Mucha jaula para tan poco pajarillo (parte 1).

Me llamo Alonso; tengo 29 años y soy de León (México). Mido 1,75 metros y peso alrededor de 60 kg. Podríamos decir que soy un chico delgado. Tengo los ojos oscuros, piel morena y pelo lacio corto moreno.

Con la intención de ganar un poquito de peso, me apunté a un gimnasio para hacer pesas. Era un gimnasio en el que, además de la sala de musculación, se podían hacer muchas más actividades dirigidas como yoga, Pilates, spinning y otras, aunque realmente yo solo estaba interesado en las pesas. Abría a las 07:00 horas y cerraba a las 22:00 horas, pudiéndose adaptar así al horario de trabajo de mucha gente.

Por aquel entonces mi horario de trabajo era de 08:00 horas a 15:00 horas, así que a la salida del trabajo me iba directamente al gym.

Recuerdo mi primer día; imagino que como el de cualquiera que va por primera vez a un sitio así.

El personal de recepción me indicó dónde estaban los vestuarios masculinos para cambiarme y por donde tenía que ir a continuación para entrar en la sala de musculación.

Los vestuarios eran colectivos, muy grandes, con taquillas individuales para guardar las pertenencias de cada uno.

Me situé frente a una de las taquillas y fui desvistiéndome sin apenas levantar la mirada.

Era febrero, así que como hacía frío me puse un pantalón largo de chándal, una sudadera también larga y unas zapatillas Nike estrenadas para la ocasión.

Guardé la ropa que me había quitado dentro de la bolsa de deporte que llevaba y ésta en la taquilla. Salí del vestuario y me dirigí hacia la sala de musculación.

Al entrar me quedé con cara de no saber que hacer ni a donde ir.

Hola, oí. ¿eres nuevo?.

Sí; le contesté yo.

Me llamo Miguel, soy el monitor del gym. Si quieres, me dijo, te haré una rutina de entrenamiento y te enseñare cómo tienes que hacer los ejercicios.

A mi lado Miguel parecía un gigante; mediría como 1,90 metros. Vestía con una camiseta de tirantes que dejaban al descubierto unos brazos y hombros descomunales y unos pantalones cortos que le cubrían hasta las rodillas, con dos gemelos alucinates.

Me quedé mirándolo embelesado hasta que Miguel me preguntó por mi nombre. Alonso, me llamo Alonso, le contesté.

Por cierto se me olvidó deciros que soy bisexual.

Me imprimió en una hoja de papel los ejercicios que tenía que hacer y fue acompañándome por la sala para indicarme como tenía que hacer los ejercicios y cómo tenía que hacerlos.

Al finalizar el entrenamiento me dijo que tenía que hacerlo tres veces a la semana durante el primer mes y, después me lo cambiaría.

Me dijo también que no se me olvidara para el siguiente día una botella de agua para ir bebiendo durante el entrene y una toalla para ponerla encima de los bancos por higiene.

¿Me vas a hacer alguna dieta?, le pregunté.

Me contestó que, aunque no era nutricionista deportivo, podría decirme básicamente que comer para ganar un poquito de peso, aunque me lo dijo de palabra, no me apuntó nada.

Me fui a los vestuarios a ducharme; había duchas individuales y colectivas. Yo, después de desnudarme, me anudé una toalla en la cintura y me duché en una individual. No estaba acostumbrado a ducharme con nadie y sentía algo de vergüenza.

Al día siguiente tenía agujetas hasta en las pestañas. Je, je, je, je.

Miguel, el monitor, me estuvo acompañando un par de días más hasta que vio que los ejercicios los hacía correctamente. Posteriormente entrenaba sin necesidad de que él me acompañara.

Y así transcurrían los días.

Un día, después de entrenar, cuando iba a desnudarme para ducharme, entró Miguel en el vestuario. Nunca lo había visto antes.

Se puso a mi lado y entabló conversación conmigo. Me preguntó por los entrenamientos, si había ganado algo de peso y por otras cosas.

Yo no le quitaba ojo de encima. Se despojó de la camiseta mostrando un pectoral perfectamente definido y un six pack como no había visto en mi vida.

En ese momento entraron al vestuario un grupo de tres chicos de los habituales al gym y se pusieron a hablar con Miguel, así que yo me desvestí y fui a las duchas.

Al estar todas las duchas individuales ocupadas, me quité la toalla de la cintura, y empecé a ducharme en las colectivas.

En eso, entró Miguel completamente desnudo y se puso en la ducha contigua a la mía diciéndome: ¡lo mejor después del entrenamiento es una buena duchita con agua fría!.

