Mi sobrino Damián coge bien rico

El cumpleaños de mi esposo se celebró este viernes 11 de noviembre. La familia y amigos convivieron, excepto yo. Con una copa en la mano no fue suficiente para pasarla bien. Miraba a todos. De un momento a otro no se porqué mis ojos se centraron en mi sobrino Damián. Un chico de 24 años. Alto, delgado, piel clara y cuerpo atlético. No es feo, incluso diría que tiene muchas admiradoras. Lo vi aburrido. Se paró de la silla y entró al pasillo que daba a las recámaras. La duda me entró y lo seguí. Entró a mi recamara. Vió unas fotos mías con su tío. Mi esposo.

– ¿aburrido?

– tía, perdón.

– ¿por entrar a mi cuarto y ver mis fotos.

– …pues si, jeje.

– descuida. Está foto me recuerda a ti cuando tenía tu edad.

– ¿porque?

– pues…porque estaba soltera, me divertía en las fiestas, salía con mis amigas, coqueteaba con chicos. Hasta que salí de universidad. El trabajo y los años me comieron y me hicieron más vieja.

– como crees tía!! Digo, se que tienes 44 pero aún sigues estando bien.

– jaja ¿bien?

– jaja valla… Te mantienes sana. Luces delgada, eres hermosa, ojos cafés, cabello lacio, piel blanca, como a los hombres nos gusta, la verdad.

– órale que halagador eres, dije riendo.

– no me tomes a broma, lo digo en serio. Siempre haz sido hermosa. Si te contara como los amigos de mi tío te comen con la mirada.

– jaja no exageres. No te creo.

– en verdad, tía.

– uno de mis amigos le eres atractiva, dices que estás…

– ¿que estoy que?

– …pues.. Que estás buena.

No creí que diría eso, pero sus ojos y sus palabras no me mentían.

– jaja, ¿…y tu crees que lo estoy?

– …si…no estás nada mal, jeje, contestó algo nervioso.

El alcohol me había generado un poco de efecto. Ya no era una plática común entre tía y sobrino, parecía existir un vínculo más fuerte.

– pero viniendo de tí…¿estoy buena para tí?, le pregunté coqueteándole.

– …esté…si…algo

– ¿en serio?, le pregunté tomando su mano derecha. Entrelacé los dedos con los suyos. Mi mano izquierda resbaló por su pecho y la fui bajando hasta su cremallera presionándole su paquete.

– tía, espera, nos verán.

– silencio, le dije cerrando su boca con mi índice sobre su boca.

Presioné mi mano y pude sentir su bulto.

– mmmm está algo dura.

– jeje si, pero espera…

Quería que me detuviera. El nervio lo comía vivo.

– ¿no te gusta? ¿no te gusto?

– no si…pero hay mucha gente aquí. Nos pueden ver.

– ven, le dije tomándolo de la mano. Miré al partió. Todo normal. La gente platicando. El pasillo daba a la cocina y atravesaba el comedor. Afortunadamente estaba desértico. No había nadie. Pasamos y fuimos a la recámara del fondo que es para huéspedes. Entramos y cerré con llave.

– aquí nadie nos verá.

– ¿estás segura?

– muy segura.

Estábamos frente a frente.

– siento que puede sospechar, dijo asomándose por la ventana.

Estaba muy inseguro así que tenía que convencerlo. Lo jalé hacia mí, me hinqué y le desabroché el cinturón. Le bajé el pantalón al igual que el bóxer. Su verga salió de un brinco. La tomé y me la metí a la boca succionándola.

– Aaahhh!!! Tía…

– ¿te gusta?

– si, pero…

– deja de decir que no quieres esto.

Le chupé la verga con ganas. La succionaba bien rico. Lengüeteaba mientras la tenia adentro de la boca.

– …Dios, que rico chupas.

– mmmm te sabe bien rica. Aparte la tienes bien larga.

– ¿cuantas veces haces esto?

– muchas.

Se la mame con ganas. Estaba tan rico su pene que era inevitable soltárselo. Me la saqué.

– ven, ahora te toca a tí, le dije levantándome y caminando a la cama.

Me levanté el vestido hasta la cintura y me recosté con las piernas abiertas.

– Dios mío!!, dijo sorprendido.

