Mi primera fantasía hot

Salir a la calle vestida. Era mi primer sueño. Empecé primero rodeando mis caderas con las toallas, como si tuviese una faldita, y levantando delicadamente el lado de una de mis piernas y mostrando mi cuerpo, como hacían las divas antiguas. Gozaba mucho haciendo eso a escondidas y me tuvo entretenida algún tiempo. Pero una noche, cuando me puse la toalla solita en el baño y me senté para hacer pipí como una lady, sentí un deseo tremendo de ser una completa mujer. Yo creo que fue un repentino cambio en mis hormonas, porque esa fue la primera vez que traje a mi memoria la foto de un chico muy masculino que tenía como amigo en mi Facebook y a quien no conocía. Antes de ese día yo me imaginaba vestida en medio de mis compañeros de clase mientras ellos me molestaban y me tocaban.
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Mi primera experiencia homesexual.

Hola a todos,

Soy Mario, tengo 39 años y estoy casado. Con una chica. Si, con una chica. A pesar de ello, desde muy temprana edad tuve mucha curiosidad por el sexo masculino. Recuerdo que mis primeras masturbaciones iban acompañadas con fantasías sexuales con chicos. Después de mucho tiempo de reprimir mis deseos, a los 20 años me atreví a hacerlo.

Al chico en cuestión le conocí en clases de baile. Bailo fatal y pensé que apuntarme a un curso me ayudaría mucho. No fue así, sigo bailando fatal, pero en fin, esa es otra historia.

Recuerdo que se llamaba Julio, era moreno, 1,70 de estatura de complexión atlética. Era muy divertido, gran conversador. Al conocernos quedamos un día para tomar unas cervezas, me caía realmente bien. Nuestra amistad fue creciendo y un día me invito a su casa a ver una peli. Hasta el momento nunca me había planteado que pasara nada. Él sí que lo tenía más claro.

Aquella tarde me presente en su casa, yo iba vestido de vaqueros y polo el al estar en su casa estaba más cómodo con un pantalón corto y una camiseta blanca.
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El regreso de Obil

nosotros y nos podemos contar muchas cosas mientras follamos. Porque aunque no te lo creas, después de follar ayer hasta las tantas y con una tía que tiene el clítoris más grande que he visto en mi vida, tengo ganas de follarte a ti y contártelo con mi polla en tu boca o en tu cuño.

-Pues sabes una cosa, yo tengo ganas de que me lo cuentes en esa misma posición, pero si tengo yo también algo que contarte, primero lo tuyo, porque ha sucedido antes y además porque hace más tiempo que no me cuentas nada tú a mí.

-Bien, acepto la propuesta. Ahora te dejo que tengo que hacer un par de llamadas y si seguimos hablando voy a tener que parar para hacerme una paja.

-Ves, en eso te llevo ventaja, yo estoy en la cama, sin tanga y con las piernas abiertas, justo cuando cuelgue me correré, porque llevo un rato haciendo tiempo para no hacerlo mientras hablamos, porque no quiero ponerte a cien mientras conduces.

-Serás cabrona, te estás masturbando mientras hablamos de lo que hice yo anoche y de lo que vas hacer esta noche. Dios, cuanto te quiero, cuanto te quiero. Como me gusta que seas tan puta.
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Devorame

Acostados en la cama, mi pierna sobre ti, rozándote. El sentir tu respiración calmada me remonta en ese instante tantos recuerdos de cómo te conocí. Como disfruto estos momentos en los que me perteneces. Desnudos en la cama, pienso lo mucho que me apenaba el que me vieras desnuda y ahora es algo tan natural como respirar.

Te observo atentamente mientras mis finas manos acarician tu rostro. Recuerdo perfectamente la primera vez que te vi. Con el uniforme de la línea de transporte, la corbata azul marino perfectamente anudada y la camisa blanca intachable, el reloj de buen gusto en tu muñeca, afeitado. Luciendo tu cabellera rubia destacando con elegancia entre todos los demás.

