Nada como follarse a una misma.

Me encanta el sexo. ¿Y a quién no? Pero no me gusta practicarlo con cualquiera, no me gusta permitir que un hombre que apenas conozco, o que realmente conozco pero no me agrada, se corra entre mis piernas.

Siempre he sido muy cerrada para éste tema, aunque más que cerrada yo prefiero llamarlo amor propio. Precisamente por este amor propio, mis relaciones sexuales con hombres se dan estimadamente digamos que una vez cada varios meses. No practico mucho el sexo, aunque me gustaría hacerlo más, pero soy de las mujeres clásicas que prefieren el sexo en pareja o el sexo con una persona de confianza.

Todas las personas siempre tenemos a otra que nos atrae en la mente muy a menudo. Y éste es mi caso. Esta tarde no he parado de pensar en esa persona que me atrae y fantasear cosas con ella. Pero como bien he dicho, no suelo tener muchas relaciones sexuales con nadie; pero sí con mi misma. Y hoy ha sido el caso.

Llevaba toda la mañana con la libido por las nubes, y ha habido un punto justamente después de comer, que no he aguantado más. He entrado a mi dormitorio para pegarme una buena sesión de sexo conmigo misma. Nada más entrar he bajado la persiana, para evitar que algún vecino pervertido me pudiera observar, y he abierto la puerta de mi armario donde guardo todos mis juguetes sexuales, lencería y lubricantes.

Hoy me he decidido por mi vibrador lila de seis marchas y mis bolas chinas rosas de tamaño medio. Los he colocado al lado izquierdo de la cama, apoyados sobre una toalla, la cual seguramente, iba a necesitar posteriormente.

Me he quitado mi pantalón del pijama acompañado de mi ropa interior de golpe y me he tumbado boca abajo en la cama, tapándome hasta la cintura con las sábanas.

Tal era el calentón que inundaba mi cuerpo, que he cogido mi vibrador y sin pulsar el botón para que empiece a vibrar, me lo he introducido de golpe en mi vagina y he comenzado a moverme sobre él lentamente metiéndolo y sacándolo imaginando que era el pene de esa persona a la que mi mente creaba que me estaba fornicando.

15:47 h.

Mi cuerpo se ha dejado caer sobre el colchón, mi mano derecha agarrando firme el vibrador, la izquierda sobre mi boca, y mis caderas siguiendo un ritmo continuo de sube-baja que hacía que mi vagina se fuese humedeciendo y dilatando poco a poco, imaginando (o más bien recordando) momentos sexuales con aquel hombre que tanto me excita.

15:51 h.

Llevo rato botando sobre mi juguetito, estoy empezando a excitarme mucho y necesito crear movimientos que estimulen un poco todo mi sexo, que rocen más intensamente mis paredes vaginales, y me creen cierta presión en esta. Por lo tanto, comienzo a follar sobre el vibrador creando círculos con mis caderas, sintiendo como la punta gruesa de mi juguete se desliza lentamente por cada milímetro de mi vagina.

15:53 h.

Siento que el calor de mi excitación y de mi placer sube por mis mejillas; están coloradas. Mi boca se comienza a secar y entre mis labios se me escapan pequeños jadeos de placer agudos en forma de susurros.

15:54 h.

No puedo más y comienzo a utilizar las marchas de mi vibrador. Pulso el botón. La primera marcha es una vibración leve y constante, apenas perceptible, pero que hace sentir esas pequeñas vibraciones hasta mi clítoris de la presión que ejerzo con el vibrador metido en mi vagina hasta la mitad y el resto fuera contra mi clítoris, estimulándolo y haciendo unas pequeñas cosquillas que consiguen erizar mis pezones y sentir poco a poco desde lo más profundo de mi vagina cómo voy fabricando más flujo.

15:55 h.

Pongo en acción la segunda marcha. Ésta también es una vibración constante pero un poco más fuerte y menos silenciosa. Me produce más placer, por lo tanto disfruto de ella metiéndome por completo el vibrador y sintiendo como los pequeños músculos de mi vagina se golpean entre ellos haciéndome vibrar a mí también. Seguidamente juego a meter y sacar despacio, humedeciéndome más y jadeando un poco más fuerte.

15:58 h.

Marcha tres. En ésta la vibración va aumentando poco a poco y para, empieza suave y sube, para, vuelve suave y sube, para. Así sucesivamente. Puedo sentir dentro de mi cómo algo me recorre en forma de espiral y sube desde la parte más externa de mi sexo hasta el fondo, casi llegando al cuello del útero. Una sensación placentera, pero yo busco algo más brusco.

15:59h.