Je, je; yo la prefiero calentita; le dije.

Sólo hay un pequeño problemilla; me contestó: que se te encoje la polla. Je, je, je.

El tío estaba buenísimo, pero es verdad que mirando su entrepierna, mostraba una pollita ridícula comparada con su cuerpazo.

Veo que tu no tienes ese problema; me dijo mirando fijamente mi polla; estás muy bien servidito.

La verdad es que estoy muy bien dotado; más de una vez he tenido problemas con alguna chica y se ha negado a que me la follara por temor a que pudiera lastimarla. Ninguna me ha dejado follarle el culito y, todas las experiencias que he tenido con tíos ( no demasiadas), han consistido en pajas o mamadas.

Le miré a los ojos sin decir nada y le sonreí.

Entró más gente a las duchas; dejamos de conversar, me vestí y me marché a mi casa.

Esa noche no pude evitarlo; me hice una paja pensando en el buenorro de Miguel. Me lo imaginaba a cuatro patas ofreciéndome su culo y yo detrás follándomelo con dureza.

Los días siguientes cuando iba al gym, Miguel estaba muy atento conmigo, muy servicial, diciéndome en todo momento qué tenía que hacer o cómo hacerlo, hasta me hizo una dieta para ganar peso.

En las duchas casualmente me lo encontraba bastantes veces, no sabiendo quién disfrutaba más de los dos; yo contemplando ese cuerpo de Adonis o él viendo como me frotaba la polla y los huevos al ducharme o como se balanceaba mi enorme polla cuando iba andando de las duchas a los vestuarios.

Un viernes, después de entrenar, Miguel me dijo que le gustaría que fuese a su casa, que tenía una báscula de las que miden el porcentaje de grasa, masa muscular, etc, y quería anotar unos cuantos datos para ver como iba evolucionado, para hacerme un seguimiento, así que quedamos al día siguiente por la mañana ya que los dos teníamos libre en el trabajo.

Esa noche estuve algo nervioso; se me hacía raro que se tomara tantas molestias por mi.

Su casa estaba muy cerca de la mía, así que dando un paseo de 10 minutos, sobre las 10: 00 horas llegué. Llamé al videoportero y me contestó él. Sube; el segundo piso, la puerta de la derecha.

Subí por las escaleras y al llegar a la puerta de su casa la encontré medio abierta.

Golpeé varias veces la puerta llamándole ¿Miguel?; pasa, salgo enseguida; me dijo. Estoy preparando café en la cocina.

Su casa era muy bonita, moderna, decorada con gusto. Me fijé que había varias fotografías de él con una chica, muy guapa por cierto.

Perdona; dijo Miguel al salir de la cocina. Ya estoy contigo. ¿Te apetece comer o beber algo?.

Acabo de desayunar; no tengo hambre. Pero si me tomaría un café; le dije.

Señalando una de las fotografías le dije; ¿es tu novia?. Si; me contestó; hace 10 meses que vivimos juntos. Se llama Alex.

Es muy guapa; le dije.

Si; me dijo él. Si que lo es. Y muy caliente: Je, je, je.

De repente todo lo que me había imaginado la noche anterior, sus miraditas en las duchas y todas sus atenciones, pensando que quizás quisiera algo conmigo se desvanecieron.

¿No está ella?:; le pregunté.

No; hoy trabaja todo el día; me dijo.

Bueno Alonso cuéntame ¿cómo te va el entrenamiento?; me preguntó.

Ahhh; muy bien. Recuerdo que al día siguiente de mi primer día de entrenamiento tenía unas agujetas que me quería morir, pero ahora lo llevo muy bien; le dije; y la dieta la hago tal y como me dijiste.

Pues quiero que te quites la ropa y tomaremos unas medidas de tu peso, estatura, masa corporal, grasa y otras cositas; me dijo Miguel.

¿Me lo quito todo?, le pregunté.

Quédate con el slip.

Mientras yo iba quitándome la ropa, Miguel se levantó para volver al poco con un ordenador portátil.

Tengo una tabla Excel donde anoto los datos de mis clientes; me dijo. (se me olvidó deciros que compaginaba su trabajo de monitor del gym con el de entrenador personal, teniendo clientes muy variopintos y de sexos distintos).

Móntate en la báscula; me dijo.

Me subí sobre ella y fueron apareciendo datos en el display que Miguel iba anotando; peso 63 kg (había ganado en menos de un mes 3 kg), índice de masa corporal 22,5 (me dijo que era normal); índice de grasa corporal 15,2 (me dijo también que era normal).

