Mi primera mamada

Antes de contaros como fue mi primera mamada hay que entender el contexto, no solo por lo joven que era sino por las circunstancias que, sin quererlo me llevaron a conocer mi sexualidad.

Hice la EGB (primaria) en un colegio público y cuando entré a la ESO (secundaria) pasé de usar siempre el comodísimo chándal a una faldita corta que era el uniforme del colegio de monjas. Lo primero que noté era que me entraba el aire por todos lados, es decir, por el coño, las ingles y las nalgas. Era incomodo sobre todo cuando llegó rápidamente el invierno. Pero como todo en la vida, te vas acostumbrando. Menos mal que mis compañeras me enseñaron a usar calentadores y eso alivió el frio que me entraba entre las piernas. Usaba también las típicas bragas de cría que eran de algodón y que me llegaban hasta el ombligo, vamos que eran enormes, pero me calentaban bien por ahí debajo ya que me cubría todo.

Con el paso de los meses me di cuenta que los chicos (el colegio era mixto), después del descanso en el patio, siempre se quedaban abajo mientras nosotras subíamos por las amplias escaleras para llegar a las aulas que, estaban en el segundo piso. En una de esas, noté que me miraban el culo que, al llevar solo la faldita les dejaba ver las bragas envolviéndome las nalgas. He de reconocer que eso me excitaba y no sabía por qué. Hice una gran amistad con un compañero de clase llamado Jaume. Un día me dijo “siempre vienes de blanco….” Yo no lo entendía hasta que lo pillé mirándome el culo cuando subía las escaleras.

Entonces, algo dentro de mí me animó a ir a unos grandes almacenes y comprar unas braguitas de colores y otras estampadas. Las había de algodón y satinadas. Me gustó el tacto de las satinadas (poliéster) y me compré un buen lote. Inmediatamente sentí la diferencia del tacto de la tela en mis nalgas y mi entrepierna. El primer día me puse unas braguitas azules y Jaume me dijo “que bien, hoy vienes de azul…”, no pude aguantar y solté la carcajada pero no le dije nada, aunque note que mojaba las bragas solo de pensar que había sido espiada por debajo.

Al día siguiente me puse unas braguitas rosas y nuevamente Jaume me dijo “hoy toca el rosa…”. Solamente sonreí pero al momento moje las bragas y la sensación de sentirme mojada me excitaba cantidad. Qué deciros que a partir de ese día, según el color o estampado de mis bragas, Jaume soltaba algún comentario simpático y eso hizo que se ganara no solo mi amistad sino mi confianza ya que empezamos a salir, no como novios pero si como buenos amigos.

Jaume era hijo único, vivía con su madre que estaba divorciada y era enfermera. Un día fui a su casa para ayudarle a preparar un examen de mates (se me dan bien las matemáticas). Su madre estaba durmiendo así que subimos al trastero que además, era su cuartel general, es decir, su habitáculo privado sonde él solo tenía las llaves y sus cosas personales. Al entrar había posters por todas las paredes y el techo. Había sólo una ventana pequeña que servía para airear y dar luz del día al trastero. Tenía una tele con un reproductor de cintas VHS que, en aquella época era el no va más. Un sofá cama, una mesa para estudiar, un aparato de música, un par de sillas y para de contar.

Nos pusimos a estudiar y en un momento dado Jaume me dijo “Montse, tengo unas pelis porno, ¿te apetece verlas?”… No lo dudé, le dije “vale”. Sacó una cinta y la metió en el reproductor. Vimos la peli un buen rato y noté que Jaume estaba empalmado. Yo, a decir verdad solo me fijaba en lo que hacían las chicas que no paraban de mamar pollas. Al mirar el paquete de Jaume le dije “estás como los chicos de la peli…ja…ja…”, él se puso sonrojado y no dijo nada pero tampoco ocultó su paquete. Entonces nos miramos a los ojos y comenzamos a besarnos. Realmente eran nuestros primeros besos con deseo (o morbo, si así lo queréis llamar). Comenzó a acariciarme las piernas (estábamos sentados y llevaba la falda del uniforme) e instintivamente las abrí para que su mano me acariciase las bragas.

