Mi pecado es demasiado hondo para usted

Genaro siente su fortuna a cada paso. Dios ha premiado su fe y devoción con un florido camino de felicidad y buenas sensaciones. Atrás quedaron las dudas y los temores que lo atormentaron en su juventud. Se siente tan feliz y puro que necesita contagiar a la gente de su gozo, ¿y que mejor manera de alegrar la vida de los demás que mostrándoles el sendero del Señor?.

Él siempre le ha tratado bien desde que abrazo su amor. No necesita lujos ni comodidades. Vive en una burbuja de felicidad en medio del sufrimiento mundano pero está convencido de que quien sufre es porque lo merece. “Los caminos del Señor son inescrutables y que no tengamos la capacidad de comprender algunas cosas no puede hacer que se tambalee nuestra fe”.

Nº 9, ático 1º. Es aquí. Aquí vive Noma Nguema. Es una inmigrante africana que probablemente no ha sido bendecida todavía con la luz divina. Puede que no le sea fácil, pero Genaro ha logrado ya conducir a más de 100 almas junto al gran rebaño. Nada da más sentido a su jubilosa existencia que mostrar el camino de la verdad a los desafortunados que aún no han oído la voz de Cristo en sus corazones.

El edificio es bastante decente dado que se encuentra en el suburbio más marginal de la ciudad. Aquí solo hay africanos, rusos, chinos, indios… y algún reducto de españoles que han aguantado el chaparrón de foráneos en las dos últimas décadas. Es terreno virgen para la fe cristiana. Ni siquiera debería molestarse en consultar el padrón municipal pero es un ser metódico y prefiere recabar algo de información con sus fuentes para rentabilizar al máximo sus visitas.

La escalera está recién pintada y se ve limpia. No hay ascensor: primero, segundo… por suerte el edificio tiene pocos pisos.”Riiiiiiiiiiiing” un sonido clásico suena a través de la puerta de madera. La luz de la mirilla se apaga por un momento señalando una presencia al otro lado. Tras unos segundos de duda, una muchacha de piel oscura entreabre la puerta asomándose con curiosidad. El traje y la corbata de Genaro no dan lugar a sospechas, además: lleva las canas bien peinadas intentando disimular su calvicie y a través de unas lentes se asoma una mirada sincera cargada de positivismo.

-¿Noma Nguema?- mientras lee sus notas.

-Si- murmura ella con una voz apenas perceptible.

-Soy Genaro. Quisiera saber si dispones de unos breves momentos para que pueda ilustrarte con el motivo de mi visita- con una sonrisa en la cara.

-No sé… mejor vuelvo cuando mis hermanas mayores estén- Su pronunciación delata su origen pero aún así es fácil adivinar que ya lleva algún tiempo en este país y que entiende nuestra lengua.

-No, no, en realidad es contigo con quien quiero hablar. Tengo entendido que eres nueva en esta ciudad y como buen vecino quisiera darte la bien venida y ofrecerte como regalo el conocimiento de la palabra Dios- con las manos juntas y asintiendo con la cabeza mientras pronuncia calmadamente su guión como tantas otras veces.

-Yo ya tengo dioses- susurra mientras baja la mirada.

-Solo hay un Dios verdadero, por eso estoy aquí- con una seguridad insultante.

-Lo siento, no interésame- mientras intenta cerrar la puerta lentamente.

-Dime Noma: ¿te han ayudado tus dioses en la turbulenta travesía que te ha permitido encontrarte aquí hoy?- en un intento de superar su rechazo.

Ella se detiene y reflexiona por un momento hasta que enfoca sus ojos apenados hacia la mirada esperanzada de su interlocutor negando con la cabeza.

-¿Lo ves bonita? estoy aquí para librarte de esa confusión que nubla tu vida.

