Mi prima, mi secretaria y los secretos.

Me sorprendió que María me llamase a la hora de comer, no era normal recibir la llamada de la esposa de mi mejor amigo y prima segunda por parte de madre, y menos en días de trabajo.

– Si dime María – conteste un poco distraído absorto por lo números que tenía ante mí procedentes de los últimos estados financieros que debía de mandar a Roma esa misma tarde y tras haber visto su nombre en la pantalla del móvil.

– Juan…. Juan – María lloraba y no lograba articular las palabras

– María, cálmate, dime ¿ha ocurrido algo? – dije olvidándome de mis papeles y haciéndole caso.

– Juan

– Si dime.

– Juan, los he visto.

– ¿Has visto que?

– Los he visto follando – me tembló el cuerpo al oír eso.

– Pero María, ese vocabulario por favor.

– Los he visto follando – repitió

– ¿A quien has visto follando?

– A Luis y a Julia – nuestra amiga me estaba contando que había visto follar a mi mujer y a su marido.

– Venga María, eso no puede ser – dije yo bastante asustado.

– Si, te lo juro – me dijo entre lagrimas.

– Venga, María, te habrás equivocado.

– No, te lo juro. Me encontraba con un terrible dolor de cabeza y fui a casa antes de tiempo. Según abrí la puerta oí unos gemidos, pensé que era cosa de la tele, pero la tele estaba apagada, después pensé que serían de la casa de un vecino, pero no, los gemidos venían de mi cuarto. Abrí la puerta sigilosamente y efectivamente venían de ahí.

– ¿Y?

– Y allí estaba tu queridísima esposa cabalgando a mi marido mientras el cabrón de el le agarraba esas birriosas tetas que tu mujercita tiene. Saqué el móvil y les grabé hasta que me vieron. Luis, apartó a Julia de encima de él e intentó decirme algo. Julia se puso a gritar que no la grabase.

– ¿Y? – preguntaba yo alucinando.

– Salí corriendo de la casa seguida por ellos que no pasaron desnudos como estaban más alla del descansillo.

– ¿Dónde estas?

– Tomando un wiskey doble en un bar cerca de casa. No se que hacer.

Después de hablar durante medía hora finalmente colgué sin saber muy bien que hacer. Tenía 12 llamadas perdidas de mi mujer, pero no me atreví a llamarla ni a coger las siguientes tres llamadas que sonaron en mi teléfono.

El famoso video entró en mi terminal, y efectivamente mi mujer completamente desnuda bombeaba su cuerpo contra el duro nabo de mi ya examigo mientras este le magreaba sus pechos. Me dio un mareo al verlo que coincidió con una llamada entrante de Julia. Descolgué el teléfono.

– Juan, si te llama María la Luis, no hables con ella antes de hablar conmigo – me dijo sin darme tiempo a contestar.

– Ya he hablado, es más me ha enviado un video que lo explica todo – espero que entiendas que esta noche no iré a casa.

– Pero me tienes que dejar que me explique.

– El video lo explica todo – y colgué.

Fue realmente duro hacer el checkin esa noche en un hotel cerca de la oficina. Estaba en shock por lo que no pude conciliar el sueño. Mi cara era un poema cuando llegue a la oficina por lo que mi secretaria no tardo en darse cuenta que algo pasaba. Las mismas ropas, la cara de no haber dormido.

– ¿ayer de fiesta Juan?, no es típico de ti – me pregunto con una sonrisa.

– No – contesté secamente

Pasó la mañana y Elena entró en mi despacho.

– A ver Juanito, a mi no me engañas que son muchos años juntos. Algo ha pasado y no quieres contármelo. Te llevo observando toda la mañana por la cristalera y estas ausente – la miré a los ojos y le pedí que se sentase.

– Siéntate. Ayer me enteré que Julia me era infiel y hoy he dormido en un hotel.

– ¿Pero como? – yo más o menos le conté los detalles y hablamos durante un par de horas, la verdad es que al principio se lo comenté lo más resumido posible, pero según iba contando incluso mi vocabulario fue volviéndose más soez.

A la salida del trabajo Elena me acompaño a comprar muda, una camisa y una corbata para pasar una nueva noche en el hotel. Insistió en que cenásemos y después de una procesión por todo bar que encontramos abiertos, me acompañó a la puerta de mi hotel. Por un segundo se me pasó por la cabeza invitarla a subir a tomar algo. Elena estaba muy buena y después de años trabajando teníamos una gran complicidad. Ella siempre y obviamente había estado secretamente enamorada de mi aunque nunca dio un paso que lo delatase, era más que obvio o al menos eso quería pensar yo. Me lo pensé dos veces y me abstuve de proponer nada. Tampoco era cuestión de joder la única relación con una fémina que en esos momentos se mantenía en pie en mi vida.

