Oral en el Auto

Hola de nuevo, soy Daniela la chica travesti con una nueva historia,espero que les guste… disfrútenla.

Era un viernes por la noche, un viernes caluroso a pesar de haber llovido, un viernes de verano sin duda, de esos días en que la tarde y mañana hace un sol insoportablemente irradiante sin nubes y al final como si tratara de recompensarnos, caía una lluvia efímera pero abundante para de nuevo comenzar el calor…como espejos oscilando por gotas de agua los charcos dejaban ver las sombras de edificios y luces de la ciudad, de manera esporádica los autos pasaban y distorsionaban las imágenes en ellos, era más de las 9:00 de la noche, me encontraba caminando con la gracia de una mujer tratando de evitar los charcos para no mojarme los pies, la calle se encontraba alumbrada tenuemente por el alumbrado público, había sido un día pesado en la escuela, iba exhausta rumbo a mi hogar, vestía un short ajustado y una playera fresca ,calzaba converse azules, sin duda gracias a la lluvia me había retrasado, a lo lejos un auto se escuchaba, poco a poco su motor compacto se escuchaba mas y mas cerca, volteé un poco la cabeza hacia un costado para mirar, el auto venia en la misma dirección que yo, lentamente comenzó a detenerse y exactamente a lado mío se detuvo, era un Honda fit gris, sus cristales negros reflejaban mi sombra obscura y poco clara por la tenue luz amarilla del alumbrado, el cristal más próximo a mi comenzó a bajar dejando ver el interior apenas visible por las pequeñas luces led del auto-estéreo, una silueta apenas visible de una persona se proyectaba en el lado del conductor, en el auto solo había una persona.

–Buenas noches, una pregunta, ¿hacia dónde se encuentra la Avenida central?–exclamo amablemente una voz de un hombre adulto.

–mmmm como a 3 cuadras, luego doblas a la derecha, manejas de frente hasta encontrar el semáforo, doblas a la derecha, cruzas el puente y esa es la avenida– conteste.

El hombre volteo hacia enfrente como si pudiera ver el camino a seguir, luego volteo a verme, volvió a voltear, tardo unos segundos y volteo a verme diciendo.

–¿Hacia dónde vas?, la verdad ando perdido, te molestaría si me indicas por donde, te dejo donde tú me digas, claro si vas hacia la misma dirección sino no te preocupes—

Tal vez fue su voz, la amabilidad con la que hablo, la noche cálida, o algo que no se, que me hizo aceptar su propuesta, asenté con la cabeza, estiré el brazo hacia la manija de la puerta del copiloto, antes de que mis dedos tocaran su objetivo, la puerta emitió un sonido mecánico, abrí sin problemas la puerta.

–Buenas noches, mi nombre es Julio, me indicas por donde, vale–dijo el hombre mientras me sentaba en el asiento del copiloto y me colocaba el cinturón de seguridad.

El auto comenzó su andar, el interior estaba obscuro, su ambiente era ligeramente templado pero confortable, las luces de alumbrado pegaban una y otra vez por nuestros cuerpos, dejándonos ver por instantes antes de que de nuevo la obscuridad nos invadiera para después esfumarse de nuevo con la siguiente luz que se proyectaba de la cintura hasta nuestras cabezas una y otra vez. Fue la primera vez que pude verlo perfectamente, era un hombre casi calvo, de una edad entre 50 y 55 años, con un cuerpo que no era nada atlético, su panza daba entender lo bien que le trataba la vida, en esos instantes me entro una atracción efímera por julio, me preguntaba que se sentía estar con un hombre maduro, ¿qué prácticas sexuales tendrá?, un sin-número de preguntas eróticas comenzaron a suceder en mi cabeza.

El auto se había desplazado unas cuantas calles, cuando le dije que doblara a la derecha, él maniobro con maestría, el coche obedeció y sus ruedas giraron hacia la derecha con suavidad.

–¿Te molesta si hago algo incomodo?, por precaución y seguridad—exclamo Julio.

No había entendido aun la pregunta cuando sus manos pasaron por mi cuerpo, como si se tratase de un cacheo policiaco pero muy light, el toqueteo cerca de mi pelvis y el modo que pasó sus manos por mis piernas esbeltas y mi pequeña cadera hizo encender algo en mi interior, un brote de excitación estaba por salir, muy amablemente me pidió que me quitara el cinturón de seguridad y me inclinara ligeramente hacia delante, lo obedecí sin razón, sus manos tocaron mi cintura por la espalda y el detonante de mi excitación lo dio cuando toco parte de mi trasero y espalda baja.

–Perdóname es que en estos tiempos no se debe confiar en nadie, perdóname en verdad—como si hubiera hecho una ofensa, me pedía disculpas, hasta que se percato que me encontraba excitada.

–No te preocupes,por cierto me llamo Daniela—le dije, Julio a manera de respuesta alzo las manos ligeramente y me pidió que lo cacheara de la misma manera, mientras el de nuevo deslizaba su mano sobre mis piernas lampiñas y esbeltas, entonces algo surgió de en mi y lo comencé a tocar por las piernas y abdomen mis manos por segundos rozaron su entrepierna, me percate en un instante que un gran bulto comenzaba a crecer un poco más abajo donde yo tocaba, mi mirada se poso en ese bulto formado.

–¿te gustaría tocarlo? , con confianza puedes hacerlo—me dijo dirigiendo su mirada hacia mí y yo le correspondí mirando a su rostro mientras mis manos tocaban ese bulto que atraves de la tela del pantalón de vestir color beige se sentía enorme y caliente, la expresión de su rostro cambio a un modo de éxtasis total.