A mis 13 años te conocí, me gustaste pero nunca pensé que pasarías de uno de mis muchos platónicos. Tu porte y elegancia, siempre te observaba, serio cual lobo solitario te veías sumamente superior a todos los demás de tu trabajo. Me obsesione con tu mirada, las veces que pasabas a mi lado tu aroma embrujaba mis sentidos.
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Unas vacaciones calientes

Como cada año, es empezar las vacaciones e irme a la playa y sentirme totalmente cachondo y salido a todas horas. Dicen que el mar relaja, pero en mi caso debe tener propiedades excitantes porque un cosquilleo ha recorrido mi verga casi de manera constante. Quizá algunos piensen que estoy enfermo, pero en mi defensa diré que llevaba meses sin follar, ya que cuando estoy en Madrid el trabajo y estudios absorben la totalidad de mi tiempo. Además, haber perdido unos kilos y recuperar cierta seguridad que perdí tras cogerlos, ha hecho que me sintiera atractivo y decidido a tirarme todo lo que se me pusiera por delante. Claro que con unos amigos aburridos como los míos, que apenas salen de fiesta limitándome a mí a conocer tíos, hacía que internet y diferentes apps fueran mi único recurso, lo cual por otro lado agradecí, pues estaba dispuesto a probar de todo.

Así, nada más instalarme actualicé viejos perfiles dispuesto a quedar con tíos todas las noches que mis colegas me dejaran libre. Claro que ya se sabe cómo es esto de internet y lo difícil que es encontrar gente con las ideas claras que no sean unos calientapollas que te dejan tirado en el último momento. Esto me ha ocurrido varias veces, si bien no me impidió seguir con mi empeño y desistir harto de tanto descerebrado que siempre me ha rodeado. La primera cosa seria que surgió fue con un maduro un tanto seco que me mandó la foto de su apetecible polla pidiéndome que le enviara yo una de mi culo abierto. Obedecí y le gustó lo suficiente como para querer quedar. Le recibí en mi casa un rato después tras haber “pactado” que llegaría, me follaría y se piraría justo después. El hombre, de unos cincuenta años, se conservaba bastante bien, con un cuerpo delgado carente de grasa, moreno y completamente depilado. Al desnudarse casi sin mediar palabra corroboré el buen tamaño de su rabo, ya algo morcillón, pero que sin embargo, no me dejó estimular con mi boca. Él mismo comenzó a pajearse mientras yo acababa de desnudarme para situarme a cuatro patas sobre mi cama. No dijo una palabra e intuí que ya estaba listo al sentir una de sus manos agarrándome de la cintura. Con la otra se ayudó a clavármela, pues le costó entrar al principio recordándome en ese instante que tendría que comprar lubricante. Sus embestidas se tornaron estables y decididas provocándome tal placer que me hizo olvidar lo aburrido de la situación por monótona, ya que permaneció así hasta que se corrió sobre mi espalda, apurando en ese momento mi paja para descargar poco después. Tal como estaba planeado, se marchó sin más dejándome satisfecho por esa noche.
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Mi primera experiencia con un arnés

Resoplaba como un búfalo después de pelearme como una manada de leones hambrientos, mi abdomen estaba lleno de mi propio semen y el culo me ardía como si hubiese pasado por allí un convoy del metro y mis ojos estaban cerrados porque mi corrida no había sido de este mundo y mi orgasmo me había sacudido hasta las ternillas de mi orejas; pero perdonar que no me haya presentado y que comenzase por el final, me llamo Joan y un tipo normal, que le gustan las cosas normales, que tiene aspecto normal, vamos, alguien que por la calle no llamaría la atención de ninguna manera; quizás lo único que podría parecer que no es normal es que soy árbitro de rugby y en mi vida “normal” mando sin que nadie pueda replicarme y por eso en mi otra vida busco otro tipo de experiencias que sean radicalmente distintas a las mías.

En una de las revisiones de la federación, una bendita lumbrera sugirió que deberían hacernos un examen de próstata y a pesar de las consecuentes protestas de los más machotes, al final no hubo problemas y todos pasamos por el dedo de en mi caso uróloga, no voy a entrar en detalles de mis resultados médicos pero si puedo confesar que sentir ese dedo hurgando dentro de mi creo una necesidad de probar cosas más potentes que un simple dedo que apenas entraba cinco centímetros.
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Bienvenida mi jubilación

Me animo a contar esta historia pues creo que mi vida dio un giro imprevisto a una edad que yo me creía aparcado.

Me llamo Juan, me casé jovencito y mi vida desde entonces ha sido normal, creo yo, con altibajos pero no me quejo.