A través de unos abogados y después de 30 días instalado en el hotel conseguí que Julia abandonase nuestro piso. Había pedido el divorcio y ya que el piso estaba a mi nombre y ella no había puesto un duro, no me fue difícil que le diesen 15 días para desalojarlo. Ese mes fue un infierno de trabajo, soledad, cenas con Elena y tentaciones de llevármela a la cama como ella creo que esperaba. Incluso para mi y en esas circunstancias resultaba tentador llevarme a la buena de Elena a la cama. La chica siempre ha sido muy comedida, vale que a veces tengo que llamarle la atención por lo excesivos escotes y realmente no sabía como se lo tomaría.

Hablé un par de veces con María, ella también se había separado, que no divorciado por consejo de su confesor. La mujer estaba rota y yo era la única persona en este mundo que lo podía entender.

A nivel familiar, evidentemente se montó la de San Quintín. Tremendo, a mi más o menos me dejaron en paz, todo el mundo confiaba en mi buen juicio, pero a María sé que la machacaron para que no dejase a su marido y le diese una segunda oportunidad que reclamaba. Estas cosas pasan hija, creo que le dijo su madre.

Ya instalado en mi casa deje correr los días. Tenía la necesidad de salir pero en ningún caso tenía ganas de ir a la caza de una mujer, estaba un periodo de luto y por alguna razón me veía en la necesidad de respetarlo.

Un día sin previo aviso cuando me disponía a salir a cenar con unos amigos y estando casi a punto de salir de casa, oí el timbre en la puerta. Abrí la misma y allí estaba María. Parecía un espectro en comparación de la reluciente mujer que siempre había sido.

– Coño María, tu por aquí. Pasa.

– Hola, perdona el asalto.

– Nada. ¿qué se te ofrece?

– Poca cosa, pasaba por aquí y venía a ver si me invitabas a un vino.

María y Luis no tenían hijos al igual que Julia y yo, se habían conocido años atrás en una fiesta en mi casa. Antes del encuentro de mi prima y mi mejor amigo nunca había tenido demasiado trato con ella, pero a raíz de eso nos veníamos con gran frecuencia en cenas y salidas de las dos parejas.

Viendo el panorama, llamé desde mi habitación a mis amigos y con una excusa peregrina cancele la cita.

Puse dos vinos y empezamos a hablar. La verdad es que María después de un par de copas empezó a soltar la lengua. Me contó cosas de los dos que no sabía, que si no había llegado virgen al matrimonio, que si Luis no había sido su único hombre, que si siempre le fue fiel, que si tenía ganas de venganza, que si había tenido que soportar de Luis esto y lo otro.

Hablamos durante horas, María se abrió ante mi y yo ante ella. Nos contamos nuestras miserias pasadas y presentes.

Eran más de las cinco de la mañana y llenos de alcohol y con gran cansancio le ofrecí quedarse a dormir pues no era horas.

Le ofrecí dormir en mi cama mientras yo lo haría en el sofá, mi prima se negó en redondo y me propuso compartir cama.

Le deje una camiseta y una toalla y yo me metí en la cama directamente. María apareció minutos después, la verdad es que nunca la había visto como a la mujer que era y me sorprendieron mucho las preciosas piernas que tenía y como se le mercaban unos voluminosos pechos y sus pezones en la camiseta, no la recordaba yo con tantas tetas. Estaba mal que la viese con esos ojos, pero uno al fin de cuentas es hombre.

Nos dimos las buenas noches y culo contra culo nos dejamos envolver por el sueño. No soy de dormir muchas horas por lo que a eso de las diez me desperté. A mi lado María respiraba rítmicamente, hacía calor y la sabana que al principio nos cubría había quedado a nuestros pies. La verdad es que mi prima estaba preciosa, la camiseta se le había levantado y dejaba a la vista un pequeño tanga rosa por el que salían por arriba y por debajo unos cuantos pelos negros. Creo que era la primera tía desde la universidad que pasaba una noche conmigo y no me la tiraba, pero este caso era especial. Me jodía mira allí donde no debía, pero la verdad es que el pecado valía la pena.

La observé durante horas hasta que se despertó.