A continuación sacó una cinta de medir, de las de costurera. La puso alrededor de mi pantorrilla de la pierna derecha y al tiempo que lo hacía me dijo; desde el primer día que te ví en las duchas del gimnasio no he dejado de pensar en ti.

Hizo unas anotaciones y me puso la cinta métrica alrededor del bíceps del brazo derecho.

¿Cómo dices?; le pregunté con cara de asombro.

Lo has oído perfectamente; además veo como me miras y se que yo también te gusto a ti; me dijo mirándome a los ojos dejando lo que llevaba en las manos encima de la mesa excepto la cinta.

Por sorpresa me bajó el slip y me dijo; vamos a ver cuánto mide tu “hermanito pequeño”.

Yo no sabía que hacer, que decir, como comportarme, todo estaba yendo muy rápido.

Puso la cinta sobre mi polla y exclamó; uffff; 16 centímetros en estado de relax; es realmente grande.

Soltó la cinta y mi polla; se quitó la camiseta y sin decirme nada se arrodilló ante mi, me agarró la verga y se la metió en la boca.

Se notaba que no era la primera verga que mamaba, porque lo hacía muy bien; aunque la cosa se iba complicando a medida que mi polla iba ganando tamaño. Su boca la tenía casi desencajada intentando cobijar mi capullo y un poquito más y le costaba respirar, hasta que se la sacó de la boca y cogiendo de nuevo el metro la puso sobre mi pollón.

¡Es increíble!; me dijo: ¡24 centímetros!; es la más grande que he visto en mi vida.

¿Te gusta?; le pregunté.

Ummmm; me vuelves loco nene; me dijo. Quiero ser tu putita.

Arrodíllate como estabas antes y vuelve a chupármela zorra; le dije.

Lo hizo tal y como le ordené.

Puse mis manos sobre su cabeza para marcar el ritmo de la mamada, diciéndole que sólo quería que utilizara la boca, que pusiera sus manos sobre mi cintura.

De vez en cuando se la sacaba de la boca y agarrándomela le golpeaba la cara.

Le ordené que se levantara y se desnudara. Tenía el cuerpo de un Dios con la pollita de un niño.

No quiero que me toques; le dije. Y disfruté de su cuerpo acariciándole sus músculos, sus brazos, su pecho, piernas, uffffffffff. Le acaricié sus pezoncitos con mi lengua. Se le pusieron durísimos.

Para un segundo; me dijo. Y cogiéndome de la mano me llevó hasta su dormitorio.

Tenía una cama grande, de 2×2 metros.

Aquí estaremos más cómodos; me susurró al oído al tiempo que me lamía el lóbulo de la oreja.

Yo estaba cachondísimo; mi polla estaba tan dura que tenía un color casi amoratado. Hubiese hecho lo que me hubiera pedido; pero me gustaba su papel de sumiso e iba a demostrarle que yo era el macho dominante.

Vas a ser una buena niña y vas a hacer lo que yo te ordene; le dije mientras lo empujaba para que se sentara en la cama frente a mi a la altura de mi polla.

Me la agarré y empecé a hacerme una paja delante de sus ojos; ¿la quieres?; le pregunté.

Mmmm; si; contestó.

Al alargar su mano para coger mi polla se la golpeé y le dije; ¿Qué haces puta?¿acaso te he dado permiso para que me toques?. Lo harás cuando yo te diga que lo hagas.

Ahora quiero que te tumbes en la cama boca abajo, con el culo en pompa y las piernas abiertas; el culo bien ofrecido y tu cabeza pegada a la cama.

Miguel sin decir nada hizo exactamente lo que le había ordenado.

Me puse tras él, arrodillado encima de la cama; uffff. De veras que me lo hubiese follado ya mismo, pero quería alargar la situación todo lo que pudiese. Tenía un culo espectacular ; se notaba que estaba muy caliente porque su esfínter no paraba de contraerse y relajarse.

Llevé mi boca hasta su agujerito y le pasé la lengua; su olor era lujurioso y mis glándulas salivales no paraban de producir saliva.

Le estuve chupando el agujerito un buen rato, metiéndole de vez en cuando la puntita de la lengua.

Me incorporé quedado arrodillado detrás de su lubricado culito y empecé a pasarle la yema de mis dedos.

Con la mano que me quedaba libre, cuando dejaba de pajearme, de vez en cuando le daba una sonora palmada en el culo; tenía las nalgas enrojecidas de lo fuerte que le pegaba.