– ven, acércate, le pedí mientras me acariciaba por arriba de mi calzón.

Caminó hacia mí y bajó su cara directo a mi entrepierna. Besó mis muslos.

– eso, ve bajando. Acércate más al centro, le pedí.

Ya no fue difícil decirle lo que tenía que hacer. Se acercó a mi sexo y presionó su nariz.

– mmmm que bien huele.

– ¿te gusta?

– si, tía, huele rico.

Doble mi calzón desnudando mi rajita.

– ven, chúpame aquí. Anda.

Bajó su cara y resbaló su lengua sobre mis pliegues terminando en mi clítoris.

– Aaahhh!!! Siiii!!!

– está un poco ácida, pero me gusta.

– ¿si te gusta?

– si.

– sigue entonces. Sigue chupando.

– claro, que si, estás bien buena, tía.

– ¿si, lo estoy?

– muy rica. Perdón por no decírtelo pero me excita tu cuerpo tan lindo.

– Aaahhh!!! Sigue!! Lámele ahí!!! ¿te gusto mucho?

– si, tía. Eres hermosa. Tu cuerpo tan delgado, tan cuidado. Tu trasero. Lo tienes bien parado.

Justo cuando dijo eso, levantó mis piernas hasta dejarle ver mi culo, y me lo lamió.

– mmmm sii!! Chúpalo!!

– que rico sabe.

– ¿no pensé que harías eso?

– siempre he querido hacerlo. Me la jalé un día imaginando eso.

– ¿si? ¿que imaginaste?

– que abría tú rico culo y te lo lamía.

– mmm que rico.

Su lengua acariciaba mi rabito.

– ¿y ahorita que piensas?

– que está bien rico.

– deja levantarme.

Me levanté y me recargue sobre el mueble que daba a la ventana. Me levante el vestido y le mostré mi trasero. Se acercó a mi y se agacho metiendo su cara en mi culo.

– eso, así, huélelo.

– te huele bien rico.

Me bajó el calzón, separó mis nalgas y me lengüeteó el ano.

– eso!! Así!! Comete mi culo!! ¿te gusta?

– me encanta, tía.

– ¿si?, ¿te gusta mi culo de mierda?

– si, sabe asquerosamente rico.

– ¿te imaginas que me echara un pedo en tu jeta?

– que rico. Me encantaría.

– ¿si? Eres un maldito puerco, ¿sabías?

– mientras sea tu rico culo, no me importa.

– que rico.

Su lengua jugaba con mi rabo bien húmedo de su salivita. Me gustaba lo que hacía.

– así chúpalo!! Lámele el rabo a tu tía la puta.

– si, dilo así. Di lo puerca que eres.

– sii!! Anda, cómeme el puto culo sucio. Méteme tu rica lengua en el hoyo. Me incliné hacia adelante y me levanté el culo.

– eso, se te ve más rico. Ábretelo más.

– ¿así?

– así. Que rico, se te abrió un poco tu hoyo.

– ¿si?

Resbaló uno de sus dedos y lo presionó hasta metérmelo.

– mmm mételo!!! Mételo todo!!!

– ¿eso quieres, tía?

– si, penetra mi rico culo.

Hundió su largo dedo hasta meterlo todo. Me excitó más.

– ya lo tienes bien adentro.

Lo movía en círculos. Miré de reojo hacia él.

– sácamelo!!

Lo retiró y lo probó.

– ¿te gusta hacer eso?

– te sabe bien rico.

Sin pedírmelo me penetro el ano con dos dedos haciendo que mi hoyo se me abriera más.

– Aaaa!!! Me duele!!!, grité y di un salto.

– pero te gusta, ¿no?.

– si pero lo tengo un poco cerrado.

– ahorita te lo abro, contestó parado detrás de mi con su mano derecha metida en mi culo y con la otra abrazando mi estomago, manteniéndome pegada a él. Metió sus largos dedos.

– aauuu!!! Me quejé.

– tranquilita, tía.

Una vez que tenía sus dedos bien metido en el culo, empezó a sacudirlos haciendo temblar mis nalguitas.

– ¿que sientes?, me preguntó.

– rico, me gusta, conteste con la voz tembladiza. Sus dedos giraban de izquierda a derecha, agrandándome el ano.