Comimos juntos y la llevé a casa a media tarde, la vi un poco triste cuando nos despedimos.

Esa noche iba a salir con Elena, mi secretaria. La verdad es que sabía bastante poco de su vida privada, pero la chica se había apiadado de mi.

Estaba de nuevo a punto de salir cuando me llamó María.

– Hola.

– Hola María

– Perdona que te moleste.

– Nunca me molestas.

– Te llamaba para darte las gracias por lo de ayer.

– Fue un placer.

– El placer fue mío. ¿que haces hoy?

– ¿Hoy?, bueno, voy a salir.

– ¿me puedo apuntar?

– ¿Perdona?

– Si, que si me puedo unir. Voy a estar en casa sola y necesito entretenerme.

– Bueno, voy a salir con mi secretaria, espera que le llamo.

– Ah, no perdona, no quiero interrumpir.

– ¿por qué vas a interrumpir?

– No se, si tienes una cita, no querrás una carabina.

– J aja, ni mucho menos, ni mucho mucho menos. No tengo nada con ella aunque llevo trabajando muchos años con Elena, pero es mi secretaria y simplemente me ha visto fastidiado y me ha ofrecido quedar hoy.

Llame a Elena y le confirme a María que no había problemas. Por un tema de logística Elena pasaría a buscar a María y luego vendrían a por mi. Habíamos creado un grupo de Whatsapp para la salida y nos íbamos los tres informando de los horarios. Elena debía de pasar por María a las 21 de la noche, a las 21:15 debían de recogerme.

A las 21:10 me entró un mensaje diciendo que ya estaban juntas pero que iban a tardar un poco porque tenían que hacer una cosa. Llegaron a las 22.

Me quedé de piedra cuando vi a las dos. Estaban ambas guapísimas, muy arregladas, pintadas y con dos grandes escotes. Salimos corriendo pues se nos pasaba la reserva del restaurante. Jamás me había imaginado a Elena con esas pintas, pero desde luego lo de María me dejaba planchado.

La cena fue fantástica, las chicas habían congeniado y el alcohol había cumplido su misión. Íbamos ya por la segunda ronda de copas cuando amabas me confesaron que María bajó vestida con unos simples vaqueros y una camisa y en un ataque de espontaneidad Elena la convenció para que subiesen a su casa y se vistiese para la guerra.

– no veas lo cortada que estaba cuando la hice quedarse en ropa interior y le elegí la ropa. Hay que ver con el cuerpazo que tiene para el pecado y lo recatada que es – dijo Elena, yo me quedé alucinado por su sinceridad.

Reímos y abandonamos el restaurante los tres cogidos de los hombros.

Empezamos a eso de las 12 una procesión por distintos bares y discotecas. Bebimos como leones, las chicas bailaron como descosidas, se insinuaron a cuanto se les acercaron y se rieron de la mayoría de ellos. Me estaban haciendo mucha gracia la situaciones que se creaban

Tanto Elena como María se pusieron a pastelear con un par de maromos, los típicos chulitos de discoteca, yo ante la situación me puse a hablar con una chica fuecha que se encontraba sola en una esquina.

Las chicas parecían pasárselo bien con los chicos y viendo que el juego había cambiado yo no deje de atender a Lourdes, la chica antes mencionada.

Elena y María desaparecieron y en el fondo me alegré que mi secretaria hubiese sido tan buena influencia para mi prima. Me alegraba que hubiesen ligado con esas dos y que María matase parte de sus fantasmas.

Tragando un poco de saliva convencí a Lourdes para acompañarme a mi casa, me sorprendió encontrarme cuando salíamos pidiendo una copa a los dos acompañantes de mis chicas. Finalmente no iba María esa noche a matar ningún fantasma.

El sexo con Lourdes fue bastante aburrido, la chica no solo era muy sosa fuera de la cama, sino que también lo fue dentro de ella. Lourdes era una especie de estrellita de mar en la cama, no es que yo fuese un león en la cama, pero esa chica simplemente se abrió de piernas y brazos y se dejó hacer. Me corrí en su barriga poco antes de quedarme dormido. Cuando desperté ya no estaba en casa. No fue hasta la hora de comer cuando me pregunté fugazmente si se habría llegado a correr entre mis brazos.

Pasé un domingo tranquilo y el lunes me encontré con Elena en la oficina. Me dijo que se lo había pasado de fabula el sábado y me agradecía que le hubiese presentado a mi prima.

