Mi marido, su secretaria y un viaje a Alicante.

Conocí a Raúl cuando estudiábamos la carrera. Era guapo, decidido, simpático y muy inteligente, mucho.

Yo provenía de una familia muy conservadora, de hecho yo también lo era. Raúl era un buen chico pero desde luego no tan parado como yo.

Empezamos a salir después de una fiesta de una residencia de estudiantes en la que bebí más de la cuenta y me la pasé agarrada a su cuello toda la noche. Me moría de vergüenza el lunes siguiente cuando me lo encontré en clase. El lo tomo con mucha naturalidad y me beso en los labios en cuanto me vio a modo de saludo. Desde entonces nunca me he separado de él.

Desde luego yo era virgen cuando sucedió todo aquello. Antes de Raúl pocos chicos me habían besado y solo uno había llegado a tocarme mis pechos, pero con Raúl la cosa fue muy rápida.

Ya el primer fin de semana que salimos, mientras hablaba con una amiga, con mucha naturalidad me metió la mano por la espalda, rodeó con ella mi cuerpo y apartando mi sujetador empezó a acariciar mi pezón. No dije nada pensando en montarle un numero al salir de la discoteca, pero al salir de ella lo único que quería era que me los siguiese tocando y nunca parase.

La segunda semana quedamos a ver una película en casa de sus padres quien estaban en la sierra pasando el fin de semana. Acabé la película desnuda sobre el sofá mientras Raúl me tocaba el coño por primera vez. El pobre tuvo que ponerme su polla en la mano para que torpemente le masturbase como él me había hecho a mi. Fue sorprendente cuando recibí su lefa sobre mi cuerpo.

La tercera semana ni puso la excusa de la película, simplemente fuimos a casa de sus padres a darnos el lote antes de salir. Por primera vez Raúl metió su cabeza entre mis piernas y por primera vez alquilen me comió el coño como desde ese día haría continuamente. Me corrí en su boca.

La cuarta semana, teniéndome desnuda y abierta de piernas me tapó los ojos con un pañuelo. Empezó a jugar con mi coño, no podía ver pero me volvió loca, frió calor, manoseo, en fin, en la gloria. Cuando me quitó el pañuelo me había afeitado el coño. Ese día perdí la virginidad.

Nos casamos nada más acabar la carrera. Mi familia estaba encantada, me vieron caminar al altar de blanco tal y como ellos esperaban. La fiesta fue maravillosa, disfruté un montón, pero solo esperaba llegar a la habitación para ser tomada por mi ya marido.

Raúl y yo crecimos a lo largo de los años como pareja, como personas y como amantes.

Crecíamos económicamente ya que ambos íbamos ascendiendo en nuestros trabajos, Raúl más rápido que yo, pero ambos a buen ritmo.

Crecimos como personas, ambos nos fuimos interesando con la edad sobre temas tan diversos como la economía, el arte, la música, la historia o la filosofía. Ambos éramos lectores empedernidos y con los años ambos nos volvimos lo que vulgarmente se llaman, unos intelectuales.

Crecimos como amantes. Ya cuando me casé me encantaba follar, pero con el paso de los años se volvió en un vicio para mi y para Raúl. Nos contábamos un pelo. Lo probamos todo en pareja. Llenamos nuestro armario de juguetes, nuestra videoteca de películas y nuestros ratos libres de fantasía.

Personalmente a Raúl le gustaba someterme en la cama, a mi me encantaba, pero sobre todo me encantaba ponerle a cien proponiéndole mientras estaba a tope follandome tríos, orgias y todo el tipo de guarradas que sabía que le ponían y que a mi en el fondo me hubiese gustado disfrutar.

Ya habíamos follado un par de veces delante de extraños en clubs de intercambio pero sin que nadie interviniese, cuando un día en casa para celebrar mi cumpleaños Raúl me puso en pelotas en el medio de nuestro salón. Abrió mis piernas y empezó a tocar mi chocho. Me quede de piedra cuando desde la habitación de invitados salió un joven desnudo perfectamente musculado con una polla que era un escandalo. Yo estaba con la boca abierta.

