Mi mujer sometida atada a una mesa

Volvía a casa después de un largo día de trabajo. Llevaba una mala racha en el curro, sobre todo provocada por el estrés que me estaba causando la solicitud de divorcio de mi mujer.

No estaba siendo fácil ya que la hija de puta lo estaba pidiendo todo para ella, en condiciones normales haría tiempo que estaría viviendo en otro sitio aunque me jodiese, pero por consejo de mi abogado no había abandonado la casa para poder negociar mejor y evitar que ella justificase sus demandas por abandono del hogar.

La hija de puta me amenazaba con una denuncia de malos tratos si no aceptaba quedarme en la calle, pero mis abogados se negaban aunque estaba claro que era una guerra perdida.

Suspiré cuando metí la llave en la cerradura de la puerta, lo último que me apetecía era otra tarde de discusiones y reproches con ella.

No me lo podía creer cuando entré en casa y en el salón de casa encontré a Fernanda, mi mujer, atada a la mesa del salón desnuda y con unas pinzas en sus pezones.

No me lo podía creer, mi casta mujer solo llevaba una especie de braguero de cuero que sujetaba un vibrador que se clavaba en su coño y que vibraba a muy baja velocidad como si se estuviese quedando sin pilas. Sus manos esposadas sobre su cabeza con unas esposas sujetas por una argolla en la que nunca había reparado bajo el tablero de la mesa. A pocos centímetros de sus manos bailaba una llave colgada a una lámpara de pie, la cadena de la llave estaba enrollada sobre si misma, lo que evitaba que mi mujer llegase a ella. Si no estuviese enrollada la llave estaría a la altura de sus manos.

Sus piernas abiertas estaban amarradas por dos juegos de esposas con la cadena larga a cada pata de la mesa. Fernanda estaba totalmente abierta de piernas, las cadenas le impedían cerrar las piernas. Su boca estaba tapada por un plug bucal y sus ojos tapados por un antifaz que le impedían la vista.

Fernanda se dio cuenta que alguien había entrado en la habitación y giró su cabeza hacía la puerta del salón desde donde procedía el ruido causado por mi.

Al principio, pensé que la habían asaltado, pero después de soltar mis cosas y correr hacía ella para soltarla paré en seco. La casa estaba perfectamente ordenada, salvo mi mujer despatarrada en la mesa todo parecía normal. Una luz se encendió en mi mente, esto se lo ha hecho ella para meterme en problemas. La miré.

– ¿Paco?, ¿eres tu? – me preguntó con voz temblosa, hablando como podía con la bola metida en su boca.

– Si, Fernanda, ¿qué coño haces así?

– Desátame por favor.

– No, cuéntame que ha pasado aquí y cuéntamelo ahora mismo.

– Que me desates joder, gilipollas de mierda – me gritó con las pocas fuerzas que le quedaban.

– No, o me cuentas que ha pasado aquí o así te quedas.

Salí del salón cogiendo mi cartera y me dirigí a nuestra habitación. Nuestra cama estaba deshecha. Mi primera impresión fue que todo había sido fruto de un juego sexual con algún amante, pero después de oler las sabanas me di cuenta que sencillamente la cama estaba sin hacer, no debió de darle tiempo a la muy puta.

Me cambié de ropa poniéndome algo cómodo. Era bastante gracioso pensar que llevaba meses sin follarme a mi mujer, ni siquiera de verla desnuda. Aunque compartíamos cama ella se cambiaba en el baño y desde luego no me permitía tocarla. Me habían contando algunos amigos en mi situación que de vez en cuando se habían acabado follando a su mujeres incluso días antes de firmar el divorcio, pero Fernanda sencillamente no me dio pie. Nunca llegó a la cama bebida, ni cachonda ni nada. Sencillamente se metía en el baño, salía, se metía en la cama, daba la vuelta y a dormir.

Fernanda aún tenía 40 años y un buen cuerpo. Mi polla se puso dura al pensar que la tenía en la habitación de al lado totalmente indefensa y abierta de piernas.

Volví al salón.

