Mi primer trío

Me marché de mi pueblo de Albacete con dieciocho años para estudiar en la Universidad de Navarra con la promesa de que cuando volviera mi tío me enchufaría en alguna de sus empresas. Los primeros dos años pasaron sin pena ni gloria, pues me costó abrirme al mundo con la falsa excusa de serle fiel a la novia que tenía desde la adolescencia. Sin embargo, la distancia y el hecho de que me gustara pasar tiempo con mis colegas del pueblo cuando lo visitaba deterioraron nuestra relación y cortamos. Me gustaba irme con ellos a la costa y disfrutar de la playa, fiestas y chicas. Un día estábamos sentados en la arena y me percaté de la presencia de un chaval un tanto especial. Lo era por su cuerpo, moreno y fibroso en una época en la que aún no se había puesto de moda ir al gimnasio, por lo que no era muy común ver tíos musculados, y menos de nuestra edad. También resultaba singular su bañador, un minúsculo trozo de tela de colores vivos que difería bastante de los bermudas que nosotros solíamos llevar.

Esa imagen me persiguió durante meses atormentándome y confundiéndome hasta replantearme mi orientación sexual. No paré de acostarme con tías, pero la curiosidad me llevó a zonas de cruising en las que dejé que algún tío me la mamara. En ese periodo de incertidumbre Gus se cruzó en mi camino viniéndose a vivir al piso que compartía con otro chaval por recomendación de la dueña que nos lo alquilaba. De un metro ochenta y cuerpo normal, lo más reseñable eran sus gestos femeninos, convirtiendo en innecesaria su casi inmediata declaración de que era gay. Fue el primer homosexual confeso que conocía. Me llevé bien con él, aunque reconozco, no sin cierto pudor, que prefería que nuestra amistad se quedase dentro de las paredes del piso que compartíamos, pues una vez salí con él y no pude evitar sentirme algo avergonzado. Pero en la intimidad de nuestro hogar, Gus se me antojaba un chico interesante y diferente del resto con el que me gustaba pasar tiempo.

Al curso siguiente se nos unió un nuevo compañero: Guillermo. Un tío borde y soberbio, pero con un cuerpo espectacular que había esculpido en el gimnasio durante años, pues además estudió Magisterio de Educación Física. Su carácter contrastaba enormemente con su novio, un chaval al que yo ya conocía de la facultad, pues estudiamos la misma carrera. Javi sí que me cayó bien desde el principio. La primera noche que cenamos los cuatro nos emborrachamos y colocamos con porros de marihuana. Tal estado nos llevó a Gus y a mí al dormitorio, donde me hizo una increíble mamada y donde descubrí el enorme pollón que guardaba entre las piernas. No obstante, este hecho aislado no evitó que siguiéramos siendo amigos hasta que se echó novio y el tiempo que pasábamos juntos se redujo. Todo lo contrario que con Javi, que se convirtió en mi mejor amigo pese a haber roto su relación con mi otro compañero de piso. Fue el primer tío al que besé justo después de confesarle que yo era bisexual. Y también fue al primero que le chupé la polla en un camping donde nos fuimos un verano a trabajar. Desde entonces, nuestra relación compatibilizaba sana amistad con sexo esporádico, en definitiva, una relación perfecta.