Pasaron los meses y cada cierto tiempo Elena me iba comentando sobre su cada día más estrecha amistad con mi prima. Me alegraba que hubiese encontrado a una amiga y esperaba que Elena la llevase por el camino de la perdición, algo que seguramente le iba a ir bien. Creía que con María debía abrir un poco la manga de lo que en otras ocasiones hubiera opinado.

Por mi parte la vida seguía igual. Mucho tiempo para mi, alguna salida y algún polvo con alguna chica que iba conociendo. Como suele ser habitual en estos casos, la gente se volcaba en presentarme a mujeres. Sinceramente había de todo, unas que no había por donde cogerlas y otras que eran autenticas maravillas. Como digo me acosté con varias, incluso a alguna la vi más de una vez.

Había quedado con Salome, una pelirroja a la que llevaba ya unos meses follándome. Estaba arreglándome para salir a recogerla cuando me llamó por teléfono, sabía que tenía la regla, como había pasado un par de veces antes en la que la había penetrado bucalmente siguiendo sus instrucciones, pero en esa ocasión según me decía le estaba matando la barriga y me pedía si podía dejarlo para otro momento.

Allí estaba yo a medio afeitar y sin plan que llevarme a la boca. Llame a unos y otros pues tenía cuerpo de fiesta y lo único que logré fue unirme a la cena de dos matrimonios amigos. No era el mejor plan, pero era el único que tenía.

La cena fue un rollo y cuando pensaba que se acababa, y más por mi que por ellos, propusieron tomarse unas copas en una discoteca cercana.

Por sus caras, sobre todo los de ellas, estaba claro que aquello iba a ser una copa rápida y a casa. Fue entrar y encontrarme de bruces con Elena.

– Hombre Elena, ¿qué haces tu aquí?

– Holaaaaa, que alegriiiiia – me dijo emocionada – estoy aquí con tu prima y unos amigos, ven que te los presento.

Me cogió de la mano y me hizo cruzar la discoteca casi en volandas.

– holaaaaa –gritó María cuando me vio, las chicas estaba como speedicas – ¿qué haces aquí?

– He quedado con unos amigos y hemos acabado aquí.

– ¿Quiénes son?

– Aquellos – señalé a mis amigos.

– ¿Esos?, esos te van a dejar solo en nada. Deja que te presente – me dijo mi prima.

Y me presentó a un grupo de chicos y de chicas más o menos de nuestra edad.

Estuve hablando con ellos hasta que mis amigos con los que había cenado se vinieron a despedir.

– Bueno Juanito, se ve que te vas a quedar con nosotros.

– No, se, creo que va a ser mejor que me vaya con ellos.

– Noooooo – dijeron todas las chicas a unísono haciendo que me quedase.

Aquella fue una noche larga, pasamos por mil bares y discotecas, todo el mundo estaba animado y bailaba y bebían como locos.

Una de las amigas de mi secretaria me dio un pico en la boca, la chica estaba buenísima y la verdad es que me vi con ella en la cama, desde luego era una descarada, pero hay noches y noches. La idea no era mala pero enseguida me di cuenta que se lo estaba dando a todos, chicos y chicas, por lo que el mío no fue nada excepcional para ella.

Era una situación curiosa, estaba animado pero los que están alrededor estaba como locos, tarde pero finalmente me di cuenta que aquella pandilla llevaba toda la noche yendo y viniendo al baño por parejas, incluidas mi secretaria y mi prima.

– joder María, no me digas que os estáis poniendo.

– No seas mojigatos Juan, es solo una noche.

– ¿desde cuando conoces a estos?

– Desde hace meses.

– ¿sales mucho con ellos?

– Si, casi todos los fines de semana

– ¿Y siempre os ponéis?

– Noooo – me mintió. Joder quien la había visto y quien la veía. ¿dónde estaba aquella chica rota que se quedó a dormir en mi casa?, Elena había creado un monstruo. La verdad es que flipaba por que no me imaginaba a mi secretaria de tantos años con este tipo de vida y menos a mi prima. Era alucinante verla bailar con ese vestido tan ajustado, con sus tetas a punto de escaparse por ese mega escote que llevaba.

La noche acabó en casa de uno de los del grupo. La verdad es que allí nadie se cortó un pelo, los picos, incluso los morreos volaron, las copas caían y aquello no decayó hasta que la última papelina de coca se terminó. Sinceramente no sabía si decir que estaba en la gloria o que totalmente escandalizado. Me quedaba flipando cuando Elena y María se picoteaban la boca y más aún cuando las veía morrearse en plan profundo metiéndose las lengua hasta las amígdalas. Desde luego las chicas no tenían vergüenza ninguna.

