luego vino la excitación y el morbo, mas tarde una especie de dependencia a su hombría, y ahora… Ahora sentía que realmente le importaba, el a ella y ella a el. Alicia notó un cambio en él cuando estuvo en el hospital y se dio cuenta de que realmente se preocupaba por ella. No era simplemente su “zorrita”…

Mientras se vestía de nuevo, llegó su hermana.

– ¡Hola hermanita! Me alegro de que estés en casa. – Le dio un afectuoso abrazo de nuevo.

– Yo también. ¿Donde estabas?

– Tenía que hacer unos recados fuera de casa. ¿Te duele mucho? – Mientras decía eso agarró una teta de Alicia y la apretó.

– ¡Aaaah! ¿Eres imbécil? – Intentó darle una colleja pero su hermana era más rápida, y más aun con el cuerpo dolorido.

Claudia se estaba partiendo de risa, a una distancia prudente, claro.

– Es una broma, Ali, no te mosquees.

Alicia resopló, intentando soportar las “bromas” de su hermana.

– ¿Y donde está Frank? Mamá me dijo que se había quedado con vosotras.

– Se ha ido a su casa a descansar, ¿Querías algo de él?

– No, no… Sólo… Era por curiosidad. Quería agradecerle como se ha preocupado por mí…

– Bueno, ya se pasará por aquí. Me voy de nuevo, sólo quería ver que estabas bien otra vez.

– ¿Te vas otra vez? ¿A donde?

– Ya te lo he dicho, tengo que hacer unos recados.

– ¿Unos recados, que…?

Pero Claudia ya se había ido, dejando a su hermana con la palabra en la boca.

Pasaron unos días en los que Alicia comenzó a desesperarse. Mientras se recuperaba no iba a la universidad, así que pasaba los días con su madre en casa. Claudia sin embargo, no paraba. Cuando llegaba de las clases se iba de nuevo a hacer unos “recados”… Alicia no sabia lo que era pero no le daba buena espina.

– Dejala en paz… – Decía su madre. – Está en la edad del pavo aún. No te preocupes por tu hermana.

Pero se preocupaba. Por su hermana y por Frank. Desde que le dieron el alta no había vuelto a saber nada de él. Ni apareció por su casa ni le mandaba mensajes ni nada. Notaba a su madre inquieta también, suponía que por la misma razón que ella. Al tercer día Alicia escribió un mensaje al chico sin obtener respuesta, probó de nuevo esa noche y al día siguiente también con idéntico resultado. ¿Por qué había desaparecido así?

Cada noche se masturbaba pensando en Frank y se dormía entre lágrimas de desesperación.

Una mañana volvió a escribir, aunque ya no esperaba obtener ninguna respuesta.

– Frank, ¿Que te pasa? ¿Te has olvidado de nosotras? Por favor… Da señales de vida, yo… Necesito saber de ti…

– Esta tarde a las 8 estaré en tu casa. Espero que estés lista.

La cara de Alicia se iluminó de repente.

– ¿Que pasa hija? – Preguntó Elena al verla así.

– Oh… N-Nada… Acabo de recibir una buena noticia, nada más.

– Aah… De acuerdo. Por cierto, esta tarde tendrás que quedarte tu sola en casa. Tengo que ir a casa de la vecina, ha comprado la Termomix y no sabe como usarla.

– ¿Como? – ¿Era simple casualidad? ¿O Frank sabía que su madre no iba a estar?

– Vamos, hija, no te pasará nada, esa chica no creo que se acerque por aquí, – Elena malinterpreto la reacción de su hija. -además, estaré ahí al lado.

– Vale mamá. No te preocupes, estaré bien. Voy a… – Salió de la sala señalando hacia su cuarto, ni siquiera le salían las palabras.

————-

Eran las 8 pasadas y Frank estaba llegando a casa de Alicia. Realmente tenía ganas de verla. Quería haber venido mucho antes pero tenía otras cosas que hacer, cosas que no podía retrasar.