Porque cada uno vivía sus aventuras al margen del otro, él con cierta preferencia hacia los hombres y yo sin dejar a un lado a las chicas. De hecho, nuestros encuentros me bastaban para tener mis apetencias cubiertas, puesto que no me molaba besar a otros tíos ni jamás permití que me follaran. Tampoco me entusiasmaba chupar pollas, aunque a Javi se lo hacía de vez en cuando. Sin embargo, no podía evitar que a veces me viniese a la cabeza la verga de Gus por lo llamativo de su magnitud conjeturando cómo sería tener tamaño trozo de carne en mi boca. Mi fantasía llegó a cumplirse al cabo de los meses cuando yo ya vivía solo. Y es que él se había mudado con su novio, lo que yo aproveché para “independizarme” y seguir con mi libertinaje. Un día me llamó para contarme que había discutido con él provocando que se marchase de casa. No me pidió alojarse en la mía, pero se lo ofrecí sin dobles intenciones porque en el fondo era mi amigo, si bien nuestra amistad se había enfriado esos últimos meses. El caso es que vino a mi casa, le confesé por pura necesidad mi faceta gay, así como mi relación con Javi y acabé chupándole la polla. Admito que no me disgustó, y de ahí que me atrajera su proposición de que hiciéramos un trío con mi mejor amigo. Sin embargo, una vez Javi me dijo que los tipos con pluma como Gus no le atraían en absoluto, quizá excusado en mantener la discreción por encima de todo. Yo creí que el tamaño de su miembro podría persuadirle, pero no supe muy bien cómo planteárselo.

-¿Qué haces? -me llamó por teléfono.

-Aquí en casa con Gus.

-¿Con Gus?

-Sí, se va a quedar unos días.

-¿Y eso? -se extrañó.

-Se ha peleado con su novio.

-Oh, pobre -se burló-. Bueno, yo te iba a proponer salir a tomar unas cañas, pero mejor lo dejamos.

-Vente -propuse.

-No, os dejo solos, que no estoy para escuchar traumas.

-Si yo te contara… -dije sugestivo mientras bajaba la voz.

-¿Qué? -se interesó.

-No te lo vas a creer.

-¿Te lo has tirado? -su pregunta mezclaba asombro y aversión.

-No exactamente.

-Joder, ¡dímelo!

-He probado otra que no sea la tuya… -confesé.

-¡No te creo!

-No veas qué paquete se gasta…

-¿Grande?

-¡Enorme!

-Joer con el mariquita.

-No digas eso, hombre, que sabes que es mi amigo.

-¡Toma y yo!

-Ya lo sabe.

-¿No le habrás contado nada?

-Todo.

-Joder, macho. Ya te vale.

-No dirá nada.

-¿Cómo estás tan seguro? Yo no me fío de las mariconas malas estas…

-Tío, no hables así de él.

-No lo entiendo, joder. Esto debía quedar entre tú y yo.

-¿Pero a quién se lo va a contar?

-Y yo qué sé.

-Si además quiere que hagamos un trío.

-¡Claro! -no se sorprendió tanto como yo esperaba-. Para luego ir presumiendo por ahí.

-Gus no es así, y lo sabes.

-Tú mismo. Te dejo, que voy a conducir.

-Javi, no te…-colgó el teléfono.

Pero al momento me llamó otra vez.

-Voy para allá -me anunció-. Y no digas nada más. Ciao.

Sonó el telefonillo y a la vez que desbloqueé el portal entreabrí la puerta de arriba para que pasase sin llamar como hacía siempre. Gus y yo estábamos tomando una cerveza en la terraza. Javi se acercó a él y le dio dos besos, dejándome aturdido y confuso porque no solía hacer eso. A mí me plantó un beso en los morros que interpreté como un signo de posesión o algo así, aunque insisto en que jamás se había comportado de tal manera. Me hizo cierta gracia que tuviera celos o algo similar, o que esa fuese su forma de exhibir la rabieta que se había pillado para dejarme claro que no lo importaba en el fondo. Se cogió una cerveza y se unió a nosotros.

-¿Entonces qué? -habló.

-¿Qué de qué? -Gus parecía más nervioso de lo que suponía.

-Vaya conversación de besugos -maticé.

-Bueno -siguió Javi-, no me has hecho venir para hablar, ¿no?

-Vaya qué directo -puntualizó Gus.

-Joder, perdonadme. Es que no me ha hecho gracia que se lo contaras -me miró turbado.

-Por mí no os preocupéis -dijo Gus-. Soy famoso por mi discreción.

-Bueno, bueno. Me han dicho que eres famoso por otras cosas -a Javi pareció pasársele cualquier tipo de enfado.

