Nunca digas Nunca

Supongo que no eres una opción, que debo seguir mirándote como si nada. Creyendo que cada día que pasa será mas fácil olvidar aquella conversación. Pero no es así. Mi mente no deja de pensarte, aquellas palabras, deseos, imaginaciones… todo eso me persigue desde hace semanas.

Te busco, te sigo, intentando llamar tu atención de alguna manera. Algo que te haga mirarme y entiendas que sigo aquí, esperándote. Pero como siempre esa pequeña voz considerada conciencia me llama la atención. “No tienes que esperarle, estás casada y eres feliz”.

La lucha interna diaria me está desgastando emocionalmente, sólo pienso, lloro y observo cada una de sus fotos de nuestro leve, pequeño y clandestino romance. “Nunca lo haré” Siempre repetía una y otra vez que nunca sería infiel, a pesar de tantas tentaciones como había encontrado en mi camino. “Nunca podría”. Pero llegaste tu, cautivándome con tu mirada, hipnotizándome con tus palabras y enamorándome con la sensualidad con la que me seducías cada día.

Pero los celos me matan, a pesar que no me debes nada, la rabia conmigo misma me corroe de arriba abajo como un maldito veneno apoderándose de mi. Te veo con otra y mi fuego se enciende de pensar que cada caricia que me pertenece vaya para otra.

“Nunca me pertenecerá” niego con la cabeza mientras intento aguantar las lágrimas.

No puedo mas, y en un intento desesperado le cuento a una amiga la situación por encima. Me intenta convencer, hacer ver que lo que hago está mal. Sin embargo la ignoro, no la escucho y la confesión me deja mas tranquila.

Decido hablarle.

Días sin hablar, sólo indirectas cuando estamos con amigos. ¿La última conversación? Hace una semana. Leve, cortante, seca… llena de reproches y preguntas que ninguno queremos hacer.

Un mensaje, dos, tres, todos le llegan sin embargo no me responde. Decido esperar…

Al día siguiente me despierto, miro el móvil esperando encontrar algún mensaje, ilusionada como una colegiala enamorada. Su único mensaje es un “Hola, no estaba”. Me vengo a bajo por completo y mi bajón sólo deja caer las lágrimas. Mi marido se preocupa, me pregunta que me pasa y me odio a mi misma por hacerle esto.

Decido poner orden por una vez e intentar lo único que me queda. Ir a verle en persona.

Cuando llego a su casa y me abre la puerta su cara cambia por completo al verme, casi siento decepción por haber caído tan bajo y arrastrarme de esta manera así, pero son muchos momentos vividos y no pienso dejar caer esto sin intentarlo una vez mas.

– ¿Qué haces aquí?
– Tenemos que hablar seriamente.
– ¿No podía ser por el móvil? ¿tan importante es?
– ¿Qué te pasa? – suelto sin dar mas largas al asunto.
– Nada. – Me quita la cara y cierra la puerta mientras se dirige a la cocina.
– Dime… ¿Qué he hecho para no merecer si quiera tus palabras?
– Nada, ya te lo he dicho. Si hubiera algo te lo diría.

El último recurso ya al que recurro me puede dejar destrozada durante un tiempo. Pero de perdidos al río.

Me acerco a él que está de espaldas a mi y rozo mis labios por su oído “¿Por qué me tratas así?” le susurro con sollozos. Puedo sentir como su cuerpo se estremece y un quejido sale de su boca intentando apartarme. “Vete”.

Humillada, rechazada y sobretodo muy dolida con este trato rompo a llorar. Esto le puede, lo sé, a pesar de esa fachada. Me coge la cara con las manos y me observa moviendo la cabeza. “Vete antes de que haga algo de lo que nos podamos arrepentir”. Pero no quiero irme, únicamente ansío sentirle como tantas veces me ha prometido, conocer las promesas que me ha hecho entre risas y bromas, saber hasta que punto está dispuesto a llegar conmigo.

Y se me olvida por un momento el mundo, que esté casada, que conozca a mi marido, que no esté bien… lo único que pienso es en que me desnude y recorra mi cuerpo con su boca.

Me agarra del pelo haciendo que eche la cabeza hacía atrás, dejando mi boca entre abierta y mi cuello expuestos a él. “Te vas arrepentir de esto” mi respuesta es clara cuando mis manos se van a su pantalón y desabrochan desesperadamente el cinturón. Mirándonos a los ojos, puedo ver aun la duda en su cara. Sabe que no está bien, pero no me detiene.

Me suelto de su agarre y me pongo de rodillas mientras le bajo la ropa, me levanta del suelo y acaricio su pecho metiendo las manos debajo de su camiseta. Ese calor que deseaba sentir, ese pecho reaccionando a mi tacto… Aspiro su aroma, el que siempre soñaba sentir mientras le tenía dentro, y le retiro la ropa.

