Mi primera vez mojándole toda la cara.

Llevábamos unos meses cogiendo, yo salía con otros pero siempre me gustaba buscarle cuando quería hacer y deshacer a mi voluntad.

El era muy flexible y parecía que le excitaba cumplir mis caprichos, fantasías y locuras a la hora de coger.

La noche que descubrí sus intenciones yo iba con pleno interés de permitirle a él, hacer de mí, lo que quisiera. Eran meses de complacerme y pensaba en que sería lindo complacerlo a él. Un intercambio de roles, me excitaba pensar qué cosas podían pasar por la mente de ese hombre con el que cogía delicioso pero hablaba muy poco.

Nos encontramos a las afueras del nuevo lugar de moda, yo odiaba esos sitios porque se llenaban de gente, la música era muy fuerte y no sentía disfrutar la noche, sin embargo el sonaba muy emocionado de ir y yo accedí. El llevaba unos pantalones de mezclilla bastante ajustados, es lo primero que noté cuando nos encontramos. No sabía que decir o de qué hablar porque siempre nos veíamos para ir a moteles, su casa, alguna vez mi apartamento, sin hablar, sólo disfrutar. Yo llevaba un vestido negro bastante corto, pantimedias con liga en el muslo y mis botas favoritas.

Nos saludamos de manera muy torpe, podría decir que chocamos nuestras narices, yo pensé en besarlo quedito en la boca pero resultó un beso de mejilla, nos miramos sonrojados y reímos. Puso su mano en mi espalda y me guíaba por el lugar, reservó una mesa que estaba en una terraza, parecía solo y comencé a imaginar, pensé que no se llenaría y podríamos coger sobre la mesa sin mirones. Durante un rato platicamos de cosas tontas, en algún momento me dijo que me veía muy linda y me pareció tierno, sin embargo no quería ternura sino sexo. Sonreí brevemente.

Al paso del tiempo la terraza comenzó a llenarse, era una locura, gente hablando muy fuerte, la música a todo volúmen y mucho alcohol. El notó que no me sentía cómoda y me preguntó que si quería irme, respondí que quizá en un rato, el acarició mi pierna sobre el vestido buscando tranquilizarme, yo me había tomado un par de tragos, así que decidí tomarme un break yendo al baño, cuando me levanté y dije -regreso- el también se levantó y se ofreció a acompañarme. No sé si era yo, mi calentura y mis ganas de coger, pero cada cosa que él hacía me parecía una insinuación y me ponía verdaderamente caliente.

Caminamos hacia el baño, el con su mano en mi espalda, la cual tome y rodeé mi cintura, acercándolo más a mi. Me miró y sonrió, me acerqué y lo besé, el me soltó para tomarme la cara pero yo llevé una de sus manos hasta el borde de mi vestido y por debajo hacia mis nalgas. Quería que sintiera mi cuerpo caliente, mis ganas. Después del beso seguimos al baño, me pareció muy alejado pero fue mejor porque no había una fila interminable de chicas. Entré al baño y estaba vacío, volteé para decirle, -ahora vengo- y le guiñé el ojo, en ese momento el sostuvo la puerta y entró detrás de mi. Cerró la puerta con seguro. Yo esperaba ansiosa las órdenes. Me dijo, -entra al baño, desde aquí te veo- y yo no entendía a qué se refería, abrí la puerta de uno de los inodoros y el dijo – no cierres, quiero ver-. Me sonrojé, ahora entendía lo que quería de mi y yo no podía dejar de pensar en el acuerdo de hacer lo que pidiera. Era la primera vez que meaba con alguien mirando (sí, la primera).

Sobre el wc abrí las piernas y comencé a subirme el vestido, lo miraba fijamente y el veía con deseo cada uno de mis movimientos, cuando tuve el vestido en la cintura me ordenó que me quitara los calzones, los bajé por mis piernas y los dejé caer, entonces el se acercó para tomarlos, lo tenía muy cerca de mi, agachado, deseé tanto que me hiciera sexo oral (es muy bueno haciéndolo), pero sólo segui las órdenes. Se alejó un poco sin levantarse del todo y dijo: antes de mear, quiero que te toques. Flexioné un poco las piernas y comencé a acariciarme, -acaríciate la concha- dijo, así que fuí a la concha y con los dedos me acariciaba, me abría los labios y deslizaba uno a la vez en mi raja húmeda. Sentía los pezones estallar y supe que estaba caliente, me descubrí una teta, colgando sobre el vestido y el sostén, con el pezón duro, lo apreté con mis dedos húmedos de mis líquidos y se me escapó un gemido leve. Lo miré y él sonreía. Regresé a mi concha, acaricié mi clítoris que comenzaba a endurecerse y a notarse más, con el resto de mis dedos recorrí los labios y los hundí buscando penetrarme. Lo logré con facilidad, mi carne caliente, húmeda y dos dedos hundidos en ella, mis dedos, los empujé con fuerza y me recorrió la espalda una descarga que me erizó la piel. Me descubrí empinada, dedeándome, el mirando de cerca y a detalle. Uno de mis dedos tocaba mi culo mientras me metía dos y luego tres con fuerza. Tenía los ojos cerrados y estaba disfrutando de mi, de mi humedad y mi concha caliente, de saberlo mirándome. Sentí un dedo y me asusté, abrí los ojos de inmediato y lo descubrí muy cerca. No pudo evitar desear participar del festín de jugos que salían de mi raja. -No dejes de dedearte- dijo, uno de sus dedos frotaba mi clítoris cada vez más fuerte, buscando acompasarse con mis dedos. Comencé a gemir, mi espalda se arqueaba, sentí el empujón de un dedo suyo dentro de mi, junto a mis dedos inmóviles, comenzó a empujar buscando el orgasmo, mi concha apretaba los cuatro dedos, estaba tan abierta, tan empinada, era tan rico, sentí un dedo húmedo en mi clítoris de nuevo, quizá se lo chupó antes de acariciarme, los dedos se acompasaron de manera rápida, estaba a reventar, abrí los ojos para decirle y noté su verga dura intentando salir del pantalón, le pedí que la liberara.

