Mi prima y el porno

Todo emepezó en verano. Mi prima llamada Miriam tenía 10 años yo tenía 7. Las dos hacíamos gimnásia rítmica, solíamos practicar juntas en casa, dado que yo era más elástica ella solía tumbarme boca arriba levantandome una pierna a la altura de mi cabeza y sentarse encima obligándome a abrir más las piernas. Hacia daño pero tenía que hacerlo así me volvia más elástica. Transcurridas unas semanas después del inicio de verano con mi prima cada día calentando y practicando conmigo, mis tíos se fueron una semana con mis padres de crucero. De modo que nos quedábamos con mis hermanos adultos, que nos ignoraban completamente.

Cuando mi prima llegó a mi casa el día que se iban nuestros padres llegó dinstinta, la notaba demasiado contenta. Nos despedimos de ellos y entramos a casa. Era una casa enorme heredada de família. Nos fuímos al otro lado de la casa donde estaríamos completamente solas y listas para el entrenamiento diario. Nos metimos en una de las habitaciones en las que habia ordenadores, se metió en uno de ellos mientras yo me fui a cambiar y ponerme la ropa adecuada. Al llegar vi en la pantalla del portátil que había gente desnuda, al ser tan pequeña no le di importancia.

– ¿Empezamos ya? -le dije sacándola de sus pensamientos mientras miraba la pantalla.

– Sí, pero hoy probemos a hacerlo sin ropa. -comentó sin apenas mirarme.

No dije nada y le hice caso, era demasiado pequeña así que confiaba y le hacía caso en todo. Ella también se desnudo, se alejó del portátil y vino hacia mí.

– Ponte así. -me dijo mientras se apoyaba en la mesa del escritorio y me enseñaba el culo.

Así lo hice, pensando que me enseñaría algun ejercicio nuevo. Noté como me habría las nalgas. Rozó levemente mi entrada trasera, en ese momento solo sentí cosquillas, debido a la edad aun mi cuerpo no sentía placer. Me dio la vuelta e hizo lo mismo con mi vagina, la exploro y hurgó un poco en mi entrada. Llegué a pensar que eso eran como masajes que me ayudarían para los ejercicios de después. Me pidió que hiciera lo mismo con ella, así lo hice, me indicaba donde tocar y explorar los sitios.

Transcurrieron años así, mirábamos porno, mejor dicho la veía a ella mirarlo y luego lo imitaba conmigo. Nunca llegabamos a corrernos ni nada, eramos muy inexpertas.

Después se fue 4 años fuera para llegar mas lejos en rítmica. Cuando regresó ella ya tenía 19 años, yo tenía 16. Cuando la vi pensé en todo lo que hacíamos de pequeñas, ahora lo entendía. Sabía más del tema. Yo hacía tiempo que había dejado rítmica así que no tenía tanta práctica.

– Gina, ¿quieres entrenar hoy conmigo como de pequeñas? -me miró de manera pícara que solo yo pudiera notarlo. Ya que estábamos delante de nuestros padres.

– ¡Vale! -le respondí rápidamente, me encantaba lo que hacíamos de pequeñas, me encantaba tocarla.

Nos fuimos a la habitación de siempre con los ordenadores, solo que esa vez no encendió ningun ordenador.

– ¿Te has besado con alguien más? -me dijo directamente.

– No. Solo lo que hice contigo. -respondí tímidamente.

Me miró de arriba abajo. Yo era morena, de 1,62 y ojos verdes, de cuerpo también era pequeñita, era muy estrecha, sobre todo de cintura, tenía curvas muy bien hechas y un pecho normal tirando a un poco más grande de la media habitual. En cambio mi prima, alta, 1,78, rubia con ojos marrones. Era delgada y firme debido a la gimnasia, pero era hancha de cintura, es decir no tenía mucha curva pero aun asi volvía locos a todos los hombres. Por último, ese pecho… que más decir que tiene previsto ir a una clínica para hacerse una reducción, tiene unos senos exageradamente grandes, tiene muchos dolores de espalda.

Se acercó a mí, reculé un poco debido a la vergüenza. Topé con la mesa a mis espaldas, esa mesa en la que me abrió las piernas por primera vez. Temblaba un poco debido a los nervios. Mi corazón iba muy acelerado. Todo iba demasiado rápido. Apoyó sus manos a la mesa, alrededor de mi cintura y me besó. Habiendole explicado lo anterior me dio un beso lento para que entendiera bien los movimientos, lo capté bastante rápido. Sus pechos se clavaban por encima de los míos. Parecían querer explotar de lo presionados que estaban contra mi cuerpo. Nada más al sentirlos así sobre mi me humedecí al instante. Levanté mis manos de la mesa y las puse alrededor de su cintura, presionándola más hacia mí.

