Mi mujer me deja por otro y yo no se que hacer

Desde la universidad Bárbara no entendía que lo mío hacía ella era pura amistad. Yo era para ella el típico amor platónico al que nunca hice más caso que el puramente de buenos amigos.

Ella feíta, no muy alta pero con buen cuerpo. La típica estudiosa que el guapo de la clase se hace amigo un día que habla con ella por casualidad en el pasillo y desde entonces las conversaciones son continuas y se extienden con el tiempo.

Bárbara estuvo enamorada de mi todos estos años, y de hecho no se cortaba en decírmelo. Al principio cuando me la encontraba por la noche en las que se había tomado unas cervezas de más la chica se me abrazaba y me intentaba besar. Más mayores, los intentos de besos fueron sustituidos con propuestas directas del tipo “conmigo sabrías que es una mujer en la cama”. Lo años pasaron con una fuerte amistad, pero por ultimo me sorprendió ofreciéndose para que me divertirse por ultima noche con una mujer el día antes de casarme, boda en la que por cierto fue testigo. He de reconocer que mientras me follába aquella noche a mi recién estrenada esposa por momentos me pasó por la cabeza la imagen de Bárbara acariciándose en su habitación muerta de celos.

Ya casado y entrados en la treintena Bárbara no cesaba en su empeño de llevarme a la cama. Lo intentó por medio de poner los dientes largos y contándome cada vez que quedábamos a cenar como se lo montaba con desconocidos y en que posturas se la follaban.

Al principio me lo tomé a coña, no veía a mi amiga en esas situaciones que me contaba.

Me hacia mucha gracia oírla, Bárbara una chica del montón con un trabajo del montón, recatada de siempre, convertida en una devora-hombres deseosa de polla. He de reconocer que salía cachondo como una bestia cuando acababa esas cenas, me ponía a cien imaginarla haciendo esas proezas sexuales de las que me hablaba, pero lejos de intentar algo con mi amiga al llegar a casa despertaba a mi esposa a pollazos y le echaba el polvo no demandado, y largamente solicitado por Bárbara.

Yo realmente estaba felizmente casado con mi esposa y a atrás habían quedado las noches de saltar de cama en cama, de camareras de discotecas, de buenorras de la universidad e incluso de azafatas de iberia. Siempre pensé que con el paso del tiempo echaría de menos un poco de variedad, pero el coño de mi mujer era el único que deseaba, a pesar de las provocaciones de mi amiga.

Mi mundo se cayó el día después de hacer la cena, Ana llego a casa y según se sentó me lo soltó.

– Paco, quiero el divorcio.

– ¿Perdona?

– Lo que has oído Paco, quiero el divorcio.

– Peroooo, ¿qué ha pasado? ¿Que he hecho mal? ¿qué hay en nuestra relación que no se pueda cambiar?. ¿Qué no te he dado?

– Paco no es culpa tuya, simplemente me he enamorado de mi jefe y me voy a con él.

– ¿Gregorio?, ¿Desde cuando?

– No quieras saberlo.

– Necesito saberlo.

– Desde hace año y medio. Lo siento – y se levantó y se dirigió a nuestra habitación sin decir absolutamente nada más.

Después de pensar en lo divino y lo humano, muerto de pena desde luego, intenté acceder a nuestra habitación pero la puerta estaba trancada. Dormí en el sofá.

Cuando a la mañana siguiente intenté acceder a casa después del trabajo, mi llave no funcionaba. La cerradura estaba cambiada y mis maletas me esperaban en la garita del portero. Ana no contestó a la puerta ni al móvil y aconsejado por el portero no monté un escandalo pues a la larga las cosas podrían ser peor. No me dejó ni despedirme de mis hijas.

Dormí aquella noche en un hotel. Lo lógico hubiese sido llamar a un amigo o incluso a Bárbara, pero decidí comérmelo solo y beberme el mueble bar.