Las chicas se sentaron una a cada la lado mía trayéndome una copa nueva.

– Que Juanito, ¿qué tal te lo estas pasando?

– Muy bien, curiosa noche. – contesté riéndome.

– La putada es que le queda media hora, estos sin farlopa se vienen a bajo en nada – dijo Elena.

– Pues que putada porqué me lo estoy pasando fenomenal y aun tengo cuerpo para más – dijo María.

– Si vamos a mi casa, creo que tengo algo de coca – dijo Elena.

– Pssss no digas nada porqué como se enteren estos se vienen en masa a tu casa. Menudos son – dijo María bajando el tono.

Nos levantamos, nos despedimos y salimos. La verdad es que en partes de la noche pensaba que tenía chance con alguna de las amigas de mis chicas, pero a lo largo de la noche me di cuenta que más o menos el pescado entre esos estaba más que vendido.

En el coche me contó Elena que les conocía desde hacía años, que era una pandilla de viciosos pero muy divertidos como pude comprobar. Me contó que al finalizar la noche se acaban liando unos con otros. La verdad es que no quise preguntar sobre ellas, pero lo cierto es que a pesar que lo de la coca no me gustaba, lo que follasen y con el pedo que llevaba me parecía logico.

Elena y María se dieron unos picos en el garaje y ante mi asombro se dieron un buen morreo en el ascensor antes de que la puerta del mismo se abriese, tal y como iban les importaba bien poco mi presencia.

Elena no hizo ponernos cómodos. Puso tres copas y nos las sirvió, se ausentó un segundo y volvió con una papelina de cocaína. Puso tres rayas que las chicas se metieron inmediatamente, yo me lo pensé y a pesar de mis ideas agarré el billete enrollado de 50 euros me metí la que quedaba de un solo tirón.

Las chicas empezaron a hablar como si el mundo se fuese a acabar, la verdad es que ambas estaban aceleradas y no paraban de hablar. Según las copas iban cayendo y la papelina de cocaína bajando, ambas chicas se fueron acaramelando y dándose largos morreos y multitud de picos, al principio pensaba que era fruto del desmadre pero empecé a sospechar cuando me di cuanta que la mano de Elena estaba metida dentro de la falda de María.

– Perdonar el atrevimiento – pregunte fruto de la droga y el alcohol.

– No va a haber nada que perdonar.

– Bueno, una duda. ¿Vosotras dos estáis liadas?

– Hombre tanto como liadas – dijo María riendo.

– Se puede decir que nos divertimos juntas en muchos campos – dijo Elena dando un largo morreo a su amiga.

– Y…. ¿desde cuando? – pregunté ya que estábamos.

– Puessss, díselo tu Elena – dijo María.

– Ja, ja. Te va a gustar.

Elena me contó como los dos chicos esa primera salida de copas los tres juntos, les propusieron ir a casa de uno de ellos literalmente a mantener relaciones sexuales. María dudaba, pero Elena sabiendo lo necesitada que estaba y las ganas que ella misma tenía, convenció a mi prima de ir.

Estaban ya en la calle cuando por casualidad María le preguntó a uno de ellos como era la casa, y este les dijo que era un estudio. María se quedó paralizada, esos dos pretendían que los cuatro tuvieran sexo a la vez, a Elena no le parecía mal, pero María se negó en redondo. Lo discutieron un rato y no queriendo forzar las cosas Elena, despidió a los dos Casanovas.

Las dos chicas se quedaron en la puerta de la discoteca sin saber muy bien que hacer. Elena quería entrar a buscar a otros dos, pero María estaba un poco confusa. Finalmente entraron y viéndome tan acaramelado con la chica aquella, decidieron dejarme e irse.

Elena invito a María a tomar la última a su casa.

Elena iba oficialmente salida y así se lo dejo saber a su nueva amiga, y no fue hasta que ya se había tomado dos copas cuando María le confeso que necesitaba una polla como agua de mayo. Necesitaba sentirse deseada y ser penetrada duramente. Le confesó que desde que su marido la traiciono por alguna extraña razón estaba especialmente salida. Le confesó que el día anterior si yo hubiese intentado algo se hubiese dejado follar a pesar de ser una locura. Llevaba ya demasiado tiempo sin follar y ya era hora. Luis, su ex se la follaba constantemente y era lo que más echaba de menos de todo el lio en el que se había metido

La conversación fue subiendo de tono, ambas chicas se encontraban cómodas la una con la otra.