Tras una breve pausa le abre la puerta acompañando su oferta con un suspiro de resignación. Mientras la sigue al interior del piso, Genaro contempla sorprendido el descomunal tamaño de su trasero, rasgo propio, por otra parte, de su exótica raza. Sus redondas nalgas tensan la fina tela de un cortísimo pantalón rosa que no alcanza a cubrir ni un centímetro de sus muslos, los cuales articulan lentos pasos a través de sus pies descalzos.

Tras rehusar la oferta cafetera de la chica, el buen samaritano se acomoda en el salón y empieza a ilustrarla con las grandes verdades de su credo. Noma abandona poco a poco su actitud condescendiente vencida por la amabilidad de su invitado y escucha sus relatos con interés. Genaro es un buen orador y no escatima facultades para cautivar a su oyente que aún así tiene una actitud poco participativa. Después de un ameno repaso por las fábulas más pintorescas de la religión católica toca empezar con las moralejas:

-Esa es la clave Noma, el camino recto te llevará a la felicidad más plena y Cristo es la luz, la luz que te guiará lejos de las tentaciones pecaminosas de una vida descarriada-

-Pero señor Genaro: las personas no somos santos, todos mentimos y tenemos cosas pequeñas y eso no dice que somos malos-

-No todos. Nuestra fe no solo te prohíbe pecar, sinó que gracias a ella comprobarás que no lo querrás. No lo necesitarás. Solo se trata de ver las cosas tal y como son-

-Yo no creo como usted. Por ejemplo, mi hermana grande necesita apuestas, y la otra hermana no tan grande bebe mucho alcohol… pero son buenas.

-¿Y tú? ¿Noma? ¿Cuál es tu pecado?- levantando las cejas.

-A mí me gusta mucho… sexo- susurrando esta última palabra.

Genaro se ve sorprendido por un inesperado bochorno, pues no esperaba esta respuesta. Ella se percata de lo impertinente de su confesión ante un hombre tan religioso y baja la cabeza con cierta perplejidad. Tras un silencio que parece eterno esboza un “perdón”

-No, Noma, no tienes que disculparte por responder a mi pregunta. De hecho, es necesario saber cuál es el pecado para lograr borrarlo de tu vida y ser premiada por tu pureza- argumenta él sin superar aún su desconcierto.

Ella hace morritos con sus carnosos labios mientras levanta poco a poco su cabeza sin apartar los preciosos rizos de pelo castaño que cubren parcialmente su rostro. Recupera el contacto visual proyectando una mirada de lo más sugerente y susurra:

-Pero: ¿y si yo quiero ser pecadora?- llena de picardía.

-Noooo, debes superar la tentación para ser alumbrada con la luz divina- como si le hablara a una niña pequeña.

-Todo el mundo cae en tentación cada día: fumadores, comedores, folladores…

-No, te equivocas, yo hace más de 20 años que no caigo en ninguna tentación-

-No creo eso, no es verdad- girando la cabeza para mirarlo de reojo.

-Que si Noma, ¿cómo podría demostrártelo?- ansioso por verificar su pureza.

Ella piensa en un modo y esbozando una sonrisa malévola le sugiere:

-Báñese con migo- picarona

-¿Pero qué dices chica?- atónito

-Soy una chica sucia.

-Pero…- interrumpido:

-Necesito que me laven unas manos puras para curarme- guiñándole un ojo.

Genaro no logra procesar esa situación ni argumentar una réplica.

-Si usted puede bañarme sin correrse me demuestra que gana a la tentación-

-Esa no es la manera Noma- intentando alejarse de tan sinuosa petición.

-Es la única manera señor. Yo no creo que usted pueda. Si yo no creo que usted puede yo no creo que yo puedo. Si usted habla pero no demuestra yo no creo en su fe ni en su dios. Si usted me demuestra que puede yo lo creo y le sigo en su camino de luz-

La expresión paralizada de Genaro delata su conflicto interior: puede que el diablo se sirva de esa joven para intentar torcer su rectitud pero ¿a caso no puede superar cualquier prueba del destino?¿Qué hay más importante que salvar a esa chica del pecado?… aún así: ¿pero es que no hay otro modo?

