Mi vida en una universidad americana. Parte 1

Mi nombre es Andrés y cuando cumplí 19 años mi vida sexual cambió para siempre. Hasta ese momento solo había mantenido relaciones con mi novia. Lo hacíamos desde los 16 pero nunca habíamos sido muy imaginativos. En mi segundo año de universidad recibí una beca para irme a estudiar en una universidad de Estados Unidos Siempre he sido muy deportista y jugaba en uno de los equipos de cantera de fútbol de mi país. La universidad en cuestión tenía un equipo de soccer como los llamaban ellos y aunque allí es un deporte básicamente femenino los americanos adoran cualquier tipo de deporte. Además no había la competencia de mi país, el bajo nivel de allí hacía que yo fuera un Messi o un Ronaldo.

Los primeros meses fueron como un sueño. Realmente era otro país. Las instalaciones de la universidad era tal y como se ven en las películas. Grandes edificios, gimnasios profesionales, piscinas, grandes parques dentro de la facultad que era una ciudad en sí misma. Mi beca incluía gastos así que solo tenía que asistir a clase, entrenar y divertirme. No éramos los dioses que eran los jugadores de fútbol americano pero teníamos nuestros admiradores y sobre todo nuestras admiradoras. Es cierto también que en Norteamérica son mucho más abiertos con el sexo que nosotros y que la universidad es un territorio de experimentación. Había tenido más de un oportunidad de follar pero había mantenido la fidelidad a mi novia. Tan solo había tenido sexo con ella a través de internet mis bolas estaban a punto de reventar.

Todo cambió cuando a los novatos del equipo nos invitaron a una fiesta en una fraternidad. Lo vuelvo a repetir, casi todo lo que se ve en las películas es real. La fiesta era un auténtico desfase con unas tías de campeonato y cerveza y alcohol por doquier. Todo el mundo buscaba emborracharse o follar o ambas cosas.

Yo me mantenía en una esquina con mi amigo Brian, un compañero del equipo con el que compartía dormitorio y nos habíamos hecho inseparables. Nadie nos hacía mucho caso. El resto de novatos se habían ido hace rato y los veteranos del equipo no querían empeorar su situación de jugadores de soccer mezclándose con los nuevos. Estábamos ya bastante borrachos cuando Alan, uno de los veteranos del equipo de rugby nos puso las manos en los hombros.

– Qué hay mariconazos de las pelotitas. ¿Pasándolo bien?

Brian y yo nos miramos nerviosos. Nosotros estábamos en forma por el fútbol con cuerpos bien definidos y nuestros músculos pero Alan era uno de los jugadores de defensa. Un auténtico animal de puro músculo del que estoy seguro que no era un desconocido a los esteroides. Así que no era una buena idea llevarle la contraria y el hecho de que estuviera borracho tampoco ayudaba mucho.

– Si claro hombre.- Respondió Brian.- Muchas gracias por invitarnos.

Alan sonrió pero todavía no nos había soltado.

– Bueno. Parecéis aburridos pero tenéis mucha suerte. Hay alguien que quiere probar carne nueva.

No sabíamos de qué iba aquello pero la verdad es que no pintaba nada bien. Alan nos cogió del cuello y nos guío por el salón y la cocina hasta la puerta que daba al sótano. Allí nos hizo bajar unas escaleras con ladrillo visto hasta lo que era claramente la sala de juegos de la fraternidad. La habitación era tan amplia como el piso de arriba y en el centro había tres enormes sofás. Contra una pared se extendía una barra de bar con una amplia selección de bebidas y una pequeña puerta al lado. En la pared de enfrente una mesa de billar y una máquina de dardos compartían espacio. En el centro, rodeado por los sofás que miraban hacia una tele enorme con un sistema de música y un par de altavoces enormes, habían apartado una mesa de café y había una enorme alfombra. Dos trípodes con cámara de video estaban enfocadas hacia el centro de la habitación. Sentados en los sofás estaban tres compañeros de Alan. David y Brandon eran dos enormes afroamericanos que formaban parte de la línea ofensiva. Eran casi más grandes que Alan y mucho más altos dos auténticas montañas. Luke era el quaterback a quien tenían que defender los dos anteriores. Luke era quien mandaba y se notaba en el respeto que los otros le tenían. A pesar de no ser tan grande como los demás tenía también un cuerpo de atleta. Moreno con ojos verdes debía ser el que más tías se tiraba de todo el campus. En la barra con los vasos de plástico rojos típicos de esta fiesta estaban Mike, el capitán de nuestro equipo de fútbol, y Marcos, un mexicano que era uno de nuestros delanteros. Me puse todavía más nervioso. Si era posible encontrar un ejemplo de los tíos más populares los teníamos delante. Por mi mente empezaron a desfilar todas las novatadas y bromas de las fraternidades.

