Mónica: Una nueva alumna sumisa

En sus mails me contaba que los chicos de su edad la habían tratado miserablemente y se sentía fatal por ello,, pero que a pesar de eso le gustaba sentirse así y que lo había disfrutado a su manera. Pero quería aprender todo de la sumisión con alguien mayor y con experiencia.

Yo le expliqué que no me gustan las relaciones basadas en mensajes que si quería aprender tendría que tener valor y encontrarse conmigo cara a cara. Mónica me dijo que estaba dispuesta a todo.

Y así empezó esta nueva historia.

En un primer mensaje le detallé todo lo que habría de cumplir:

Hacerse un usuario de LINE para poder contactar

No mentirme nunca

Contarme todos sus deseos

Estar dispuesta a cumplir mis órdenes

Y ante todo no interferir en mi vida, salvo cuando yo quiera.

Mónica aceptó rápidamente todas mis propuestas y al poco tiempo recibí en mi móvil un mensajes de Line en el que tenía una nueva amistad.

No tenía foto así que le pedí varias. Una chica morena con buenas curvas y carnes abundantes llenó la pantalla de mi móvil Un culo grande en un tanga burdeos, unas tetas algo caídas con pezones muy negros y grandes y un cuerpo que sin ser obeso estaba entrado en carnes.. vas a adelgazar a base de las sesiones de sexo que vamos a tener, le dije. Y ella me respondió que encantada, que le daba algo de reparo lo gordita que estaba pero no podía remediarlo, le encantaba comer. Pues te hartarás de comerme mi polla y beber mi leche, le contesté.

Cada día teníamos un poco de charla y le pedía que me enviara alguna foto de cómo se había vestido. Se iba al baño de su oficina y se fotografiaba con su ropa y le pedía que también quería verla en ropa interior. Ella se desnudaba en el baño para mi, haciéndose fotos y poniéndose muy caliente según me contaba. En ocasiones le impedía volver a ponerse las bragas o el sujetador y a pesar de los reparos ella lo cumplía y me enviaba la foto de su ropa interior en el bolso, mientras estaba sentada en su mesa de trabajo.

Con los días iba cogiendo confianza y se atrevía a más cosas que le iba pidiendo, pero de lo que tenía ganas era de quedar.

Lo organicé todo para encontrarnos en un bar de Madrid, donde tomar algo y ponerla a prueba.

Tenía que venir con vestido o con falda, sin bragas, tacones y el resto lo dejé a su elección. No se podía masturbar en varios días, porque quería que llegase caliente y deseosa.

Antes de la hora indicada yo estaba sentado en una mesa apartada de la cafetería, controlando la puerta y todo el local.

Mónica llegó 5 minutos tarde, acalorada como si hubiese venido corriendo, con cara de corderito y buscando por el local con la mirada. Le hice una seña y vino hacia mi con una cara mezcla de miedo e intriga que me encantó. Iba vestida con un vestido veraniego de falda larga y tacones. Sus carnes llenaban el vestido, pero estaba sexy. El pelo recogido en una coleta que le daba aspecto aún más aniñado.

Siéntate a mi lado, le dije cuando iba a sentarse enfrente, quiero que mires hacia toda la gente y que puedan ver tu cara. Ella asintió muda y se sentó.

¿Sabes a que has venido? Si, a ser tu alumna sumisa y que me enseñes. ¿Qué quieres aprender? Todo, quiero complacerte y que me uses y disfrutar así. Aquí tu disfruté lo decido yo no tú, le dije apretándola el muslo fuerte, lo que hizo que diese un pequeño salto en la silla.

Imagino que no llevarás bragas, ¿no?. No, he hecho lo que me has mandado. Perfecto, déjame comprobarlo. ¿Aquí? Me dijo con cara de susto. Pues claro, donde si no. Súbete la falda y enséñame tu coño. Ella mirando hacia la gente que había empezó a subirla despacio. ¿A qué esperas? Que se hace de noche, vamos. Es que me da vergüenza me dijo. Pues que se te pase. Baje mi mano y la subí el lateral de la falda y metí mi mano, notando su pubis desnudo. ¡Abre las piernas!. Mónica separó sus muslos y note su humedad en ellos. Ya vienes caliente de casa? Mucho, llevo dos días sin masturbarme y lo necesito. Pues ya lo haré yo, dije metiendo mi mano entre sus muslos. El gemido que pegó creo que lo oyó hasta el camarero, pero estaba más pendiente de la televisión que de nosotros, no imaginaba lo que se estaba cociendo entre esos muslos duros, jóvenes y calientes.