Llevaba más de quince días bebiéndome el mueble bar cuando Bárbara llamó a ver como iba. Evidentemente se dio cuenta que estaba borracho como un enano y me interrogó hasta que le conté todo. No tardó ni media hora en entrar en la habitación del hotel, desnudarme, meterme en la ducha, dejarme allí durante media hora y hacer las maletas. Para cuando salí del baño lo tenia todo preparado.

No me dejo protestar y me llevo a su casa, un dúplex acogedor. Me instaló en la habitación de invitados y me dejó dormir la mona.

Lo que iba a ser una noche pasó a ser una quincena, y la quincena pasó a ser un mes, el mes, tres.

El trabajo me aislaba de la pena que tenía, los vinos de por la tarde con Bárbara ayudaban y a pesar de que las noticias de mi divorcio no eran buenas pues Ana quería el piso y la mitad de la pasta, procuraba llevarlo lo mejor que podía.

Estaba destrozado, no me podía que mi dulce mujer no solo me había sido infiel sino que me estaba desplumando aparte de querer apartarme de mis dos preciosas hijas. Según mi abogado, Ana estaba jugando sucio incluso dejó caer la amenaza de una denuncia por malos tratos. Mi abogado quería plantar batalla y a mi no me quedaba más remedio.

Bárbara se me insinuó desde la primera semana. Al principio medio en broma en plan tu lo que necesitas es un buen polvo, después un poco más directamente y más tarde literalmente esperándome en mi cama desnuda. Le explique que no solo no era que no quisiese follarme a mi mejor amiga sino que no tenia el cuerpo para sexo. Bárbara se subía por la paredes.

Salimos una noche a cenar cuando se cumplía el tercer mes de mi estancia en su casa. Me agobiaba un poco pensar que al llegar a casa iba a tener que aguantarla de nuevo en su versión sedienta de sexo, pero era muy poco pago a lo mucho que estaba haciendo por mi.

Me sorprendió cuando volvimos a casa y no se metió a su habitación para salir con uno de sus múltiples conjuntos de lencería medio transparentes.

– ósea que el señorito no quiere follar.

– Ya lo hemos hablado Bárbara.

– No, si en el fondo te entiendo, bueno no entiendo como después de tres meses ni siquiera un día hayas querido descargar, pero entiendo la situación.

– Te lo agradezco, y lo sabes.

– Bueno, pero solo porque tu no estés con ganas de follar no quiere decir que en esta casa estamos todos igual.

– Lo entiendo, te debes subir por las paredes, me imagino la de planes que te estaré jodiendo.

– No te preocupes, pero bueno si no he follado no es por falta de oportunidades, pero bueno hoy lo necesito.

– ¿Vas a llamar a alguien?

– No, voy a ir a un sitio y tu me vas a acompañar

– ¿a dónde?

– Déjate llevar. Te vas a reír, vas a salir de tu área de confort y vas a vivir algo nuevo.

Y dicho y hecho en cero coma estábamos en el ascensor bajando a la calle y parando un taxi.

El taxista se sonrió al oír la dirección. Cruzamos Madrid.

El local era un discreto lugar en el barrio de Moncloa, al acercarnos a la puerta, esta se abrió.

– Tienen cámaras y solo abren a conocidos. Si no te conocen de haber venido con alguien no te abren. No se como reconocen a todo el mundo – me dijo a modo de confidencia mientras hablamos. Reconocimiento facial, pensé. Yo estaba fascinado.

– ¿Qué coño es esto?

– Espera y veras.

Pasamos a una sala donde una chica con una tremenda pinta de putón verbenero saludó a Bárbara con dos grandes besos. Bárbara nos presentó.

– Cuanto tiempo hija sin verte por aquí.

– He estado liada. Pero hoy me tomo la revancha por el tiempo perdido.

Y pasamos a una especie de bar. Donde se respiraba un ambiente nunca antes vivido por mi.

– Bárbara. ¿Qué coño es esto?

