Mi primer trió y cuarteto

Muchas son las experiencias que compartí con Manolo, me limitaré a relatar las más bizarras, extrañas, singulares o como queráis llamarlas. Desde luego le gustaba encularme, tanto que mi esfínter se hizo al grosor de su verga dándome tremendo placer. También, cuando le comía el culo, mi dedo medio se convirtió en un experto acariciándole la próstata hasta el punto que su verga parecía un grifo mal cerrado, emanando del prepucio un delgado y constante líquido pre seminal que, por supuesto degustaba con gran deleite. Mi coño fue el que más tardó en acostumbrarse al grosor de su verga pero, con paciencia lo consiguió. Ni qué decir que entre Manolo y yo surgió una gran amistad pero sobre todo una complicidad sin igual en nuestras relaciones sexuales. Por su mirada llegué a saber lo que pensaba y sobre todo, al follar, sentí en mí misma el placer que él sentía y eso, creedme es difícil ya que suele ser frecuente tener una satisfacción personal sin importarnos el placer que la otra persona pueda sentir.

Una de las peticiones “raras” de mi maestro era que procurase follar con Jaume una media hora antes de ir a verle, sobre todo cuando me daba por culo. Manolo vivía cerca (a diez minutos) de la casa de Jaume. La primera vez que acaté esta petición, Manolo me recibió (como siempre) sudado, desnudo y solamente en slips. Al entrar a su casa le dije, “tengo el culo repleto del semen de Jaume”. Inmediatamente, me llevó a la habitación tumbándome boca abajo, me quitó las bragas y comenzó a comerme el culo, degustando con inmenso placer el “obsequio” que le traía señalándome (como siempre) lo limpia que era. Varias veces hicimos esto y cuando traía el coño repleto del semen de Jaume, me tumbada boca arriba sobre la cama, me olía y lamía las bragas (por la parte que cubre el coño) que por supuesto estaban empapadas de semen. Luego me las quitaba y comenzaba a saborear con deleite el esperma que aun quedaba dentro (solía quedarse con las bragas caladas de semen, así que aprendí la lección, llevando siempre unas de repuesto en el bolso). La mayoría de las veces me aseguraba que Jaume me diese por culo ya que sabía que era la especialidad del “menú” que más le gustaba a Manolo.

Aparte de esto, cuando me follaba, siempre me ponía un slip de capucha. Resulta que esos slips eran de Gerard, un íntimo amigo suyo que luego se convirtió en mi pareja.

En una ocasión, llegué a casa de Manolo y mientras me manoseaba me dijo “hoy te tengo una sorpresa” “no cuestiones mentalmente nada de lo que ocurra, guarda absoluto silencio y déjate hacer”. En eso y sin decir ni una palabra, me desnudó completamente, me vendó los ojos, me llevó a la habitación, me tumbó (boca arriba) sobre la cama, me ató de las muñecas a cada lado de la cabecera. El silencio era excitante pero más la expectación de saber qué es lo que Manolo tenía en mente. Pasados un par de minutos comencé a sentir unos dedos que acariciaban mis piernas, luego mi coño (joder, menudo gusto), luego mis tetas, apretando fuertemente los pezones. Sospeché que no eran los dedos de Manolo ya que la manera de recorrer y acariciar mi cuerpo era diferente (lo cual me excitó cantidad). Luego sentí que me abrían de piernas advirtiendo que olisqueaban mi húmedo coño del que emanaba (como siempre) un olor a marisco que alimentaba. Luego una lengua me lamió el clítoris, joder, qué placer sentía, ahí supe claramente que no era Manolo pero no me importó (obedecí al pie de la letra las indicaciones de mi maestro). Luego unos labios que literalmente se apoderaron del coño chupándolo con ansia, succionando todos mis abundantes fluidos y una experta lengua que recorría el interior recogiendo todo el fluido que de mis paredes brotaba.

