Motivación en el trabajo

Como odio el verano con este trabajo. A pesar de que prefiero el calor que el frío, en la hípica se hace insoportable. Claro hay que ir con pantalones de montar largos y calcetines largos por encima y sobre todo con botas y casco que aunque no lo parezca dan mucho calor.

Estaba sola ya que es un trabajo que requiere el 90% de tu vida, cada día de mañana y tarde y lo que es peor los fines de semana incluidos. Solo tenía fiesta los domingos por la tarde y los lunes. Hoy llegaría un nuevo compañero o compañera para ayudarme a dar clases y domar a los caballos ya que el antiguo tuvo que irse porque tenía 4 hijos y no tenía tiempo para ellos.

Mi jefe un hombre de 47 años que era como mi padre, me quería muchísimo ya que llevaba allí unos 8 años, ahora tengo 20 y siempre me dice que ojalá fuera él 20 años más joven porque iría a por mí. Él se llamaba Ricardo.

Eran las 10:30 de la mañana y mi nuevo compañero aún no había dado señales de vida. Hacía demasiado calor y ya había montado dos caballos antes así que decidí ir al bar a tomarme un café con hielo y allí estaban los dueños esperándome como siempre.

─ Buenos días por la mañana. –saludé de manera alegre.

─ Buenos días princesa. –me dijo el camarero que se llama Oscar.

─ Hay mi niña que alegre esta hoy. –dijo la mujer de Oscar, ella es Lorena.

Eran mi familia, mi segunda familia. Esa que escoges y quieres el resto de tu vida como a la tuya propia. Siempre estaba pendiente de mí y de todos los que estábamos por allí.

─ Pues si Lorena, hoy por fin tendré a alguien con quien hablar mientras trabajo. –comenté feliz.

─ Hay es verdad que hoy viene la chica del otro día. –dijo mirando a Oscar.

─ ¿Entonces la conocéis? –estaba completamente intrigada.

─ Sí, era una chica morena la verdad que muy guapa. –comentó Oscar-. Se la veía muy dulce como que nunca había roto un plato.

─ Nooo va por favor yo quería que viniera alguien fiestero y diera caña a mis días. –comenté haciéndome la loca.

─ Creo que eso tendrá remedio. –esa voz no la conocía… Deduje que era ella pero no me atreví a girarme, sentía vergüenza pero a la vez me moría por verla ya que tan guapa decían que era.

Me fui dando la vuelta poco a poco mientras miraba como Lorena y Oscar se reían por lo bajo de mi comentario. Como tenía la cara un poco agachada empecé a ojearla desde abajo. Llevaba unos pantalones beis de montar con una camiseta de tirantes blanca en la mano llevaba la bolsa donde había la forma de las botas. Llevaba el pelo recogido, por último fui en busca de sus ojos, para mí los ojos lo dicen todo de una persona, eran azules, realmente daban miedo. Eran tan claros como los de un Husky.

─ ¿Has terminado? –murmuró muy seria.

─ ¿Eh…? ¿Qué? –sus ojos me desconcentraban, eran exageradamente intimidantes, unos ojos tan claros impactaban.

─ Si has acabado de analizarme.

─ Perdón, si vamos. Le mostraré la hípica.

─ La vi el otro día, preferiría empezar cuanto antes. –hay que ser profesional el primer día pero en un ambiente como este la gente siempre es muy abierta.

Me encaminé hacia la salida del bar y la deje pasar primero mientras miraba hacia Oscar y Lorena con cara de horror.

Cuando llegamos delante de los caballos.

─ Esos cinco son tuyos, repártelos como mejor te convenga. –comenté sin mirarla a los ojos.

─ ¿Cuáles montas tú?

─ El resto que están en frente de los tuyos.

─ Al venir hacia aquí había uno con la misma marca de la hípica, ¿ese no lo montamos? –la noté muy curiosa.

─ NO. Ese es el mío, así que solo es para mí. –respondí mosqueada.

─ Vale vale, espero que nunca olvides que es espectacular.

─ Sí, lo sé. ¿Necesitas algo más? Me gustaría seguir con mis tareas.

─ No, gracias.

Podía ser muy guapa con ese color de piel moreno muy bronceado y esos ojos que resaltaban con su piel, pero en el mundo del caballo o te llevas muy bien porque hay atracción o te llevas a ostias. Entendí que con ella sería así y estaba cansada de los que llegaban así a la hípica, además duraban muy poco.