– ¿tu que crees?

– Lo que creo no lo quiero creer.

– Pues eso.

– ¿Es de verdad un lugar de intercambio?

– Bueno lo podíamos decir así, es más bien un paso más allá de eso.

– Ni se te ocurra que yo voy a participar.

– Tranquilo, se que no vas a participar, solo quiero que me acompañes y veas lo que pasa ahí dentro.

Nos pedimos unas copas, Bárbara parecía conocer a todo dios allí dentro. Muchos la saludaban, bastante le daban un morreo como en la calle le darían dos besos. Bárbara era otra mujer. Ni rastro de la chica recatada que llevaba casi 20 años como amiga y que en actos sociales se comportaba como distante y retraida.

Nos tomamos unas copas mientras la procesión de amigos saludando pasaba. Frases como “nos vemos dentro” o “que ganas hoy” me dejaban perplejo.

Bárbara me cogió de la mano y me dirigió hasta los vestuarios. Allí vi a las primeras personas desnudas que se iban cambiando entre distendidas charlas. Unos se vestían otros se desnudaban. Cuando me di la vuelta Bárbara con las tetas al aire estaba quitándose el tanga. La verdad es que de cara no valía nada, pero tenía la puñetera un cuerpo importante.

– desnúdate. ¿o es que quieres que te ayude?

– ¿cómo que me desnude?

– Si, quiero que entres conmigo.

– Mira Bárbara, yo no voy a hacer nada – dije no creyéndome mucho mis palabras.

– Ya lo sé, viene a ayudarme, a hacerme compañía simplemente.

Entramos los dos desnudos. El salón era amplio, muy amplio. La sala estaba llena de gente follando duro. Me dejo impresionando la cantidad de cachivaches para el placer que tenían. Columpios, argollas, potros, en fin. Uno solo esperaría encontrar camas, privados y demás pero no, aquello era el súmmum de la indecencia.

Bárbara se dirigió a un potro y se subió dejando caer cada una de sus piernas a cada lado del mismo. Subió sus manos hacia la altura de su cuello.

– Cielo, se bueno y átame las muñecas a esas dos correas, cuando acabes átame los tobillos. Átame fuerte no me quiero mover.

La verdad es que el cuerpo indefenso de Bárbara quedaba deseable abierta de piernas y con sus pechos puntiagudos mirando al cielo. La verdad es que tenía una cara de puta en celo preocupante.

– Agárrame la mano. Quiero que me agarres toda la noche la mano – yo la miraba con mitad curiosidad, mitad alucine.

No pasaron ni dos minutos cuando una rubia de nuestra edad de acerco. Tocó el clítoris de Bárbara mientras y esta dio un respingo, Bárbara la miro y sonrió. La rubia embutió su boca en la raja de mi amiga y empezó a lamer.

La respiración de Bárbara empezó a agitarse y pasados no más de 10 minutos mi amiga daba alaridos de placer como nunca me la había imaginado. Ella apretaba mi mano y cuando el placer se lo permitía me miraba a los ojos como pidiéndome perdón. La verdad que a pesar de todo no hubiese sido una mala idea haberme follado a esta hija de puta alguna vez en los últimos años.

Mi amiga se corrió llenando la boca y el flequillo de la rubia de flujo de su coño. Fue retirar la cara y llegar un moreno con una polla como un roble y clavársela de golpe. Los poros de la piel del cuerpo de Bárbara se erizaron y arqueó su espalda lo que pudo apretando mi mano con fuerza.

El moreno era un autentico semental. Destrozó el coño de Bárbara a golpe de polla. La chica giraba su cara hacía mi y sacaba la lengua como invitándome a saborearla. Yo tenía la polla como el mármol y dudaba sobre si metérsela en la boca o no. Las dudas acabaron cuando un tío rapado y con cuerpo de gimnasio, me apartó con educación y le embutió su dura tranca en la abierta boca de mi ex compañera. Bárbara empezó a lamer con ganas. Se la metía hasta el fondo, la sacaba y le pasaba la lengua, se la volvía a meter. Pensé que se atragantaría, pero no la chica estuvo sus buenos 10 minutos dándole sin parar.

