Doña Cachonda. Cap.2.

El chaval aquel seguía inquietando a doña Lola, ése que laboraba de ayudante general en la abarrotera luego de haber desertado de la preparatoria antes sus malas notas y que optó por buscar un ingreso de dinero mientras concluía sus estudios mediante el sistema abierto. Le gustaba mucho a doña Lola, le apetecía, se le antojaba bastante. Guapo, alto, esbelto, un tanto atlético debido a que practicaba deporte, de buen porte, que acostumbraba usar jeans muy ajustados que delineaban su varonil y juvenil figura al igual que sus camisas entalladas. Era un como un pequeño manjar que doña Lola se quería devorar. Y, dejándose llevar por ese deseo, comenzó a seducirlo de a poco. Charlaba con él sin pretexto alguno, por el simple hecho de convivir un poco, preguntándole cosas de su vida que quizá resultaban banales pero que mostraban el camino a seguir y, la vez, lo allanaban. Conocer más de la presa, es lo que le da una ventaja al depredador.
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Lefazo en la cara

Una de las cosas que más morbo me produce, es imaginarme en la posición de una actriz porno, de rodillas, esperando que un macho se corra en mi cara, sentir como convulsiona y notar los chorros de leche caliente.

Ya hace años, la mayoría de las pajas que me hacía viendo porno, eran con este tipo de escenas, por mucho que me pusiese ver cómo las chicas eran folladas o cómo les comían el coño… al final, para terminar la paja, siempre acudía a las corridas faciales.

Con el tiempo me fui aficionando a las pollas, me he ido metiendo en el sexo gay, pero esta fijación ha seguido ahí y he podido experimentarla con gran placer.

Hecha esta introducción, os voy a contar cómo fue mi primer facial, o lefazo en la cara. Desde aquella he podido disfrutar de unos cuantos más, y recuerdo todos ellos (tampoco han sido tantos la verdad), pero este primero lo recuerdo con “cariño”.

Debió ser allá por 2003 ó 2004, en verano. Un día de semana, por la noche. Estaba en casa y con ganas de marcha. Yo estaba solo, mi mujer de viaje fuera de Madrid, así que el día perfecto para sexo furtivo, yo solo una buena paja guarra, o buscar algún macho con el que tener sexo homo. Empecé con lo segundo.

Estuve chateando buscando sexo en un portal típico que he usado durante años, y, después de un buen rato, encontré a un hombre maduro, de unos 45 años, extranjero… con un pedazo de polla… joder, tremenda. Me la enseñó por la webcam cuando ya nos lanzamos y menuda herramienta, qué pedazo de rabo. Quedamos en que me acercaría a su casa a hacerle una mamada.

Me pegué una ducha rápida y me lavé los dientes, él también había quedado en que lo haría para estar los dos bien limpios. Llegué a donde me dijo, un edificio de lofts. Para poder entrar me tuvo que abrir un portero que me preguntó a quién venía a ver… menudo corte. Se lo dije y me dejó entrar, indicándome donde podría aparcar.

Aquello estaba vacío, había muy pocos coches, me imagino que la mayoría de los lofts eran de empresa (se veían carteles por todas partes) y pocas viviendas. Aparqué en frente del portal que me había dado y bajé.

Hacía calor, yo iba en pantalón corto vaquero y camiseta. Estaba nervioso, mucho, de aquella tenía muy poca experiencia con otros hombres y en este tipo de contactos. Llamé al telefonillo y me contestó la misma voz que oí por la webcam. Nos saludamos y entré.

Además de nervioso, estaba bastante excitado claro, tenía la polla medio dura y, la verdad, no paraba de tocármela y frotármela. Todo el trayecto en coche hasta allí había estado rozándome el rabo con la mano. Estaba muy caliente.

Subí hasta su piso, aquello parecía un edificio de oficinas, bueno, de hecho lo era claro, cuando iba por el pasillo se abrió una puerta y salió alguien, era él supose. Me acerqué andando y llegué hasta él.