Gus se sonrojó pese a la seguridad y confianza en uno mismo que debe ser tener un miembro como ese.

-Sinceramente, yo necesito más cervezas -apunté.

-Vaya con el mojigato, pero ¡si has sido tú quien me lo ha propuesto!

-A ver, que va a ser mi primer trío, así que dadme tregua.

-¡Qué tregua ni qué tregua! -Javi estaba decidido-. Vámonos a la habitación (en realidad vivía en un loft, por lo que no había un dormitorio como tal).

-Estoy con Javi -concordó Gus-, cuanto más tardemos peor será.

No tuve más remedio que hacerles caso. Nos pusimos alrededor de la cama y comenzamos a desnudarnos. Javi parecía impaciente en ver la polla de Gus. “Joder, macho. Cómo calzas”, alabó. Gus le preguntó acerca de lo que le molaba a Javi, ya que conmigo lo tenía más claro. La verdad es que Javi se lió con las palabras y su respuesta fue algo difusa.

-A mí no me va el rollo de sumiso dominante, ¿vale? -aclaró Gus-. Que aunque creáis que no soy tan machote como vosotros no me vais a tratar como una putita o algo por el estilo.

Me dio cierta lástima, aunque a mí ni se me pasó por la cabeza.

-¿Por qué los gays lo hacéis todo tan complicado? -Javi se burló-. Sobre la marcha.

Y entonces empezó a estrujársela con la intención de empalmarse rápido imagino que para no sentirse avergonzado por la talla frente a nuestro amigo. Yo hice lo propio mientras esperaba qué pasos daban ellos.

-¿Qué, va a ser una paja en grupo y ya? -Javi volvió a hablar descarado moderando la situación.

Lo cierto es fue rara, porque nos encontrábamos cada uno en un lado de la cama completamente desnudos sin ser capaces de avanzar. Javi se me acercó y me dirigió hacia donde estaba Gus. “Bueno, al menos ya estamos cerca”, comentó. Supongo que los dos creímos que Gus se agacharía en ese instante para comenzar a comernos las vergas, pero nos equivocamos. De nuevo Javi resolvió el trance siendo él quien se sentó sobre el colchón para después acariciarnos las partes más calientes de nuestros cuerpos. Cada mano iba dirigida a una polla mientras nos miraba con cierta lascivia. Percibí que Gus me buscaba para besarme, pero en ese instante preferí no hacerlo aún con cierto pudor por Javi. De hecho, me costó empalmarme, por lo que mi pene se achicaba aún más comparado con el otro que mi amigo ya había empezado a lamer. Rememoré entonces el día anterior cuando era yo quién sentía el olor y sabor intensos de la zona más impúdica de Gus. Pero fue la imagen de mi mejor amigo comiéndose ese pollón la que acabó por excitarme del todo.

Javi la notó ya erecta y fue intercalando su lengua entre ambos cipotes, conscientes de que la que no era mía resultaba mucho más apetecible. Sentí un escalofrío cuando juntó ambos capullos, algo que al principio me causó cierto rechazo a pesar de todo. Opté por agacharme yo también y me uní a Javi, pues la polla de Gus daba de sobra para que ambos pudiésemos compartirla. Más tarde descubriría el enorme placer de sentir que tu polla está siendo tratada por dos bocas por lo que entendí el agudo sollozo que Gus emitió. Empecé a lamerle el tronco por el lado en el que yo estaba mientras Javi jugueteaba con el glande dejando restos de saliva. No me quedó opción que probar su fluido cuando me dejaba hueco y me centraba en la punta al tiempo que Javi toqueteaba los huevos o se quedaba en su lado. Pero en un instante ambos nos concentramos en el mismo lugar, percibiendo sus labios a la vez que la dura polla de Gus nos rozaba la comisura. Que Gus se encogiera le sirvió para empezar a realizar movimientos pélvicos que nos acercaban y alejaban la polla a su antojo. Imité a Javi, que se quedó en su lado estirando los labios para que el tronco se fuera deslizando por ellos. Así, sentí el caliente trozo de carne resbalando por los míos al compás de los gemidos de Gus.