– ¿me lo vas a contar? – pregunté.

– Me da muchísima vergüenza Paco, por favor desátame y no me hagas pasar por esto.

– Bueno, tu veras. – y me fui a la cocina a ponerme una copa, volví al salón – ¿y bien?

– Quítame la bola de la boca.

– ¿Me lo cuentas?

– Quítamela y te lo cuento – así lo hice después de hacerle unas fotos con el móvil desde todos los ángulos.

– ¿Y bien?

– Puesss – Fernanda tragó saliva – por favor Paco desátame y te lo cuento.

– Nanda…

– Esta bien. Hace meses leí un relato erótico en una web en la red.

– ¿Tu?

– Si yo, me la recomendó una amiga y la verdad es que me he aficionado. Me puso mucho un relato en particular

– Vale

– En el relato una mujer se auto sometía. Me gustó como la chica lo hacía, como disfrutaba y como se corría. Un día imité lo que la mujer hizo y me volvió loca. Llevó un par de semanas auto sometiéndome yo, pero hoy algo salió mal, no sé porque la llave no cayó sobre mis manos para poder liberarme.

– ¿De que hablaba el relato?

– Paco por dios

– ¿De que hablaba?

– La mujer se ataba a una mesa como he hecho yo hoy, se introducía un vibrador en el coño, como he hecho yo y esperaba que un cubito de hielo del que salía una cadena que colgaba del techo se derritiese y se dejase caer las sobre sus manos. Con ellas en su poder se liberaba después de un par de horas de morbo e interminables orgasmos.

– ¿Y tu has hecho lo mismo?

– Si, me da vergüenza decirlo, pero se convirtió en una necesidad. Todo el tema dura una hora más o menos, por lo que en cuanto sales por la puerta me levanto de la cama, preparo todo y gozo hasta las 9:30. Llegó tarde a currar, pero feliz.

– ¿Desde cuando?

– Como te dije llevo haciéndolo todos los días desde hace un mes.

– Y algo ha salido mal…

– Si, la llave no se ha soltado, no se por qué.

– Porque la cadena se ha enrollado y la tienes a un palmo de tu mano – Fernanda agitó su cabeza.

– Ahora ya lo sabes, desátame por favor.

– ¿Por qué lo haces?

– ¿Cómo?

– Lo dicho, ¿por qué lo haces?

– ¿Por qué va a ser?, porque llevó semanas sin follar y una no es de piedra.

– ¿Semanas?, ósea que te lo has hecho con otro – Ella se quedó callada.

– Digo meses – dijo después de unos eternos segundos

– ¿A quien te estas follando?

– A nadie.

– Mira Fernanda, creo que la última vez que follamos fue hace cuatro meses y tu llevas semanas sin follar. A alguien te estarás follando – Fernanda siguió callada.

– ¿Qué te importa?, en cuanto firmemos me podré follar a quien quiera, de facto ya estamos divorciados. No te debería importar

– Ya, pero resulta que yo te puedo desatar y quiero saber a quien se esta follándo mi mujer. Lo sé, hay que joderse, a veces en la vida no tenemos la sartén por el mango. Eso te esta pasando ahora mismo.

– ¿Y si no te lo digo me vas a dejar aquí infinitamente?.

– No infinitamente no, porque me metería en un lió, pero puedo llamar a Luis y a Rubén diciéndoles que estoy saliendo de la ofi, que no me apetece ver a la bruja de mi mujer, les puedo proponer irme de copas con ellos y volver mañana después de la oficina después de una noche de juega y dormir en casa de uno de ellos. Ósea puedo pasar de ti con testigos. Te quedarían aquí largas horas.

– No me puedes hacer eso, me duelen las piernas, las muñecas y la espalda.

– Joder si puedo, además que sepas que tengo un reportaje tuya en el móvil. No me va a valer de nada delante de juez, pero te aseguro que si no me lo cuentas va a recibir copia de esto hasta tu madre.

– No puedes hacer esto.

– Nos ha jodido que puedo. ¿A quien coño te estas follando? – Fernanda tragó saliva.

