Mi primera noche en prisión

Solo tenía 18 años cuando me enviaron a la cárcel por tráfico de drogas, lo peor de esa situación es que el kilo de droga que me incautaron me lo habían metido en la maleta, yo había sido el perfecto pardillo y encima estaba muy lejos de España.

Al entrar en prisión nos llevaron a un cuarto a los recién llegados donde nos desnudaron, inspeccionaron y nos dieron un mono de color gris, que sería nuestra ropa en la prisión, íbamos en fila al entrar a prisión, recorriendo los pasillos llenos de celdas, muchos presos estaba en sus celdas con las puertas abiertas, muchos gritaban, se reían, nos insultaban, yo estaba realmente asustado, ni siquiera me había peleado ni una sola vez en mi vida. “¿Qué hago aquí?” No paraba de preguntarme a mi mismo.

Yo era delgado, estaba fibrado pero no era corpulento, media 1,68 y pesaba 64 kilos. Mi rostro era de pómulos marcados, labios gruesos, nariz chata respingona, ojos grandes color miel, mi piel de un color canela intenso debido a que soy mulato y por aquella entonces tenía la cara muy aniñada.

Nos llevaron al comedor, cuando llegamos era la hora de cenar y todos en fila pasamos a que nos pusieran la comida y nos sentamos uno a uno en nuestros correspondientes sitios, no todas las mesas comían lo mismo que nosotros, cosa que no entendí hasta tiempo después, algunos de los presos de las otras mesas no llevaban el mono gris, aunque exceptuando unos pocos, la mayoría lo llevaban, los guardias se encontraban tras sus garitas dejando el comedor casi sin vigilancia, yo estaba sentado con mi bandeja frente a mi, cuando 4 tipos fornidos quitaron a los otros 2 presos que habían a mi lado y se sentaron 2 de ellos mientras los otros 2 se quedaron de pie.

– Vaya… Es la primera vez que te meten aquí ¿Verdad? – Dijo el más grande de ellos, era muy alto con barba de varios días canosa, algunos kilos de más y con mucho pelo en los brazos.

– Sí… – Dije intentando aparentar normalidad.

– Se os nota mucho a los que nunca habéis estado aquí, yo soy diablo, todos me conocen así aquí ¿Quieres saber porque me llaman así?

– No creo que eso sea de mi incumbencia. – Dije, los 4 se echaron a reír.

– Todos aquí tenemos un nombre y siempre significa algo, tú eres muy bien hablado, te llamaremos el pequeñín. – Todos volvieron a reír.

– Prefiero que me llaméis por mi nombre. – Dije casi sin voz.

– ¿Y cómo te llamas? – Preguntó.

– Ja… Jay.

– ¡Esta bien Jay! ¡Serás Jay! ¡La putita Jay! – Después de esas palabras todos rieron aun más, pero yo estaba aterrorizado.

Me agarró del pelo y me arrastró con fuerza, intenté soltarme pero solo recibí golpes por parte de Diablo y de sus acompañantes, me arrastraron hasta unas duchas que parecían de vestuario.

– Sabes una cosa Jay, los que son como tú solo valen para ser unas putas o unas guarras, te explicaré la diferencia que hay entre las 2. – Dijo mientras me tiraba al suelo. Los 4 hombres me hicieron un corrillo.

– Las putas son aquellas que sirven al jefe de una de las bandas y sus socios, luego están las guarras las que van comiendo pollas por toda la prisión y las que se las follan todos. Dime Jay… Tienes la oportunidad de elegir ¿eres una puta o una guarra? – Yo empecé a llorar desconsolado al escuchar sus palabras.

– Dejarme en paz por favor, yo no os he hecho nada. – Dije entre sollozos. – Yo no debería estar aquí. – Diablo me dio un bofetón y acto seguido unos de sus amigos una patada en el estómago que me dejó sin respiración, mientras me retorcía en el suelo sacaron sus pollas de la bragueta y empezaron a menearsela.

Yo no podía pensar estaba bloqueado y todo tenía ganas de llorar.

– Nosotros elegiremos por ti, serás una guarra, pero antes serás nuestra putita. ¡¡Chupa!! – Me agarró la cabeza con ambas manos y pegó su polla contra mi cara presionando con sus manos sobre mi nuca, yo me apartaba resistiendome, mientras los otros me daban patadas y me ordenaban que chupara, yo no podía parar de llorar cuando un golpe en la puerta metálica del vestuario les hizo parar en seco.