Como me ocurría cuando estaba a solas con Javi, me cansé de chupar y me incorporé. Aquí no pude evitar que Gus me besara, transmitiéndole a buen seguro el sabor de su propia polla. Javi continuó unos minutos más tratando a veces de meterse las dos en su boca, pero la mía se quedaba irremediablemente a las puertas por el grosor de la otra. Sin embargo, cuando mis amigos se intercambiaron los papeles, Gus sí fue capaz de tener mi polla y la de Javi al mismo tiempo en sus tragaderas. Ahora me apetecían más los besos, así que mientras nos la mamaban, Javi y yo entremezclábamos nuestras lenguas con desatada pasión, no entreteniéndome demasiado para que Gus no se ofendiera. Quizá por ello Javi se agachó otra vez para repetir los movimientos que minutos antes provocaron esos fuertes gemidos en Gus. Conmigo no fue distinto, erizándose el cabello y cada rincón de mi cuerpo mientras sus bocas se peleaban por comerse mi rabo. Una tesitura deliciosa que hubiera permitido hasta correrme en sus bocas, luchando también por ver quién tragaba más.

Pero Javi decidió que quería ser taladrado por ese pollón. Cogió un condón del cajón donde sabía perfectamente que los guardaba y se lo ofreció a Gus, que aún permanecía de pie junto a mí. Se inclinó para apoyarse en la cama y nos dejó ver su ano. Le pidió que tuviera cuidado, y yo me asusté ante la idea de que aquel enorme y grueso trozo de carne pudiese entrar en ese culito que yo ya había sondeado. Me quedé expectante y empaticé con el sollozo de Javi cuando Gus comenzó a introducírsela con la sensación de que me dolía a mí más que a él. La lentitud que demostró al principio era casi tortuosa y eso que Gus sabía muy bien lo que se hacía, habiéndola ensalivado abundantemente y haciendo lo propio con el agujero. Veía cómo el esfínter retomaba por sí mismo la forma cuando Gus la sacaba, algo de lo que nunca me había percatado. Acabó por acomodarse y el ritmo del mete y saca se estabilizó al compás de los gemidos de ambos, bien diferentes, por cierto.

A pesar de tanto esfuerzo en que encajaran, Javi no fue capaz de soportarlo mucho tiempo y se apartó. Se tumbó sobre la cama y me pidió que le follara. A mi polla no le costó nada entrar, así que enseguida sentí el placer de las firmes embestidas que relajaron a Javi al tiempo que me estimulaban a mí. Gus no dudó en tomar iniciativa y se arrodilló en el colchón ofreciendo a Javi su verga de nuevo. La recibió con gusto, y cuando empezó a toquetearse su propia polla originó una estampa que me pareció el culmen de la excitación: me follaba a mi amigo mientras se la cascaba y se tragaba un enorme pollón. De nuevo una situación ideal para que yo siguiera así hasta correrme, pero creo que a ellos aún les faltaba más por explorar. Javi vació sus dos agujeros dispuesto a ser él quien la metiera ahora. Sabía que a mí no, así que se insinuó a Gus. Éste consintió y se puso a cuatro patas dejando su cipote colgando entre las piernas incitándome a volver a tragármelo.