Cuarta marcha. Son como pequeñas punzadas vibratorias a ritmo de corcheas abundando mis entrañas. Clavo la penetración hasta el fondo de mi vagina apretando mi cuerpo contra ésta y de mi boca se escapa un enorme gemido en forma de “O”. Oh… me gusta tanto sentir esto… Comienzo a apretarlo con la mano contra mí, y sin mover mi cuerpo, muevo la mano agarrando con firmeza el vibrador y me lo restriego en forma de círculos.

16:03h.

Ahora paso a la marcha número cinco, es exactamente como la anterior, pero aumenta su ritmo. El sonido de la vibración parecen disparos que chocan en mi interior. Lo cierto es, que siento que voy a morir. Siento que estoy a punto del orgasmo, pero no me quiero correr todavía.

16:04 h.

Sexta y última marcha. El sonido que desprende el juguetito es más que evidente; es estruendoso a pesar de estar dentro de mí. Para evitar escucharlo tanto, lo introduzco todo lo a fondo posible, siento que la vibración es fuerte y muy constante, como si el dichoso cacharro fuera a explotar; como si todo mi cuerpo fuera a explotar. No puedo mantener mis piernas estiradas apenas cinco segundos. Me coloco de medio lado en la cama, en posición fetal y comienzo a meter y sacar el vibrador con fuerza; sin olvidar de colocar la toalla entre mis piernas por si tengo un escape.

16:06 h.

Llevo veinte minutos masturbándome y siento que voy a correrme. Apago el vibrador y lo saco rápidamente de mí. Pero no, todavía no es el momento. Me destapo por completo, aparto las sábanas y estiro mi pierna izquierda a lo alto formando un ángulo perfecto de 90º. He de reconocer que cuando ando tan excitada mi flexibilidad aumenta para mi disfrute. Comienzo a meter y sacar muy despacio el vibrador apagado. Puedo escuchar cómo mis labios, al sacarlo, producen un sonido similar al de una burbuja de jabón cuando explota. Dios, estoy tan empapada…

16:08 h.

Necesito estimulación en mi clítoris. Me coloco boca arriba y abro mis piernas flexionando las rodillas todo lo que puedo. Sigo metiendo y sacando el vibrador de forma rápida, mientras que con mi otra mano presiono mi clítoris y lo muevo de lado a lado como una esquizofrénica. Parece que voy a correrme ya, pero sé que puedo contenerlo, y así lo hago. Sigo frotándome cada vez más rápido, sintiendo un gran hormigueo que cada vez va aumentando en todas las ramificaciones de mi clítoris.

16:11 h.

Ahora lo que necesito no es estimulación, si no sentirme llena. Cojo un poco de lubricante y lo echo sobre mi mano derecha, con la que embadurno todo el contorno de mi vagina y parte de su interior metiéndome muy despacio dos dedos y volviéndolos a sacar con la misma lentitud. Embadurno las bolas y me meto una cuidadosamente dentro; seguidamente la otra.

No me he corrido todavía pero aún puedo esperar. Con las bolas puestas me visto, subo la persiana, abro la ventana y me fumo un cigarro. Fantaseo deseosa de ser follada durante horas y de mil formas posibles mientras el viento hace que mi piel se erice y endurezca mis pezones por completo.

Cuando termino de fumar voy al baño, me quito la ropa de cintura para abajo, me siento en el bidé y abro el grifo a máxima presión a una temperatura templada tirando a caliente. Me incorporo, coloco mi cuerpo más hacia el grifo y pongo mi clítoris contra la presión del agua.

Aquella sensación es estremecedora, mis piernas empiezan a temblar… No aguanto mucho más, la presión es muy fuerte pero mi aguante por correrme cada vez menos. Siento que llega, siento que se me va a escapar…

Rápidamente saco las bolas de mi vagina al mismo tiempo que me corro escapándome en gemidos. Seguidamente me orino de placer. Cierro el grifo. Cojo las bolas exhausta y las observo; están blancas, cubiertas por mi flujo vaginal, y desprenden un apetitoso olor dulce a mezcla de mi sexo y del lubricante de fresa. No lo pienso más y me meto una en la boca para saborearla, no me desagrada. Sabe bien.

Vuelvo a abrir el grifo y me lavo con jabón íntimo deshaciéndome de los restos de flujo vaginal, orina y lubricante. Me seco mientras me miro al espejo. Mis labios están colorados, al igual que mis mejillas. Ahora mismo tengo esa zona muy sensible; la acaricio con suavidad con dos dedos y me pongo el pantalón del pijama sin ponerme ropa interior. Prefiero estar fresquita durante un tiempo hasta que la zona se relaje.

Voy a mi dormitorio de nuevo, cojo mi portátil y comienzo a escribir un sinfín de palabras, que juntas, han llegado a darle sentido a éste relato sobre que no hay nada como follarse a una misma.

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