– Este es tu regalo de cumpleaños mi amor.

– ¡No pretenderás compartirme! – dije con tres octavas por encima de mi tono de voz habitual, Raúl sencillamente me metió su polla inhiesta en mi boca. No pude hacer otra cosa que empezar a chupar. El desconocido me la clavó sin preguntar en todo mi coño. Aquella fue una noche memorable. Mi marido y el chico me follaron hasta el amanecer por todos mis agujeros. Por primera vez recibí una muy satisfactoria doble penetración. Desde ese día me volví una adicta. Desde ese día si no había otra polla a mano exigía un vibrador en el culo cuando mi marido profanaba mi chumino.

Desde ese día nuestra vida sexual fue una salvajada. Compartíamos nuestra cama con cualquiera que se pusiese a tiro, siempre desconocidos, por supuesto, pero cada fin de semana era una fiesta continua.

Un día Raúl volvió del trabajo, me desnudó, me sentó en el sofá, abrió mis piernas, puso un video y empezó a comerme el coño. Yo disfrutaba de la lengua de mi marido mientras no perdía ojo de la película. Estaba a muy poquito de correrme cuando de repente la pantalla cambió. No me cabía duda, ese mango de fusta en aquel culo era la misma fusta que Rodolfo, el brasileño que habíamos conocido en el bar de intercambios, me había metido el sábado pasado, y por ende ese era mi culo. Casi me corro cuando la película continuó y pude ver como entre los dos macho me hicieron llegar al séptimo cielo. Me corrí largamente con la lengua de mi marido mientras aquella imágenes excitaba hasta el último poro de mi cuerpo.

Desde ese día, raro era el día que no nos grabábamos cuando follábamos en grupo y alguna vez en privado.

– hoy me han mandado a mi nueva secretaria.

– ¿qué tal es?

– Muy agradable.

– ¿guapa?

– Bastante.

– Me imagino que estará la pobre supercortada.

– Esa ya tiene kilómetros, te lo aseguro

– J aja ja. Que bruto eres.

El polvo que me hecho a continuación fue de fabula.

Raúl disfrutaba con su trabajo y según parecía Gemma era una muy buena asistente.

– la verdad des que la tía se lo curra. No se queja del nivel de curro y siempre esta dispuesta a más – me decía.

Habíamos quedado para una orgia para celebrar mi cumpleaños. Raúl se negaba a entregarme a desconocidos para que me follasen sin cuartel sin antes llevarme a cenar a un restaurante romántico. Fue una sorpresa encontrar a Gemma con un chico cenando allí. Raúl hizo los honores y nos presentó. Tomamos unas copas muy agradables con ellos antes de despedirnos. Ellos se fueron seguramente a follar y nosotros al encuentro de nuestros nuevos amigos.

Esa noche me follé a más de 10 tíos, estaba muerta cuando Raúl me deposito en la cama de nuestra casa. De ninguna manera me iba a quedar dormida el día de nuestro cumpleaños sin hacer el amor con mi marido. Después de horas follando con extraños y de ver como el hombre de mi vida se calzaba a toda la que se puso a tiro necesitaba sentir a mi marido sola para mi dentro de mi.

Como siempre lo que empezó como sexo romántico y lento acabó con Raúl dándome por el culo con dureza y yo gimiendo como una depravada.

– ¿Te hubiera gustado follarte hoy a Gemma eh cabrón?

– Creo que a ella le hubiese gustada más follarme a mi.

– Desde luego tal y como te miraba no me extrañaría.

– Se quedaría de piedra si nos hubiese visto hoy. La tía es muy joven

– Esa zorrita sabe latín.

– Lo sé.

– Seguro que ahora esta siendo montada pensando en ti.