Anda puta, date la vuelta y ponte delante de mí; le dije

¿Satisfaces a Alex con la mierda de pollita que tienes?; le pregunté.

Se la cogí, y la puse encima de la mía; apenas me llegaba a la mitad y era bastante más delgadita.

¿Cuánto te mide; 10 centímetros?; ja, ja, ja. Le pregunté riéndome.

13; me contestó

Vuelve a ponerte como estabas; le dije. Hoy voy a follarte a ti y, otro día voy a follarme a tu novia para que sepa lo que es un macho con una buena verga. Voy a llenarle el coñito de lechita y después de probar mi pollón ya no va a querer follar nunca más contigo.

Y lo mejor; voy a hacerlo delante de ti; para humillarte y para que veas la cara de vicio y placer que pone “tu Alex”.

Todo esto se lo decía al mismo tiempo que le metía dos deditos en el culo mientras él no paraba de gemir.

¿Quieres que te meta mi polla nena?: le pregunté; ¿quieres que te folle?.

Si fóllame; me dijo. Párteme el culo en dos.

Abriendo uno de los cajones de la mesita del lado de la cama, sacó un condón y me dijo; vamos a ponerle una fundita a tu hermanito pequeño.

Los condones que tenía Miguel eran de talla “normal”, resultando que apenas me cubría la mitad de la polla, aunque sobre todo, lo que me resultaba realmente molesto era que al ser tan delgados me apretaban mucho.

Uyyyy; me dijo; creo que mis condones te quedan un poco pequeños.

No era la primera vez que me ocurría, así que, siendo previsor, siempre llevaba un par de condones Trojan Magnum en la cartera por si acaso.

Espera; le dije. Quítamelo que me aprieta. Voy a por uno de los míos.

Se lo di a Miguel para que me lo pusiera, no sin antes llevarse de nuevo mi polla a la boca y recrearse durante unos minutos.

Tras ponérmelo, pase mi capullo por su agujerito varias veces frotándolo arriba y abajo antes de pegar un empujoncito para que entrase. El muy cabrón lo tenía muy apretado.

Arrrgggg; ¡qué grande la tienes; me haces daño¡, decía.

Aprieta más chiquitín; métemela toda. Quiero sentirla toda dentro de mi culo; me dijo entre jadeos. ¡Fóllame toda!.

Me cogí a sus caderas para, poco a poco ir metiendo cada centímetro de mi polla; sus jadeos iban subiendo de tono y, eran una mezcla de dolor y de placer.

No podía creérmelo; era la primera vez que un culito albergaba a mi polla en toda su longitud.

Estuve follándomelo durante unos diez minutos, aumentando la frecuencia e intensidad a medida que su agujerito se iba amoldando a las dimensiones de mi nabo.

Se la saqué y le dije que se tumbara en la cama boca arriba; cogí sus piernas por los tobillos y, abriéndolas todo lo que pude las apoyé sobre mis hombros.

Se notaba que durante los más de diez minutos que estuve embistiéndole, su culito se había dilatado, porque en esta postura me costó bastante menos metérsela. Aún así el placer de un agujerito tan estrechito no me lo había proporcionado ningún coñito.

Miguel jadeaba cada vez más y más; se agarró la pollita y comenzó a pajearse a gran velocidad, intuyendo que en breve se correría.

Le quité la mano para pajearle yo; y con mi otra mano le agarré por el cuello como si quisiera estrangularle; era un cuello portentoso, acorde al resto de su divino cuerpo. Apenas podía abarcarlo.

Me voy a correr; gritaba entre jadeos. No pares; fóllame fuerte y no dejes de pajearme.

De su pollita salieron unos cuantos chorros de leche que se desparramaron por su musculazo abdomen.

Yo también estaba a punto de correrme; me bajé de la cama y me puse de pie al lado de ésta; Miguel, siguiendo mis indicaciones, me agarró la polla para pajearme, a la vez que me chupaba mis pezoncitos; ufffffff. Me estaba muriendo de gusto.

No pude aguantar casi nada, así que casi a punto de correrme le dije a Miguel que se arrodillara; me cogí la polla y le metí lo que cupo en su dilata boca. Fue tanta la leche que salió, que no pudo tragarla toda, saliéndosele por la comisura de los labios.

Ufffff; fue delicioso.

Según me dijo Miguel, estuvo unos días con el culo dolorido; jejejejjje, pero no creo que le molestara demasiado porque esa no fue la única vez que me lo follé.

Y no a él sólo; también me follé a su novia Alex.

Pero esa……es otra historia.

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