Aquellas manos mantenían mis piernas bien abiertas y esa fuerza con que estaba siendo sujetada me puso a cien, tanto que comencé a mover la pelvis con unos movimientos incontrolados. Pasados unos minutos de placer (y sometimiento) obtuve un tremendo orgasmo acompañado de un continuo gemido. Sujeta por las piernas, no las podía cerrar y aquellos labios no paraban de comerme el coño, joder, en verdad que el orgasmo fue demencial, emanaban de mis entrañas abundantes fluidos y el olor a marisco era tan intenso que impregnó toda la habitación. Al no poder cerrar las piernas mi coño palpitaba como tanta intensidad que perecía que iba a estallar. Al estar, además, atada de las muñecas no podía aferrar mis manos en la nuca de mi anónimo amante para apretarle contra mi chocho (atenuando así el orgasmo), vamos que estaba totalmente su merced. Fue realmente un momento intenso lleno de extremo placer orgásmico.

En eso, sentí cómo mi anónimo amante comenzaba a chuparme las tetas, a morderlas con fuerza hasta un límite que casi me hacía daño. Luego con sus piernas abrió las mías (lo justo) para permitir a su tranca colocarse en la entrada del coño a la vez que sentí su cuerpo posarse sobre el mío. Justo cuando sentí la punta de su nabo irrumpir en mi húmedo coño, sus labios besaron mi cuello y, cuando llegaron a mis labios, su verga entró completamente (a la vez que me besó) penetrándome con un atrevimiento que me hizo sentir que le pertenecía, más bien, que sabía cómo me las gastaba yo en la cama. Me hizo el amor como nunca (hasta ese momento) me lo habían hecho, no paraba de follarme y follarme, envistiéndome sin parar, era un torbellino moviendo el cuerpo y verga. No podía mover las manos y solamente me limitaba a mover la pelvis para acompañar sus embestidas.

Estuvo follándome (y morreándome) un rato largo pero, de repente paró, sacó la verga de golpe y se levantó de la cama. Yo pensé que había hecho algo mal y que ya no le era apetecible. Pero al momento volvió a la cama y al sentir las piernas abrir las mías (por la manera de hacerlo) noté que no era él… al sentir la verga entrar en mi (mas el olor corporal) inmediatamente reconocí a mi maestro, era Manolo que se disponía a follarme. Joder, menuda experiencia, era tan distinto sentir un hombre y luego otro penetrándome con tanto gusto y lujuria que mi primer trío fue INOLVIDABLE. Manolo se esforzó por follarme mucho mejor que el otro (se notaba), después de penetrarme (y morrearme) todo lo que quiso y más, paró de golpe, sacó la tranca del coño, salió de la cama y acto seguido mi anónimo amante me poseyó nuevamente, esmerándose en follarme mucho mejor que Manolo. Aquello parecía una competencia de ver quién era el que mejor me follaba y yo, vamos, disfrutaba como una perra en celo.

En eso, Manolo me dijo “te voy a quitar la venda, mirarás a los ojos a tu nuevo amante y te someterás a él”. Me quitó la venda, vi a mi nuevo amate (tenía los ojos marrones oscuros), era mucho más joven que Manolo (luego me dijo que tenía 32 años) me miraba fijamente a la vez que me clavaba la verga hasta el fondo, haciéndome comprender que también le pertenecía. Como me dejé hacer, sometiéndome totalmente a sus embestidas y morreos, le dijo a Manolo que me desatase las muñecas. Al sentirme libre de las manos, lo primero que hice fue aferrarme fuertemente a sus nalgas acompañando así el frenético ritmo de sus embestidas. Gemíamos a la vez mientras nos besábamos sin parar, joder, se notaba que Gerard tenía experiencia y eso, claro, me excitó aun más aprendiendo y asimilando su forma de poseerme (cosa que se perfeccionó cuando fuimos pareja).