Seguí jugando con mis dedos en su coño. No lo tenía totalmente depilado, porque le había impedido hacerlo desde que empezamos a hablar. Mis dedos acariciaban sus labios, lo que le provocaba gemidos que amortiguaba mordiendo sus labios. De golpe paré y agarré sus pelos y tire. Ay, exclamó. No te quejes o saco la mano. No por favor, sigue, necesito correrme. Pues no es el momento. Ahora nos vamos a ir a mi hotel. Si, lo estoy deseando. El hotel estaba muy cerca. El recepcionista me miró con una mezcla de curiosidad e intriga, al verme con una jovencita coger el ascensor, mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Mónica, en el que destacaba su culazo bien marcado bajo la falda.

En el ascensor, la besé. Su boca se abrió hambrienta, buscando con avidez mi lengua y apretándose contra mi cuerpo. Mi polla estaba dura y la apreté contra su cuerpo. ¿La notas? Te la vas a comer ahora mismo. El ascensor paró y llegamos a la habitación. Nada más entrar y cerrar la puerta le dije: a comerme la polla alumna y esmérate o te castigaré. Mónica se puso de rodillas, me bajó el pantalón y los calzoncillos con ansias y me agarró la polla. ¿Te he dicho que uses las manos? Sólo la boca. Se la metió todo lo que pudo en la boca y empezó a mamármela bastante torpemente. Pero bueno, no sabes ni chuparla. Lamela con suavidad, usa tu lengua por mi capullo, saboréalo, métetela en la boca y desliza tu boca a lo largo de mi polla y mueve tu lengua a la vez. Mónica me miraba de rodillas, con mi polla en su boca y haciendo caso de mis indicaciones. Mientras me la mamaba le bajé el vestido de los hombros y dejé sus tetas al aire. Sus enormes pezones fueron víctimas de mis pellizcos. Se los retorcía y apretaba y ella gemía sin parar de lamer. No me muerdas que te los aprieto más. Ella seguía chupando y gimiendo. Lo vas haciendo mejor, serás una buena mamona con el tiempo. Ella asentía con la mirada. Como quería aguantar, la quité de chupármela y la puse de pie. La quite el vestido entero y la dejé desnuda solo con sus tacones.

Date la vuelta y a 4 patas en la cama. Ella obediente se colocó. Un culo espléndido, le dije pasando mis manos por sus nalgas. Súbitamente le día un azoté, marcando mis dedos en su nalga. Ay, duele. Mejor, así te gustará más esto. Mis dedos se deslizaron desde su coño lleno de flujo hacia su culo, llenando su raja de fluidos. Ábretelo que te lo voy a comer. Ella separó sus nalgas y empecé a comer su coño, que estaba lleno de jugos. Me encanta comer un coño bien jugoso y que me llene de flujo la boca. Seguí dándole a la lengua y a la vez jugaba con mis dedos en su culo que me tenía loco. Subí por su raja y le empecé a comer el culo. Sus gemidos aumentaron de tono, me había confesado que le encantaba que se lo hicieran. Mi lengua apretaba ese agujerito rosado y tenso, que se abría ante el trabajo de mi lengua. Cuando sus gemidos incrementaron de velocidad, me quité y de golpe se la metí en el coño. Mmmm, que coño!! Prieto, mojado, caliente. Metí mi polla de golpe. el grito que pegó de placer se oyó en todo el hotel. Al segundo empujón empezó a correrse como una loca, diciendo dame más fuerte, más fuerte. Seguí follándome ese coño, mientras un dedo iba entrando en su culo. Cuando estaba a punto de correrme, le dije de rodillas. Ella se colocó y me corrí mientras me la chupaba. Ella no dejó escapar ni una gota, con cara de golosa. Vas aprendiendo Mónica, serás una experta. Eso espero, que me lo enseñes todo. Y en eso andamos

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