Monte dos caballos más y al duchar al último la escuché hablando con el jefe. Joder que simpática era con él… tampoco llegué a insultarla, solo dije que quería a alguien divertido para trabajar. No tenía motivos para ser así, pero en estos casos lo mejor es verse lo mínimo e ir a tu rollo.

Cogí mi caballo para dejarlo suelto en la pista mientras yo comía, así el de desfogaba. Entré de nuevo en el bar.

─ ¿Qué tal va el día princesa? –Oscar siempre tan cariñoso…

─ Tampoco puedo quejarme, los caballos me han ido bien…

─ ¿Pero? –dijo sabiendo que ocurría algo.

─ No me apetece tener que trabajar con alguien con quien estaré de broncas cada día.

─ Ya te acostumbrarás, de todos modos yo creo que poco a poco te llevarás bien con ella.

Entonces entró ella al restaurante preguntando si podía comer aquí. Lorena la invitó encantada, así que comimos los cuatro juntos. Tampoco sabía su nombre, hasta que lo oí en la boca de Lorena. Se llamaba Lara.

Las escuchaba hablar a ellas dos, mantenían una conversación agradable, al menos eso veía por sus sonrisas. La tenía en diagonal en la mesa, así que la veía bastante bien. Podía tenerle un poco de rabia pero realmente era hermosa como me habían dicho y se comportaba como una chica indefensa y dulce. ¡Solo con ellos claro!

Terminé rápido y pidiendo permiso dije que saldría ya a duchar a mi caballo, que en breves llegarían los alumnos. Ella se levantó y dijo que me acompañaba que también llegarían los suyos.

─ A mí no me engañarás, se cómo sois las chicas así. –me quedé pasmada.

─ Espera. ¿Yo? Querrás decir tú bonita, porque eres tú la que va muy dulce por las esquinas y delante de mí cambias. –me cabreó mucho ese comentario.

─ Todo se verá con el tiempo, se demostrará que tengo razón. –buscó mis ojos para intimidarme.

─ Exacto. –y le guiñé el ojo, su mirada me hipnotizaba pero el cabreo me hizo disimularlo muy bien por eso fui capaz de responder con valentía.

Dicho esto me fui para las duchas para lavar al caballo. Después de acabar con él llegaron los primeros alumnos.

Le expliqué con amabilidad ya que estaban los clientes delante cómo funcionaban la clases, le expliqué a qué pony coger para cada niño que vendría esa tarde y la montura para cada caballo.

Luego me fui con mi alumno dejándola a ella con el suyo ya con todo preparado.

Transcurrió bastante bien la tarde, a última hora llegó Christian, un buen amigo mío y también exnovio.

─ ¿No veas como está la monitora nueva no? –se le estaba cayendo la baba.

─ Espero que tengas ms suerte tú con ella. Conmigo no ha tenido éxito.

Faltó tiempo para que se fuera a por ella. Que en el fondo me daba rabia… verla tan simpática con todo el mundo, verla así me producía un cosquilleo muy grande, pero luego me imaginaba a un ogro y se me pasaba.

Al rato se acercaron los dos, no paraban de reír. No me extrañaría que se fueran por allí juntos, Christian era un verdadero galán. Se pararon frente a mí.

─ Bueno preciosa, nos vemos mañana que ya tengo ganas. –me dijo la muy….

─ Eh, sí. Hasta mañana. –no sabía cómo responder.

Se acercó y me dio dos besos, el segundo rozó completamente mi mejilla con sus labios. Percibí su olor, a pesar de todo el día allí aún olía exquisito. Todavía no podía reaccionar, no entendía a que venía eso, delante de Christian no necesitaba ser simpática conmigo. Al alejarse de mí me rozó suavemente el trasero. Me puse roja como un tomate. Realmente le estaba cogiendo mucho asco, pero admito que la situación me calentó bastante.

Al día siguiente.

A las 9 estábamos las dos allí. Hoy se la veía muy radiante, incluso más simpática conmigo.

─ Muy buenos días. –dije al verla contenta, esperando que hoy estuviera más maja.

─ Y tanto que son buenos. –y me devolvió una sonrisa. Era la primera vez que iba dirigida hacia mí.

