Mojadita

El otro día vi que alguien había hecho un comentario sobre uno de los relatos que he publicado diciendo que su lectura la había dejado “mojadita” y me gustó mucho, pues los comentarios que recibo habitualmente son de hombres que dicen que lo que escribo se las pone dura y hace que les entren ganas de hacerse una paja.

“Mojadita”, ese sugerente diminutivo me hizo recordar cuando el chichi de mi mujer se convertía en una fuente al lanzarle el aliento caliente de mi boca sin siquiera haber pasado la lengua por su botoncito del placer que tanto le gustaba que le chupara y me entraron ganas de releer el relato del trío que hace ya años hice con ella.

No acostumbro a volver a leer los relatos una vez los mando y al hacerlo me recordó que hacía tiempo que no chupaba ni lamía un clítoris, cosa que en ocasiones me gusta tanto como meterme una buena polla en la boca y lamerla de arriba abajo. Recordé las dos veces en mi vida que había hecho un trío con otro hombre y una mujer y la idea de volver a tener esa experiencia se me quedó en la cabeza volviendo recurrentemente a menudo. Hasta me masturbé leyendo aquel relato que había escrito yo mismo sobre el día en que compartí mi mujer con un amigo suyo y a cambio yo disfruté de los dos.

Lamentablemente eso había pasado hacía ya bastantes años, en una época en la cual yo, de haberlo intentado, quizás todavía habría tenido posibilidades de encontrar una pareja de mediana edad con la que montarlo.

Pero en la actualidad, ya con 60 años, aunque me conservo francamente bien, no veía ninguna posibilidad de ello. Aun así, animado por algunos clips de tríos de maduros bisexuales que miré en Internet la idea no se me iba de la cabeza en esos momentos en los que se pone dura, empiezas a jugar con ella y te vienen imágenes que contribuyen a que te corras después de un buen masaje.

Finalmente pensé que por probar no perdía nada y en la sección de parejas liberales de una página de contactos puse el siguiente anuncio:

Hombre maduro de 60 años. Bisexual, discreto, respetuoso y con ganas únicamente de sexo sin compromisos ni historias raras busca una pareja de maduros, hombre y mujer, que piensen que ya es hora de hacer realidad sus fantasías de hacer un trío o que ya lo hayan hecho y quieran repetir.

Incluí un par de fotos de mi cuerpo con la polla ya preparada y lo mandé.

Pasaron tres días y, naturalmente, pensé que había una posibilidad entre un millón que alguien contestara y si lo hacía, quedar sería aún más difícil.

Sorprendentemente para mi, el cuarto día después de haber publicado el anuncio me llegó una contestación:

Hola. Somos una pareja madura. Él 53 y yo 55. Nos interesa tu anuncio. Hablamos?

Buena señal que fuera ella la que llevaba la voz cantante.

A partir de ahí nos comunicamos por correo dando más detalles de nosotros. Por intercambio de mensajes que tuvimos deduje que posiblemente habían hecho un trío anteriormente, pero que no era algo habitual en ellos y querían asegurarse con quien lo hacían, cosa por otro lado de lo más natural.

Al final quedamos para conocernos en una cafetería y allí fui el día y la hora acordados. Me senté en una mesa en la terraza y esperé unos minutos mientras veía pasar gente por la acera. Al cabo de poco se acercó a mi una pareja que me reconoció por la descripción que yo les había dado y me preguntaron si podían compartir la mesa.

Los dos eran de la misma estatura, algo más bajos que yo. Ella media melena con el pelo rizado y con la cara redondita y simpática. Llevaba una camiseta que marcaba bastante bien sus tetas, que se intuían bastante voluminosas por debajo de la tela y unas mallas que también marcaban sus muslos. Él, algo calvo y con cara de oficinista, llevaba un polo de color lila y unos pantalones cortos de color azul celeste hasta las rodillas. Seguro que ella era su asesora de imagen. La primera impresión fue que él era un cero a la izquierda en su relación, pero también le envidié tener una mujer con las cosas tan claras y (al parecer) tan sexualmente activa.

Esto iba pensando yo mientras charlábamos de cosas banales al mismo tiempo que veía que se estaban relajando y para mi eso era buena señal. Supongo que ella le tocó por debajo de la mesa, pues el giró rápidamente la cara hacia ella y ella le sonrió como dándole un OK. Me dijo que vivían desde hacía menos de dos meses en uno de los edificios cercanos del barrio donde estábamos y me invitaron a tomar una cerveza en su casa. Por supuesto acepté sin dudar.

