Mi nueva terapeuta

Para los que no me conocen, recomiendo leer mis relatos anteriores… Para los que no me recuerdan, recomiendo releer mis relatos anteriores… Para los que sí me recuerdan, disfruten!

Viernes 6 de la tarde. Preparándome para mi primera sesión de terapia con ésta doctora que recién terminó su carrera. No tengo muchas ganas de ir, mi doctor anterior se había retirado y no creo que encuentre a otra persona que me entienda como él. Él fue de mucha ayuda para mí, me ayudó a aceptarme como soy.

Ésta nueva doctora, Ángela, es una recomendación de mi madre. Ángela es la hija de una pareja amiga de mis padres. Según mi mamá, nosotras nos conocemos…pero yo no la recuerdo. Me dijo que cuando yo tenía 4 o 5 años, ellos se mudaron a otro país. Ahora volvieron y ella abrió su consultorio.

Mi cita es para las 7, así que mejor salgo para allá… Llego a la dirección que me dio la secretaria quién concretó nuestra cita. Es un edificio, piso 16. Me anuncio y la secretaria me dice que la doctora sigue con un paciente y que enseguida será mi turno. La sala de espera me parece muy acogedora, sobria. Realmente tiene un muy buen gusto la persona quien la decoró.

Después de unos diez minutos sale la persona quien estaba adentro y la secretaria recibe la orden para hacerme pasar.

Ángela Me saludó muy cariñosamente y me dijo que me recordaba perfectamente. Eso me sorprendió mucho. Bueno, ella tiene tres años más que yo. La describo: Es un poco más alta que yo, con el cabello negro, lacio, por los hombros. Tiene una figura escultural, unos pechos que resaltan mucho con la camisa blanca que lleva puesta y un pantalón de vestir gris super ajustado.

Ángela: Me alegro mucho de que hayas decidido venir.

-Sí, yo también. Veo que ya tenés más pacientes aparte de mí y eso que recién llegás…tan buena sos?

Ángela: Sí, perdón por hacerte esperar.

En eso suena su teléfono y escucho que es su secretaria pidiéndole si podía retirarse ya que yo era su última paciente y ella tenía que ir a clases. Ángela le dice que no hay problema, que se retire.

Ángela: Muy bien, ahora tenés toda mi atención-me sonríe ampliamente-. Vamos a conocernos un poco.

-Ok. Por dónde empiezo?

Ángela: Bueno, primero que nada quiero que te sientas cómoda conmigo. Tengo entendido que desde hace tiempo vas a terapia.

-Sí, iba…pero mi doctor se retiró.

Ángela: Entonces ya sabés cómo es esto. Me podés hablar de lo que quieras. A ver, de qué fue lo último que hablaste con tu anterior doctor?

-Ehm, de mi pareja.

Ángela: Podemos hablar de él. Cómo se llama?

-Ah, mi madre no te dijo entonces…

Ángela: Qué cosa?

-Soy lesbiana. Mi pareja se llama Lili.

Noté que se sorprendió con lo que le dije.

Ángela: Ah, disculpá. La verdad que no sabía! Bueno y…qué me podés contar de ella? Cómo va la relación?

-Puedo serte sincera e ir directamente al grano? Es que la verdad tengo un problema desde hace tiempo y con mi anterior doctor no pude resolverlo. Espero vos me ayudes, por lo menos a sobrellevar mejor todo esto.

Ángela: Te escucho. Podés hablarme de lo que sea. Estoy para ayudarte a resolver tus problemas, no sólo a sobrellevarlos.

-Es que me da un poco de vergüenza. Es un tema sexual…

No podía creer lo que mis labios estaban diciendo. En verdad iba a hablarle a ésta persona quien acabo de conocer sobre mis problemas en la cama con Lili?

Ángela: No hay problema. En serio. Contame.

-Es que estoy cansada de siempre ser dominada en la cama. Es que ella tiene un carácter mucho más fuerte e imponente que el mío. Es más, siempre me gustó que ella sea dominante conmigo…sólo que ahora… No sé. A veces sólo quiero tomar el control yo, salir de mi prisión interna. Necesito ayuda…porque realmente amo el sexo. Estoy caliente todo el tiempo. Quiero aprender cómo ser la que controla.

POR DIOS! NECESITO CALLARME YA. Va a pensar que quiero tener sexo con ella…y la verdad es que un poco sí. Toda esta charla me calentó muchísimo. Será lesbiana? Le gustarán las mujeres también?

Ángela: Bueno, debe ser muy difícil para vos. Y peor si estás con alguien a quien le gusta ser la que controla.

-Nosotras tenemos una relación muy abierta. Solemos estar con otras personas. Las veces que estuve con otras mujeres también fui la dominada. Es que mi carácter es muy débil. Nunca puedo decir lo que quiero hacer, lo que quiero que me hagan…y siempre me gustó que me dominen que me digan lo que tengo que hacer. Sólo que quiero intentar hacer yo las cosas por mí misma. Ay, espero me entiendas.

Ángela: Claro que te entiendo. Entonces esto es con las mujeres en general, no es cosa de que tu pareja nomas es quién te domina sino que vos sos siempre sumisa.

-Sí, me gusta ser la sumisa. Pero de vez en cuando quiero ser la que toma el control.

Ángela: Quiero hacerte una evaluación y veremos de ahí como seguir.

Se levantó de su asiento y vino a sentarse al lado mío, en el diván. Realmente tiene una figura perfecta! Que nerviosa me estoy poniendo.

Ángela: Entonces, mientras estás teniendo sexo, cuáles son las posiciones que te hacen sentir que estás siendo dominada?

-Bueno, por ejemplo, a Lili le encanta ponerme en cuatro y estirarme el cabello y esas cosas. Siempre es ella quien usa el arnés que tenemos. Se siente muy bien, claro, pero me cuesta mucho decirle que yo también quiero darle placer…cambiar de posiciones.