Luke se levantó y se quedó mirándonos.

– Así que estos son los elegidos. Bueno qué hacemos primero, darles por culo o que nos chupen las pollas.

Las caras que pusimos debían ser de libro porque los seis empezaron a reírse.

– No os preocupéis a todos les duele al principio. Luego les gusta. – La voz de Brandon sonaba acojonantemente terrorífica. Yo pensaba lo que me costaría salir allí a golpes.

De repente la puerta al lado de la barra se abrió y una voz femenina salió del pequeño baño que ocultaba.

– Dejad de asustarlos, panda de maricones. Nadie va a chupar pollas aquí más que nosotras dos.

Del baño salieron Courtney y Jennifer, de 23 años. Todo el que se movía con deportistas había oído hablar de ellas y se había masturbado pensando en ellas. Jennifer era miembro de las animadoras del equipo de rugby y una rubia sacada de los sueños húmedos de cualquiera. Con ojos azules tenía unas piernas largas hasta un culo de infarto. Se mantenía en forma y unas tetas no muy grandes pero perfectas. Courtney era todo lo contrario, aunque eran muy amigas. Un poco más rellenita , eso le daba unas curvas perfectas y redondas. Su media melena negra acompañaba una cara viciosa. Pero lo mejor eran unas enormes tetas que debían superar la talla cien y que ahora luchaban por salir de top ajustado que las comprimían. Su culo también se apretaba en unos shorts vaqueros que dejaban muy poco a la imaginación. Claramente era ella la que llevaba la iniciativa.

– Tú el grandote rubio ¿de dónde eres?, ¿cómo te llamas?

Brian tragó saliva. Era el más alto de los dos, casi como David y Brandon, y bastante más ancho que yo con un pecho que marcaba su camiseta.

– Briiiiiaaannnn, de Wisconsin.

– Joder con los chicos de campo. Todos son grandes allí. Me pregunto si todo es grande. Dijo mientras le miraba el paquete.

Brian no sabía qué hacer y se me quedó mirando. Luke había ido hasta una de las videocámaras y estaba manejándola.

– Eres retrasado muchacho. Desnúdate coño.

Brian volvió a mírame. Yo no sabía qué hacer. Seis tíos mirándonos y dos tías increíbles pidiéndole que se desnudara y cámaras además. Yo estaba seguro que aquello era una broma pesada y que acabaría en internet. Pero no había manera de escapar.

– No os preocupéis, las cámaras son solo para disfrute propio y si colaboráis, vais a entrar en un club que os va a hacer flipar.

Jennifer comenzó a acariciarse por encima del vestido corto que llevaba.

– Última oportunidad para subiros guapos. U os vais por donde habéis venido. Sin rencores.

Eso decidió a Brian. Rápidamente se quitó la camiseta, zapatillas y pantalones. Con los calzoncillos dudó un momento. La mirada de Courtney mientras se relamía los labios hizo que se los bajara de un tirón.

– Bueno, así no podemos juzgarla; acércate cariño.

Courtney se puso de rodillas en el centro de la alfombra. Brian se acercó como hipnotizado. Courtney le agarró la polla flácida. Comenzó a lamerle la punta y se puso tiesa en un momento. No era muy larga pero si bastante ancha lo que parecía complacer a la boca que se dedicaba a ella. Courtney usaba la lengua en la punta y bajaba por el asta hasta los huevos mientras le pajeaba. Brian se había olvidado de todos nosotros y yo también. Aquello era una película porno en directo. Courtney se metía la polla en la boca después de lamerla y no dejaba de mirar a los ojos a Brian. Su saliva recolgaba de la polla y caía en gruesos goterones en las enormes tetas. Mi propia polla estaba reventando mis pantalones. Luke grababa toda la acción y Mike había cogido la otra cámara.

Me giré y vi que Marcos había pasado a uno de los sofás y estaba totalmente desnudo. No era el único. Alan se había desnudado y estaba en otro de los sofás. Los dos que les permitían mejor ver el espectáculo. Los dos estaban masturbándose lentamente sin ningún pudor de los presentes.

Al borde de la alfombra Jeniffer miraba absorta a su amiga mientras David y Brandon se ponían detrás de ella y se quitaban los boxers la última pieza de ropa que les quedaba. Joder, Marcos y Alan no iban mal dotados pero esos dos hacían honor al mito de los hombres negros. No es por presumir pero me sonreí pensando en que no les andaba a la zaga. Todavía estaba totalmente vestido y era incapaz de reaccionar. David deslizó una mano bajo el vestido de Jennifer y empezó a acariciarle el coño. Brandon comenzó a sobar sus tetas por encima de la tela. Jeniffer sin volverse sus ojos de la mamada del centro de la habitación bajó sus manos hasta las pollas negras y comenzó a masturbarles con movimiento lentos.

