Orgía de fuego

Hola, me llamo Juan, tengo veintiún años y soy de Madrid, tengo un apartamento en frente a la Puerta del Sol. Vivo solo, soy alto, de pelo negro y ojos verdes, suelo llevar chiva y visto siempre de Arman. No tengo novia, y no es de extrañar, por la historia que os tengo que contar a continuación.

Hace tan solo dos semanas que pasó lo más increíble que me ha pasado en mi vida sexual. Estaba yo con dos amigos en una discoteca del centro de Madrid, eran Jonathan y Alberto, Jonathan es rubio de ojos azules, de cuerpo fuerte y siempre suele llevarse a las mujeres por su habla, Alberto es moreno como yo, pero tiene los ojos negros, es delgado y alto y a parte es muy simpático. Estábamos tomándonos unas cervezas en una mesa cuando de pronto se nos acercaron dos preciosuras, una era Rubia, con el pelo totalmente liso, de ojos pardos y nariz fina, iba con un carmín en los labios que te dejaban casi ciego, tenía una buena delantera, unas piernas de vértigo y un culito respingón que daban ganas de follarselo. La otra chica era rubia también, pero tenía los ojos castaños y el pelo lo tenía más corto, por los hombros, tenía un cuerpo fino y de tetitas pequeñas pero bellas, tenía menos culo pero mejores piernas que la otra. Linda y Jannís, nos dijeron que se llamaban, Linda era la de los ojos pardos que se me quedó mirando desde el principio. Nos pidieron que si teníamos fuego a lo que Jonathan le respondió:

-Claro muñeca, todo el que quieras-.

-Y si aún tienes ganas de candela, pues puedes pedírmela a mí que enseguida te despacho- dijo el gracioso de Alberto.

-Mira Jannís, nos hemos encontrado con tres cachondos de verga dura- dijo Linda a su compañera. -¿Qué crees? ¿Debería de fiarme de ellos?- dijo en plan burla y mirando con complicidad a su amiga, que solo le respondió con una sonrisa.

-¿Tenéis novio?- preguntó Jonathan.

-Sí- respondió Linda. –Bueno no, es que verás… es un poco difícil de explicar- se quedó pensativa. –Es que casi todas las noches nos sale uno nuevo- empezó a reírse.

-Y vuestro a migo qué, que no sabe hablar- dijo Jannís mirando para mí, con una cara de zorra, que por un momento me dieron ganas de tirármela allí mismo.

-Sí, se hablar- le respondí. –Es más, soy el que más habla de los tres, y sin duda el más guapo- se oyó una ovación ridícula desde donde estaban Jonathan y Alberto. –Mi nombre es Juan, este es Jonathan y ese tan gracioso es Alberto- nos presenté.

-Yo soy Linda- respondió esta con una sonrisa y casi clavándome su mirada en la cara. –Y ella es Jannís. Bueno qué, no nos vais a dar fuego, o preferís que os lo busquemos-.

-Jonathan no fuma- respondí yo, -y este payaso no sabe ni lo que es un mechero. El único que fuma aquí de los tres soy yo, y si quieres que te de fuego, tendrás que venir a buscarlo tú misma, está aquí en mi bolsillo derecho del pantalón- la reté.

Entonces se acercó a mí, pego tanto su cuerpo al mío que sentí todo su perfume a jazmín que llevaba, introdujo su mano en mi bolsillo derecho, y en vez de coger el mechero me agarró la polla con fuerza. En ese momento, la verga se me puso tan dura que ella me dijo:

-Uff, que mechero más grande- en ese momento sacó el mechero del bolsillo y se encendió el cigarrillo. –¿Quieres bailar Baquero?