Ángela: Sos tímida en ese sentido?

-No sé, puede ser.

Ángela: Lo que te recomendaría es probar primero con otra persona…si me decís que con tu pareja tienen una relación abierta, claro.

Me está coqueteando? No puede ser! No, no creo.

-Sí, tal vez. Tiene que ser algo así como completamente espontáneo. Sexo duro con alguien que es realmente atractiva.

Ahora yo estoy coqueteando con ella! Bueno, ya fue. Que sea lo que Dios quiera. Esta mujer está sacando algo en mí que no sabía que tenía. Nunca antes hablé así, nunca antes fui así de lanzada.

Ángela: Sí, totalmente podrías hacer eso.

Veo que anota todo lo que le estoy contando. Qué decepción… Pensé que iba a pasar algo entre nosotras…

Ángela: Cómo pensás que es la mejor forma de hacer saber a tu pareja lo que vos querés hacer? Como te sentís…

-Siento que…voy a empezar, no sé, acercándome…y tocándola.

Después de decir eso, acaricio su pierna y la miro directamente a los ojos. Ella no dice nada, entonces prosigo.

-Después besándola, tal vez.

Ángela: Bueno, no es que yo sea una experta en ese tema. Pero, si querés, puedo ayudarte. Si lo mantenemos entre nosotras dos, claro. Por hoy terminé con todas mis citas, así que…podemos quedarnos todo lo que necesitas. Creo que se nos puede ocurrir algo para poder resolver tu problema.

-Estás segura de que puedo quedarme para una sesión más larga?

Ángela: Sí, totalmente. Podés quedarte todo el tiempo que quieras. Sos mi última cita. Tal vez vos me ayudes a darme cuenta de lo que a mí me atrae sexualmente también. A mí me gusta ser dominada, pero nunca probé en ser la sumisa.

-Me estás diciendo que te gustan las mujeres?

Ángela: Me gusta el sexo.

Esa frase fue la llama que encendió el fuego. Me acerqué y la besé. Listo, no había vuelta atrás.

-Creo que esto será muy divertido.

Empecé a besar su cuello y fui bajando.

Ángela: Nunca hice algo como esto con un cliente. No sé qué me pasa con vos.

Le saqué su camisa y su sujetador y empecé a besar y chupar esos hermosos senos que tiene. Me levanté del diván y empecé a sacarme las ropas que tenía, luego me arrodillé frente a ella y saqué su pantalón, tenía su ropa interior de encaje blanco, también se la saqué. Pude ver que estaba completamente depilada, justo como a mí me gusta.

Me acerqué y empecé a lamer todos sus labios, empecé a chupar lentamente su clítoris mientras ella gemía para mí.

Ángela: Se siente tan bien! Sos muy buena

Con la punta de mi lengua no paraba de estimular su clítoris y podía notar que cada vez ella se calentaba más, estaba muy mojada. Entonces empecé a usar mis dedos, metí uno mientras continuaba lamiéndola. Metí un dedo más y ella gritaba de placer. Me pedía que meta más dedos. Metí tres dedos y continué con un mete y saca por un par de minutos hasta que no aguantó más y se vino en mis dedos.

-Querés probar tu delicioso sabor?

Ángela: Sí, déjame probar.

Acerqué mi mano a su boca y lamió y chupó todos mis dedos.

-Tengo un juguetito que llevo siempre en mi cartera. Querés que te lo enseñe?

Ángela: A ver…mostrámelo.

Saqué mi consolador de la cartera y la hice que se colocara en cuatro para mí. Lo acerqué a su boca y empezó a chuparlo. Cuando ya estuvo bien mojado, me puse detrás de ella y empecé a meterlo lentamente en su agujerito.

Ella no paraba de decir cosas como “me encanta” “metémelo todo” “más fuerte”. Me encantaba estar dándole placer a una mujer tan hermosa y hacerla gemir para mí. Se movía cada vez más fuerte y empecé a estimular también su ano. Ella estaba por llegar a otro orgasmo, metí mi dedo del medio en su ano y empezó a moverse más y más y a gritar como si estuviera poseída. Seguí cogiéndola con el consolador hasta que volvió a terminar gritando mi nombre.

-Ahora arrodillate y empezá a chupar este consolador. Quiero que lo dejes brillante para mí.

Ella empezó a chupar, era tan sexy.

Ángela: Estoy tan caliente, déjame sentarme sobre vos.

Puse el consolador entre mis piernas y ella subió a mi regazo, una mujer realmente insaciable, pensé.

Empezó a subir y bajar mientras ella misma estimulaba su clítoris con sus dedos, no tardó mucho en llegar a otro orgasmo y fue impresionante, no paraba y así tuvo otro que mojó todo el diván. Yo estaba super caliente, quería que coja. Se arrodilló y empezó a chupar mis piernas.

-Quiero que me cojas. Quiero que me cojas en tu escritorio.

Ángela: Muy bien, ahora vas a disfrutar vos.

Subí a su escritorio y empezó a chuparme la concha, yo no daba más, estaba muy mojada. Metió de una dos dedos y los metía y sacaba rápidamente. No aguanté mucho y exploté en uno de los orgasmos más intensos que tuve en mi vida. Ella esperó sólo unos segundos y ya me metió el consolador hasta el fondo, mientras me chupaba el clítoris con mucha intensidad. No paraba de mover su lengua contra mis labios y seguía con el mete y saca del consolador. Otro orgasmo. Sacó el consolador y me lamió toda. Me decía que le encantaba mi sabor.

Después de eso me dijo que pasáramos a su casa a ducharnos.

Fue la mejor sesión de terapia de mi vida.

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