Mi sirenita (final)

Salí de aquel antro de la mano de Leticia, me dejé arrastrar por ella que andaba dos pasos por delante. Miré su estrecha silueta y sin poder evitarlo la comparé con las sinuosas curvas de mi sirena.

-Profesor ¿cómo quiere que termine la noche? –preguntó ronroneando-

-Creo que lo mejor sería darnos las buenas noches y regresar cada uno a su madriguera –le contesté con sinceridad-

Ella se paró en mitad de la calle y pegando su pequeño cuerpo al mío busco mi boca.

-venga profesor, dese un respiro. No quiero volver a casa –dijo besándome de nuevo-

Mientras sentía el calor de esos labios, sopesé las dos opciones que tenía, podía volver a casa y seguir añorando otros besos, otras caricias… o por el contrario podía dejarme llevar por esa pequeña ninfa y olvidar durante un rato la soledad a la que me había condenado mi sirena de pelo rojo.

Separé a Leticia de mí y empecé a andar dejándola allí, tras tres pasos me giré y le dije:

-Vamos señorita Serrano no es mi intención pasar el resto de la noche besándonos en mitad de la calle, no soy uno de esos chiquillos con los que se mezcla.

Ella caminó todo lo rápido que le permitía su ajustado vestido y sus tacones, sin conseguir alcanzarme. Me gustaba oír sus pasitos rápidos intentando ponerse a mi altura, cosa imposible por mis grandes zancadas.

Había decidido quedarme con la segunda opción. Esa noche no podía más, no quería seguir echando de menos a mí sirenita, esa noche acababa de ponerme la máscara y darle a esa chiquilla lo que llevaba un par de años ofreciéndome y ser de nuevo el profesor de la señorita Serrano, para follármela a mi antojo hasta saciar mi cuerpo.

Llegué a mi coche y me subí sin darle ninguna concesión, esperé a que ella abriera la puerta y se sentara a mi lado. Antes de arrancar la miré y apoyando mi mano en su muslo desnudo le dije:

-¿Está segura que es esto lo que quiere? -la trataba de usted, eso me permitía seguir la mascarada de ese encuentro y dejaba clara mi postura-

-Si

La llevé a un gran y céntrico hotel, para que fuera de lo más impersonal, di mis datos en recepción y sin mirarla me dirigí al ascensor, una vez dentro ella se acercó y yo me separé, me apoyé en el lado opuesto y le dije:

-No quiero que esto sea cariñoso, no voy a darte nada más que mi polla, de ti esta noche solo quiero sexo y voy a cogerlo sin más.

Ella asintió siguiéndome ya por el pasillo, entramos en la habitación y nada más cerrar la puerta me senté en la cama.

-Desnúdese señorita Serrano, quiero ver lo que tiene que ofrecerme.

Ella sumisa se desnudó con rapidez quedándose solo con una escueta braguita de encaje negro y un sujetador igual.

-Todo –le exigí-

Se quitó el sujetador y aparecieron unas pequeñas tetitas puntiagudas de pequeños pezones. Parecían más grandes con el sujetador pero eran bonitas.

Después se quitó la braguita y descubrí su pubis rasurado, también me gustó la diferencia.

Me acerqué a ella que estaba de pie y colocándome frente a ella rocé con la yema de mis dedos sus pezones que reaccionaron a mi contacto. Los sopesé y apreté, abarcándolos por completo con ambas manos.

Su respiración se aceleró y entonces decidí cortar por lo sano, bajé por su vientre plano y acaricié su monte de venus. Me excitó su suavidad y más aún cuando metí la mano y noté su humedad. Ella separó las piernas y quité la mano.

-Cierre las piernas no creo haberle pedido que las abriera-dije dejando mi mano entre ellas-

Ella las cerró y atrapó mi mano, moví mis dedos por su raja y ella gimió.

-También espero que sea capaz de estar calladita

Seguí moviendo las últimas falanges de mis dedos y miraba su rostro para ver en su expresión el placer. Apoyé mi otra mano plana sobre su culo, pequeño y duro empujándola y haciendo que se balanceara ligeramente hacia mis dedos. Noté su tensión antes de notar la humedad en mis dedos de su orgasmo que calló como le había ordenado.

Saqué mi mano de entre sus piernas, y sequé la humedad de sus dedos en sus tetas, su vientre plano y por último la llevé a su boca, ella lamió mis dedos uno a uno.

