Penetrada en mi auto por un mocoso chantajista (3)

Hola, hoy por fin cumpliré mi promesa de contarles lo que siguió pasando luego de haber sido casi forzada a tener sexo con mi sobrino por haber sido descubierta por él teniendo algo con otro hombre que no era mi esposo, toda clase de cosas indecibles me pasaron pero lo raro es que igual las disfrutaba sin pensar en nada, si leen el relato completo se van a dar con más de una sorpresa de lo que tuve que hacer para mantener a salvo mis secretos. Con mucho miedo escribo este relato así que espero que les guste.

Les advierto que no soy escritora profesional, sin embargo espero que les gusten mis confesiones y espero haber plasmado bien las cosas que viví y sentí en esta historia 100% REAL.

Aquí comienza la tercera parte de este relato que muchos me han pedido que continúe, fue una noche que salimos a comer una Pizza en un conocido distrito de la ciudad, Gabriel y yo, terminamos de comer y como habíamos salido sin el auto esperamos un taxi pero no pasaba, entonces caminamos un poco y conversamos hasta llegar al parque del amor, un lugar muy bonito, hablábamos de todas las cosas que habíamos pasado, su chantaje y mi forma de ver su actitud frente a mi situación tan complicada.

Me sorprendí porque eran las 2:30 de la mañana, ya nos habíamos quedado solos y hacía mucho frío, de pronto se me acercó y me abrazó por detrás y al instante me di cuenta de su erección. “Que rico sería hacerlo aquí, ya no aguanto”; me dijo, y yo lo sentí con muchas ganas.

Estamos en la calle y es bastante peligroso, además aquí pasan los guardias de serenazgo y ya te imaginas que nos podría pasar, le dije, sin embargo insistió e insistió una y otra vez hasta que me mostré resuelta a no hacerlo ni loca en un sitio como esos.

De pronto me hizo recordar que estaba en sus manos y que le contaría todo a mi esposo si yo no accedía a sus requerimientos amatorios, tuve que bajar la cabeza y me hizo contarle que sí hay gente que lo hace en la calle a esas horas de la madrugada cuando nadie los puede ver.

– ¿Ya vez?, yo también sé que se puede, además mira que ya no hay nadie – Me dijo mirando mi culo.

– Me da un miedo terrible, no me siento capaz y nunca lo he hecho, si tan solo tuviéramos el auto entraríamos y nos esconderíamos bien pero al aire libre me da terror – Le dije.

– No digas que no, vamos a hacerlo sino ya sabes que hago y tu matrimonio hasta aquí nomas llega – Me amenazó.

– Por favor, eso no, ¡Mi esposo no debe saber nunca nada! – Le dije aceptando su juego sexual mientras caminábamos hacia un parque en el que habían algunas bancas para sentarse.

Entonces llegamos a aquellos asientos que estaban justo al frente del puente, el aire me golpeaba el rostro y el vestido se me subía a cada momento, él se sentó en la segunda banca y yo hice lo mismo a su lado. Él tocaba suavemente mis piernas y detrás de nosotros había una planta que yo intentaba que cubra mi cara, más atrás edificios desde los cuales podríamos ser fácilmente vistos

Me dijo que lo hiciera ya mismo, miré a los costados y felizmente no había nadie, no sabía cómo comenzar pero el ver que ya ni los carros pasaban por la pista me dio un respiro, comencé sentándome en sus piernas, puse todo mi culo en su entrepierna y él recibió gustoso mi primer contacto.

– Ya te quiero meter la pinga, apúrate – Me dijo.

– Espera pues, no debe venir nadie – Le dije resignada y agachando la cabeza.

– Mira que ya está bien dura, que sea de una vez – Me dijo.

Me pareció ver una sombra acercarse y entonces me senté nuevamente al costado de Gabriel para no provocar sospecha, luego me di cuenta que no era nadie y tomé más confianza para lo que debía hacer.

Viendo a los lados me paré del asiento pero luego me senté al sentirme un poco insegura, en eso su mano se metió debajo de mi vestido y subió rápidamente hasta mi calzón, acariciándome la concha por encima de la tela sin ningún reparo, le dije que no haga eso y saqué su mano, intenté quitarme el calzón pero no había forma de hacerlo sin hacer movimientos raros por más que trataba.

Finalmente sentada y con mucho esfuerzo llevé mi ropa interior hasta las rodillas y le dije a él: “Me voy a parar y te debes sentar exactamente detrás de donde estoy yo, cuando me siente voy a poner mi poto encima tuyo y tú ya sabrás qué hacer con él”. Él entendió rápidamente y bajó su cierre en un dos por tres, bajó su calzoncillo y pude ver su miembro bien duro abrirse paso entre la ropa.

¡A la una, a las dos y a las tres…! le indiqué y me paré, él se colocó justo donde yo estaba por sentarme (detrás mío) y al verlo le dije: “¿Ya?”, entonces él desabotonó su pantalón dejando todo su miembro duro, grueso y caliente donde yo me sentaría.

Le dije que ahí iba yo y me bajé hasta sus piernas, justo antes de terminar de bajar, a escasos centímetros le volví a decir: “¿Ya está todo?”, y él me dijo que sí, entonces levanté mi vestido hasta descubrir todo mi trasero y me senté en su pinga caliente que me quemaba las nalgas, mi calzón quedó muy por debajo de la basta del vestido y como se notaba tuve que ocultarlo hasta donde mi ropa lo cubría.

Sentía su pinga entre mis dos nalgas calentándolas y sus manos ya acariciaban y amasaban mi culo, “Tiene que entrar”; me dijo. “Para eso me voy a levantar un poco y tienes que colocarla en la entrada”; le dije.

Lo hice dos veces pero él no lograba ponerla en el lugar exacto, por eso a la tercera opoerttunidad me levanté pero llevé mi mano entre mis piernas y tomando su pinga llevé la cabecita la entrada de mi labios vaginales, entonces ingresó y me senté sintiendo ese duro palo abrirse paso entre mis paredes vaginales.

– Ahhh… Ohhh… Esta bien duro… – Exclamaba yo.

– Así, que culazo tienes, toda la pinga, te vas a comer toda mi pinga – Me decía y yo comencé el movimiento de arriba hacia abajo tratando que entrara todo para mayor placer de ambos.

Pero ese sonido mío era tan liberador, estaba gimiendo al sentir su cosa entrar dentro de mí una y otra vez. Lo hacía como una perra en celo disfrutando al máximo cada segundo de sexo en esa banca pública, con ese instrumento que ya muchos quisieran tener.

– Ahhh… Ohhh… Qué rico, qué rico… – Exclamaba yo.

– Así, no dejes de moverte – Me decía estrujando la piel de mi culo y moviendo su pelvis para que su pene entrara más en mi sexo.

– Ayyy…. Que dura la tienes, siento que la concha se me va a romper ayyyy… Que rico Gabriel… Ahhh… – Le decía yo y empezaba a apoyar mis manos en el borde de la banca para controlar mejor mis subidas y bajadas en su verga

– Levanta más, levanta más, sí, que rico culo… – Me decía él y con sus manos llevaba mis nalgas un poco más arriba para que cuando bajara entrara toda su pinga y con más fuerza lo que me provocaba más placer.

– La estoy sintiendo toda, que rico, que rico me cachas…. Ahhhh… Ayyy… Así duro duro… Hummm… – Decía yo gozando de aquellas entradas y salidas en mi cueva.

Viendo a todos lados como loca mientras tenía sexo con él pude asegurarme que nadie viera aquel grotesco espectáculo, mucho menos escuchar mis fuertes gemidos de placer, por fin sentí la concha y todo mi cuerpo liberar una energía placentera que hizo que me mojara. Su duro y grueso pene entraba en mí, enterito desde la punta hasta la base, aquellas penetraciones tan profundas me hacían sentir todo su grosor y dureza, volviéndome loca del disfrute, esa banqueta publica era muda testigo de madrugada de ese sexo descontrolado, nadie nos veía y el miedo era atroz, así mientras eso pasaba yo apretaba más mi culo a su pinga para que me entrara bien su verga hasta que terminé y él también, dejándome la concha bien mojada.

