Mi noche mas morbosa en un tren II

Por la mañana mi amiga Carmen y Laura vinieron a buscarme. Nos fuimos a la playa y allí se nos unieron todos. El padre de Laura no me miró ni una sola vez y poco a poco me fui cabreando ya que al parecer él había pasado página totalmente y aunque sabía que eso era lo correcto no podía controlar el cabreo al ver lo poco que le costaba a él.

Así que empecé procurar sentarme a su lado, rozarle con cualquier pretexto y meterle en todas mis conversaciones, él contestaba con monosílabos y aun así le seguía preguntando para que no le quedara más remedio que seguirme el rollo ante todos.

Pasamos todo el sábado juntos, primero en la playa, luego comimos en un chiringuito antes de regresar a la playa y por la noche cenamos en el jardín de la casa que ellos habían alquilado.

Noté como se iba poniendo más y más nervioso con mi estrategia y notaba lo incomodo que estaba; me di cuenta que me estaba pasando cuando después de la cena y tras un paseo paramos a tomar algo en una terraza y al sentarnos me miró con furia y leí en sus labios un “basta ya”.

Una hora después las dos parejas jóvenes me dejaron en la puerta de mi hotel.

Aun llevaba el bañador, me desnudé y me di una refrescante ducha. Cuando acabé y aun envuelta en la toalla oí como unos nudillos golpeaban mi puerta. Supe que era el antes de abrir al igual que sabía que venía a regañarme.

Me aparté para que pasara y nada más cerrar la puerta me espetó:

-No sé si azotarte o follarte –dijo muy enfadado-

-¿Tengo que quedarme con una solo de las dos opciones? –le dije sin pensar-

Esperé quieta de pie a los pies de la cama, mirando su rostro enajenado y entonces vi cómo se desabrochaba el cinturón y lo sacaba del pantalón. Por un momento pensé ¿con cuál de las dos cosas iba a obsequiarme? Y me di cuenta que me atraían las dos.

Tiró el cinturón sobre la cama a mi espalda y mientras desabrochaba el pantalón se acercó a mí. Casi nos rozábamos, pero ninguno de los dos movió un solo musculo durante un par de minutos no hicimos nada, hasta que él apoyó sus manos en mis hombros y dándome un pequeño empujón me hizo caer sobre la cama.

-Quítate la toalla Raquel –no me lo pedía, me lo ordenaba-

Lentamente retiré la toalla y me mostré completamente desnuda ante esos ojos de lobo que me miraban con hambre.

-¿Ya sabes lo que quieres hacer Fernando?

-Lo sé desde que te vi en el bar de la estación, quiero follarte.

Entonces separé las piernas dejándole ver mi sexo que ya empezaba a humedecerse, quería que me follara, necesitaba que lo hiciera.

-Pues hazlo ya

Bajó su cremallera ante mi atenta mirada y dejo caer su pantalón, luego solo en calzoncillos se arrodilló en la cama, ante mis piernas abiertas y bajó a lamer mi sexo.

Su lengua recorrió mi rajita lentamente, luego poniéndola dura golpeó mi clítoris inflamado y este se hinchó ante los golpeteos, lo agarró entre sus labios y succionó enloqueciéndome de placer. Agarré la sabana con fuerza mientras me entregaba a esa boca que pronto me llevó al orgasmo. Esta vez no lo frené, me corrí entre jadeos.

Se incorporó y acercándose aún más, metió ambas manos bajo mi culo y me subió apoyándome en sus muslos, aún seguía de rodillas y ahora su erección rozaba mi sexo tan solo separada por la tela de su calzoncillo; pronto lo solucionó, de un tirón liberó su polla y esta golpeó mi rajita haciéndome chillar de placer.

-Que caliente estas preciosa –dijo agarrando su polla-

Presionó con el glande mi rajita húmeda y la frotó arrancando gemidos de placer de mi garganta. Notaba su carne caliente y palpitante; él agarrándola la llevó a la entrada, volvió a meter sus manos bajo mis glúteos y me empujó hacia él clavándome en su estaca. Sus manos guiaban el ritmo de la penetración. Movía la cabeza hacia los lados queriendo cada vez más y de nuevo me lo dio, además de moverme a mí movía las caderas penetrándome con fuerza. Ambos jadeábamos en cada arremetida y yo entrelacé mis piernas tras de él para poderme mover cuando todo mi cuerpo tembló con el segundo orgasmo.