Bajé la cremallera del pantalón, saqué mi polla por la abertura y cogiendo su mano la llevé a mi sexo.

-menéamela señorita Serrano

Su mano empezó a deslizarse por mi polla y esta empezó a crecer bajo su manita, pequeña como toda ella. Mientras ella ponía empeño en masturbarme saqué un preservativo del envoltorio, la coloqué ante mí, frente a la cama e inclinándola hice que apoyara sus manos en el colchón doblando su cuerpo, sin dejar que doblara las rodillas.

Me puse el condón mirando la perspectiva que me ofrecía de su sexo expuesto, viendo perfectamente la humedad.

La agarré de las caderas y de una sola arremetida llené su vagina hambrienta, ella gimió y con esfuerzo salí al instante.

-No quiero oírla señorita

-Por favor quiero más, me callaré señor García.

Volví a penetrarla con dureza y no dejé de entrar y salir con saña de su coño caliente, este hervía y apretaba mi polla, notaba las convulsiones de su cuerpo que me indicaban que se acercaba, no paré de follarla con furia.

-Sé que va a correrse, solo eso quiero oír –dije sin parar-

Dos minutos después entre jadeos dijo que se corría y seguí mientras se retorcía a punto de correrme yo también sintiendo los espasmos de su coño. Cuando cesaron la dejé caer en la cama y mientras me quitaba el condón le dije:

-Siéntese en la cama señorita Serrano

Empecé a masturbarme y pronto mi polla estallo cayendo mi semen sobre sus puntiagudas tetas, su vientre y subiéndola un poco terminé con las últimas gotas sobre su pelo liso rubio y sedoso.

Ella aun respiraba con dificultad cuando fui al baño y tras asearme me coloqué la ropa y volví a la habitación donde ella estaba tumbada en la cama.

-¿Se va señor García?

-Sí, esa era la idea solo sexo –dije mirando mi semen aun sobre su cuerpo-

Ella sonrió satisfecha después de conseguir lo que quería y yo cerré la puerta asqueado conmigo mismo, con mi cuerpo saciado y mi alma vacía.

Llegué a casa y por primera vez esa noche, me desnudé y me metí en la ducha, me enjaboné concienzudamente, sintiéndome en tensión, cabreado conmigo mismo.

Tras una noche en vela, decidí tomar de nuevo el control de mi vida. Me mudé por fin a mi nueva casa y me volqué por completo en mi trabajo.

Leticia llamó dos veces y educadamente rechacé quedar con ella, no iba a volver a caer en otro error.

Rechacé dos cenas con los colegas simplemente no me apetecía relacionarme con nadie.

Así empecé a llenar mi vida de días y mis noches de recuerdos. Pasaron un par de meses y un viernes a primera hora de la tarde, estando en mi despacho acabando unas cosas tocaron a la puerta, fui a abrir y me encontré a Leticia.

-Hola señor García

-Hola señorita Serrano –dije bordeando la mesa y sentándome en mi silla-

-He venido a por una amiga, pero le falta una clase y he pensado en pasar a verle, ya que no consigo convencerle por teléfono esperaba conseguirlo en persona –dijo sentándose en la mesa junto a mi teclado-

-Ya le dije que era mejor dejarlo como estaba, puse las cosas claras desde un principio.

-Lo sé pero me apetece tanto repetir –dijo alargando las silabas finales mientras abría las piernas para que pudiera ver sus braguitas rojas de encaje-

Llevé mi mano al teclado y ella interceptándola la llevó a su braga y poniendo su mano sobre la mía frotó la tela ya húmeda.

-Miré como me pone profesor

-Señorita…

Dejó caer uno de sus zapatos de plataforma y el ruido de este al caer retumbo en la madera, aprovechó mi despiste para meter mi mano bajo su braga.

Apoyó su pie sobre mi sexo, presionándolo sobre el pantalón, mientras seguía moviendo mi mano y jadeando de placer.

-No, Leticia… -dije mientras un ruido me hizo levantar la cabeza-

Ella también se giró y yo me quedé helado al ver que era Estrella quien acababa de entrar.

-Lo siento he tocado a la puerta –dijo está mirando la escena con voz baja-

Estaba mirando sus ojos furiosos a pesar de su tibia voz cuando noté en mis dedos el orgasmo que Leticia no calló. Lejos de sentirse avergonzada la excitó el morbo de ser pillados.

Saqué mi mano de un tirón y Leticia bajó de mi mesa, se colocó las bragas y la falda y pasó ante una alucinada Estrella que parecía clavada en el suelo y lanzándome un beso y un “gracias” cerró la puerta tras ella.

