Observada y observando a mi vecino (I)

Mi novio de toda la vida me acababa de dejar, en el trabajo de publicista me habían puesto en la calle por falta de trabajo, mi compañera de piso me abandonó para irse a vivir con su novio y si no fuera poco, para más INRI la mayoría de mis amigas habían tenido críos por lo que estaba lo que se dice colgada y mi vida social se limitaba a ir a ver bebes a sus casas, de salir nada.

Pasé varios meses dándole vueltas a que hacer con mi vida. Durante ese tiempo hice mil entrevistas de trabajo, intenté buscar a una compañera de piso para poder mantenerlo ya que este me encantaba. Por último me compre un vibrador con una practica ventosa que podía pegar en casi todos los sitios. Mi vida social se limitaba a esa polla de goma. Paco, el chico que me había abandonado hacia meses había sido mi novio desde la universidad y realmente no había conocido otro hombre en mi cama. Al principio pensé que el sexo era algo exclusivo dentro de la pareja, pero después de unos meses sin él me di cuenta que acostarte con alguien era una necesidad más que un acto de amor. Tenia unas ganas de follar locas, pero nunca he sido de salir a bares a ligar y tampoco podía decir que tenia ese grupo de amigas con las que salir a hacer locuras. Además de eso todos mis amigos tanto de la infancia como de la universidad, aquellos que alguna vez les pude gustar o me habían gustado a mi estaban felizmente casados.

La primera vez que usaba aquella minga de goma fue bastante cortante, no había sido nunca mucho de masturbarme pero cuando la compre llevaba una temporada de a dos o tres dedos al día, estaba bastante salida y esperaba que esa goma apagase mi fuego.

Abierta de piernas en mi cama me masturbe con ganas durante un buen rato, estaba a punto de correrme cuando agarre el vibrador y poniéndolo a la máxima velocidad lo introduje en mi vagina. Jamás pensé que un cacharro de esos podía dar tanto placer. No solo era dura, ancha y larga y se movía con un ritmo muy placentero dentro de mi coño sino que además aquella cosa con forma de delfín rozaba mi clítoris a toda leche y me hacia acercarme al orgasmo con una increíble facilidad. Me corrí como una loca y me volví a correr durante las siguientes semanas una y otra vez.

Pasaban los meses hasta que casi sin dinero y desde luego sin ninguna vida social recibí una oferta para irme a trabajar a una empresa a Valencia. No lo dude mucho, y después de visitar la ciudad y ver la empresa me decidí a la aventura.

Llegue un día de marzo, la empresa me pagaba una semana un hotel y me dio tres días libres para conseguir piso. Aunque Valencia a nivel pisos es mucho más barato que Madrid, yo buscaba un piso lo más barato posible pues tenía que recuperarme económicamente, algo que encontré en el barrio del Carmen. El piso era amplio, con un gran salón, una buena habitación y una gran cocina. Era un piso interior, la única pega era que aunque era un tercero y último piso, tenia a menos de 3 metros de la ventana del salón de casa la ventana del vecino. Mi casero me aseguro que llevaba años vacía por lo que no me debía preocupar a corto plazo del tema de las cortinas. El piso era lo que buscaba. Tome mi segundo día libre para pedir a MRW que trajese las cajas de mi mudanza desde su almacén y comprar algunas tonterías que creía que le faltaba a mi piso.

Agotada de ordenar cosas me tire en el sofá de casa, hacia un calor tremendo en la ciudad, por la que rápidamente empecé a quitarme la ropa. Al principio los pantalones, después la camiseta y por ultimo me quedé completamente en pelotas. Puse la tele ya a las 10 de la noche y a falta de conversación empecé a masturbarme lentamente, como a mi me gustaba. Estaba realmente caliente por lo que me hice con mi vibrador, y abriendo las piernas empecé con un mete saca muy fuerte, rápido y placentero. Estaba en la gloria y a punto de tener mi primer orgasmo en mi nueva ciudad. Cerré los ojos y acrecenté la velocidad de mi muñeca metiendo y sacando a Blas, nombre que le había puesto a aquel aparato divino. Empecé a gritar, a gemir, a retorcerme a temblar y a correrme. Obtuve un orgasmo maravilloso que hizo que al correrme abriese mis ojos. Me quedé de piedra cuando vi que en la ventana de enfrente la luz estaba encendida y un chico de mi edad me miraba fijamente con los brazos cruzados. Cerré las piernas de golpe, saque el bicho de mi coño y corrí a apagar la luz. El chico sonrió y se dio la vuelta, yo le observaba jadeante desde la oscuridad de mi casa, el chico dio unas vueltas por el piso, apagó la luz y salió de la casa.