Me agarra las muñecas cuando voy a bajarle la ropa interior y me las pone a la espalda, coge el cinturón y me las ata. Sus manos en mi cintura me impulsan sobre la encimera, inofensiva, a su merced… va desabrochando cada uno de los botones de mi camisa blanca, despacio, torturándome con cada botón mientras me lame el cuello de una manera que me vuelve loca. Echo la cabeza hacía atrás, abro las piernas y le invito a que se acomode, pero no lo hace. Quiere hacerlo a su manera.

Me dejo hacer, seducir, mientras el deseo crece como una llama en mi entrepierna y siento mojar mis bragas, notando como se empapan a cada caricia que me da. Deslizando un dedo por mi escote estira del sujetador y me acerca mas a él. “Ya no hay vuelva atrás” Mete la mano en mi falda y asciende con su mano hacía mi muslo, acercándose peligrosamente donde deseo tenerle. Me desata durante un leve momento para quitarme la camisa y el sujetador y me vuelve a poner el cinturón donde estaba, empujándome sobre la encimera. Me abre las piernas y sus manos se pierden para arrancarme las bragas. Me besa, me lame y acaricia con su lengua el interior de mis muslos, haciendo que me arquee, impotente sin poder hacer lo que mas deseo, agarrarle la cabeza y hundirle en mi. Me estremece y sólo puedo gemir entrecortada mirándole como se va acercando… pero para, me coge de la cintura y me pone como él desea, contra la encimera, de espaldas a él

Me tiene a su disposición para hacerme gozar, deseando descubrir que me espera a su lado. Me abre las piernas, con la falda por la cintura, y me acaricia el culo, me besa los cachetes, me azota, lo que por alguna extraña razón me gusta mas de lo esperado. Siento su mano acariciarme la zona mas intima de mi cuerpo, la que sólo mi marido conoce, como intenta prepararme para entrar en mi. Noto sus dedos tocar el centro de mi deseo y meterlos en mi interior, una y otra, y otra vez, mientras mis pechos se aplastan con el frío mármol de la encimera y el dolor se mezcla con el placer. Gemidos se escapan de mi boca cuando su mano me la tapa, evitando que suelte ningún sonido. Con la otra mano agarra mi culo, clavando mis dedos en el,se abre paso entre mis piernas y me penetra despacio. Su mano ya no me amordaza, pero deja en mis labios sus dedos incitándome a chuparlos. Cada vez aumenta mas el ritmo de las embestidas, sin soltar mi culo, pellizcando, azotándome o simplemente acariciando cada parte de el.

La sensación de plenitud, de placer, de ligero dolor y el morbo de que lo que hago no está bien me invade, me excita cada vez mas y él lo sabe. Entiende lo que necesito, lo que no me atrevo a decir y como si leyera mi mente cumple cada una de mis fantasías.

No puedo pensar cuando su mano me da un tirón en el pelo que me hace echar la cabeza hacía atrás, donde me mira a los ojos, sonriendo de manera provocativa, excitante. Estoy completamente sometida a su voluntad y entregada por completo a él. Sé que ahora accedería a cosas hasta que desconozco.

Cada vez mas intenso, me penetra mas profundo y mi cuerpo en esta posición se tensa tanto que creo que me voy a romper. Me besa el cuello, echando su peso sobre mi, mientras entra y sale, ahora mas despacio, para arremeter de nuevo hasta el fondo. Baja su mano por mi cintura hasta mi sexo y me acaricia… me desarmo, me derrito en sus manos y lo sabe, siento como su ego se hincha cuando me susurra en el oído “Ansiabas que te follara así, ¿es mejor de lo que imaginabas?” Y gimo más, abriendo la boca y poniendo los ojos en blanco. Si no fuera por que me sujeta, me habría caído ya por el temblor de mi cuerpo y la poca fuerza que tengo en el. Masajea mi clítoris hasta que no puedo mas, y entre embestidas y caricias me corro sobre él. Su mano me tapa la boca y aun así mis gemidos se pueden escuchar claramente.

Sigue penetrándome, ahora mas salvaje, buscando liberarse él también y cuando siento que su cuerpo se tensa sobre mi, sale y se corre en mi culo dolorido por los azotes, haciendo que su semen caliente me calme parte del ello.

Agotados nos dejamos caer, me besa el cuello, la columna y me desata las manos dejándome libre. Me abraza, me huele, aspira el olor de mi cuello rozando sus labios sobre mi.

Ahora soy consciente de lo que he hecho, de que tendremos que hablar, pero no quiero perder el momento, no quiero desaprovechar lo poco que me queda con él. Se que después de esto nada volverá a ser igual, nunca podré ser la misma.

Leave a Reply

*