Sí, era él. Era muy alto y grande, me sacaba una cabeza de altura por lo menos. Nos saludamos y dimos la mano (que también era muy grande):
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La invitada

Entonces Ana mirándome otra vez con cara de complicidad cogió por la nuca a Teresa y la fue empujando y acercando poco a poco hasta la cabeza de mi polla, la cual debido a la situación empezaba ya a sacar las primeras gotas de líquido lubricante.

Entonces cuando estaba a pocos centímetros de ella, Teresa sacó su lengua y empezó a lamerla por todo su contorno. A continuación bajó hasta mis testículos y también me los estuvo lamiendo y chupando. Seguidamente se pasó un buen rato arriba y abajo saboreándola en toda su longitud desde la base hasta la punta, intentando también tragársela toda como si le fuese la vida en ello. Para ella debía de ser toda una gozada el poder estar sintiendo dentro de su boca aquella polla con la que tanto había soñado desde siempre, habiendo llegado incluso a masturbarse pensando en ella. Por eso se debía estar recreando tanto en cada cosa que iba haciendo. Realmente se notaba que estaba muy necesitada de una buena herramienta como la mía. Después mi esposa quiso unirse también a la fiesta junto a ella y entre las dos me la fueron chupando una y otra vez. Yo suelo aguantar bastante antes de eyacular, pero el tener a dos mujeres como aquellas allí lamiendo sin parar, la verdad es que me estaban haciendo llegar al clímax total, por lo que le propuse a mi esposa que si realmente quería seguir con aquello sería mejor que pasásemos los tres a la habitación, así me podría relajar un poco para que se me bajara algo la excitación y así poder continuar mejor. Entonces Ana se fue a preparar (esta vez sí) la última copa y al regresar y sin decir nada aunque mirándonos a los dos, se fue sola a la habitación. Teresa sin embargo se lo pensaba más. Por eso la tuve que coger de la mano para tranquilizarla y le dije que Ana normalmente no era así, y que si estaba haciendo todo aquello era tan solo por ella, para que pudiese disfrutar de una noche de placer y sexo del que tanto estaba necesitada.

Así que no debíamos de defraudarla. Teníamos que intentar pasarlo lo mejor posible y sin ningún tipo de problemas. Le dije también que aquello no debía de afectar para nada en nuestra relación de pareja, ni en su amistad con nosotros. Dicho todo eso, nos adentramos también en la habitación. Una vez lo hicimos vimos que Ana ya se había desabrochado la blusa, dejando entrever así sus bonitas tetas bajo el sujetador. Entonces Teresa se abalanzó sobre ella queriendo abrazarla de nuevo para agradecerle todo lo que yo le había estado contando, pero al estar las dos bastante alegres, cayeron juntas a todo lo largo de la cama quedando una frente a la otra con sus caras casi pegadas. Ninguna de las dos paraban de reírse y se miraban a los ojos con mucha sensualidad, tanto que yo desde mi privilegiada posición me atrevería a decir que las dos estaban deseando volver a sentir aquella nueva sensación del beso en los labios que se habían dado con anterioridad.