Entonces subí mi trusa todo lo que pude sin levantarme y me la coloqué en su lugar, luego me paré y bajé mi vestido a su sitio viéndolo a él de frente a la cara, ambos sonreímos sin decir nada.

– Que buen cuerpo tienes, que culazo y ese calzoncito te queda tan bien ahí cubriendo tu raja, eres hermosa, estas aparte de muy rica, bellísima, sabes estoy enamorado de ti – Me dijo mientras yo terminaba ponerme bien el vestido.

– Ay qué lindo hablas, te has ganado un premio – Le dije y sentándome a su lado y dándole un beso apasionado en la boca.

– Ahhh… Que rico polvo, que ideas tan buenas tienes a veces – Le dije emocionada.

– ¿Te casarías conmigo? – Me preguntó.

– Si no fuera que ya estoy casada podría ser bebe – Le respondí.

Por la esquina vi una silueta aparecer y supe que habíamos terminado en el tiempo justo, felizmente todo había salido bien así que le dije que ya caminemos a otro sitio y salimos por la vereda del puente.

Ya lejos él hablaba en voz alta de mi cuerpo, de lo rico que era hacerlo conmigo y del supuesto amor que sentía hacia mí.

– ¿Estás seguro? ¿No será solo arrechura? – Le dije.

– No, en serio estoy enamorado de ti y quiero estar contigo – Me dijo de una manera muy tierna.

– ¿Una relación? ¿Quieres estar conmigo? – Le dije.

– Sí, te amo y no quiero separarme de ti nunca – Me dijo.

Obviamente me sentí muy halagada pero el chantaje seguía ahí una y otra vez, obligándome a entregarle mi cuerpo, sonaba linda su declaración de amor pero era muy extraño, además me sentía confundida pues el amor que sentía por mi esposo era muy fuerte, sin embargo el sexo con Gabriel me hacía sentir cosas muy confusas, aunque supiera que lo hacía por chantaje lo gozaba bastante.

Al día siguiente estábamos en la sala y mi esposo se fue al trabajo, Gabriel invito a su amigo y jugaban Play en la sala, yo estaba en mi cuarto escogiendo algunos vestidos para esa noche que tenía una fiesta y en eso entra la mamá de Gabriel diciéndome que se iba a visitar a una tía que había caído enferma. Hacía mucho calor ese día y por eso me puse un pantalón corto muy chiquito que apretaba bastante mi culo y un polito arriba.

De un momento a otro casi me quedo solamente con Gabriel en casa, bajé un rato a la sala y me vieron él y su amigo con esa ropa; era un shortcito bien pegado y cortito que me lucía las piernas y el culo, un top pegadito y unos tacos, sus miradas quedaron clavadas en mi cuerpo como si fuera algo muy extraño y luego me fui a seguir haciendo un poco de limpieza.

Luego me olvidé por completo de los dos pensando que se habían ido, bajé solo en calzón y un camisón transparente a buscar algo, cuando ese amiguito de Gabriel me vio así quedo hipnotizado y no podía sacar su mirada de sobre mí, a mí me hizo gracia y fui a la cocina a sacar no recuerdo qué, subí por las escaleras y los dos quedaron viéndome el culo mientras caminaba.

Lo sé, fue un grave descuido pero en ese momento solo pensaba en el apuro que tenía y cuando me di cuenta ya no podía echar el tiempo atrás pues ya me estaban viendo.

Pensé que todo quedaría ahí y bajé al cuartito que está debajo de la escalera para tratar de sacar un colchón que debía ir arriba, mientras yo estaba ahí Gabriel tocó la puertita y me dijo para entrar, como necesitaba alguien que me ayude le di acceso, una vez dentro empezó a besarme en la boca cuando estábamos sentados en la cama hablando de cómo haríamos para llevar aquello arriba, aunque quise alejarme me agarró de la cintura y ya no le pude negar más mis labios, correspondiendo a aquel beso pues me decía que estaba enamorado de mí.

Todo era muy tierno y me agradaba que alguien sintiera esas cosas por mí, pero sus verdaderas intenciones quedaron al descubierto cuando empezó a bajar sus manos y acariciar mis piernas, no dije nada al principio hasta que llegó a mi ropa interior y empezó a acariciar mi sexo queriendo excitarme, de hecho lo consiguió, y le dije que su amigo estaba afuera, “Le he dicho que me espere y está jugando contra la computadora”; me dijo.

– ¿Qué quieres Gabriel?, estoy limpiando – le dije.

– ¿Sales así en calzón y encima preguntas? – Me respondió dando por hecho que me quería hacer sexo.

– Tu amigo se va a dar cuenta, estamos a unos pasos de él – Le dije tratando de que reaccionara y desista de aquello.

– No, nadie se va a dar cuenta – Me dijo apretándome a su cuerpo.

– Huy esta duro – Le dije agarrando su miembro que estaba hinchado por debajo de su ropa.

Una cosa llevó a la otra y en unos segundos él me estaba sacando el camisón, dejándome solo en ese calzoncito que tanto lo excitaba, “échate en la cama”; me dijo, “Gabriel no porque tu amigo puede escucharnos”; le dije, pero él ya estaba decidido a hacérmelo a como dé lugar, incluso me puse el camisón otra vez pero él me echaba en la cama y hacía intentos por bajarme la trusa, logré sentarme nuevamente, ahora él se paró de la cama poniéndose frente a mí y sacó su pito, duro, grueso y caliente, me quedé mirándolo y supe que habría sexo pues ya era una imposición de parte de él.

Comencé a tocar su miembro para tratar de calmarlo y empecé a masturbarlo dándole una sonrisa nerviosa de frente (lo miraba de abajo hacia arriba) y me dijo: “¿Quieres que se me salga así?”, con lo que era obvio que quería sexo de todas maneras, luego sentía lo caliente de su palo en toda mi mano cuando me dijo: “Chúpalo de una vez que ya está pasando rato”, y yo miraba hacia la puerta pues había unas rendijas desde las cuales siempre se podía ver hacia adentro y no quería ser sorprendida por aquel chico de nombre casi desconocido.

Lentamente acerqué mi cabeza hacia su verga y fui masajeando con mis labios la cabecita y luego fui pasando por todo su pene mi lengua, una y otra vez, para después metérmelo en la boca completo y succionarlo, causándole un placer que se le notaba con un “ahh… ahhh..”; que se le escapaba. “Gabriel me da miedo que nos vea tu amigo que está aquí a cinco metros solamente y puede mirar por las rendijas”; le dije, pero él no quería escucharme.

Bueno lo que continuó fue que poco a poco me bajó el calzón y me dijo: “Ven siéntate en mi pinga como en la banca del parque”; eso me recordó aquel tremendo polvo que tuvimos y en donde había disfrutado tanto, le hice caso y con el culo desnudo me senté sobre su miembro para que me la coloque en la concha, sin embargo él no era tan hábil y falló tres veces en introducir su pinga en mi raja, acto seguido yo misma lo tomé con mi mano derecha desde adelante e hice el trabajo de llevar la cabecita entre mis labios para abrirse paso en la entrada de mi orificio vaginal.

Fue entonces que comenzó el movimiento aquel que me tenía a mí como actora principal dándole el culo en un movimiento igual como aquel que hice en la banca de la calle, subiendo y bajando para que me entre toda su verga dura, gruesa y caliente.

– Ahhh… ohhh…que grande la tienes Gabriel… – Le decía yo olvidando que no estábamos solos.

– Este culazo es mío, así, así… muévete así… – Me decía disfrutando de mi sube y baja en su enorme pieza.

Al sentir esa cosa entrar y salir de mí perdí la noción de la realidad por unos instantes y gemía como gata en celo, y lo digo en serio, mis jadeos eran audibles por toda la casa y sin darme cuenta me puse en evidencia ante aquel invitado que estaba del otro lado de la puerta.