– que rico, ya quiero chupármelos.

– ¿quieres chupártelos?

– si, tía. El sabor de tu culo es delicioso. Sabe un poco dulce y ácido.

– mmmm

– no siento que tengas mierda adentro. Eso lo hace más rico.

Enterró fuertemente sus dedos logrando levantarme un poco.

– Aaahhh!!! Espera…

Retiró lentamente sus lindos dedos.

– están lubricados de tu rabote.

Los miré. Tragué saliva. Los acercó a su nariz.

– huelen rico. Huele, dijo acercándolos a mi cara.

Luego de olerlos, abrí mi boca y los chupé. Succioné. El sabor era raro. No era ácido. No sabían mal.

– eso, tía, chúpalos todos, dijo metiéndome los dedos hasta adentro. Los metió hasta que mis labios tocaran sus nudillos. Me llenaba el hocico de sus largos dedos. Los retiro.

– ¿te gustó?

Tragué saliva.

– si, saben bien.

Se agachó y resbaló su lengua en mi culo.

– ay que rico!!

– está bien ricote tu rabote. Lo tienes bien abiertote.

– ¿si?

No me contestó y cubrió mi ano con su boca y me dio pequeños golpes en el hoyo como si quisiera meter su lengua.

– eso, chúpale!!! Méteme la lengüita, precioso.

Puse mis manos sobre mis nalgas y me las abrí para que se me abriera más el culo. Al hacerlo con sus manos empezó a frotar mi vagina, rascando mi clítoris.

– Aaahhh!!! Siii!!! Que rico!!!

Levanté la mirada al techo arqueando la espalda y levantando el culo. Disfrutaba estar en esa posición. Bajé mi mano derecha a mi culo. Y me metí dos dedos. Me los saqué y me los chupó.

– que rico, hazlo de nuevo.

Lo hice y los lamió.

– ¿quieres ver algo más rico?

– si, hermosa, ¿que?

Abrí el cajón del mueble en el que estaba recargada y saqué un peine. El mango era de plástico y liso, en forma de tuvo y con la punta ovalada. Lo limpié con mi vestido y lo lamí como si fuera una verga. Lo escupí y coloqué la punta en la entrada de mi culo.

– mira, le dije mientras empujé el mango del peine de manera que se me fuera metiendo. Sentí tan rico. El ano se me abría bien rico. Sentía duro. Como si fuera una larga verga. Me miró sentado en la orilla de la cama jalándose la vergota.

– Dios, que rico, tía.

– ¿te gusta que haga eso?

– si, me encanta.

Metí los 10 cm del mango. Apreté el ano para que no s eme saliera. Se paró y tomó los dientes del peine y lo empezó a girar y a sacar suavemente.

– se siente bien rico, dije.

– te vez bien buenota con esto metido.

Lo retiro sin sacarlo todo y lo volvió a meter.

– Aaahhh!!! Mételo todo!!!

– eso, hago, tía.

– ¿quieres cogerme?, ¿quiere meterme la verga por la concha?

– si, si quiero.

– órale, métemela!!

– pero…no tengo preservativo.

– no importa, te va a gustar más.

– si, lo sé. Pero y si me gana.

– ya, no te preocupes por eso. Solo métela ya.

– está bien.

Untó su punta sobre mis pliegues y la empujó hasta penetrarme.

– Aaahhh!!! Siii!!! Que rico!!, jadeaba mi lindo sobrino.

– eso, papito!! Métemela toda!! Métesela a tu rica tía.

– que rico!!!

Empujaba y regresaba. Me la metía casi toda y la sacaba.

– sii!!! Vamos!!!

Tomé el peine y lo moví como si estuviera moldeando.

– Aaahhh!!! Que sabroso es esto!!!

Me saqué el mango y me lo chupé.

– Aaahhh!!! Que cerda eres!!!

– ¿te excita esto?

– si, claro. Mucho.

– ¿te gusta que tenga así el hoyo?

– si, lo tienes bien abiertote.

– se me antoja chupártelo.

– si, hazlo. Chúpamelo.

Me sacó la verga y se agachó lengüeteándome mi rico culo.

– así!!! Anda, chúpalo!!