-Debería irme

-Lo siento Estrella, por favor no te vayas, dame un minuto.

Salí al baño del pasillo y me lavé furiosamente las manos, no podía pararme a pensar en mi mala suerte, porque temía no encontrarla al regresar como así fue.

Cogí mi chaqueta, mis cosas y salí corriendo, miré hacia ambos lados y a lo lejos entre los chicos que andaban pude vislumbrar su pelo rojo.

Corrí para alcanzarla y ya giraba la esquina cuando la alcancé.

-Estrella, siento mucho lo sucedido

-¿Que sientes que lo haya presenciado o sientes haber pasado por encima de tus principios “tirándote” a una alumna?

-Siento que hayas tenido que presenciar la escena, no es mi alumna, ya no y no me la estaba “tirando”

-No tienes que darme explicaciones de tu vida sexual –dijo volviendo a irse-

-No te vayas, al menos dime a que has venido

-Qué más da…

-Por favor –supliqué-

-Quería volver a verte, necesitaba hacerlo una vez más para poder seguir adelante y sacarte de mi cabeza. ¿Eso querías oír? -dijo con rabia-

-¿Necesitabas demostrarte que lejos de aquella playa, de aquella lacónica soledad y del momento, solo era un sapo más? –me gusto saber que ella tampoco lo olvidaba-

-Algo así

Mi mente intentaba pensar algo rápido que hiciera que no saliera huyendo.

-Nos faltó tiempo para cerrar ese capítulo, el final fue demasiado brusco. Nos faltaron esos dos días para zanjar nuestra historia.

Ella se quedó pensando y asintiendo supo que tenía razón, entonces se me ocurrió algo.

-Regálame esos dos días, terminemos este capítulo para poder seguir con el libro.

De nuevo allí en mitad de la calle se quedó pensando en lo que acababa de decirle y para mi sorpresa preguntó:

-¿Qué haces este fin de semana, tienes planes?

-Nada que no pueda aplazar

Fuimos en mi coche, la llevé donde me dijo y la esperé en una cafetería media hora, temí que no volviera pero volvió con una pequeña bolsa de deporte y no quise hacer preguntas.

-Podemos irnos

Pagué y me siguió de nuevo al coche, tenía claro que quería llevarla a mi casa. Aunque luego cuando se fuera dejara en ella mil recuerdos con los que tendría que vivir.

Dejamos el coche en mi garaje y subimos los tres escalones que llevaban a la cocina. Miró por todo y al final en el salón dijo.

-Me encanta tu casa

-Si te parece, podrías tomarte algo mientras me doy una ducha muy rápida, luego si quieres ducharte cambiarte o algo estás en tu casa y luego salimos a dar una vuelta y luego a cenar -quería ir despacio, no quería que pareciera que solo quería comérmela-

-Perfecto, ve tranquilo

Nervioso me desnudé en mi habitación, nunca hubiera imaginado esa mañana al salir de ahí que a las cinco de la tarde estaría en ella mientras Estrella estaba en mi salón. Quería hablar sobre que esperaba de nuestra convivencia esos días durante la cena.

Me metí en la ducha, era de esas de obra grande forrada de baldosines con una pared, sin mampara y una abertura para entrar.

Acababa de enjabonarme el pelo, tenía los ojos cerrados cuando oí un ruido, metí la cabeza bajo el chorro aclarándome para mirar y entonces sentí la tibieza de su cuerpo pegándose al mío.

-Estrella –suspiré al sentir sus pechos en mi espalda-

-Dijiste que estaba en mi casa, que podía ducharme… -dijo mi sirenita aferrándose a mi cuerpo-

Quise darme la vuelta, pero ella me lo impidió.

-Déjame unos minutos… -dijo con sus manos planas sobre mi pecho-

Sus labios besaban mi nuca, mientras sus manos bajaban por mi torso, dirigiéndose a mi sexo. Este ya erecto desde el instante que su piel rozo la mía. Rozó el glande con la yema de su dedo y recorrió toda la base, luego la aferró con fuerza y sin piedad empezó a masturbarme, mientras su lengua recorría mi nuca, mi cuello, mi hombro, sus pezones duros rozaban mi espalda y sentía los rizos de su pubis en mi culo.

Apoyé las palmas en las frías baldosas dejando que ella hiciera conmigo lo que quisiera, estaba extasiado de placer sintiéndolo por completo mientras su mano adquiría un ritmo endiablado.