Los dos chicos la desataron, uno de ellos, el del coño se tumbó en el suelo y Bárbara se clavó su polla hasta el fondo, le segundo le hizo subir su culo y sin mucho preámbulo se la endiñó en su culo. Barbará dio un respingo y un gemido sordo. Ambos empezaron a bombear su coño. La cara de mi amiga era un poema, sencillamente entrelazaba un órgamo tras otro. Expendió mi mano como pidiéndome apoyó y yo la volví a agarrar. Los tres se corrieron a la vez mientras Bárbara apretaba mi mano hasta casi hacerme daño.

Permanecieron abrazados un largo rato hasta que los dos chicos se despidieron dejándonos solos.

-uff, creo que por hoy ya he tenido suficiente. Vámonos, te invito a una copa.

Salimos de la sala. Esperé a que Bárbara se duchase, nos vestimos y salimos al bar. Bárbara actuaba como si nada hubiese pasado y que yo le hubiese visto en acción hubiese sido como la cosa más normal del mundo. Yo alucinaba. La copa no duró mucho.

Llegamos a casa cansados, Bárbara se dirigió a su habitación y yo a la mía. La imagen de mi amiga siendo doblemente empalada me puso a cien y nada más meterme en la cama empecé a agitar mi polla con dureza. Me la meneaba con fuera y los ojos cerrados, solo cuando estaba a punto de correrme abrí los ojos y vi a mi amiga desnuda en el umbral de la puerta observarme. No dijo nada, solo vio como de mi polla salían hacía el cielo chorreones de lefa que caían en mi pecho.

Bárbara de vez en cuando se me seguía insinuando, pero había cambiado de táctica. A veces mientras veíamos la tele con la excusa del sueño se iba a la cama. Al principio solo se oía el motor de su vibrador sonar, pero en pocos minutos Bárbara gemía hasta estallar en un tremendo orgasmo. A veces era yo el que la observaba abierta de piernas con la tranca de goma en el coño. Ella me miraba pero no paraba. Bárbara tenía una mirada felina mientras se corría. Yo me la meneaba en la soledad de mi cuarto recordando a mi amiga empalada por sus juguetes.

Pasó un mes más o menos cuando después de ver una película un viernes me dijo.

– ¿pues sabes lo que te digo?. No me apetece vibrador hoy. Hoy quiero carne de verdad. Vístete que nos vamos – no puse muchos reparos, estaba quemado del rollo de mi mujer y deseaba hacer algo distinto.

Y salimos a la calle. De nuevo Bárbara, paro un taxi, de nuevo le dio la dirección al taxista, este de nuevo nos dirigió a Moncloa donde de nuevo se abrió la puerta a nuestro paso y de nuevo mil y una personas saludaron a mi acompañante que se sentía en su salsa.

Bárbara debía de tener muchas ganas porque solo nos tomamos una copa en la barra. Entramos en el vestuario y desnudó a prisa.

– a ver si esta vez no se te adelanta en pelón – me soltó con una sonrisa. Me cogió del brazo y entramos en la poblada sala.

Esta vez volvimos al potro, pero Bárbara me pidió que la atase con el pecho hacía abajo. En esa postura su coño y ano quedaban a merced del primero que llegase.

– cógeme de la mano porfa – y yo se la cogí.

Barbará no vio siquiera quien fue quién se colocó detrás de ella, simplemente notó como una mano pasaba por su raja y poco después la partía en dos de un pollazo. Bárbara subió la cabeza, apretó mi mano y empezó a respirar con fuerza.

En ese sitio la gente no se andaba con chiquitas y se daban duro. Bárbara recibía lo suyo y por como apretaba la mano, lo recibía de carallo, pero la gente alrededor nuestra no se andaba con chiquitas.

