Mi primera vez en un club liberal

Llego acalorada del trabajo, dejo mi chaqueta y el bolso en el perchero de detrás de la puerta, me dirijo hacia el baño y abro la ducha. Mientras oigo el agua caer me desnudo ante el espejo y miro mis tetas, firmes, en su sitio, y mi monte de Venus perfectamente cuidado. Esta noche he quedado con Juan y quiero estar perfecta. Tiene un plan especial para hoy y no puedo negar mi excitación.

Al salir de la ducha voy a mi cuarto y elijo con cuidado mi ropa, estoy nerviosa y me tiemblan las manos. Tras buscar y rebuscar en el armario encuentro lo que quiero. Una faldita corta y ajustada que se amolda perfectamente a mis muslos torneados. Completo el modelito con una camiseta lisa de tirantes con un buen escote y unos zapatos negros para terminar, ya que he decido no ponerme ropa interior, sé que le encantará.

A las diez en punto suena el timbre y voy corriendo al telefonillo, respiro hondo y descuelgo:

– ¿Sí? ¿Quién es?

– Baja pequeña, te espero en el taxi.

Sin decir nada cuelgo, recojo mis cosas y salgo de casa. En el ascensor me miro en el espejo, mis pezones están duros y se notan bajo la camiseta, sonrío y me ruborizo. Cruzo el portal, me monto en el taxi y tras darle las buenas noches al taxista le beso en los labios. El coche empieza a moverse, no sé dónde vamos.

– Estás preciosa, ¿tienes hambre?

– Un poco, pero los nervios me están cerrando el estómago. ¿Qué tienes preparado?

Soltó una carcajada y me miró el escote, se da cuenta de la rigidez de mis pezones y vuelve a sonreír cuando descaradamente, pasa un pulgar sobre mi pezón izquierdo.

– No seas impaciente pequeña, todo llegará en su momento, ahora vamos a cenar que tienes que coger fuerzas.

Le sonrío y sin decir nada miro distraídamente hacia la ventana mientras noto su mano posarse en mi muslo, justo encima de la rodilla. Mi piel se pone de gallina y noto un suave cosquilleo en mi estómago.

Llegamos a un restaurante japonés y pedimos sushi. Lo atormento a preguntas que él desvía continuamente

-No voy a decirte dónde vamos, es una sorpresa que seguro te va a encantar, así que deja de pensar en ello.

– Vaaaaale, ya está, ya lo dejo.

Terminamos de cenar y salimos del local del bazo, caminamos hasta llegar a un sitio con las puertas negras y un pequeño cartel en la pared derecha que pone “PK2”. El nombre me suena y al seguir leyendo veo “Circulo Privado”, lo miro extrañada.

– ¿Es lo que creo que es? – Lo miro extrañada.

– Sí, es un local liberal. Solo haremos lo que tú quieras, eres mi diosa y quiero verte disfrutar.

Se acercó a mí y me dio un apasionado beso que me derritió. Alguna vez habíamos hablado sobres estos clubes pero nunca pensé que iría ni si sería capaz de tener sexo allí. Abre la puerta y pasando su brazo por mi cintura me hace pasar dentro, un mostrador con una señorita nos espera detrás, pagamos la entrada y dejamos allí los abrigos. Abrimos la otra puerta y me invade un agradable olor a flores. Hay una barra en la parte derecha, en ella dos hombres de unos 40 años charlan animadamente con sus copas en la mano. En el otro extremo una pareja se hace carantoñas y se besuquean. En el lado izquierdo unos sofás. En los primeros, dos parejas beben y ríen, en los siguientes dos hombres manosean a una mujer mientras ella encantada se deja hacer. Al fondo está oscuro y no llego a ver lo que hay porque mis ojos todavía no se han acostumbrado a la tenue luz del local.

– Vamos nena, no pienses en lo que te rodea. Hemos venido a tomar unas copas, si tú no quieres no pasaremos de esta sala.

Yo lo miro entre asustada y excitada, mi corazón late a mil por hora y noto calor en mis mejillas, siento sus labios sobre los míos, cogiéndome de la mano me lleva a la barra y me acerca un taburete. Me siento y cruzo las piernas dejando al descubierto mis muslos desnudos.