Yo al entrar en la habitación llevaba ya la polla a media asta, pero después de ver todo aquel espectáculo volvía a tenerla otra vez mirando al techo. Entonces comprendí que aunque ellas tuviesen ganas de hacerlo debido a la calentura del momento, por sí solas no iban a atreverse a dar el paso, así que decidí ser yo quien tomase las riendas de la situación. Para ello me desnudé por completo ante ellas y me subí también a la cama indicándoles que se pusieran de rodillas una frente a la otra. Entonces sin dejarlas reaccionar mucho, les puse mi polla en medio de sus caras, diciéndoles que entre las dos tratasen de lamerla en toda su longitud. Ellas al principio se miraron extrañadas pero fue Ana quien poco a poco, empezó a jugar con su lengua sobre mis testículos e invitó a Teresa a que hiciese también lo mismo. Después tras una indicación mía, fueron subiendo por mi polla cada una por su lado hasta llegar a la punta. Una vez allí empezaron a lamerme todo el glande y luego en círculo toda la cabeza de la polla. Yo desde arriba podía ver como en cada vuelta que daban sobre ella con su lengua, acababan juntando sus labios una y otra vez dándose unos buenos besos mezclados entre salivas y líquido de mi polla. Después siguieron chupando y tragando como si aquello para ellas fuese un campeonato de haber quien se la podía meter más adentro, notando en alguna ocasión como chocaba ya mi polla contra sus gargantas. Yo con todo aquello estaba encantado y para no dejar que se enfriase ninguna de las dos, les dije que si querían seguir adelante ahora era el momento. Entonces se miraron con caras de viciosas y al aceptar les indiqué que se acabasen de quitar toda la ropa y se pusieran a cuatro patas sobre la cama, una junto a la otra.
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Infiel a mi marido y lo gocé 2

Hola a todos, les escribe de nuevo Sofía, mujer casada, sin hijos, de 35 años que caí en una infidelidad por problemas económicos de mi marido Jorge.

Llega mi cumpleaños y mi marido con mucho amor me obsequia ese auto que tanto quería, un sedan de color blanco con hermosas líneas, nuevo, en ese momento fui la mujer más feliz ya que no tendría que trasladarme más en transporte público, en el cual les confieso que me iba mal ya que era presa de hombres atrevidos que me miraban con deseo como si estuviera desnuda dispuesta a darles lo más rico que tengo, mi problema era tener unas tetas grandes y firmes y un trasero poderoso como el de la Kim Kardashian.

Mi pobre marido lo compró con parte de un ahorro que tenía más lo que le prestó su amigo gringo Jhon, el cual incluso lo ayudó a buscar una agencia donde encontrara un auto a buen precio, ese gringo se aprovechó de nuestra necesidad dado que mi marido había tenido que aceptar un puesto más pequeño por problemas en la empresa y más que a sus 45 años tienden a reemplazarlos por jóvenes más preparados y actualizados. No puedo negar que para mi marido soy su sol.

El día de mi cumpleaños fue un dia hermoso pero como tenemos pocas amistades solo lo celebré con mi marido y los vecinos, algunos de mis parientes me felicitaron por teléfono, ya recién habia cumplido los 35, mis vecinas me felicitaron por tener un buen esposo, que ya todas quisieran uno que les obsequiara regalos tan costosos, yo apenada, recordé como le fui infiel con el miserable prestamista y amigo de él, ese gringo Jhon que me hizo lo que quizo valiéndose de mi deseo por tener un auto, sometiéndome a sus sucios deseos sexuales dentro de mi propio hogar estando mi marido ebrio y dormido.
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Reencarnación

Abro los ojos. La verdad es que llevo despierta un tiempo indeterminado, me he negado a levantarme y afrontar la realidad, eso es todo. Mi mente es la zona cero de una gran catástrofe, hay fragmentos de sueños, ilusiones y alegrías dispersos por todas partes, amorfos e irreconocibles, y en mitad de todos ellos un enorme agujero, oscuro y profundo, que poco a poco se hace más grande y los va consumiendo.

El terrible dolor de cabeza provocado por la resaca descomunal de todo lo que bebí anoche, la congestión derivada de los acontecimientos y el embotamiento por los dos potentes somníferos que me tomé al final, hacen que mi cuerpo experimente una décima parte del dolor que siento en el alma. Si es que me queda y no se ha marchado, para dejar de sufrir.