– Esta bien…, Jonás, el de mi oficina.

– ¿Jonás se ha fijado en ti?

– Si,

– ¿Desde cuando?

– Desde una semana antes de pedirte el divorcio.

– ¿Si?

– Si, estaba dudando si hacerlo o no, pero una noche de cena de trabajo después de dejar a los clientes me propuso tomar una ultima copa, que llevo a otra y a otra y de ahí a verme desnuda en su cama con mis muñecas atadas con su corbata y su polla en mi coño mientras me apretaba las tetas para mi pasó como un instante.

– ¿Atada?

– Si, eso pensé yo aquella noche, pero me encantó sentirme sometida mientras me jodía con ganas. Necesitaba sentirme deseada y Jonás lo había logrado. Dormías cuando llegué a casa. Dormí pensando en la polla de Jonás reventando mi poco acostumbrado coño. Al día siguiente volví a la oficina pidiendo más, pero mi amante literalmente pasó de mi.

– ¿Y?

– Tuve suerte y tuvimos una cena la semana siguiente, de nuevo acabé en su cama pero esta vez atada al cabecero de la cama con unas esposas, me puso a mil sentir el frio metal en mis muñecas mientras era usada como una guarra, y me gustaba. No fue hasta el tercer orgasmo cuando me la clavó en el culo por primera vez en mi vida y ahí todo se vino abajo. Grité, gocé, me corrí, lloré de placer. Cuando te encontré en el baño a la mañana siguiente sabía que no deseaba ser más una mujer atada a un perdedor como tu, prefería estar atada a una cama y follada por un macho. Te pedí el divorcio.

– No ya, eso ya lo sé. ¿Y?

– Jonás me folla menos de lo que yo quisiese. Siempre le tengo que buscar yo. O apuntarme a sus cenas de trabajo, o liarle para que me acompañé o incluso invitarle a cenar, pero vale la pena. Cada salida es un polvo maravilloso en el que más y más me someto a él. Jonás es mi macho alfa y yo soy su guarra sumisa que le permite hacer lo que le plazca en la cama. En esos meses Jonás me ha hecho lo que nunca antes nadie me hizo y yo ni siquiera pedí o me imaginé.

– ¿Y como llevas un mes sin follar?

– Hace un mes me tenía a cuatro patas sodomizándome mientras me hacía chuparle la polla a uno de sus amigos cuando sacándome la polla del afortunado de la boca y ante los gemidos de mi compañero de trabajo le dije que si él quisiera tendría eso todas las noches.

– ¿Y que te dijo para que dejaseis de follar?

– Me dijo que mientras estuviese oficialmente casada que me olvidase. Te odié en aquél momento, y te seguí odiando mientras me hacían una doble penetración él y su amigo. Ya solos y fumando el cigarrito de después, me confesó que aquello tenía que acabar. Nuestra empresa es excesivamente conservadora y unos días antes habían echado a dos de contabilidad que estaban casados y liados entre ellos. Me explicó que a nuestra edad si nos echasen las pasaríamos putas para volver a encontrar un trabajo como el que teníamos. Sencillamente cortó todo hasta que arreglásemos lo nuestro, me prometió darme de lo lindo cuando estuviese todo firmado. Hubiese firmado lo que me pidieses esa noche, pero lo quiero todo y lo voy a tener.

– No creo que lo tengas, pero ahora eso no importa. ¿Y no te lo has vuelto a tirar?

– Le he buscado, pero me evita. Le he propuesto cenas de trabajo y de no trabajo, pero lo único que sacó de él es una pregunta sobre lo nuestro, pero ni siquiera le motivo mandándole fotos de mi coño o mis tetas, el tío es incomprable.

Liberé los ojos q de mi mujer quitándole el antifaz. Fernanda pestañeó acostumbrándose de nuevo a la luz después de horas de sombras. Salí del salón.

– ¿dónde vas?, desátame, lo prometiste.