-Hagamos una cosa, ven este domingo a la iglesia y…- sin lograr terminar de nuevo.

-Yo vengo, si, pero solo si usted me demuestra- sintiendo la paella por el mango.

Genaro no puede tolerar que la cobardía empañe su determinación. Su misión es lo que da sentido a su vida. Nunca ha dudado en hacer lo necesario para salvar una a una todas las almas que intenta rescatar en su camino y esta no será una excepción. Se siente casi como un ángel y esta situación a la que se enfrenta le evoca algunas de las divinas estampas de la lucha: un lado teñido de azul celestial contra el otro, ilustrado por la rojiza y pérfida esencia del mal. Abandona sus divagaciones para situar a la chica en el vértice de su campo visual de nuevo. La encuentra expectante y percibe la diversión en sus ojos.

-¿Cumplirás tu palabra si no desfallezco en la prueba?- seriamente.

-Si supera la tentación de follarme yo creeré en usted y le seguiré a su iglesia-

Genaro siente que juega con ventaja ya que hace años que no tiene una triste erección. Se reafirma en sus actos sabiendo que como más dura sea la prueba, más glorioso será su triunfo. No confía plenamente en ella pero su honradez ya no depende de él. Solo está en su mano cumplir su parte y por Dios que sería capaz de mover montañas para conducir a sus ovejas por el camino del buen pastor. Tras un leve chasquido lumbar al levantarse, sigue la voluptuosa silueta trasera de su exótica anfitriona a través de un pasillo que se oscurece a cada paso abandonando la luz del salón. Su andar es lento y aunque intenta sobreponerse, lo que le espera al otro lado de la puerta del baño le da miedo y eso le agudiza los sentidos y hace más notorios los detalles de ese escenario desconocido que le hace sentir muy lejos de casa: las baldosas de piedra antigua, los estropeados marcos de las puertas color turquesa, la textura del blanco roto en las paredes…

Empuja levemente la puerta de madera y de pronto aparece frente a él una amplia estancia iluminada intensamente por la luz natural que entra por las grandes ventanas del techo. No hay azulejos modernos, todo es de piedra y mármol. Se ve antiguo pero limpio y ordenado. Noma está de pie ya dentro de la bañera. Aún lleva puesta su breve vestimenta que defiende a duras penas el honor de sus partes más íntimas. Tiene la ducha en una mano y con la otra comprueba la temperatura del chorro acuático. Cuando está bien caliente empieza a mojar su ajustada camiseta blanca de tiras que no tarda en trasparentar tiñéndose con el tostado color de su cuerpo a modo de segunda piel. Presenciando tan femeninos gestos de tal negra culona mojándose grácilmente, Genaro empieza a dudar de su propia nulidad sexual y augura una dura lucha.

-Venga señor Genaro, se quita la ropa o quiere se moja- con una sonrisa inocente.

No puede permitirse mojar su traje. Piensa en terminar con el asunto cuanto antes y empieza a desnudarse bajo la curiosa mirada de la voluptuosa jovencita. Se siente extraño. No recuerda la última vez que su desnudez tuvo público. Aunque no tiene ninguna intención de impresionarla, no puede evitar sentir vergüenza por el pasivo estado de su miembro arrugado.

Mientras sus pasos lo aproximan a ella, mira humildemente hacia arriba para contemplar el despejado cielo azul y plegar para lograr salir victorioso de tan dura prueba. Parece que Dios haya manejado el destino para que esa desvergonzada chica centroafricana se encontrara en un ático y así poder contemplar desde primera fila ese duelo a través del acristalado techo. La leve sensación de frio empieza a desvanecerse en cuanto sus pálidos pies se sumergen en el cálido y espumoso agua aún con escasos centímetros de profundidad. La chica se acerca a él hasta que su proximidad delata su corta estatura.