Levanté la mirada y vi a otro preso, vestido con un vaquero y una camiseta de manga corta negra, lo que más llamaba la atención de él, era la grande que era, no podía saberlo exacto pero es posible que pasara los 2 metros de alto y era musculoso.

– ¡Qué coño estás haciendo diablo! – Dijo aquel hombre.

– Solo es un pichón, es de los nuevos Don.

– ¿Qué se supone que estabas haciendo Diablo? – Preguntó con gran seriedad y camino unos pasos adentrándose en los vestuarios, los 3 hombres de diablo retrocedieron al ver aquello.

– No tiene importancia Don. – Dijo con la voz temblorosa.

– Ven aquí Diablo. – Dijo desde su sitio. Diablo no se movió, pues ahora parecía tan asustado como yo. El misterioso hombre avanzó hacía Diablo con gran pasividad y le golpeó fuertemente en la cara más concretamente en la nariz, esto hizo que diablo cayera al suelo, le agarró del cuello y lo puso contra la pared de las duchas.

– Parece que no has aprendido quien manda aquí, voy a tener que enseñartelo una vez más y no me gusta repetir las cosas 2 veces diablillo. – Dijo irónico. Al terminar de decir eso, 2 hombres entraron y se llevaron a diablo dándole golpes.

Los otros 3 hombres se quedaron helados, completamente quietos sin decir nada.

– Aquí nadie se mueve sin mi permiso y vosotros 3 habéis desobedecido esa norma. – Me sorprendía la tranquilidad con la que hablaba aquel hombre ante una situación de tanta tensión.

– Sabéis que… Seguros que seréis unas buenas guarras. – Comenzó a reír de forma sarcástica. – Desaparecer de mi vista, tenéis mucho trabajo por delante. – Dijo maliciosamente, los 3 hombres salieron corriendo del vestuario, yo me quedé sentado en el suelo, no sabía que hacer.

– Esta prisión tiene 2 módulos, el primero, es una celda de 3×4 donde se meten 5 o 6 hombres con un inodoro incorporado y el módulo 2, una habitación por cada 2 hombres, con cuarto de baño integrado, todos los que venís nuevos vais al módulo 1.

Te explicaré donde estas tú, estas en el módulo 2, yo soy tu compañero de celda, todos aquí me conocen como Don, pronto entenderás que todo lo que se mueve aquí pasa por mi y no es una coincidencia que hallas venido a parar aquí, conmigo de compañero, yo siempre estoy solo no quiero a nadie en mi celda.

– ¿Por qué entonces me has escogido a mi? – Pregunté confuso.

– Porque quiero compañía. – Cuando dijo eso sabía a que clase de compañía se refería.

– No me mires así, si quieres puedes volver con los demás, uno o todos, tienes la opción de elegir, no lo mires como algo malo, nadie puede escoger eres un privilegiado. – Sonrió sádico con una dentadura perfecta. – Guardé silencio y tragué saliva abatido.

– ¿Cómo te llamas?

– Jay. – Dije desilusionado.

– Todos aquí te llamarán Jay, menos yo. ¿Entendido? – Dijo él. Asentí con la cabeza resignandome. – ¿Cuál es tu edad?

– 18.

-18 añitos… – Me miró sonriente. – ¡Vamos! – Me dijo, él salió del vestuario y yo le seguí, me sentía como el cordero que va al matadero.

Llegamos a la habitación, era espaciosa, tenía ventana y dos camas amplias, no tenía ni idea de que fuera así, parecía que aquel preso disponía de más privilegios que el resto.

Vi el baño, era un baño con plato de ducha y mampara de cristal, estaba limpió no tenía nada que ver con los vestuarios, tenía lavabo, sanitario, vide y lo más importante estaba separado de la habitación, la puerta hasta tenía pestillo.

– Esto es tuyo. – Me dio las pertenencias que me quitaron al entrar a prisión, entre ellas mi maleta.

– ¿Cómo es posible..? – Dije alucinado

– Ya te he dicho que yo mando aquí.

Me metí a la ducha, me dí una larga ducha y me puse mi ropa limpia, necesitaba esa ducha, aunque no podía parar de pensar lo que estaba por venir y estaba muerto de miedo, disfruté de la ducha.