-Nena me encanta cuando te corres con mi polla dentro, pero tengo que salir –dijo jadeando-

Se sentó en la cama, miré su polla brillante de mis juguitos y poniéndome de pie en la cama me agarré al cabecero y bajé lentamente hundiéndome su polla con brío, moví las caderas mientras el tocaba mis pechos, pellizcaba mis pezones y por último los lamia con ansia, jadeando mientras yo no paraba de subir y bajar rotando las caderas.

-Por favor cielo, relájate esto es la leche

No iba a parar, no hasta correrme y lo hice, unos minutos después volví a correrme a mi antojo.

-Cielo ahora, para por favor.

Subí el culo y liberé su polla, resbalé por sus piernas y me colé entre estas; bajé la cabeza y lamí su glande y engullí su polla, moví la boca de arriba hacia abajo mientras el gemía y gemía cada vez más fuerte y seguido agarrando mi cabeza sin fuerza.

-Preciosa voy a correrme

Succioné con fuerza y su cuerpo se tensó, al momento sentí su semen en mi boca, lo tragué y seguí lamiendo cada gotita de su esencia disfrutando de los últimos coletazos de su orgasmo.

Nos miramos mientras intentábamos respirar con normalidad y cuando por fin lo conseguimos él se levantó y agarró sus calzoncillos, se los puso y volvió a mirarme.

-Esto no puede volver a pasar, ¿estás de acuerdo?

-Sí, Fernando. Estoy de acuerdo

Ambos sabíamos que nos jugamos demasiado y que sería demasiado fácil colgarnos el uno del otro, algo que no podíamos permitirnos ninguno de los dos.

Me di la vuelta en la cama para facilitarle la salida, no quería despedidas necesitaba que se fuera.

Al día siguiente mi último día ya, llegué a desayunar como habíamos quedado esperando que él no estuviera y no estaba.

-Quédate unos días –me pidió mi amiga Carmen-

-No puedo, ya tengo los billetes

-Venga quédate tonta –dijo Laura-

-En serio no

-Venga no lo pienses más, podrías quedarte hasta el jueves que Fernando se va y yo le dejo mi coche ya que vuelve el sábado y podrías irte con él, total empiezas el lunes dijiste. No nos hagas el feo –dijo el padre de Carmen que siempre había sido un encanto- verdad que puedes llevarla…

Me giré y vi a Fernando en la puerta

-Claro, por mí no hay problema

No pudimos contra todos y al final decidimos que me quedaba, total solo eran dos días y luego no volveríamos a vernos.

-Mientras vosotras acabáis con el picnic puedo llevar a Raquel a su hotel a cambiarse de ropa y de paso me corto el pelo en el pueblo –dijo el padre de mi amiga-

-Buena idea, no creo que tarden mucho y además nosotras tenemos para al menos una hora –dijo mi amiga-

-Yo iré a mandar unos mails –dijo Fernando-

Así terminé con el amable padre de mi amiga camino a mi hotel, salimos del coche ya que la peluquería estaba a la vuelta y quiso acompañarme a recepción para comprobar que no había problema con quedarme un par de días con la habitación y no lo hubo.

Me quité la ropa y me puse el biquini, después saqué de nuevo las cosas de la maleta y las colgué, tenía ropa de sobra, siempre cogía de más. Tenía tiempo de sobra supuse que al menos tardaría una hora.

Vi sobre la cama ya hecha un cinturón de hombre y de repente la imagen de Fernando quitándoselo acudió a mi mente y sonreí enrollándolo para devolvérselo cuando pudiera preguntándome como no se había dado cuenta.

No habían pasado ni veinte minutos cuando alguien tocó a mi puerta, me asustó que fuera Fernando ya que podían verle y al mismo tiempo me gustó.

-Hola, terminé pronto –dijo el padre de mi amiga en la puerta-

Me aparté para que pasara y me sentí incomoda porque iba solo con el biquini. De repente me pareció demasiado escueto, al ver su mirada.

Fui hacia el armario a por el vestido y entonces vi como el miraba el cinturón de Fernando. No podía ocultarlo ya, solo podía esperar que no lo reconociera.

-Estas buenísima con ese bikini –dijo con una voz grave que apenas reconocí-

-¿Que?