Cuando se enteró de lo que le había pasado la rabia y la ira lo inundó. Después, cuando comprobó que las lesiones no eran tan graves, pudo pensar fríamente. Se le había ocurrido un plan, pero necesitaba a alguien para llevarlo a cabo…

Llamó al timbre y esperó.

Estaba relajado, no tenía intención de follarse a Alicia puesto que no sabía el estado de su recuperación, por eso, cuando la vio al abrir la puerta la sorpresa fue mayor.

– Hola Frank. Cuanto tiempo.

Frank no contestó, solo miraba de arriba a abajo a la preciosidad que le había abierto la puerta.

Alicia se había puesto su conjunto de lencería mas atrevido. Un corset morado y negro, que apretaba sus tetas formando un acentuado escote, un tanga minúsculo a juego, liguero, medias hasta medio muslo y tacones morados. Los labios rojo pasión mostraban una sonrisa perversa.

– ¿Te ha comido la lengua el gato? – Insistió la chica.

Frank se adaptó a la inesperada situación y nuevamente tomó el control de sí mismo. Sonrió ampliamente y se lanzó a la boca de Alicia. Cerró la puerta y la llevo hacia el sofá mientras con las manos recorría todo su cuerpo. Cuando la tumbó, ésta dejó escapar un pequeño grito de dolor.

– ¿Todavia te duele? – Preguntó Frank.

– No te preocupes por eso, hazme lo que tengas que hacer.

Frank dudó, le gustaba follar duro, pero no quería hacer daño a la chica. La acarició el pelo en un gesto que Alicia no le había visto nunca, lleno de ternura. Pero eso no era lo que la chica estaba buscando, quería demostrarle que haría todo lo que quisiera.

Empujó a Frank por el pecho y le sentó en el sofá. Desabrochó sus pantalones y liberó a la bestia que tenía entre las piernas. Frank vivia la escena con una mezcla de excitación, satisfacción y orgullo. Observaba la mirada de lujuria de Alicia mientras comenzaba a masturbarme y veía la misma mirada de zorra que tenía su madre.

“Son dos gotas de agua” pensó “Igual de zorras”

Pocos segundos tardó la chica en llevarse la polla a la boca, tragando con avidez. Con suavidad cada vez iba introduciendo más carne ennsu garganta hasta que la tuvo entera dentro.

– Estás hecha toda una tragapollas. – Dijo Frank. – Ya no tienes nada que envidiarle a tu madre.

Alicia de levantó, sonriendo y se bajó el tanga, tirándolo a la cara del negro.

– Si que tengo algo que envidiarla, pero vamos a solucionarlo ahora mismo.

Se arrodilló y pegó la cara al suelo, separándose las nalgas con las manos.

– ¿Estás segura? Una vez empiece no pararé.

– Cállate y fóllale el culo a tu zorra.

Alicia cerró los ojos, esperando que llegara el dolor, estaba deseando hacerlo, pero sabía que sería duro. Había practicado casi todas las noches con Manolo, y ya recibía el juguete en su culo con bastante soltura, pero el tamaño de la polla de Frank…

Abrió los ojos con sorpresa al notar un suave cosquilleo en su ano, ¡Frank se lo estaba chupando! Nunca se lo habían hecho y no habría imaginado que sería una sensación tan agradable. La lengua del chico dibujaba círculos alrededor de su ojete, bajaba lentamente por la sensible piel entre el culo y el coño y jugueteaba un poco en su sexo antes de volver a subir. De vez en cuando, introducía rápidamente la lengua en su culo, arrancando gemidos de la boca de la chica. Continuó metiendo un par de dedos en su coño encharcado y a continuación en su culo. Alicia comenzaba a mover sus caderas inconscientemente mientras el chico la preparaba para lo que venía después, estaba tan caliente…

Volvió a tensarse en el momento en el que Frank se levantó y se situó tras ella, el enorme rabo entró en contacto con su ojete y comenzó a forzarlo, arrancando un grito de dolor de la garganta de la chica. Sentía como si una barra de hierro al rojo la estuviese atravesando. Se mordió la mano para no gritar mientras Frank continuaba introduciendo su polla centímetro a centímetro en sus entrañas.