Ese polvo duraría algo de tres minutos porque seguidamente me quiso poner en posición misionero, yo abajo boca arriba y él encima de mí, me echó y abrí las piernas para recibir por delante su pinga que me produjo un enorme placer entrando y saliendo de mi cueva una y otra vez y con esa dureza que tanto me hacía estremecer.

– Ay… papi que rico… la siento toda, así, dámela toda… – Le decía yo abriendo más las piernas y acariciando su espalda.

– Que caliente se siente aquí… uf cómo quema tu hueco…ahhh… – Me decía arremetiendo contra mi sexo una y otra vez.

Del otro lado de la puerta vi una sombra que no era regular en ese sitio, no le di importancia y seguí en lo nuestro, me lo merezco por salir así mostrando el poto; pensaba yo y la cama se movía tanto que era imposible no escuchar y saber que ahí estaba habiendo sexo.

Luego de sentirla todita dentro de mí por fin llegamos al clímax y acabamos, yo desnuda y él mirando mi cuerpo tendido en la cama, se paró y me dijo: falta un “golo golo”; que significa una chupada, me arrodillé en la cama y empecé a succionarlo moviendo mi cabeza de atrás hacia adelante y viceversa para aquel oral tan esperado, se la mamé todita incluyendo los huevos. Así terminamos y me puse mi trusa y le dije que ya saliera.

Era obvio que aquel invitado de afuera se había dado cuenta y pues no podía ser de otra forma, aquellos gemidos y el ruido de la cama, así como las palabras tan eróticas que habíamos dicho delataban nuestras acciones.

Subí después de un rato y cuando pude le dije que su amigo se había dado cuenta y que incluso nos había visto por una rendija, él no le dio importancia y siguió bajando al primer piso como si nada.

Fui a preparar algo para almorzar, bajé con un pantalón licra bien pegado y el mismo top pegadito también, pasó un rato y cocinaba de lo más natural posible y en un momento que no me di cuenta Gabriel estaba detrás de mí, abrazándome y diciéndome lo mucho que me quería.

Por momentos se me olvidaba lo que había pasado y recibía sus besos en la boca como si nada hubiera pasado, como si nadie se hubiera dado cuenta. Luego volvió y mirándome desde atrás tocó mi culo y me dijo: “Tienes un culo hermoso”.

Cuando sin querer me di cuenta que la tenía bien parada y dura debajo del pantalón, me sorprendí pero recordé que a esa edad se recuperan bien rápido de una sesión de sexo, teniendo la verga erecta nuevamente en cuestión de minutos.

– ¿Tan parada la tienes? – Le dije

– Sí, creo que quiero una vez más – Me respondió.

– No, aquí no y menos ahora – Le dije.

Hablamos de aquello y sin previo aviso él sacó su duro y erecto pene, “Una chupadita aunque sea”; me dijo, sonreí y sin decir nada hice evidente que accedí acercando mi cabeza a su pinga, agachándome un poco.

– Ay no, mira tu amigo está en la sala y nos ha visto hace un rato – Le dije

– No se va a dar cuenta, es solo un ratito – Me dijo.

– No, me da miedo – Le dije.

Finalmente puse una mano en el mueble e incliné mi cuerpo hacia abajo tratando de llegar por unos segundo a su miembro y lo logré, me lo metí a la boca todo lo que pude succionándolo de forma loca pues la situación lo ameritaba, cuando subí la cabeza y terminé noté que una sombra desaparecía de la puerta pero creí que era mi imaginación, él me dijo que se lo hiciera otra vez porque había sido muy cortito así decidimos que mejor me arrodillaba y así lo hice, esta vez la mamada fue más completa y pasaba mi lengua por toda su pinga.

Lo succionaba muy bien y recibía sus jadeos como muestra de su gusto por mi trabajo, desde abajo lo miraba mordiéndose los labios y dirigiéndome la cabeza en los movimientos de adentro hacia afuera una y otra vez.

Cuando me levanté otra vez noté aquella sombra desaparecer y se me hizo muy sospechoso. Le dije pero él no se había dado cuenta de nada, ya debía irse según lo acordado pero me abrazó por detrás haciéndome sentir toda su verga en el culo y empezó a amasarlo como cuando desea penetrarme.

Me puso de frente al repostero y de espaldas a él, me sorprendió bajándome la licra y la trusa ahí y sin más ni menos buscaba con su pene la entrada a mi concha, que ya estaba húmeda. No quise darle espacio para que me penetre y él me hablaba que quería hacerlo ya mismo. Mi licra llego hasta las rodillas y ya no pude decirle que no.

Me incliné para recibir a aquel huésped que se aferraba a ser atendido por mi sexo, cuando entró la cabecita todo fue emoción de la más intensa pues ahí ya no había una puerta separándonos de su amiguito.

”Espera, espera, ya, ahora sí entró…”; le dije indicándole que ese era el camino correcto. Empezamos el coito como si fuera la primera vez que lo hacíamos, mi culo lo recibía con mucha ansiedad y se movía para hacer más contacto con su estaca caliente y dura.

-¡¡¡Oh… ah…!!!, por eso me encanta, es tan grueso y largo…oh qué rico Gabriel, cáchame así, así, así… – Exclamaba yo.

Me estaba dando duro, en una de esas yo me incliné más apoyando mis manos en el repostero y dándole más ángulo de mi trasero para que me siga clavando. Lamentablemente al voltear bruscamente como 90 grados me di cuenta que ahí estaba aquel amiguito suyo observándonos, ya no podía parar y lo que hice fue decirle: “Gabriel ya nos jodimos, por la puta madre”, pero él seguía dándome y yo disfrutando de aquella fiesta.

Terminamos y almorzamos como si nada hubiera pasado, nadie dijo nada y yo esa noche casi no dormí pensando en aquello, al día siguiente la mamá de Gabriel lo llevó a visitar a la tía enferma y cuando mi esposo salió al trabajo llegó aquel observador impertinente que un día antes me había descubierto dándole el poto a Gabriel.

Yo pensé que era mi esposo que había olvidado algo y abrí la puerta sin ver quien era y diciéndole: “Pasa, apúrate que tengo que hablar contigo”, cuando vi que era él hablamos y le dije que se sentara en el sofá grande.

Conversamos un poco y no me aguanté de tocar el tema, ¿Qué has visto ayer? ¿Le has dicho a alguien?; disimulando una sonrisa para hacer agradable la conversación.

– A ti haciendo sexo con él – Me dijo.

– ¿Sabes qué es el sexo? – Le dije.

Hablamos de todo lo que había pasado, le dije que necesitaba saber si le había contado a alguien y me dijo que aún no, sentí un gran alivio y por si fuera poco vi que veía mi cuerpo con un gran interés desde mis piernas, culo, cintura, tetas y todo, entonces me pasó por la cabeza la rara idea de tener algo con él.

“¿Qué estoy pensando carajo?”; dije dentro de mí, no podía ser que siquiera pensara en esas cochinadas con aquel chico pues apenas lo conocía y era un vecino, sin darme cuenta la concha se me humedeció y los pezones se me endurecieron pensando en la idea de que él me cachara así como lo hacía Gabriel, las ideas más sucias se apoderaron de mi mente y sonreía al verlo.

Le dije que el sexo era normal entre dos personas que se aman o se gustan, que no fue mi intención darle una imagen tan grotezca del acto sexual, pero en seguida salió el comentario suyo: “Pero si tu eres casada y además es tu sobrino”. Con eso pasé momentos un poco incomodos pues no encontré una respuesta rápida pero finalmente supe salir del paso con un comentario sencillo: “Es una historia muy larga y te aburriría contándotela”; le dije y cambié el tema rápidamente.

Me paré para ver si quedaba viendo todo mi cuerpo y así fue, estaba en un pantalón jeans apretado y un top que me quedaban muy bien. Incluso me agaché intencionalmente para servirme un vaso de agua que había en la mesa de centro, dejando que me viera todo el culazo.