-Estrella… -no podía hablar solo controlar mi cuerpo al que le urgía explotar-

Gemía, jadeaba y suplicaba que parara al borde del éxtasis cuando sus dientes se clavaron en mi piel, mordió mi hombro con fuerza y la sorpresa me hizo gritar, mi polla palpitó y ella lamió la marca de sus dientes aflojando el ritmo de su mano, volvió a morderme y esta vez jadeé encantado por el dolor que me infringían sus dientes al mismo tiempo que la dulzura de su mano recorriendo mi polla me llevaba a las puertas del paraíso. Me temblaban las piernas cuando volvió a clavar sus dientes en mi cuello, esta vez succionó chupeteándome.

Tenía que dejar de hacer eso o iba a correrme como un adolescente en su primera paja.

Reuní toda la fuerza de voluntad que pude y pare su mano, me giré y agarrando sus muñecas para inmovilizarla devoré su boca y ella devoró la mía, nos lamimos, nos mordimos y el dolor se mezclaba al placer de la pasión que nos envolvía. Mi polla rozaba sus rizos palpitando.

Me separé, la coloqué como yo había estado, y tirando de sus caderas dejé que mi polla en horizontal rozara toda su rajita húmeda, ahora era ella quien se apoyaba en las baldosas y mis manos las que recorrían su cuerpo, estas apretaron sus pechos sin poder abarcarlos, buscando sus pezones, los pellizqué mientras movía las caderas rozando su clítoris con el glande.

Ella jadeaba y su cuerpo se tensaba pude notar como su vulva palpitaba mientras gemía corriéndose. Moví mi polla hacia atrás por su rajita, tire de sus caderas y antes de que su orgasmo acabara se la metí hasta el fondo. Gimoteó y subió el culo poniéndose de puntillas y yo perdiendo la voluntad y la cabeza empecé a entrar y salir penetrándola duramente, su vagina apretaba mi polla, ella gemía yo también y al momento no pude más, empujé con fuerza y mi polla estalló en su interior, ella volvió a correrse estrujándome succionándome con su vagina hasta la última gota de semen, jadeando como dos posesos.

Nos duchamos entre bromas y nos vestimos en mi dormitorio, antes de salir de casa.

Durante una hora paseamos sin rumbo por el centro, tomamos algo en una terraza charlando de mi trabajo, de mi nueva casa… ella no soltaba prenda de su vida personal, aunque si hablamos de su trabajo. No podía dejar de mirar a esa chiquilla que me tenía completamente loco, recordé el rato de la ducha y solo una hora después ya volvía a desearla, aunque llevaba mucho sin sexo, no era normal que ya volviera a estar dispuesto de arrancarle la ropa y poseerla.

Más tarde la llevé a cenar a un pequeño restaurante, durante la cena seguimos charlando. Al final de la cena quería llevármela a mi cueva como un hombre de las cavernas, pero me obligué a alargar la noche.

-¿Tomamos una copa?

-Sí, me apetece ir a un local del que me han hablado –me alegro saber que ella quería ir conmigo-

El sitio estaba atestado, pero yo solo tenía ojos para la pelirroja que bebía de su vaso alegremente, llevaba una falda estrechísima que se pegaba a sus caderas y su culo generoso y una camisa estrecha con mil botones diminutos sin nada de escote, que curiosamente hacia que sus pechos parecieran aún más grandes de lo que ya eran, unos zapatos de tacón altísimo terminaban de hacer de su atuendo lo más sexi que hubiera visto jamás, pensé al ver como se quitaba la americana que había ocultado un poco sus curvas durante la tarde.

Cuando pude apartar mis ojos de ella descubrí con desagrado a Leticia en un grupo cerca de nosotros, al momento quise irme.

-Hola colega, no esperaba verte por un sitio así –dijo mirando a mi acompañante sin pestañear-

-Hola Lucas, ella es Estrella, una amiga

-Hola Lucas encantada –dijo ella dándole dos besos-

Al retroceder se pegó a mí agarrándome de la cintura dejando claro que éramos más que amigos y eso me encantó.

-Cari voy al baño –y sin más me plantó un beso en los labios y se fue-

-Colega eres mi héroe, pasas de salir, la última vez que viniste con nosotros te fuiste con una de tus exalumnas más sexis y cuando ya te creía la hostia hoy te encuentro con esa explosiva pelirroja, un día tienes que contarme como te lo montas –dijo con una sonrisa alejándose-

Diez minutos después Estrella no había vuelto y cuando vi salir del baño a Leticia empecé a impacientarme. Dos minutos después salió y supe nada más ver su cara que algo había pasado.