-¿Porqué usted es tan alto?- pregunta a modo de protesta. -siéntese-

Genaro se sienta en el amplio borde de piedra notando la pared en su espalda. Ella está muy cerca y sus generosas carnes le acechan libidinosamente. Sus pechos llamarían más la atención si no se vieran eclipsados por sus exageradas redondeces traseras. Apresada entre esos lujuriosos rasgos, su discreta tripita a penas adquiere una leve complicidad erótica coronada por la única burbuja de oxígeno que aún contiene la camiseta empapada y que rellena su ombligo. El agua de la ducha alcanza de lleno a la chica y Genaro sufre las salpicaduras consecuentes, aún así, se siente abrasado por las viciosas llamas que desprenden las libertinas curvas de la muchacha. Un intenso deseo arde en su interior equiparándole con algunos de los protagonistas más atormentados de las escrituras sagradas.

-Antes de limpiar mi cuerpo tiene que sacar mi ropa- susurra Noma.

Aún intentando esquivarla con la mirada Genaro empieza a enrollar la tela desde la cintura hacia arriba hasta liberar sus preciosas tetas resplandecientes. Ella levanta sus brazos lentamente para facilitarle la tarea. El suavísimo tacto de esa piel morena llama la atención de su huidiza mirada que se encuentra de lleno con sus duros pechos a escasos centímetros de su cara. En ese preciso momento, su blando pene abandona su quietud con un primer pálpito. De pronto las intensas sensaciones calenturientas de Genaro empiezan a canalizarse de un modo más carnal rellenando de lujuria su extensión fálica que va adquiriendo, a golpe de latido, una virilidad inédita desde hacía años.

Noma termina de deshacerse de su húmeda camiseta rotando sobre sí misma para darle la espalda al buen pastor mientras él se entretiene a descolgar ese pequeño pantalón rosa. Los movimientos de la chica cruzando sus piernas y curvando la espalda le otorgan más magnitud a la redondez de su esplendoroso culo que sigue emitiendo destellos de luz a cada salpicadura en su parte superior mientras el agua se derrama abundantemente por el resto de sus nalgas como intentando empujar hacia abajo esa última prenda. Notándose traicionado por su propio cuerpo, Genaro intenta desentenderse de sus emociones y empuña firmemente la botella de jabón mientras busca una esponja.

-Nononononononó, esponja no, para esponja ya puedo hacerlo yo- regañándole.

-¿Cómo? es para enjabonarte- perplejo.

-Necesito sus manos puras en mi cuerpo, si no es muy fácil para usted-

Noma cierra el grifo mientras su pretendido mentor se unta las manos de jabón. En cuanto ella lo vuelve a encarar él esparce su viscosidad jabonosa directamente sobre sus firmes pechos negros mientras ella gime suavemente con sorpresa. Genaro se apresura abarcar rápidamente todo su cuerpo para terminar lo antes posible pero el extraordinario tacto de esas preciosas tetas reclaman la atención de sus manos de nuevo y desobedeciendo a su voluntad, estas se entretienen gozosamente.

-Señor Genaro, veo que le gustan mis pechos- susurra Noma.

-No, no, esque, no- deteniéndose estresado.

-¿No? creo que su pene no piensa como usted- entre risas.

-No lo conseguirás- con cierto desprecio.

-No se enfade, aún le falta la parte más difícil- mientras coge la botella de jabón.

Noma parece no tener un solo pelo en todo el cuerpo pero lo compensa con una melena exuberante que, sometida a los efectos del agua, ha abandonado la modulación de sus rizos para convertirse en un atributo de lo más salvaje y desaliñado.