Juan pide dos copas y se acerca a mí, me aparta el pelo de la cara y sus labios se juntan con los míos. Me agarra dulcemente del cuello y sube mi cabeza para lamer mi cuello. Me derrito entre sus manos al notar la otra en la parte interna de mi muslo, me descruza las piernas y sube su mano poco a poco hasta que roza mi sexo desnudo. De repente saca su mano exaltado. Mi cuerpo se tensa y me paralizo. Me mira con los ojos como platos y me asusta su reacción, pienso que he ido demasiado lejos por un momento, pero cuando veo que sus labios se curvan formando una sonrisa grande, seductora y perversa, hace que vuelva a respirar con normalidad, me relajo y sonrío también.

– Esto sí que es una sorpresa. ¿Desde cuándo has decidido no usar ropa interior?

– Solo por esta noche, yo también quería sorprenderte.

– Pues has elegido la noche perfecta, pequeña.

Vuelve a colocar su mano entre mis piernas, estoy deseando sentir su mano, las abro más y él sonríe otra vez. Se demora en mis muslos, quiero que siga subiendo, pero no lo hace. Le da un trago a su copa sin dejar de mirar mis pechos, se relame y lleva una de sus manos al derecho, lo palpa con firmeza y pellizca mi pezón. Mi cuerpo se derrite entre sus manos, lo tensa y lo relaja a su antojo, provocándome intensos escalofríos desde estómago hasta mi clítoris, empiezo a estar mojada y puedo notar la agradable sensación que me produce tener el coño mojado.

Me rodea y se coloca detrás de mí. Por el rabillo del ojo veo como la mujer y los dos hombres que la tocaban pasan por nuestro lado dirigiéndose hacia el pasillo del fondo.

– ¿Dónde van? – le pregunto girando la cabeza.

– Está muy impaciente hoy señorita- pellizca y estira de mi pezón con fuerza- luego te lo enseño, no tengas prisa.

Mi respiración comienza a ser algo irregular, con la mano que no tiene en mi teta aparta el pelo de mi cuello y acerca su boca a mi oreja. La misma mano baja por mi hombro hasta mi muslo, lo acaricia despacio y mi cuerpo desea sentirla más arriba, llevo mi mano sobre la suya y lo invito a seguir subiendo, pero él hace fuerza para no moverla.

– Voy a subirte la falda y tú vas a abrir las piernas, puede que esos hombres se den cuenta del espectáculo y quieran mirar, ¿estás preparada?

Dude unos segundos pero enseguida cogí mi falda y la enrolle en la cintura yo misma, oí su risa en mi oído y me mojé más. Con una de sus manos separó los labios de mi coño y con la otra paseaba dos de sus dedos de arriba abajo de mi coño.

– Ufff estás mojadísima pequeña, siempre tan lista para mí, abierta a todo lo que te proponga- besando mi cuello entre frase y frase.

Allí expuesta, entre sus brazos y susurrándome en el oído empecé a gemir, despacio, solo para nosotros pero rodeados de gente que no nos prestaba atención. Deslizó dos de sus dedos dentro de mí y gemí más fuerte, entonces uno de los dos hombres se giró e impulsivamente cerré las piernas, me puse rígida como una tabla, totalmente paralizada.

-Shhh tranquila nena, no te puede tocar solo mirará ¿vas a privarte de disfrutar porque un hombre te mire y te desee?

Sus palabras me relajaban y poco a poco volví a abrir las piernas, él no había sacado sus dedos de dentro de mi ni un momento y empezó a moverlos dentro y afuera despacio. El hombre se giró, le dijo algo a su amigo y se asomó para mirarme también.

– Esos hombres te desean, te están viendo gozar y darían lo que fuera por tocarte, por ser ellos los que te dieran placer.

Su aliento me hacía cosquillas y me excitaba más. miraba los ojos llenos de lujuria con la que esos hombres me miraban y me encendía cada vez más. Sus dedos se deslizaban suavemente y metió un tercero bombeándolos más deprisa. Mi cadera empezaba a moverse con cuidado de no volcar el taburete, noté como su otra mano se posaba en mi clítoris y lo acariciaba en círculos. Lo pellizcaba y estiraba haciendo que me retorciera. Vi como los hombres se acariciaban por encima del pantalón y se les notaba completamente empalmados, sonreían encandilados sin apartar los ojos de mi coño encharcado. Puse el culo en el borde de la banqueta, me recosté en su pecho y abrí las piernas todo lo que pude, empecé a notar contraerse mi cuerpo, llegaba mi orgasmo y sus dedos seguían entrando y saliendo de mí, sentí un calambrazo en mi clítoris y él me besó para ahogar mis gemidos.