Estiré mi mano hacia atrás y presioné su cabeza a mi trasero.

– vamos!!! Mete tu lengua!!! Prueba mi colita!!!

Dios!! podía sentir su lengua meterse en mi sucio culo. Lo cerré y pujé para que s eme abriera.

– que sabroso te sabe.

– métemela!!! Mete tu verga ahí!!!

– ¿si?

Se paró y de rápido me penetró el ano.

– Aaahhh!!! Siii!!!

Me la metió hasta el fondo.

– ¿así te la meto?

– siii!!! Así!!! Sácala y entiérramela más!!, le pedí.

La retiró un poco dejándome la punta dentro del culo, y me la enterró con fuerza.

– Aaahhh!!! Me gusta!!! Cógeme!!! Cógete mi culo!!! Vamos!!! Quiero sentirla bien hasta adentro!!!

La volvió a retirar y la metió muy despacio llenándome el culito de su rico pito.

– Aaahhh!!! Que rico la metes!!! Hazlo otra vez!!!

Lo hizo. Agarró mi cabello formándome una coleta y me jaló hacia él justo cuando me la enterró.

– estás hermosamente rica, tía. Me encanta como te cojo.

– a mi igual!! Debemos regresar!!

– espera, espera!!! Déjame terminar!!

– otro día!! ¿si?

– no!! Espera!!

Me sacó si dura verga y la metió en mi vagina.

– Aaahhh!!! Sii!!

– siii!!! Más!!! Cógeme!!! Más!!! Vamos!!! Cógeme más rápido!!!

Soltó mi cabello y me tomó de la cintura penetrándome con más fuerza.

– ándale!!! Así!! Aaahhh!!! Que rico, que rico!!! La tienes bien largota!!

– así se me para cuando te veo el ricote culo, tía!!

– tenemos que vernos más!!! Aaahhh!!!

– si, yo creo que si!! Ya voy a terminar!!

– sii!! Vamos!! Termina dentro de mi!! Expulsa su rica leche!!! Lléname de tu semen!!!

– sii!!! Ya casi!!! Dime cosas ricas para venirme bien rico!!!

– vamos!!! Llénale la concha de semen a tu tía la puta!!! Vamos!! Quiero tú semen!! Expúlsalo!!! Aaahhh!!!

– sii!!! Ya!! Ya!!! Aaahhh!!! Rayos!!! Puta madreee!!! Aaahhhh!!!! Siiiiii!!!

Sentí que su verga pulsaba dentro de mi. Sentía caliente. Dios, se había venido ya. Aunque somos familiares, no me importó.

– lléname bien!!

– sii!!! Ya!!! Ya no puedo!!!

Recostó su frente sobre mi espalda. Estaba exhausto. Retiró su pene. Me asomé a la ventana y vi a mi hermana, la mamá de Damián dando vueltas hablando con la gente. Especialmente con la familia.

– creo que ya están buscándonos. Vístete.

– te lo dije.

– Relájate. Saldré yo primero y si me preguntan por tí les diré que fuiste a la tienda. Así que te las arreglas pra comprar algo. Ten, te dejo 50 pesos.

– está bien.

Me arreglé el vestido y salí cuidadosamente. Entre a la casa. Pasé por el comedor y entré a la cocina.

– Isabel!! Oye!!!, me llamaba Paulina, mi hermana.

– eu!! ¿Que pasó?

– ¿dónde estabas?

– pues…estaba hablando por teléfono en una de las recamaras, ¿porqué?.

– no pues te desapareciste. Igual Damián, no lo encuentro.

– ¿y ya le marcaste al celular?

– si, y no contesta.

– tranquilízate, seguro está dormido en uno de los cuartos o salió.

– ¿pero a que?

– míralo, ahí viene.

Giró su cuerpo hacia el comedor.

– ¿a dónde estabas?, le pregunto Paulina a Damián furiosamente.

– fui a la tienda. ¿a que?

– a comprar unos chicles.

– y por unos chicles tardas tanto.

– hermanita, ya, tranquilízate. Lo importante es que ya está aquí.

– si, ya. Ve con los demás.

Después de tantos gritos. Regresé a la fiesta. Durante todo el día no dejé de mirar a Damián.

Leave a Reply

*