Me acerqué a darle dos besos ya que ella lo hizo la noche anterior. Al notar que me acercaba se puso bastante tensa, reculé de inmediato.

─ Perdón si te he puesto incómoda. –dije deseando que no le cambiara el humor.

─ Me parece que no sabes que es incómodo… -entonces se acercó muy lentamente hacia mí, entonces me tensé yo y quise recular pero me aguanté.

Se acercó tan lentamente que empecé a enfurecerme. Cuando la tuve delante olí su perfume de nuevo, esta vez era más potente ya que acabábamos de llegar completamente limpias de casa. Dada su cercanía sus ojos me intimidaban demasiado así que baje mi mirada a sus labios. Se los veía tan carnosos… exageradamente apetecibles. Vi cómo se acercaban a mí esos perfectos labios y me sentí acorralada. Puso sus labios al lado de mi oreja, sentía su respiración suave.

─ Ya te iré enseñando lo que es incómodo. –rozó sus labios en el lóbulo de mi oreja. Realmente estaba muy incómoda.

Es cierto que había estado con otras chicas antes, pero realmente era por hacer… nunca me habían dado asco ni tampoco nunca me habían llegado a atraer locamente. Simplemente sentía curiosidad, así que lo había hecho un par de veces con una amiga así en plan por probar. Tenía un don para el flirteo y siempre lo usaba con mis víctimas, con las mujeres me encantaba usarlo simplemente por diversión sin ir más allá.

Tras unos segundos se alejó de mí y se fue en busca de su próxima víctima, solo que sería un caballo.

Sentía demasiada curiosidad hacia ella, más de lo normal. Siempre me llamaban la atención las chicas guapas con naturaleza pero ella me llamaba más de lo necesario. Cosa que realmente sabía que significaba pero no estaba dispuesta a aceptarlo.

La semana transcurrió bien, la observaba montando a lo lejos mientras yo también lo hacía. Llegó el fin de semana. Los sábados nos reuníamos todos los amigos de la hípica y nos turnábamos las clases entre algunos. Christian también vino, aunque él no era de la hípica.

Quedamos todos para ir al cine, entonces la mente caliente de Christian rápidamente invitó a Lara. Ella sin pensarlo dos veces dijo que sí. Lo cual me fastidiaría un poco la noche. Aunque la semana había transcurrido bien había algo que me daba mala espina en ella. Supongo que sería debido al primer encuentro que tuvimos. Nos fuimos vestidos de hípica, no era la primera ni la última vez que lo haríamos así que no nos importaba.

Entramos a ver una de terror, cómo no… A mí me encantaban, pero Christian la escogió por otro motivo… Su sorpresa fue cuando Lara no quiso sentarse a su lado y se sentó en el mío. Me encantaban las películas de miedo pero me cagaba de miedo y necesitaba que alguien me diera la mano. En un momento de pánico al asustarme le cogí la mano a ella sin querer, era un acto reflejo ya que siempre me sentaba al lado de Carol mi mejor amiga y nos dábamos la mano para ver la película.

─ Huy perdón. Lo he hecho sin querer. –susurré muy bajito para que nadie se quejara y rápidamente le solté la mano.

─ Tranquila, me gusta. –respondió en el mismo susurro. Y me la cogió de nuevo.

Me daba mucha rabia porque siempre que me cogían la mano mi corazón empezaba a palpitar en ella y la otra persona lo notaba, solía darme igual con mis amigos, pero no con ella. De vez en cuando apretaba mi mano, parecía disimularlo con un susto pero se notaba que no le daba miedo.

─ ¿Estás bien? Te late muy rápido el pulso. –comentó en mi oreja.

─ Sí, sí. Es normal. –respondí nerviosa y al girarme para decírselo me encontré con su boca a centímetros de la mía.

Sentí su respiración en mi rostro, a pesar de estar a oscuras podía ver perfectamente esos ojazos inmensos que me observaban con admiración. Sin querer tuve un espasmo en la mano y se la apreté fuerte. Pareció volver a la realidad y se giró de nuevo para ver la película. Me comentó si podía soltarle la mano que se le estaba durmiendo. Menos mal que se apartó ella, porque no sabía qué hacer para coger distancia. Todavía estaba a tiempo de controlar mis sentimientos, sabía que si no lo hacía me enamoraría de ella. Así que deduje que lo mejor sería volver a la relación que teníamos cuando nos conocimos.

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