Mientras nos besábamos, Manolo se subió a la cama, se puso detrás de Gerard, colocó sus anchas manos encima de las mías aferrándose aun más a las nalgas de Gerard y comenzó a comerle el culo… joder (me dije) ¿cómo es eso? Sentía (con mis dedos índice y medio) cómo el rostro de Manolo se revolvía con ímpetu entre las nalgas de Gerard. No cuestioné nada y seguí disfrutando de las embestidas y morreos de Gerard que llegaron a ser más intensos cuando Manolo le comió el culo. Pero la cosa no acabó ahí. Después de un rato largo, Manolo se puso detrás de Gerard, sentí cómo posaba su pelvis (sobre mis manos aferradas a las nalgas de Gerard) y, comenzó a follárselo con tal familiaridad y facilidad que me dejó pasmada. La verga de Manolo entró de una sola estocada, yo sentí esto ya que Gerard soltó un gemido a la vez que su dura tranca dio un “sobresalto” dentro de mi coño y sus nalgas se pusieron duras como una piedra. Joder, menuda triple sensación experimenté. Manolo comenzó a follarlo. Sentía el peso de ambos sobre mí que al principio me dificultaba respirar, quité las manos de las nalgas de Gerard y las puse contra su pecho para impedir que todo el peso (de ambos) recayera sobre mí pero, en un par de minutos, me acostumbré ayudada por los morreos de Gerard que me proveían de oxígeno. Manolo (con trabajo) se acopló varias veces a nuestros labios participando de un morreo a tres. Joder, (me decía yo misma) pero a esas alturas ya no me sorprendía nada, era lujuria total. Las embestidas de Manolo hicieron que sintiese con brío las penetraciones de Gerard, era como si una verga se fundiese con la otra volviéndose una (hay que vivirlo para poder saber lo que es). Mis manos no paraban de acariciar ambos cuerpos y sus rostros mientras me besaban.

Manolo no paraba de follarse a Gerard que no paraba de follarme a mí. Ambas embestidas llevaban el mismo ritmo, sintiéndolas en mí como si solo tuviese un hombre encima follándome. Estábamos en éxtasis, éramos uno, sintiendo lo que cada cual sentía y disfrutando de nuestros cuerpos que se fundían en sudor, movimientos y placer que no parecía acabar nunca. En una de esas, Manolo comenzó a gemir más fuerte y Gerard le dijo que aguantase (sabía perfectamente que se iba a correr). Yo me había dejado llevar por el frenesí de ambos hombres y comencé a sentir un tremendo cosquilleo en el coño, cuando Gerard y Manolo gimieron fuertemente comenzando a eyacular a la vez, Joder, los tres nos corrimos a la vez. Gemíamos como unos posesos, las eyaculaciones de Gerard eran tremendamente intensas, nuestros cuerpos se agitaban y el placer era indescriptible. Nos quedamos quietos y pasados unos minutos (ya calmados) Manolo sacó la verga del culo de Gerard y le dijo que se sentase en mi boca para saborear su semen mientras él me comía el coño para saborear el de Gerard.

Gerard sacó la verga rápidamente del coño, se dio media vuelta, sentándose en un abrir y cerrar de ojos en mi boca. Comencé a chuparle el ojete saboreando el semen que Manolo descargó dentro. Manolo comenzó a comerme el coño saboreando el semen que Gerard descargó dentro. Joder, era demencial aquella situación, no sabía cómo reaccionar, mi mente no encajaba lo que estaba sucediendo así que (recordando las palabras de Manolo) no cuestioné nada, me dejé hacer, sintiendo el placer de los labios de Manolo en mi coño a la vez que le daba un inmenso placer a Gerard succionándole la simiente del culo. Después de un rato, Manolo le dijo a Gerard que se inclinase para chuparme el coño, luego Manolo bajó de la cama, se puso a mi lado y acercando su boca a la mía me dijo “Gerard también es muy limpio como tú”, y comenzó a besarme saboreando parte de su simiente que aun tenía en la boca.

Desde aquel día fuimos un trió en toda regla. Todos disfrutábamos de todos y no había censura ni prejuicios a la hora de experimentar nuevas sensaciones. Las “extrañas” peticiones de Manolo fueron convirtiéndose en situaciones morbosas que nos ponían tremendamente cachondos.

He de reconocer que me divertían muchísimo las ocurrencias no sólo de Manolo sino las de Gerard. Nos hicimos muy buenos amigos compartiéndonos en la cama. También de vez en cuando traían otro chico (que procuraban que no fuese siempre el mismo) para hacer un cuarteto. La cosa nos gustó tanto que decidimos probar con más gente a la vez (yo encantada, claro).

Un día me compraron (en un sex-shop) un traje negro de “chacha” (sirvienta) con un delantal de encaje blanco e invitaron a los amigos con los que habíamos hecho los cuartetos (que eran de edades variadas) a casa. Manolo y Gerard eran los anfitriones y mientras la sirvienta (yo) llenaba las copas a los invitados, a quienes les dieron permiso para que disfrutasen de mi con total libertad. Pero esto prefiero contarlo en otro relato. Eso sí, os puedo decir que los invitados eran seis (más mis dos amantes) y muy, pero que muy viciosos. Ya os lo podéis imaginar…

Besos.

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