Volví con mi cámara de fotos y el flash. Fernanda empezó a gritarme cuando empecé a hacerle fotos desde todos los ángulos. No me valían los del móvil. Fernanda cerraba los ojos como para que no se la reconociese por no ver lo que estaba pasando. La verdad es que las fotos era escandalosas

Le quité el braguero sin soltarla, saqué el vibrador casi sin pilas y sacando mi dura polla de mi pantalón se la metí de un golpe de cadera.

– ¿que haces hijo de puta me estas violando?.

– Eres mi mujer y nadie va a pensar que te este violando, cállate si no quieres pasarte más horas en esta posición – le dije mientras con mi móvil grababa videos de mi mujer atada y mi polla entrando en su coño.

Mi polla se tropezaba en el interior de mi mujer con algo que no supe identificar en ese momento.

Pasé la mano por su culo y me sorprendió ver que de su ano salía la cabeza de un plug anal que tropezaba con mi polla en el interior de mi mujer. Fernanda levantaba la cabeza mirando con incredulidad lo que le estaba pasando.

Saqué mi polla de su coño y sacando el plug anal de un tirón le endiñe la polla en el culo por primera vez en mi vida. Pensaba que aquello iba a sestar algo mucho más apretado, pero se ve que el plug durante horas había abierto un túnel en aquel hasta hace poco virginal ano.

Me la follé durante más de medía hora. Con mis manos sobaba sus pequeñas tetas y con mis dedos apretaba las pinzas de sus pezones provocándole un claro dolor que empezó a agitar su respiración.

Para cuando iba a correrme Fernanda gemía como nunca la había hecho, apretaba sus puños y arqueaba su espalda.

Nos corrimos juntos como hacía años que no habíamos hecho. Mi corazón estaba desatado y Fernanda cayó rendida cuando saqué mi polla de un culo. No me conformé con ello. Cogí una silla, me subía a ella y le metí mi morcillona polla en la boca de mi mujer para que me la chupase.

– hija de puta, chúpamela como se la chupas a él – Fernanda no dijo nada, simplemente se recompuso y metiéndose mi blando pene en su boca chupó hasta que viendo que mi vitalidad no iba a volver se la saqué de la boca y me bajé de la silla.

Cogí mi ordenador y la cámara. Conecté ambos y mandé las fotos a mi cuenta de almacenaje en la nube.

Volví al salón.

Solté las piernas de mi mujer. Por un momento pensé que me iba a dar una patada, pero no. Cogí las llave soltando la cadena de la lámpara y solté sus manos. Ella misma se quitó las apretadas pinzas de sus pezones dando un respingo con cada uno de ellos. Se mantuvo en la mesa unos segundo como meditando y recomponiendose. Le costó levantase y andar. Como pudo fue al baño y después de largos minutos salió envuelta en su habitual bata, me miraba con rabia.

– vamos a ver zorra. La verdad es que no te esperaba esto. No esperaba que te follase a compañeros de trabajo. No esperaba que te masturbases. No esperaba que te gustase ser dominada. No esperaba que fuesen tan puta. Y la verdad es que todo me gusta – Fernanda me miraba entre alucinada y furiosa – a partir de hoy las cosas van a cambiar.

– ¿Cómo que van a cambiar las cosas?

– Pues muy sencillo, para empezar mañana vas a retirar la demanda de divorcio, después le vas a decir a Jonás que por tu parte de acabo y tercero cada vez que quiera ese culo va a ser mío cada vez que quiera.

– ¿Y si no lo hago pedazo de hijo de puta? ¿qué vas a hacer?

– Si no lo haces olvídate de tu vida porque te voy a hacer famosa no solo en internet. Tus familiares, amigos y compañeros de trabajo van a tener copia de esto. No se lo que se nos deparará el futuro, pero por ahora y hasta que me cansé de ti, tu de aquí no te mueves, ni siquiera con una mano delante y otra detrás. A partir de hoy aquí se va a hacer lo que yo diga. Para empezar esta noche duermes en pelotas, ya te puedes ir quitando esa ridícula bata, ese camisón de monja y tirarlos a la basura. Ni rechistes.

CONTINUARA…

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