Mi mujer y su amiga

Mi mujer tiene una amiga desde la juventud, (es su mejor amiga), no está casada y tengo que decir que es más bella que mi mujer.

Casi siempre la encuentro en casa al volver de la oficina y me encanta verlas hablar y reír (la amistad es muy importante).

Raquel (así se llama la amiga) trabaja en un banco, mi mujer es artista y trabaja en casa, sus cuadros “son fantásticos”, entre las obras que tiene en casa hay dos donde Raquel posa desnuda, desde que la vi en los cuadros mi fantasía es follármela; a veces entró en el estudio de golpe y sin avisar, esperando encontrarla desnuda posando, pero nunca la he “cazado” en pelota.

A veces se le hace tarde viendo la tele en casa y se queda a dormir; el cuarto de invitados está junto al nuestro. Los días en que se queda me encanta hacer el amor con mi mujer (que jadea como una loca) porque me excita mucho saber que Raquel oye los gemidos y el traqueteo de la cama.

Olga (mi mujer) es rubia natural (como yo), Raquel es de piel clara y tiene el pelo negro intenso (su coño se ve igualmente negro en los cuadros).

¡Ya sueño con saborear su coño!, viendo la tele nos sentamos los tres en el sofá, yo en el centro y ellas dos una a cada lado; Raquel es de esas mujeres a las que les gusta el contacto físico, se pega mucho a mi viendo la tele, cuando siento su olor y noto uno de sus pechos rozando mi brazo fantaseo despierto, entonces me empalmo bajo las enagüillas.

Un día regresé más temprano y Raquel estaba llorando mientras hablaba con mi esposa me acerqué y dije:

-¿Qué te pasa Raquel?

-¡Que sólo conozco hombres que son unos burros y aprovechados!, ¡que siempre me engañan!, ¿es que no hay más hombres formales como tú? -dijo sin dejar de llorar.

Le guiñe un ojo de forma cómplice a Olga y abracé a Raquel y la besé en la mejilla mientras le dije:

-Raquel, ¡seguro que encuentras alguno que sea formal!, mientras tanto esta es tu casa.

-Enrique ¿verdad que tú también quieres a Raquel y que aquí puede sentirse querida por los dos? -dijo Olga encantadora.

-Por supuesto -dije.

-Gracias a los dos -dijo Raquel a la vez que se abrazaba a mí con fuerza y apretaba la cabeza en mi hombro, (yo noté mi pene empalmado al chocar con su bajo vientre).

Esa noche pusieron en la tele una película romántica muy buena y Raquel estuvo toda la velada ladeada sobre mí, con su mano sobre mi muslo; mi mujer me dijo al oído en un descanso de la peli que le diera cariño, que la quería mucho.

Viendo la película arropados con las enagüillas de la mesa de camilla la mano de Raquel se deslizó del muslo y tocó el pijama encima de mi pene “empalmado”; al notar “el bulto” retiró la mano dejándola sobre el muslo y suspirando, al poco tiempo deslizó un poco la mano apoyándola en mi pene, estuvo así un buen rato, después “lo apretó” a la vez que suspiraba, entonces mi mujer le dijo:

-¿Estás más tranquila Raquel?

-Si Olga, aquí con vosotros me siento, ¡tan bien! -dijo Raquel a la vez que apretaba más mi pene.

Mientras mi mujer preparaba la cena metió la mano dentro de mi pijama y agarró mi pene “a pelo” y me apresó también los testículos ¡Mi pene reventaba!, ¡esto no puede ser!, pensé y le dije bajito a Raquel:

-Raquel se va a dar cuenta Olga y va a formar un escándalo, estoy “que me corro” -dije excitado y nervioso.

En esas llego Olga y se sentó junto a Raquel, entonces se entabló un diálogo entre los tres:

-Raquel: Olga, Enrique está preocupado.

-Olga: ¿Por qué?

-Raquel: Porque le he tocado un poco el pene sin maldad y está violento, ¡Por favor Olga dile lo que hablamos!, que sin armonía me siento mal.

-Olga: Enrique antes de que llegarás hablamos de un novio que tuvimos y que nos lo tirábamos las dos a la vez, siempre lo compartíamos todo; Enrique tu sabes lo liberal que soy y lo que os quiero a los dos por eso le dije a Raquel que no me importaría que le dieras cariño.

-Enrique: Pero me lo podías haber preguntado antes ¿No te parece?

-Olga: Sí, pero Raquel ha sido tan, ¡rápida! que no me ha dado tiempo.

-Raquel: Olga si ves que esto va a ser un problema seguimos solo como amigos, yo no quiero estropear lo vuestro.