– Joder Elena, porque me gustan las pollas que sino me lo haría contigo.

– Bueno María de mi corazón, eso tiene arreglo.

– ¿Arreglo?. Hace como 20 años que no me masturbo en grupo con otra chica. Desde mi años de instituto en la que nos hacíamos dedos mi amiga Luz y yo, cada una en una esquina de la habitación, eso si. No he vuelto a hacer nada así – confesó María.

– No que va, bueno. Tu simplemente desnúdate y espérame aquí.

– ¿Cómo me voy a desnudar delante tuya?

– Bueno estrecha, hace unas horas estaba en suti y tanga delante mía, y te he visto mear como 4 veces en lo que va de noche.

– Pero eso es distinto.

– ¿quieres bajarte el calentón o no?

– Si.

– Pues desnúdate y espérame aquí.

Elena desapareció en su habitación y volvió a los pocos minutos completamente desnuda y con algo en la mano. María les esperaba desnuda pero tapando sus partes rosadas con sus brazos y piernas.

– no seas estrecha, destápate y quiero que te masturbes usando esto – y Elena le dio un vibrador.

– ¿Estas loca?

– No, en serio, no vas a ser la primera que vea masturbarse y de hecho no voy a ser la primera que te vea.

– Pero, nunca he usado uno de esos.

– Va veras. Es fácil.

Y María encendió el vibrador con curiosidad, abrió sus piernas y poco a poco empezó a pasar la punta por su clítoris.

– ¿estará limpio? – le preguntó con curiosidad a su nueva amiga.

– ¿tu que crees? – le contestó Elena con una sonrisa

Le costó un poco coger el ritmo pero cuando cogió velocidad de crucero empezó a darle a manubrio como una loca. De pasar la punta por su hinchado botón del placer había pasado a meterse la tranca metálica hasta el fondo. Elena no pudo resistirlo y empezó a su vez a tocarse parando sus dedos por su raja y pellizcando sus pezones.

María se corrió entre aspavientos y violentos espasmos.

– ahora viene lo mejor – María la miró y presenció como Elena se levantaba y cogiendo ese gurruño de cosas que descansaban en la mesa al lado suyo empezó a desenvolverlo.

– ¿qué vas a hacer?

– No se si has visto alguna vez esto.

– ¿Un arnés?

– Si, pero uno especial, me lo trajeron de Estados Unidos. Los de aquí tienen una polla que salé, pero este tiene la misma polla que se mete en tu interior.

– ¿Cómo?.

– Espera – y Elena abriendo sus piernas empezó a introducirse hasta el fondo una polla de goma de unas proporciones muy respetables. Lo movió un poco mordiéndose los labios y cuando este estuvo encajado cerró las correas alrededor de su caderas y dio un par de tirones de la polla que ahora le caía de su pelvis. María miraba boquiabierta – abre las piernas.

María abrió sus piernas y Elena las cogió con suavidad y se las puso sobre sus hombros. Mi prima quedó totalmente abierta. Elena le quitó el vibrador de dentro y poco a poco empezó a meter aquella monstruosa polla de látex.

Aquello era mucho más grande que el nabo del cabrón de su marido y estaba segura que las probadas antes de su matrimonio tampoco habían tenido aquel calibre.

Cuando la polla estuvo metida Elena empezó a mover su cadera y ambas empezaron a gemir como locas. Fue María la primera que tocó una de las tetas de Elena, contestado por esta agarrándole con ambas manos las hermosas tetas de mi prima. María también fue la primera que le metió sus dedos en la boca a Elena y esta la primera que se decidió por besar a María.

Follaron como locas y en todas las posiciones. La ventaja de aquel arnés era que siempre estaba dura y que no se bajaba cuando un orgasmo se cruzaba en sus movimientos. María había perdido toda vergüenza y pedía posturas nunca probadas con su marido. El coño el ardía por el flotamiento, pero no podía parar.

Todo parecía acabado cuando Elena le sacó el juguete de su coño para que fuese ella quien se pusiese y llevase la voz cantante. A pesar de las ganas de dirigir aquello, en cuanto empezó a meterse la polla interior se dio cuenta que en frio metérselo la mataba de dolor.

Elena se levantó y moviendo el culo entró en su habitación y salió con una papelina de coca. Puso dos rayas y cogiendo un poco entre sus dedos se los extendió en el coño de su nueva amiga.

Era la primera vez que María probaba la coca tanto en su coño como en su nariz y si aquella sesión de sexo había sido insuperable con la droga se superó.