Lo vi claramente viéndome el trasero por un largo rato mientras la hacía larga sirviéndome el agua, “Quizá así lo pueda dominar”; pensaba yo en mis adentros. Sentándome le dije que necesitaba que esto no saliera de aquí y le dije que incluso podría darle una buena propina a cambio de su silencio.

La respuesta fue un poco rara pues no dijo querer nada de dinero, pero si yo se lo daba bienvenido sea, incluso hablamos de 100 nuevos soles para que él olvidara todo aquello. Saqué el dinero de mi cartera y él lo guardó en su bolsillo.

Pero al rato me lo devolvió, me preguntó acerca de la forma que me gustaba el sexo y luego de pensarlo un rato me abrí con él contándole que me gustaban los penes grandes y duros, la conversación se calentó un poco y me seguía haciendo preguntas, yo pensaba que como él ya me había visto dándole el culo a Gabriel no debía hacerme la santa pues se podría molestar y hasta hablar de lo que vio.

Luego se tuvo que ir porque su madre lo llamaba y ahí quedó todo, yo estaba pensando en la forma de convencerlo y no se me ocurría nada, excepto las cosas más cochinas que pasaban por mi cabeza, excitándome con tan solo el pensamiento. “No, esto no está bien”; pensaba yo.

Al día siguiente mientras estaba la mamá de Gabriel aquel amiguito volvió a venir pero solo estábamos las dos así que le dije que Gabriel no estaba pero me pidió jugar en el Play, le di permiso y me dijo que yo estaba muy guapa, pensé que era mi oportunidad de actuar y mientras la mamá de Gabriel arreglaba algo en el sótano aproveché para pedirle “que me ayude”, estaba angustiada por el hecho de que él podía hablar en cualquier momento y no quería que pasen más horas sin asegurarme de que callara, lo llamé al cuarto del segundo piso

Cuando entró a mi habitación me encontró con un camisón transparente y un calzoncito blanco muy chiquito, las tetas debajo de ese camisón se veían completitas y mis pezones erectos resaltaban, le di la espalda caminando hacia el armario tratando de que viera mi culo redondito y duro, luego le dije: “no pensé que ibas a subir tan rápido, mejor ya no me cambio, así nomás quiero que me ayudes”

Me subí a una escalera triangular para colocar un almanaque muy arriba y le dije que me sostenga, me agarró de las piernas y yo le di la espalda dejándole todo mi culo a su vista, luego para bajar le dije que me siguiera sosteniendo pues tenía miedo, aprovechó para agarrarme desde el muslo hasta todo el culo pues yo le iba diciendo que aún me sostuviera.

Cuando bajé completamente su pene estaba formando una carpa en su pantalón, él sostenía mi culo y le agarré su pito diciendo: “Ya bajé vivo”, y sin decir nada me arrodillé ante él diciendo que quería ver qué tenía ahí dentro que estaba tan duro, acaricié su pito por encima del pantalón y bajé su cierre, “que rico helado”; le dije mientras buscaba entre su calzoncillo aquel palo que debía ser liberado de su terrible tensión.

Una vez que lo llegué a sacar lo empecé a masturbar con mi mano y mirandolo a los ojos le decía: “Huy que lindo mi helado ¿Quieres que lo chupe?”, eso lo volvió loco y no atinó a decir nada, yo lo seguía masturbando mientras lo olía y acercaba mi boca como intentando hacerlo, hasta que él me dijo: ”Hazlo”.

– Que rico se ve mi helado – Le dije comenzando a pasar mi lengua por la cabecita

– Hum… Ohhh… – Exclamaba él casi retorciéndose del placer.

Entonces comencé a masturbarlo con la boca, succionando la cabeza de su pene mientras meneaba su verga con mi mano desde la base, lo que provocaba un masaje en su pene que le gustaba mucho. Fue excitante verlo desde abajo porque teniéndolo en la boca levanté la mirada y nos veíamos a los ojos mientras se lo hacía.

Por un momento me la saqué de la boca y mirandolo a los ojos le dije: “¿Supongo que nadie se va a enterar que me gusta hacer esto no?”, y él inmediatamente me respondió que no. Entonces volví a la carga con aquella cosa que estaba haciendo no sin antes enviarle un besito y sin dejar de verlo, comencé a besarle el pene sensualmente.

Duramos como dos minutos así y le dije: “Ya sal del cuarto que puede venir mi cuñada”, pero él quería más y yo arriesgándome más de la cuenta le dije que se eche en la cama, así lo hizo boca arriba. Rápidamente me coloqué en una posición dándole el culo mientras mi cara quedaba a la altura de su pinga para chuparla enterita, él lo disfrutaba mientras observaba mi culo y sus jadeos me motivaban a seguir.

Milímetro a milímetro disfrutada haciéndole esa mamada que ya había imaginado en mis más sucios pensamientos, con la verga en la boca trataba de metérmela toda pero la posición era incómoda así que me puse en un “69”, sí, esa en la que la vagina queda frente a la cara del hombre y el pene frente a la cara de la mujer, y solo mi calzoncito cubría mi raja que estaba a centímetros de su cara.

Mientras me dedicaba a chuparle la pinga deliciosamente él aprovechaba y acariciaba mi trasero sin ninguna oposición. Finalmente logré colocarme toda su pichula enterita en la boca, dejándola así por unos segundos en los cuales él casi explota del placer. Sentí pasos en la escalera y le dije: “Ya sal que viene mi cuñada”, así bajó rapidamente y yo me puse la ropa que normalmente llevaba.

Esperé unos minutos y bajé vestida con pantalon y top, mi cuñada estaba arriba y cuando lo vi sentado en el sillón no dudé en ir hacia él y sin nadie que pudiera vernos me senté en sus piernas poniendo todo mi culo en su entrepierna, de inmediato sentí como su pene se endureció al máximo. Le dije:”¿Quieres algo más?”, moviendo mi culo para que lo sienta bien y me respondió que deseaba muchas cosas.

Me sentí con el control de la situación y ese era el momento para imponer mis condiciones así que le dije: “Pero solo si juras que nadie nunca se entera de las cosas que pasan en esta casa, las que has visto y las que pueden pasar entre nosotros”; me juró que así sería.

“Me gustas un montón guapo, si vienes mañana a las 10 de la mañana no va a haber nadie y podemos estar solos”, le dije. Acordamos vernos a esa hora y me paré ya de sus piernas caminando sensualmente hacia la escalera para subirla, él se quedó viéndome el culo.

Al día siguiente llegó la hora y yo sabía que debía hacer mi mayor esfuerzo, llegué manejando desde la casa de una amiga, un poco apurada pues se me había hecho tarde y temía que él no me encontrara. Al fin lo vi parado en la puerta dudando de tocar o no y lo saludé.

-Ven pasa ¿Juegas Play? – Le dije.

-Ya me muero por jugar – Me dijo y entramos.

Verifiqué que no hubiera nadie y hasta llamé por teléfono para ver a qué hora regresaban para que no me vayan a encontrar haciendo cosas, una vez segura volví a sentarme en sus piernas poniéndole todo mi culo en su paquete y lo movía sintiéndolo duro, “¿En qué nos quedamos ayer?”; le pregunté. Le di un beso muy despacito y sentí su verga aumentar de tamaño enormemente.

-¿Me quieres meter la pinga no? Se sincero – Le dije sensualmente al oído.

-¿Por qué la pregunta? – Me respondió algo nervioso.

-Solo se sincero, no le voy a decir a nadie – Le dije, dándole confianza para que muestre sus bajas pasiones y todo marche más rápido.

-Si… Te la quiero meter… – Me dijo dejando de contener esa frase que tan difícul le era pronunciar.

– ¿Esta muy duro? – Le dice tratando de llegar a su miembro.

– Durísimo ¿Pero te vas a dejar? – Me dijo muy nervioso.