Me acosté abochornada aunque me quede dormida al poco rato. Me levanté tarde. El salón, ayer vacío, del piso de enfrente amaneció lleno de cajas. Mandaba huevos que justo yo me mudaba y el piso de enfrente iba a ocuparse. Acabe de colocar mis cosas y a las 8 de la tarde el chico del día anterior llegó a la suya. Se pasó toda la tarde colocando cosas, acabando cuando yo ya estaba en la cama, lo supe por los ruidos que hizo.

Me levanté temprano pues empezaba mi vida profesional en la ciudad del Turia. Me duche rápidamente y salí en albornoz al salón para dirigirme a la cocina a desayunar. Fue salir de mi habitación y ver a mi vecino desnudo con una toalla secándose la cabeza. Nunca había visto un cuerpo así, cuerpo musculado y una polla que desde luego mi exnovio no tenia. El chico retiro la toalla y me saludo con la mano, me quedé de piedra, me di la vuelta y me metí en la cocina. Cuando salí de ella el chico ya no estaba.

El primer día de trabajo fue muy relajado, me enseñaron un poco cual era mi función, me presentaron a el equipo y tomé posesión de mi despacho.

Esa noche el chico y yo vimos la tele cada uno en su casa, de vez en cuando el chico me miraba y me saludaba pero yo le ignoraba, la verdad es que no sé que se había pensado ese chico.

– Montse – me dijo mi jefe – tu primera labor en esta empresa es conseguir la cuenta de Samson S.A. Acaban de contratar a un nuevo director de marketing y es una oportunidad para conseguir la cuenta. Si la consigues puedes dar por realizado el objetivo del año. Estos gastan tanto en publicidad que la mayoría de las carteras de clientes de tus compañeros. He pensado que mejor que echarte a la calle a hablar con empresas y hacerte tu propia cartera poco a poco.

Yo estaba encantada. Era una magnifica idea y una gran oportunidad. No tenia ni idea como conseguir contactar con el hombre este, pero estaba segura que lo iba a hacer. Llame a la empresa

– Samson S.A. ¿dígame’

– Hola, quería hablar con Enrique Casamayor, por favor.

– ¿De parte de quien?

– Soy, Montserrat Videla de Zas Zas Ads.

– Un segundo por favor – esperé unos minutos y la operadora volvió a hablar.

– Srta Videla, por favor déjeme su teléfono y el señor Casamayor le llamará cuando tenga un hueco.

– Perfecto mi numero es 6XX XXXX

– Mil gracias, él le llamará.

Pasaron los días y el cabrón de Casamayor no contestaba. En casa seguía viendo a mi vecino secarse en el salón de casa todas las mañanas y él a mi alguna vez me pilló desnuda. Tenia que poner las malditas cortinas pero me faltaba el tiempo. En unas semanas no me daba ningún pudor que mi vecino me pillase en bragas y camiseta y por lo que se veía a él nada que yo le viese en pelotas.

Creo que había llamado más de 15 veces, la vez 16, y ya llamando casi mecánicamente, finalmente el mamonazo de Casamayor se puso al teléfono.

– Señorita Videla, es usted muy insistente, creo que me ha llamado usted 15 veces y veo que no entiende un silencio como respuesta.

– 16

– ¿cómo?

– Le he llamado 16 veces.

– Bueno, creo que es igual. Entiendo que me llama para que mi empresa trabaje con la suya. Sinceramente, nunca me había topado con nadie como usted. Dígame por favor ¿en que le puedo ayudar?

– Ante todo disculpe usted mi insistencia, pero tengo gran interés de poder presentarle los servicios de mi empresa.

– Señorita Videla, como comprenderá tengo un montón de trabajo, ya trabajamos con una empresa de publicidad y realmente creo que es una perdida de tiempo tanto para usted como para mi.

– Se lo pediría como favor personal, le rogaría me reciba. Soy nueva en el trabajo. Me han encargado que obtenga esta entrevista como única misión y no puedo decirle a mi jefe que no me reciben ustedes.