Para la cena me senté en la mesa de Don y nadie me molestó, después de la cena todos los presos tenían que volver a sus celdas por ordenes de los funcionarios, cuando todos estuvieron en sus celdas comenzaron a cerrar las puertas, la puerta metálica de chapa opaca emitió un ruido que señalizada que estaba cerrada por completa.

Don estaba tirado en su cama, viendo la televisión con una mano tras su nuca, yo estaba en mi cama en silencio, mirando la tele intentando no llamar mucho su atención, pues parecía estar muy interesado en la programación. Me acosté de lado sobre la cama dándole la espalda y cerré mis ojos, estuve así un rato, cuando el apagó la televisión, se levantó de su cama y echándose a mi lado paso su mano por mi cintura pegandome a él, quedando su pecho pegado a mi espalda.

– Hacerte el dormido conmigo no te servirá. – Dijo con tranquilidad.

– No quiero. – Dije encogiendome sobre la cama. Me giró sobre la cama contra mi voluntad dejándome boca arriba, abrió mis piernas quedando él entre ellas, arrodillado sobre la cama frente a mi.

– Mira peque, o te relajas y te será más fácil o te resistes y estarás jodido, a mi me da igual yo voy acabar igual. – Me dijo marcando sus dedos en mis muslos y clavando sus ojos azules en los míos.

– ¡Sueltame! – Dije asustado y nervioso e intente soltarme. Me agarró con fuerza y me puso boca abajo, casi me asfixió contra la almohada por unos momentos, Don pesaba una barbaridad, realmente era un gigante y si a eso le sumabamos mi poco peso hacía conmigo lo que quería, rajó mi camiseta sujetandome contra la cama y me quitó los pantalones a tirones dejándome solo con el slip blanco, yo era de cintura fina y culo respingon, no tenía nada de vello, eso pareció gustarle, comenzó agarrarme fuertemente las nalgas sobre la tela, las manoseaba, las abría, intenté soltarme de nuevo.

Paso su brazo entre la cama y mi cuerpo por mi pecho para agarrarme del cuello desde atrás, pegando su pecho a mi espalda, sus labios a mi oído y me susurró.

– O te estás quitecito, o conforme te termine de desnudarte te la meto hasta el fondo sin lubricar.

Sus palabras me dejaron paralizado, no estaba acostumbrado a tratar con nadie violento. Yo me quedé echado boca abajo paralizado por el miedo, me quitó mi slip y abriendome de piernas se puso de nuevo tras de mi, volvió acostarse sobre mi y me susurró al oído;

– Que suaves estás, tienes un culito de categoría. – Mientras decía eso me acariciaba el culo y acarició con 2 de sus dedos mi agujero. Se despegó de mi y abrió mis nalgas, lo siguiente que note fue la humedad de su lengua metiéndose en mi agujero, di un respingo era la primera vez que me hacían eso, en ese momento me arrepentí de no haber tenido sexo cuando tuve ocasión, me acordaba de Pablo un chico con el que tonteaba, muchas veces intentó follarme y no pasamos de las pajas.

Don continuó lamiendome mi raja y cada vez que llegaba a mi agujero metía su lengua que era bastante larga, metía y sacaba la lengua con rapidez y cuando la dejaba dentro la movía con maestría, perdí mi cabeza en la almohada intentado aislarme, pero esa comida me estaba poniendo a 100, mi cuerpo estaba ardiendo y mi culo estaba encendido, él seguía cada vez con más rapidez, metiéndome su larga lengua, yo mordía mis labios y ponía mi cara contra la almohada, pues estaba haciendo que mi culo palpitara, notaba toda mi espalda empapada por el sudor y mi polla tiesa se restregaba contra la cama, su saliva comenzó a caer por mi raja mientras agarraba con sus dientes mi agujero y empapó mis huevos. Mi respiración era agitada y de no haber estado tapando mi boca mis gemidos se hubieran oído con claridad.