Moví mis manos por su espalda, hasta que agarré su trasero. Lo presioné contra el mío. Al tenerla entre mis piernas esa presión me dio un espasmo, entendí que esa frotación suya contra mi me volvía loca. Así que seguí clavando mis uñas en sus nalgas mientras las atraía hacia mi en un ritmo acompasado. Dejé de poder hacerlo cuando se agachó un poco para besar mi cuello. Que boca tenía… me succionaba débilmente en un sitio, luego en otro y otro… Sus manos se posaron en mi cintura y agarraron la camiseta y me la quitó. También me deshizo el sujetador y lo arrojó al suelo sin ningún cuidado. Su boca fue directa hacia mis pechos, empezó a besarme en medio de ellos. Luego se dirigió a mi pezon derecho y lo succionó. Mi respiración era completamente descontrolada… como después de haber hecho esas cosas tantas veces y por fin entendía el porque se hacían. Tuve un débil orgasmo al sentir la succión seguida de una mordisco, seguía succionando y presionando suavemente sus dientes. Tenía espasmos de vez en cuando, siempre que daba un mordisco. Sentía mis bragas completamente mojadas, hasta resultaba incómodo.

– ¿Notas la diferencia? -dijo ella con temblor en la voz, no solo era yo la excitada en ese momento.

– Sí… -dije en un hilo de voz, quería decirle más cosas, preguntarle porque antes no sentia ese placer, pero mi lengua era incapaz de moverse cuando yo se lo decía y mis labios incapaces de emitir sonido.

Me echó hacia atrás dejandome tumbada encima de la mesa. Me empezó a desabrochar los pantalones. Sin quitármelos subió a la mesa y se puso a horcajadas sobre mí, mientras iba succionando cada rincon de mi cuerpo, mi barriga, mis pechos, mi cuello… finalmente volvió a mis labios, empezaba a besarme más rápido, con mas ansias, me acoplaba muy bien a su ritmo, a lo que su cuerpo me hiciera sabía corresponderla. Deslizó su mano por mi cuerpo hasta adentrarse en mis pantalones.

– ¡¡Joder!! -oí que decía sofocada-. Así no te ponias de pequeña… -noté que intentaba calmar su voz.

A eso solo pude morirme de vergüenza, no necesitaba tocarme para saber lo húmeda que estaba, me empapaba entera, las ingles e incluido mi ano. Yo no iba depilada, solía estarlo ya que en rítmica nos obligaban pero a veces me daba pereza y me quedaba sin depilar, por suerte era de poco pelo de todos modos. No pareció molestarle en absoluto, ella seguía estimulándome. Estaba acostumbrada a tocarme yo misma, me encantaba hacerme dedos. Pero que me lo hiciera otra persona era muy diferente, y que más que fuera mi prima, la misma que me enseñó como acariciarme yo sola. Retiró su manos y vi como lamia sus dedos. Ese acto intensificó los fluidos que tenía allía abajo. Se me quedó viendo un rato sin hacer nada, estába debajo de la luz por lo que se me veía detalladamente cada parte de mi cuerpo. Luego llevó sus manos a mis pechos, con un pulgar en cada pezón, los fue moviendo de izquierda a derecha, donde percibía que su actividad no me dejaba indiferente.

Yo apreté los labios y me los mordí un poco para no lanzar un fuerte suspiro en el momento que ella intensificó la presión. Luego pasó las uñas de sus dedos por los desiguales vértices que se habían formado y ya no pude más.

Expulsé todo el aire que había acumulado en los pulmones y gemí. Sentí un cosquilleo y excitación, y pude percibir un calambre directo que iba desde ahí arriba hasta abajo, entre las piernas. También hacía algo por ahí abajo. Escuché como se reía dulcemente.

– Esto te gusta ¿eh? -preguntó, sin esperar una respuesta.

Yo no sabía si me resultaba más embarazoso que ella se diera cuenta de que me gustaba o que yo sintiera vergüenza por ello.

Se inclinó hacia mis pechos. No pude hacer otra cosa, me sentí obligada a gemir. Los suspiros ya no servían de nada. Mi vientre reaccionaba a las caricias de lengua que recibían mis pechos, se tensaba, me picaba y se calentaba cada vez más.

Se entretuvo bastante ahí arriba, hasta que al final decidió quitarme los pantalones. Volvió a ponerse encima de mí y me beso. Mientras volvía a acariciarme el pecho, buscó mis pezones y los estimuló a la espera de mi reacción y luego lo hizo con más fuerza.

Yo intentaba respirar con dificultad, mientras ella empleaba su lengua en mi boca, pero fracasé lastimosamente.

– Despacio. -susurró-. Muy despacio.