Restriego mis manos por mi cara, sintiendo el surco sólido de los sedimentos que ha dejado el mar de lágrimas que no han parado de brotar durante toda la noche. La almohada está empapada, así que deduzco que ni dormida he conseguido dejar de llorar. Me siento al borde de la cama y noto cómo mi cabeza se equilibra varios segundos después, como si mi cerebro estuviera encerrado en una pecera. Miro a mí alrededor, apenas hay un rayo de luz que se cuela por la ventana, con las persianas bajadas, luego hecho un vistazo el despertador para ver que son las seis de la tarde. Observo la puerta de mi habitación, entornada, anhelando movimiento, pero no hay ninguno.
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La vecina me la empina

Pasábamos el verano en el pueblo de mis suegros, en Andalucía. La casa era enorme y los niños se lo pasaban en grande con sus primos y amigos de verano. Era una época que yo la solía pasar en la piscina de la casa por la mañana y en el bar con mi suegro y cuñados por la tarde. Relax total.

Tengo 40 años, como mi mujer y dos gemelos de 10. Mis suegros sesenta y pocos, pero se conservan bien, puesto que han trabajado poco en la vida (han tenido esa suerte) y se han cuidado mucho. Familia de señoritos.

En el mes de vacaciones, los días pasaban con una placentera rutina. Por la mañana, piscina con la familia. Por las tardes, tras la siesta, íbamos al pueblo (la casa estaba en las afueras). Los peques jugaban en la calle o en casa de algún amigo o primito; mi mujer, su madre y hermanas hacían las visitas de rigor y yo me quedaba en el bar de Tomás, con mi suegro y cuñados a echar la tarde entre cañas y tapas.

Pero un día la rutina cambió. Por la mañana, la familia decidió trasladarse a Málaga capital, que estaba a una hora y media en coche. Y mi mujer, que ya me conoce, me invitó a que me quedara:

– Cariño, ya sé que no apetece. No hace falta que vengas. Quédate a lo tuyo.

Y acepté la invitación encantado. Me fui en bici al pueblo a comprar la prensa y un cruasán y cuando llegué ya se habían ido. Decidí desayunar en la terraza de la piscina… desnudo. Sin ser consciente de que la casa tenía vecinos. Concretamente, una vecina y de las fisgonas.

Tras leer los periódicos y tomar un poco el sol, me tiré al agua. Al salir, mientras me secaba, vi como en el balcón de la casa de al lado, no se perdía ojos de mis evoluciones Remedios, una amiga de la quinta de mi suegra, aunque menos cuidada. Medio tapándome, a causa de la sorpresa, la saludé:

– Hola, Reme. ¿Cómo va la mañana?

– Muy bien, Carlos. ¿Está Rafa (mi suegro, Rafael)?

– No, se han ido todos a Málaga. ¿Qué necesitas?

– Es que esta noche no ha saltado el riego automático del jardín y mi hijo no viene hasta el fin de semana y no sé cómo se para.

– Ya me lo miro yo, Reme, no te preocupes.

– Ay, muchas gracias, Carlos. Pasa cuando quieras.

– Si quieres, vengo ahora, total para lo que estoy haciendo…

Me volvió a dar las gracias y bajó a abrirme.

Confieso cierto descaro por mi parte, ya que fui sin ponerme el bañador, solo me até la toalla a mi cintura. Al abrirme, ella llevaba una bata de estar por casa, muy veraniega, tan veraniega que prácticamente se le transparentaba la camiseta que llevaba debajo y, sin sujetadores, se le marcaban unos enormes pezones. Aquello me empezó a excitar, la verdad.

Me mostró donde estaba el riego y el temporizador. Que estaba a ras de suelo, por lo que me puse en cuclillas, para darle una oportunidad a Remedios de ver que no llevaba el bañador. Y vaya si se dio cuenta.
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El hombre que le gustaba verme masturbar

Ya no era una cría cuando conocí a Jorge.

Tenía 29 años cuando acudí a la enésima boda de una de mis amigas. No es que fuese la solterona del grupo, pero después de muchas relaciones cortas e insatisfactorias seguía compuesta y sin novio.