-Ya me has oído, realmente rica

-¿No cree que se está pasando? Soy la amiga de su hija –le recordé a ese hombre que apenas reconocía-

-Sí, esta feo que a uno le ponga la amiguita de su hija, pero entiéndeme desde que sé que te lo haces con hombres de mi quinta no puedo evitarlo

-¿De qué habla?

-No te hagas la tonta sé que te acuestas con mi amigo, ¿pensabas en que eras la amiga de su hija cuando follabas con él?

Me quedé helada frente al armario y tuve que sentarme en la cama, no sabía cómo lo había sabido.

-Supongo que te preguntaras como lo sé, pues noté algo raro desde que os vi juntos, él estaba nervioso y te evitaba en todo momento, al día siguiente tú le tiraste mil puyas y esa misma noche cuando el vino aquí mismo y tardó dos horas en bajar casi lo tuve claro. Pero esto ha terminado de confirmármelo –dijo enseñándome el cinturón-

-¿Que va a pasar ahora?

-Está en tu mano

-Por favor no diga nada

-Ya te dije que está en tu mano, mi silencio tiene un precio que no se si estas dispuesta a pagar

-¿Que quiere? –dije algo asustada por lo que venía-

-Te quiero a ti, quiero que estos tres días seas mía. Piénsatelo bien mientras hago una llamada, si no estás dispuesta a sacrificarte por él y por ti vístete mientras hablo.

Me dio la espalda y supe que hablaba con su hija, mí aun de momento amiga Carmen y supe también que lo había preparado todo de antemano antes de pedirme que me quedara esa misma mañana.

-¿Cómo lo lleváis hija, habéis terminado ya con la comida? Bien pues yo estoy esperando a que me cojan, he quedado en llamar a tu amiga al acabar para que baje, nos vemos en la playa.

Permanecía de pie en medio de la habitación, él se acercó a mí y llevando la mano a mi nuca deshizo el nudo que mantenía el sujetador, este cayó destapando mis pechos. Su mirada lobuna iba de uno a otro mientras se deshacía del cierre de mi espalda y lanzaba a la cama el sujetador. Por instinto fui a taparme, pero me lo impidió. Sus manos agarraron mis pechos y empezó a masajearlos.

-Son increíbles niña, me encantan tus tetas –dijo buscando con dos dedos de cada mano mis pezones-

Los friccionó hasta endurecerlos y entonces aun entre sus dedos bajó la cabeza y paso la lengua por la puntita desprotegida de estos. Poco a poco fue retirando los dedos del pecho que lamia sustituyéndolos por sus labios, sus dientes, su lengua… durante un buen rato fue de uno a otro sin prisas, excitando al máximo mis pezones que empezaban hasta a doler de duros que estaban.

Al rato su mano bajó por mi torso y se coló dentro de mi braguitas, sus dedos sortearon mi vello para dirigirse a mi hendidura.

-Vaya, que ricitos más suaves protegen tu tesoro –dijo como si hablara con una niña-

Todo era tan lascivo, tan indecente y morboso; sus palabras, sus dedos dentro de mi braga, su boca en mis pechos… no podía creer lo que estaba sucediendo, no me cansaba de repetirme que ese hombre hace solo unos minutos era solo el padre simpático y cortes de mi mejor amiga y no se parecía en nada a este desalmado que provocaba reacciones extrañas en mi cuerpo, que empezaba a desmarcarse de mí, adquiriendo vida propia bajo esas impúdicas caricias.

En ese momento sonó mi móvil e intente separarme de él, me lo impidió y sin sacar su mano de donde estaba me acercó el móvil cogiéndolo de la mesa. Vi que era mi amiga.

-Hola Carmen –dije para que él parara-

No solo no paró sino que su mano penetró más profundamente rozando ahora de lleno mi vulva que ante mi sorpresa empezaba a humedecerse por cuenta propia.

-¿Ya ha llamado mi padre?

-Aun no –le dije intentado controlar mi voz-

-Pues no creo que tarde, ya estamos de camino. ¿Quieres que pasemos nosotros y le llamo?

-No hace falta así coloco unas cosas, no creo que tarde –dije viendo de nuevo la sonrisa maquiavélica en su rostro-

Me aseguré de haber colgado y el quitándome el teléfono lo dejo donde estaba.