– No se, se ve bien grande y creo que me va a doler – Le dije tratando de animarlo un poco.

– Mira como esta de dura, ya no aguanto más – Me dijo.

– Estas bien guapo, ¿en serio me quieres dar? – Le dije nuevamente.

– Es lo que más quiero en la vida – Me dijo haciendome sonreir de una manera espontanea.

– ¿Tanto así? – Le dije sin ocultar mi sonrisa.

– No sabes como se me ha puesto, está durísima – Me dijo y acaricié su miembro suavemente para comprobar con mi mano aquello que sentía en mi culo.

– Bueno es cierto, está como una piedra, pero tengo un poco de sueñito ¿Te parece si hablamos en mi cuarto? – Le dije.

– Claro, vamos donde quieras – Me dijo viendome muy extraño.

Caminamos y a cada paso que yo daba me preguntaba a mí misma si en verdad sería capaz de acostarme con aquel chico, me gustaba bastante y no se por qué me daban unas ganas tremendas de hacerlo con él, por otro lado también debía asegurar su silencio a como diera lugar.

Los nervios me traicionaban y casi tropiezo cuando entramos a la habitación, le dije que se siente en la cama y me paré frente a él, ¿Te gustó lo de ayer?, le pregunté, me dijo que muchisimo y que había pensado en eso toda la noche. Fui al baño a darme ánimos antes de dar el siguiente paso, estaba segura que solo así estaría completamente segura de que él no diría nada de lo que había visto y escuchado.

Viéndome al espejo me dije a mí misma: “Vamos, fuerza que ya estas aquí, ademas este chico te gusta un monton y de verdad tienes unas ganas locas de hacerlo con él, todo sea por tu matrimonio que es lo que importa”, y fue entonces que salí decidida a todo.

Estaba frente a él y le dije: “Me dices si te va gustando lo que hago, si me dices que algo no te gusta paramos ahí”, él aceptó y sin dar más alargues me quité el top que cubría mis pechos, me dijo que le gustaba cuando le pregunté, seguí con el pantalon Jeans y se quedó viéndome solo en calzón fijamente, “Lo que pasa es que voy a dormir un rato y yo duermo desnuda ¿No te molesta no?”; Le dije y en ese momento se quedó con la boca abierta por la impresión.

Luego seguí con el sostén, dejando mis pechos al descubierto ante su mirada expectante, sin darle tiempo a que se asombre demasiado me quité el calzón frente a él, dejándolo atónito, sin capacidad de reacción por unos segundos mientras me miraba con la boca abierta.

-Cierra esa boquita y ven a mi lado que tengo frio – Le dije

-Eres muy hermosa, que rica eres – Me decía sin dejar de verme las tetas, el culo y la concha.

-¿Así? ¿Y que esperas para venir a darme calor guapo? Hace frio – Le dije metiendome debajo de la sábana, acostándome ya en la cama.

Ya calatita y solo cubierta por la sábana ví cómo él se quitó toda su ropa rápidamente, dejando als descubierto su erecto, duro y caliente pene que apuntaba hacia el techo de la habitación, solo atiné a sonreir, una voz muy dentro de mí rogaba para que pare esa locura pues ya eran demasiadas entregas de mi cuerpo a otros hombres que no eran mi esposo.

Sin embargo una sonrisa mía delataba el gusto por ver aquello y la adrenalina de saber que algo muy prohibido pasaría en cualquier momento recorría todo mi cuerpo, ¿Dios mío en serio me voy a dejar hacer sexo por este chico?; decía yo en mis adentros.

Vino a mí y ambos debajo de las sábanas nos juntamos y su cuerpo temblaba en extremo, “Tranquilo, tranquilo que no pasa nada”; le dije mientras él trataba de calmarse, su mano empezó a acariciar mi cuerpo sin dejar de temblar.

Sus manos tomaron más confianza y fueron llegando a mi culo, de pronto nuestros labios se unieron y yo sentía esa emoción de estar desnuda frente a él que también lo estaba, a punto de que pasara algo muy sucio.

Nos besamos y me dejé llevar un poco, correspondiendo apasionadamente a esa boca que me buscaba incesantemente, me abrazaba fuerte con su otra mano y una de las mías llegó a su pene que estaba muy duro, lo comencé a masturbar despacio y a sentir su dureza y calentura.

Nos seguíamos besando y empezó a acariciar mis tetas tímidamente, le di confianza diciendole que las tocara sin miedo y así fue soltandose, él estaba tan nervioso que por un momento pensé que todo eso quedaría ahí nada más.

Debía hacer algo y no se me ocurrió otra cosa que ir hacia abajo, sí me agaché y empecé a mamarle la verga suavemente y a sentirla en toda mi boca, cuando supe que estaba a mil por hora me eché en la cama y le dije: “Ahora sí guapo, echate encima mío“, él comprendió de inmediato y se colocó encima de mí.

Abrí las piernas y esperé pero al rato de vanos intentos me di cuenta que no encontraría jamás la entrada, por su falta de experiencia, no podía penetrarme por más que intentaba pues no encontraba el camino de mi orificio vaginal, a pesar de intentar con todas sus fuerzas, haciendo chocar su pinga caliente en todos mis labios, lo que me excitaba al sentir ya aquel fierro tan cerca de mi conchita.

Quité la sabana por completo y la puse a un costado, quedamos descubiertos completamente desnudos y él me quedaba viendo el cuerpo casi con la boca abierta, lo hize para que pudiera ver exactamente donde debía apuntar en mi vagina y no fallara tanto, pero eso lo puso más caliente y casi temblaba de la emoción.

Volvió a intentarlo y a pesar de tener la visión libre seguía sin poder penetrarme, con ternura y sensualidad le fui indicando donde debía ponerla exactamente, puso la cabezaa de su pene en el inicio de mis labios vaginales y lo bajó lentamente hasta encontrar el lugar exacto en donde se hundía su cabecita, segun instrucciones mías, fue entonces que le dije: “Ya, ahora acomódate y empuja”, fue en ese momento que comenzó una deliciosa sesión de sexo vaginal.

Ya en el camino correcto empezó a empujar su miembro dentro de mí, dándome un placer inmenso al sentir esa cosa abrirse paso en mí, lo tenía tan duro que se sentía tan bien entrando y saliendo de mí. “Despacito, despacito”; le decía yo, él no dejaba de ver cómo su pene debutaba en el amor, entrando y saliendo de mi sexo.

– Papi así, no pares ¿Es tu primera vez no? – Le dije.

– Sí, estas bien rica, mamacita – Me dijo mientras veía su hazaña consumarse al introducir su cabecita una y otra vez en mí.

Yo empecé a tocarme las tetas mientras lo veía a él con los ojos clavados en nuestro coito, él estaba de rodillas en la cama, por lo que podía ver todo mi ciuerpo y rostro, yo en ese momento solo disfrutaba de aquel momento aunque una parte de mí decía: “Dios mío, su pene ya esta entrando, no puedo creer que estoy haciendo esto“, y mi cuerpo temblaba.

Por fin agarró ritmo y le pedí que la meta toda, así lo hizo haciéndome gemir cuando la hacía entrar completa, de pronto dejó de ver la penetración y se echó sobre mí sin dejar de hacermelo y yo movía mi pelvis para sentir su miembro en toda su extensión en mis paredes vaginales.

-Huy… que rico papito ¿Ya vez todo lo que puedes tener? Oh… Así, métemelo así ay… – Le decía yo y ya me dedicaba solo a disfrutar de su verga.

– Es una mamacita, uf… Que cuerpazo señora – Me dijo.

– Hablame de tú, ¿Acaso no te estoy dando la confianza? Ah… Así… Así.. Oh…- Le dije viendo como me clavaba su estaca.

– Verdad, eres muy rica, no puedo creer que te lo esté haciendo – Me dijo muy agitado moviendo su pelvis de arriba hacia abajo.