Dejó mi clítoris y se abrió como pudo el pantalón con una mano, su verga saltó hacia afuera. No dejaba de penetrarme con el dedo, que empujaban de manera inevitable mis dedos hacia adentro y fuera de mi coño mojado, me empiné para intentar chupársela y me dijo no. Regresó su mano a mi clítoris y siguió sobando, ya con los ojos abiertos sólo veía su verga moverse al compás de mi cuerpo abierto, empinado, caliente, de mi concha chorreando entre dedos y la necesidad urgente de venirme, de no poder más. Comencé a gemir muy fuerte, pedía más, creo que hasta le pedí que me penetrara pero no encontré respuesta. Múltiples descargas que iniciaron entre mis piernas recorrían mi cuerpo hacia arriba, sentía que ya no podía mover más los dedos, sentí que comenzaba a chorrear, el empujaba cada vez más el dedo, y ante la incompetencia de los míos que salieron del juego, me metió otros tres suyos y con el dedo gordito me frotaba el clítoris. Entre arcadas de mi espalda comencé a gritar, ¡Me vengo! En ese momento el se acercó a mi, acercó su cara a mi concha chorreando y de un empujón de dedos recibió en la cara todos mis jugos y la pipí que salía de mi en un chorro que me pareció interminable. Sentí tantas cosas, la cara caliente, no sé si de verguenza o placer, quería ver cómo estaba pero no podía incorporarme entre oleadas de placer y las piernas que me temblaban. Logré abrir los ojos y lo miré todo mojado, relamiéndose como gato, cada gota de mis jugos y la pipí derramada sobre él. Se acercó a mi concha y la lamió. Parecía disfrutarlo tanto, no dejaba de lamer buscando acabar con todo lo que había salido de mi, las lamidas me tenían muy caliente, gemía quedito de nuevo, entreabrí los ojos y pude ver su verga chorreando, no había terminado pero chorreaba. Me dio vuelta y me empinó, pensé para mi -por fin me la meterá- pero no fue así, lo que buscaba teniéndome abierta era no dejar rastro alguno de mis jugos. Chupaba, lamía y empujaba su lengua dentro mío, me lamió también el culo donde había chorreado. Después de terminar me dió una nalgada leve. Lo miré, mascullé -cógeme- y moví las nalgas y el sonriente dijo -te la meto si te vienes en mi boca y te meas encíma mío y dejás que me lo acabe todo- No sabía que decir, estaba muy caliente, mi concha estaba reseca de tantas lamidas y adolorida de la dedeada. Un dedo suyo recorrió mi raja hasta mi culo como supervisando que nada había quedado. -Y entonces?- preguntó. En ese momento un espasmo quizá escondido, recorrió mi espalda desde las nalgas y arqueé la espalda y entre ello comencé a chorrear, me meaba así, empinada, abierta para el, sin quererlo, cortando el chorro, aprentando, -madre mía, que rico- dijo y puso la cara entre mis piernas y lamió y no pude contenerme más, me dejé ir, me pareció la meada más larga de mi vida, la cual se cortaba a lamidas torpes, golpes de su nariz en mi carne, lo empecé a disfrutar y no quería que terminara. El lo quería todo, -no pares- dijo, e hice un esfuerzo enorme por terminar de mear con chisguetes sobre su cara. Gemí largo y profundo y el lamió hasta terminar. Al final me besó el coño y dijo, -fue mejor de lo que esperaba, tu lo disfrutaste?- Yo me reí pues no sabía que decir. Lo disfruté, fue mi primera vez y fue de-li-cio-so! Aunque debo confesar que me quedé con las ganas de que me clavara esa deliciosa verga que tiene.

-Es mi primer relato, espero que lo disfruten tanto como yo disfruté cuando lo viví.

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