Mi vecino mirón me desvirgó y lo disfruté

Era mi primer año de universidad. No estaba segura de cómo iba a ser capaz de sobrevivir. No conocía a nadie y me iba a vivir a un piso.

Adoraba vestir con faldas. Tenía suerte de que en la zona a la que me había mudado solía hacer calor hasta bien entrado el invierno. Y aun así con frio no dudaba en ponerme medias bajo la falda para poder seguir vistiendo mi prenda favorita.

En la planta del piso en el que vivía solo había una casa más. No había nombre en el buzón y tampoco escuché nada en el primer día. Quizás estaba sola.

Pasaron las dos primeras semanas. Había hecho algunas amistades pero nada del otro mundo. Aun no me sentía cómoda con mis nuevas compañeras. En el piso de al lado ya estaba segura de que no vivía nadie.

Fue un día que caía un chaparrón cuando descubrí que no estaba sola. Al llegar con el ascensor a la planta mi pelo, largo y rojo fue dejando charcos por el suelo del pasillo. Dejé la puerta abierta decidida a salir a fregar lo mojado. Pero la ropa me rozaba y hacía daño. Quedándome en ropa interior salí a fregar el suelo. Entonces escuche un crujido. Al girarme vi que esa puerta estaba abierta. Una rendija nada más. Sonrojada entré corriendo hasta mi casa y cerré la puerta.

Pasaron un par de meses y no supe nada de aquello. Tampoco hablaba con el resto de vecinos por lo que no me atrevía a preguntar si vivía alguien o no.

Un día salí algo caliente de clase. Un par de compañeros pasaron un video porno por el grupo de Whatsapp y yo lo vi. Llegué a casa y comencé a masturbarme. Era virgen y nunca antes había sentido tanta necesidad como ese momento.

Sin dudarlo salí solo vistiendo el sujetador hacia el rellano. Comencé a limpiar el suelo. De nuevo la puerta crujió.

Yo estaba temblando. Excitada y asustada a la vez. Pasaba el palo entre mis piernas. Me senté en el suelo y comencé a tocarme de nuevo. Gimiendo como loca.

La puerta no se abrió más, pero podía oír como salían unos jadeos y eso me excitaba sobremanera.

Me levanté decidida a entrar en la casa pero la puerta se cerró.

Enfadada entré de nuevo en mi casa y termine de masturbarme gritando a pleno pulmón.

Al siguiente día dejé la puerta de mi casa abierta. Puse una película porno y me empecé a masturbar frente a la puerta. De nuevo el crujido… los gemidos y jadeos…

Esta vez no traté de acercarme. Tras un rato al fin me atreví a mirar. La puerta de mi vecino estaba abierta de par en par. Allí d epie estaba un hombre de unos cuarenta años, con tripa cervecera, calvo y bizco. Se masturbaba con fuerza sin dejar de mirarme. Yo me modrí excitada los labios.

-Ven…-susurré con lascivia.

El hombre, sin dudarlo, llegó hasta mi y empezó a apretar mis pechos. Con rudeza. Muy dolorosamente. Haciendome gritar.

-Calla puta… -susurró.

Se alejó y yo me asusté pensando que había hecho algo mal. La puerta de su casa se cerró. Pero el volvió. Cerró tras de si mi puerta y sonrió con lascivia.

-A brete bien de piernas perra. Llevo queriendo empótrate desde el primer día. Ponte una de tus falditas de guarra…

Corriendo fui hasta mi armario y me puse una faldita de colegiala que usé para un disfraz. Al verme vino en pocas zancadas hasta mi y agarrándome del pelo me bajó hasta su polla.

Yo empecé a succionar esa deliciosa carne como si fuera mi alimento. Los gemidos del hombre excitaban más y más mi cuerpo.

El me eljó dando un tiron a mi cabello.

-Ponte a cuatro zorra…

Obediente me puse a cuatro y grité de placer al sentir sus dedos invadiendo mi coño.

-Soy…soy virguen….-logré decir.

Él se rió y me dio una nalgada con una fuerza extrema.

-Me importa bien poco guarra de mierda. Me has estado poniendo caliente y ya no me he podido aguantar. Así que vas a ser una buena cerda y vas a dejar que te rompa el coño.

-Sí…-jadee exitadisima.

Sin previo aviso me metió su falo y empezó a moverse. Su falo me atravesó dolorosamente. Gimotee pero el ignró mi dolor y se movio animalmente contra mi. Clavandose hasta el fondo y soltando gruñidos.

-Oh… perra… sí….

El dolor desapareció pronto y mis caderas fueron al encuentro de las del hombre. Este encantado empezó a darme nalgadas cada vez que yo gemía, provocando que chillara como una loca.

-Grita más puta. ¡Grita!

-Sí.. soy tu perra…-gimotee mientras me movía más rápido contra el.

-Me corro puta. Me corro. Recibe mi semen puta.

Y esa esencia cálida me inundo por dentro. El se quedó dentro hasta que salió su ultima gota. Al sentirse vacio me dejó caer brutalmente contra el suelo.

-Si llamó a tu puerta otro día estate lista para que folle de nuevo guarra.

Yo asentí sonriendo y él me lamió los pechos antes de irse.

Mis cuatro años de universidad se centraron en estudiar y follar con mi vecino. ¿Qué mejor experiencia de vida?

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