Yo comencé a acariciar su cuerpo y abrirme más de piernas para que pueda entrar sin problemas, pasaba mis manos por su pecho y de rato en rato él me buscaba para un beso que era correspondido apasionadamente, su pene entraba cada vez con más fuerza en mi intimidad y lo hacía hasta con desesperación.

– Ahhh… Tranquilo, disfruta y no te preocupes de nada ay…. Que dura la tienes papacito ohhh… – Le dije acariciando su espalda y disfrutando lo hermoso de esa penetración.

– Gracias por cumplir mi sueño – Me dijo muy agitado y dándome con más fuerza.

– Ahhh… Así que te gusta duro papi… Damelo así, dámelo así que me gusta – Le dije.

De pronto se apoyó completamente en sus manos sobre la cama y empezó a penetrarme más duro, en ese momento sentí que me iba a venir por lo rico que me lo estaba haciendo. Sentía su cosa entrar duro y con más seguridad que antes, estaba tan dura que mi concha lo disfrutaba mucho y me estaba cachando con más fuerza.

– Huy ¿Tantas ganas me tienes? Ay… Que rico – Le decía.

Por fin llegamos a la cuspide del placer carnal con una última embestida suya que le pedí que dejara adentro por un rato para sentirla completita dentro de mí. Fue muy emocionante y saqué un cigarro para relajarme, de hecho me mojé al final, dándole un arañon en la espalda por ser un chico tan malo, o mejor dicho bueno.

Echada en la cama lo observaba viendo todo mi cuerpo mientras yo trataba de equilibrarme por lo que había hecho, luego me tapé con la sábana y los besos surgieron de forma natural, cuando me di cuenta su miembro estaba otra vez en toda su plenitud, apuntando al techo y muy pero muy duro.

– ¿Te gustó? Ay perdon que pregunta tan tonta si tienes esa sonrisota que no cabes en tu pellejo – Le dije.

– ¿Eso es todo? – Me preguntó.

– Eso depende de tí – Le dije.

Otra vez uno y otro beso y me eché boca abajo para tratar de descansar un poco, pero él quería más y se las ingenió para quitarme la sabana. Dejé que siguiera con su juego y se echó sobre mí buscando iniciar un nuevo contacto sexual.

Me acariciaba el poto tan rico que al final terminé cediendo y levantando el culo posición perrito para que satisfaciera sus deseos, cuando menos lo pensé me estaba cachando en cuatro patas, sentía su miembro muy duro hacer vibrar mi vagina una y otra vez sin descanso, me penetraba tan delicioso que empecé a moverle el culo para gozar todo lo que pudiera.

Terminamos y quedé rendida en la cama boca abajo, otra vez acariciaba mi espalda hasta llegar a mis nalgas y las besaba lentamente, sin pedir permiso se echó sobre mí buscando mi vagina entre mis nalgas y al sentir esa carga sobre mí me excité, dandole acceso nuevamente a mi sexo para que continue con su debut en el arte del amar.

Esta vez no me puse en perrito sino solo levante un poco el culo y él logró encontrar mi canal, la escena era muy erotica y yo la disfrutaba obsevando en el espejo que había en el costado, me cabalgaba tan bien como si fuese un experto, era la calentura que nos volvía así.

Con muchos jadeos y gemidos terminé agotada nuevamente y supe que con él sería igual que con Gabriel, duro, rico, excitante y a cada rato. Creo que me quedé dormida unos minutos pero desperté con sus labios en los míos dándome un beso que me hizo volver a la realidad de nuestra desnudez en la cama.

Acariciaba mi culo y supe que tanta insistencia era por algo, le pregunté y me dijo que había algo más que él no había probado.

– Ya se, no me digas que eso es por atras – Le dije.

Dudó en responderme y confirmé mis sospechas, quería romperme el culo aquel suertudo. No se por qué lo hize pero lleve mi mano a la mesa de noche y saqué una bolsa, dentro habían unos condones que usaba de vez en cuando, saqué uno y se lo puse.

– ¿Te vas a dejar? – Me dijo.

– ¿Acaso no quieres? – Le dije.

– Claro, claro, por supuesto – Me dijo muy nervioso y sorprendido.

Echada en la cama boca abajo le di licencia para entrar donde casi nadie había estado, por un par de minutos estuvo buscando la entrada sin exito, saqué vaselina del cajoncito y se la unté generosamente en todo el pene, esta vez yo dirigiría la acción.

Me puse boca abajo y me abrí lo más que pude, el encima de mí hundió su estaca en mi culo hasta la mitad, lo que me provocó un dolor muy grande, y le dije que lo dejara ahí un rato, que no lo moviera. Así lo hizo y comenzé a acostumbrarme a su dureza, grosor y calor.

– Ay… Ohhh… Cómo duele tu pinga papi, no la muevas, yo te voy a decir cuando puedes empezar – Le dije gimiendo por su verga dentro de mí.

– ¿Te duele mucho? Si quieres la saco – Me dijo un poco asustado.

– No, yo quiero que me rompas el poto tontito, es tu regalo por el favor que me vas a hacer – Le dije.

– Que lindo regalo, te juro que nadie nunca sabrá lo que pasa en esta casa – Me dijo.

Llegó el momento y le dije que primero suavemente deslize más su cosa dentro de mí, así lo hizo y pude sentir su miembro abrirse paso en mi trasero, esforzándome por recibir ese fierro en mí a cada milimetro que avanzaba.

Finalmente inició el mete y saca y no pude evitar gritar de dolor mientras él gozaba poniéndomela casi completa, “Que rico poto tienes”; me decía.

Felizmente pude encontrar el compás exacto para ir al ritmo de su movimiento penetrador y hasta llegué incluso a marcar el paso de aquel sexo anal, practicamente comiéndome su pene para evitar que él hiciera movimientos bruscos que me dañaran.

-Ohhh.. Ohhh… Ohhh… – Se escuchaba en el cuarto, producto de mis exclamaciones.

– Uf… Que bien se siente mamacita – Me decía.

Cada vez subía la velocidad y a pesar que su pene resbalaba muy bien yo sentía que era muy peligroso acelerar mucho así que lo hize bajar un poco.

– Ohhh… Que rico papí, así despacito nomás que me vas a destrozar amor, ay… Así, suavecito bebe… – Le decía gimiendo de placer.

Finalmente terminamos tendidos en la cama, yo con el trasero adolorido y él con una satisfacción inimaginable tras haber cumplido su sueño más querido: haberme hecho sexo anal.

Yo aún no podía creer lo que había pasado, lo acababa de hacer nuevamente, acostarme con alguien más, y en serio lo había disfrutado.

Dormimos un rato, estábamos agotados, y al despertar me di un baño rápido, luego el sueño me ganó nuevamente y después me desperté con él a mi costado acariciandome las tetas que me había sacado de debajo de la toalla, las comenzó a besar y a chuparme los pezones.

– Ya te tienes que ir, ¿Quieres lo último? – Le dije.

– Sí, estaba esperando que despiertes – Me dijo asintiendo su cabeza haciendome saber con todo su cuerpo cómo lo deseaba.

Comenzó a quitarme la toalla y se quedó jugando con mi vagina un rato, haciendome disfrutar por unos momentos de aquellos dedos, luego nos besamos y se echó sobre mí terminando de quitarme la toalla por completo.

– Es el último polvo, ya falta media hora para que vengan y no quiero que te encuentren aquí – Le dije.

Entonces ya completamente desnuda abrí mis piernas para recibir a aquel cuerpo libre que buscaba mi vagina con insistencia. Su pene rápidamente encontró el camino que mis manos señalaban y su boca llegaba a la mía diciendo: “Te amo”; cosa que no me alarmó pues se notaba que aquel primerizo experimentaba sensaciones muy fuertes hacia mí.

Pero yo solo me dedicaba a sentir al máximo su pinga entrar y salir de mi conchita, la cual apretaba para disfrutar mejor de ese fierro que invadía mi intimidad con una bravura sin igual. Luego nos abrazábamos y llegó a mi boca con unos besos poco comunes que me demostraron que sentía muchas cosas hacia mí.