Entonces me sacó a la pista de baile y empezó a bailar conmigo, se me pegaba tanto que cada vez me ponía más cachondo, me hacía que la abrazara por detrás y le pusiera rabos a su culo, mientras ella movía su cintura de tal manera que hasta me hubiese corrido allí mismo, sobre mis pantalones de Arman. Jannís estaba bailando simultáneamente con Alberto y con Jonathan casi de la misma manera que Linda lo hacía conmigo, solo que ella tenía a dos. Fue en ese entonces cuando Linda me preguntó que si tenía algún apartamento o piso al que pudiéramos ir los cinco, para seguir la juerga allí. Entonces le dije que sí y los cinco nos fuimos a mi apartamento en taxi.

Al llegar allí, nos pidieron unas bebidas, que Jonathan sirvió con amabilidad. Nos dijeron que nos pusiéramos cómodos en el salón y con toda confianza pusieron la mini cadena a andar. Quitaron todas las cosas que habían en la mesa central, entre los sillones y la tele. Y se subieron en ella. Linda llevaba un traje de una sola pieza que era de color blanco, con tacones del mismo color con una aguja de 10 centímetros, Jannís llevaba un top de color azul noche con brillantes y una falda muy cortita de color negro con un cinturón de cadenas plateadas, con tacones negros. Empezaron a bailar para nosotros, lo hacían tan bien y tan sensual que aquello parecía un club de strepties. En el baile empezaron a besarse y a tocarse los pechos una a la otra, estaban totalmente cachondas, se metían las manos entre los muslos y a la vez se iban quitando la ropa. Jannís fue la primera en quitarse una prenda, se quitó el top y llevaba un sujetador suspensor de color rojo con encajes, de esos que se desabrochan por adelante, se acercó a Alberto y se puso encima de él haciendo movimientos mientras oía la música y le puso los pechos en la boca para que le desabrochara el sujetador, entonces volvió a la mesa. Linda empezó a levantarse el vestido poco a poco hasta que lo tuvo en el ombligo, llevaba un tanga de color blanco muy bonito, aunque le duraría muy poco puesto. Se arrancó el traje de cuajo y se quedó tan solo con el tanga, dejó sus pechos blanquitos y grandes al descubierto, parecía que estábamos viendo una película porno. Entonces fue cuando Jannís se quitó la falta, y no tenía bragas las muy zorra, tenía un conejo bien grande y rasurado, y fue cuando ella le quitó las braguitas a Linda, las dos estaban en pelotas, tan solo llevaban los tacones, y empezaron a jugar con sus propios cuerpos. Hicieron un juego sexual en la que Linda se agachaba agarrándose a uno de los espaldales de uno de los sillones individuales, y Jannís hacía como que le estaba dando por detrás. Mi polla parecía que se iba a reventar. Fue entonces cuando Linda se puso de nuevo encima de la mesa, abrió sus piernas, se humedeció los dedos y empezó a gritar como una puta cuando empezó a tocarse el clítoris. Mientras tanto Jannís se había puesto de rodillas delante de Jonathan que era el que estaba en el centro de nosotros tres y le bajó los pantalones, cogió su polla y se la metió en la boca, empezó a mamársela despacito, mirando con cara de puta a los tres, sacaba su lengua y lametaba todo el cucurucho, mientras Linda seguía consolándose ella sola en la mesa. Jannís, mientras le comía la polla a Jonathan, había usado sus dos manos para desabrocharnos los pantalones a Alberto y a mí, y nos agarró la polla con fuerza y empezó a hacernos una paja, y aún en ese instante Linda seguía masturbándose. Entonces, Jannís, dejó de pajearme y se puso encima del sillón, mamándole la polla esta vez a Alberto y poniéndose a cuatro patas le dejó el coño en la boca a Jonathan que le lamía el clítoris como un loco. Yo me había puesto de pie, justo delante de Linda y empezó a mamarme la polla, dios como la mamaba la muy zorra. Estaba viendo las estrellas, me la mamaba despacito, de