Javi le penetró sin mucha demora. Viendo que yo me quedé a su lado, acercó la mano para pajearme, pero le di un beso y me alejé hasta colocarme delante de Gus. Me comió la polla mientras el otro le petaba el culo. El ritmo impedía que pudiese mamarla como él sabía, pues la inestabilidad de la cama no le permitía los suaves y dulces movimientos. Así pues, decidí mover la pelvis a mi antojo para imponer yo el meneo. Acabé follándole la boca con bruscos y rápidos movimientos que no le dieron tregua para gemir, llegando incluso a agarrarle de la cabeza para que no tuviera escapatoria. A Gus eso no le disgustaba, y cuando se la sacaba porque pensaba que me faltaría poco para correrme, él la buscaba de nuevo. Precisamente para no acabar antes que ellos, me moví y me coloqué de tal forma que pudiera acceder a su verga, que se mecía flácida al ritmo de las embestidas. Un olor más intenso del que recordaba y un sabor que se me antojaba a culo causaron que no me detuviera mucho en ella. Para no dejarle con las ganas, comencé a pajearle mientras me fijaba en la cara de gozo de Javi y escuchaba, ahora sí, los gemidos de Gus.

No todo acabaría ahí, y de nuevo Javi tomó la delantera. Quería que los dos nos folláramos a nuestro amigo, quien no puso objeción. Mi sorpresa se mezcló con las ansias de saber cómo diablos era posible que dos pollas entraran en un culo y de qué manera nos íbamos a colocar para lograrlo. Ahora fue Gus el que nos guió: indicó que me tumbara boca arriba, se puso a horcajadas sobre mí y se clavó mi verga mientras yo sentía la suya rebotar en mi vientre. Después Javi se le acercó por detrás y trató de meterle en el agujero donde se encontraba ya la mía. Costó, y de hecho creo que no llegaron a estar ambas adentro al mismo tiempo. Sí que sentía su roce, y cómo Gus y él trataban de moverse, e incluso yo probé a levantar la pelvis, pero al final no le vi mucho sentido a aquello. Lo seguimos intentando, pero otra petición de Javi acabó con esa postura.

Sugirió que le follase mientras él se follaba a Gus. Sin que ellos se movieran mucho me escabullí despidiéndome de Gus con un beso y me situé detrás de Javi, que no había parado de embestir el culo del otro. Sólo paró cuando notó la punta de mi cipote en su agujero. Una vez que la hube metido, acopló los movimientos que mantenía con él a los míos, convirtiendo aquel trance en un engranaje que ya sí que debía servirnos hasta corrernos. Ante tanto estímulo, Javi fue el primero, y sus sacudidas provocaron bruscos movimientos que mi polla, todavía en su culo, agradeció. Su alargado gemido se extendió hasta unirse al de Gus, que descargó su leche en sendos trallazos que fueron a parar a su vientre. Los míos no tardaron, notando como el ano de Javi los engullía para soltarlos poco después sintiendo mi propio líquido deslizarse por entre mi polla que perdió fuelle dentro del agujero de mi amigo.

Deshacer ese mecano me llevó a ser el primero en sacarla con el súbito pensamiento de que yo me follé a Javi sin condón, cosa que él no hizo con Gus, en quien yo confiaba, pero Javi quizá no tenía por qué. Así, con él aún puesto se incorporó dejando a Gus satisfecho, al igual que lo estábamos nosotros. Javi me besó, después me acerqué a Gus para hacer lo mismo y me desplomé exhausto junto a él. Javi fue a la papelera a tirar el condón pese a que habría más esparcidos por el suelo, aunque en realidad fue hasta la cocina con la brillante idea de coger tres cervezas de la nevera. Nos las ofreció como el colofón perfecto a esa agotadora experiencia que acabábamos de tener.

Al día siguiente Gus se reconcilió con su novio, por lo que volvió a su casa. Javi y yo seguimos con nuestras vidas, pero ese primer trío que compartimos nos llevó a querer más. Y lo hicimos tiempo después tanto con chicas como con hombres. Descubrimos a un par de tíos discretos, uno de ellos en el camping que mencioné más arriba, mientras que el otro vivía en nuestra misma ciudad, y cuando nos atrevimos a tener el primer encuentro nos dimos cuenta de que le encantaba ser tratado como una putita por nosotros, dos niñatos de veintipocos con ganas de explorar y experimentar cosas nuevas.

Prometo narrar estos encuentros en relatos aparte.

Un saludo y gracias por leer.

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