Sacó sus dedos de mi coño y los llevó a mi boca, los lamí pasando la lengua de arriba a bajo, entre sus dedos, luego los metí uno a uno en mi boca, lo hice lentamente, saboreando mis flujos mientras miraba a aquellos dos hombres que se levantaron y fueron hacia el fondo. Juan se puso frente a mí y me besó.

– ¿Te ha gustado verdad?

Sonreí y mirándole a los ojos, y le dije todavía algo fatigada.

– Muchísimo, ha sido excitante. Pero ahora- lleve mi mano a su polla y la acaricié por encima del pantalón- quiero esto, ¿también vas a follarme aquí?

-No preciosa, ven conmigo.

Me cogió de la mano y me llevó por el pasillo del fondo. Era largo y había habitaciones enormes a los dos lados pero sin puerta. Todas con camas enormes. En una de ellas estaban la mujer y los dos hombres del principio, ella a cuatro patas mientras le comía la polla a uno y el otro se la follaba. Yo me quedé parada en la puerta observando el espectáculo.

-Algún día quiero hacer un trió- le dije a Juan un poco titubeante esperando que no se molestase.

– Lo harás cuando tú quieras pequeña.

Me besó tiernamente en la frente y seguimos andando por el pasillo. Llegamos a otra habitación que estaba vacía, aún podía oír los gemidos de aquella mujer y me excitaba aún más.

-Pasa dentro, desnúdate y espérame en la cama que ahora vuelvo.

Asentí con la cabeza e hice lo que me pidió. Al poco rato apareció con los dos hombres de la sala de copas. El notó en mi cara la preocupación y me tranquilizó.

-No pasa nada nena, por el momento sólo han venido para seguir viendo como disfrutas. Pero si en algún momento quieres algo más sólo pídelo.

Los hombres se sentaron en el borde de la cama, Juan se desnudó y se tumbó a mi lado. Empezamos a besarnos y acariciarnos mientras ellos nos miraban, me gustaba esa sensación, ser observada producía en mí una sensación extraña pero agradable. Poco a poco fui derritiéndome entres sus manos y de repente salió la loba que hay en mí. Me puse a horcajadas encima de él y fui besando su boca, bajando por su cuello, su abdomen, hasta que su polla gorda, grande y dura quedo ante mi boca. Le dí un beso en el capullo y lo metí en mi boca succionándolo despacio, presionándolo suavemente con mi lengua. Pasaba mi lengua por el tronco de su polla de arriba abajo y de abajo arriba, rodeando con ella el capullo. Le dediqué un tiempo a sus huevos mientras le pajeaba. Metía uno en mi boca y lo succionaba, lo soltaba y mordía el otro despacio. Los lamí desde atrás separándole los huevos con ella y seguí subiendo por el tronco hasta encerrar su capullo entre mis labios.

Lo oía gemir y me estaba poniendo cachondísima, levanté la mirada para mirarlo, tenía los ojos cerrados, disfrutando de mi mamada y verlo así me excitaba mucho más. En ese momento abrí la boca, metí su polla hasta que note el capullo chocar en mi garganta, lo aguanté todo lo que pude y lo fui sacando poco a poco hasta que quedó solo el glande. Comencé un mete y saca rodeando su polla con mis labios mientras masajeaba sus huevos con una de mis manos. El llevó una de las suyas a mi cabeza acompañando mis movimientos con suavidad mientras me apartaba el pelo de la cara.

Volvía a hundirla en mi boca hasta rozar su pubis con la punta de la nariz, la sacaba ligeramente y la volvía a meter, la deje dentro y saqué la lengua todo lo que pude por debajo y logre rozar la parte de arriba de sus huevos. Noté su cadera moviéndose contra mi boca y no pude más. Deseaba tener su polla dentro de mi coño ya. La saqué de mi boca y me quede mirándola, relucía por mi saliva y vi como salía una gotita que recogí con mi lengua.