-Ves al final tú también disfrutaras de la entrega –dijo frotando ahora mi ya inflamado clítoris-

-No apueste por ello

Se rio mientras dos dedos me penetraban y sin poderlo frenar jadee al sentir la intromisión, arquee la espalda y su boca volvió a mis pechos.

No podía frenar el calor que me invadía ante sus caricias. Me dio la vuelta y se sentó en la cama, abrió con ambas manos mis muslos y empezó a lamer mis rizos, con los dedos los apartó mojados por mis flujos y su saliva, para lamer mi vulva, succionó mi clítoris expuesto y tuve que apoyarme en sus hombros para controlar en silencio los espasmos del orgasmo que acababa de provocarme con su boca.

No dejó de lamer hasta que cesaron, entonces tirando de mis manos me arrodilló ante él, aun no podía respirar con normalidad cuando me dijo.

-desabróchalos y sácala

Lo hice aun en la nube del sorprendente orgasmo y su polla apareció ante mis ojos, era muy larga, el glande era gordo más oscuro y brillante que el resto de la polla que no era tan gorda.

-Menéamela zorrita –dijo apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo-

Yo la agarré y empecé a meneársela apretándola con fuerza con mi mano, quería hacerle daño, pero sus gemidos me indicaron que no solo no era así, sino que le gustaba mi rudeza.

-Me gustas cabreada, sigue masturbándome pequeña –dijo sin apartar la mirada de mi mano-

Cada vez apretaba más y más deprisa y sus jadeos aumentaban cada vez que mi mano se deslizaba por su carne palpitante. Notaba como mis muslos se empapaban de mi propia excitación al estar de rodillas ante ese hombre masturbándole, recordé entonces algunas de las veces que habíamos coincidido y eso lejos de frenar mi lujuria la avivo y cuando su mano se posó en mi nuca y presionó para que bajara, no dudé en sacar mi lengua y paladear las primeras gotas que coronaban esa polla espectacular, ya no era la polla del padre de mi amiga, ahora era la polla de un amante que reclamaba mis atenciones que yo gustosa le ofrecía.

Lamí todo el glande antes de golpearlo con la lengua dura y luego sin soltar la base deje que el empujando mi nuca metiera su polla hasta el fondo de mi garganta.

-Si putita sigue chupándola, que placer me das con esa boquita nena –decía enardecido-

Aflojé la presión de mis dedos e incrementé la succión y al segundo noté su cuerpo tenso y su mano empujó con fuerza antes de notar su semen en mi garganta y luego en mi boca. Tuve que tragarlo y aun así no dejé de lamer como una posesa.

-Que rico ha sido, ¿verdad?

Estaba más cachonda y excitada de lo que estaba dispuesta a admitir ni en mi mente, mucho menos a él.

Me incorporé y él dijo:

-No hay tiempo de más, pero deberías cambiarte el bikini si no quieres que noten lo excitada que estas

Avergonzada y humillada vi la tela mojada entre mis piernas que delataban que no había permanecido impasible a ese ser despreciable.

Me vestí sin mirarle y bajamos hacia su coche. No volví a hablar con él en todo el día.

-Siento que hayas tenido que quedarte, solo serán dos días y luego todo habrá acabado –dijo Fernando un momento que nos quedamos a solas-

-No te preocupes somos adultos

Busqué inconscientemente la mirada del padre de Carmen que estaba clavada en ambos en la distancia. El resto del día evité su mirada y a él, pero no pude evitar pensar mil veces en lo sucedido, en como mi cuerpo había reaccionado.

Pasamos el día en la playa y ya al atardecer paramos en una terraza, donde decidimos quedarnos a cenar.

Mientras esperábamos el picoteo me disculpé y desaparecí en el baño, necesitaba unos minutos de paz. El baño estaba entrando en el local y había que subir unas escaleras. Subí unos peldaños y giré en el descansillo.

-Raquel espera –oí la voz seca del padre de Carmen-

Este subió los escalones que nos separaban y se paró frente a mí.

-¿No habrás quedado con él para esta noche no?

-No lo nuestro se acabó, nunca debió suceder

-Pues nadie lo diría, él se derrite cada vez que te mira –dijo metiendo su mano bajo mi vestido corto-

-Puede subir alguien

-Oiremos la puerta ya que no hay nadie dentro

Su mano ya había apartado mi braga y hurgaba buscando lo que quería.