Podía controlar muchas cosas, pero en ese momento mi respiración no era una de ellas. La velocidad no podía manejarla, mi cuerpo se dejaba llevar por ella. Fue bajando mientras me daba besos por todo el cuerpo, se detuvo en mis pechos y se elevó el tono de su respiración, mientras yo casi no podía soportar la comezón.

Poco a poco me fue consumiendo la excitación y empezó a desmoronarse mi resistencia. Comencé a suspirar en voz baja, luego a gemir, a moverme, a retorcerme bajo sus manos y sus labios: ya no aguantaba más.

Siguió con su descenso al mismo ritmo que descendía su mano, que ya casi estaba en mi entrepierna.

Yo no sabía que hacer, si hubiera estado sola, en aquel momento ya haría tiempo que habrían comenzado los acordes finales. Nunca había aguantado tanto tiempo como el que ella llevaba atormentándome.

Me acarició las ingles y yo me sentí a punto de explotar. Aquel punto, aquella pequeña zona entre la tripa y los muslos, me pareció muy sensible, como nunca lo había sido, como si todos mis nervios afluyeran allí. Gemí de nuevo y la oí reir en voz baja.

Sus labios avanzaron aún más por las ingles, sus manos fueron al centro, entre las piernas. Avanzó con los dedos entre mis muslos separados. En contra de mi voluntad mis piernas se abrieron aún más, parecían rememorar mis antiguos ejercicios de rítmica. Noté su lengua cálida posarse en mis labios menores.

– ¡Ohhh! -gemí, no pude evitarlo, lo intenté pero era demasiado fuerte.

Para mi sorpresa en vez de continuar se tumbó a mi lado. Comenzó a acariciarme entre las piernas con lentitud: primero por la parte de fuera, luego de nuevo por el interior. Evitó tocar el punto que me hubiera proporcionado el alivio total. Iba cada vez más desprisa y, al mismo tiempo, me miraba. Empecé a respirar con más intensidad, a gemir y retorcerme entre sus manos, entonces ella empezó a sonreir. Empleaba su mano extraordinariamente, a veces toda la palma sobre mi sexo, luego de nuevo uno o dos dedos en un punto muy específico.

– Correte. -dijo de repente, cogió una grapadora que había por el escritorio y con la parte metálica y redondeada la posó sobre mi sexo.

– ¡Joder! -ese contacto congelado me llevó a otro mundo.

A pesar de ser un contacto frío las ondas de calor crecían en mí, mi pecho me dolía, todo mi cuerpo sufría espasmos y explosiones.

Gemí en voz alta y un <<¡Sí!... ¡Sí!... ¡Sí!>> Salío de mi garganta sin que pudiera contenerlo. Arqueé la espalda hasta que se despego de la mesa y sentí como la tensión crecía en mi interior, el homrigueo frío que me proporcionaba aquel aparato y, por fin me liberé. Aspiré con esfuerzo, me deje caer hacia atrás y jadeé, agotada del todo. Tenía la sensación de que cuando respiraba no era capaz de absorver oxígeno suficiente.

Transcurridos unos minutos.

– Échate sobre mí. -dijo desvistiéndose a toda máquina.

Me tumbé despacio sobre ella y abrió las piernas para que me colocara entre ellas. La miré, estaba tumbada sobre mi prima, sobre una mujer que, de hecho, era la que me inició en este mundo.

Me incliné hacia ella para besarla, pero fue ella la que me besó antes de que yo pudiera evitarlo y comenzara mi tarea. Me sujetó por la nuca, acercó mi cabeza a la suya y me oprimió con su estómago. Pensé que no la haría esperar tanto como ella a mí. Suspiró y gimió en mi boca, y casi me ahora con su lengua, a pesar de ser ella la que estaba tumbada. Dejé que mi mano avanzara hacia su pecho y le acaricié el pezón con los dedos. Ella gimió con mayor intensidad. Agarré todo el pecho y saboreé una maravillosa sensación de redondez en mi mano, luego seguí con caricias y masajes, para acabar volviendo a excitar su pezón. Hice lo mismo con el otro pecho, hasta que se separó de mi boca en busca de aire.

– Rápido. -jadeó-. vete abajo.

Yo no tenía muy claro que podía significar aquello. Copié lo que había hecho antes conmigo, busqué con mi mano la abertura entre sus muslos y me deslicé entre ellos. Noté su experiencia en rítmica porque aún pareciendo no poder abrirse más consiguió separar más los muslos. ¡Dios mío! ¿Habría estado yo así de húmeda? Allí casi se podía nadar.