–ábrelo si quieres, es para ti –esas palabras hicieron magia en mi interior y comencé a emitir sonidos, gemidos de deseo, me incline un poco hacia él, mi trasero se deslizo un poco en posición contraria, bajé lentamente la bragueta, metí la mano, realicé algunos movimientos dentro y saque lo que buscaba, un pene gordo y algo grande se alzaba a unos centímetros de mi cara.

–anda chúpala, cométela si quieres—me decía Julio mientras su cara se inundaba de placer sin perder de vista la dirección, seguía conduciendo pero ya a una velocidad baja.

Incitada por el momento y al ver ese pene gordo, me lo saboreaba y deseaba tenerlo entre mi boca, así que en el primer ataque de mi boca me entro todo, sentí su cabeza saludar mi garganta, retire mi boca lentamente, los hilos de saliva unían mi boca con su pene mientras Julio emitía gemidos de placer. Una y otra vez comencé a comerme ese pene, a manera de sincronización cada 5 o 6 atragantamientos lo lamia de la enorme cabeza hasta donde la bragueta lo permitía, lo demás se perdía en el interior del pantalón, en cada acto donde todo me entraba yo emitía sonidos de satisfacción que resonaban en mi boca tapada por aquel mastodonte gordo que devoraba.

Julio maniobro un poco sin que estorbara lo que realizaba entre sus piernas, pronto giro y se estaciono en una calle la cual conocía porque era la zona por donde vivía. Una calle solitaria y sin transeúntes o automóviles, con alumbrado escaso, un lugar ideal para lo que acontecía.

Julio me tomo de los cachetes con las dos manos, una en cada cache y comenzó a dirigirme con velocidad y agresividad, mis manos se sostenían del borde del asiento y de la palanca del freno de mano. Después de varios movimientos me soltó el cual yo me alce lentamente, mi boca escurría de saliva, su pene se encontraba lleno de saliva, sonreí y él me regreso la sonrisa.

–Regresa a lo que estabas putita, come mas—como obediente ferviente lo obedecí, me volví a inclinar un poco y comencé el ataque, sin separarse de su asiento Julio comenzó a desatarse el cinturón y con movimientos torpes se bajo los pantalones y el calzón hasta sus rodillas, ahora nada impedía comerme todo, los pequeños vellos que se asomaban como arbustos mostraban ver su edad, se encontraban algunos con apariencia canosa pero eso no impidió que yo siguiera mi laboral contrario me excitaba la idea de estar con esa persona madura.

Una y otra vez mi garganta era blanco de la cabeza de su pene, un liquido salado comenzó a embargaba mi boca pero continúe mi labor, me incitaba a buscar ese premio que me indicaba que ya no estaba lejos, en cada acto me la comía de un solo golpe y me deslizaba poco a poco de regreso procurando que mis labios no se separasen de cada delicioso centímetro de su pene, una vez que mis labios llegaban a su cabeza la lamia toda y el tomando su pene me daba ligeros golpes sobre mi rostro y lengua, para después iniciar todo de nuevo, así una y otra vez hasta que perdí la cuenta.

Entre gemidos de felicidad y placer tanto míos como de Julio, me preguntaba

–¿Quieres comértelos todos mi mecos?, mi leche será para ti—

Con lo que yo entre gemidos le dije que sí, con el pene a lado de mi boca que inmediatamente después de contestar embestí con entusiasmo, el cual entro todo en mi boca.

Pasaron algunos instantes, cuando él me detuvo con su mano me sujeto de la frente, con la otra terminaba lo que yo había comenzado ,abrí grande la boca y saque la lengua lo mas que pude ,de la punta de su pene comenzó a salir tan ansiado premio que salpico toda mi cara e hizo que cerrara los ojos, las gotas habían caído en mi rostro, el resto caía sobre mi lengua y en el interior de mi boca, Julio no contenía el placer y el éxtasis emitiendo gritos de placer, después de terminar, julio exprimió de abajo hacia la punta para que alguna gota no se quedara y callera en mi boca, abrí los ojos y como autómata lamí la cabeza exhausta del pene ,me trague toda la leche que había caído en mi boca y lengua y me erguí sobre el asiento, con la ayuda de mis dedos recogía las gotas que habían caído a mi rostro para dirigirlas a mi boca donde las saboreaba y luego tragaba, Julio me veía con felicidad pero exhausto. Yo lo miraba con una sonrisa, mientras con mi mano no dejaba de darle masajes a lo que antes había estado en mi boca. Comenzamos a relajarnos mire la calle atraves del vidrio, bajé el vidrio para que entrara aire fresco y mientras lo hacía Julio me dijo.

–Te dejo en tu casa—con lo que asenté con la cabeza, me encontraba todavía excitada, llena de emoción y satisfacción.

Julio se acomodo los pantalones, maniobro, mientras lo hacía me pregunto a donde vivía, lo fui dirigiendo entre las calles hasta que me dejo enfrente de mi casa.

–Gracias—exclame mientras él me preguntaba como regresar a la avenida donde nos habíamos encontrado, Salí del auto, cerré la puerta y me incline un poco para solo para recordarle las instrucciones de cómo encontrar la avenida que buscaba, parecía que todo había acabado cuando Julio se inclino hacia donde me encontraba y me beso, luego con un simple adiós, que nos dijimos mutuamente, el auto comenzó su andar hasta perderse de vista.

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