Al terminar rápidamente me vestí pues ya era casi la hora y cuando estábamos por salír del cuarto me dijo que quería hacerlo otra vez, al mirarlo vi sorprendida cómo su verga se levantaba bajo su ropa, nuevamente tan dura como al inicio, haciendome ver que su recuperación era sorprendentemente rápida.

Ya no había tiempo pero al ver esa cosa mis manos solitas desabotonaron mi pantalon y luego de bajar mi cierre lo llevé hasta las rodillas, despues me quedé viendo un segundo su paquete y le dije: “Ya pues, sácalo”, a lo que él respondió de inmediato liberando su pene que estaba muy duro, me puse muy caliente y mi calzoncito salió de su sitio hasta que por fin descubrí mi sexo y me puse en cuatro apoyando mis manos en la cama, dándole mi culo a su alcance para que pueda entrar sin problemas en mí.

Muy agitado empezó a montarme mientras a mí se me escapaba una risita al saberme haciendo algo muy malo, “Apúrate que ya vienen”; le decía yo sintiendo sus manos agarrandome las caderas y buscando mi vagina desesperadamente.

Al fin encontró mi canal y empezó a darme duro con su pinga, haciendo una penetración completa de su fierro en mi conchita húmeda que felizmente estaba bien lubricada para recibir a aquel intruso que tanto placer provocaba.

– Ay… Tú sí… Ohhh… Métemela así, duro, hummm… – Exclamaba yo

– Eres muy rica, mira ese culazo, esto parece un sueño, poder estar contigo así es un sueño… Ahhh…- Me decía él al mismo tiempo que aceleraba el ritmo de sus embestidas.

Sentía en todo mi culo su pelvis chocando una y otra vez, en busca de la saciedad de sus deseos, haciendome gemir con cada clavada que me daba.

Finalmente quedé rendida y él terminó de cacharme bien rico penetrandome profundamente , dejando su pieza clavada dentro de mí por un rato y haciendome sentir cómo le vibraba, cayó sobre mí y sobre toda mi espalda. Fue delicioso y quise descansar unos segundos echada sobre la cama, pero él me veía muy interesado y acariciaba mi espalda, pasaba sus manos por mis nalgas, estrujándolas y con sed de más, tomé aire por unos segundos.

Me tomó de la cintura y cuando volteaba para ponerme boca arriba se echó sobre mí buscando mi sexo insistentemente, yo al sentir su asombrosa recuperación pues su pene estaba tan duro como al principio me dejé llevar por la emoción y accedí a recibirlo nuevamente, no sin antes despojarme nuevamente de mi pantaloncito y la ropa interior.

Otra vez estábamos ahí en un nuevo round improvisado pero muy caliente, ya era la hora en la que debían llegar y yo seguía haciendo sexo con él, el pensar en eso me desesperaba y creo que el sentir aquello me hacía disfrutar más cada una de sus embestidas, arremetía con fuerza y temblando dentro de mí, yo procuraba satisfacerlo brindándole la comodidad necesaria, con las piernas bien abiertas alrededor suyo.

Movía en forma circular mi pelvis para sentir toda su pieza y con mis manos lo aferraba a mí haciendo una escena muy caliente de sexo con él, me besó apasionadamente y me dijo que me amaba, era un momento exquisito en el cual terminé mojándome cuando él muy decidido comenzó a clavarmela enterita una y otra vez.

Nos vestimos dándonos un apasionado beso y bajamos a la sala, aún nadie llegaba y miré por la ventana si alguien se acercaba, de pronto siento cómo acaricia mi trasero suaemente, “Que culazo me acabo de comer”; me dijo, yo sonreí pues después de lo que acabábamos de hacer de nada servía molestarse.

– Ya sabes, todo queda entre los dos, absolutamente todo lo que pasa en esta casa – Le dije.

– Por supuesto, ¿Ya me tengo que ir? – Me dijo.

– Claro, nadie debe verte porque pueden sospechar, en especial Gabriel que es tan celoso – Le dije.

– Por mí no te preocupes, estoy contigo a muerte – Me dijo, dándome calma.

– Chiquito gracias, estaba tan asustada de que dijeras algo, de verdad me muero si alguien se llega a enterar – Le dije no pudiendo más seguir aguantando esa tremenda carga que llevaba.

– Has cumplido mi sueño, yo siento amor por tí y nunca te traicionaría – Me dijo.

– Gracias, de verdad gracias, no encontré mejor forma de asegurarme de tu silencio que dándote lo que te acabo de dar – Le dije.

En esos momentos brotaron todos mis sentimientos con él, una lagrima caía de mis ojos sin que yo pudiera evitarlo y le dije que estaba muy agradecida con él. Sin pensar nos estábamos abrasando y sus manos bajaron a mi trasero, “Ya te debes de ir”; Le dije.

“¿Y tú crees que se pueda un rapidito?”; me dijo, yo solo sentía sus manos amasando mi trasero y el estar en ese lugar así me confundió un poco. “Anda, solo una vez más”; me volvió a decir, “Estamos en la sala y ya no hay tiempo”; le dije.

“Pero todavía no viene nadie”; me volvió a decir, “Ya no subo al cuarto, lo siento”; le dije tratando de que ya se vaya, “Entonces aquí, nadie se va a dar cuenta”; me dijo. Toqué su paquete y estaba duro otra vez, entonces dudé si sería bueno hacerle el desplante de rechazarlo o acceder a su petición, al fin y al cabo me calentaba aquello.

“Mira, aunque sea una chupadita”; me dijo, “Oye está bien duro”; le dije riéndome y apretando su cosa. “No se, en cualquier momento llegan y nos pueden ver aquí”; le dije. Pero sin pensarlo fui avanzando, jugando con su cierre hasta que él mismo se atrevió a sacarlo, estaba muy duro y me pidió que me agachara para hacerle ese “trabajito”.

Finalmente fui descendiendo hasta llegar a su falo, estaba muy caliente y empecé a pasar mi lengua pero mejor me apuré y me lo metí a la boca para darle gusto, antes le dije:”Bueno esto es porque te lo mereces”, con mi mano lo masturbaba y chupaba su cabecita y el tronco hasta casi la mitad, me excitaba la idea de ser encontrada haciendo eso.

No puede más y para mi comodidad me arrodillé frente a él y le hize una mamada espectacular. Pasaba mi lengua por todo su pene desde la base hasta la puntita, le daba besos y levantaba mi mirada para verlo a la cara, le gustaba mucho.

Terminé metiendomelo todo a la boca, dejé sentir lo más profundo de mi garganta en aquella mamada que tanto le gustaba a él.

– Ah…. Así mamacita, que rico, hum… – Me decía y yo con la angustia de pensar que alguien podría llegar en cualquier momento empezaba a humedecerme.

– Ya, termino y te vas de una vez – Le dije mirandolo a la cara en un instante que me saqué su miembro de la boca.

– Claro, pero no te detengas – Me dijo y tomó mi cabeza como queriendo masturbarse con mi boca.

– Oye, no seas gracioso, lo hago yo sola – Le dije sonriendo.

– Está bien, solo quería que continúes – Me dijo.

– Ya, no te preocupes – Le dije, prosiguiendo con aquella deliciosa chupada que tanto me excitaba.

Llegó el momento del extasis y juntos vibramos al compas de sus contracciones cuando llegó al maximo del placer, teniendo toda su pinga en mi gargante y mis labios pegados a la base de su pene.

Me senté en el sofä esperando que se fuera, incluso le di un beso en la mejilla, no sin antes prometerle que todo eso seguiría si él se portaba bien conmigo.

Pero se puso a jugar conmigo, en lugar de irse me abrazaba y apretaba mi cintura a su cuerpo, luego me dijo al oído: “Quiero hacerlo aquí”, y me puse caliente, la idea me pareció tentadora, “Pero eso y ya te vas”, le dije.