Se acercó lentamente y vi como Leticia nos miraba, ella sabiéndolo separó mis piernas se colocó entre ellas y abrazándose a mi cuello hundió literalmente su lengua en mi boca, sus ojos transmitían una furia explosiva, pero su lengua, sus labios y sus manos en mi nuca me hicieron cerrar los míos y disfrutar de la tibieza de su boca, del deseo que despertaba en mi tener su cuerpo pegado al mío y me dejé llevar por la pasión de su beso agónico.

Apreté las rodillas a sus caderas y mis manos presionaron su culo para hacerle saber lo mucho que me excitaba a pesar de intuir que sus deseos más inmediatos no eran excitarme sino dejar claro que ahora era suyo.

-¿Ahora podemos irnos?

-Si

La seguí sonriendo al guiño de mi amigo que había seguido la tórrida escena en la oscura barra.

De camino a casa le pedí que había pasado en el baño y ella me contesto como si le costara retener las palabras.

-Pues que tu amiguita me ha contado lo bueno que eres follando, me ha contado con pelos y señales todo lo que le hiciste en ese hotel según ella me lo contaba para que me preparara diciéndome que ahora la elegida era yo y que aprovechara porque eres de los que se cansa enseguida –escupió cada palabra con la misma rabia que desprendía su mirada-

-Ella no me conoce, solo fue esa noche y no fue una buena noche

-Pues para ella si

-Para mí esa noche fue un error, por decir “si” demasiado rápido un “no” demasiado tarde. Solo busqué olvidar en su cuerpo y solo conseguí volcar en ella todas mis frustraciones, mi rabia…

-Hasta me contó que la volviste loca haciéndola correr tres veces sin siquiera desnudarte

En ese momento llegamos a mi casa, entré en el garaje y cuando salí para abrirle la puerta ella salió, yo intenté abrazarla pero me separó de su cuerpo y temía lo peor.

-Desnúdate Marcos –pidió con rabia-

-¿Aquí? -pregunté viendo como asentía con la cabeza cerrando la puerta del coche-

Me quedé parado unos segundos, pero llevé mis dedos a mi corbata y la aflojé, me la quité y a tiré a sus pies, ella estaba apoyada en la puerta cerrada del coche mirando como a un metro de ella me desnudaba. Saqué la camisa del pantalón, la desabroché y también la tiré a sus pies. Luego hice lo mismo con mi pantalón y miré toda mi ropa frente a sus tacones, dio una patadita y la apartó antes de acercarse a unos milímetros de mí, bajó la cabeza y pasó la lengua por mis labios, yo intenté abrazarla pero ella lo impidió.

-No me toques ahora Marcos –dijo pasando por mi lado contoneándose-

Me sentía ridículo en medio de mi garaje solo en calzoncillos y completamente empalmado ante ella, pensé que iba a dejarme así, que ese era mi castigo por haber tenido que oír como me había follado a Leticia. Pero para mi sorpresa se colocó ante el coche y dejó que su falda cayera a sus pies, de nuevo la apartó y se sentó sobre el capó de mi coche, apoyó los tacones en el parachoques y separando las piernas vi sus braguitas mojadas y abultadas por sus increíbles y suaves ricitos.

-Quítatelos –dijo mirando mis calzoncillos abultados por mi polla dura-

Esta apareció completamente empalmada desafiante y ella se relamió sin esconder su deseo.

Volvió a sorprenderme al separar su braga y enseñarme su rajita, rosadita, abultada y visiblemente húmeda, sus ricitos se pegaban y sus dedos de uñas pintadas empezaron a recorrer esa rajita por la que yo moría de deseos, quería lamerla, tocarla, darle placer y poseerla por entero. Mi polla palpitó ante la visión de mi sirena masturbándose ante mis narices en mi garaje, sobre mi coche.

-Quiero que veas como me corro, para que cuando te folles a otras “Leticias” recuerdes mi coño, mis gemidos, mi olor…

-Nena precisamente eso me llevó a esa habitación de hotel, le dije si porque era la antítesis a ti en todo y porque creí así poder olvidar todo lo que acabas de enumerar por unos minutos.

