Orgasmus – La fiesta en la discoteca

Después de unas semanas de tranquilidad, turismo y algo de estudio, llegó finales de Octubre. El sábado celebraban una fiesta para todos los erasmus en una discoteca del centro de Milán.

Mi novia junto a unas amigas se cogieron las entradas nada más salir a la venta, había que cogerlas pronto porque el aforo era limitado y en pocos días se completó. En el cartel anunciador de la fiesta informaba sobre los dj que iban a poner la música, los regalos que iban a dar y las sorpresas.

Ya me había contado mi novia que tenía muchas ganas de ir y pasárselo bien, que llevaba esperando muchos días esa fiesta y que no me preocupara por nada, que no iba a pasar lo que paso la última vez que bebió. Me prometió que se iba a controlar, que no quería más deslices, que solo iba a ir a disfrutar con sus amigas y nada más. Yo por una parte quería confiar en ella, pero sabía que los cuernos que me había puesto semanas atrás no iban a ser los únicos, y que noches así podía volverme a ser infiel. Aunque para ser sincero, si tenía algo con algún chico, pues tampoco me lo iba a tomar mal. Sabía que en esa fiesta le iban a entrar tíos de todo tipo y que mi Virginia no era de piedra y en algún caso podía caer en los brazos de algún otro. Yo lo único que quería es que al día siguiente me lo contara absolutamente todo, con todos los detalles posibles.

El plan que llevaban esa noche era cenar un poco pronto, cambiarse y echar un trago en casa, hasta que se hicieran las 11, que ya pondrían rumbo a la discoteca.

Tras cenar, mi novia se fue a su habitación a elegir modelito. Se puso unas medias de rejilla, una falda alta negra, que le tapaba poco más que el culo y que le hacia una bonita curva, y en la parte de arriba una camisa blanca. La ropa interior constaba de un tanga negro de hilo y un sujetador blanco. Se calzó con unos zapatos negros con tacón de aguja y los últimos detalles, se pintó la raya de los ojos, se puso sombra y los labios se los pinto rojo pasión. El pelo se lo recogió en un moño. Me mandó una foto, estaba súper guapa, espectacular. Me dijo que iba a dejar el móvil en casa, que no quería llevárselo por miedo a perderlo, así que allí fue cuando nos despedimos hasta el día siguiente.

Cuando me desperté vi que me había mandado un par de WhatsApp, a las 6 de la mañana, donde me daba las buenas noches.

Yo le di los buenos días y le dije que cuando se despertara me contará que tal le había ido la noche. Durante esa mañana, vi por el Facebook que la discoteca donde había estado Virginia había subido fotos de esa noche, me dispuse a verlas. Estaba nervioso, por si veía alguna foto de mi novia haciendo algo, alguna foto comprometida… Pase fotos y más fotos, y no la veía en ninguna. En las fotos se apreciaba que la discoteca era espectacular, tenía 3 pisos y en cada uno, un decorado diferente, todas tenían una barra de punta a punta y un escenario donde se situaba el dj. En las fotos se veía muchísima gente, estaba a rebosar. Ya me cansaba de pasar fotos, hasta que encontré una donde salía mi novia junto a sus amigas, se les notaba ya un poco borrachas. Virginia ya tenía rojas las mejillas, señal inequívoca de su embriaguez. Eran 5 y estaban posando ante la cámara, todas iban muy escotadas y mi novia no se quedaba corta, se había desabrochado los botones hasta dejar sus grandes pechos bien visibles. Hay que decir, que le quedaba muy bien. Seguí pasando fotos, parte de mi quería ver alguna foto de la cual sospechar, y así darme morbo, pero no encontré más.

Al mediodía me habló Virginia y me contó todo lo que había hecho esa noche.

“Tras despedirme de ti nos echamos un cubata en casa, estuvimos hablando sobre temas intrascendentes y rápidamente se hizo la hora de salir. Llegamos a la discoteca sobre las 11 y media, había una cola inmensa pero por suerte iba rápida y una hora después ya estábamos dentro. Nos pedimos la consumición que iba con la entrada y nos fuimos a bailar. Cada poco rato nos teníamos que cambiar de sitio para evitar los moscones, habíamos quedado en que iba a ser una noche de chicas y no queríamos a ningún tío cerca. Cuando nos acabamos el cubata fuimos a por el siguiente, cada chica eligió lo que quiso y cuando el camarero nos los puso, nos hizo una propuesta. El trato consistía en que si nos dábamos un pico entre las 5 nos invitaba a un chupito a cada una, nos miramos y no nos lo pensamos. Merecía la pena, además era una situación muy excitante. Hicimos entre nosotras un corro, nos cogimos de la cintura y juntamos nuestros labios, fue algo muy simple, pero de esa manera nos ganamos un chupito. Volvimos a la pista y estuvimos hablando sobre eso y decidimos que el resto de noche íbamos a utilizar nuestras armas de mujer para beber gratis.