Noté las convulsiones que experimentó cuando, entre sus piernas, toqué su sexo hinchado. Sin duda aquel era el lugar adecuado. Busqué la pequeña elevación sobre la prominencia y la estimulé un poco con el dedo. Lanzó un suspiro tan fuerte que casi me asusté.

– ¡Sí! ¡Ahora! -gritó, creo que nos oyeron por toda la casa.

Yo ya no sabía que más hacer, noté como alzaba el culo, de modo que el roce se hizo más firme, la acaricié un par de veces más y luego ella gritó, se corrió y se retorció contra mí, antes de dejarse caer completamente en la mesa.

Quise retirar mi mano, pero ella protestó.

– No, no. -dijo jadeando-. Quédate ahí, no te vayas, ahora seguimos.

Hice lo que me dijo y no tardó mucho en volver a moverse y acercárse a mí, solo que esta vez antes de que llegara al orgasmo decidí manejar la situación por primera vez a mi manera. Así que me detuve, y me escurrí entre sus piernas.

– ¿Qué haces ahí? -preguntó, desconfiada.

– Algo que deseo poner en práctica desde que lo hacíamos de pequeñas. -contesté segura.

Acaricié con los dedos el interior de sus muslos y ella cerró los ojos.

– Hummm… -dijo con fruición y su respiración me hizo saber que aquello iba bien.

Continué mi subida por el interior, y la toqué entre las piernas, allí donde había estado anteriormente. Luego desplacé mis dedos desde la parte externa de su sexo hacia el interior y observé su reacción. Sus labios exteriores se abrieron como los pétalos de una rosa, vada vez más, se hincharon a medida que tocaba la superficie y enrojecieron con un tono que hubiera hecho palidecer de envidia a la puesta de sol. Cada vez más húmedos, por lo que toqué con cuidad la piel brillante y húmeda de la parte interna y noté que latía con suavidad, mientras ella exhalaba un fuerte suspiro.

– Por favor… -oí que decía.

Estaba suplicando, con lo firme y seria que era ella esa reacción me hizo gracia.

Deslicé mi dedo en su interior y de inmediato ella se alzó y gimió una vez más. Que sensación tan agradable, era tan aterciopelada por dentro. Al contrario de mí ella iba depilada. Era suave por dentro y por fuera. Noté como empezaba a removerse, a levantarse y a gemir. Su respiración iba a golpes, era entrecortada.

Estaba tan abierta que un dedo se perdía en su interior así que decidí utilizar dos. Obtuve un largo y gimiente <<¡Ahhh!>> a modo de recompensa. Cuando le introduje un tercer dedo, el gemido se transformó en un sonido animal. Sonó profundo y ronco, casi inhumano.

Bajé mi boca hacia su perla, tan rígida y sobresaliente. La lamí con mis labios y mi lengua, y por un momento cerré los ojos. Era tan embriagador y grandioso notar como se movía en mi boca aquel duro y suave brote.

Al parecer ella también lo sintió así, nada más sentir el roce de mi lengua comenzó a empujar contra mí, noté sus dedos enredados en mi pelo, me aprisionaban e indicaban a las claras que no debía dejarlo.

Gimió cada vez con más fuerza.

– ¡Oh, sí, sí, por favor…!

Ya no podía resistirme más tiempo a sus deseos. Lamí deprisa su perla mientras mis dedos se deslizaba hacia dentro y hacia fuera. Ella se retorcía de tal forma que pensé que caería de la mesa. A medida que se iba excitando se alzaba y luego se acostaba de nuevo.

De repente mis dedos se comprimieron e hicieron un movimiento brusco alrededor de ella. Sentí una intensa palpitación y me quedé paralizada, porque pensé que podía haberle causado alguna herida y que ahora iba a sangrar, pero desde luego no fue así. El terrible grito que emitió no tenía ninguna relación con el dolor.

Se dejó muerta encima de la mesa.

– Ahora tengo que recuperarme -esuché su mucho más dulce de lo normal-. Veo que ahí abajo te sientes cómoda. -dijo en tono broma.

Yo sonreí y me levante.

– Igual que de pequeñas… -le dije con una sonrisa pícara.

– GINA, MIRIAM! -oí que chillaba mi madre-. VENIR A COMER.

Las dos nos vestimos a toda prisa, me peinó rápido para que no se nos notara nada, luego se arregló ella y abrimos la ventana, ya que eso olía terrimblemente a sexo.

Sabía que esto solo era el principio, que todo volvería a ser como cuando de pequeñas, siempre teniendo sexo.

Fui directa a la cocina, ella se sentó en la mesa.

– Espero que te lo hayas pasado bien. -dijo mi madre mientras me guiñaba un ojo y salia con una bandeja hacia el comedor.

Me quedé pasmada, recordé que no hacía mucho habíamos instalado cámaras en esa sala…

Leave a Reply

*