-Déjame, aquí no

-Accediste a ser mía sin restricciones o sea que cállate zorrita y disfruta.

Subió mi pie un escalón abriendo así mis piernas y mi sexo y sin más me penetró con tres dedos. Gemí de dolor, pero no bastó para frenarle, abrió los dedos un poco dilatándome por dentro y la sensación era tan extraña como agradable. No se movió simplemente separaba sus dedos dentro de mi sin dejar de mirarme.

-Noto como empieza tu humedad, aunque no quieras eres tan golfa que no puedes evitarlo y eso me enloquece. Comprueba cuanto –dijo ahora con voz queda-

Llevé mi mano a su entrepierna como una autómata y noté su erección.

-Mete la mano dentro y menéamela ahora, rápido zorra –dijo alzando demasiado la voz-

Tuve miedo a que alguien nos oyera y empecé a menearse como me había pedido, sacó los dedos de mí y sentí mi sexo abierto, anhelante y a la espera de más.

-Más rápido, más fuerte, como tú sabes nena

Rozó con la punta de sus dedos mi entrada y yo sin dejar de mover la mano busqué moviendo las caderas esos dedos.

-¿Ves cómo eres una pequeña golfa salida?-dijo humillándome más-

Apreté fuerte, más y más y sentí el calor y la viscosidad de su semen en mi mano, estaba a punto de correrme; movía las caderas y él su mano, pero en el momento en que cesó su orgasmo paro, yo le busqué con mis caderas, pero él retiró la mano.

-No vas a correrte, no hasta que yo te lo permita –dijo subiendo la escalera-

Casi llore de rabia y desesperación apoyada en las baldosas del baño, estaban frías y así aliviaba el calor que se había apoderado de mi cuerpo.

Cuando bajé el reía con todos en la mesa y nadie había notado mi ausencia.

Casi al final de la noche al pasar por mi lado me dijo al oído.

-Me encantaría lamer tu coñito salado, pero estoy cansado. Duerme bien y no te corras -dijo antes de despedirse en voz alta-

Apenas dormí y cuando lo conseguí imágenes oscuras de ese hombre y yo retozando poblaron mis sueños. Al despertarme no podía seguir engañándome me excitaba la situación, me excitaba él y lo que representaba, ser la fruta prohibida solo hacía que me pusiera más. Era todo tan irreal, tan oscuro y excitante que estaba perdiendo los papeles.

No coincidí al día siguiente con los padres, ellos habían salido temprano. Disfrute de la piscina y de un día sin sobresaltos.

Por la noche salimos a cenar, me recogieron en el hotel y vi que ellos tampoco estaban y aunque me costara reconocerlo esperaba verle.

Tras la cena todos estábamos cansados y decidimos retirarnos para aprovechar más el día siguiente.

Subí a mi habitación decepcionada, con la sensación de que me faltaba algo, sin querer reconocer que echaba de menos los furtivos momentos con el padre de mi amiga.

Era pronto y no tenía sueño, me senté en el balcón y me quedé medio transpuesta, me despertó el sonido de mi móvil.

-Hola putita. ¿Qué haces?

-Nada

-Llevo todo el día pensando en ese tierno y caliente coñito que tienes entre las piernas

-¿Qué quieres?

-Devorarte

-Pues lo tienes claro –pensé más deprimida de lo que hubiera esperado-

-Tócate, se buena y hazme caso

Sin ganas coloqué mi mano entre mis piernas

-No te acaricies penétrate directamente con al menos tres dedos

Recordé la vez que él lo hizo y empujé mis tres dedos dentro, estaba seca y los noté entrar con dolorcillo.

-¡Para! solo mantenlos dentro abriéndote, deja que sea tu vagina quien dé el primer paso

De repente el aire parecía más frio y no es que hubieran bajado las temperaturas sino que había subido la mía.

-Ahora me gustaría lamer tu culito mientras tienes los dedos dentro.

Me imaginé lo que me decía y me puse a mil, con él era todo tan depravado.

-Eres un cerdo

-Y tú una zorra que va a dejar la puerta un poco abierta y se va a poner como una perra en la cama mientras vuelve a meterse los deditos y espera a que este cerdo vaya a lamer su culito.

-¿Estas de coña?

-Nunca bromeo con estas cosas, obedece putita, tienes diez minutos.