– De acuerdo. Mañana a las 10 de la mañana en nuestras oficinas.

Después de volver a contemplar el cuerpo desnudo de mi vecino sacándose en su salón después de la ducha. Acudí a la reunión como un clavo. El hijo de puta me tuvo esperando casi una hora en una sala de reuniones. Cuando entró en el cuarto los dos nos quedamos de boquiabiertos.

– Hombre, si mi vecina se llama Montserrat y es publicista.

– Si, señor Casamayor.

– Tuteame mujer que somos vecinos.

– Como quieras.

– Me llamo Juan.

– Encantado Juan, a mi me llaman Montse

– Pues encantado Montse, por lo menos ahora voy a saber como se llama a quien veo todos los días

– Fenomenal, ya que nos conocemos, por favor permíteme que te enseñe nuestro portfolio – yo le presenté mi empresa y todas las cosas que ella había hecho y las cosas que podríamos hacer por la suya.

– Bueno, Montse ¿y en que te puedo ayudar.?

– Necesitaría que nos contrates algún pequeño trabajo para que veas como lo hacemos.

– Montse, de verdad que entiendo tu situación, pero comprende que la cosa se me escapa un poco. Samson esta muy contenta con la empresa de publicidad actual y yo personalmente no tengo queja de ellos. Si tuviese una excusa o algún tema con el que no estuviese contento hasta podemos verlo, pero no es el caso.

– Un tríptico, dame la oportunidad de un tríptico.

– J aja j aja , ¿un tríptico?, déjame que lo piense. No te prometo nada, pero déjame que lo piense.

– Te lo agradeceré mucho.

Nos despedimos y yo volví a la oficina donde conté lo sucedido.

Era viernes y tenia el fin de semana por delante, al no conocer a nadie aun en la ciudad, cene algo ligero y me quede viendo la tele, mi vecino Juan había salido, le vi salir arreglado sobre las 9 de la noche.

Eran las 4 de la mañana e intentaba dormir con el calor por lo que tenia las ventanas abiertas, como todo el mundo por otro lado en Valencia. Me desperté con unos ligeros gemidos que poco a poco fueron aumentando y pasando a gritos de placer. Alguien estaba follando entre mis vecinos y la verdad es que me estaba dando un envidia loca. La chica en cuestión se corrió gimiendo el nombre de Juan, lo cual provoco en mi una excitación fuera de lo normal, me había masturbado al meterme en la cama y aunque estaba un bastante excitada no se me ocurrió repetirlo, y no se me ocurrió repetirlo hasta que mi vecino y su acompañante volvieron a la carga. La chica no tardó en gemir a gritos lo que provoco que mis pezones se erizasen y mi coño se encharcase. No tarde en tener mi vibrador en mi coño y en correrme al unísono que mis vecinos lo hacían.

Me levanté no muy pronto, me puse unas bragas, una camiseta y salí al salón. En la casa de mi vecino vi a una chica rubia muy mona desnuda paseándose por su salón, la chica me vio, sonrió y corrió hacia la habitación tapándose los pechos. Los vi despedirse antes de comer, Juan me saludo con la mano, yo por primera vez a él.

Juan volvió a salir esa noche, yo de nuevo me quede viendo la tele, estaban poniendo 7 semanas y media y la verdad es que me puso a cien, estaba realmente cachonda. Muchos meses sin follar, el show sonoro de la noche anterior y aquel hielo pasando por el pezón de la protagonista estaba siendo demasiado. Estaba con las tetas fuera de mi camisetas, mi short y braga echado a un lado y masturbándome como una condenada cuando la luz del salón de mi vecino se encendió y allí apareció de nuevo Juan mirándome sonriendo. Paré de golpe totalmente avergonzada. Juan cogió su móvil y un sms entró en el mío – sigue – me dijo. Yo negué con la cabeza, él afirmo con la suya, yo volví a negar, él levantó tres de sus dedos a modo de tríptico, yo negué con la cabeza, el se encogió de hombros, yo volví a coger el vibrador. Empecé a masturbarme al principio poco a poco y más tarde empecé a mover el vibrador con fuerza dentro de mi coño. Un nuevo sms entró en mi móvil – desnúdate. Me quité la camiseta y deslice mi sujetador hacia delante, el cual ya estaba suelto por detrás. Otro sms – entera. Saqué el látex de mi parrus y me deshice de mis bragas y short quedando completamente desnuda y abierta de piernas para él. Me corrí mientras Juan me miraba fijamente.