Follaron las dos hasta llegado el mediodía del domingo. Comieron un poco y viendo que si se metían en la cama iban a desgraciar su sueño para el resto de la semana, volvieron a fornicar hasta bien pasadas las ocho de la tarde. Se besaron con dulzura cuando María con una sonrisa se despidió de ella para volver a su casa. No habían dormido nada.

No se vieron hasta el viernes siguiente en el que Elena llamó a María para salir. De nuevo la noche se prolongó hasta altas horas de la mañana cuando ambas nuevas mejores amigas acabaron en la cama de María con un recién conocido. María aquella noche probó los fluidos de Elena y complacida ofreció los suyos a mi secretaria. El chico se fue totalmente satisfecho a su casa.

Desde entonces se habían visto todos los fines de semana y todos los fines de semana ambas pasaron de orgasmos a orgasmos. A veces acompañadas y a veces solas.

En solo seis meses, María había pasado de ser una triste abandonada a una hembra sedienta de sexo y orgasmos, sexo y orgasmos que le proporcionaba su amiga.

Yo estaba boquiabierto con las revelaciones que ambas me relataban.

– Joder, ni me imagino el arnés – les dije una vez terminada la historia.

– Ja ja, espera que te lo enseño – me dijo Elena levantándose y dirigiéndose a su habitación dando tumbos. Volvió con el aparato y me lo enseñó. Yo lo miré con curiosidad.

– ¿Y como funciona? – pregunté un poco para picarla.

– Trae que te lo enseño – y levantando sus faldas, se bajó las bragas, abrió sus piernas y poco a poco empezó a meterse el nabo. Cuando la tuvo dentro intentó cerrar las correas pero la ropa se lo impedía – joder nunca me había puesto esto vestida, espera un segundo – me dijo mientras se soltaba la minifalda, la dejaba caer y cerraba las correas – y ya ves, esto lo meter donde tengas que meterlo y mientras lo metes y sacas a su vez a ti te mata de gusto pues a ti también te entra y te sale. Una pasada.

– Una pasada – dijo María.

– Ya veo. Así ya me hago una idea.

María se metió una nueva raya y bajándose las bragas y levantando su falda le dijo a Elena

– Métemela un rato Elena.

Y Elena me sonrió y apuntando aquel impresionante nabo al depilado coño de mi prima se la metió hasta el fondo de un solo golpe, María gimió.

– joder con la mujer engañada – pensé – hasta se ha depilado el coño – seguí pensando.

Cuando me quise dar cuenta María se había abierto la camisa y había sacado sus dos grandes tetas del sujetador. Ambas luchaban por sobárselas. Mi prima seguía sentada en el sofá abierta de piernas mientras su amiga de rodillas se la endiñaba desde enfrente.

Me la saqué viendo el panorama y empecé a masturbarme poco a poco, sinceramente esperaba que a las dos chicas no les molestase que me la menease en honor al show que me estaban dando.

Las dos parecían estar a los suyos cuando Elena soltó:

– Juan por dios, en vez de perder el tiempo machacándotela, métemela en el culo ahora mismo – jamás había sodomizado a ninguna mujer, de hecho me parecía algo que me daba un poco de noseque, pero era tanto lo salido que estaba que sencillamente me dirigí a la parte trasera de mi secretaria y viendo como esta abría con sus manos sus nalgas, dirigí mi dura polla hacía aquel oscurecido agujero.

Fue una sensación muy agradable ver como mi polla entraba poco a poco en aquella estrecha cavidad y como la punta chocaba a cada movimiento con el falo artificial que se alojaba dentro del coño de la chica. Elena empezó a gemir más que su amante. Le estaba volviendo loco sentirse totalmente llena.

– joder Elena, ya me lo has vuelto a hacer, la ultima vez te dieron a ti por el culo y yo me quedé sin que me diesen lo mío por el culo. Juan por favor ni se te ocurra correrte.

Nos acompasamos muy bien, realmente era extremadamente excitante ver como daba placer a Elena y Elena le daba placer a María.

María se corrió como una loca poco antes que Elena la acompañase, me hubiera corrido yo si María no me hubiese gritado que parase y que ni se me ocurriese correrme sin haberle dado a ella.

Paramos un segundo y nos pusimos unas copas. María y Elena se metieron una nueva raya. Al acabar la copa, Elena se tumbó en el suelo y María empezó a meterse el arnés en su coño, mientras esto hacía, con el dedo gordo de su pie empezó a masturbar a su amiga que empezó a gemir en cuanto sintió el dedo de su amiga acariciar su clítoris e introducirse en su abierta vagina.