“¿Mi madre sintió lo mismo que yo?” pensaba Alicia, “Ella parecía disfrutar…”

– Ya está toda dentro, ¿Que tal vas? – Preguntó Frank.

– Mmffffff. – Respondió la chica, sin querer dejar de morder su mano por miedo a gritar de nuevo.

– Bueno, ya ha pasado lo difícil, ahora viene lo divertido.

Sacó la polla completamente del culo de la chica, creándola una especie de horrible sensación de vacío. En el momento en el que la punta del rabo salió de su culo, un escalofrío de placer recorrió a Alicia haciéndola estremecer. Nuevamente Frank volvió a la carga, algo mas rápido que la primera vez, pero aun con cuidado. Repitió la operación varias veces y, a cada embestida, el dolor se asemejaba mas al placer. Su culo era taladrado una y otra vez, Frank estaba aumentando el ritmo y la chica ahora tenia que reprimir sus gemidos en vez de sus gritos.

Ring Ring.

Sonó el móvil del negro, que contestó como si tal cosa.

– Si… ¿Como vas?… Perfecto… Si… Mejor de lo que pensaba… De acuerdo… Adiós.

Alicia miró hacia atrás, intentando preguntar a Frank quién había llamado, pero lo único que vio el chico fue como le miraba con la cara desencajada de placer, el rítmico vaivén que estaba realizando el negro la estaba llevando al éxtasis. Ya no había rastro de dolor o, al menos, el dolor que sentía era en cierto modo placentero.

Frank agarró a Alicia de las muñecas, estirando hacia atrás y obligando a la chica a arquear la espalda y mantener la cabeza alzada. Aumentó el ritmo, Alicia babeaba ligeramente sin poderlo evitar, estaba a punto de correrse. Tan ensimismada estaba que no oyó como se abría la puerta de la casa, ni como había alguien en el vestíbulo. No se enteró de nada hasta que la tuvo delante.

Era Claudia. Pero de una manera que su hermana nunca la había visto.

Llevaba unas botas de cuero negro por encima de la rodilla, una minifalda también de cuero y una especie de arnés de cinchas que sujetaba sus tetas pero no las cubría. En una mano tenía una especie de correa, pero Alicia no veía todavía a que estaba enganchada.

Intentó pronunciar su nombre pero las palabras no salían de su boca. Frank tampoco ayudaba puesto que no se detuvo, ni siquiera bajó el ritmo.

Claudia sonrió y avanzó un par de pasos, lo hizo grácilmente a pesar de los taconazos que llevaba, y entonces Alicia pudo ver lo que había al otro extremo de la correa.

Era Rebecca.

Estaba desnuda, o casi desnuda mejor dicho. Solamente llevaba un diminuto tanga rosa y un sujetador sin copa que mantenía sus tetas en su sitio. Llevaba unas orejitas de conejo en la cabeza, tacones rosas y una especie de calentadores de pelo rosa en los tobillos. Caminaba dócilmente tras Claudia. Cuando se detuvo, Alicia pudo ver una pequeña cola de conejo que salía de su culo.

Las dos se quedaron mirando en silencio el fabuloso espectáculo que ofrecía la pareja, Alicia estaba en shock, era la situación mas surrealista que había vivido jamás, era incapaz de decir nada, de moverse, de reaccionar. Sólo…

“Sólo necesito que Frank no pare jamás”

El estado en el que se encontraba hacia que sintiera con más intensidad esa polla que taladraba su culo, podía sentir como su cuerpo se cerraba sobre ella y la añoraba cuando Frank la sacaba. Ya no había rastro de dolor, sólo existía placer, un placer que nunca había experimentado, que se fundía de alguna extraña manera con la humillación y vergüenza que estaba sintiendo al ser observada y que la estaba llevando al éxtasis.