El lunes encontré un mail en mi bandeja de entrada – Hola soy Amparo Muñoz de Samson S.A. me indica el señor Casamayor que le encargue un tríptico sobre nuestra empresa dirigida a visitantes en nuestro stand en la feria de Valencia – mi cara cambio, y obviamente la de mi jefe también.

El tríptico salió perfecto, Amparo de Samson me felicitó y esa noche cuando me encontraba viendo la tele llegó Juan a su casa y con el tríptico en la mano hizo el gesto de aplaudirme.

– ¿me encargaras más? – le escribí por sms.

– Depende de ti.

– ¿y que esperas de mi?

– Que seas obediente.

– ¿Que tipo de obediencia?

– La misma que aplicaste con el tríptico.

Me quede pensativa.

Habían pasado dos semanas y era un poco tarde cuando Juan entró en la suya. Yo estaba tirada en el sofá leyendo con ropa cómoda como no podía ser de otra forma.

– desnúdate – entro un sms. Ni me lo pensé, deje el libro y de un tirón me baje las bragas y de otro tirón me quite la camiseta. Allí me encontraba con el coño al aire y mi sujetador negro que tapaba mis tetas. – del todo – ante lo que desabroche mi sujetador y lo deje caer al suelo. – hazme que te encargue un catalogo – otro sms.

La verdad es que no sabía que hacer, aunque me había pillado masturbándome unas cuantas veces e incluso en una ocasión lo había hecho para él, nunca había sido muy lanzada a nivel sexual por lo que aquello se me escapaba. Hice de tripas corazón y empecé a tocarme los pechos poco a poco. Mis pezones reaccionaron a mis caricias y rápidamente se pusieron duros, poco a poco fui tocando el resto de mi cuerpo hasta llegar a mi ya encharcado coño. Me masturbe de pie el tiempo que pude hasta que no aguanté y caí rendida sobre el sofá para acabar por correrme en pocos minutos. Juan contempló todo sin inmutarse.

Al día siguiente en la oficina un nuevo mail me esperaba. Amparo me encargaba un catalogo que volvió a ser un éxito. De nuevo Juan me aplaudió desde la ventana y yo le sonreí agradecida.

Dos semanas después y estando tomando un café con una compañera de trabajo a 10 minutos de casa recibí un nuevo sms.

– Llego en 15 minutos a casa, cuando entre por la puerta te quiero ver desnuda con la polla esa que tienes con ventosa pegada en la pared y a ti clavada en ella a cuatro patas.

– Vale – solo pude decir. Me despedí de mi compañera y salí volando a casa. Llegue con el tiempo justo, me fui desvistiendo según iba buscando el vibrador en la habitación. Humedecí la ventosa, lo coloque en la pared y tocándome el coño me clavé poco a poco aquel bicho en mi vagina. Juan tardó bastante más que 15 minutos, pero cuando entró por la puerta yo estaba gozando como una cerda. Nunca se me había ocurrido usar la ventosa y lo cierto es que era una muy buena idea. Estaba a 100 cuando vi a Juan entrar por la puerta. Mis movimientos eran violentos, mis pechos se balanceaban al compas de mi cuerpo. Me corrí como una bestia. Juan miraba impertérrito como me iba y caía rendida sobre el suelo. Cuando miré Juan ya no estaba.

Al día siguiente en la oficina tenia un mail de Amparo en el que nos encargaba que le organizásemos el stand de una feria en Madrid. En la oficina todo el mundo estaba encantado pues esto si era la puerta a conseguir un cliente de verdad y además ya se empezaba a facturar pasta. El trabajo fue muy duro. Lo hicimos muy bien, el stand quedó precioso y a un precio mucho más bajo que lo que su agencia de cabecera solía cobrar. Yo esperaba encontrarme en Madrid a Juan aprovechando el montaje y así poder hablar con él más de cerca, pues a pesar de que me viese masturbarme cuando él lo pedía, solo habíamos hablado una vez.

La feria fue un éxito absoluto, incluso me subieron el sueldo. Juan me volvió a aplaudir desde la ventana y yo estaba encantada.