Llegamos en menos de un minuto a un edificio de los que se habían construido en la zona recientemente. Todos bloques de colores claros sin balcones, seguramente climatizados. Subimos a un tercer piso y entramos en un apartamento atiborrado de muebles de madera envejecidos; estantes, armarios, mesas. Por dentro aquello parecía un refugio de alta montaña.

La cocina estaba separada del salón por un mostrador por encima del que colgaban también jarras de madera viejas. No quedaba ni un palmo de las blancas paredes sin algo colgando en ellas. Lo encontré bastante opresivo, pero no había ido allí para hacer un reportaje.

Me invitaron a sentarme en un sofá, ella se sentó a mi lado y él, ya en la cocina, me preguntó si me apetecía una cerveza o algo más fuerte. Le contesté que en ese momento me apetecía algo fuerte mirando a mi anfitriona, quien sonrió al oír el tono con que lo dije.

Los tres sabíamos para qué estábamos allí y era una pérdida de tiempo inútil no entrar en materia. Ella cogió de la mesa el mando de la tele y la puso en funcionamiento. Vi cómo buscaba la entrada de usb y puso un video clip en el que se veía a tres personas en una cama. Dos hombres y una mujer. La mujer era ella y uno de los hombres su marido, el otro hombre me era desconocido. Entonces vi que tenían más práctica de la que yo en principio había pensado. Ella estaba tumbada boca arriba chupándole la polla al desconocido que estaba arrodillado al lado de su cabeza y su marido entre sus piernas tenía la cara hundida entre ellas, obviamente comiéndole el coño con una mano de ella apretando su cabeza para hacer más presión y moviendo las caderas arriba y abajo.

Yo hacía rato que notaba esas cosquillas que indican que hay tema y las imágenes de la pantalla estaban provocando que mis pantalones se abultaran más por la entrepierna. Ella miraba la tele e iba abriendo las piernas cada vez más. Su marido estaba poniendo unos vasos sobre el mostrador echando furtivas miradas hacia nosotros.

Ponte cómodo, veo que te aprietan los pantalones. Lo dijo al mismo tiempo que metía una mano por dentro de las mallas elásticas que llevaba hasta llegar encima de su pubis.

Hay que hacer sentir al invitado como en su casa, pensé.

Encantado. Me levanté y me quité los pantalones sin sacarme los calzoncillos que llevaba puestos y que marcaban mi polla ya todo lo dura que puede estar. Puse una mano encima de la suya que acariciaba su coño y con la otra hice lo mismo con mi polla recorriéndola de arriba abajo con dos dedos. Ella ahora no miraba la pantalla, tenía la vista fija en la mano con la que yo me estaba acariciando. Luego puso su otra mano sobre mi polla y la siguió acariciando ella. Su sonriente marido se acercó, puso tres vasos con hielo y una botella de whisky encima de la mesita y se sentó en el sofá al otro lado. Ella sacó la mano de debajo de sus mallas y la puso encima del paquete de su marido, que tampoco parecía pequeño. Él se desnudó de cintura para abajo y ella le agarró la verga. Sin quitarme los calzoncillos, con una mano experta, me sacó la polla por debajo de ellos y lentamente empezó a hacerme una suave paja que lo único que hacía era desear que agachara la cabeza y se la metiera dentro de la boca. Tenía una mano en cada polla. Miré hacia la pantalla y en ese momento el marido estaba mamándosela al desconocido por encima de la cara de su mujer y ella debía de tener tres o cuatro dedos dentro de su coño con los que se estaba follando ella misma al mismo tiempo que sacaba la lengua y lamía los huevos que colgaban por debajo de la tranca que su marido se estaba comiendo.

Le puse una mano encima de la cabeza empujando hacia abajo para que me lo hiciera a mi y ella, sin soltar la polla de su marido se metió la mía en la boca después de darle unos cuantos lametones. Luego, girándose hacia el otro lado, hizo lo mismo con la de su marido.

En ese momento en la tele la cosa estaba subiendo de tono. Ahora el marido estaba tumbado boca arriba con las piernas alzadas mientras el desconocido se lo follaba y la mujer se hacía una paja justo encima de su cara mientras miraba como entraba y salía la polla del desconocido del culo de su marido.

Aparté la vista de la tele. Ya tenía bastante ficción, ahora quería algo más real. Me levanté y me desnudé. Me puse delante de ellos y el primero que fue a por mi polla fue el marido. Luego ella. Cuando se la sacaba uno, se la metía el otro sin parar, chupando y lamiendo con un evidente placer y ganas.

Yo estaba esperando que me invitaran a la cama, pero ellos seguían dejando saliva sobre mi polla sin parar. Al final fui yo quien lo sugirió.