De repente los sonidos de chupeteo cesaron y me di cuenta que todos me miraban. Courtney se había levantado y masturbaba a Brian extendiendo la saliva de punta a huevos. Su mano casi le cubría en longitud pero apenas podía cerrarse. Estaba mirándome fijamente. Soltó a Brian que se quedó allí parado.

– ¿Tú eres el español?- Me preguntó mientras se descalzaba y se desabrochaba los shorts. Comenzó a bajárselos no sin cierto esfuerzo por lo ajustados que estaban. Poco a poco se deslizaron por su culo dejando a la vista un tanga naranja que pronto siguió a los pantalones hasta sus tobillos. Levantó una pierna y después otra hasta que sus piernas subieron hasta un coño de enormes labios totalmente depilados. Asentí despacio sin dejar de mirar la humedad incitadora que se desprendía.- Creo que nunca me he follado la cara de un español. ¿Vas a dejarme que me folle tu cara? – Volví a asentir despacio mientras luchaba un momento con el top por encima de su cabeza. Sus enormes tetas se resistieron un poco hasta que saltaron libres. Joder, dos pezones enormes justo para cubrir con tu boca.- Pero no follo las caras de tíos vestidos.

Creo que no me he desnudado nunca tan rápido Cuando me quité los calzoncillos mis 23 centímetros dieron un salto en todo su esplendor. Las risas y los silbidos de admiración me hicieron avergonzarme un poco. Al contrario que lo que se cree habitualmente mi tamaño me provocaba un problema. Mi novia tardó mucho en aceptar la penetración y el cachondeo en los vestuarios era constante.

Me sentí un poco incómodo cuando Mike me enfocó directamente y cuando le dijo a Courtney que ya se lo había dicho empecé a comprender por qué habíamos sido elegidos.

– Joder, ya te digo que hemos acertado. Ven cariño túmbate aquí y no dejes que esa preciosidad se baje en ningún momento.

Me tumbé en la alfombra y ella se colocó a horcajas sobre mí. Poco a poco fue bajando hasta que su coño se apoyó en mi boca. Lo de follarme la cara era literal porque lo único que pude hacer fue sacar la lengua antes de que ella comenzara a mover sus caderas. No sé si le gustaba más mis labios en su vulva o la sensación de dominio pero su humedad me goteaba por la cara y casi me ahogaba.

– Si hay algo que me gusta más que follarme una cara es que me la follen a mí a la vez.

Dicho esto acercó a Brian y se metió la punta de su polla en la boca. Esto lo vería yo en el vídeo porque en ese momento solo podía ver las piernas de Brian cerca de mi pelo, el pubis de Courtney y sus tetas por debajo. Colocó las manos de mi compañero detrás de su cabeza y le indicó con gestos lo que quería; luego sus manos pasaron a sujetar mi pelo. Mi colega no se hizo de rogar y sujetó su cabeza mientras comenzaba a bombear con sus caderas. Se acomodó pronto al ritmo y aumentó la velocidad. Éramos una escena diga de verse. Yo en el suelo con la cara empapada y masturbándome lentamente mientras ella cabalgaba mi cara y en la suya se deslizaba la saliva y las lágrimas mientras los huevos de Brian chocaban en su barbilla.

Brian no pudo aguantar más. Cuando lo notó, Courtney lo apartó y le miró expectante con la lengua fuera. Brian se pajeó frenéticamente y su semen voló hacia la boca. Brian había ahorrado y su espera se deslizó por la barbilla y las enormes tetas e incluso en mi frente y pelo pero o estaba ya por encima de todo.

Brian se derrumbó en el sofá y Courtney se dedicó a mi comida de coño. Se reclinó hacia atrás con lo que podía verle mejor las tetas y se acariciaba el clítoris como una posesa. Alrededor nuestro se oían los gritos de fóllatelo, haz que se corra, báñale la puta cara. Los gemidos de Courtney alcanzaron un grado que seguro que se oía más arriba. Se incorporó un poco alejando su coño de mi cara y se metió tres dedos a la vez que seguía con el clítoris. Su orgasmo estalló literalmente y sus fluidos terminaron de empaparme la cara y el pelo. Courtney se apartó y se derrumbó a mi lado. Yo medio me levanté y miré a los otros. Joder, la noche iba a ser larga.

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