Gateé por su cuerpo y comencé a rozar mi coño con su polla, la notaba palpitar entre mis labios, y cuando su capullo rozaba mi clítoris me estremecía. Con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados disfrutaba con cada movimiento y entonces noté como sus manos frenaban mis caderas. Abrí los ojos y lo primero que vi fue a los dos hombres, sin pantalones haciéndose una paja. Uno tenía la polla igual de grande que Juan pero algo más delgada, el otro más pequeña pero algo más gorda. Me quedé hipnotizada mirándola y sin darme cuenta empecé a relamerme . Juan me dió una nalgada y se rió, lo miré y acerqué mis labios a los suyos. Colocó su polla en la entrada de mi coño y despacio bajé mi cuerpo hasta introducirla toda dentro de mí.

Sus manos acompañaban mis caderas moviéndolas hacia detrás y hacia delante. apoyé mis manos en su pecho y fui subiendo la intensidad. Paré de repente y comencé a moverme en círculos, cuatro o cinco hacia un lado, luego hacia el otro. Miraba a Juan y a los otros dos hombres, los tres pendientes de mí, así que decidí darles un buen espectáculo. Llevé un dedo a mi boca y lo pasé por uno de mis pezones, estaba duro como una piedra y ahora reluciente por la saliva que acababa de restregarle. Lo cogí entre mis dedos con fuerza y lo estiré, haciendo lo mismo con el otro. Sobaba mis tetas, las apretaba y cada vez me movía más rápido sobre Juan. Mi respiración se aceleraba y cada vez gemía más alto, entonces lleve una mano a mi coño y comencé a frotarme el clítoris muy deprisa.

– Si nena. córrete para nosotros- Oí decir a uno de los hombres

– Grita ahora lo que no has podido antes, me encanta oírte- dijo el otro.

Sus palabras me encendieron aun más, mi cuerpo empezaba a estremecerse y convulsionarse, los músculos de mi coño apretaron su polla y grité mientras me corría sin dejar de mirar a esos dos hombres. Juan me cogió y me tumbó en la cama, me abrió las piernas y se puso entre mis ellas de rodillas, mientras acariciaba mi coño despacio con dos de sus dedos.

– Me encanta verlo así, tan abierto y mojado. Venir a verlo más de cerca- les dijo a los hombres.

Cuando estuvieron los tres mirando hundió dos dedos en mi coño y los separó dentro, abriéndolo más. Me incorporé apoyando los codos en la cama para verlos, los dos hombres me miraban con sus ojos suplicantes, lujuriosos y rojos, sonriéndoles les dije:

-Podéis tocarme si queréis.

Aún no había acabado la frase y ya tenían sus manos sobre mi cuerpo, mojaban sus dedos con mi flujo y los restregaban por mi tripa y mis pechos, chupaban sus dedos y alababan mi sabor. Juan los apartó un poco para subir mis piernas a sus hombros y volvió a follarme, ahora sin contemplaciones, embestidas fuertes y secas, la sacaba lentamente antes de entrar igual de fuerte o más que la anterior. Los hombres seguían acariciándome e incluso llevaban sus dedos a mis labios para que los chupara. Entonces cogí sus pollas con mi mano y empecé a pajearlos.

Me sentía en el cielo, gemía, jadeaba, chillaba… seis manos acariciándome mientras me follaban, el sueño de muchas mujeres y yo lo estaba haciendo realidad. Volví a correrme una vez más entre aquellos tres hombres cuando noté el dedo gordo de Juan entrando en mi culo. Uno de los dos hombres le dijo a Juan:

-Menuda mujer tienes, ójala la mía fuera la mitad de caliente que ella.

– Sí es perfecta- contestó Juan inclinando su cuerpo sobre el mío para besarme.

Acercó sus labios a mi oído, mordió el lóbulo de mi oreja y me susurro:

-Ponte a cuatro patas preciosa, quiero tu culito.

Me coloqué como me dijo en la cama y enseguida noté como mojaba dos de sus dedos con los flujos de mi coño y lubricaba mi culo. Poco a poco logro meterlos y los movía en círculos dentro, abriéndolos despacio. Los hombres se colocaron delante de mí, pajeándose a un palmo de mi cara. Llevé una de mis manos a mi coño y froté mi clítoris despacio de lado a lado, notando como Juan colocaba la punta de su polla en mi culo y empezaba a empujar. Poco a poco cedió, dolía un poco pero cuando tubo dentro el capullo paró. Inclinó su cuerpo sobre el mío y besó mis hombros y mi espalda mientras empujaba despacio a la vez que separaba mis nalgas con sus manos. Con sus labios recorriendo mi cuerpo, la estimulación del clítoris y ver a los hombres ante mí, cuando me quise dar cuenta, Juan entraba y salía sin dificultad de mi culo.