¿No estaremos mejor en la cama? Se levantaron los dos de golpe y casi al mismo tiempo dimos un trago de whisky.

Por aquí. Mientras les seguía eché una última mirada a la tele y vi como la mujer se estremecía llegando al orgasmo mientras el desconocido descargaba su leche encima del vientre del marido.

Entramos en una habitación con una cama grande. Ella se desnudó se estiró y abrió las piernas dejando ver un coño completamente depilado con los labios ya entreabiertos y brillante por la humedad que ya tenía.

Mojadita, mojadita, me dije a mi mismo.

Él estaba de pie al lado de la cama con su polo todavía puesto y por debajo de él salía una hermosa polla también en posición de firmes, que por su físico yo no habría dicho que la tuviera tan guapa.

Dudé un momento cual de los dos manjares llevarme a la boca primero y decidí empezar por el chichi, pues como ya he dicho hacía tiempo que tenía ganas de beber de ese zumo y él estaría ahí cuando quisiera cambiar, no había duda. Me tumbé al lado de ella y pasándole las manos por debajo le indiqué que se pusiera encima de mi para hacer un 69, el número de la suerte. Empezamos los dos al mismo tiempo. Ella se tragó mi polla y la comenzó a chupar rápidamente con sonidos de placer. Yo le separé las nalgas todo lo que pude y después de contemplar un momento el agujerito trasero que parecía también muy acogedor le puse la boca abierta encima de los labios de su depilada vagina succionando primero para sentir el sabor de su flujo. Luego ya le chupé el clítoris como si quisiera arrancarlo. Ella movía el culo encima de mi cara ansiosamente. Me mojé un dedo y tanteé su entrada de atrás, ella hizo presión diciéndome sin palabras que se lo metiera y eso hice. Con mi cabeza entre sus piernas no podía ver al marido, pero pronto sentí que la boca que me estaba chupando era substituía por otra boca de chupadas más lentas y largas que empezaron a hacerme sentir que me corría. La mamaba mejor él que ella, para mi gusto, claro. Así estuvimos unos segundos y cuando noté que me corría puse las manos por debajo de los cuerpos como pude y saqué mi polla de su boca.

Para, para, que me corro.

Hice que ella se tumbara a mi lado y me incorporé. Éll seguía con la polla tiesa arrodillado sobre la cama. Saqué un condón de mi bolsa de supervivencia, me lo puse, le separé las piernas a ella y se la metí poco a poco agarrando al mismo tiempo la polla de él para acercarla a mi boca. Le puse una mano en el trasero para aguantarme mientras le hacía una mamada al mismo ritmo que me la follaba a ella. Los condones nunca me han facilitado la corrida y aquella no fue una excepción. Entre lo mojada que tenía ella su vagina y la funda que tenía mi polla se me pasaron las ganas de correrme al no haber prácticamente fricción, así que me aparté un poco, hice que se pusiera a cuatro patas y tanteé su agujerito trasero con la punta de mi enfundada polla hasta que entró la cabeza y fui apretando más y más hasta meterla completamente dentro. Notaba mucho más esa presión y me resultaba más placentera. Él metió la cabeza por debajo, me lamió mis balanceantes huevos primero y luego le chupó el coño. Ella agarró la polla de su marido y también empezó a chupársela. Yo volvía a estar a punto de correrme y ella lo notó por el creciente ritmo de mis embestidas en su culo.

Espera, espera. Se separó de los dos y volvió a tumbarse boca arriba. Él, como si ya hubiera estado pactado entre ellos, se arrodilló por encima de ella y me ofreció su culo para seguir con él y eso hice sin dudar. Al parecer habían entrado ya bastantes pollas en él, pues la mía se deslizó dentro casi sin apretar. Vi como se besaban con bocas chorreantes mientras ella se masturbaba frenéticamente por debajo de nuestros cuerpos y yo cada vez empujaba más fuerte deseando correrme de una vez. Llegué enseguida y apartándome un poco me saqué el condón y dejé caer la leche encima de la mano de ella, que todavía siguió unos segundos frotándose el coño hasta que empezó a convulsionarse al correrse. Me recordó los orgasmos de mi mujer en otros tiempos. Después de decir lo bien que nos lo habíamos pasado y de lavarnos un poco, bebimos un poco más de whisky y nos despedimos. Ayer precisamente me llegó un correo de ellos insistiendo en que se lo habían pasado muy bien y que si quería volver a repetir, por ellos no había problema.

Hemos quedado dentro de tres días.

Estoy duro ya y voy a hacerme una paja mientras espero que pasen esos tres días. Tengo algunas ideas que seguramente les gustarán

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