Se separó de mi y agarrandome me puso sobre él, estaba vez estaba yo arriba pero en posición del 69, comenzó a meter y sacar mi polla de su boca mientras agarraba mi culo, yo estaba boca abajo, con su polla tiesa frente a mi, estaba muy caliente no dude en meterme su glande en mi boca y comencé a chupar, siempre había querido hacer esto pero no había tenido la oportunidad y su polla era perfecta, la agarraba con mis dos manos, mientras metía lo que más podía en mi boca, su polla era tan grande como él, llena de venas, de líquido preseminal, no podía ni meterme la mitad en la boca, era larga y ancha, seguí chupando y le pajeaba la base al mismo tiempo, él comenzó a chupar mis huevos, eso me calentaba más y comencé a meterme su polla hasta que la sentía en mi garganta, Don comenzó a mover su pelvis follandome la boca continuó, ahogándome casi con ella, yo comencé a presionar mis labios para succionar su polla en cada mete y saca, mientras él me la chupaba hasta llegar a metersela entera en su boca, yo estaba en el cielo no pude aguantar más y sin tiempo avisarle me corrí en su boca, mis gemidos salieron ahogados pues mi boca estaba llena con su polla.

Me incorporó sobre la cama quedando sentados uno frente al otro, su boca estaba llena de semen, su piel empapada en sudor, su polla tiesa y llena de fluidos y saliva, me puso muy cachondo ver a ese macho así, sus ojos azules, sus músculos, su piel blanca, su rostro varonil y su pelo negro corto, todo de él me ponía cachondo contra mi voluntad, pues siempre había defendido que buscaba un hombre romántico y él me estaba tratando como su juguete, pero eso también hacía que me pusiera fuera de sí. Me agarró de la cintura y me puso sobre él, me morreo, pude saborear mi semen en su boca, mientras él me clavaba sus dedos en mi cintura, yo me agarré a su cuello.

Me encontraba sentado sobre él, los 2 sobre la cama, nuestros cuerpos se pegaron, su piel está mojada y su corazón acelerado, el hilo de semen que se podía ver en su boca entre abierta desapareció al tragar, su polla se puso entre mis nalgas, volví agarrarme a su cuello con fuerza y me tense al notar su descomunal barra de carne.

Se echó sobre la cama y yo quedé bajo de él con mis piernas abiertas, me agarré poniéndolas tras su espalda sin llegar a cruzarlas, era muy ancho. Tras apoyarse con sus codos en la cama, sus brazos musculosos se marcaron muchos más, dejando mi cabeza entre ellos, su polla se posicionó en la entrada de mi ano y me miró fijamente a los ojos. Su mirada me intimidaba, aparte mi mirada y con mis manos acaricie sus costados.

– Mírame… – Susurró, mientras movía levemente su polla contra mi agujero, le volví a mirar a los ojos.

Empujó su polla contra mi agujero.

– Aaah… – Gemí con suavidad girando mi cara a un lado sobre la almohada.

– Quiero que me mires mientras te la meto. – Dijo agarrándome fuerte de la cara, haciendo que le mirará a los ojos. Asentí de forma leve, mi pelo estaba empapado en sudor y notaba como gotas caían por mis sienes.

Volvió a empujar contra mí, metiéndome la cabeza de su polla en mi culo.

– Ahhhh… Hhhhh… – No me salía la voz, la ancharía de su polla me reventaba, él continuó metiendola sin detenerse, notaba como las paredes de mi agujero se abrían, estaba lleno, parecía que me iba a desgarrar. Su cara era de absoluto placer, pero yo sentía que me estaba rompiendo, que ese falo acabaría partiendome.

– D… Do… Don… – Mis voz apenas sonó, no me salían las palabras.

– Ya llevas la mitad, relájate y será mucho mejor. Ummmm… – Sonrió picaresco.

– Me… vas… a … partir Don. – Dije a medias palabras. Me tapó la boca y me sujetó fuertemente contra la cama. Y comenzó a empujar de forma continua, empecé a moverme sobre la cama, movía mis piernas pues no iba a soportar aquello, su barra de carne continuaba abriendome sin parar de forma más continua. Chille, mi gritó salió ahogado debido que me tenía la boca tapada y bien sujeto contra la cama para poder meterla hasta el final sin que me resistiera.

– Ssshhhh… – Dijo pegando su frente a la mía, mientras me tapaba la boca, su polla estaba por completo dentro de mi culo. Quitó su mano de mi boca y se quedó quieto en mi interior.

– Me encanta tu culo cerrado, que apretadito estás.

– No puedo, es muy grande, no puedo.

– Si, si puedes y te va ha gustar. – Sacó su polla hasta la mitad y la volvió a meter de forma continua varias veces de esa manera.