Mi esposa al principio era bastante cariñosa en la cama pero con los años se fue apagando hasta que prácticamente no teníamos sexo, quizá la rutina, no sé.

Yo la verdad tampoco lo echaba mucho de menos y me acostumbré.

Por desgracia me quedé viudo hace poco, desde entonces vivo solo, ya que no tuvimos hijos.

Hace algunos años me tocó ser presidente de la comunidad de vecinos y como soy bastante “manitas” me entretenía arreglando cualquier desperfecto de la comunidad.

Mi relación con los vecinos era la normal y cuando dejé el “cargo” a veces me llamaban para que les arreglara algo.

Cuando cumplí los 62 años me jubilé y aunque estaba solo no me aburría mucho, pues siempre tenía algo que ver o hacer. Tengo varios hobbys y eso me ayudó mucho.

Al estar solo me ofrecí a mis vecinos, si querían algo de mí, estaba a su disposición.

Al principio no había muchas peticiones, con el tiempo alguien me pedía que fuera a hacer alguna gestión para ellos o arreglar algún grifo etc.
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La venganza de Yolanda

Miré mi reloj, Yolanda no llegaba aún y habían pasado ya 20 minutos de la hora acordada, mire de nuevo a mi alrededor pero no podía verla. La plaza de comidas estaba llena por la hora y mucha gente que pasaba cerca apenas me hacían caras al verme solo y sin nada para almorzar, no le daba importancia.
– Tal vez se arrepintió, pensé mientras miraba de nuevo mi reloj, – le daré otros 15 minutos y me iré.
Hacía un par de días Yolanda me había llamado, era una buena amiga de mi empleo anterior, estaba llorando y quería hablar conmigo. Acordamos encontrarnos a la salida del trabajo en un pequeño restaurante cerca a la oficina. Al encontrarnos me contó la razón de su llanto, había recibido un correo electrónico con fotos de su esposo con otra mujer. Me sentí mal por ella y por su hijo de 7 años, pero no estaba preparado para la propuesta que Yolanda tenía para mi
– Sabes, ya lo decidí, voy a divorciarme
– bueno, te entiendo, pero tal vez si hablas con él…
– no, no es la primera vez que me engaña, ya había escuchado antes que me ponía los cuernos con mujeres de su oficina, pero nunca quise creerlo, pero ya no más…
– te entiendo…
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El mecánico me sigue cogiendo

Después de que Roberto, el mecánico cuarentón que me quitó la virginidad, me llenara con su leche y aparte me sacara un buen de fotos desnuda, empecé a vestirme para irme a las últimas clases, pero él tenía otro plan.

-No te vistas, reinita. Todavía no acabamos.

Él estaba acostado en un sillón que tenía en el taller, aún estaba desnudo y en las manos tenía la cámara; creo que estaba viendo el video de cuando se la estaba chupando.

-Tengo que ir a clases –respondí abrochando mi brassiere negro de encaje.

-Pensé que ya nos estábamos entendiendo muñeca. Mira, si te vas ahorita tendré que subir esto al internet.

La sangre se me congeló porque tanto en las fotos como en el video aparecía mi cara y no quería que alguien conocido las llegara a ver.
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Vacaciones en Benidorm

Por mucho que me fastidiase mi marido tenía razón. Si este año queríamos disfrutar de unos días de vacaciones en familia no nos quedaba más remedio que pedirles prestada la auto caravana a mis cuñados. Bueno, sí, había otras opciones, pero sin duda algo más caras y algo inaccesibles para nuestra maltrecha economía. Desde que me quedé en paro que nuestros ingresos se habían visto reducidos notablemente y debíamos ajustar el gasto. Adiós a las vacaciones en crucero, los resorts, o los hoteles con encanto.

Aunque era plenamente consciente de lo que me conllevaría tomar esa decisión no tenía otra que aceptarla. Nunca olvidaré las caras de mi cuñada cuando su hermano le pidió las llaves de la auto caravana, esa mirada de víbora que tiene y con la que no le hacía falta pronunciar palabra para decirme: “desgraciada, mira a lo que has arrastrado a mi hermanísimo. Toda la culpa es tuya”. De hecho no pudo evitar soltar el malicioso comentario…

.-“¿No eráis vosotros los que decíais que no os gustaba eso de los campings?, ¿qué era mucho mejor un hotel?” soltó con cierto rin tintín por su lengua viperina.
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