Oí un gemido que me resultó familiar, empecé a mirar y me quede de piedra al ver a Gregorio, al tío por el que mi mujer me había abandonado participando en un tío fornicándose a una tía por el culo. Me quedé paralizado, Gregorio se follaba a una con fuerza, cuando levantó la cabeza pude ver que entre un mar de pelos sudado salía la cara de Ana, mi todavía mujer. La muy zorra estaba siendo fornicada con un negro y su amante a escasos metros de mi. Ana gritaba de placer como lo hacía cuando éramos novios, hacía años que no la había visto gritando tanto de placer.

Bárbara seguía siendo follada con rudeza.

– Lo necesitaba Paco, lo necesitaba – murmuraba mientras aquel pedazo de carne reventaba su coño y yo no perdía de vista el polvo que le estaba echando a mi exmujer.

Ana y su nuevo novio acabaron con claros gritos de placer. A Ana se la oia en toda la sala y su nuevo amor no se cortaba un pelo. Después de permanecer un rato tirados en el camastro que ocupaban se levantaron. La verdad es que mi mujer estaba buenísima en pelotas, tenias las tetas moradas de los mordiscos recibidos y el coño depilado rojo por el uso, me imaginaba como tendría su ano. De su entrepierna caían ríos de esperma que le bajaban por las piernas. Ana clavó sus ojos en mi, que desnudo sujetaba la mano de Bárbara mientras ella disfrutaba.

No dijo nada, hizo como si no me viese, pero me vio.

Salió de la puerta tras un pequeño cachete del tal Gregorio. Traté de quitármela de la cabeza.

– joder Paco, no dejes que otro me llené la boca. Aprovecha tu, no seas tonto – y aunque no las tenía todas conmigo, solté su mano y se la metí en su boca babeante.

Joder, Bárbara la chupaba de puta madre a pesar de estar siendo literalmente partida por el hombre que agarrado a sus caderas le metía y sacaba aquel duro ariete sin parar.

Bárbara estalló en un sonoro orgasmo, incluso la pareja que a nuestro lado follaba se paró para ver la magnifica corrida de mi compañera de facultad. Rogó a su amante que la desatase y le perforase el culo, el chico le faltó tiempo para bajarla del potro y ponerla tumbada agarrándose los tobillos en el suelo. El chico frotó su polla con la abierta vagina de mi amiga y de un golpe de cadera le perforó los intestinos hasta el fondo. Bárbara arqueó su espalda empezó a tensar sus músculos.

– sóbame las tetas Paco por el amor de dios no me dejes así, tortúrame los pezones de una vez – yo cogí sus duros pezones y empecé a retorcerlos sin pausa mientras mi amiga pedía al chico más intensidad.

Puse mis huevo encima de la boca de Bárbara, ella sacó su lengua y empezó a recorrer con ella mi bolsa escrotal, mi polla estallaba de lo dura que estaba. Bárbara subio su boca y con ella enganchó el tallo de mi minga. Subía su cabeza a modo de flautista tasta que llegó a prepucio y se lo metió en la boca. En mi vida me habían chupado la polla con tanta vitalidad como Bárbara me la chupaba esa noche.

El sodomizador se corrió en los pechos de mi amiga que seguía lamiendo como poseída y no soltaba sus tobillos para dar mayor ángulo a su penetrador. Pensé por un momento en ser yo quien ocupase su lugar, pero un cincuentón calvo que pasaba por ahí y viendo el ano de Bárbara dilatado no se lo pensé dos veces y se la clavó de una estocada. Bárbara por un momento soltó mi polla.

Había pasado casi tres cuartos de hora cuando de repente se oyó un estruendo en la puerta y por ella entraron más de una docena de policías nacionales. No se la razón pero ver a aquellos caballeros porra en mano hizo que eyaculase sobre la cara de Bárbara que había dejado de chupar y miraba como vaca al tren a los agentes que iba interrumpiendo los polvos de los más despistados. Nos hicieron ponernos a todos en una pared, Bárbara todavía con lefa cayéndole por la cara me agarraba la mano y me repetía que aquello no había pasado nunca.