– Aah, Don… Ah… ah… ah… Duele… – Siguió metiendola y sacándola, pero cuando mi recién desvirgado culo ya se lo permitió comenzó hacerlo de forma seguida y rápida. Entraba y salía de mi agujero con rapidez, su pelvis no paraba de moverse y él me agarraba con fuerza a cada embestida, estuvo así un buen rato, yo sentía todo mi cuerpo abatido, la sensación era entre placer y dolor, no podía parar de gemir. Agarró mi pierna izquierda y la pegó a su torso, quedando mi pie al lado de su cabeza.

La penetraba de forma seguida, se escuchaba el ruido de nuestros fluidos cada vez que la metía por completo dentro de mi.

– ¡Ah! ¡Ah!¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! – No podía parar de gemir y eso hacía que él embistiera con más fuerza.

– Te dije que te iba a gustar. – Dijo sin parar de metermela, sus huevos se presionaban contra mi culo, haciendo que todo mi cuerpo se alterará. Comenzó a pellizcar mis pezones, los puso como piedras sin parar de follarme con brutalidad, la sacó de golpe y me puso sobre la cama a 4 patas, de una sola estocada me la metió de golpe.

– ¡Aaaaaah! ¡Diooooooos! – No paraba de meterla y sacarla con mucha rapidez, mientras con sus manos me agarraba los pezones desde atrás, yo no paraba de gemir y no pude evitar volver a correrme, fue en una de sus embestidas mi semen salió como si su polla lo hubiera empujado.

– ¡Dios mío! Aaaah… aaaaarg! – Me agarré a los barrotes de la cama, las piernas me temblaban, pudo continuar follandome porque cuando me agarré al cabezal de la cama, él me agarró la cadera y me sujetaba, yo no tenía ya fuerzas pero su polla seguía tiesa entrando y saliendo de mi interior, sentía como llegaba a mis entrañas.

Me agarró de nuevo y se sentó en la cama, conmigo encima de espaldas a él, aunque yo estaba arriba, Don paso sus manos por debajo de mis muslos y era él quien me subía y bajaba por su pollón, ahora si que era un trapo en sus brazos, la sacaba y me dejaba caer de golpe sobre su falo, la metía hasta el fondo y pretujaba sus huevos contra mi agujero, mi espalda estaba pegada a su pecho, eché mi cabeza hacía atrás y mordió mi oreja. Seguía follandome subiendo y bajandome por su rabo, su ritmo aumento el doble que hasta ahora había llevado.

– Voy hacerlo dentro de ti. – Me dijo al oído. Yo me encontraba extasiado y mi polla se encontraba en esos momentos echando semen, era como si supiera donde tocar para que yo me corriera, el me follaba sin embargo yo en esos momentos no me hubiera resistido a nada que me hubiera hecho, era su juguete de desahogo, me agarró fuerte y follandome la clavo en mi culo, comencé a sentir sus chorros de semen, lo notaba tan caliente, era mucho semen me estaba llenando el culo, él me abría las piernas mientras se corría en mi interior y sus gemidos eran graves, como un rugido, cuando terminó de echar hasta la última gota de mi semen en su interior, la sacó y pude ver su polla llena de semen y sangre, se echó sobre la cama con su polla aun erecta, respirando profundo, cuando reaccioné me metí a la ducha y limpie el semen, pude ver como la sangre se perdía por mis muslos junto al agua, Don se metió también en la ducha y me agarró por detrás mientras el agua caía.

– Estas sangrando. – Dijo tocando mi culo con sus dedos.

– Si, es muy grande. – Le dije. No hablamos más, terminamos de lavarnos, Don fue quien cerró el agua, al salir de la ducha y secarnos se puso un bóxer y yo un slip, me eché a la cama, estaba cansado, tenía el culo dolorido y el cuerpo agotado. Don salió del baño con un bote en la mano, me giró sobre la cama sentándose a mi lado, me bajó el slip, llenó sus dedos de crema y me la puso en mi agujero, metió los 2 dedos llenando de crema también mi orificio, al terminar volvió a subir mi slip y se echó conmigo al lado de la cama, sin decir nada más se quedó dormido, yo no paraba de pensar en todo lo ocurrido, la crema me había calmado la irritación y al llegar la calma quedé completamente dormido.

Esa fue mi primera noche en prisión.

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