La boda fue una de tantas en las que las amigas de la novia quedabamos sentadas juntas y en la que empezábamos primero a criticar los vestidos de otras invitadas, después seleccionar los chicos que deberían ser solteros de la otra parte y por ultimo a darnos al alcohol.

Cenamos estupendamente y después del vals de los novios fuimos nosotras quien tomamos la pista de baile.

Como es habitual al principio los grupos no se mezclaban, pero después de múltiples viajes a la barra a por copas ibas conociendo poco a poco a gente del otro bando. Yo coincidí pidiendo un ron con un rubio de ojos penetrantes.
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¿y porque no? Un sabado de pelicula

Me levanto como una autómata, miro Klahan y Sunan y bajo hacia mi camarote sin decir una palabra…

Salgo de la ducha, ya he vuelto a mi estado normal, bajo el agua me he rememorado esta maravillosa cena, me siento feliz de poder vivir experiencias como estas. Me unto el cuerpo con una crema de miel y coco cantando “la vie en rose”, ¡Hummm! Me encanta, pienso en Stone, estoy ansiosa para contarle lo ocurrido. Recojo mi pelo en un moño desenfadado y elijo entre varias prendas perfectamente alineadas encima de unas estanterías de cristal. Elijo una camisa corta y ancha blanca y un pareo al estilo flamenco blanco con lunares rojos. Subo a la cubierta principal donde se encuentra el salón exterior con una impactante barra de fibra de vidrio inspirada en las formas minerales naturales, parece que esta tallada en cuarzo cristalizado, es una geometría facetada con un enorme cubo lleno de cubitos de hielo y champán en la parte superior. Su iluminación incrustada en la fibra crea una atmósfera tenue. Delante, cuatro sofás de tela y piel rodean una mesita de cristal. Dani esta sentado con la pierna izquierda extendida encima un sofá y la otra colgando, el pie reposado encima de la alfombra de cuerda marina. Me acerco y me siento las rodillas recogidas en el huequito libre, casi encima de su pie izquierdo. Me dice sonriéndome:
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Mi vecino viejito y yo

Hola amigos, soy Lucia y les cuento otro encuentro que tuve con mi viejito vecino, sin dientes, pero que me hace gozar mucho, conociendo mis “vicios”.

No hace muchos días, estando reunida con unas amigas del barrio y por supuesto como casi siempre se habla de sexo. Una de ellas comentó como su novio le había chupado su pepita por primera vez. Con otra amiga que estábamos de charla quisimos que nos contara todo con lujo de detalles y así fue, y lo hizo de una manera tan elocuente que mi cosita comenzó a mojarse. Cosa rara en mí, je je. De inmediato pensé en mi viejito, que me hace feliz cuando me la chupa, una vez finalizada la “reunión”, Salí disparada para casa, mirando para todos lados para tratar de descubrirlo, y no me fue difícil, recuerden que mi barrio no es grande. Le hice la clásica seña y despacio me dirigí a su casa dándole tiempo a llegar. Primero pasé por la mía a dejar la bici, avisar a mi mamá de mi llegada y no quise lavarme la pepita pues estaba húmeda y así le gusta mi viejito.
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En el spa nudista

Nací en una familia muy religiosa, y, desde que tengo memoria, el tema de la sexualidad ha sido tabú en mi família. Cuando me prometí con Mila, una preciosa joven que forma parte de nuestra parroquia, fue por descontado aceptando un voto estricto de castidad muy controlado por nuestros padres.

A pesar de nuestra edad, yo finalizando mis estudios de Odontología y ella en segundo año de Farmacia, seguimos muy unidos a nuestras familias y aún vivimos cada uno en casa de nuestros padres. Siempre que se nos permite “salir juntos”, tenemos que estar de vuelta a casa antes de las nueve de la noche. Si queremos ver alguna película o pasar el rato juntos, tiene que ser en el salón de una de nuestras casas, con todas las puertas abiertas y con alguno de nuestros progenitores rondando y cuidando que nada se vaya de las manos.
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