– Claro, ahora sí ya me voy – Me dijo.

– Tienes que ser rápido porque aquí sí nos pueden ver – Le dije.

– Eres tan bonita y rica que me estas volviendo loco – Me dijo acariciando mi culo.

No quería moverme mucho y más bien le di la espalda, muy excitada desabotoné mi pantalon y bajé mi cierre, él se quedó viendo desde atrás y observaba con mucha impaciencia, esperando mi última entrega mientras veía mi calzoncito poco a poco salir a la luz.

“Rápido papacito, es mucho peligro hacerlo en la sala”; le dije, “Te juro que será solo un ratito”; me respondió, entonces llevé mi pantalon hasta mis muslos y bajé mi calzón solo hasta debajo de mi sexo, solo lo necesario para que pudiera penetrarme.

Entonces se pegó a mí y puso su miembro en la entrada, me comenzó a cachar muy rico, debe ser por la desesperación que sus movimientos eran tan intensos cuando me metía su pinga y me gustaba bastante.

– Oh… ¿Qué tienes? Ay… Ah… Que rico papi – Le decía yo mientras sus huevos chocaban en mis nalgas, producto de el mete y saca que se estaba produciendo.

– Eres una mamacita ah… – Me decía.

– Ay… Así, ¡Métemela así! – Le decía yo sintiendo su pene que estaba como un fierro de duro y jugueton con mi sexo.

– Que culazo, ¡Te amo! – Me dijo, desahogando sus intensas pasiones.

– Así mi amor, ¡Cáchame así! – Exclamaba yo, olvidando por un instante que estábamos en aquel lugar y en el momento equivocado.

Finalmente me dió sus últimas embestidas, llegando a hacerme una penetración completa de su sexo en mi vagina, y yo gemía como loca disfrutando mucho de aquella travesura.

Pero eso no fue todo, antes de terminar nuestro último polvo quise cambiar de posición, me puse como pollito tomando agua apoyando mi cara sobre el sofá pero mi culo completamente descubierto a su merced lo invitó a concluir aquella locura con esa pose fenomenal, dándole mi potito en la sala para que me castigue con todas sus fuerza, y así lo hizo sin decepcionarme.

Me dió duro contra el sofä y yo sin quedarme atras movía mi culo al compás de sus arremetidas, haciendo aquello un juego en equipo. Terminamos rendidos y nos despedíamos cuando en eso me di cuenta que algo faltaba, sin duda haber tomado parte activa en la faena sexual me había dejado con ganas de alguito más y le dije: “Sientate en el sofá así como estás”; y lo hizo als instante, “Ahora yo me voy a comer tu pinga amor”; le dije.

Acto seguido terminé de quitarme el pantalon y con el calzón todavía en uno de mis tobillos me dispuse a sentarme sobre él, buscando autopenetrarme con su miembro, le daría una lección de sexo para que me conociera un poco más y supiera lo que se había ganado por ser tan buen chico.

Tomé su falo en mi mano y calculé mi entrada, poco a poco fui separando y acomodando mis piernas para poder cabalgar bien hasta que por fin encontré cómo ubicarme, abierta de piernas sobre él, con la concha chocando con su pene me senté y lo puse en la entrada.

-Ah… Que rico – Me decía él.

– Te lo has ganado, esto te lo mereces – Le dije mientras comenzaba a brincar sobre su pinga, comiéndomela con mi sexo suavemente hasta que de golpe caí sobre él, quedándome incrustada su hombría completamente.

Así pasamos los segundos más intensos mientras él me amasaba las nalgas y yo lo besaba frenéticamente, sin pensarlo me fui quitando lo de arriba y ya cuando quedé solamente con el sosten pensé en por qué no desnudarme completamente.

Se volvió loco cuando me llegó a tener calatita montandome sobre él, que delicia la que vivimos en esos cortos instantes que duró, me besaba las tetas y estrujaba mi trasero, yo me metía y sacaba su miembro una y otra vez, vibrando de la emoción.

Caí rendida en el sofä y me faltaron las fuerzas para levantarme en ese momento, “Vete ya, de una vez, ya sabes lo que vas a tener de hoy en adelante”; le dije.

Pero cuando se tiene una mujer como yo así desnuda muy pocos piensan en irse, me quedó mirando y luego de quedar completamente desnudo tambien, se abalanzó sobre mi cuerpo besando mi piel y besándonos intensamente, lo que sucedió luego solo fue lo que nuestros cuerpos pedían a gritos.

Poco a poco encontró la entrada de mi vagina y me comenzó a dar muy fuerte con su miembro, yo aguantaba porque estaba bien lubricada, pero estar desnudos en la sala haciendo sexo era demasiado para mí, no pensé que pasaría eso y cada segundo que pasaba me enloquecían más y más sus embestidas, lo recibí con agrado, aún sabiendo de lo peligroso de la situación.

Felizmente terminamos y me vestí rápidamente, nos miramos y sin decir nada él se fue tal y cual habíamos acordado, no sin antes pedirme otra sesión amatoria que quedaría por acordar la proxima vez que nos vieramos.

Desde la ventana lo vi alejarse caminando y sentí una tranquilidad enorme al ver que nadie lo vio salir, en ese momento sin darme cuenta me toqué el sexo casi sobandolo:

-Asu que tal cache.. fueron varias veces… hasta perdí la cuenta cuantas veces me la metió – Me dije a mí misma en voz baja.

Abrí mi cierre y detras de la puerta puse mi ropa hasta mis muslos para ver mi vagina, que fresca clamaba su victoria ante un nuevo pene que prometía darle muchas batallas, estaba ansiosa por saber qué seguiría pasando entre nosotros despuesde lo de ese día. Luego pasaron como 30 minutos y recien llegaría mi esposo y la mamá de Gabriel, yo como si nada hubiera pasado hablaba con ellos y abrazaba a mi esposo feliz de la vida

Desde ese dïa aquel chico sería un asiduo concurrente a mi casa, en especial cuando no había nadie más que yo, para amarnos intensamente, quedamos en que Gabriel nunca se enteraría de aquello pues era muy celoso, nunca pensé que pagaría con sexo pero eso fue lo que pasó, quizas ahí fue cuando descubrí que podía ser muy caliente en algunas ocasiones.

Mi esposo no sospechaba nada, a cambio de compartir con ellos mi cuerpo yo podía seguir disfrutando de la felicidad al lado del hombre que amaba de verdad, con él no era solo sexo, era amor de verdad y lo supe cuando me dí cuenta de todo lo que llegué a ser capaz de hacer por él.

Sin embargo, no todo era color de rosa, desde ese día llegué a tener el doble de trabajo en casa pues ya no era solo Gabriel quien me acosaba insistentemente por más y más sexo, tenía otra persona con quien debía cumplir mi palabra y tenía que esforzarme, aunque con él las cosas eran más fluidas por haber sido yo quien tomó la iniciativa, desesperada pero igual yo di el primer paso.

Nunca pensé que llegaría a hacer esas cosas tan sucias pero una vez que estaba en esos apuros (desde cuando gabriel me vió con otro hombre que no era mi esposo) ya no supe cómo salir de esa telaraña y cada vez que intentaba zafarme quedaba más y más pegada a eso, el sexo era mi único escape a todos esos temores de que mi pareja se entere de mis malos pasos, pasos que un día dí sin imaginar que se aprovecharían de mí y hasta me romperían el orto como recompensa por le silencio que guardarían.

Bueno, a su amigo le daré un nombre para que se entienda mejor el relato, de ahora en adelante lo llamaré Antonio, solo yo sé si es su verdadero nombre o no, les deseo mucha suerte y una muy buena paja con mis vivencias, ojala la disfruten ya que me gustaría que así sea, actualmente tengo este correo así que pueden escribirme también ahí: [email protected] —Ojo pero no voy a responder si no comentan primero mi relato, denme la maxima valoración en este relato y les prometo la CUARTA parte.

Besos donde más les guste

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