-Olga: lo que diga Enrique, que es el que tiene que ¡dar más!, Enrique, ¿tú estarías dispuesto a estar con las dos?, ¿serías capaz de tener sexo con las dos cariño? No te lo pediría si no pensará que te agradara, tampoco si no confiara en ti y en Raquel; sé que te atrae. Te propongo disfrutar de este cariño que nos tenemos “con pasión”, además de con amistad, ¡pero quedando claro que tú eres mi marido y yo tu mujer!

¿Qué me dices cariño?

-Enrique: Me siento a la vez halagado y confuso, la verdad no esperaba de ti que quisieras compartirme, pero siendo Raquel, tu amiga del alma, tiene más sentido. La verdad es que me atrae la idea y me excita; sería llevar más allá está complicidad que tenemos los tres, pero en secreto, la gente “normal” no lo entendería; ¡a ver cómo sale!, espero que no sea un error, ¡estoy de acuerdo cariño!

-Olga: Gracias cariño, ¡por supuesto que en secreto!, con respeto entre los tres seguro que será muy agradable.

-Raquel: ¡Eso!, secreto, ¡muchas gracias a los dos!, estoy tan emocionada que voy a llorar.

Así acabó ese diálogo tan “fructífero”.

Sentí un escalofrío mientras cenábamos, ¿sería yo capaz de atender a dos mujeres?, desearlo lo deseaba; pensé en mi mujer, ¡como son las artistas!, ¡qué cosas se les ocurren!, (me saciaré de Raquel, que “tenía ya tenía ganas”).

Después de cenar Raquel metió la mano en mi pijama “nuevamente” pero con el “consentimiento” de mi mujer y agarró mi pene, ¡con fuerza!, después bajo mis slip junto con el pijama hasta las rodillas y comenzó a chuparme el pene, ¡me sentí morir de placer!, ¡cuánto lo deseaba!

-Raquel ¡Como chupas cielo! -dijo Olga.

Mientras Raquel chupaba mi pene Olga se metió entre mis piernas y absorbió mis huevos, ¡dos bocas “ahí abajo”!, haciendo maravillas.

-¡Vamos a la cama los tres! -dije con ganas

Entramos en el dormitorio y nos desnudamos completamente metiéndonos en la cama y arropándonos, con la luz apagada; reímos nerviosos mientras nos tocábamos, me abracé a mi mujer y la besé en la boca, mientras Raquel apretaba sus pechos contra mi espalda y me agarraba los testículos desde atrás acariciándolos con las uñas. (Nunca había estado con dos mujeres a la vez y estaba muy excitado, pero al mismo tiempo sentía que engañaba a mi mujer, ¡pero ella estaba allí!)

Mi pene tieso se apretaba contra el coño de mi mujer mientras la besaba y Raquel paseo sus uñas por mi ano y por mi escroto, mordiendo mi cuello ¡Uff!

Me incorporé en la cama y dije:

-Raquel por favor ponte en pompa que te voy a “atacar”, por detrás, tu Olga acaricia lo que quieras, que después te follo a ti cariño.

-¡Si Enrique!, que excitada estoy -dijo Raquel dándome la espalda y alzando el culo ¡bien alto!

Me puse a comerle el conejo por detrás, estaba peludo y negro como el carbón, yo jugueteaba con sus labios en mi boca como si fuera una ostra. Después me alcé y me puse tras de ella totalmente empalmado y sin preámbulos le metí el pene hasta los huevos, después comencé el “bombeo” con intensidad (su coño chapoteaba abrazando mi pene), mientras Olga agarro mi culo en movimiento y me mordió un cachete diciéndome, ¡Enrique!, ¡Eres un animal!, como me pone veros follando.

Me “apee” de Raquel y me subí encima de Olga, tumbados y comencé a follarla, ¡con brío!, mientras ella me abrazaba con sus piernas a la altura de la curcusilla. Raquel por su parte comenzó a lamer los pezones de Olga que se pusieron duros como piedras.

Quise “terminar la función” corriéndome en Raquel (la novedad), saque el pene del coño de Olga y puse en pompa a Raquel sobre la cama y empecé a darle con el rabo como un animal, ¡¡ Cuánto deseaba follármela!!

Terminé dentro de Raquel, quedándome quieto como un conejo y soltando dentro de ella el caudal que llevaba “acrecentando”, toda la noche ¡Al sacar el pene le chorreaba a Raquel el semen por las piernas!, entonces dijo Olga:

-Enrique, ¡qué animal eres!, que bien te has portado cariño.

-FIN-

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