Teníamos que provocar más, así que lo primero que hicimos fue ir al baño. Allí nos apretamos los sujetadores para aparentar unos pechos bien firmes y nos desabrochamos algunos botones de la camisa. Yo además de eso, me subí la falda un pelín, hasta verme asomar un poco de mis grandes cachetes. Me miré al espejo y pensé en ti Julio, pensé que igual te molestaba que fuera provocando tanto con ese vestuario, pero también pensé que estarías encantado de que todos los tíos me mirasen, que seguro que te excitaba cariño.

Ya estábamos listas y salimos del baño rumbo a ver al mismo camarero de antes. Al vernos fue a toda velocidad a atendernos, y más cuando vió ese vestuario tan sensual que nos habíamos improvisado. Nos preguntó que queríamos y le contestamos que chupitos gratis a cambio de lo que él quisiera. Accedió a ponérnoslos a cambio de que protagonizáramos una escena erótica…Íbamos a pasar de un simple pico a una escena picante. Tras unos segundos pensando, fue cuando yo me armé de valor y me acerqué a mi amiga Lucia y le empecé a bailar sensualmente. Me encontraba a milímetros de Lucía, mis movimientos iban de arriba a abajo, nuestros pechos se acariciaban, su coño y el mío se rozaban. Mis manos recorrían sus curvas, mientras las suyas me tocaban el pelo. Tras unos momentos así, le di la vuelta, y mientras le daba besos en el cuello mis manos se introdujeron en su camisa y le empecé a sobar sus pechos. Al finalizar nos dimos cuenta de la atención que habíamos recibido, estábamos las 5 rodeadas completamente por chicos, con una cara de excitación como no había visto nunca. Fue una escena súper erótica, que duró varios minutos aunque a mí se me pasaron como segundos. Las otras tres amigas al final no habían hecho nada, se habían quedado embobadas mirándonos. Tras haber superado el reto, a Lucia y a mi nos sirvieron los chupitos, los cuales nos los bebimos tras brindar.

El camarero nos volvió a ofrecer bebida, pero los rechazamos hasta más tarde. Volvimos a la pista de baile, siguiendo con el juego anterior, Lucia y yo nos dábamos picos, nos besábamos el cuello, nos insinuábamos, nos tocábamos disimuladamente los pechos…entre la excitación y el alcohol, nos atrevíamos a todo. Tras un rato vimos al camarero que nos volvía a llamar, esta vez, el trato era hacer lo mismo que antes pero esta vez encima de la barra, a cambio nos ofrecía todo los cubatas del resto de noche gratis. Lucía y yo dijimos que sí, mientras las demás declinaron el trato por timidez.

Lucia era una chica francesa, con la que habíamos hecho amistad rápidamente ya que teníamos muchas aficiones en común y compartíamos carrera. Físicamente era muy guapa, media 1,70, era delgadita, con pechos firmes y culo grande pero duro. Tenía detalles de gitana, como el pelo liso oscuro muy largo, los ojos grandes y penetrantes y piel un poco morena. Ese día vestía con un vestido blanco con cuadrados azules, era muy ceñido y tenía un escote que le hacían unos pechos deliciosos.

Con la colaboración de nuestras amigas nos subimos a la barra. Una vez arriba vimos cómo casi toda la planta de la discoteca se había puesto en dirección a la barra para mirarnos, tanto hombre como mujeres, a la expectativa de lo que iba a pasar. Pero esa situación no nos acomplejo, empezamos a bailar como si estuviéramos las dos solas. Comenzamos bailar al ritmo de la música, moviendo los pies y las caderas con movimientos delicados, al principio era un poco soso, pero nos fuimos soltando. La siguiente canción fue una de reggaetón, con la cual aproveche para acercarme a lucia. Puse mi mano en su cadera y con la otra cogí su mano, mi pierna entre sus piernas, pecho contra pecho, y mi cara a escasos milímetros de la suya. Nos mirábamos fijamente a los ojos, estábamos muy animadas y muy cachondas. En esa posición bailábamos al son de la música, con mucho desparpajo, perreando como unas putitas. Yo en un preciso momento aproveché para subirle el vestido y así todos los presentes poder disfrutar de su piel morena, pero ella me quitó la mano y el vestido volvió a su posición normal.