– Mmmnnnnn… aaaaahhhh… – No pufo contener un grito cuando el orgasmo estalló en sus entrañas, literalmente, por que Frank se corrió a la vez que ella, llenándola el culo con su lefa.

Alicia levantó la mirada y vio como su hermana la miraba con una expresión de lujuria que nunca había visto mientras con una mano acariciaba su entrepierna.

Frank soltó sus manos y Alicia se derrumbó en el suelo. Se sintió vacía cuando el chico salió de ella y le vino a la mente el ojete abierto y chorreante de semen de su madre, ¿Lo tendría ella igual?

La voz de su hermana la devolvió a la realidad.

– Parece que has encontrado por fin alguien que te quite las telarañas.

– C-Claudia… ¿Q-Que…?

Claudia se acercó a su hermana, con su agresora siguiéndola al otro extremo de la cadena.

– No te preocupes, Alicia. Lo sé todo. – Alicia la miró a los ojos, sorprendida. – TODO. – Remarcó.

¿Se refería a su madre? La chica estaba bloqueada. Miró a Rebeca.

– ¿Y ella? ¿Que hace aquí?

– Había que enseñarla quien manda después de lo que te hizo, así que Frank y yo nos ocupamos de ella. ¿Verdad, putita?

– Si, ama. – Contestó inmediatamente Rebeca. Su voz era algo chillona. Alicia no la recordaba así. – Los amos han enseñado a Becky a comportarse correctamente. Becky esta muy agradecida a los amos.

– ¿Becky?

– Oh… Frank y yo pensamos que este nombre iría mejor con su nueva personalidad.

– ¿Que le habéis hecho? – Alicia estaba comenzando a asustarse.

– La hemos castigado. – Dijo Frank a su espalda. Tenía el gesto serio. – No me gusta que toquen lo que es mío, así que me aseguré de que no lo volviese a hacer. Ahora es una puta descerebrada que sólo piensa en una cosa. ¿Verdad Becky?

– Si amo, Becky sólo pie sa en satisfacer a los amos, Becky es su juguete.

– Creo que debes pedirle perdón a Alicia por lo que hiciste.

– ¡Oh, sí! ¡Becky está muy arrepentida! ¡He sido una tonta! – Se arrodilló en el suelo, Alicia no daba crédito. – Becky no volverá a actuar mal.

– Ya basta, puta. – Ordenó Claudia, tirando de la correa. – Tu amo acaba de correrse en el culo de Alicia, ¿No se te olvida algo?

– Lo siento ama. Becky es una tonta por olvidarse. – Mientras hablaba se arrodilló detrás de Alicia. – Becky debe mantener limpios a sus amos. – Y diciendo eso introdujo su lengua en el culo irritado de Alicia.

– ¿Pero qué…? – La chica intentó apartarse, pero su hermana la detuvo.

– No te preocupes. Disfruta de que la zorra que te pegó una paliza ahora es tu nueva esclava.

– Mi nueva, ¿que? – Alicia creía que no había oído bien.

– Esclava. Esto lo hemos hecho por ti, para vengarte. Esta zorra te pertenece tanto como a nosotros.

Alicia notaba como la lengua de Becky recorría su ojete, bebiendose el semen de Frank y aliviando en cierta manera la irritación que le había producido la enorme polla del negro. Lamía de manera mas suave y delicada que él, era bastante agradable. No tardó en dejarse llevar por las sensaciones que le producía y volver a excitarse. Al notar esto, Becky comenzó a intercambiar sus atenciones entre el culo y el coño, haciéndola llegar nuevamente al orgasmo.

– P-Para… Por favor… – Alicia estaba sofocada. – Ya es suficiente.

– Vamos a la cocina a recuperar líquidos. – Dijo Frank con una sonrisa.

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