La sacó y la metió en mi coño para lubricarla y volvió a mi culo. Con sus embestidas, mi cara estaba cada vez más cerca de las pollas de aquellos hombres y sin dudarlo, busqué una con mi boca y agarre la del otro con mi mano. El hombre de la polla larga y más delgada estaba encantado con mi lengua recorriendo su tronco de abajo arriba. Saqué la lengua y la golpeé con su polla. Sentí como Juan metía 3 de sus dedos en mi coño cuando metí la polla del hombre en mi boca y deslicé mis labios por ella, al poco tiempo noté como se iba a correr y la saqué, apunte hacia mis tetas y calló la mayor parte de su leche.

Juan sacó la polla de mi culo y la metió en el coño, me apretaba las nalgas y me azotaba, yo estaba extasiada, sólo pensaba en disfrutar y dar placer a esos hombres con los que estaba descubriendo algo completamente nuevo para mí, pero que me estaba volviendo loca.

-Acércate que ahora te toca a ti- le dije al otro hombre que no tardo en ponerse frente a mí.

Abrí la boca y la metí dentro, él me cogió de la cabeza y empezó a follarmela. Ahí estaba yo, empalada arriba y abajo, apunto de correrme y vino a mi cabeza la imagen de la mujer de la otra habitación. Empujaban sus pollas dentro de mí a la vez, como había visto un rato antes en la habitación de al lado. El hombre sacó su polla de mi boca, me cogió del pelo y me golpeó la cara con ella, yo movía mi cabeza intentando apresarla con mis labios hasta que volvió a introducirla en mi boca. Sin hacerme esperar mucho, soltó toda su leche en mi boca que escurría por las comisuras de mis labios. Se separó y se sentó al borde de la cama con el otro hombre.

Juan me hizo incorporarme, mi espalda quedó pegada a su pecho, apartó el pelo de mi cuello y mi espalda y empezó a besarme mientras susurraba en mi oído:

– Sabía que al final acabarías dando rienda suelta a tus instintos.

Acariciaba mis pechos y estiraba mis pezones mientras yo acariciaba su nuca.

Bajó con una de sus manos hasta mi coño y frotó mi clítoris con delicadeza, estaba duro e hinchado. Casi olvidaba respirar entre gemido y gemido notando su polla palpitar dentro de mí, deseaba sentir como descargaba su leche en mi coño. Mi vista se nubló, mi cuerpo tembló y se retorcí entre sus brazos, sus dedos aceleraron y chillé. Con las contracciones de mi coño él se corrió gimiendo en mi oído, dos tres y hasta cuatro descargas dentro de mí. Fue tan intenso mi orgasmo que mis flujos chorreaban por mis muslos y sus huevos. Todavía abrazados sacó su polla de mí y nos dejamos caer en la cama. Nos besamos y acariciamos mientras los dos hombres se vestían:

-Ha sido un placer pareja, esperamos veros otro día.

-Y gracias por dejarnos jugar con vosotros.

Me eche a reír.

-El placer ha sido mío, me alegro de que os haya gustado tanto como a mí- me volví hacia Juan y le pregunté- ¿y a ti qué te ha parecido?

-Que eres una caja de sorpresas y nunca dejas de sorprenderme- me beso en la frente dulcemente- otro día podemos repetir, incluso podrían follarte si quieres.

-Por nosotros encantados, seguro que es delicioso ese coño tan jugoso que tiene- dijo el hombre de la polla más gorda.

El otro hombre saco una tarjeta de su cartera y nos la tendió.

– Llamarnos cuando queráis vernos, pasaremos un buen rato.

Cogí su tarjeta sonriendo, dieron media vuelta y desaparecieron. Nosotros nos quedamos un rato más en aquella enorme cama. Cuando nos recuperamos, nos vestimos y nos fuimos en un taxi a mi casa. Al llegar nos dimos una ducha rápida, nos bebimos una copa de vino y nos metimos en la cama. Ninguno de los dos dijo nada de lo que paso en aquel local, pero estábamos contentos y satisfechos, no hacían falta palabras para saber que esa había sido la primera de las muchas visitas que haríamos a ese lugar.

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