-Ponga las manos-

La chica vierte abundante flujo en sus palmas y tras dejar caer el envase se le acerca y lo dirige para que él alcance su desproporcionado culo a través de un abrazo. Mientras Genaro intenta abarcar sus imponentes nalgas con sus resbaladizas manos, nota como su más que completa erección sacude su honor a modo de alarma roja y, sintiéndose prisionero de las caricias de Noma en sus hombros y en su cuello enfoca su pensamiento en un pasaje de la biblia: “fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también, juntamente con la tentación, la salida, para que podáis soportar” –Corintios 10:13–

Genaro es víctima de un tremendo desgarro en su ser causado por la arrolladora seducción de Noma frente a su férrea devoción católica. El divorcio entre su mente y su cuerpo resulta inaudito, hasta el punto en que pierde el control sobre su propia motricidad. Atónito no puede evitar empaparse del tacto mojado de esa tremenda muchacha mientras sus propias manos descontroladas se afanan en reconocer todas sus sugerentes formas con gran avidez. Por si fuera poco ella lo alenta con una malévola coreografía que lo cautiva arrastrándole hacia la parte más oscura de su propia alma donde habitan bajos instintos que creía desterrados para siempre.

-Límpieme señor Genaro, límpieme bien- entre sugerentes suspiros.

Sin poder parar de manosearla se sorprende a si mismo mordiéndole las tetas. Como viéndose desde fuera experimenta un punto de ruptura que le permite parar esa situación.

-!No!, Ya está. Se acabó- mientras gira la cabeza y aparta sus manos.

-Todavía no me ha limpiado toda señor, falta el culo- con una voz angelical.

-¿Pero qué dices niña? te he enjabonado las nalgas más de lo que quisiera reconocer.

-Noo, se trata de… el centro. Es profundo tanto como mi pecado- con un hilo de voz.

El pobre hombre se siente como un títere sujetado por los diabólicos hilos de Satán, pero no desfallece: “Y esto no es sorprendente, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” se repite mientras le mete el dedo gordo en el culo. Ella esboza un suspiro nacido del placer al notar esa intrusión:

-ooh, ¿Que habla? mm, no soy Satán, aah, no soy ángel de luz, mm, solo soy ángel oscuro. Oscuro pero bueno- mientras busca sonriente la huidiza mirada de su víctima.

Genaro la contempla por fin y cautivo de su encantadora sonrisa y de la proximidad de sus exuberantes curvas baja momentáneamente la guardia. Sin proponérselo, sus dos manos vuelven a pegarse a ella a modo de imán profiriéndole un combo de firmes caricias. Su vigorosa polla se contrae juguetona como suplicando atención. Actúa abstraído fundiéndose con Noma hasta que su arrinconada decencia le pide auxilio. Mira de nuevo el cielo tras los cristales y siente el desprecio de Dios que ningunea su voluntad. Se siente zarandeado y degradado.

No se considera racista pero concibe la raza de ese ángel negro como primitiva y secundaria. No se considera misógino pero considera débil y deficiente a la mujer. No se considera arrogante pero asume que su edad le confiere una sabiduría y una inteligencia muy alejada del alcance de una chica joven y negra saturada de instintos animales, guiada por una abrumante ignorancia. Todo eso hace su derrota más humillante. Noma le humilla mientras le muerde los labios restregándole sus gloriosos encantos y trasmitiéndole con su cálido aliento su particular inhibidor de cordura.

-Mi pecado es… es muy hondo- con largas respiraciones.

-Que quieres de mi !oh Señor!- sin poder librarse de ella.

-Es muy hondo. No llegas a limpiar con los dedos- sonriendo con ligereza.

Sintiendo las pecaminosas manos de la chica manejándole, Genaro intenta huir de esa realidad infranqueable cerrando los ojos y repitiendo sus pasajes:

-“si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno“…

Pero Noma sigue por su cuenta en otro plano:

-!ooh! !oooooh! !siiii! !!dentro toda!!- con un creciente desahogo.

– “si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno“.

Como rechazado divinamente de su plano espiritual, Genaro se ve escupido y regresa de golpe a la chocante realidad. Los lejanos y esotéricos gemidos de Noma que parecían seguirle de lejos en su nube de abstracción se han vuelto crudos y cercanos. Desorientado completamente por unos momentos, logra reconocer su situación horizontal. Parcialmente sumergido nota como las enormes nalgas de su contrincante, que le da la espalda encima de él, botan sobre su cintura violentamente. Su polla esta tan dura que apenas logra percibir su trayectoria anal más allá de una tensión extrema de sus tejidos. Los gritos de la chica parecen ser en su idioma natal aún sin articular palabra. Sus movimientos acelerados transportan la acción al terreno más depravado de dicha fornicación.