Sabía que era un poco más tímida que yo, que me tenía que esforzar un poco más. Entonces acerque un poco más mi cara a la suya y nos fundimos en un beso, que pasó a ser un morreo, nuestros labios se fusionaron y nuestras leguas empezaron a recorrer nuestras bocas, eso me estaba calentando mucho y sentí que a ella igual. Aproveche para volver a subirle el vestido, entonces no puso ninguna resistencia, subí, subí y como ella no me decía nada, le quite el vestido. Nos miramos y sonreímos, era mi turno. Lucía me desabrocho los botones de la camisa lentamente, como un striptease, se veía que no era la primera vez que lo hacía. Me abrió la camisa y la tiró al público, con el sujetador hizo lo mismo, y se puso a comerme las tetas. Sentía mucho placer, en la discoteca había mucho ruido, pero era como si estuviéramos solas. Lucia me recorría las tetas con su lengua juguetona mientras con las manos me subía la falda, para así mostrar mi culito. Me estaba volviendo loca…

La gente nos piropeaba pero también nos decían todo tipo de guarradas, pero a mí no me importaba y según veía a Lucia tampoco. También había tíos que intentaban tocarnos, pero solo alcanzaban nuestros tobillos, que tampoco es que nos importará. Ambas éramos hetero, nunca habíamos estado con una chica, pero esa noche había surgido y lo íbamos a disfrutar. Al final me decidí a quitarme la falda y quedamos las dos con solo los tacones y el tanga, encima de esa barra con cientos de ojos mirándonos. Nos sentíamos como unas diosas a las que todos admiraban. Tras lo cual, me acerqué a Lucia, me agache y con mi boca le empecé a quitar el tanga, al principio por delante, e iba girando y estirando para abajo, me estaba costando mucho pero lo estaba consiguiendo. La gente en ese momento aun gritaba más y me animaba. Yo pletórica lo conseguí y enseñe el preciado tanga como un trofeo. Ella hizo lo mismo, pero ella ya con mi tanga en su poder, lo lamió entero, saboreando todos mis fluidos que se habían quedado allí. Los dos tangas también los tiramos al público, que fueron hacia ellos como si fuera oro.

Ya completamente desnudas nos dimos la vuelta mostrando nuestros culitos al público, moviéndolo con mucho arte, agachándonos y dejando bien visibles tanto nuestros anos como nuestros coños. Con mis manos masajeaba mis grandes pechos, me pellizcaba los pezones, me acariciaba mis generosos glúteos, no parábamos de bailar, estábamos dando un muy buen espectáculo. Estaba seguro que esa noche muchos se iban a pajear pensando en nosotras y viendo los videos que muchos de ellos nos estaban haciendo.

Cambiaron de música, esta vez tenía un ritmo lento y nos dimos cuenta de que era momento de acabar. Miramos al camarero que nos había retado y allí estaba con dos albornoces y una sonrisa de oreja a oreja. Fuimos hacia él y nos dejó los albornoces. Le preguntamos por la ropa pero nos dijo que no sabía nada, que los de la discoteca nos iban a dejar ropa para poder continuar la noche.

Nos llevaron a un despacho, entramos y nos dieron unas prendas, eran un pantalón de chándal y una camiseta de propaganda, ropa interior lógicamente nada. Ya estábamos vestidas y alguien llamó a la puerta, le dimos paso. Era un hombre de unos 40 años, alto y fuerte. Se presentó como el gerente de la discoteca. Tras saludarnos, nos alabó el espectáculo y nos ofreció trabajo como camareras. Le dijimos que nos lo íbamos a pensar, y él nos dijo que no había problema, que cuando nos decidiéramos, que le llamáramos y así hablar. Quedamos en eso, y tras decirle que nos íbamos lógicamente a casa, ya que no íbamos a seguir de fiesta con esas pintas, nos guio hasta la puerta de la discoteca. Se despidió y Lucia y yo pusimos rumbo a nuestra casa. Durante el camino fuimos hablando del espectáculo que hablamos montado, y también del curro que nos habían ofrecido. Lucia no estaba muy convencida, pero a mí me atraía por el tema del dinero. Pero aún me lo tenía que pensar y hablarlo con mis padres y mi novio. Llegamos a casa, y nos fuimos a dormir tras una noche muy emocionante. “

Así acababa la historia mi novia. Le había estado escuchando sin decir nada, eso sí, con una mano sujetando el móvil y con la otra en mi polla masturbándome. No sabía que tenía una novia tan calientapollas, no me podía ni imaginar el montón de gente que iba a masturbarse en honor a mi novia, me encantaba esa sensación. Le pregunté si le había gustado el show lésbico que había montado con su amiga, me dijo que sí, pero que lo hizo por los efectos del alcohol, que a ella solo le gustaban los hombres.

Así terminamos la conversación, pero esto no acaba aquí…continuará…!

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