Me desnudé como una loca, dejé la puerta entornada y me puse como me había pedido, temblaba de nervios y expectación por si entraba alguien o por si…

Oí la puerta abrirse

-No te gires golfa –era su voz-

Mi sexo fluía sin freno, mientras los ruidos me decían que se estaba desnudando. Noté sus manos en mi trasero, lo acarició y sobó antes de que sintiera sus labios y su lengua recorrer mi carne. Moví los dedos en mi vagina

-¡No muevas los dedos! –grito furioso-

Su lengua ahora recorrió mi sexo e hizo círculos alrededor de mi anito virgen. Estaba excitadísima me sentía tan mojada que creí deshidratarme; pero nada me había preparado para los escalofríos que sentí cuando su lengua penetró mi ano con suavidad. Entró y salió varias veces.

-Ahora muévelos, entra y sal con fuerza

Lo hice al mismo tiempo que el sacó su lengua y metió un dedo en mi ano. Enloquecí de placer y todo mi cuerpo se avivó con un espectacular y devastador orgasmo.

Mi vagina palpitaba apretando mis dedos cuando él me empujó y caí de lado, apenas podía respirar y entre la nebulosa le oí decir:

-Sácalos

Flexionó una de mis piernas y dejó la otra estirada entre sus piernas, notaba sus huevos sobre mi muslo cuando movió las caderas, dobló más mi pierna y lentamente comenzó a penetrarme.

Lo hacía tan despacio que a pesar de no poder respirar solo pensaba en que empujara hasta el final. Cuando tenía más de media dentro y yo estaba al borde del desmayo dio un golpe de cadera y me la metió hasta el final.

Grité de placer sin que ya nada importaba salvo el hecho de que esa polla no dejara de follarme por fin.

-¿Te gusta mi polla putita?

-Mucho –contesté totalmente entregada-

Empujó con fuerza apoyado en mi pierna flexionada y agarrándome fuerte del muslo empezó un endiablado mete y saca que me iba a volver loca.

Jadeaba sin poder apenas coger aire ya que cada arremetida me elevaba al cielo, de nuevo su dedo buscó mi ano y entró como antes la mitad. No podía pensar, no podía respirar, no podía dejar de gemir como una posesa sin voluntad.

Empujó su dedo y grité, pero un nuevo envite me hizo olvidar el dolor, esperó a que me acostumbrara a esa intromisión a golpe de riñones y poco a poco los movimientos se coordinaron; no tarde en volver a correrme.

-Si niña córrete

Durante unos segundos perdí el mundo de vista y cuando regresé al mundo él me dio la vuelta, se colocó entre mis muslos y tirando de mi volvió a ponerme a cuatro patas, sentí de nuevo su lengua y cuando creí que volvía con su dedo algo más grande rozó mi ano, empujó y gimotee de dolor al notar como la presión de este vencía el anillo de músculos que defendía mi fortaleza.

Sus manos aferraron mis caderas y tiraron de mí mientras seguía empujando lentamente penetrándome.

-Me duele –sollocé-

-Relájalo niña, tienes un culito esplendido

Un nuevo golpe de caderas, un gritito de dolor por mi parte y sus huevos rozándome me indicaron que estaba todo dentro.

Paró unos segundos antes de empezar a moverse con parsimonia, hasta que dejé de sentir dolor y solo quería que siguiera; que volviera a enloquecerme.

Cumplió con creces, empezó a salir y entrar, entrar y entrar mientras me decía lo putita que era y el placer que le daba sodomizarme, yo me sentía poseída como nunca mientras sus fuertes manos me aferraban al tiempo que su polla palpitaba en mi culo.

-Voy a correrme niña, tócate

Le obedecí de nuevo y cuando noté la tensión de su cuerpo y la calidez de su semen en mi recto volví a correrme antes de caer en la cama completamente rendida a él.

No volví a ser consciente de nada hasta que el despertador de mi móvil sonó y me di cuenta que estaba sola en la cama, me senté y el dolor en mi trasero me trajo recuerdos de la gloriosa noche.

No sabía que me deparaba el día de hoy, pero me duche cantando totalmente rendida a la oscuridad de ese particular infierno repleto de placer sin límite donde el mayor de mis demonios seria lidiar con mi cordura bajo la tutela del padre de mi mejor amiga convertido en el dueño de mis orgasmos…

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