Cada vez que Samson quería contratar algo relacionado con la publicidad Juan me mandaba un sms y me pedía un dedo a cambio. Si la cosa era pequeña la petición era más moderada que si el encargo era más grande. Un diseño me costaba un simple dedo. Un catalogo me costaba masturbarme en una postura rara. Una feria una masturbada salvaje.

Llevábamos un año así. Juan pedía, yo respondía. Durante casi todo el esperé que Juan me invitase a que nos conociésemos más, pero Juan no dio un paso en ese sentido. Me volvía loca de celos cuando le oía follar con otra, se me rompía el corazón cuando veía a otra mujer en su salón. Por mi parte alguna vez salí con algún compañero de trabajo o algún amigo de amigo. En general eran chicos muy simpáticos, pero la cosa nunca pasó de ahí y nunca les invité a subir.

– ¿quieres que trabajemos en exclusiva con vosotros? – me llegó un sms.

– Por supuesto, creo que lo hemos hecho muy bien y tenéis que estar contentos con nosotros – le contesté.

– Te he preguntado si quieres que trabajemos en exclusiva no si os lo merecéis

– Claro que quiero – aquello lanzaría mi carrera profesional por que además ya se sabe que un cliente grande trae otros clientes grandes.

No volvió a decir nada.

Una semana después recibí un nuevo sms

– ¿estas segura que quieres ganarte la exclusividad?

– si – contesté.

– Bien, quiero que dejes esta noche la puerta de tu casa abierta. Quiero que te desnudes, tapes tus ojos y esperes a cuatro patas en medio de tu salón mirando hacia mi ventana – mi braga se mojo de golpe.

– ¿A que hora?

– A las 12 de la noche. En punto.

– Así estaré.

– Espero que no te importe el precio a pagar.

– Sabes que no.

Eran las 11:30 cuando sonó un nuevo sms – llegó a las 2 de la mañana, estoy de copas con un amigo, ya había quedado con el hace unas semanas. Aplazamos dos horas.

Eran la 1:45 cuando me despoje de mi ropa, abrí con un poco de miedo la puerta, me tapé los ojos y me puse a cuatro patas. Hacía mucho calor y Juan no llegaba. Empecé a tocarme el coño poco a poco. Esperaba que Juan no se ofendiese de encontrarme así. No es que me estuviese corriendo, pero estaba siendo muy satisfactorio cuando oí que la puerta se abría y unos pasos se dirigiesen hacia mi. Paré mi mano. Dos manos se posaron en mis caderas, cuanto tiempo hacia desde la última vez que en esa posición mi ex novio no había tomado mi cuerpo para penetrarme. Las manos dejaron mis caderas y con delicadeza abrieron mis piernas. Un dedo cruzó por toda mi raja. Dos dedos se posaron en mi clítoris. Esta bien masturbarse, pero que muy bien, pero mejor que la masturben a una y aquella mano sabía como hacerlo. Me corrí a gritos pidiendo fuerza en mis brazos y cayendo un poco apoyando mi cabeza en el suelo mientras suspiraba por que me empalasen. Una polla poco a poco fue entrando en mi coño. Lo estaba deseando, deseaba que me penetrase desde el primer día que lo había visto secarse en el salón y lo pensaba cada vez que lo veía secarse, esto es todas las mañana antes de irme al trabajo. Aquella polla me estaba llenando y yo estaba disfrutando como una loca. A mi espalda me estaban penetrando de maravilla, me follaba duro, me follaba despacio, me follaba lento, me follaba rápido, me follaba a lo vestía, me follaba suave, azotaba mi culo, pasaba un dedo por mi ojete. Yo gritaba de gusto, hacia más de un año que un hombre no pasaba por mi cuerpo y aunque me había consolado con mi vibrador con ventosa aquello no tenia comparación. Me excitaba saber que Juan y yo habíamos pasado un limite y lo que antes eran dedos ahora serian polvos, en ese momento me daba igual sentirme utilizada, solo pensaba en el placer que estaba recibiendo y sobre esa polla que me estaba rompiendo por dentro.

Llevaba más de 4 orgasmos cuando note como mi coño se llenaba de lefa con gran gemido por parte de mi follador. Caí rendida pero encantada. Esa polla seguía en mi coño ya sin la fuerza de hace un momento.

Me quité el fular que cubría mis ojos y que alucine al ver a Juan en la ventana de su casa que miraba impasible toda la escena que había ocurrido en mi salón.

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