Ella se sujeta con ambos brazos en los bordes de la bañera para lograr imprimir aún más energía a sus movimientos que llegan a adquirir connotaciones atléticas con tanto esfuerzo. Afectada por tan agresivo movimiento, la grasa de sus nalgas fluctúa de un modo inverosímil dotando a su culo de infinidad de formas fugaces. Tras una inesperada desenvainada accidental ella aprovecha para reposar unos segundos y volverse lentamente. Genaro teme que ella le encare mostrando el horripilante semblante descompuesto de un demonio infernal pero, en lugar de eso, reaparece el más bello rostro nunca visto, más que el de cualquier ángel paliducho y asexuado. El intenso flujo sanguíneo dota a sus coloreados mofletes un tono aún más vital y una mirada limpia se asoma entre los mechones mojados de un pelo alborotado. Una hilarante sonrisa es el preludio de un cálido beso salivado acompañado con suaves caricias. De pronto levanta el torso irguiendo sus preciosos pechos mientras se apresura a sujetar la polla de su invitado para introducírsela cuidadosamente de nuevo en el culo.

La progresión de sus movimientos es exponencial y pronto el va y ven de sus tetas reclama la sujeción de las manos de Genaro. Noma no intenta disimular su diversión mientras mueve sus caderas a modo de batidora para enriquecer la profunda penetración que le profiere su presa. Las manos de él no dan abasto y se desatan golpeándola con fuertes palmas en las nalgas. La chica lo folla tan bien que lo lleva al clímax desterrando toda su culpabilidad cristiana. Genaro galopa sobre una nube de disfrute muy por encima de los aposentos de Dios que ahora tiene que levantar la vista para mirar con envidia a su intrépido devoto.

Ella goza tanto como él y se corre una y otra vez sin detener su trepidante cabalgada. Lejos de intentar disimular sus orgasmos los proclama rompiendo su voz en agudos hasta ofender a los recatados vecinos. El agua salpica por doquier mientras los jadeos de ambos empapan la estancia de lujuria. Noma se muerde los labios por un momento lanzándole una mirada desafiante al intensificar su esfuerzo. Él intenta sujetarla con fuerza mientras nota como esa jovencita obra el milagro en él y domina las aguas de su Mar Rojo interior, no para separarlas, sino para hacerse con ellas. Puede que no sea rojo, puede que sea un mar blanco el que se conjura en su interior para rellenar el culo de esa negra.

-!!!Ya vieneee, ya vieneee!!!- con una voz irreconocible rota de entusiasmo.

-!!Oh sii!! !!!siii!!! !!!fólleme señor!!!- casi sin aire.

Una explosión torrencial de dimensiones bíblicas fluye por su polla inundando el hondo pecado de Noma con la semilla del buen pastor. La sensación de placer es tan intensa que arrolla la consciencia de Genaro a un limbo alejado del espacio y el tiempo.

****

Un fuerte sobresalto le lleva a través de una vertiginosa caída al mundo real. Al volver a abrir sus parpados nota como la luna contempla su desnudez bajo un manto estelar. El silencio y la oscuridad gobiernan el baño que da lugar a su soledad. Se levanta e intenta mantener el equilibrio sobre pasos llenos de confusión pero no lo logra y cae resbalando cómicamente al suelo todavía mojado de agua fría. Avergonzado gatea hasta su ropa para cubrir sus impúdicas carnes mientras empieza a recordar todo lo sucedido. Se nota el pene adolorido. A las pálpenlas logra encender la luz buscando algún rastro de Noma. No logra entender como ese ángel oscuro le ha abandonado en una situación tan poco decorosa. De pronto ve algo en el espejo, algo escrito que debía de resultar muy visible con esa humedad ya lejana:

“mi pecado es muy hondo para usted”

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