La vida siguió para nosotros con nuestros trabajos, lecturas y sexo.

– Joder no sé si he hecho bien.

– ¿Qué te pasa mi amor?

– Pues me ha traído Gemma a casa por qué llovía. Me dejé el portátil en su coche y le he pedido que me mandase un archivo que necesitaba.

– ¿y?

– Pues que le he dado mi password.

– ¿Y?

– El ordenador esta repleto de videos nuestros follando.

– Joder, no se va a poner a cotillear.

– Es mujer…

Raúl volvió pálido de trabajar.

– ¿Qué te pasa cielo?

– Gemma no solo ha visto uno de nuestros videos sino que se ha copiado el resto.

– ¿Y como lo sabes?

– Tengo un programa que me dice el historia de mi ordenador y lo decía claramente. La tía ha cotilleado todo el disco duro y cuando llego a lo sabroso la hija de puta se lo copio.

– Es una cría, no le des importancia. Los verá y acabara cansada. La tía te aprecia no creo que se juegue su trabajo por tener la boca demasiado grande.

Esa noche me folló con dureza, con mucha dureza. Le provoque indicándole que seguro que Gemma se estaría masturbando mientras veía nuestros videos. Cada comentario mío era un descarga de adrenalina en mi marido, lo cual mi coño y culo agradecieron.

La idea se me ocurrió cuando nos volvimos a encontrar a Gemma con otro chico en un restaurante. El tío tenía su atractivo pero no era más que un matado que seguramente le ponía mirando a Toledo cada vez que quedaba con ella, pero de cerebro ni un átomo.

Esa noche mientras alguien del que no recuerdo un nombre me sodomizaba y Raúl la tenía metida en mi coño le susurré a mi marido.

– déjate el portátil otra vez en su coche, deja que se copié los nuevos videos. Démosle una alegría.

Raúl volvió a dejarse su pc en el coche de su secretaría. Al día siguiente Raúl me confirmó que efectivamente Gemma había copiado sus archivos.

Follamos como locos esa noche y las siguientes fantaseando sobre los dedos que la muy puta debería estar haciéndose con nuestros videos.

– me molaría follármela – gemí mientras me corría victima de la dura polla de mi marido.

Ya recuperados, Raúl retomó la conversación.

– Ósea que te gustaría follarte a Gemma.

– Si, me gustaría dominarla en la cama, me gustaría ver como se comporta. ¿crees que seríamos capaces?

– Solo hay que mover una ficha. Es muy fácil. Dime cuando.

Un mes después salí al mediodía en el AVE rumbo a Alicante. Había quedado con mi amiga Celia para pasar la tarde juntas y después cenar.

Disfrutamos de una maravillosa tarde en una terraza junto al mar, nos bebimos un par de gin tonics y cenamos en un restaurante encantador.

Hablamos de lo divino y de lo humano. Nos pusimos al día en unas horas. Desde luego ni le conté la parte de mi vida que no quería saber ni cuales eran mis planes para esa noche. Celia era madre de familia, conservadora, religiosa y muy mojigata.

Pedimos una copa y le anuncié que iba a recibir un mensaje y en cualquier momento me iba a tener que ir.

Efectivamente, a punto de acabar la segunda copa llego un whatsapp a mi móvil “estamos subiendo”. Pague las copas, me despedí de mi amiga y cogí un taxi.

Llegue al hotel y en la barra del bar pedí la tarjeta extra de su habitación que Raúl había dejado para mi. Pasé por el baño del hall y me despoje de mi ropa. Tenía el coño calado. Cubrí mi desnudo cuerpo con mi gabardina y subí al sexto.

Abrí la puerta con cuidado, fui abriendo la hoja de la misma poco a poco. La imagen era excitantisima. Gemma desnuda, a cuatro patas, con las tetas colgando, los brazos atados a la espalda con una corbata de mi marido, y mi marido dándole duro no sabía si por el coño o por el culo.