Esto me excitó muchísimo y noté que de mi coño comenzaba a emanar un olor diferente, un olor fuerte a “marisco” que impregnó todo el trastero. Mi mano se dirigió a su paquete y comencé a acariciárselo. Pero pensé en la peli y le dije, “ponte de pie que te voy a bajar los pantalones…” Jaume se puso de pié, se desabrochó el botón del pantalón (también uniforme del colegio), le bajé la cremallera y los pantalones. Ante mí apareció un paquete envuelto en un slip blanco… le dije “hoy vienes de blanco…” Ambos nos reímos y sin pensarlo le bajé el slip y saltó una polla dura que me pedía algo…. Entendí al momento que tenía que saborearla y al acercarme noté un olor especial, el olor del prepucio que envolvía el nabo.

Era un olor exquisito, desde la primera inspiración quede enamorada de esa fragancia, de ese olor a polla excitada, joder…. era un descubrimiento para una novata como yo. Ni que decir cuando metí el nabo en la boca, aquel sabor, mezclado con mi saliva se convirtió en un autentico manjar. Desde el fondo de mis ser, supe que a partir de ese día, esa verga y ese prepucio serían mis compañeras de placer. Comencé a mamar aquella dura tranca y Jaume se corrió casi al momento. Entonces se produjo mi segunda experiencia de sabor, el semen que emanaba de aquella verga era sencillamente DELICIOSO… no puedo encontrar otro calificativo. Era caliente, espeso y su sabor era como una especie de alimento (será por los carbohidratos del semen).

Saboreé aquella corrida como una loca (que lo estaba…), Jaume echó bastante leche, se nota que estaban sus huevos rebosantes. Menudo atracón de semen me di. Cuando terminó de correrse, seguí chupando y lamiendo aquella tranca hasta dejarla limpia y reluciente.

No nos dijimos nada, Jaume se subió el slip, el pantalón y lo abrochó. Se sentó, apagó el reproductor (ni me enteré que seguía puesta la peli) y, con una mirada de no saber qué hacer, le dije “Jaume, esto nos pasa por mirar esas cosas, ahora sigamos estudiando, ¿vale?” Él asintió y seguimos con las mates. Mientras le explicaba, mi lengua, saboreaba aquel semen que mezclado con el sabor de su verga, me hacían perder la concentración.

Una media hora después, Jaume me dijo “Montse, respecto a lo que hicimos antes ¿te apetece que lo repitamos más veces?… Le miré a los ojos, acerqué mis labios a los suyos y justo antes de besarlos, le dije “vale”… nos dimos unos morreos que nunca pensé que unos besos podrían ser tan “únicos”. Puede ser que la complicidad de haber hecho eso antes, nos haya dado una confianza no solo para los besos, sino que nuestra amistad se convirtió en algo muy especial. Entre morreo y morreo Jaume metió nuevamente su mano en mi entrepierna, además posó su otra mano sobre mis pechos… joder…. aquello también me excitó, mis pezones se pusieron duros como piedras.

Nuevamente se puso de pie, se bajo los pantalones y el slip y me ofreció su empalmada verga para que le volviese a dar su premio. Mis labios envolvieron aquel prepucio del que emanaba ese olor penetrante…. Lo chupé y requeté chupe todo lo que quise, era un sabor delicioso… estaba mojando las bragas y también noté que de mi coñito emanaba otro olor, diferente al de la verga pero igual de intenso y penetrante.

Ambos olores se mezclaban y Jaume no tardó en correrse, echando nuevamente espesos torrentes de caliente y “nutritiva” leche… tragué todo aquel esperma con más gusto que en la anterior corrida. Aunque el exquisito sabor era el mismo, esta segunda vez era diferente, quizás por la complicidad de ambos. Ni qué decir que a partir de aquella tarde estuvimos “estudiando” todos los días, aun sin que hubiese exámenes. La madre de Jaume estaba encantada conmigo ya que su hijo había mejorado muchísimo en las notas.

Jaume jugaba al futbol y hacia muchos kilómetros en bici, lo cual producía que le sudara mucho la verga y los huevos, quizás ese era el “secreto” de aquel sabor tan intenso del que me enamoré como una colegiala (y nunca mejor dicho…ja…ja…).

Como se suele decir, una cosa lleva a la otra y el siguiente paso en nuestra relación fue ser penetrada por el culo. Os lo contaré en la siguiente confesión.

Besos y os deseo unas buenas mamadas.

Montse.

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