Separó los labios de su vulva y gemí al ver como sus dedos penetraban su vagina, entraban y salían de su cuerpo, ella se retorcía sobre el capo al borde de su orgasmo.

-¿Ese es mi castigo sirenita, ver cómo te corres sin poder tocarte y sin provocar ese orgasmo?

-Tu castigo es no tocarme, pero no te equivoques este orgasmo es tan provocado por ti como los anteriores, simplemente ver cómo me miras, mirar tu polla me pone a cien -dijo jadeando mientras explotaba su orgasmo-

No pude soportarlo más, me acerqué a ella, tiré de sus muslos y la penetré furiosamente, ella gritó y gimió alargando su orgasmo; yo totalmente poseído agarré su camisa y tire arrancando los botones, saqué sus tetas por encima del sujetador y bajé la cabeza a morder sus tetas, mordía con furia y ella gemía aún más fuerte cada vez que clavaba mis dientes en su carne, su coño empapaba mi polla que palpitaba abrazando mi sexo.

-Nada ni nadie podría conseguir hacerme olvidar lo que siento cuando estoy dentro de ti sirenita.

Ella volvió a correrse gritando su orgasmo, saqué mi polla al borde de mi propio orgasmo y paseé el glande por sus mojados rizos.

-Baja del coche bruja y date la vuelta, ahora voy a demostrarte de que va esto

Me coloqué detrás, pellizqué sus pezones duros y tiré inclinándola hacia el capó, donde había estado su culo ahora estaban sus tetas, y yo desde atrás miraba sus tacones enloquecedores, sus piernas, su culo, su sexo dilatado… Dios mío.

Pensé al doblarme para pasar mi lengua por toda su raja, noté temblar sus rodillas y volví a pasarla desde el clítoris hasta su ano arrugadito.

-No dobles las rodillas, quiero verte bien –dije sin dejar de seguir lamiendo su rajita-

Ella jadeaba y entonces subí de nuevo, empujé mi polla hasta el fondo de su vagina y ella volvió a correrse mientras mi dedo penetraba su culito, no dejé de moverlo al ritmo de mi polla mientras se corría, añadí un segundo mientras ella meneaba las caderas tan enloquecida como yo, tan perdida en esa pasión como yo.

Cuando su orgasmo se calmó, saqué mi polla chorreando de su coñito y llevé mi glande a su culo, ella se aferró al capó y yo empujé lentamente hasta tener más de media polla en su culo. Retiré su pelo y le dije al oído:

-¿Sabes por qué me fui esa misma noche?

-¿Porque? -preguntó entre jadeos-

-Porque cuando miré a mí alrededor me sentí solo, bajé a la playa y ni el frio helador calmó mi alma y entonces mirando al vacío en mí rincón preferido pensé que no sabía lo que había pasado, pero supe que ya nada volvería a ser igual.

Empujé una vez y la penetré por completo, me quedé quieto esperando a que se adaptara, sintiendo la sangre martillear mis sienes, mientras mi polla enfundada en esa estrechez palpitaba queriendo saciarse.

-Fóllame Marcos poséeme como solo tú haces –suplicó con voz entrecortada-

Llevó su mano entre sus piernas y empezó a masturbarse mientras yo totalmente enardecido entraba y salía poseyéndola perdiendo la cordura entré y salí hasta que no pude más y un chorro de semen llenó su estrechez mientras gritaba mi orgasmo oí el suyo fundiéndonos en un solo ser.

Me apoyé en ella mientras nuestros corazones latían acelerados, besé su cuello y le dije al oído:

-Follarte es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero solo porque amo cada célula de tu ser -dije sin poderme frenar- pero no te preocupes, sé que volverás a irte y yo no te frenaré porque te quiero demasiado para hacerlo, no me arrepiento de amarte, porque eso me ha regalado momentos inolvidables, siempre serás esa corta pero intenso capitulo en mi vida que releeré mil veces –dije por fin en paz conmigo mismo, quitándome un peso de encima admitiendo mis sentimientos-

-Marcos entremos en casa estoy helada –dijo cuándo mi polla salió por inercia de su culo-

Entramos en casa y cerré la puerta, ella me cogió de la mano y me llevó al dormitorio.

-Marcos no se elige a quien se ama

-Lo se sirenita y lo entiendo –le dije con toda la honestidad de la que era capaz-

-Déjame acabar. No se elige a quien se ama, yo no elegí amarte, pero te amo .dijo abrazándome y besando mis labios-

-Mi sirenita –dije sobre sus labios, emocionado-

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