Me dirigí a la tele, coloque la cámara de video y le di a “record”. Me acerque a la zorra:

– ósea que esta es la zorrita que le gusta ver videos nuestros follando…- dije mientras me derretía de deseo

– Si, esta es mi amor. Creo que no deja de menearse el clítoris viéndonos – me dijo su marido.

– Cómeme el chocho zorra – le dije a Marta mientras con su puño bajaba su cabeza hacia mi rubio pubis ya abierto al subir una de mis piernas en la cama. No le quedó más remedio que meter su cabeza entre mis piernas mientras mi marido no paraba de darle por el coño. La chica estaba cortada, pero no le quedó más remedio que empezar a lamer.

– ¿qué tal lo come? – dijo mi marido

– No ha comido muchos, pero es muy voluntariosa – le dije mientras me soltaba el sujetador y empezaba a tocarme mis pequeños pechos con un pezón prominente

– ¿que tal folla? – le pregunté

– Para la edad que tiene, tiene el coño dado de si, esta ya a follado mucho. La cadera la acompaña bastante bien.

La chica chupaba que daba gusto, un poco torpe, pero al fin de cuentas. ¿quién no había comido un coño por primera vez en su vida?

Me corrí como si nunca antes me hubiese corrido. Creo que le di una lección a la mocosa esta viendo como se corría una mujer de verdad.

Entre Raúl y yo tumbamos a su secretaria en la cama y la abrimos las piernas. Metí mi cabeza en su chocho y empecé a lamer. La chica se retorcía de gusto cuando Raúl me la metió en todo el culo.

– joder por el culo. Que gusto – dije.

– No querrás que solo sodomice a esta mocosa – me dijo mi marido.

– Dame, pero dame duro. Le voy a dar una comida que no va a olvidar.

– le dije mientras utilizaba mi basta experiencia comiendo coños, la chica demostró que lo apreciaba

– ¿Te gusta Gemma? – se interesó Raúl

– Me esta matando – dijo la muy puta dela mocosa.

– ¿Le digo que pare? – preguntó Andrés.

– De gusto, me esta matando de gusto – respondió la insolente.

Cuando Raúl vació sus huevos en mi culo, los dos tumbamos a mi marido en la cama y le chupamos la polla al unísono. La chica no era muy hábil compartiendo polla, pero a Raúl le puso mucho y esa era la idea.

Conseguimos entré ambas que mi esposo se volviese a ponerse verraco. Me tumbé en la cama, dirigí a la secretaria a mi coño abierto y le hice lamerme mi viscoso parrus. La chica mejoraba por momentos en sus artes mamatorias. Raúl la sodomizo sin piedad. Hubiese esperado un respingo de la tía pero estaba visto que esta tenía kilómetros en ese culo, pues ni se inmuto, simplemente empezó a jadear sin tregua.

Tanto Raúl como Gemma aguantaban como jabatos, yo ya me había corrido un par de veces por lo que cerré mis piernas y me retiré al sillón en el lateral de la habitación. Desde allí podía ver como mi marido le daba duro y ella se retorcía de placer. La mano se me fue al coño y empecé a masturbarme con ganas, yo debía tener el coño en carne viva, pero esta golfa debía de tener el culo deshecho pues Andrés daba y daba.

Nos corrimos los tres a la vez. Yo con mi mano en mi clítoris y Raúl con su polla surtiendo de lefa a su secretaria.

Estaba muerta y cuando mi marido largo a su secretaria a su habitación sus palabras sonaron a gloria celestial.

Le hubiese hecho el amor esa noche ya solos, pero me levantaba en tres horas pues mi tren salía muy temprano.

Oliendo a sexo, pues no me dio tiempo a ducharme, me dirigí acompañada por mi marido hasta la estación.

– te veo esta noche mi amor.

– Eso espero. No te la folles, que te conozco.

Pasé todo el viaje recordando nuestras travesuras. Tenía claro que aquello se repetiría.

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