Elena abrió sus piernas y María tumbándose sobre ella la empaló con el chorreante aparato de placer. Yo vi mi oportunidad y me dirigí a la espalda de mi prima.

– ¿A donde vas? – me preguntó María ya jadeando.

– Iba a metértela – le dije un poco cortado

– De eso nada, me niego a que me de por el culo un tío siendo esto lo primero que haga con ese tío. Métemela en la boca – y ante mi alucine, le dirigí mi polla a su boca y se la endiñé en su interior.

María no dejo de chuparme el rabo en ningún momento, a pesar de la serenata de gemidos con las que inundaba la habitación. Realmente no hubo de decirme nada, simplemente se la saque de la boca cuando pensé que se moría por sentirse doblemente penetrada. Me supe a su espalda de rodillas y apuntando a su inimaginable año la fui penetrando poco a poco. María al igual que su amiga empezó a gemir como una loca mientras mi falo empezaba a chocar con la polla de goma alojado en su coño.

La cogí de la cadera y empecé a darle de lo lindo incluso hasta mucho después de haberse corrido ambas en varias ocasiones. No paré hasta que desparramé en el interior de sus intestinos.

Me quedé no más de 3 minutos acopado en el culo de María, me hubiera quedado un buen rato más, pero Elena me apuró a que me quitase, por alguna razón pensé que ese era el momento en que las dos me limpiarían el sable juntas, pero antes mi alucine, una vez María se hubiera quitado el arnés ambas se juntaron sobre la alfombra y empezaron a comerse el coño una a la otra.

Se dieron el lote durante más de una hora sin hacerme demasiado caso. Ni idea las veces que ambas se corrieron.

Nos despedimos ya muy entrada la mañana. No daba crédito a mi suerte, no solo me había follado a dos pedazos de jacas sino que esas dos tremendas hembras eran mis secretaria y mi apenada prima. A pesar de mi satisfacción estaba un poco desconcertado, no me había hecho gracia el tema de las drogas ni descubrir la descocada vida de mi prima y de mi secretaria.

Me la machaqué antes de dormirme esa noche pensando en las dos mujeres que me había follado.

Llegué a la oficina antes de lo normal, en realidad me había metido el domingo en la cama pronto, muy pronto y como el lógico me desperté pronto también.

Preparé unos papeles y esperé la llegada de Elena.

Como de costumbre Elena llegó vestida muy recatadamente tal y como exigía su trabajo. Por el interfono le pedí que entrase en mi despacho.

– Hola Juan, ¿qué tal dormiste ayer? – me dijo con una sonrisa.

– Muy bien, ¿y tu?

– Muy bien, María se quedó a dormir y nos dieron las tantas la verdad, pero he dormido bien.

– Me alegro. A ver… me veo en la obligación de darte esto – Elena cogió el sobre que le daba y con cara de no saber que pasaba lo abrió y lo leyó.

– ¿Se puede saber que coño es esto Juan?¿Es una broma?¿Porque no tiene ninguna?

– No, no es una broma, es tu carta de despido. La oficina administrativa de la Conferencia Episcopal no se puede permitir tener en su plantilla a una persona que consume drogas y que tiene una vida tan desordenada como la tuya. No puedo consentir que una persona con mi conocimiento mantenga relaciones homosexuales, sexo en grupo, consumo de drogas, onanismo y mil y una cosas que no casan con la filosofía ni de esta empresa ni de la Santa Madre Iglesia.

– ¿Peeero que me estas contando?, ¿es que se te ha olvidado como me dabas por el culo ayer a estas horas?¿las rayas que te metías? – desde fuera del despacho todo el mundo miraba hacía la cristalera del despacho de Juan.

– Sinceramente no recuerdo nada.

– Esta clarísimo que aquí la gente ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Como era mi costumbre a la hora de comer me dirigí a una parroquia a varias estaciones de metro de mi oficina y en la parroquia de Santa Cecilia me confesé, en ningún caso me confesaba con un cura de mi oficina, por las indiscreciones ya se sabe.

Como cada lunes borré gracias a la confesión los pecados del fin de semana. Siguiendo los consejos de mi confesor esa misma tarde le escribí un email al exmarido de mi prima, algo que no había barajado, contándole la nueva vida de su exmujer y pidiéndole encarecidamente que se lo hiciese saber a su familia política a los ojos de Dios…

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