Estuvimos más de dos horas entre que detenían al personal del local, precintaban las neveras y un juez llegaba a la sala. A nosotros nos tomaban los datos y nos dieron hora para pasar por el juzgado en un par de semanas.

Salimos al frio Madrid al igual que más de cuarenta personas. No fue fácil coger un taxi. Llegamos a casa sin decir demasiado. Yo fui al baño y Bárbara a su habitación. Cuando salí Bárbara me llamó. Entre en su cuarto y me la encontré desnuda, a cuatro patas, con un vibrador de gran tamaño en su coño, dos pinzas apretando sus pezones y su culo aún dilatado.

– Paco, no me vengas ahora con monsergas. Necesito correrme y uno de plástico hoy no me vale.

Ni me lo pensé, me bajé la bragueta y con mi polla dura como si tuviese 14 años por primera vez en mi vida penetré un culo. Mis pelotas chocaban contra el saliente del vibrador incrustado en su coño.

Barbaba empezó a gemir desde el minuto uno. Yo me empleaba a fondo mientras ella me soltaba toda clase de improperios.

– Dame fuerte cabrón, que no se diga. ¿Vas a ser tu menos que esos maricas que me follan?, dame sin miedo que este culo a tragado mucha polla. Agggg como lo deseaba. Dame fuerte. Apriétame las tetas, no dejes que se salga el vibrador de mi coño. Despedázame. Móntame como lo que soy tu puta. Quiero tu leche en mi culo. Jódeme maricón de mierda.

Bárbara se comportaba como una puta y sinceramente no me pude contener. Empecé a abofetear sus cachetes hasta que me dolió la mano. La bombeé con todas mis fuerzas y cuando estaba a punto de correrme, me di la vuelta rápidamente y se la metí en la boca. Bárbara empezó a chupar hasta que mi esperma inundó su boca. Mi benefactora mantuvo mi corrida un rato en la boca y sonriendo se la trago de un golpe. Me chocó un poco que nuestro primer beso en la boca supiese a esperma.

– Eres un poco estrecho, pero creo que desde hoy en adelanté nos lo vamos a pasar muy bien los dos, espero que te haya gustado porque de ahora en adelante espero tenerte cada vez que quiera.

Y efectivamente me tuvo. Ese fin de semana follamos como descosidos. Tenía claro que Bárbara era muy liberal, pero nunca pensé que tanto.

Bárbara se fue a trabajar el lunes con varios litros de esperma en su estomago. Yo tenía que ir al juzgado para firmar unos papeles.

Cuando llegué mi abogado estaba pálido.

– ¿qué pasa Luis? – le pregunté contento por primera vez en muchos meses

– ¿qué ha pasado este fin de semana?

– Aparte de que me he acabado por follár a Bárbara, nada.

– ¿Nada?, ¿no pasó nada el viernes?

– Bueno, si, la verdad el viernes si. Es una larga historia…

– Tan larga que fuiste cazado en un local de intercambio de parejas por la policía. Local que por cierto no solo funcionaba sin permiso de apertura, vendía bebidas alcohólicas sin permiso, estaba infestado de drogas, no respetaba las más mínimas normas de higiene. Y eso no llegase, en el atestado de la policía dice que fuiste sorprendido con la polla en la boca de una mujer que estaba siendo sodomizada por otro hombre.

– Ja ja ja, si eso pasó.

– Pues no te rías pues tu mujer, que no se como coño se ha enterado a aportado el atestado de la policía a su demanda y la hija de puta no solo pide el 100% de tus propiedades sino que no puedas ver a tus hijas sino es con una persona del juzgado vigilando.

– Pero la hija de puta… si ella también estaba allí…

Leave a Reply

*