vez en cuando aceleraba un poco el ritmo, luego me llenaba de saliva la polla y después me la secaba muy despacio con chupetones, luego me pasaba la lengua por los huevos y por toda la polla. Jannís estaba mamándole la polla a Jonathan otra vez, mientras Alberto le daba por detrás, los gemidos de aquella puta le ponían los pelos de la polla a cualquiera de punta. Fue cuando cogí a Linda y la levanté, le dije que se apoyara en el espaldal del sillón y que pusiera una de sus piernas apoyadas en el brazo de este, entonces sin más pausa, le metí la verga de dieciocho centímetros por todo el coño para dentro y desde atrás, cuando sintió el poder de mi polla dentro de su chochito jugoso, empezó a gritar como una puta, eso me ponía más aún cachondo y le daba con más rapidez y con más suavidad de vez en cuando. Me senté encima de una silla mientras Jannís, Alberto y Jonathan cambiaban de postura, para que Jonathan disfrutara penetrando a la zorra de Jannís, Linda se me puso encima, mirándome a la cara, así fue como le metí toda mi lengua hasta el fondo de su garganta, mientras le pegaba nalgadas y le tocaba los pechos. Después Jonathan se puso en el suelo boca arriba, Jannís se le puso encima y se agachó hacia él, Alberto se puso de cuclillas y le metió la polla por el culo a Jannís. A mí Linda me dijo que me pusiera delante de Jannís para que me la mamara y así lo hice, así a su amiga le estarían dando por todos los agujeros que tenía, mientras que ella se sentó en el sillón y dejó que yo le lamiera el coño, un coño jugosísimo. Alberto se puso después de pie e hizo que Linda le mamara la polla, el Alberto estaba disfrutando como un niño, mientras que yo de rodillas, le estaba dando a Linda sin pausa y en el suelo seguían Jonathan y Jannís. Aquella habitación solo olía a sexo y el calor que se respiraba allí te ponía cada vez más cachondo, yo tenía la polla más dura que nunca. Fue entonces el tiempo de dejar que Jonathan se follara a Linda junto con Alberto, a la que pusieron de pie y agachada para que le mamara la polla a Jonathan y así Alberto le daba por detrás, yo por mi parte cogí a Jannís, la tumbé en la mesa del comedor, le abrí las piernas y empecé a comerle el coño. Tras eso la cogí y la abrí de piernas, le di tanta polla que la tía se corrió, entonces se la saqué y empecé a darle por el culo para que descansara. Era Jonathan quien le estaba dando a Linda ahora y Alberto quien disfrutaba de sus mamadas, entonces Jonathan le sacó la polla del conejo y se la puso en la boca a Jannís. Fue cuando Alberto puso de cuatro patas a Linda y le dio por detrás. Dejé a Jonathan otra vez solo con Jannís y le dije a Alberto que lo acompañara, entonces cogí y de la misma postura en que estaba Linda al penetré, fue cuando empezó a gritar como una puta, sentí como se corría sobre mi polla, pues el chocho se le puso tan caliente que me puso cachondo y no paré y le seguí dando. Cuando ya veía que estaba a punto de correrme y me di cuenta de que Jannís le estaba chupando las pollas a Alberto y a Jonathan, me acerqué a ellos y le dije a Linda que se pusiera de rodillas como estaba Jannís y nos la mamara a los tres. El primero en correrse fue Alberto, que lo hizo sin boca, fue con una manuela que le estaba haciéndo Jannís, a la que se le corrió en la cara, para después esta chuparle la polla toda mojada. Yo fui el siguiente que me corrí en la boca de Linda, ella escupía poco a poco mi semen que me bajaba por los huevos y seguía chupándomela mientras me pajeaba. El último en correrse fue Jonathan con una mamada y una paja simultánea de Jannís. Nos quedamos K.O. los cinco. Creo que en mi vida no había follado tanto como aquella noche, y creo que ninguno de los demás tampoco. Ya sabes, si planeas una orgía, avísame, que llegaré a tiempo.

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